CAPITULO IX.

De los varios pareceres, que huvo en la Comunidad acerca de la

Salutacion y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de como prevaleció,

en fin, el de que era menester hacerle Predicador.

La primera diligencia, que hizo el Padre Provincial, luego que salió

del Refectorio, fué pedir á Fray Gerundio el papel, y, miéntras

este comia á segunda mesa, se leyó todo el Sermon en la Celda de su

Reverendíssima, adonde concurrieron á cortejarle todos los Padres

graves del Convento, sirviendo esto de rato de conversacion. Y, aunque

allí se repitieron con mas libertad las carcajadas, porque asseguraron

los que fueron testigos de oídas, que el cuerpo del Sermon no le iba

en zaga á la Salutacion, no huvo forma de quererle soltar jamas el

Provincial, por mas instancias que le hicieron aquellos Reverendos

Padres; escusándose con que hacia escrúpulo de exponerle á que se

hiciesse mas ridículo, y solo á duras penas alargó la Salutacion,

permitiendo que se sacassen algunas copias, por quanto esta ya la havia

oído toda la mosquetería y populacho del Convento.

2. Despues, vuelto á los Padres, que le cortejaban, dixo con seriedad:

«Es cierto, que me lastima este mozo; el talento exterior no solo es

bueno, sino sobresaliente, pero los disparates, que ensarta, no se

pueden tolerar; y todos nacen, lo primero de la falta de estudio, y

lo segundo de los zenagales donde bebe, ó de los malditos modelos,

que se propone para imitarlos, los quales no pueden ser peores, por

el modo y por la substancia.» Maliciaron algunos, que esto último

lo decia el Provincial por el Predicador mayor de la Casa, pues no

ignoraba la amistad particular, que professaban los dos, ni las

pésimas instrucciones, que le daba; y aun el mismo Predicador debió de

sospechar algo, porque es fama, que se puso colorado. Pero, sea lo que

fuere, prosiguió el Provincial: «Yo quiero ver en presencia de vuessas

Paternidades, si con maña y con suavidad puedo hacer, que este muchacho

conozca su bobería, estudie, se aplique, y lea á lo ménos buenos libros

de Sermones, para que tome el verdadero gusto de predicar, y la Orden

se aproveche de sus especiosos talentos.» Mandó, pues, al Lego su

Socio (que havia ido á servir á aquellos Padres un traguito de vino

rancio y unos vizcochos de canela, por modo de postre), que baxasse al

Refectorio y dixesse á Fray Gerundio, que en acabando de comer subiesse

á la Celda del Provincial.

3. Subió al punto, apresurado, sobresaltado, y azorado; pero luego se

serenó, viendo que el Provincial le decia con mucho agrado: «Venga

acá, hijo, y deme un abrazo, que lo ha hecho ni mas ni ménos como yo

esperaba; y, si no le permití, que acabasse su Sermon, no fué porque

no le oyéssemos todos con gran gusto, pues ya vió quanto se celebró,

sino porque estaba ya acabando de comer la Comunidad.» No es creíble

quanto se solazó y quanto se alentó Fray Gerundio, al oír hablar á su

Provincial en un tono, que ciertamente no esperaba; pero, llevando este

adelante su prudente artificio, le preguntó: «Ea, dígame la verdad;

quien le compuso la Salutacion?» -- «Padre nuestro (le respondió con

una intrepidez y una sinceridad columbina), lléveme el Diablo, si no la

saqué yo toda de mi cabeza.» -- «Pues, aquellos textos tan literales

y tan apropiados (le replicó el Provincial), como los podia saber, si

nunca ha leído la Biblia?» -- «Padre nuestro (respondió Fr. Gerundio),

esso, con una leccioncita que me dió en cierta ocasion el Padre

Predicador mayor, es para mí la cosa mas fácil del mundo.» -- «Pues,

qué leccioncita fué essa?» -- «Díxome, que, quando quisiesse aplicar

algun texto á qualquiera palabra Castellana, no tenia mas que buscar

en las Concordancias la palabra latina, que la correspondiesse, y que

allí encontraria para cada voz textos á porrillo, con que podia escoger

el primero, que me diesse la gana. Assí lo hice, y en verdad que los

textos, si no me engaño mucho, me salieron á pedir de boca. Por esso,

quando dixe, que Santa Ana palpitaba en el útero materno, luego encajé:

_Ex utero ante Luciferum genui te_. Mire V. Paternidad muy Reverenda

el _útero_ clarito como el agua. Quando dixe, que tenia hermoso y

ayroso vulto, al instante espeté lo de _vultum tuum deprecabuntur_,

que ni de molde podia venir mejor. En hablando de hija, allí está en

las Concordancias, _filia mea male a Dæmone vexatur_; y, si huviera

querido traher otros cien textos de _filia_, tambien pude. Para las

circunstancias agravantes, mire V. Paternidad, si el _tolle gravatum

tuum_ podia venir mas al caso, y para aquello de las Rameras, el

_tempus putationis advenit_, me parece que vino como nacido.»

