CAPITULO VI.

En que se parte el Capítulo passado, porque ha crecido mas de lo que se

pensó, y se da quenta de la conversacion prometida.

Pues, como iba diciendo de mi quento, de esta y otras bellas especies

de Crítica estaba mas que medianamente instruído nuestro Beneficiado;

y, como por otra parte no era de aquellos Sectarios plebeyos, ó de

escalera abaxo, que hay en todas las Escuelas, los quales miran á

los de la contraria con sobrecejo, con desden, y aun con horror,

sino de los nobles, de los distinguidos, de los verdaderamente

despejados, que, haciendo la debida diferencia entre los dictámenes

del entendimiento y los de la voluntad, conocen muy bien, que en todas

las Escuelas Cathólicas hay Maestrazos, que se pierden de vista,

Doctores sapientíssimos, hombrones de Doctrina consumada, y que tambien

hay en todas insignes majaderos; aunque él havia estudiado opiniones

contrarias á las que comunmente se enseñaban en el Convento de su

Lugar, donde estudiaba nuestro Fray Gerundio, veneraba mucho á algunos

de aquellos Padres Maestros, y tenia grande y familiar trato con todos

los Padres graves de la Comunidad; los quales, viendo su gran juicio,

su porte verdaderamente Eclesiástico, su mucha erudicion, sus bellas

y gratíssimas modales, su chiste y gracia natural, sin salir jamas de

los términos de una modesta compostura, y sobre todo el sólido amor y

estimacion, que professaba á la Orden, acreditadas con buenas pruebas,

no solo le correspondian con igual estimacion y cariño, sino que no se

reservaban de tocar en su presencia algunas materias domésticas con

religiosa y amistosa confianza.

2. A dos de los Padres mas sabios, mas religiosos, y mas graves del

Convento, cuyas Celdas eran las que él frequentaba mas, y á quienes

él trataba con mayor estrechez, oyó lamentarse muchas veces de los

lastimosos desbarros del Predicador mayor de la Casa; pero mucho mas

del daño, que hacia con su exemplo y con sus disparatadas máximas,

en punto de predicar, á los Colegiales mozos, y especialmente al

candidíssimo Fray Gerundio, á quien tenia tan imbuído en que para

ser gran Predicador no era menester ser Philosópho, ni Theólogo,

ni calabaza, que havia cobrado un sumo horror á todo estudio

escolástico, sin haver bastado para hacerle, que se aplicasse á él,

ni avisos particulares, ni reprehensiones públicas, ni panes y agua,

ni disciplinas, ni otros castigos, que usaba santamente la Orden.

Añadian, que ya le huvieran sacado ignominiosamente de los estudios,

si no tuviera unas prendas por otra parte tan amables, y á no estar

apadrinado de un Padre Ex-Provincial, que le havia dado el Santo

Hábito, y sobre todo por el respeto de sus buenos Padres, que, aunque

eran unos Labradores honrados y no ricos, con todo esso eran de los

hermanos mas devotos y mas proficuos, que tenia la Orden.

3. Una de las ocasiones, en que aquellos dos Reverendíssimos trataron

esta materia con mayor vehemencia y con mayor compassion, en presencia

de nuestro Beneficiado, les dixo este: «Ora, Padres Maestros, tanto

como la cura del Padre Predicador mayor, no me atrevo á emprenderla,

porque la tengo por desesperada. Está el mal tan arraygado, que se

ha convertido en naturaleza, y el enfermo tan casado con su mal, que

echará á passear á quien pretenda curarle. Pero Fray Gerundio es

otra cosa; el achaque está muy á los principios, ni está tan duro el

alcacer; y, como quiera, _nihil tentasse nocebit_. Yo, ni confio, ni

desespero; mas qué vamos á perder en intentarlo? A Dios y á dicha voy

allá sin perder tiempo» -- y diciendo, y haciendo partió derecho á su

Celda.

