Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento;
encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios.
Ello no tuvo remedio: cerróse Fray Gerundio en que havia de ahorcar
los hábitos Philosóphicos, y que no havia de tomar los Theologales,
á excepcion del de la Fé, que esse ya le tenia desde el bautismo;
el de la esperanza de salvarse, á lo ménos _per modum hæreditatis_,
no le podia faltar; y con el de la charidad debemos piadosamente
suponerle, porque parecia buen Religioso, salvo sus manías y caprichos,
que absolutamente podian ser sin mucho perjuicio de su conciencia.
Viéndole los Prelados de la Religion y los Padres graves del Convento
tan displicente con la Philosophía, y tan empeñado en que no havia
de estudiar Theología, pues, para ser Predicador Conventual y para
predicar como predicaban otros muchos, con grande séquito, aplauso, y
provecho de su peculio, decia, que no la havia menester, y á fé que en
esso le sobraba la razon por los texados; observando por otra parte,
que mostraba bastante despejo, que tenia buena voz, que era de grata
presencia, asseado, limpio, prolixo, tanto, que picaba en pulcro;
pareciéndoles en fin, que, llevándole la inclinacion por allí con tanta
vehemencia, como le armassen de buenos papeles, que no faltaban en
la Orden, pues se conservaban los que havian dexado en sus espolios
algunos famosos Predicadores, podria acaso parecer hombre de provecho,
acreditar la Religion, y ganar su vida honradamente: resolvieron
condescender con sus deseos. Pero ántes les pareció conveniente
experimentar, qué era lo que se podia esperar de sus talentos
pulpitables.
2. Es loable costumbre de la Orden exercitar á los Colegiales jóvenes,
assí Artistas como Theólogos, en algunos Sermones domésticos, que
se predican privadamente á la Comunidad, miéntras se come en el
Refectorio, dándoles tiempo limitado para componerlos: llevando en esto
la mira, lo primero, de descubrir los talentos que muestra cada uno;
lo segundo, de que se vayan desembarazando, y acostumbrando á hablar
en público, para quando llegue el caso de hacerlo en Theatros mas
numerosos; y lo tercero, de que tambien vayan aprendiendo á exercitar
un ministerio, que debe saber exercitar todo Religioso Sacerdote,
siga la carrera que quisiere. En otras Religiones, donde se practica
tambien esta loable costumbre, los Sermones de Refectorio son por lo
comun sobre las Festividades del año, y se suelen predicar en los
mismos dias, en que se celebran, siendo de cargo del Lector, con
acuerdo del Prelado, nombrar al Colegial que quiere que predique. Pero,
como en cada Religion hay sus estilos, en la de nuestro Fray Gerundio
esta incumbencia es privativa del Predicador mayor de la Casa, al
qual, avisado por el Superior, toca nombrar el Colegial Predicador, y
señalarle para el Sermon el assunto, Mysterio, ó Santo, que quisiere,
con todas las circunstancias, que á él se le antojaren, con tal que
sean de aquellas, que suelen concurrir en los Sermones, y es gala
precisa hacerse cargo en la Salutacion de todas ellas.
3. Apénas, pues, volvió el Padre Fr. Blas, Predicador mayor de la Casa,
de predicar su famoso Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la
Torre, quando fué á presentarse al Prelado y á tomar, segun la ley, su
_Benedicite_. Hechas las preguntas acostumbradas (por algunos pocos
Superiores ménos prudentes, y muy agenas de los mas, que verdaderamente
son hombres sérios y cuerdos), de como lo havia passado, como se havian
portado los Mayordomos, quanto le havia valido el Sermon, qué comida
havia habido, y si trahia algunas Missas para el Convento; y haviéndole
satisfecho á todo Fray Blas, entregándole por conclusion docientos
reales, limosna de cien Missas, que havia sacado, y por otra parte
ochenta, para que su Paternidad muy Reverenda dixesse otras veinte, á
razon de quatro reales; oído y recibido todo con extraña benignidad
por el afabilíssimo Prelado, que, con esta ocasion, volvió á confirmar
á Fray Blas la licencia general, que le tenia dada, para que, durante
su govierno, admitiesse con la bendicion de Dios quantos Sermones le
encomendassen; le dixo por fin y por postre: «Váyase, Padre Predicador,
á desalforjar y á descansar á su Celda, y, ántes que se me olvide,
encargue luego un Sermon de Refectorio á Fray Gerundio, _que tenga
algunas circunstancias_; pero le prevengo, que no se le componga el
Padre Predicador, y déxele, que le trabaje él enteramente; porque, como
esse muchacho hipa tanto por el Púlpito, queremos saber lo que él puede
dar de suyo.»
