De una conversacion muy provechosa, que un Beneficiado del Lugar tuvo
con Fray Gerundio, si Fray Gerundio huviera sabido aprovecharse de ella.
Havia en aquella Villa (ya conocerá el sagaz y penetrativo Lector,
que hablamos de aquella Villa donde estaba el Convento): havia, pues,
en aquella Villa un Beneficiado hábil, capaz, despejado, de edad
ya madura, porque estaba entre los quarenta y los cinquenta. Havia
estudiado la Philosophía, que se usa en España, con aplauso, y la
Theología con crédito, tanto que havia sido Opositor en Toledo, y,
despues de haverle dado uno de los mejores Curatos, le renunció con
pension, porque le probaba mal la tierra, y se havia retirado á su
Lugar, donde tenia un mediano Beneficio, con el qual y con la pension
lo passaba con mucha decencia. Era de costumbres muy ajustadas, de un
porte Eclesiástico sério y grave, pero al mismo tiempo de un genio
jovial y festivo, lo que le conciliaba la general estimacion de todos,
acompañada de inclinacion y cariño. Dedicábase mucho al exercicio del
Confessionario, y de quando en quando predicaba tambien sus Sermones
con juicio, con piedad, y con zelo, porque era muy aficionado á las
Obras de los Padres Señeri y Bourdalue, á quienes procuraba imitar
en sus Sermones, assí panegýricos como morales. Y, como entendia
medianamente las lenguas Italiana y Francesa, tenia algunos otros de
los mejores Sermonarios que se han impresso en uno y en otro Idioma,
sin dexarse llevar tan totalmente del estudio de las Letras Sagradas
y sérias, que no hiciesse sus excursiones hácia las mas amenas,
especialmente hácia los libros de Crítica, de que tenia algunos
selectos en su librería, no copiosa, pero escogida.
2. A favor de ellos, con su natural penetracion y juicio, ni estaba tan
encaprichado con todas las opiniones antiguas, como lo suelen estar
los que no han estudiado otras, ni tan ciegamente enamorado de las
modernas, que no descubriesse la fruslería y la insubstancialidad de
muchas. Conocia, y confessaba de buena fé, que en todas las facultades
se havian introducido mil inutilidades, preocupaciones, y no pocas
extravagancias; era de parecer, que en realidad necessitaban de mucha
reforma; pero al mismo tiempo era de opinion, que ninguna estaba
mas necessitada de ella, que la Crítica. Juzgaba, que esta se havia
remontado con excesso, y que era menester cortarla los vuelos; porque,
no contenta con rajar, cortar, y trinchar, algunas veces con razon,
otras sin ella, y no pocas por puro antojo, ó capricho por las ciencias
naturales, se havia atrevido á escalar hasta el Sagrado Alcázar de la
Religion, con tanta osadía, que apénas dexaba costumbre immemorial,
tradicion antigua, ni monumento, aun de los mas respetables, que
no pretendiesse zapar hasta el cimiento; siendo este el verdadero
principio, no solo de tanto error, como ha brotado en el Campo de la
Iglesia en estos últimos Siglos, sino de tanta libertad de costumbres,
de tanta irreligion, y aun de tanto Atheismo.
3. Sobre todo se reía mucho de la grande presuncion de la Crítica
en punto de Phýsica natural, y de aquella intolerable satisfaccion,
con que se jactaba de haver arrollado la de Aristóteles, abriendo
los ojos al mundo, para que conociesse los grandes excessos, que la
hacia qualquiera de las Phýsicas modernas. Aquí se descalzaba de risa
el bueno del Beneficiado; porque decia, que, á excepcion de tal qual
fruslería de poca consideracion, tan en ayunas se estaba el mundo
de las verdaderas causas de casi todos los efectos de la naturaleza
con la Phýsica de Descartes, de Newton, y de Gasendo, como con la de
Aristóteles; y que para él tan inconcebibles eran los torbellinos ó
turbillones y materia ethérea del primero, como la materia primera y
las formas substanciales del último, protestando, que ni con una ni
con otra explicacion veía gota. «Yo no sé (añadia con gracia) con qué
conciencia hacen tanta burla los modernos de los Aristotélicos, porque
preguntados estos, en qué consiste, que el fuego queme, responden:
_porque tiene una virtud ustiva ó quemativa_. Convengo en que nada
dicen en esto; pues en suma solo vienen á decir, que el fuego quema,
porque tiene virtud para quemar. Philosophía tan recóndita, que la
alcanzará el mas zafio Sayagués.»
