En que se trata de lo que verá el curioso Lector, si le leyere.
Pues con estos batidores, muñidores, y panegyristas viérades
volverse la tortilla á favor de Fr. Gerundio, de manera que toda la
Comunidad, á excepcion de algunos pocos hombres sesudos y Religiosos
de quatro suelas, se echó sobre el Provincial, para que, supuesta
su aversion al estudio Escolástico y su inclinacion al Púlpito, le
diesse Dimisorias para ordenarse, y le nombrasse por Predicador
Sabatino. Aun assí y todo, costó mucho trabajo doblar la entereza del
Reverendíssimo Provincial; pero al fin acabó de rendirle el Socio de
su Reverendíssima, que le sabia mejor que otros las escotaduras, bien
que no se rindió del todo, hasta que uno de los Padres mas graves y
mas maduros del Convento, que queria mucho á Fray Gerundio, pero que
contaba mas de lo justo sobre su docilidad, salió por fiador de que se
emendaria en el modo de predicar, tomando de su quenta instruírle muy
de propósito, en que á lo ménos predicasse con juicio. Pareciéndole al
Prelado, que de esta manera asseguraba su conciencia, y debaxo de estas
condiciones, consintió en que se ordenasse de Sacerdote, y le hizo
Predicador Sabatino de aquel mismo Convento, con aplauso universal.
2. El que lo celebró mas que todos fué el Padre Fray Blas, Predicador
mayor de la Casa y el Oráculo en materia de predicar de nuestro Fray
Gerundio; porque, aggregado ya á su gremio, y hecho en cierta manera
subalterno y dependiente suyo, le tenia como á su mandar, para hacerle
enteramente á su mano, y se proponia sacar en él un discípulo, que
eternizasse la fama del Maestro, como el tiempo lo acreditó.
3. Receloso de esto aquel Padre grave, que havia salido por fiador de
su emienda y se havia ofrecido al Provincial á instruírle, ántes que
le acabasse de pervertir el Padre Fray Blas, con el pretexto de ir á
recrearse algunos dias á cierta Granja del Convento, le llevó en su
compañía, y de propósito se detuvo en la Casa de Campo un mes cumplido,
para tener mas tiempo de insinuarle con destreza sus instrucciones,
esperando que se le pegarian, por quanto no tenia al lado al Predicador
mayor, que era el que principalmente embarazaba prendiesse en él la
semilla de la buena doctrina, que le daban; porque con sus disparatadas
lecciones, y mucho mas con sus exemplos, todo lo echaba á perder.
Llamábase el Maestro Prudencio este Padre grave, y le quadraba bien
el nombre, porque era hombre prudente, sabio, mas que regularmente
erudito, de genio muy apacible, aunque demasiadamente bondadoso, y por
esso fácil á persuadirse á qualquiera cosa, y tambien á ser engañado.
4. La primera tarde, pues, que salieron los dos á passearse por entre
una frondosa arboleda, dixo el Maestro Prudencio á Fray Gerundio con
llaneza y con cariño: «Con que en fin, amigo Fray Gerundio, ya eres
Sacerdote del Altíssimo, y Predicador Sabatino del Convento?» --
«Sí, Padre Maestro, respondió Fray Gerundio, gracias á Dios, á la
intercession de V. Paternidad, y á la de otras buenas almas.» -- «Ya
sabes, continuó el Maestro Prudencio, que salí por fiador con nuestro
Padre Provincial, de que cumplirias con tu obligacion y de que no nos
sonrojarias.» -- «De esso pierda cuydado V. Paternidad, respondió
Fray Gerundio, que espero en Dios desempeñarle á satisfaccion, y que
no se arrepienta de la fianza.» -- «Pero, hombre, como ha de ser
esso, le replicó el Padre Maestro, si no has estudiado palabra de
Philosophía, ni de Theología, ni de Santos Padres, ni de Rhetórica,
ni de Eloquencia, y, en fin, de ninguna otra Facultad? y un perfecto
Orador, dice Ciceron, nada debe ignorar, porque se le han de ofrecer
mil ocasiones de hablar de todo.»