4. En un manuscrito antiguo de el Convento se halló advertido á la
márgen, que, al oír Fray Blas este encargo del Prelado, y trasluciendo
por él, que con efecto pensaban en echar por la carrera del Púlpito á
su queridito Fray Gerundio, que era lo que los dos tantas veces havian
tratado en la Celda á puertas cerradas, se alborozó tanto, que con
aquel primer ímpetu del gozo ya havia echado mano á la faltriquera para
sacar el doblon de á ocho, que le havia valido el Sermon, y regalársele
al Prelado; pero, pensándolo mejor en el mismo instante, sacó el
pañuelo, limpióse los mocos, ofreció hacer al punto quanto le havia
mandado, y partió aceleradamente.
5. Aún estaba con los hábitos arremangados, quando, sin ir á su Celda,
se entró de golpe y como galopeando en la de Fray Gerundio. Encontróle
descuidado, asustóle un poco; arrojóse sobre él, dióle cien abrazos,
y solo le dixo: _Vamos, chico, vamos á mi Celda, que te traygo un
Obispado_. Siguióle Fray Gerundio, que se recobró presto del susto, y
en el camino le preguntó: _Oye usted, y como salió el vernal paralelo_?
-- «Hijo mio, de los Cielos!» le respondió el Predicador. -- «Y aquello
de las grandes risadas? _Et grandes mirata est Roma cachinnos._» --
«Amigo, á pedir de boca, porque á carcajadas se hundia la Hermita.»
-- «Pues yo sé, añadió Fr. Gerundio, que lo de _puer nudus, alatus,
myrthoque coronatus, qui humi sedebat_, daria gran golpe.» -- «Qué
llama golpe? Dió tal porrazo, que un Bachiller por Sigüenza dixo
públicamente en la mesa, que él havia oído mas de mil Sermones de San
Benito; pero que cosa mas propia para representar al Santo, quando se
revolcaba en la zarza, no la havia oído.» -- «Mas de mil?» replicó Fray
Gerundio. -- «No seas material, respondió el Predicador, que esso se
entiende dos ceros mas ó ménos.»
6. Con esta conversacion entraron en la Celda de Fray Blas:
desalforjóse este, quitóse las polaynas, baxóse la saya, echó las dos
manos á la capilla, que aun se mantenia descolgada, cogió vuelo, y
arrojándosela primero toda sobre la cabeza, de manera que ya le cubria
por la parte anterior hasta muy entrado el pecho, volvió despues con
una especie de columpio á ponerla symétricamente sobre la mitad del
cerquillo, y en fin la baxó hasta el medio del pescuezo, colgando por
la parte anterior iguales las dos puntas en los lados. Tomó un peyne,
que estaba sobre la mesa, atusóse el cerquillo y el copete, abrió una
alacena, sacó un frasco de vino de la Nava con vizcochos, echaron los
dos un traguito, y aún no havia colado bien el último sorvo por el
gaznate de Fray Gerundio, quando este le preguntó con impaciencia, qué
Obispado le trahia?