4. «Pero quisiera saber, si dicen mas los moderníssimos señores, quando
responden, que el fuego quema, porque es una substancia compuesta de
unas partículas pyramidales ó puntiagudas, sutilíssimas, agilíssimas,
que, agitadas continuamente con suma rapidez en movimiento vortical, se
penetran por los poros de los cuerpos mas consistentes, los taladran,
los desunen, los deshacen. En esta respuesta hay sin duda mas aparato
de voces; pero, bien reflexionada, tiene ménos substancia, que la otra;
porque la Aristotélica siquiera ya dice una verdad de Pero-grullo,
con la qual modestamente viene á confessar su ignorancia; mas la de
nuestros Phýsicos á la Chamberí, entre un gran follage de palabras,
solo nos vende unas puríssimas arbitrariedades. Quien ha hecho el
análysis del fuego, para descubrir de qué figura son sus partículas,
si pyramidales, cylíndricas, ovales, quadradas, ó globulosas,
agudas, ó chatas? Por donde se prueba, que su movimiento es vortical
ó arremolinado? siendo assí, que, si son tan ágiles y tan sútiles,
como se supone, de necessidad han de ser levíssimas y volátiles, mucho
mas ligeras que el ayre, y consiguientemente su movimiento no ha de
ser hácia el centro, como lo es todo movimiento vortical, sino hácia
arriba, como se observa en la llama; de donde vendria á inferirse
el grandíssimo absurdo de que ningun cuerpo estaria mas libre de la
actividad del fuego, que el que estuviesse mas dentro de él, y que el
remedio mas eficaz para no quemarse uno, era arrojarse en medio de la
hoguera.»
5. En fin, en esta materia estaba preciosíssimo el bellaco del
Beneficiado, y concluía con decir, que, si él fuera hombre de
talentos y de chiste, se le havia ofrecido un buen proyecto, con que
hacer, por lo ménos, tan ridícula la Philosophía moderna, como la
Aristotélica. Havia de formar un Exaplo Philosóphico, á manera de los
Bíblicos, ó una Philosophía Polyglota, compuesta de quatro ó de seis
columnas, en cada una de las quales, discurriendo por todos ó por los
principales tratados de la Phýsica, havia de exponer con sus mismas
palabras lo que dicen acerca de él Aristóteles y los Gefes de las
principales Sectas Philosóphicas modernas. Por exemplo: _Principios
ó constitutivos del cuerpo en general._ 1ª. columna Aristóteles, 2ª.
Descartes, 3ª. Gasendo, 4ª. Maignan, 5ª. Newton, 6ª. Boyle. _Principios
ó constitutivos de los cuerpos celestes._ 1ª. 2ª. 3ª. etc. _Principios
ó constitutivos del cuerpo sub-Lunar inanimado, del vegetable,
del orgánico y sensitivo, del racional, etc._ 1ª. 2ª. 3ª. etc. Y
descendiendo despues á los cuerpos y efectos particulares de sol,
luz, calor, frio, humedad, sólidos, flúidos, opacos, transparentes,
colores, sonido, sensacion, etc. trasladar en cada columna con toda
fidelidad lo que dice cada Gefe acerca de cada uno de estos entes
naturales. Y despues, para amenizar mas la obra, y aun para variarla,
añadir por modo de apéndice un breve resúmen de la variedad, de la
voluntariedad, del capricho, y aun de la extravagancia, con que en
estas y en otras materias philosóphicas han discurrido aquellos
modernos mas acreditados, que son _nullius Diœcesis_, esto es, que
no son partidarios de alguna secta particular; y que, aprovechándose
de la libertad de conciencia para philosophar, que se han tomado,
especialmente en este Siglo, casi todas las Naciones, cada uno ha
philosophado segun su fantasía. Asseguraba, que solo con trasladar
sus opiniones, con sus mismíssimas voces, explicando las obscuras, y
dexando en su tenebrosa incomprehensibilidad á las ininteligibles, se
formaria una obra, que en España hiciesse olvidar á los Cervantes, en
Francia á los Despréaux, en Italia á los Bocalinis, en Alemania á los
Menkenios, y arrinconarse en Inglaterra á los Waltones.