5. -- «Ciceron, Padre Maestro, dixo Fray Gerundio, hablaba de aquellos
Oradores profanos y Gentiles, que trataban en cosas muy distintas, que
nuestros Predicadores.» -- «Pues de qué trataban, le preguntó el Padre
Maestro?» -- «Yo no lo sé, respondió Fray Gerundio, porque no he visto
cosa alguna de aquellos Oradores, mas que unas pocas de oraciones del
mismo Ciceron, que nos hacia construir el Dómine Zancas-largas; y essas
parece que todas se reducian, ó á defender á un acusado, ó á acusar á
un reo, ó á excitar los ánimos del Pueblo y de la República á alguna
resolucion ó empressa, que fuesse útil para todos; y tambien me acuerdo
haver construído una ú otra, que parecia elogio de algun Ciudadano, que
havia hecho servicios importantes á la República, ó acciones gloriosas
que podian ceder en esplendor y mayor lustre de toda ella.»
6. -- «Con efecto, de esso trataban los Oradores Gentiles, replicó el
Padre Maestro, y á esso se reducia el fin y la materia de todas sus
oraciones, á mejorar las costumbres. Y para esso solo se valian de
tres medios, de defender la virtud injustamente acusada y perseguida,
de acusar al vicio iniquamente abrigado y defendido, y de elogiar á
los virtuosos, proponiéndolos al Pueblo por dechado, y exhortándole á
la imitacion. Pues, ves aquí, amigo Fray Gerundio, como por tu misma
confession, aunque sin reparar en ello, el mismo fin debe ser el de un
Orador Christiano en sus Sermones, que era en sus Oraciones el de un
Orador Gentil; y los mismos deben ser los medios. El fin es mejorar
las costumbres, y los medios son enamorar de la virtud, representando
su hermosura y conveniencias, (y esto se llama defenderlas); ó
infundir horror al vicio, pintando con viveza su deformidad y las
desdichas aun temporales, que arrastra, (y esto se llama acusarle);
ó finalmente elogiar á los Santos y á los hombres virtuosos,
proponiéndolos por modelo al Pueblo Christiano, y exhortándole á
la imitacion de sus exemplos. De manera que la famosa division de
nuestros Sermones en panegýricos y en morales está reducida á esto; y
á esto tambien se reducia la division de las Oraciones profanas: con
que, si Ciceron pedia en el Orador profano tanto fondo de doctrina,
que nada debia ignorar, porque se le havian de ofrecer mil ocasiones
de tratar de todo, lo mismo se debe pedir del Orador Christiano.
Y consiguientemente, sabiendo yo, que tú eres un pobre ignorante,
discurre si me dará cuydado mi fianza.»
7. -- «No tiene que dársele á V. Paternidad, replicó Fray Gerundio: lo
primero, porque andan por allí muchíssimos, que no saben mas que yo, y
son unos espanta-pueblos en essos Púlpitos de Christo; y lo segundo,
porque Ciceron no es algun Evangelista ni Padre de la Iglesia, y assí
importa un pito, que él pida tanta sabiduría en el Orador.» -- «No es
Padre de la Iglesia ni Evangelista, respondió el Maestro Prudencio;
pero es y se llama con mucha razon el Príncipe de los Oradores, y,
como tal, pocos supieron mejor que él lo que es menester saber para
persuadir á los hombres á que sean mejores, que es el fin de todo
Orador, como ya llevamos dicho.» -- «Y para saber persuadir á los
hombres á que sean mejores, preguntó Fray Gerundio, es menester saberlo
todo?»