4. Entró en ella con familiaridad de doméstico, encontróle leyendo,

y le preguntó con festivo desembarazo: _Qué hace Vm., amigo Fray

Gerundio?_ -- «Qué he de hacer, señor Beneficiado? Havrá una hora,

que acabé de trasladar un Sermon, y, cansado ya de escribir, me puse

á leer en un libro el mas guapo, que he leído, ni pienso leer en

todos los dias de mi vida; y en verdad, que si le leyeran nuestros

Padres Maestros, no me aporrearan tanto para que estudiasse las

impertinencias, que estudian sus Paternidades.» -- «Ay cosa! replicó

el Beneficiado; y como es la gracia de esse libro?» -- «Por qual me

pregunta usted? que tiene muchas, y todo él es una pura gracia.» --

«No digo esso, continuó el Beneficiado, sino que como se intitula

el libro?» -- «Ah! como se intitula? respondió Fr. Gerundio: como

se intitula? esso es otra cosa, y no la havia entendido. Como se

intitula... par diez, que ya no me acuerdo. Pero tenga usted, que ya

se me vino á la memoria. Se intitula _el Capuchino_... No, no: soy un

borracho; no se intitula _el Capuchino_; pero ello es cosa de barbas.

Ah: ya me acuerdo bien; se intitula _el Barbon_.» -- «El Barbon?» --

«No: válgate Dios por memoria! mas ello, pues está aquí el mismo libro,

hay mas que ir á ver la primera llana, y lo sabremos.»

5. Bien conoció desde luego el Beneficiado, que hablaba de la Obra

del Barbadiño, pero no le quiso interrumpir, por el gusto que le daba

oírle desatinar, y para ver si caía en quenta de que quien no sabia ni

aun el título del libro, que estaba leyendo, como havia de entenderle?

Al fin, viéndole tan embarazado, le dixo: «No es menester, que Vm.

lea la primera llana, que ya sé, qué libro es esse. Está escrito en

Portugués, y se intitula _el Verdadero Méthodo de estudiar_; y, aunque

su Autor quiso esconderse tras de las venerables barbas de un Capuchino

de la Congregacion de Italia, y por esso tuvo por bien llamarse el

P... Barbadiño, pero, con licencia de sus barbas postizas, ya todo el

mundo le conoce por las verdaderas, con sus pelos y señales, y hasta

los niños quando passa por la calle, le señalan con el dedo, diciendo,

_ahí va el Señor Arcediano_. Pero á propósito, mi Padre Fray Gerundio,

usted entiende la lengua Portuguesa?» -- «Toda no, señor, respondió

el candidíssimo Religioso, pero tanto como hasta una docena de

palabras, ya las entiendo bien, y con ellas me vandéo: como _Pregador_,

_Evangelho_, _Sermoens_, _Fieis_, y assí otras á este tenor. Y, como

por el hilo se saca el ovillo, por unas palabras saco otras, y acá á mi

modo formo el concepto de lo que quiere decir. Mas puesto que, segun

parece, Vm. ha leído esta obra, dígame, qué siente de ella, en Dios y

en su conciencia?»

6. -- «Esso, Padre mio, es quento largo, respondió el Beneficiado, y

hoy no estoy muy de vagar: puede ser, que algun dia se ofrezca ocasion

de que hablemos de este punto; aunque de passo diré á Vm., que, como

huviera escrito con ménos satisfaccion, sin tanta arrogancia, y con

mas respeto de muchos hombres de bien, habidos y reputados por tales

entre todos los Literatos del mundo, puede ser, que huviera sido

mejor recibida la obra, porque no se puede negar, que tiene _muita

coiza boa_.» -- «Entre essas, dixo Fray Gerundio, las que mejor me

parecen á mí, son aquellas, en que da contra la Lógica, la Phýsica, la

Metaphýsica, la Animástica, y la Theología escolástica, tratándolas

de _ridicularias_, nombre que repite mucho, y á mí me da grande

choz, porque me suena tan lindamente.» -- «Poco á poco, Padrecito

mio, replicó el Beneficiado, no levante Vm. esse falso testimonio al

Señor Arcediano de Ebora, aunque no es Vm. el primero, que se lo ha

levantado, pero el hecho es, que él no da contra essas facultades. Lo

primero, da contra el mal méthodo, con que se enseñan en Portugal, y

aun en toda España, y en esso no le falta razon: lo segundo, contra las

muchas questiones inútiles é impertinentes, que se mezclan en ellas, y

en esto le sobra: lo tercero, contra el demasiado tiempo, que se gasta

en enseñar las que pueden ser de algun provecho, y en esto tampoco va

descaminado. En materia de Phýsica natural, no dice, que no se estudie,

sino que no es Phýsica, ni calabaza, la que comunmente se estudia por

acá; y tambien esto, son pocos los hombres verdaderamente sabios los

que no lo conozcan, aunque no sean muchos los que lo confiessen.»