4. -- «Con que, essa leccioncita le dió el Padre Predicador mayor?»

le replicó el Provincial, con un poco de retintin. -- «Sí, Padre

nuestro, respondió el innocente Fray Gerundio; y con ella no temo

predicar el Sermon mas dificultoso y de circunstancias mas enrevesadas,

que puede haver; pues, como yo encuentre en las Concordancias la voz

correspondiente, bien pueden llover circunstancias sobre mí, que

tambien lloverán textos literales sobre el Auditorio.» -- «Pero no ve,

hijo, le replicó el Provincial, que essa regla no es buena, porque

puede el Predicador querer probar una cosa, y el texto, donde se halla

la palabra que va á buscar, hablar de otra, que no tenga conexion ni

parentesco con lo que él intenta? Pongo por exemplo: qué tiene que ver,

que Santa Ana palpitasse ó no palpitasse en el vientre de su madre

(dexo á un lado el disparate), con la generacion eterna del Verbo en

la mente Divina, de la qual en la sentencia mas comun habla el texto:

_Ex utero ante Luciferum genui te?_» -- «Ello, Padre nuestro, respondió

Fray Gerundio, allí hay cosa de _útero_; y, si no viniere el texto al

_palpitar_, vendrá al _útero_, y esso le basta al Predicador.»

5. -- «Pero dígame, y á qué vino el _vultum tuum deprecabuntur?_» --

«A qué havia de venir? á lo de _hermoso y ayroso vulto_.» -- «Pecador

de mí! exclamó el Provincial. Pues no sabe, que _vultus_, _vultus_,

_vultui_, significa el semblante?» -- «Sí, Padre nuestro, ya lo sé;

pero significa el semblante de vulto; porque si no, diria _faciem

tuam_, _os tuum_.» Con dificultad pudo el Provincial contener la risa

al oír tan furioso despropósito. «Y lo de _tolle gravatum tuum_, á qué

lo traxo?» le preguntó el Provincial. -- «A qué lo havia de traher?

respondió Fray Gerundio; pues no se acuerda vuesa Paternidad, que

lo traxe á lo de circunstancias agravantes? Hay cosa mas parecida

que _agravantes_ y _gravatum_? Yo á la verdad no sé lo que significa

_gravatum_; pero á mi me suena á cosa de agravante, y lo mismo sonará

á qualquiera auditorio, que tenga buen oído; y, como al auditorio le

suene, no es menester mas, para que venga bien.»

6. No obstante la natural seriedad y circunspeccion del Padre

Provincial, le retozaba tanto la risa, al oír tan continuados y

tan tremendos desatinos, que apénas podia reprimirla; pero al fin,

conteniéndola lo mejor que pudo y empeñado ya en tocar, aunque de

passo, los muchos disparates de otra especie, que havia dicho en la

Salutacion, le preguntó: «Y qué graves Autores son los que enseñan, que

Santa Ana tuvo á nuestra Señora veinte meses en su vientre?» -- «Padre

nuestro, respondió Fray Gerundio, yo no lo sé, porque en ninguno lo

he leído; pero, como oygo á cada passo decir á los Predicadores mas

famosos, _afirman graves Autores_, _dicen graves Autores_, _enseñan

graves Autores_, _sienten graves Autores_, yo creí, que essa era una de

las muchas fórmulas, que se usan en los Sermones, como quando se dice:

_aquí conmigo_; _ahora á mi intento_; _vaya para el Theólogo_; _note

el discreto_, de las quales fórmulas cada qual puede usar libremente,

quando le diere la gana; y que, aunque ningun Autor haya soñado en

decir lo que dice el Predicador, este puede citar á vulto Autores,

Padres, Concilios, y Theólogos, siempre que le viniere á cuento, como

tambien versiones, exposiciones, y leyendas; porque lo demas, Padre

nuestro, adonde íbamos á parar? ni quien havia de ser Predicador,

si todas las noticias, erudiciones, y textos, que se trahen en los

Sermones, se havian de encontrar en los libros?»

7. -- «Pues no ve, hijo mio, replicó el Provincial, que esso es

mentir? y que la mentira, sobre ser vergonzosa é indigna de un hombre

de bien en qualquiera parte, en el Púlpito, que es la Cáthedra de la

verdad, es una especie de sacrilegio?» -- «Buenos escrúpulos gasta V.