6. Assí que, por lo que toca á todas las Philosophías Systemáticas,
tanta burla hacia de unas como de otras, y aun mas que todas se burlaba
mucho de la Crítica de ellas. Solo daba algun quartel á la Phýsica
experimental, pero no tanto como otros, que eran mas indulgentes;
pretendiendo, que de cien experimentos apénas se hallarian dos, hechos
con la debida exactitud. En órden á la Phýsica Mathemática, que es
hoy la Phýsica de la gran moda, adoptada por casi todas las Academias
de Europa, y es aquella, que pretende deducir todas sus conclusiones
de principios Mathemáticos y Geométricos, se reservaba el derecho de
juzgar, hasta que estuviesse mejor instruído de ella; bien que decia
le daba el corazon, que los principios de estas dos Facultades apénas
podian servir mas, que para explicar las leyes del movimiento, la mayor
ó menor resistencia, gravedad ó levedad de los cuerpos, su elasticidad
respectiva, y algunos pocos efectos de la luz. Por lo demas, no
concebia de qué utilidad podian ser los principios de la Mathemática
y de la Geometría, para explicar las verdaderas causas y constitutivo
de todo cuerpo sensible y natural, que es obgeto de la Phýsica; pero
al fin suspendia su juicio, hasta que, mejor instruído en autos, se
hallasse en estado de pronunciar con conocimiento de causa.
7. En lo que no le suspendia era en el acierto y en la felicidad, con
que la Crítica moderna trataba el importantíssimo punto de la Oratoria
Christiana, en la evidencia que hacia de que esta no solo estaba
adulterada, sino vilipendiada, estragada, despedazada, y lastimosamente
corrompida; en las verdaderas y radicales causas, que señalaba de
esta lamentable corrupcion; y en las sabias, discretas, é infalibles
reglas, que prescribia para resucitarla, para darla nueva vida, y para
conducirla al mayor estado de perfeccion, á que puede llegar en lo
humano.
8. Por lo que toca á la hedionda corrupcion de la Oratoria Christiana,
la Crítica no hace mas, que remitirnos á los Sermones, que oímos.
Entre mil Predicadores, apénas se hallarán dos, ó tres, que sepan las
partes, de que se compone un Sermon; y entre millares de Sermones, con
dificultad se encontrarán otros tantos, que merezcan este nombre. Los
mas son un texido de disparates sin órden, ó una sarta de osadias sin
juicio, ó un encadenamiento de agudezas sin solidez, ó una chorrera
de dichicos sin xugo, y los ménos malos un matorral de verdades
trivialíssimas, sin méthodo, sin cultura, sin eficacia, y sin mocion.
9. Las verdaderas, legítimas, y originales causas de estar tan
corrompido el Púlpito christiano, singularmente en España, todas se
pueden reducir á tres: á la poca ó ninguna estimacion, que hacen del
Púlpito los que ordinariamente nombran á los Predicadores; á la poca
ó ninguna aplicacion de los mismos Predicadores nombrados, que no se
dedican á instruírse en su facultad, y á hacerse Maestros en ella; y
en no pocos á su incapacidad de aprenderla, aun quando se dedicaran;
y finalmente, al mal gusto de los Auditorios, que aplauden lo que
debieran abominar, y abominan lo que debieran aplaudir.
10. En casi todas las Religiones de España se aprecia mucho mas la
carrera de las Cáthedras, que la del Púlpito; se hace mas estimacion
de la Cáthedra de Aristóteles, que de la del Espíritu Santo; se
conceden mayores honores al Maestro mas inepto, que al Predicador mas
sobresaliente. Esto es de notoriedad pública; pero puede haver error
mas perjudicial, ni mas lamentable? Dícese, que el Médico comienza
donde acaba el Phýsico: _Ubi desinit Physicus, incipit Medicus_:
Si la Philosophía es la que se enseña ordinariamente en nuestras
Escuelas, tan impertinente es para la Medicina, como para la Música.