7. -- «Pues, si no es Phýsica la que se enseña por acá, replicó Fray

Gerundio, y yo no tengo de ir á estudiarla donde se enseña, escuso

aporrearme la cabeza.» -- «No se ha de tomar esso tan en cerro,

respondió el Beneficiado, ni quiere decir el Barbadiño, que nada de

lo que acá se enseña sea Phýsica, sino que mucha y aun la mayor parte

no lo es. Item, aunque da á entender, que en Portugal, y aun en toda

España, apénas se tiene noticia de la que es Phýsica legítima, castiza,

y verdadera, con licencia de sus venerables barbas, no tiene razon.

No ha salido, ni verisímilmente saldrá en mucho tiempo Curso alguno

Español, que de intento la professe y la promueva, porque para esso es

menester superar muchos estorvos, que en el genio nacional son punto

ménos que invencibles; pero tanto como saber hácia donde cae todo lo

que soñaron los antiguos y cavilaron los modernos, assí acerca de la

constitucion del mundo en general, como de la composicion del cuerpo

natural, que es el obgeto preciso de la Phýsica, impugnando con vigor,

con nervio, y con solidez á unos y á otros, hay por acá muchos hombres

honrados, que lo saben, por lo ménos tan bien como el Reverendo Padre

Barbadiño.»

8. «Dexo á un lado, que el famoso Antonio Gomez Pereyra no fué Inglés,

Francés, Italiano, ni Aleman, sino Gallego por la gracia de Dios, y del

Obispado de Tuy, como quieren unos, ó Portugués, como desean otros;

pero sea esto ó aquello, que yo no he visto su Fé del Bautismo, al cabo

Español fué, y no se llamó Jorge, como se le antojó á Monsieur el Abad

Ladvocat, Compendiador de Moreri, y no tuvo por bien de corregirlo su

escrupulosíssimo Traductor, sin duda por no faltar á la fidelidad.

Pues, es de pública notoriedad en todos los estados de Minerva, que

este insigne hombre, seis años ántes que huviesse en el mundo Bacon

de Verulamio; mas de ochenta ántes que naciesse Descartes; treinta

y ocho ántes que Pero Gasendo fuesse bautizado en Chantersier; mas

de ciento ántes que Isaac Newton hiciesse los primeros puchericos en

Volstrope de la Provincia de Lincoln; los mismos, con corta diferencia,

ántes que Guillermo Godofredo, Baron de Leibnitz, se dexasse ver en

Leipsic, embuelto en las secundinas: digo, Padre mio Fray Gerundio,

que el susodicho Antonio Gomez Pereyra, mucho tiempo ántes que estos

Patriarchas de los Philósophos Neotéricos y á la papillota levantassen

el grito contra los podridos huesos de Aristóteles y saliessen, uno con

su Organo, otro con sus Atomos, este con sus Turbillones, aquel con

su Atraccion, el otro con su Cálculo, y todos refundiendo á su modo

lo que havian dicho los Philósophos viejíssimos; ya nuestro Español

havia hecho el processo al pobre Estagyrita. Havia llamado á juicio sus

principales máximas, principiotes, y axiomas: havíalos examinado con

rigor y con imparcialidad, y sin hacerle fuerza la quieta y pacífica

possession de tantos siglos, havia reformado unos, corregido otros,

desposeído á muchos, y hecho solemne burla de no pocos: tanto que

algunos Críticos de buenas narices son de sentir, que Antonio Gomez

fué el texto de essos revolvedores de la naturaleza, que ahora meten

tanto ruído, pretendiendo aturrullarnos, los quales no fueron mas que

unos hábiles Glosadores ó Comentadores suyos; y yo, aunque algo romo y

pecador, me inclino mucho á que tienen razon, á lo ménos en gran parte,

como fácilmente lo probaria, si mereciera la pena.»