Paternidad, respondió Fray Gerundio: yo no he oído tantos Sermones

como V. Paternidad, porque hasta ahora he vivido poco; pero puedo

assegurar, que en ninguna parte he oído tantas mentiras como en los

Púlpitos. Allí se dan á las piedras las virtudes, que no tienen; se

fingen flores, árboles, frutas, aves, peces, animales, y plantas,

que no se encuentran en toda la naturaleza. Allí se hace decir á los

Padres y á los Expositores lo que no les passó por la imaginacion; y

á mi parecer hacen muy bien los que lo hacen, porque, si los Padres

y los Expositores no dixeron aquello, pudieron decirlo, y nadie los

quitó, que lo dixessen. Allí, no pocas veces, se fingen textos aun de

la misma Sagrada Escritura, que no se hallan en ella, y esto, á mi ver,

no tiene inconveniente; porque, assí como el Espíritu Santo inspiró á

los Profetas y á los Evangelistas las cosas, que dixeron, assí puede

inspirar á los Predicadores las que ellos dicen. A lo ménos, cierto

Predicador de mucha fama assí me lo dixo á mí; y, aunque es verdad, que

esta doctrina no asentó muy bien á mi razon, pero al fin bien conocí,

que era de mucha conveniencia. Finalmente, allí se fingen ó se cuentan

sucessos y exemplos trágicos y horrorosos, que nunca sucedieron,

adornándolos y vistiéndolos con tan extrañas circunstancias, que

claramente se conoce, que son novelas; y con todo esso vemos, que hacen

mucho fruto, porque la gente gime, llora, suspira, y se compunge. Mire

ahora V. P. si se miente en los Púlpitos?»

8. -- «No le puedo negar, que por nuestros pecados hay mucho de

esso, replicó el Provincial, pero siempre es un atrevimiento, y aun

una desvergüenza intolerable; y á qualquiera Predicador, á quien

le cogieran en alguna de essas imposturas, se le debiera castigar

severamente y quitarle para siempre la licencia de predicar.» -- «Ah,

Padre nuestro! respondió Fray Gerundio, si se hiciera esso, quien

havia de predicar los Sermones de Cofradía? Y quantos hombres honrados

quedarian por puertas, ó necessitarian aprender otro oficio?»

9. -- «Pero dígame, hijo, ya que por essos disparatados motivos levantó

á essos graves Autores el falso testimonio de que afirmaban, que

Santa Ana havia tenido á la Vírgen veinte meses en su vientre; á qué

propósito, ó á qué despropósito traxo para probarlo el texto de _hic

mensis sextus est illi_? Seis meses son por ventura veinte?» -- «Lo

primero, Padre nuestro, que yo no traxe el texto para lo de _veinte_,

sino para lo de _meses_; y para esso el _hic mensis_ venia que ni de

molde. Lo segundo, que, aunque le huviera trahido para lo de _veinte_,

tampoco podia venir mas al caso; porque la cuenta es clara: donde hay

seis, hay cinco, seis y cinco son once: donde hay once, hay nueve, y

nueve y once son veinte: con que vele ahí los veinte clavados, por las

equipolencias, que no estoy tan en ayunas de Súmulas, como algunos

piensan.»

10. Reventaba de risa el Provincial, no obstante su genio adusto y

algo cetrino, al oír unos disparates, por una parte tan garrafales,

y por otra tan innocentes; y, prosiguiendo ya por entretenimiento lo

que havia comenzado por via de amorosa correccion, le preguntó: «Y

qué graves Autores dicen, que Santa Ana fué Abuela de la Santíssima

Trinidad? No ve, que essa es una heregía formalíssima; porque la

Santíssima Trinidad es increada, es improducible, es eterna, y

consiguientemente no puede tener Madre, ni Abuela? Por aquí conocerá

ahora, quanto le conviene estudiar Theología aun para ser Predicador;

porque, si la estudia, no dirá heregías como esta.» -- «Como yo no

diga otras heregías (respondió Fray Gerundio), no me llevarán á

la Inquisicion.» -- «Tambien yo lo creo (replicó sonriéndose el

Provincial), porque á la Inquisicion no llevan á los tontos; pero

dexará de conocer, que essa es heregía?» -- «Buena heregía de mis

pecados! dixo Fray Gerundio. Pues dígame V. Paternidad, Padre nuestro:

Santa Ana no fué Madre de nuestra Señora? Sí; porque assí lo dice el

texto: _Dixit discipulo: ecce mater tua._ Nuestra Señora no fué Madre

de Christo? Tambien; porque assí lo afirma San Juan: _Dixit matri

suæ: ecce filius tuus._ Luego Santa Ana fué Abuela de la Santíssima

Trinidad.» -- «Si no estuviera mas en ayunas de Súmulas de lo que

piensa (replicó el Provincial), no havia de sacar essa consequencia,

sino esta: _Luego Santa Ana fué Abuela de Christo._» -- «Pues, qué mas

me da una que otra, Padre nuestro?» preguntó Fray Gerundio. -- «Pues

qué? le dixo el Provincial, Christo es la Santíssima Trinidad?» --

«Assí lo fuera yo, respondió Fray Gerundio: _Et Trinitatem in unitate

veneremur._ Con que me negará V. Paternidad muy Reverenda, que Christo

es la Santíssima Trinidad?» -- «Y como que lo negaré, respondió el

Provincial: es la segunda Persona de la Trinidad, pero no es la

Trinidad; assí como Fray Gerundio es persona del Convento, pero no es

el Convento. Y si no argüiria bien el que dixesse: _Cecilia Rebollo fué

madre de Catanla Cebollon_; _Catanla Cebollon fué madre de Fr. Gerundio

de Zotes_, _persona del Convento de Colmenar de abaxo_; _luego Cecilia

Rebollo fué Abuela del Convento de Colmenar de abaxo_, tampoco arguyó

bien el Hermano Fray Gerundio; y cierto huviera sido mejor, que el

_Rhetórico no huviesse atendido al argumento_.» -- «Padre nuestro, le

respondió Fr. Gerundio, _todas essas son galanterías de la Escuela_,

como dice el Barbadiño.»