8. -- «Sí, respondió el Maestro Prudencio, en sentir de Ciceron; ménos
algunas curiosidades de Astrología, de Mathemáticas, y de Phýsica,
que sirven mas para la diversion que para el aprovechamiento, el
Orador debe saber, ó á lo ménos estar mas que medianamente tinturado
en todas aquellas facultades, que dicen relacion á las costumbres y á
las inclinaciones del hombre. Para combatir unas passiones, y excitar
otras, debe estar instruído en la naturaleza de todas, y esto no puede
ser sin estar bien informado de su composicion; ve aquí la necessidad
de la Philosophía. Para definir, proponer, dividir, probar, y discernir
entre sofismas y razones, entre paralogismos y discursos sólidos, es
menester la Lógica ó la Dialéctica. Sin un grande conocimiento de las
Leyes divinas y humanas, no es fácil distinguir, qué acciones de los
hombres son conformes á ellas ó disformes; quales se han de aplaudir,
quales se han de condenar: y esto ya ves, que no se puede saber sin
tener muy profunda noticia de la Theología Moral, mas que mediana del
Derecho Canónico, y una tintura por lo ménos del Derecho Civil. Como
las passiones humanas nunca se conocen mejor que por los hechos, y como
sola la historia es la que nos da noticia de los passados, conocerá
muy mal á los hombres el Orador, que no estuviesse muy versado en la
Historia antigua y moderna, Sagrada, Eclesiástica, y Profana.» -- «Y
quien creerá que hasta la Poesía es muy necessaria al Orador?» --
«Pues, lo dicho dicho: ninguno será buen Orador, si no tiene algo
y aun mucho de Poeta. No hablo de aquella Poesía, que facilita el
modo de hacer versos, esto es, de hablar ó de escribir en determinado
número y medida, que esto es cosa muy accidental á la Poesía verdadera:
hablo del alma, de la substancia, del espíritu de la misma Poesía,
que consiste en la elevacion de los pensamientos, en lo figurado de
las expressiones, en la invencion, idéa, y novedad de los discursos;
porque, sin esto, como se pueden pintar con viveza los caractéres? como
se pueden mover y remover con eficacia los afectos? como se pueden
proponer las verdades mas triviales con novedad y con agrado? Y ves
aquí por qué dice Ciceron (estas son sus formales palabras), _que el
Orador debe posseer la sutileza del Lógico, la ciencia del Philósopho,
casi la diccion del Poeta, y hasta los movimientos y las acciones del
perfecto Actor ó Representante_; y has de estar en la inteligencia
de que el nombre de _Philósopho_ en la antigüedad no significaba un
hombre precisamente versado en aquella ciencia, que ahora llamamos
_Philosophía_; significaba un hombre lleno, un hombre verdaderamente
sabio en todas las facultades. El Orador, que no está versado en ellas,
aunque tenga buenos talentos, á la legua se le conoce: anda arañando
aquí y allí noticias triviales, conceptillos communes para llenar su
Sermon, que al cabo sale un descarnado esqueleto, mostrando bien, como
dice cierto Ilustríssimo Prelado, _que no habla porque está lleno de
verdades, sino que anda buscando verdades, porque tiene precision de
hablar_.»
9. -- «Esso seria bueno, replicó Fray Gerundio, si los Predicadores
huviessen de predicar de repente; pero, en no admitiendo Sermones sino
es con dos ó con tres meses de término, está todo remediado, porque en
este tiempo se pueden tomar de las Bibliothecas y de las Polyanthéas
quantas especies se quieran de todas las facultades, no solo para
llenar, sino para atestar un discurso.» -- «Assí saldrá él, respondió
el Maestro Prudencio, y no havrá hombre entendido, que no lo conozca. A
las mugeres, al populacho, y á aquellos semi-sabidillos, que solamente
lo son por lectura de socorro, puede ser que les parezca cosa grande;
pero los que tienen buenas narices, al punto perciben el fárrago, la
inconexion, el hacinamiento, y la indigestion de las especies, que
ninguno tiene peor sabidas, que el mismo que las ostenta con tanto
aparato. No hizo mas que trasladarlas del libro al papel, del papel á
la memoria, de la memoria á los labios; y, si se las tocan dos dias
despues, le cogen tan de repente, como si jamas las huviera decorado.
Predicadores jornaleros, que solo trabajan lo que basta para salir del
dia. Quien no gasta muchos años en prepararse de antemano, nunca se
preparará bien de repente; y al contrario, presto se dispondrá bien
para un Sermon particular, el que anticipadamente se halla ya prevenido
para todos.»
10. -- «Y essa prevencion, Padre Maestro, preguntó Fray Gerundio, como
se ha de hacer?» -- «Ya te lo he dicho, respondió el Maestro Prudencio:
primeramente estudiando las Facultades necessarias, y despues leyendo
con mucha reflexion, observacion, y penetracion á los Santos Padres, á
los Expositores, y Oradores mas acreditados.» -- «Jesus, Padre Maestro!
replicó Fray Gerundio, seria ya un hombre carcuezo ántes de ser
Predicador, porque para estudiar todo esso eran menester muchos años.»