9. «Pero, no metiéndonos ahora con los huesos del señor Antonio Gomez,

que están bien enterrados, siquiera por los que su merced hizo enterrar

en Medina del Campo, quando fué Médico de aquella Villa, digo, que

bien pudiera no dissimular el Padre Fray Barbadiño, que aun en las

phýsicas mas rancias de España se hace larga y muy comprehensiva

mencion de las antiguas, y consiguientemente tambien de las modernas;

porque estas, segun dixe poco ha, á la reserva de tal qual bachillería,

experimentillo, ó cosa tal, apénas son mas que una pomposa ó galana

refundicion de aquellas. A Melisso y Parménides, que no reconocian mas

que un único principio, immutable, indivisible, sin ponerle nombre,

ni querernos decir, como era su gracia, pretendiendo, que de la varia

combinacion de él se componian todos los cuerpos, y consiguientemente

no reconociendo en ellos diferencia alguna específica y substancial,

sino meramente accidental, copiaron despues todos los modernos, que

negaron las formas substanciales, y no reconocieron otro principio de

todo cuerpo sensible que uno solo, al qual bautizó cada uno con el

nombre, que le dió la gana. Este le llama _Atomas_, aquel _Materia_, el

otro _Glóbulos_, _et sic de reliquis_.»

10. «A Melisso, Anaxímenes, Heráclito, y Hesíodo, que tambien fueron

Philósophos Monothelitas, esto es, que tampoco reconocian mas que un

principio de todos los mixtos, pero dieron un passito mas adelante,

y cada uno le nombró segun su genio ó capricho, porque Melisso, que

debia de ser flemático y aguado, dixo, que todas las cosas se componian

de agua, y no mas; Anaxímenes, que debia de adolecer de fantástico y

ligero, defendió, que todo era puro ayre; Heráclito, que sin duda era

de genio ardiente y fogoso, se desgañitaba por persuadir, que todo

era fuego; y Hesíodo, que, en su Poema intitulado _las Obras y los

Dias_, acreditó su inclinacion á la Agricultura, y consiguientemente

á los terrones, juraba por los Dioses immortales, que todo quanto

veíamos y palpabamos era tierra, y no le sacarian de ahí quantos araban

y cavaban. Digo, pues, que á estos Philósophos de antaño tambien

remedaron aquellos Philósophos de hogaño, que, firmes en la resolucion

de no admitir mas, que un único principio de todos los entes corporeos,

andan besando las manos á todos los quatro elementos, unos á este, y

otros á aquel, para acomodarse cada qual con el que mejor le parece.

Y note Vm. sobre la marcha, mi Padre Fray Gerundio, que el peso del

ayre, que tanto nos cacaréan los modernos, como un descubrimiento muy

importante que no se havia hecho en el mundo, hasta que se inventó la

Máquina Pneumática, con el qual nos encajan una Philosophía llena de

ventosidades, ya en tiempo de Anaxímenes debia ser tan conocido, como

el peso del plomo. Porque, si este Philósopho tuvo para sí por cosa

cierta é indubitable, que todo quanto veía y palpaba era ayre, y nada

mas (y en cierto sentido, á fé que no le faltaba razon), que el plomo

era ayre, el hierro era ayre, las piedras eran ayre, necessariamente

havia de persuadirse, á que el ayre era pesado.»

11. «En la misma cierta, firme, y valedera persuasion estuvo no ménos

que el mismo Aristóteles, á quien sus propios discípulos en muchas

materias dexan padecer unas persecuciones injustas de estos bellacones

de Philósophos modernos, que, en Dios y en mi conciencia, no sé como

se lo sufre el corazon. Pero, qué han de hacer los pobres, si los mas

ni aun por el pergamino han leído en su vida á su Maestro? Pues, este

hombre, verdaderamente grande, conoció demonstrativamente el peso del

ayre con un experimento que hizo, sencillo, simple, y natural, sin

mas Máquina Pneumática, que la de un triste pellejo: pesóle primero

estrujado, y pesóle despues inflado, y halló, que inflado pesaba mas

que estrujado; con que infirió legítimamente, que á no ser por arte de

encantamiento esto no podia suceder, sin que el ayre tuviesse peso.

Esta experiencia la refiere el mismo buen viejo claritamente, y no

con palabras Góthicas, como él ó sus intérpretes se explican en otras

partes, en _el libro_ 4º _de Cœlo_, _cap._ 4º, y en verdad, que para

hacerla no huvo menester andarse con bolas de vidrio llenas de ayre, ni

con Máquinas Pneumáticas para extrahérsele, como lo hizo el bueno del

Académico Monsieur Amberg, supongo que no mas que _ad terrorem_, pues

para la prueba bastaba qualquiera vejiga de puerco, de buey, y aunque

fuesse de un burro viejo.»