11. -- «Y son galanterías de la Escuela, replicó el Provincial, decir,

que Santa Ana, como buena Madre, enseñó á la Vírgen á rezar el _Ave

María_?» -- «Pues qué? dixo Fray Gerundio, querrá V. Paternidad negar

tambien una verdad tan clara y tan patente? Una Madre tan Santa y tan

cuydadosa de la buena crianza de su hija, como fué la Señora Santa Ana,

dexaria de enseñarla la Doctrina Christiana, ni mas ni ménos como está

en el Cathecismo de Astete, comenzando por el _todo Fiel Christiano_,

hasta acabar; y mas, que hay quien diga, que tambien la enseñó aun el

mismo ayudar á Missa, y que la Santa Niña á los siete años de su edad

ayudaba á todas las missas, que se decian en la Iglesia de su Lugar con

mucha devocion y con mucha gracia; porque ya sabe V. Paternidad, que en

tiempos antiguos, como lo leí en no sé qué libro, las mugeres ayudaban

á missa.» -- «Déxelo, Fray Gerundio, déxelo, que no hay paciencia para

oírle ensartar tantos y tan furiosos disparates, repuso el Provincial.

Es possible, que sea tan pobre hombre, que no advierta que el Ave

María es una Oracion, que se reza á la misma Vírgen, y que, si Santa

Ana se la huviera enseñado, la enseñaria á que se rezasse á sí misma?

No ha leído siquiera en el Cathecismo aquella pregunta: _Quien dixo

el Ave María? El Archángel San Gabriel_, _quando vino á saludar á la

Vírgen_, y que esta fué la primera Ave María, que se rezó en el mundo,

quando ya no estaba en él la gloriosa Santa, que havia muerto tres años

ántes, que esto sucediesse?»

12. «No quiero ya hacerle mas preguntas sobre la substancia de la

Salutacion, porque seria nunca acabar; pero no puedo ménos de hacerle

algunas acerca del estilo, porque algunas cláusulas me dieron mucho

golpe. V. gr. qué quiso decir en esta prodigiosa cláusula: _A este,

pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo

de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos

cultos hyperbólicos?_» -- «Padre nuestro, respondió Fray Gerundio,

lléveme el Diablo, si yo sé lo que quise decir; solo sé, que la

cláusula es retumbante, y que, en sonando bien á los oídos, no hay que

pedirla mas. Y si no, dígame V. Paternidad, quien hasta ahora ha puesto

tachas á estas cláusulas, que andan impressas en un solo Sermon de San

Andrés? y en verdad que no son mas claras que la mia:»

13. «_Y porque el lleno de tan celestes luces no ofusque atingencias

visuales, atemperaré la discrecion atenta con las lustrosas

circunstancias del assunto... Al destellar los crepúsculos matutinos,

iluminaban el Templo de flamantes resplandores, siendo el brillante

candor feliz panegyris de su sacra solemnidad... Nítidos ráfagos de

flamulosas antorchas, brillantes destellos de solares luces, animaban

afectos obsequiosos, excitando admiraciones festivas_:

=Candidus insuetum miratur lumen Olimpi.=

(Y note V. Paternidad de passo el modo de traher los textos, ni mas ni

ménos como yo los traygo). Y mas abaxo... _En el hermoso Cielo de esta

magnífica Capilla, brillan soles en número distintos, Christo y nuestro

glorioso Santo_:

=fulserunt quondam candidi tibi soles=;

_pero los identifica afectivamente la fineza_; _porque Christo con

los igneos destellos de su amor al amante corazon de San Andrés_:

=Lampades ignis: in me manet, et ego in illo.= (Cosa divina! y luego

me condenará V. Paternidad el _Trinitatem in unitate veneremur_).

_Con esta constelacion hermosa_, _ya no hay que temer fascinaciones

de la esfera_; _porque las luces_, _que podian recomendar propios

resplandores_, =gloria stellarum= (ay, qué gloria! como quien dice,

_vultum tuum deprecabuntur_), _emplean hoy sus brillos en obsequiar de

San Andrés glorias_: =Et opera manuum ejus annuntiat firmamentum=.

(Mire V. Paternidad si yo mismo pudiera traher texto mas al caso?)»

14. «Padre nuestro, por ahora no quiero cansar mas la atencion de V.