7. -- «Qué Obispado te he de traher? le respondió Fr. Blas, todo
alborozado: que el Prelado me dió á entender, que querian sacarte de
los estudios y aplicarte á la carrera del Púlpito. Puede haver mejor
Obispado para tí? Si logras esto, no lo passarás, no digo yo como
un Obispo, sino como un Arcediano? y mas con las reglecitas, que yo
te daré á su tiempo.» -- «Padre Predicador, qué dice?» le replicó
Fray Gerundio. -- «Lo dicho dicho; respondió el Predicador. Díxome,
que luego luego te encargasse un Sermon del Refectorio, y que no te
le compusiesse yo, porque, como muestras tanta inclinacion á sermo
sermonis, y tan poca á sylogismos y á ergos, querian ver hasta donde
llegaba, ó á lo ménos lo que prometia tu cosecha. Y assí, amigo mio,
apretar los codos, que, á lo ménos en este Sermon, yo no te he de decir
palabra, y te he de dexar que vayas por los senderos de tu corazon. En
saliendo de este barranco, será otra cosa: mis papeles serán tuyos,
porque tus lucimientos serán mios.»
8. En el mismo manuscrito antiguo, donde se encontró la nota passada,
se halló otra, que dice de esta manera: _Atónito estuvo oyendo Fray
Gerundio esta noticia, y le embargó tanto el gozo, que estuvo como
fuera de sí por espacio de tres ó quatro Credos rezados con pausa._
Luego que se recobró, echó los brazos al cuello al Predicador mayor
de la Casa, y le dixo: «Pues ahora bien, despachemos quanto ántes, y
señáleme Vm. luego el Sermon, que tengo de predicar; pues, aunque diga
cien disparates en él, á lo ménos ninguno me ha de dar plumada, todo
ha de salir de mis cascos, y tanto como el garvillo y el modo de decir
no ha de descontentar, aunque parezca mal que yo lo diga»; y, diciendo
y haciendo, se subió sobre una silla, ó taburete (que en esto hay
variedad de leyendas, y no están concordes los Autores), igualó las dos
puntas delanteras de la capilla, metió los dos dedos de la mano derecha
por entre ella y la nuez de la garganta, como para desahogarse; miró
hácia todas partes con desden y magestad; sacó despues un pañuelo de
seda, y se sonó con autoridad; metióle en la manga izquierda, y de la
derecha sacó otro pañuelo blanco, con el qual hizo como que se limpiaba
los ojos; entonó el _Alabado sea, etc._ con voz grave, ahuecada, y
sonorosa; persignóse magistralmente con la mano muy extendida, y tanto
que al llegar al palo de la Cruz, que se forma desde la punta de la
nariz hasta la barba, parecia que hacia la mamola; tomó por thema:
_Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus_, con
aquello de _ex Evangelica lectione Joannis_, _capite tertio decimo_;
y prorrumpió en esta disparatadíssima cláusula, que havia tomado de
memoria, haviéndola oído á otro Colegial, amigo suyo, en un Sermon del
Refectorio, y él la decoró teniéndola por cosa grande. _Al pautar las
desigualdades de mi grosero pensar, fuí desenebrando las lineas de
mi discurso, tirando los primeros barruntos de mi imaginativa hácia
el escrutinio del Evangelio Sagrado._ =Caro mea.= _Qué elegante está
el Profeta!_ Y callando de repente, porque no sabia mas, prosiguió
predicando un Sermon mudo, manoteando, y remedando todas las acciones,
gestos, y posturas, que havia observado en los Predicadores, y á él le
havian caído mas en gracia; tan enfrascado en esto que aun el mismo
Predicador mayor se tendia de risa por aquellos suelos, y aun llegó á
temer, si se havia vuelto loco el pobre Fray Gerundio.
9. Cerca de una hora duró esta silenciosa muestra de sus predicaderas,
en el qual espacio de tiempo el buen Fraylecito se zarandeó tanto aquel
cuerpo, con tales movimientos, con tantas posturas, con tan violentas
convulsiones, unas veces cruzando los brazos, otras abriéndolos y
extendiéndolos en forma de Cruz; ya amagando á echarse de bruces sobre
el Púlpito, ya arrimándose contra la pared, á ratos poniéndose de asas,
á ratos levantando el dedo hácia arriba, á manera de quadro de San
Vincente Ferrer, que al fin quedó tan sudado y tan rendido, como si
huviera predicado de veras, y fué preciso volver á reconvenir al frasco
y á refrendar los vizcochos, lo que hizo tambien con especial gusto,
por ser esta ceremonia precisa, quando se acaba el Sermon.