-- «A lo ménos, respondió el Maestro, ninguno debiera ser Predicador,
que no fuesse maduro y bien adulto; porque el demasiadamente jóven
puede tener ingenio, puede tener habilidad, puede tener viveza, puede
tener talentos, y todo lo demas que se quisiere; pero no puede tener
la ciencia, noticias, especies, y extension necessaria, porque esta no
se adquiere sin mucho estudio y lectura, y para la mucha lectura son
menester muchos años. Añádese, que á los Predicadores demasiadamente
jóvenes, si no suplen la falta de representacion con una virtud
extraordinaria, nunca se les puede tener el respeto y la veneracion,
que son tan necessarias para que hagan fruto los que exercitan de
oficio este Sagrado ministerio, sin hablar de otros inconvenientes, que
no es menester decirlos, para que qualquiera se haga cargo de ellos.»
11. -- «Pues, por qué se empeñó V. Paternidad, le preguntó Fray
Gerundio, en que á mí me hiciessen Predicador, siendo assí que apénas
he hecho mas que cumplir los veinte y cinco?» -- «Extraño mucho,
que me hagas essa pregunta, respondió el Padre Maestro, no sin
algun enfadillo. Tan presto te has olvidado de lo que tú mismo me
importunaste, para que hiciesse este empeño? Fuera de que, viéndote
encaprichado en no seguir los Estudios y que echabas los bofes por
aplicarte á esta otra carrera, quise ver si podias servir de algo en
la Religion, especialmente que los Predicadores Sabatinos apénas son
mas que aprendices de Predicadores, porque solamente se les encargan
algunos Sermoncillos domésticos de poco ó ningun concurso, para que se
vayan ensayando; y me pareció, que en este tiempo podria suplir el arte
lo que faltaba al estudio y á la edad.»
12. -- «Con que, el arte ya puede suplir esso?» replicó Fray Gerundio.
-- «Enteramente no lo puede suplir, respondió el Padre Maestro, pero
de alguna manera sí.» -- «Por Dios, dígame V. Paternidad, como podrá
suplirlo?» -- «Leyendo con cuydado buenos originales, respondió
el Maestro Prudencio, esto es, los Sermonarios de los mejores
Predicadores, que han florecido en España, y procurando imitarlos,
assí en la substancia como en el modo.» -- «Pero, quales tiene V.
Paternidad por los mejores Sermonarios?» preguntó Fr. Gerundio. --
«Toda comparacion es odiosa, respondió el Padre Maestro; y assí, no
metiéndome por ahora en calificaciones respectivas, te digo, que los
Sermones de Santo Thomas de Villanueva, en la naturalidad, en la
suavidad, y en la eficacia, son un hechizo del entendimiento y del
corazon. Los de Fray Luis de Granada, á quien llamaron con razon el
Demósthenes Español, en el nervio, en la solidez, y en aquella especie
de eloquencia vigorosa, que á guisa de un torrente impetuoso todo
lo arrastra tras de sí, acaso tendrán pocos semejantes. La novedad
de los assuntos, la ingeniosidad de las pruebas, la delicadeza de
los pensamientos, la oportunidad de los lugares, la viveza de la
expression, la rapidez de la eloquencia, que reynan en los mas de los
Sermones del Padre Antonio Vieyra, quizá le merecieron el epítheto,
que le dan muchos, de Monstruo de los ingenios y Príncipe de nuestros
Oradores.»