Paternidad con alegarle mas cláusulas, no solo de este Sermon, sino

de otros treinta y uno, que están impressos con él y se contienen

en un gran libro de á folio, los quales todos toditos están en

este mismíssimo estilo, que es un pasmo, es una admiracion, es una

borrachera.» -- «Ahora lo dixo todo, replicó el Provincial, sin saber

lo que se dixo; porque no puede haver epítheto, que quadre ni explique

mejor lo que es esse género de estilo, pues solo un hombre embriagado

con el vino de la ignorancia, de la insensatez, y de la presuncion,

puede gastarle; y digo, que tiene muchíssima razon, que esse estilo y

el de su Salutacion, essas cláusulas y las suyas, son tan parecidas

como una castaña á otra castaña. Pero es possible, que me diga, que hay

un libro de Sermones impressos en esse estilo? No lo creo, porque quien

lo havia de permitir? Qué Tribunal havia de dar licencia para esso?

Como havia de tolerar, que una obra como essa nos expusiesse á la risa,

á la burla, y aun al desprecio de los extrangeros, que no nos quieren?

Y al Autor, que sériamente pretendiesse imprimir semejantes locuras,

como podian ménos de declararle por falto de juicio y de llevarle por

charidad á la Casa de la Misericordia de Zaragoza, ó á la de los Orates

de Valladolid?»

15. -- «Con que V. Paternidad no quiere creer, que ande impresso tal

libro, y con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones

rumbosas, y de muy elevado coturno?» -- «Digo, que no lo quiero creer,

respondió el Provincial, y que, aunque lo vea, pensaré que lo sueño.»

-- «Pues, espere un poco V. Paternidad, que yo haré, que lo vea y que

lo palpe»: y, diciendo y haciendo, sale Fray Gerundio precipitadamente

de la Celda del Provincial, vase corriendo á la suya, vuelve volando,

trahe un libro de á folio muy manoseado y ajado, porque no le dexaba

de la mano el bueno del Fraylecito, y casi le sabia todo de memoria;

preséntasele al Provincial y le dice: «Está impresso este libro?» --

«Sí, impresso está», respondió su Reverendíssima. -- «Pues lea V.

Paternidad, continuó Fray Gerundio, el primer Sermon de San Andrés.»

Hízolo, y leyó á la letra las cláusulas arriba citadas, ni mas ni ménos

como las havia recitado Fray Gerundio. Quedóse pasmado; y viendo Fray

Gerundio, que triunfaba, añadió: «Pues ahora ábrale V. Paternidad por

qualquiera parte, y verá si se desmiente el Autor, y si no es todo

semejantíssimo á sí mismo.»

16. Abrióle por el Sermon, que se seguia de la Concepcion, y tropezó

luego con esta cláusula: _Veamos, pues, en aquellas occidentales

fabulosas sombras dibujadas estas orientales Marianas luces, que no es

improperio á las soberanas luces el brillar entre las sombras_: =lux

in tenebris lucet=; _pues consta, que entre la primordial tenebrosidad

brilló la Concepcion de la luz_: =tenebræ erant super faciem abyssi: et

facta est lux=. Y mas abaxo: _Rosas, que, siendo tymbre de su original

pureza, carecen de las espinas de la troncal mácula_; =ex spinis sine

spina=, _que puso el Symbólico; porque á estas espinas preocuparon

gyros de radiantes estrellas_: =in capite ejus corona stellarum=. Y

para acabar la Salutacion: _Para ponderar la gloria, que resulta á

nuestra Soberana Reyna de su original gracia, pidamos la gracia, que

la comunica su gloria_. Aquí se paró un poco el juicioso Provincial, y

dixo: «este Predicador sabia tanta Theología como Fray Gerundio, pues,

por aprovechar un insulso retruecanillo, encajó un error theológico.

La Gloria á ningun Bienaventurado comunica gracia, ni le añade un solo

gradito mas á la que tenia, quando entró en ella. Pero vamos adelante.»