Pero quien negará, que, donde acaba el Theólogo, allí ha de comenzar
el Predicador? Como podrá serlo, no digo sobresaliente, pero ni aun
tolerable, el que no sabe los mysterios de la Fé, los dogmas de la
Religion, ni los sentidos de la Escritura? Y como sabrá los primeros,
para enseñarlos al Pueblo, el que no está mas que medianamente versado
en la Theología Escolástica; ni los segundos, el que ignora la
Dogmática; ni los terceros, el que jamas ha estudiado la Expositiva,
ni mucho ménos la Mýstica? Quanto desbarrará en los mysterios de la
Trinidad, de la Encarnacion, de la Eucharistía, el que no ha estudiado
estas materias? Quantos disparates dirá acerca de la Predestinacion, de
la Reprobacion, de la Providencia, de la economía de la Gracia, de la
presciencia infalible de Dios, sin perjuicio de la libertad, el que no
esté mas que razonablemente instruído en todos estos necessaríssimos
Tratados? Qué locuras, qué puerilidades, qué chocarrerías, y tal
vez, qué blasphemias hereticales no dirá, abusando de los textos de
la Sagrada Escritura, el que no sabe manejarla, ni en su vida se ha
dedicado á estudiar los quatro únicos sentidos, en que es capaz de
explicarse, el literal, el alegórico, el mýstico, y el tropológico?
Todo esto no se puede saber, sin estar mas que superficialmente versado
en las quatro partes de la Theología. Pues, por qué se ha de hacer mas
aprecio de esta, que de la Oratoria, siendo assí, que puede uno ser
gran Theólogo, sin ser Predicador, pero no puede ser gran Predicador,
sin ser gran Theólogo?
11. Digo, pues, para descargo de mi ánima, que no me parece razonable
esta preferencia, y que, á mi pobre juicio, debieran reflexionar
las Religiones, que la usan, que ninguna de ellas se introduxo en el
mundo, se propagó, y se elevó al auge de estimacion en que hoy las
vemos, por las funciones de la Cáthedra, sino por los ministerios
del Púlpito, exercitados con solidez, con meollo, y con zelo, á la
usanza Apostólica. Assí, que no ha llegado á nuestra noticia, que
hasta ahora se haya fundado en la Iglesia de Dios ninguna Religion de
Mathemáticos, de Phýsicos, de Philósophos, de Theólogos; y en verdad,
que se han fundado algunas con el título de Religion de Predicadores,
de Missioneros, de la Doctrina Christiana, _et reliqua_. Pues aquí
de Dios y del Rey; si las cosas se conservan por aquellos mismos
principios, que las producen (hablo como se acostumbra, que la verdad
de este principiote quédese en su lugar); si las cosas se conservan
por aquellos mismos principios, que las producen, y si es indubitable,
que las mas de las Sagradas Religiones fueron producidas, propagadas,
y elevadas á la prócera estatura, en que hoy las veneramos, por los
Apostólicos ministerios del Púlpito; qué razon havrá, divina ni humana,
para que se haga en ellas mas caudal de las fatigas literarias de la
Cáthedra?
12. No quiero decir por esto (ni Dios permita tal), que no ha de haver
en ellas Maestros, y que no se ha de hacer un sumo aprecio de los que
verdaderamente lo fueren; ántes pretendo todo lo contrario. Si voy
suponiendo que es impossible de toda impossibilidad, que hayga buenos
Predicadores, sin que sean buenos Theólogos, como he de intentar,
que no sean sumamente estimados los que los enseñan á serlo? Lo que
digo es, que, si el Predicador supone al Theólogo, no debe ser mas
estimado el Theólogo que el Predicador. Lo que digo es que, en mi corto
entender, no debieran las Religiones nombrar á alguno, para que enseñe
desde el Púlpito, que no fuesse capaz, y muy capaz, de enseñar desde la
Cáthedra, y que ya no huviesse enseñado desde ella. Pero qué sucede por
lo regular? Al que no entiende los ergos, ó mira con tedio las arideces
escolásticas, como tenga buena voz, buena memoria, buena presencia, y
mucho despejo, hágote Predicador de la noche para la mañana, y ármote
de punta en blanco Cavallero del Púlpito, con dos grandes legajos
de papeles agenos, buenos ó malos, con media docena de Sermonarios
impressos, malos ó buenos, y vandéate como pudieres.