13. -- «En verdad, replicó Fray Gerundio, que entre essos muchos no
tiene V. Paternidad que contar al Autor del _Verdadero méthodo de
Estudiar_, el qual dice, _que en sus Sermones no se hallará artificio
alguno rhetórico, ni una eloquencia que persuada... Que, por haverse
dexado arrebatar del estilo de su tiempo, tal vez fué aquel, que con
su exemplo dió materia á tantas sutilezas, que son las que destruyen
la eloquencia... Que sus Sermones están llenos de galanterías que
divierten, pero que no persuaden... Que los que le aplican aquellos
grandes epíthetos de Maestro del Púlpito, Príncipe de los Oradores,
Maestro universal de todos los Declamadores Evangélicos, Aguila
Evangélica, ó no lo entienden, ó hablan apassionados... Finalmente, que
era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma, como se lo oyó el
Autor á muchos Jesuítas, que tenian de él perfecta noticia._»
14. -- «Tambien yo la tengo, respondió el Maestro Prudencio, de esso
y de todo lo demas, que dice el Barbadiño,[32] Autor de essa Obra,
que me citas, contra este insigne hombre. Debiera este quejarse, si
le tratara á él de otra manera, que trata á casi todos los hombres
grandes, que florecieron en todas las Facultades, siendo su empeño
conocido dar á entender, que todo el mundo tenia los ojos cerrados,
hasta que él vino á abrírselos por charidad, haciéndoles ver, que
eran unos pobres idiotas los que él calificaba por Maestros. Nada se
le dará al Padre Antonio Vieyra, ántes le estará muy agradecido de
que en materia de Eloquencia Christiana le lleve á él por el mismo
rasero, por donde llevó en materia de Theología á Santo Thomas, San
Buenaventura, Suarez, Vazquez, y á todos los Escolásticos en materia
de Philosophía á todos quantos no la escribieron _à la dernière_; _et
sic de reliquis_. No obstante, si su crítica no fuera tan universal,
tan despótica, y tan indigesta; si se huviera contentado con decir,
que el Padre Vieyra, _especialmente en algunos de sus Sermones
Panegýricos_, se dexó llevar con algun excesso, y aunque dixesse con
mucho, de aquella especie de enthusiasmo, que arrebataba á su fogosa
imaginacion, y que rompia en las primeras idéas, que le ocurrian á
ella, las quales eran por lo comun sutilíssimas, agudíssimas, pero
ménos sólidas, adelante: yo por lo ménos no me opondria á esso, porque
estoy persuadido á que muchos de sus Sermones, singularmente de los
panegýricos, adolecen de este achaque. Por esso pudiste notar, que yo
no te le propuse por modelo _en todos_, aun en aquellas determinadas
cosas de que le alabé, sino _en los mas_. Pero pronunciar en cerro,
y como dicen, á red barredera, _que en sus Sermones no se hallará
artificio alguno rhetórico, ni una eloquencia, que persuada_, no
fué tirar la barra de la crítica hasta mas allá de lo justo, fué
propiamente tirar á desbarrar.»
15. «En quanto al artificio rhetórico, ni uno solo se señalará de sus
Sermones, que no esté dispuesto con el mas perfecto, con el mas vivo,
con el mas natural, y al mismo tiempo con el mas dissimulado: si es
que efectivamente hay otro artificio rhetórico que un entendimiento
bien lleno de su assunto, una imaginacion fecunda, viva, espiritosa, y
animada, con una facundia natural, pronta, abundante, y expressiva. El
que estuviere dotado de estas prendas, como lo estaba el Padre Vieyra
en superlativo grado, hará sin pretenderlo, y aun sin advertirlo, unas
composiciones tan rhetóricas, que el mismo Tulio las admiraria, y
colarán naturalíssimamente de su boca y de su pluma no solo aquellos
tropos y figuras, que hizo advertir la observacion, sino otras muchas,
que no se havian observado, y que quizá son mas enérgicas, que las
ya sabidas. Quien no descubriere este artificio en qualquiera de los
Sermones del Padre Vieyra, no entre á leer los libros sin Lazarillo.»