17. Abrióle en el Sermon siguiente de la Expectacion, y luego

incontinenti se halló al principio con esta primera cláusula: _Tan

complicado genio anima en la comun expectacion la esperanza, que su

possession y carencia son inexorables parcas de la vida_. «Qué diantres

quiere decir aquí?» exclamó el Provincial. -- «No sé, Padre nuestro,

respondió Fr. Gerundio; pero ahí está el primor de esse inimitable

estilo, hablar al parecer en Castellano, y no haver ningun Castellano

que lo entienda.» -- «Pero tenga, añadió el Provincial, que ya por

el latin, que se sigue, saco lo que quiso decir: _Nec tecum possum

vivere, nec sine te_. Sin duda quiso decir, que con esperanza no se

puede vivir, y sin esperanza tampoco; que la esperanza mata, y la

falta de esperanza tambien.» -- «Vaya, que esso es, Reverendo Padre,

dixo Fray Gerundio, por esso dice _possession y carencia_, esto es,

esperanza y falta de ella, y por esso tambien concluye, que ambas

_son inexorables parcas de la vida_, esto es, que la quitan. Por el

Hábito de mi Padre Santo Toribio, que esto es hablar culto y elevado,

y que yo me muero por esto.» Sin hacer caso el Provincial de la sandez

de Fray Gerundio, prosiguió leyendo. _Complica la esmeralda púrpura

flamante con explendor virente... El Evangelio y el assunto enuncian

natural incoherencia; porque, si el Evangelio enuncia á Christo en

María concebido, el mysterio assunta á Christo de María suspiradamente

deseado_. (Ya escampa, y llovian necedades)... _Aureo, triticeo

cúmulo desciende á la Aurora Mariana el Verbo Eterno_: =Ego sum panis

vivus qui de Cœlo descendit=: _dice el mismo_: =Frumentum electorum=,

_predixo Zacharías_. _Amaltéa Sacra nuestra Emperatriz excelsa, á

riegos de perlas, á fomentos de suspiros, anima su corazon sacra

cornucopia de celestiales flores_: =Acervus tritici vallatus floribus=.

«Jesus! Jesus! (exclamó el Provincial), y esto se predicó! y se predicó

esto á un Ilustríssimo Cabildo! y no echaron al Predicador el Perrero,

en vez de echarle el Organo! Y esto se imprimió con todas las licencias

necessarias! Vaya, hijo Fr. Gerundio, que ahora le disculpo.»

18. «Respecto de las cláusulas que he leído, son tortas y pan pintado

aquellas cláusulas de su Salutacion, que tanto choz nos hicieron á

todos: _Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compendios? Qué

paralelos podrán expressar mis voces al decir tus alabanzas?... Es

Santa Ana aquella preciosa margarita, que, fecundada á insultos

del orizonte, dexa ciego á quien la busca... Cesse la energía de

los labios, y contemplen mis ojos, como áncoras festivas, un texto

muy literal, que me ofrecen los Cantares. Porque, si esta triste y

turbulenta avecilla es trono geroglífico de la Castidad, etc., Ea,

pues, digámosla aquella acróstica Oracion, que en sus niñeces enseñó

á su hija María._ Digo, que estas cláusulas no merecen descalzar el

pié á las otras, y que, teniendo Fray Gerundio estos modelos, no

extraño, que huviesse ensartado tan furiosos disparates. Ya no tengo

paciencia para leer mas, porque está bien vista la muestra del paño,

y desde luego asseguro, que el Autor de estos Sermones es sin duda

algun mozalvetillo barbiponiente y atolondrado, de estos que aun

están con el vade en la cinta, que, haviendo leído quatro libros de

estilo culti-latino-rumbático, y teniendo media docena de Poetas,

de Mythológicos, y de Emblemistas, sin saber siquiera qué cosa es

estilo, ni ser capaz de saberlo, se ha formado una idéa de locucion

estrafalaria y pedantesca, y encaja _ab hoc et ab illo_ todo quanto se

le pone delante.»

19. -- «Poco á poco, Padre nuestro, replicó Fray Gerundio, que V.

Paternidad padece en esso una enorme equivocacion. El Autor no es lo

que V. Paternidad piensa: no es por ahí un Autorcillo como quiera; es

mucho hombre, es hombron, y ha hecho tanto ruído en España, que pocos

han hecho mas, ni aun tanto. Vea V. Paternidad la primera llana del

libro: lea el título de la Obra y los dictados del Autor, y despues me

dirá V. Paternidad si es rana.» Aunque ya havia cerrado el libro el

Provincial, y aun havia hecho ademan de arrojarle con indignacion por

una ventana, oyendo esto á Fray Gerundio, le picó la curiosidad, abrió

el fróntis de la Obra, leyó el título, y halló, que decia assí, ni

mas ni ménos: _Florilegio Sacro, que en el celestial, ameno, frondoso

Parnasso de la Iglesia, riega_, (_mýsticas flores_) _la Aganipe

sagrada, fuente de gracia, y gloria Christo. Con cuya afluencia divina,

incrementada la excelsa Palma Mariana_ (_triunfante á privilegios

de gracia_), _se corona de victoriosa gloria. Dividido en discursos

panegýricos, anagógicos, tropológicos, y alegóricos, fundamentados en

la Sagrada Escritura, roborados con la autoridad de Santos Padres y

Exegéticos, particularíssimos discursos de los principales Expositores,

y exornados con copiosa erudicion sacra y profana, en idéas, problemas,

hieroglíficos, Philos-sóphicas sentencias, selectíssimas humanidades.