12. «No le agradó á Empedocles esta monotonía en la constitucion de

los cuerpos, y, queriendo echar el pié adelante á todos los que le

havian precedido, dixo, que aquellos tan léxos estaban de componerse

de un solo único elemento, que todos se componian de todos quatro;

pero no como nosotros grosera y sensiblemente los percibimos, impuros,

mezclados, y revueltos unos con otros, sino puríssimos, desecadíssimos,

y en fin como á cada uno le parió su madre la naturaleza. Preguntado,

en qué consistia la diferencia específica de los mixtos, puesto que

todos se componian de unos mismos simples, respondia, con aquella

gravedad y con aquella soberanía propia de un hombre, que despreciaba

Coronas y Cetros, que, á la reserva del hombre (á quien no negaba alma

racional, distinta de los quatro elementos), todos los demas mixtos

solo se diferenciaban entre sí, ya por la varia combinacion de los

elementos mismos, ya por el mayor predominio del uno sobre el otro, y

que assí entre la rana y el burro no havia otra diferencia, sino que en

aquella dominaba el agua, y en este la tierra, y que por esso croaba la

una, y el otro rebuznaba.»

13. «Parécele á Vm., Padre mio Fray Gerundio, que los modernos no

remedaron tambien al amigo Don Empedocles? Pues, cuente Vm. por

sequaces suyos á todos aquellos Médicos _à la dernière_ (son estos

innumerables), los quales no se contentan con decir, que en todos los

mixtos se mezclan los elementos, lo que apénas se puede dudar; sino

que añaden, que á ellos, y á nada mas, se reducen todos los mixtos,

pretendiendo, que todo quanto se extrahe de ellos por el análysis,

ó por la resolucion, es ayre, agua, tierra, y fuego, _et præterea

nihil_. Cuente Vm. tambien por el mismo partido á los Chýmicos, y

sepa, que este, el dia de hoy, es un partido formidable; los quales,

aunque de los elementos de Empedocles solo admiten en la apariencia

dos, conviene á saber, el agua y la tierra, y en lugar de los otros

dos inventan ellos tres, á los quales llaman espíritu, azufre, y sal;

pero en realidad el espíritu se reduce al ayre, el azufre al fuego,

y la sal al agua; con que solo añaden voces al Systema Empedocliano.

Finalmente, cuente Vm. por el mismo vando (segun quieren malas lenguas)

al habilíssimo Jesuíta Honorato Fabri, el qual, aunque en rigor hizo

burla de todos los Systemas Philosóphicos, sin declararse partidario de

alguno de ellos, pero alguna mayor inclinacioncilla mostró á la opinion

de nuestro Empedocles, bien que exceptuando de ella al hombre y á los

brutos, porque esto no lo podia ajustar con lo que enseña la Fé.»

14. «Y los señores Philósophos Atomistas y Corpusculares, que son los

que hasta pocos años ha han metido mas bulla, piensa Vm. que fueron

originales? Ríase de esso por su vida: tan monas ó tan monos fueron,

como todos los demas. En diciéndole á Vm., que la Philosophía Atomista

y Corpuscular cuenta ya por lo ménos cerca de dos mil y cien años

de antigüedad; que la inventó Leucipo, la adelantó Demócrito, y la

extendió Epicuro, mas de trecentos años ántes que naciesse Christo:

sabrá que los Galiléos de Galiléis, los Gasendos, los Bacones, los

Descartes, los Maignanes, los Sagüens, los Toscas, y otros, que no se

pueden contar, no hicieron otra cosa que christianizarla, en lo que

pudieron, refundirla, en lo que no encontraron inconveniente, y sacarla

al theatro barbi-hecha, afeytada, y con zapatos nuevos.»

15. «Solo con poner en limpio lo que dixo Epicuro está hecha la prueba.