16. «Por lo que toca á la eloquencia, que persuada (que es la única,
que merece el nombre de eloquencia castiza y de ley), quisiera yo me
señalasse con el dedo el Barbadiño otra mas activa, mas vigorosa, mas
triunfante, que la del Padre Antonio Vieyra, singularmente en todos
los Sermones puramente morales, y tambien en muchos panegýricos. Lea
con reflexion los capitales assuntos, que trata en los Sermones de
Adviento y de Quaresma, donde desmenuza los Novíssimos y promueve las
verdades mas terribles de la Religion; y dígame, qué Orador antiguo ni
moderno trató jamas estos puntos con mayor viveza, con mayor solidez,
con mayor valentía, ni con mas triunfante eficacia? Es un Rhódano,
es un Danubio, es un Tekesel, que quiere decir _Espantoso_, Rio de
la Ethiopia, llamado assí por su assombrosa rapidez: todo lo lleva
tras sí, todo lo arrastra, todo lo arrebata. No hay entendimiento,
que no se rinda á la convincente solidez de sus razones, y apénas hay
corazon, que resista al rápido vigoroso impulso, con que le combate:
tanto que oí decir á un célebre Missionero Jesuíta, que, si se formasse
un cuerpo de mission de los Sermones del Padre Vieyra, entresacando
los que corresponden á los assuntos que se suelen predicar en esta
sagrada batería, con dificultad havria otros, que conquistassen mas
almas, especialmente en auditorios cultivados y capaces. Y con efecto
consta de la vida de este hombre prodigioso, que no hizo ménos fruto
en los corazones con sus Sermones Morales, que causó admiracion en los
entendimientos, assí en España como en Italia, con la mayor parte de
los Panegýricos.»
17. «En Italia, vuelvo á decir, por mas que el cetrino Barbadiño nos
quiera persuadir, que oyó á muchos Jesuítas Italianos, _que el Padre
Antonio Vieyra era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma_;
á qué Jesuítas pudo oír semejante despropósito, sino que fuesse á los
Cocineros de las muchas Casas, que tiene la Compañía en aquella Corte?
Estoy por decir, que aun estos no ignoran el gran ruído, que hizo en
ella, quando fué llamado de su General, por haverle significado el
Papa Alexandro VII, muchos Cardenales, y la famosa Reyna Christina de
Suecia, la gana que tenian de oírle, por lo mucho que havia publicado
de él la fama en toda Europa. No ignoran, que, despues de haver
predicado varias veces en presencia del Sacro Colegio, convinieron
todos en que era aun mucho mayor que su fama. No ignoran, que, haviendo
predicado, digámoslo assí, á competencia con el mayor Orador que tuvo
la Italia en aquel Siglo, el Reverendíssimo Padre Juan Paulo Oliva,
Predicador Apostólico de tres Sumos Pontífices y General de toda la
Compañía; no obstante el elevado mérito de este hombre verdaderamente
grande; no obstante el estar reputado, y con razon, por el Evangélico
Demósthenes de Italia; no obstante la passion natural, con que
necessariamente le havian de mirar todos los patricios; no obstante el
peso que havia de hacer en la balanza ó el respeto, ó la dependencia,
ó la adulacion, ó todo junto, viéndole Cabeza suprema de toda su
Religion, y con una autoridad casi despótica en la Corte de Roma, por
la grande estimacion que hicieron de él los tres Sumos Pontífices,
que le alcanzaron: no ignoran, vuelvo á decir, los Jesuítas, que no
obstante todo esto, en los dos Sermones, que en la Fiesta de San
Estanisláo de Koska predicaron el General y el Súbdito, el Italiano
y el Portugués, los extraños y los domésticos dieron al de este la
preferencia.»
18. «No ignoran, que el mismo General, en una Carta que le escribió
despues, desde Roma á Lisboa, le llama _Intérprete verdadero de la
Escritura_, _singular Organo ó Arcaduz del Espíritu Santo_, _Modelo de
Oradores_, _y Padre de la Eloquencia_; siendo assí, que los Superiores
de la Compañía, y especialmente el supremo de todos, en las cartas
que escriben á sus súbditos, aunque no les escaséen las expressiones
paternales, los dispensan con mucha circunspeccion y con grande
economía los elogios. Estos, que el Reverendíssimo Oliva dedicó al
Padre Vieyra, no solo no los ignoran los Jesuítas de Roma, pero pudiera
y debiera no ignorarlos el mismo Barbadiño, pues se hallan estampados
en uno de los dos tomos de Cartas de dicho General, que se dieron á la
luz pública. Finalmente, no ignoran los Jesuítas, que el mismo Papa
Alexandro y la Reyna Christina desearon con ansia, que se quedasse
en aquella Corte; el uno para Oráculo de su Capilla Pontificia, y la
otra para ornamento de su Real discretíssimo y doctíssimo Gavinete,
donde concurrian los hombres mas sabios y mas eminentes de la Europa
toda, que eran los que principalmente componian la Corte de aquella
extraordinaria Princesa, por lo que dixo de ella con singular
discrecion Samuel Bochart, haciendo el cotejo entre la Reyna de Sabbá,
que fué á conocer y á consultar á Salomon, y la Reyna Christina:
_Illa docenda suis Salomonem invisit ab oris;_
_Undique ad hanc docti, quo doceantur, eunt._
Que traduxo assí un Poeta Castellano:
_Aquella por oír un Sabio_
_Su Corte y su Patria dexa;_
_Los Sabios dexan las suyas,_
_Solo por oír á esta._
Pero assí el Papa como la Reyna desistieron de su empeño, por no
mortificar al religiosíssimo y zelosíssimo Padre, que, haviéndose
dedicado con voto al Apostólico cultivo de los Negros bozales del
Brasil, y haciéndose intolerables los aplausos, que le tributaba la
Europa, suplicó rendidamente á la Cabeza de la Iglesia y á aquella
Sabia Princesa, le permitiessen restituirse á donde le llamaba su
espíritu y el de la divina vocacion.»