10. Despues que descansó algo de su fatiga, estuvo un poco sereno; y
despues tambien que el Predicador se recobró de lo mucho que havia
reído durante aquella extraña funcion, le dixo este: «Es cierto,
Fray Gerundio, y no se puede negar, que tienes talento conocido,
especialmente algunas acciones salen que ni pintadas; y, aunque no
hablabas palabra, claramente conocia yo lo que querias decir con ellas.
Parece, que tienes en las manos los Sermones. Y aquí viene de perlas
aquello del Sabio, _in manu illius nos et sermones nostri_; porque,
aunque en realidad allí habla de cosa muy diferente, quien me quita á
mí aplicarlo á otra muy distinta, quando viene el texto tan clavado?
Ahora bien, manos á la obra, que yo quiero ya señalarte el assunto, á
que has de predicar, y las circunstancias, de que te has de hacer cargo
en el Sermon.»
11. «Ya sabes, que en la parroquia de la Santíssima Trinidad hay
una Capilla dedicada á Santa Ana, que pertenece á la Cofradía de la
Santa, á quien la misma Cofradía celebra una fiesta muy solemne. Ya
sabes, que este año son Mayordomos Don Luis Flores y Don Francisco
Romero, Regidores de este Pueblo; y ya sabes, en fin, que estos dos
Cavalleros desterraron á algunas mugeres públicas, que havian venido á
avecindarse en él, cuya obra fué sin duda muy grata á los ojos de Dios,
y muy aplaudida de todos los buenos. Este es el assunto, estas las
circunstancias, que has de tocar precisamente. No tienes mas que ocho
dias de término, porque no da mas la Orden. No hay que perder tiempo; á
trabajar, y á Dios amigo.»
12. Has visto tal vez un cohete, quando, prendiendo la mecha en el
cebo de la caña, que sostenian blandamente los dos dedos de la mano
derecha, en un abrir y cerrar de ojos parte desde la mano hasta lo mas
elevado de la esfera; y aquella misma vara, que poco ha casi tocaba
con su extremidad en el suelo, ya se la ve remontada hasta dar susto
á las mismas estrellas; tanto, que la constelacion de Virgo acude
pronta á tapar la cara con las dos manos, temiendo, que la va á sacar
un ojo? Pues assí, ni mas ni ménos, partió nuestro Fray Gerundio
derecha y rápidamente desde la Celda del Predicador á la Librería
del Convento. Allí cargó con la Biblia Polyglota de Alcalá, con las
Concordancias de Zamora, con el _Theatrum vitæ humanæ_ de Beyerlink,
con los Saturnales de Macrobio, con la Mythología de Rabisio Textor,
con el Mundo Symbólico de Picinelo, con los Kalendarios Mythológicos
de Reusnero, Tamayo, Másculo, y Rosino, que eran los libros y los
Santos Padres, que veía revolver á su hombre el Predicador Fray
Blas, quando tenia que predicar algun Sermon. No se puede ponderar
lo que él leyó, lo que él ojeó, lo que él revolvió en aquellos ocho
dias, ni las innumerables idéas, que se ofrecian de tropel á aquella
inquieta y turbulenta imaginacion, todas á qual mas confusas, á qual
mas embrolladas, á qual mas extravagantes. Nada leía, nada veía, nada
oía, que no le pareciesse, que venia de perlas para su assunto, ó por
símil, ó por comparacion, ó por texto. Apuntaba, notaba, quitaba,
añadia, borrajeaba; hasta que en fin, despues de tres borradores, sacó
su Sermon en limpio. Estudióle, repassóle, representóle, y se ensayó
mil veces á predicarle en la Celda, sobre todos los cachivaches, que
havia en ella: sobre la silla, sobre el taburete, sobre la mesa, sobre
un banco, y hasta sobre la misma cama. Pues, dos dias ántes de la
funcion, quando entró el dispertador á darle luz, le encontró en camisa
predicándole sobre la tarima, y es que se havia levantado en sueños,
sin saber lo que se hacia.