Su Autor el R. P. Fr. etc._

20. Por un gran rato quedó atónito el bueno del Provincial, no sabiendo

lo que le passaba, y pareciéndole, que con efecto era sueño lo que le

sucedia. Pero al fin, volviendo en sí, estregándose los ojos y palpando

el libro, conoció, que no soñaba. Quiso ver quien havia tenido valor

para aprobar aquel immenso conjunto de desatinos y para votar, que

se diessen á luz unos Sermones, que no solo no debieran imprimirse,

aunque no fuesse mas que por el honor de la Nacion, pero ni debieran

los Superiores, á quienes tocaba, haver permitido que se predicassen;

«pues, no metiéndonos por ahora en mas honduras, y sin detenernos en

examinar una infinidad de proposiciones osadas, dissonantes, y aun

erroneas respectivamente, solo la broza, el fárrago, el hacinamiento

pueril de citas, textos, autoridades, y lugares de todas especies,

trahidos sin méthodo, sin juicio, sin eleccion, sin oportunidad, y las

mas veces por pura asonancia; solo el intolerable abuso de valerse,

por lo ménos, tanto de los Autores profanos como de los Sagrados,

hombreando Marcial, Horacio, Catulo, y Virgilio con San Pablo y con

los Profetas, y usando mas de Beyerlink, Mafejan, Aulio Gelio, y Natal

Cómite, que de los Padres de la Iglesia; solo el estrafalario, el loco,

y aun el sacrílego empeño de apoyar los Mysterios mas Sagrados y las

acciones mas exemplares y mas sérias de los Santos con una fábula, con

una noticia mythológica, ó con una supersticion gentílica; solo el

estilo tan fantástico, tan estrambótico, tan puerilmente hinchado y

campanudo; solo un lenguage tan esguízaro, tan bárbaro, tan mestizo,

que ni es Latino, ni Griego, ni Castellano, sino una extravagantíssima

mezcla de todos estos tres idiomas; solo por esto, vuelvo á decir,

que verá y notará qualquiera, que tenga ojos en la cara, merecia el

tal Predicador, que desde el primer Sermon le huvieran quitado la

licencia de predicar. Pero no solo no haver hecho esto, sino haverle

permitido, que imprimiesse tales Sermones! Haver encontrado quien se

los aprobasse! Veamos quienes fueron los Censores.»

21. Aún mas pasmado quedó el zeloso Provincial, quando leyó el número,

la autoridad, y los elogios, que daban al Autor los aprobantes. Es

verdad, que en medio de los elogios le pareció, como que divisaba

algunas cláusulas, que le sonaban á pullas, ó á discretas advertencias

del modo con que el Padre Predicador Apostólico debiera haver

escrito; bien que temió, que esto acaso podia ser malicia suya. «Los

primeros Aprobantes dicen, que _han leído el Florilegio Sacro con

singularíssimo gusto_; y añaden immediatamente: _ojalá, que con igual

aprovechamiento_! Qué sabemos si en esto quisieron decir: ojalá, que el

Padre Predicador Apostólico nos huviera edificado tanto, como nos ha

divertido? Ojalá, que huviera hablado mas al alma y al aprovechamiento,

que al gusto y á la diversion! Ojalá, que se huviera dexado de flores,

y de flores tan vulgares, tan inútiles, y tan sylvestres, y que nos

huviera dado sazonados frutos!» Notó tambien, que dichos Aprobantes

aplicaban á la Obra un elogio, que Cyno y Praxitelo dieron á la

Cloaca de Galeno, y se le ofreció, si acaso lo decian por lo que esta

Obra tiene tambien de Sentina, pues toda ella huele á Gentilidad y á

Pedantismo, que apesta.

22. «El segundo Aprobante, sumamente respetable por todas las

circunstancias de su dignidad y de su persona, da bastantemente á

entender, que aprobó la Obra _in fide parentum_, y que la leyó por

poderes, siendo muy verisímil, que sus muchas y graves ocupaciones no

le diessen lugar para registrarla de otra manera. Y á la verdad fué

disculpable en los excessivos elogios, que la dió; porque quien se

havia de persuadir á que no los merecian unos Sermones, que pretendia

estampar un Predicador Apostólico, un Lector de Theología, y un

Chronista de su Orden? Fuera de que quizá tendria presente, lo que

dixo cierto Poeta en caso semejante: _Que los Poetas que alaban, y los

Censores que aprueban, nunca dicen lo que los Autores son, sino lo

que debieran de ser_. Finalmente, en todo caso, al fin de la censura,

hablando de cierto Sermon, que el Autor predicó en la misma Ciudad,

donde vivia á la sazon el Reverendíssimo, dice que _tuvo la fortuna

ingrata de no haverle oído_. Y, si yo me conozco en desengaños, no es

corto el que le ofrece en esta breve cláusula; pues ello, _ingrata ó

no ingrata_, ya dice, que el no haverle oído fué fortuna suya. Yo á lo

ménos por tal la tengo.»

23. «El tercer Aprobante, de circunstancias no ménos respetables que el

segundo, no se anda en dibujos, y con toda la claridad y gravedad, que

correspondia á su elevado carácter, desde luego le declaró lo mucho,

que le sobresaltó el título de _Florilegio Sacro_, que le hizo entrar

ya leyendo el libro con advertencia, que es decir en cortesía, _con

desconfianza, por lo mucho que disuena lo florido con lo Apostólico,

siendo muy extrañas del Apostólico Predicador las flores_. Y, aunque

despues procura dorarle suavemente la píldora, para que la trague, en

todo acontecimiento el acíbar medicinal allá va; si no hiciere buen

efecto, atribúyalo el enfermo á su mala disposicion.»