19. «Assí lo hizo, sin que tampoco fuessen capaces de detenerle en
Lisboa las instancias del Rey de Portugal, que quiso fixarle en ella,
para tener el consuelo de oírle como Maestro desde el Púlpito y
obedecerle como Padre en el Confessionario, fiándole la direccion de su
Real conciencia: mas el gran Vieyra, firme en su Apostólica vocacion
y superior á todas las fugaces honras, con que le brindaba el mundo,
enamorado de sus portentosos talentos, renovó en la Corte del Rey
Don Pedro el exemplo, que ciento y treinta años ántes havia dado San
Francisco Xavier en la del Rey Don Juan; pues supo representar con
tanta eficacia á aquel Monarca, quanto mas y quanto mejor le serviria
en el Brasil que en Lisboa, que el Príncipe se dexó persuadir. Nada
de esto ignoran los Jesuítas Italianos: pues, quienes pudieron ser
aquellos _muchos Jesuítas Romanos_, á quienes oyó el Barbadiño, que
_el Padre Vieyra era hombre estimado en Portugal, pero no en Roma_?
Harto será, que, quando le pareció oír esto, no tuviesse arromadizados
los oídos, ó á lo ménos atronados con el sonido de la _Tuba magna_, de
cuyos estruendosos ecos da muestras de gustar mucho en varias partes
del Méthodo, pero con mas especialidad en su furiosa _Respuesta á las
reflexiones de Fray Arsenio de la Piedad_.»
20. «Y de passo puedes notar la injusticia, y aun la temeridad, con
que el Barbadiño atribuye esta, que él llama falta de artificio
rhetórico, y de eloquencia que persuada, _al deseo, que el Padre
Antonio Vieyra muestra, en casi todos sus Sermones, de agradar al
público_. Un hombre, que con tanta modestia y con tanto empeño huía
los aplausos de la primera Corte del mundo y las honras, con que esta
y la de Portugal á competencia le brindaban, por ir á emplear sus
raros talentos entre los zafios y tostados Negros del Brasil; qué caso
haria de agradar al Público en sus Sermones, sino que fuesse de aquel
racional agrado, que debe pretender todo Orador, para que le oygan
con gusto, y abra el camino al provecho? porque al fin, aquel agrado
y aquel aplauso, que consisten en las obras mas que en las palabras,
no es impropio, ántes es muy digno de qualquiera Orador Christiano.
San Chrysóstomo, que ciertamente no solicitaba en sus Sermones el aura
popular del auditorio, no solo no hacia ascos de este agrado, sino
que le pretendia: _Plausum illum desidero, quem non dicta, sed facta
conficiant_.»
21. «No obstante lo dicho, yo convengo de buena gana con el señor
Arcediano de Ebora (pues ya sabemos todos que lo es, por la gracia de
Dios y de la Santa Sede Apostólica, el llamado Barbadiño), en que no
_casi todos_, sino muchos de los Sermones _Panegýricos_, y aun tal qual
de los _Morales_ del Padre Vieyra, están llenos de pensamientos mas
brillantes que sólidos, mas ingeniosos que verdaderos, como tambien
de lugares de la Escritura, y de exposiciones trahidas ó aplicadas
con mayor agudeza que solidez; y consiguientemente, que sus pruebas
deslumbran, pero no persuaden, deleytan, mas no convencen. Tampoco
me opondré del todo á lo que añade el Barbadiño, _de que tal vez fué
aquel, que con su exemplo dió materia á tantas sutilezas, que son las
que destruyen la eloquencia_: con tal, que no quiera significar por
estas palabras, como parece lo da á entender, que el Padre Vieyra
fué el que introduxo en el mundo este mal exemplo, siendo el primer
inventor de estas sutilezas, que no hacen merced á la Escritura, y
hacen añicos la eloquencia.»