13. De aquí nace, lo primero, que, como las Religiones saben muy
bien, hasta donde llegan los talentos de los que por lo comun hacen
Predicadores, los miran un poco al soslayo, y, aunque los conceden
algunos honorcillos, son de prima tonsura, _ornatus gratia_, y
dedaditas de miel para engolosinar niños; y aquellos, que llegan á
jubilar por la carrera del Púlpito, son jubilados de media braga ó de
tapadillo. Nace, lo segundo, que los que pueden ir por la carrera de
las Cáthedras y pudieran ser Predicadores eminentes, no los harán ir
por la del Púlpito, aunque los descrismen; y visto lo visto, de tejas
abaxo hacen bien, como soy Clérigo. Nace finalmente, lo tercero, que
los que van por esta via son, por lo comun, unos lindos Religiosos, que
por su parola, verbosidad, y despejo, harian unos buenos Procuradores,
unos buenos Sacristanes, unos famosos Demandantes, pero hacen unos
perversos Predicadores. Etele, si no me engaño, la principalíssima
causa de la corrupcion de la Christiana Oratoria en España de parte de
los Electores.
14. Y de camino queda dicha la que hay de parte de los Electos. Siendo
la mayor parte de ellos unos hombres, como los acabamos de pintar,
poco Gramáticos, nada Philósophos, y ménos Theólogos; por donde han
de saber, qual es su Sermon derecho, ni ázia donde caen las partes de
la Oracion (salvo las del Arte de Nebrija)? Estudian sus mamotretos,
zurzen unos, hilvanan otros, desquartizan estos, enjalman aquellos, y
vamos adelante; que al cabo de los diez ó de los doce años, jubilado
me he de ser, y no me ha de faltar mi platillo, ni, á mal dar, un
Vicariato de Monjas; y desdichada la madre, que no tiene un hijo
Predicador jubilado, que llegue á Definidor.
15. Finalmente, contribuye tanto, como lo que mas, á la corrupcion de
nuestra Oratoria el mal gusto de los oyentes. Mas, porque no quiero
infernar mi alma, declaro, para descargo de ella, que el mal gusto de
los oyentes es hijo legítimo, y de legítimo matrimonio, del perverso
gusto de los Predicadores. Si aquellos pobrecillos no oyen otra cosa,
como no se les ha de pegar necessariamente lo que oyen?
16. Ora bien, yo leí en cierta parte del mundo un Tratadillo Oratorio
del Padre Sanadon, Jesuíta, en que prueba, que esto de mal gusto de los
ingenios es enfermedad contagiosa, y que se deben usar preservativos
contra ella; pero la lástima es, que al mismo discretíssimo Padre le
parece, que es muy dificultoso encontrarlos eficaces, y en verdad que,
si no me engaño mucho, lo esfuerza de manera, que, si no convence,
concluye. Que el mal gusto se pegue como contagio, es mas claro, que
chocolate de Padre de la Compañía; y no hay mas que ir discurriendo
por los siglos, en que reynó el mas perverso, buscar la causa de su
propagacion, y se encontrará la prueba. Solo hay una diferencia entre
la peste y el mal gusto, que los estragos de aquella se conocen ántes,
que se experimenten; los de este, hasta que se experimentan, no se
advierten: aquella cunde á ojos vistas, este se propaga sin sentir:
por lo demas, assí como aquella se dilata por la comunicacion de
los apestados, assí, ni mas ni ménos, se va extendiendo este por el
comercio de los que se sienten tocados del gusto epidémico.
17. Que no se encuentren á dos tirones preservativos eficaces
contra esta epidemia, y, consiguientemente, que su curacion sea muy
dificultosa, por no llamarla desesperada, es una verdad, que casi salta
á los ojos. Lo primero, hay pocos Médicos capaces de emprehenderla.