13. Como estas especies se havian esparcido por el Convento, era
grandíssima la expectacion en que estaba toda la Comunidad por oírle.
Amaneció, en fin, el dia deseado, y se dexó ver nuestro Fray Gerundio,
ante todas cosas afeytado, rasurado, y lampiño, que era una delicia
mirarle á la cara. Estrenó aquel dia un Hábito nuevo, que para el
efecto havia pedido á su madre, encargando mucho que viniesse bien
doblado, y sobre todo que se passasse la plancha por encima de los
dobleces, para que se conociessen mejor, porque esto da á la saya no
sé qué gracia, y de camino pidió un par de pañuelos de á vara, uno
blanco y otro de color, porque ambos eran alhajas muy precisas para la
entradilla. Todo se lo envió la buena de la Catanla con mil amores,
solo con la condicion de que, ya que ella no podia oírle, la havia de
enviar el Sermon, para que se le leyesse el Señor Cura, ó su Padrino el
Licenciado Quijano.
14. Llegada la hora, y hecha con la campana la señal para comer, no
faltó aquel dia del Refectorio ni el mas ínfimo Donado de la Comunidad,
porque en realidad todos querian bien á Fray Gerundio, assí por su buen
genio, como porque era liberal y dadivoso; y tambien porque á todos
los picaba la curiosidad, viéndole con tanta manía de Púlpito, la qual
entendian era mas innocencia que malicia, ni mucho ménos inclinacion á
ser haragan. Subió, pues, al Púlpito del Refectorio con gentil donayre;
presentóse en él con tanto desembarazo, que casi comenzó á tenerle
envidia el mismo Predicador mayor. Echó un par de ojeadas con desden
y con afectada magestad, hácia todas las partes del Refectorio; y,
precediendo aquellos precisos indispensables prolegómenos de tremolar
successivamente el par de pañuelos, blanco y de color, que havia hecho
venir expressamente para el intento, entonó ante todas cosas con voz
hueca y gutural el _sea Alabado, bendito, y glorificado el Santíssimo
Sacramento_, concluyendo con lo de _en el primer instante de su
puríssimo sagrado ser y natural animacion_: cláusula, que siempre le
havia dado gran golpe. Santiguóse con pleno magisterio; propuso el
thema, sin omitir lo de _ex Evangelica lectione, capite quarto decimo_;
relinchó dos veces, y rompió la Salutacion de esta manera: advirtiendo,
que no se añade ni se quita una sýlaba de como se encontró de su misma
letra.
15. «No es de ménos valor el color verde, por no ser amarillo, que el
azul por no ser encarnado: _Dominus, o altitudo divitiarum sapientiæ
et scientiæ Dei_; como ni tampoco faltaron los colores á ser oráculo
de la vista, ni las palabras en la fé de los oídos, como dixo Christo:
_Fides ex auditu; auditus autem per Verbum Christi_. Nació Ana, como
asegura mi fé, por haverlo oído decir, de color rojo; porque las
ceruleas ondas de su funesto sentir la hicieron fuertemente palpitar
en el útero materno: _Ex utero ante Luciferum genui te_. A este, pues,
Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de
la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos
cultos hyperbólicos; pues tiene, como allí se ve, hermoso y ayroso
vulto: _Vultum tuum deprecabuntur omnes divites plebis_. Déxome de
exordios, y voy al assunto, aunque tan principal. Empieze, pues, el
curioso á percebir: _Qui potest capere, capiat_.»