22. «En esse caso reñiremos; porque, siendo tan erudito el señor
Arcediano, como ciertamente lo es, no puede ignorar, que, quando nació
el Padre Vieyra, ya estaba el mundo atestado de libros de _Conceptos
predicables_, assí en Portugués, como en Castellano, en Italiano, en
Latin, y aun havia algunos en Francés, que tenian desterrada de los
Púlpitos la eloquencia verdadera, y la genuína y literal explicacion
ó aplicacion de la Sagrada Escritura. Dexo aparte el reynado del
sentido alegórico, que, aunque propio, es el mas arbitrario, y
consiguientemente el mas expuesto á desbarrar, si no se maneja con
mucho pulso y con gran tiento, el qual se apoderó de todo el siglo
decimo-sexto y de mucha parte del decimo-séptimo, en que nació el Padre
Vieyra. Ya encontró este muy celebradas en los Púlpitos las sutilezas
de Mendoza, las metaphýsicas de Silveyra, los arrojos de Guevara, los
reparillos de Fr. Felipe Diez; y tambien en Italia, y aun en Francia
havian hecho grandes estragos en la Eloquencia Sagrada las delicadezas
de los Berninis, de los Maronis, y de los Mercenieres.»
23. «Basten estos exemplares para probar, que no fué el Padre Vieyra
el inventor de las sutilezas del Púlpito, y para que no se le recargue
con que tal vez fué aquel que, con su mal exemplo, dió materia para
que estas se introduxessen, en perjuicio de la verdadera Eloquencia.
No por esso negaré, que los Sermones Panegýricos con especialidad
están demasiadamente cargados de ellas, y por esso no te los propongo
absolutamente por modelo; pero los Morales, con toda seguridad, pueden
servirte de exemplar, aunque se encuentre en ellos tal qual agudez, ó
pensamiento no tan sólido; pues morales, y muy morales, son todas las
Homilias de San Juan Chrysóstomo, y, no obstante encontrarse en ellas
uno ú otro pensamiento, que no parezca tan cimentado, no hay en la
Iglesia de Dios modelo de eloquencia mas acabado ni mas perfecto.»
24. Insensiblemente fueron caminando cerca de una legua en esta
conversacion el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, el qual
daba muestras de oírla con atencion y con gusto, tanto que rogó al
Padre Maestro, que tuviesse la bondad de irle instruyendo poco á poco
en aquellas materias, y aun le suplicó, que le diesse unas reglas
breves, claras, y comprehensivas para componer todo género de Sermones
Panegýricos, Morales y tambien las que se llaman Oraciones fúnebres,
á cuyas tres clases pueden reducirse todas las especies de Sermones,
que se predican. Pidióle mas, que no solo le diesse reglas para
componerlos, sino tambien para el modo de predicarlos, descendiendo
hasta las mayores menudencias del gesto de la persona, de la decencia
del trage, del juego de la voz, y del movimiento y decoro de las
acciones. Todo se lo ofreció el bueno del Maestro Prudencio, bañándose,
como dicen, en agua rosada, y rebosando en el semblante una suma
complacencia, por parecerle, que le iba saliendo bien su traza, y muy
persuadido ya á que havia de sacar en Fray Gerundio un Predicador de
gran pro, con desempeño de la fianza, que havia hecho, no sin acreditar
en ella la bondad de su corazon mas que la bellaquería de su buen
juicio; pero, como el passéo havia sido largo, era hora de comer, y
los ácidos hacian su oficio en los estómagos de los dos, especialmente
en el del robusto Fray Gerundio, se limitó la session para ocasion mas
oportuna, y se retiraron á la Granja á acallar las justas quexas de las
túnicas estomacales.