Los genios superiores, quales se requieren para tomar á su cargo
el desengañar á los entendimientos de sus erradas preocupaciones,
son raros. Algunos hay, que las conocen muy bien, que se lamentan
de ellas, que en lo interior de su corazon las abominan; pero en el
fuero externo déxanse llevar de la corriente, y hacen lo que todos los
demas; porque el _laudo meliora, proboque... deteriora sequor_, en toda
especie de cosas tiene muchos Sectarios. Lo segundo, la naturaleza
de la enfermedad la hace casi irremediable. Como se ha de curar un
mal, con el qual se halla tan lindamente el enfermo? que le cae muy
en gracia? y que, á su parecer, nunca está mas robusto, que quando
está mas achacoso? Si algun Médico charitativo intenta su curacion,
ríese el enfermo de la locura del Médico, y dice, que él es el que
verdaderamente tiene necessidad de curarse. Con que ve aquí la peste
del mal gusto extendida, y punto ménos que sin remedio.
18. Uno solo hay, y esse es eficacíssimo. Este seria, que á ninguno, á
ninguno se le permitiesse predicar, que no fuesse hombre muy probado
en letras, en virtud, y en juicio. Y no hay que decir, que esto es
pedir gullorías; porque solo es pedir lo que David y San Pablo piden
indispensablemente á todo Predicador. El primero dice en sentido
acomodable al intento: _Disponet sermones suos in judicio_; vele ahí
el juicio. El segundo quiere, que el Predicador sea irreprehensible:
_Oportet irreprehensibilem esse_; vela ahí la virtud; de doctrina
sana, y capaz de arguir y de convencer á los que le contradixeren: _In
doctrina sana, et eos qui contradicunt arguere_; ves ahí las letras.
Y no hay que salirme con la pata de gallo, de que San Pablo no habla
de los Predicadores, sino de los Obispos. Vagatelas: habla de los
Obispos, en quanto son Predicadores, ca sabida cosa es, que el oficio
de predicar es propio y privativo del Obispo, y que en la primitiva
Iglesia el Obispo predicaba de oficio. Como despues se multiplicó el
número de los Fieles, se extendieron tanto las Diócesis, y no era
possible, que los Obispos estuviessen en todas partes, para repartirlos
el pan de la divina palabra, introduxéronse los Predicadores, á quienes
los Concilios llaman Coadjutores de los Obispos en el ministerio de
predicar: _Coadjutores Episcoporum in ministerio verbi_; y por tanto
solo se escogian para esso á los que sobresalian mas entre todo el
Clero en virtud y en sabiduría. Yo quisiera saber, por qué ahora no se
podria hacer lo mismo?
19. Y no que, en ordenándose de Missa qualquiera Theologuillo, luego
solicita sus licencias corrientes para confessar, predicar, bobear,
etc. y allá se las campanéa. Pero, siendo esto tan malo, todavía no es
lo peor. Hay en una Universidad un manteistilla chusco, pero aplicado,
y grande arguidor. Ha estudiado su Philosophía, y sus tres ó quatro
años de Theología con créditos de ingenio, y ha sustentado un par
de Actos con despejo y con intrepidez. Hacen á su padre ó á su tio
Mayordomo de la Cofradía del Santíssimo de su Lugar: echa el Sermon al
hijo, ó al sobrino; acude por la licencia; despáchasele por lo comun,
sin tropezar en barras; sube al Púlpito con su Sobrepelliz almidonada
y de perifollo; representa con desembarazo lo que otro le compuso, ó
echa por aquella boca, con grande satisfaccion, los disparates, que él
mismo enjurjó; porque un pobre muchacho, sin mas estudio que quatro
párrafos escolásticos, qué obligacion tiene á saber componer otra cosa?
Acábase el Sermon, ó lo que fuere: hay vítores, hay aclamaciones, hay
enhorabuenas, hay despues grandes bríndis, y muchas coplas en la mesa.
Y qué sucede no pocas veces? Que al dia siguiente sale una mozuela,
poniendo demanda de matrimonio al señor Predicador, y en aquella
misma Iglesia, donde le oyeron tantas maravillas del Sacramento de la
Eucharistía, le ven recibir pocos dias despues las bendiciones para el
del santo Matrimonio.