24. «Pero al fin, concluyó el Provincial, volviéndose á Fray Gerundio,

sea lo que fuere de las Aprobaciones, dígole, que no le he de volver

este libro, porque cosa mas á propósito para acabarle de rematar en

esse perverso gusto, que tiene de componer Sermones, es impossible

que se haya estampado, ni que se estampe en todos los siglos de los

siglos.» -- «Padre nuestro, dixo Fray Gerundio, el libro me le volverá

V. Paternidad, porque no es mio.» -- «Pues, de quien es?» preguntó el

Provincial. -- «No se lo puedo decir á V. Paternidad, respondió Fray

Gerundio, porque me le prestaron en confession.» Resonó en toda la

Celda una espantosa carcajada, al oír tan gracioso despropósito; pero

Fray Gerundio, sin turbarse, prosiguió diciendo: «Y en órden á las

tachas, que V. Paternidad le pone, lo que yo veo es, que corre con

grande aplauso, que la impression se despachó luego, y no se halla uno

por un ojo de la cara, porque los que le tienen le guardan como oro en

paño; y en verdad que todos son hombres de buen gusto, y que el Autor

se hizo famosíssimo en España por una Obra, que publicó, dicen que

en el mismo estilo que el Florilegio, contra cierto Escritor, que ha

metido gran ruído en este Siglo. Con que, si esto es predicar mal y con

mal estilo, yo digo claramente á V. Paternidad, que no pienso predicar

con otro estilo ni de otra manera, miéntras Dios me guarde el juicio.»

Dixo y, sin hablar mas palabra, volvió las espaldas, y se despidió

broncamente de aquella Reverendíssima Assambléa.

25. No se puede ponderar lo irritado que quedó el Provincial, á

vista de aquel desahogo y de una despedida tan irreverente y tan

desatenta. Iba á mandar con el primer movimiento de la cólera, que

le emparedassen; pero algunos Padres Maestros, que conocian mejor la

candidez de Fray Gerundio, le asseguraron, que aquella no era malicia,

sino pura innocencia, y una mera simplicíssima intrepidez. Con esto se

sossegó, y se contentó con decir, que, si como él estaba ya para acabar

el Provincialato, huviera de proseguirle, tarde subiria al Púlpito

el majadero de Fray Gerundio: expression, que no se sabe como se le

escapó, porque era hombre moderado y comedido. Pero Dios nos libre de

un hombre colérico, quando todavía están calientes las paredes.

26. Miéntras passaba esto en la Celda del Provincial, andaba una

terrible zambra en el Convento entre los Frayles de escalera abaxo

sobre la misma Salutacion. Es verdad, que los mas eran de la propia

opinion que nuestro Padre, conviene á saber, que era impossible

predicarse cosa mas disparatada; pero otros defendian, que havia sido

un assombro, y, aunque no dexaban de conocer, que havia dicho muchos

desatinos, pero los disculpaban con la poca edad, con los ningunos

estudios, y en fin decian, que el talentazo, el garbo, la voz, y la

presencia lo suplian todo. Sobre todo, el formidable partido de los

Legos se le calzó enteramente, y no le faltó siquiera un voto, para que

desde luego le ordenassen y le hiciessen Predicador. Pero los que mas

á vanderas desplegadas se declararon por él entre los Legos, fueron

el Socio del Provincial y el Sacristan segundo de la Casa. Estos eran

votos de grande consequencia; porque el Socio havia cogido al bueno

del Provincial las sobaqueras, de tal manera que hacia mas caso de él,

que de muchos Padres graves, y era voz comun en la Provincia, que le

dominaba.

27. El Sacristancillo segundo por su término no le iba en zaga. Era un

Leguito que ni de molde: de mediana estatura, cariredondo, agraciado,

lampiño, ojos alegres y chuscos, pulcríssimo de hábito, vivaracho,

oficioso, servicial, y mañoso, porque sabia hacer mil enredillos

de manos. Cortaba flores, dibujaba decentemente, componia Reloxes,

acomodaba vidrios, y para una cazuelita, para una tarta, para una

bebida, tenia unas manos de Angel. A favor de estas habilidades y de

su genio blando y un si es no es zalamero, se insinuaba en las Celdas,

con especialidad de los Padres graves, hacíalos la cama, limpiábales

las mesas, batíalos el chocolate, servíalos en otros mil menesteres;

y, como le encontraban pronto para todo, se havia grangeado no solo

el cariño, sino la confianza de los mas, tanto que casi los daba la

ley y los hacia querer todo lo que él queria, y alabar todo lo que

él alababa. No es decible, quanto importaron á Fray Gerundio estos

dos votos, y despues el de los demas Legos; porque los dos primeros

llegaron á hacer blandear, el uno al Provincial, y el otro á casi

todos los Padres gordos, y los demas, como cada qual tenia su santo de

devocion, poco á poco le fueron conquistando á los Frayles de Missa y

Choro, de manera que en breves dias ya casi todo el Convento se declaró

á favor de sus predicaderas.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 49 / 61 题