Soñó, pues, alguna noche, que havia cenado poco y bebido mucha agua

(porque con efecto fué hombre templado), que allá desde la eternidad

andaban revoleteando libremente y á sus aventuras, sin órden y sin

concierto, por essos immensos espacios que llamamos Cáhos, una infinita

multitud de átomos ó de cuerpecillos, los quales se estuvieron moviendo

y traveseando sin forma y sin destino, siglos de siglos, hasta que

quiso su buena suerte y la nuestra, que por una dichosa casualidad

se travaron, unieron, y pegaron todos unos con otros, y formaron

esta prodigiosa massa, de que se compone todo el Universo: Cielos,

Astros, Montes, Valles, Rios, Plantas, Brutos, Hombres. Para que esta

casualidad, aunque extraordinaria, no fuesse milagrosa, vino muy á

pelo y conduxo mucho, que los tales átomos ó cuerpecillos no eran

todos ni de una misma figura, ni de un mismo peso; sino que quiso la

suerte, que unos fuessen redondos, otros quadrados, estos cúbicos,

aquellos pyramidales, unos cylíndricos, otros triangulares, agudos

estos, y aquellos chatos, unos mas pesados, y otros mas leves. Y como

estuvieron tanta infinidad de siglos encontrándose unos con otros,

no fué impossible, que al cabo acertassen á enlazarse, enredarse, y

engancharse recíprocamente, mezclándose con variedad unos con otros, y

étele formada toda la massa del mundo, con toda la diversidad de mixtos

y de entes, que la constituyen.»

16. «Y no crea Vm., amigo Fray Gerundio, que Epicuro, ni los muchos

corbatines, bonetes, y capillas, que le copian al somormujo, se

embarazan en explicar la diversidad sensible de los entes, segun esta

sentencia. Bueno es esso para su despejo! Si Vm. les pregunta, qué cosa

es la tierra, responderán con la mayor satisfaccion del mundo: es un

gran agregrado de átomos cúbicos, que juntó la casualidad en un monton,

y en esso consiste la consistencia y la solidez de la tierra. Y el

agua, qué cosa es? Esso es claro como el agua: es un casual conjunto de

átomos redondos, circulares, y globulosos, que no pueden estar parados,

si no los cierran en alguna vasija, ó no los reprimen con algun

dique, y ve ahí en qué topa toda la fluidez de este elemento. Y el

fuego? El fuego, quien no ve, que es una massa de átomos pyramidales,

puntiagudos, y muy afilados, que á fuer de tales todo lo penetran,

lo taladran, y lo deshacen; y cátate ahí el secreto de su prodigiosa

actividad. Y el ayre, qué será? Bella pregunta! qué entendimiento

havrá tan romo, que no conozca, que el ayre no viene á ser mas, que un

immenso espacio ocupado de bolillas revoleteantes, mucho mas menudas,

tersas, y lisas, que las que componen el agua; y en esto consiste clara

é indubitablemente, que aquel sea mucho mas flúido y mucho mas diáfano

que esta.»

17. «Ve aquí, Fray Gerundio amigo, los principales sueños de los

Philósophos antiguos, y las principales imaginaciones de los modernos,

que apénas se diferencian de aquellos mas que en media docena de

terminillos, y en haver sacado al theatro sus opiniones con otro trage

mas de moda. Yo no negaré, que unos y otros hicieron lo que pudieron,

para averiguar sus secretos á la naturaleza, y para sacar á luz sus

escondrijos, y que esto es lo que se llama Philosophía. Pero quien

le ha dicho al Reverendo Señor Don Barbadiño, que esta Philosophía

se ignora en Portugal y en España? Cierto que, teniendo su merced

tanta obligacion, como se sabe, á no ignorar lo que ha passado en su

misma Universidad de Cohimbra, causa admiracion, que afecte ignorar

lo que escribieron los Sabios Jesuítas Conimbricenses en su Curso

Philosóphico. Allí verá explicados muy extensamente todos estos

systemas, y tambien los verá impugnados con el mayor nervio. Es verdad,

que, como aquellos Padres no alcanzaron á estos Monsiures novíssimos,

no pudieron impugnarlos en sus propios términos. Pero sí es cosa

averiguada, que la que se llama Philosophía nueva y flamante es solo

un texido de las mas añejas y de las mas podridas del mundo; todos

los que tienen noticia de estas, tienen noticia de aquella, y todos

los que impugnan las unas, impugnan la otra. Pues por esta quenta, no

solo en el Curso de los Conimbricenses, sino en muchos de los Cursos

Philosóphicos, que de docientos años á esta parte se han impresso en

España, hallará mucha noticia de la que su Paternidad Barbadiña llama

Philosophía legítima, castiza y verdadera.»

