CAPITULO II.

Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra

de ella.

La verdad sea dicha (porque, qué provecho sacará el curioso lector,

de que yo infierne mi alma?), que, quanto mas cuidado ponia el

incomparable Fr. Toribio en embutir á sus discípulos en estas inútiles

sutilezas, ménos entendia de ellas nuestro Fr. Gerundio: no porque le

faltasse bastante habilidad y viveza, sino porque, como el genio y

la inclinacion le llevaban hácia el Púlpito, que contemplaba carrera

mas amena, mas lucrosa, y mas á propósito para conseguir nombre y

aplauso, le causaban tedio las materias Escolásticas, y no podia acabar

consigo el aplicarse á estudiarlas. Por esso era gusto oírle las idéas

confusas, embrolladas, y ridículas, que él concebia de los términos

facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicacion

del Maestro. Llegó este á explicar los grados metaphýsicos de ente,

substancia, criatura, cuerpo, etc., y por mas que se desgañitaba en

enseñar, que todo lo que existe es ente; si se ve, y se palpa, es ente

real, phýsico, y corporeo; si no se puede ver, ni palpar, porque no

tiene cuerpo, como el alma y todo quanto ella sola produce, es ente

verdadero y real, pero espiritual, immaterial, é incorporeo; si no

tiene mas ser, que el que le dá la imaginacion y el entendimiento, es

ente intelectual, ideal, é imaginario: siendo esta una cosa tan clara,

para Fray Gerundio era una algaravía; porque, habiendo oído muchas

veces en la Religion, quando se trataba de algun sugeto exótico y

estrafalario, _vaya que esse es ente_, jamas pudo entender por _ente_

otra cosa que un hombre irregular, ó risible por algun camino. Y assí,

despues que oyó á su Lector las propiedades del ente, contenidas en

las letras iniciales de aquella palabra bárbara _R. E. V. B. A. U._,

quando veía á alguno de genio extravagante, decia, no sin vanidad de su

comprehension escolástica: este es un Reubau, como lo explicó mi Lector.

2. Por la palabra _substancia_, en su vida entendió otra cosa, mas que

caldo de gallina, por quanto siempre havia oído á su madre, quando

havia enfermo en casa, _voy á darle una substancia_. Y assí se halló el

hombre mas confuso del mundo, el año que estudió la Phýsica. Tocándole

arguir á la question, que pregunta, _si la substancia es immediatamente

operativa?_ su Lector defendia que no; y Fray Gerundio perdia los

estrivos de la razon y de la paciencia, pareciéndole, que este era el

mayor disparate, que podia defenderse, pues era claramente contra la

experiencia, y á él se le havia ofrecido un argumento, á su modo de

entender demonstrativo, que convencia concluyentemente lo contrario.

Fuése, pues, al General muy armado de su argumento, y propúsole de esta

manera: _El caldo de gallina es verdadera substancia; sed sic est, que

el caldo de gallina es immediatamente operativo: luego la substancia

es immediatamente operativa._ Negáronle la menor, y probóla assí:

_Aquello, que, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente,

es immediatamente operativo. Sed sic est, que el caldo de gallina,

administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente: luego el caldo

de gallina es immediatamente operativo._ Rióse á carcajada tendida

toda la mosquetería del Aula; negáronle la menor de este segundo

sylogismo; y él enfurecido, parte con la risa, y parte con que le

huviessen negado una proposicion, que tenia por mas clara, que el Sol

que nos alumbra, sale del General precipitado y ciego, sin que nadie

pudiesse detenerle, sube á la Celda, llama al Enfermero, dícele, que

luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si por dicha

havia alguno prevenido para los enfermos. El Enfermero, que le vió

tan turbado, tan inquieto, y tan encendido, creyendo sin duda, que le

havia dado algun accidente cólico, para el qual havia oído decir, que

eran admirable específico los caldos de pollo, juzgando, que lo mismo

serian los de gallina, va volando á su cocinilla particular, dispónele

la lavatiba, y adminístrasela; hace prontamente un prodigioso efecto;

llena una gran vasija, de las que se destinan para este ministerio,

y, baxando al General sin detenerse, dixo colérico al Lector, al que

sustentaba, y á todos los circunstantes: _Los que quisieren ver si el

caldo de gallina hace ó no hace obrar immediatamente, vayan á mi Celda,

y allí encontrarán la prueba; y despues que se vayan á defender, que la

substancia no es immediatamente operativa_.

3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor con todo lo que se

llamaba estudio Escolástico. Y, aunque algunos Padres graves y

verdaderamente doctos, que le querian bien, procuraron persuadirle, que

se dedicasse algo á este estudio, á lo ménos al de aquellas materias,

assí Phýsicas, como Metaphýsicas, que no solo eran conducentes, sino

casi necessarias para la inteligencia de las questiones mas importantes

de la Theología en todas sus partes, Escolástica, Expositiva,

Dogmática, y Moral, sin cuya noticia era impossible saber hacer un

Sermon, sin exponerse á decir mil necedades, heregías, y dislates, no

fué possible convencerle; ni, aunque le dieron algunos panes y agua,

hasta llegar tambien á media docena de despojos, ni por essas se pudo

conseguir, que se aplicasse á lo que no le llevaba la inclinacion, y

mas haviendo en casa quien le ayudaba á lo mismo.

4. Era el caso, que por mal de sus pecados se encontró nuestro Fr.

Gerundio con un Predicador mayor[27] del Convento, el qual era un

mozalvete, poco mas ó ménos de la edad de su Lector, pero de traza,

gusto, y carácter muy diferente.