16. «Fué Ana, como todos saben, Madre de nuestra Señora, y afirman
graves Autores, que la tuvo veinte meses en su vientre: _Hic mensis
sextus est illi_; y añaden otros, que lloró: _Plorans ploravit in
noctem_: de donde infiero, que fué María Zahorí:[30] _Et gratia ejus
in me vacua non fuit_. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento: Santa
Ana fué Madre de María: María fué Madre de Christo: luego Santa Ana es
Abuela de la Santíssima Trinidad: _Et Trinitatem in unitate veneremur_:
por esso se celebra en esta su Casa: _Hæc requies mea in seculum
seculi_.»
17. «Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compendios? _Quid
retribuam Domino?_ Qué paralelos podrán expressar mis voces al decir
tus alabanzas? _Laudo vos? in hoc non laudo._ Eres aquella mysteriosa
red, en cuyas opacas mallas quedan presos los incautos pececillos:
_Sagenæ missæ in mari_. Eres aquella piedra del desierto, que en los
Damascenos Campos erigió el amante de Rachel, para dar á su ganado
agua: _Mulier, da mihi aquam_. Pero ménos mal lo diré, siguiendo el
tema del Evangelio. Es Santa Ana aquella preciosa Margarita, que,
fecundada á insultos del Orizonte, dexa ciego á quien la busca:
_Quærentibus bonas margaritas_: es aquel thesoro ya escondido,
_Thesaurus absconditus_, ya oculto, _nihil occultum_, que reservó el
alma santa para los últimos fines de la tierra: _De ultimis finibus
prætium ejus_: es aquel Dios escondido, como decia Philon: _Tuus
Deus absconditus_: es el mayor de los milagros, como decia Thomas:
_Miraculorum ab ipso factorum maximum_.»
18. «Varias circunstancias ennoblecen la Fiesta. Unas son agravantes:
_tolle gravatum tuum_; otras, que mudan de especie: _specie tua, et
pulchritudine tua_. Y es, que los Señores Flores y Romero, nobles
Athlantes de este Pueblo, llaman, ó á noche hicieron llamar con
aquellos truenos, hijos relámpagos del uracan mas ardiente, que subian
y baxaban, á modo de aquellos rapidíssimos espíritus de la Escala de
Jacob: _Angelos quoque ascendentes et descendentes_. Y es la razon
natural, porque todo lo que baxa, sube, y todo lo que sube, baxa:
_Zachee festinans descende_.»
19. «Cesse la energía de los labios, y contemplen mis ojos, como
áncoras festivas, un texto muy literal, que me ofrecen los Cantares.
Dice assí: _Vox turturis audita est; flores apparuerunt in terra
nostra, tempus putationis advenit_: Cantó la Tórtola bella en nuestra
macilenta tierra; vinieron á celebrarla las flores, y estas mismas
flores desterraron las rameras: _tempus putationis advenit_. Es tan
literal el texto, que no necessita de aplicacion. Pero diré con
brevedad para el erudito: está representada en la Tórtola Santa Ana;
porque, si esta triste y turbulenta avecilla es trono geroglífico de
la castidad, Ana fué casta, pues no tuvo mas que una hija: _Filia mea
male a Dæmonio vexatur_. Lo de _tempus putationis_ viene tan al pié de
la letra, pues los ínclitos Cavalleros Mayordomos desterraron aquellas
Samaritanas, que alborotaban el barrio.»
20. «Ahora me acuerdo de otro texto, que aun mas bien que el passado
comprehende todas las circunstancias del assunto: de aquella gran
muger Ana, enemiga de Phenena, como se dice en el libro de las
Personas Reales, la qual, á impulso de sus deprecaciones, ayudándola
Helí, tuvo un hijo llamado Samuel. Atienda, pues, el Rhetórico al
argumento. Helí, en anagramma, suena lo mismo que Joachin: _Sonet
vox tua in auribus meis._ Samuel fué Profeta, María fué Profetisa;
con que, en el sentido mýstico, lo mismo es Samuel que María. Tengo
probado difusamente el assunto, y solo falta aplicarle á los Romeros;
pero, supuesto que el Romero tiene flor, dicho se estaba ello: _Flores
apparuerunt in terra nostra._»
21. «Mas todavía quiero apropiar con mas propiedad las circunstancias
al assunto. Publicando están las Historias, que la Vírgen Santíssima
tendia los pañales de su recien nacido hijo Dios sobre los Romeros: y
esto quien se lo enseñó? su Madre Santa Ana; pues todo quanto supo,
ella se lo enseñó, _ipse vos docebit omnia_. Con que los Romeros
servian á Santa Ana. Pues, esso es lo que hacen el dia de hoy: con que
tenemos lo que hemos menester.»