18. «Pero, si todavía no se contenta con esto y pretende, que

sea cierta su proposicion, miéntras no se verifique, que en los

Cursos de España se conoce en su propia y mismíssima figura esta

Philosophía del tiempo, aun assí será preciso, que la vuelva al

cuerpo. Porque, si le dieran lugar para saber lo que passa por acá

sus estrechas correspondencias con ciertos amigos de Francia, y su

aplicacion infatigable á entender mal, ó á interpretar peor las Bulas

y Breves Pontificios sobre las Missiones del Oriente, tendria sin

duda noticia de que mas ha de treinta años se publicó en España el

Curso Philosóphico del Sabio Padre Luis de Lossada, cuya admirable

Phýsica comienza por un largo y docto discurso preliminar, en que se

exponen, se examinan, y se baten en brecha casi todos los Systemas

Philosóphicos, que se llaman Modernos por mal nombre, representándolos

todos con sus pelos y señales. Aunque esta impugnacion, como imparcial,

y como verdaderamente sabia, no es tan en cerro, ni tan á destajo,

que en el discurso de la obra no se abracen algunas opiniones de los

Philósophos experimentales, desamparando la de los Aristotélicos, á

cuyo Gefe, por lo demas, se sigue con juicio y sin empeño.»

19. «Acordaríase tambien de que el insigne Valenciano Don Vicente

Tosca no solo nos dió larga noticia de todas las recientes Sectas

Philosóphicas, sino que aun se empeñó el santo Clérigo en que havia de

introducirlas en España, desterrando de ella la Aristotélica. No logró

el todo de su empeño, pero le consiguió en gran parte; porque en los

Reynos de Valencia y de Aragon se perdió del todo el miedo al nombre

de Aristóteles; se examinaron sus razones, sin respetar su autoridad;

se conservaron aquellas opiniones suyas, que se hallaron estar bien

establecidas, ó por lo ménos no concluyentemente impugnadas; y al mismo

tiempo se abrazaron otras de los Modernos, que parecieron puestas en

razon; de manera que en las Universidades de aquellos dos Reynos se

tiene tanta noticia de lo que han dicho los novíssimos Terapeutas de

la Naturaleza, como se puede tener en la mismíssima Berlin; y hay

Philósophos, que pueden hablar con tanta inteligencia en estas materias

á las barbas de la misma Academia de las Ciencias de Paris, como los

Regis y los Regaults en su mesma mesmedad.»

20. «Finalmente, ahora, ahora en fresco y, como dicen, todavía

chorreando tinta, se acaba de imprimir en Salamanca el primer tomo

de un Curso Philosóphico, que ha de constar no ménos que de doce

volúmenes, en el qual, segun promete el Autor, quando llegue al

tercero, todo él le ha de emplear en llamar á juicio todas las Sectas

Philosóphicas, recien nacidas ó resucitadas, y el quarto en examinar

los recobecos de la Naturaleza, al gusto de los Modernos, sin perjuicio

del derecho, que se reserva, de averiguar en el quinto las verdaderas

causas de tantas travesuras, como hacen los Metéoros, y de passearse

en el sexto por los Cielos, como pudiera por su Celda, donde es

preciso, que vuelva á encontrarse con los Neotéricos, y ó los abrace

como amigos, ó los precipite de aquellas alturas, como espíritus

rebeldes, que no merecen pisar el estrellado país, que no conocen. Ora

bien, yo salgo por fiador de la habilidad del Autor, pero no respondo

del acierto de su execucion; y mas quando él mismo destina ya _in

prævisione_ el tomo undécimo para corregir los errores, descuidos, ó

equivocaciones de los diez precedentes; lo que parece señal de que á lo

ménos en estos diez tiene ánimo de errar, descuidarse, ó equivocarse

mucho, pues le ha hecho tan de antemano á dedicar todo un tomo á este

único assunto. Verdad es, que para esso está seguro de que en el tomo

duodécimo y último no ha de padecer la menor equivocacion, error, ó

descuido en los Prolegómenos á la Theología Positiva y Dogmática, de

que ha de tratar, si Dios fuere servido, para abrir los ojos á los

Theólogos, y Predicadores novicios; pues, á no estar muy cierto de que

este último volumen no ha de contener alguna errata ó descuidillo, era

natural, que el tomo de las erratas le reservasse para el postrero,

para comprehender tambien en él las de los Prolegómenos, como lo han

hecho hasta aquí todos aquellos Escritores, que quisieron dexarnos el

buen exemplo de confessar, que fueron hombres.»

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 46 / 61 题