22. «Ea, pues, pidamos la gracia. Pero quien la pedirá? Isaías? Ea,
que no. Gregorio? Ea, que sí. La Hija ayudará en la labor á su Madre:
_Filia Regum in honore suo._ Ea, pues, digámosla aquella acróstica
oracion, que ella en sus niñeces enseñó á su Hija María; porque, como
buena Madre, al punto la enseñó á rezar el... AVE MARIA.»
23. Esta fué, sin quitar ni poner, la famosíssima Salutacion, que
el incomparable Fray Gerundio de Campazas encajó en el Refectorio
de su Convento, por estrena y muestra de paño de sus predicaderas,
en presencia de toda aquella Venerable Comunidad, incluso el
Reverendíssimo Padre Maestro Provincial, que, por una feliz casualidad,
havia llegado la noche ántes á visitar el Convento. Esta es aquella
Salutacion, que debiera perpetuarse en los moldes, eternizarse en las
prensas, immortalizarse en los mármoles, buriles, y sincéles, por pieza
original, pieza única, pieza rara, pieza inimitable en su especie. Y
Dios se lo perdone al Reverendíssimo Padre Provincial, que por su genio
grave, sério, maduro, y demasiadamente circunspecto, despues de haver
echado un jarro de agua á la fiesta, privó del cuerpo del Sermon á la
República de las letras, la qual ha hecho en esto una pérdida, que
jamas la podrá llorar bastantemente. Porque quien duda, sino que seria
un modelo de despropósitos, de locuras, de necedades, de heregías, de
cosas inconexas y disparatadas, el mas gracioso y el mas divertido,
que ha salido hasta ahora del fondo, ó del sudor de las agallas? Pues,
aunque en realidad andan por ahí impressos innumerables, infinitos
Sermones, especialmente de estos, que llaman _circunstanciados_, los
quales, á lo ménos en la Salutacion, que es lo que hemos visto del de
Fray Gerundio, no le pierden pinta; pero es de creer, que en el alma
y en el chiste no llegarian al zancajo del de nuestro recien nacido
Predicador.
24. Fué, pues, el caso, que, como durante la Salutacion huvo tanta
bulla, tanta risa, tanta zambra en el Refectorio, que á cada passo
resonaban las carcajadas á mandíbulas batidas, hasta llegar un Padre
Presentado á vomitar la comida de pura risa, el Lector del Caso[31] á
atragantarse con un bocado de queso, y hasta el Lego, que andaba con la
cajeta, siendo assí, que no entendia mucho de Sermones ni de latines,
cogiéndole uno de los despropósitos con el Jesus en el pico, volvió á
arrojar en él por boca y por narices como cosa de media azumbre, que ya
se havia embanastado, con tal ímpetu que aspergeó y roció medianamente
á los dos colaterales: digo, pues, que, como por todos estos incidentes
fuesse menester, que Fray Gerundio se parasse á cada passo, haciendo
mil pausas, para dar lugar á la mosquetería, y ya estuviesse para
acabarse la mesa, pero principalmente porque el Padre Provincial
hizo escrúpulo de dexarle proseguir en tanta sarta de disparates,
y mas, que ya le pareció aquella demasiada bulla para un acto de
Comunidad tan sério; por todos estos motivos le mandó, que lo dexasse
y que se baxasse del Púlpito, lo que fué para el pobre Fray Gerundio
un exercicio de obediencia, lleno de amarguíssima mortificacion;
sucediendo despues, lo que verá el curioso Lector en el Capítulo
siguiente.