5. Hallábase el Padre Predicador mayor en lo mas florido de la edad,

esto es, en los treinta y tres años cabales. Su estatura procerosa,

robusta, y corpulenta; miembros bien repartidos, y assaz symétricos

y proporcionados; muy derecho de andadura, algo salido de panza;

cuelli-erguido, su cerquillo copetudo, y estudiosamente arremolinado;

hábitos siempre limpios, y muy prolixos de pliegues, zapato ajustado,

y sobre todo su solidéo de seda, hecho de aguja, con muchas y muy

graciosas labores, elevándose en el centro una borlita muy ayrosa; obra

toda de ciertas Beatas, que se desvivian por su Padre Predicador. En

conclusion, él era mozo galan, y juntándose á todo esto una voz clara

y sonora, algo de cecéo, gracia especial para contar un cuentecillo,

talento conocido para remedar, despejo en las acciones, popularidad

en las modales, boato en el estilo, y osadía en los pensamientos, sin

olvidarse jamas de sembrar sus Sermones de chistes, gracias, refranes,

y frases de chimenéa, encajadas con grande donosura, no solo se

arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles los estrados.

6. Era de aquellos cultíssimos Predicadores, que jamas citaban á los

Santos Padres, ni aun á los Sagrados Evangelistas por sus propios

nombres, pareciéndoles, que esta es vulgaridad. A San Mathéo le

llamaba _el Angel Historiador_, á San Márcos _el Evangélico Toro_, á

San Lucas _el mas divino Pincel_, á San Juan _el Aguila de Patmos_,

á San Gerónimo _la Púrpura de Belen_, á San Ambrosio _el Panal de

los Doctores_, á San Gregorio _la Alegórica Thiara_. Pensar, que al

acabar de proponer el tema de un Sermon, para citar el Evangelio y el

capítulo de donde le tomaba, havia de decir sencilla y naturalmente:

_Joannis capite decimo tertio: Matthæi capite decimo quarto_, esso

era cuento, y le parecia, que bastaria esso, para que le tuviessen por

un Predicador Sabatino: ya se sabia, que siempre havia de decir: _Ex

Evangelica lectione Matthæi, vel Joannis capite quarto decimo_; y otras

veces, para que saliesse mas rumbosa la colocacion: _Quartodecimo ex

capite_. Pues qué! dexar de meter los dos deditos de la mano derecha,

con garbosa pulidez, entre el cuello y el tapacuello de la Capilla, en

ademan de quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos

dengosos con la cabeza, miéntras estaba proponiendo el tema, y, al

acabar de proponerle, dar dos ó tres brinquitos dissimulados, y, como

para limpiar el pecho, hinchar los carrillos, y, mirando con desden á

una y otra parte del Auditorio, romper en cierto ruído gutural, entre

estornudo y relincho! esto afeytarse siempre que havia de predicar,

igualar el cerquillo, levantar el copete, y, luego que, hecha ó no

hecha una breve oracion, se ponia de pié en el Púlpito, sacar con

ayroso ademan de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y

de color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque

no saliesse de ellas mas que ayre, volverle á meter en la manga á

compas y con harmonía, mirar á todo el concurso con despejo, entre

ceñudo y desdeñoso, y dar principio con aquello de _sea ante todas

cosas bendito, alabado, y glorificado_, concluyendo con lo otro de

_en el primitivo instantaneo ser de su natural animacion_: no dexaria

de hacerlo el Padre Predicador mayor en todos sus Sermones, aunque el

mismo San Pablo le predicara, que todas ellas eran, por lo ménos, otras

tantas evidencias de que allí no havia ni migaja de juicio, ni assomo

de syndéresis, ni gota de ingenio, ni sombra de meollo, ni pizca de

entendimiento.

7. Sí, andaos á persuadírselo, quando á ojos vistas estaba viendo,

que solo con este preliminar aparato se arrastraba los concursos, se

llevaba los aplausos, conquistaba para sí los corazones, y no havia

estrado ni visita, donde no se hablasse del último Sermon, que havia

predicado.

8. Ya era sabido, que siempre havia de dar principio á sus Sermones, ó

con algun refran, ó con algun chiste, ó con alguna frase de bodegon, ó

con alguna cláusula emphática ó partida, que á primera vista pareciesse

una blasfemia, una impiedad, ó un desacato; hasta que, despues de

tener suspenso al Auditorio por un rato, acababa la cláusula, ó salia

con una explicacion, que venia á quedar en una grandíssima friolera.

Predicando un dia del Mysterio de la Trinidad, dió principio á su

Sermon con este período: _Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino

en Personas_; y paróse un poco. Los oyentes, claro está, comenzaron á

mirarse los unos á los otros, ó como escandalizados, ó como suspensos,

esperando en qué havia de parar aquella blasfemia heretical. Y quando

á nuestro Predicador le pareció, que ya los tenia cogidos, prosigue con

la insulsez de añadir: _Assí lo dice el Evionista, el Marcionista, el

Ariano, el Manichéo, el Sociniaino; pero yo lo pruebo contra ellos con

la Escritura, con los Concilios, y con los Padres_.

9. En otro Sermon de la Encarnacion, comenzó de esta manera; _A la

salud de ustedes, Cavalleros_; y, como todo el Auditorio se riesse á

carcajada tendida, porque lo dixo con chulada, él prosiguió, diciendo:

«No hay que reírse, porque á la salud de ustedes, de la mia, y la de

todos, baxó del Cielo Jesu-Christo, y encarnó en las Entrañas de María.

Es artículo de Fé. Pruébolo: _Propter nos homines, et propter nostram

salutem, descendit de cœlis, et incarnatus est_.» Al oír esto, quedaron

todos como suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, y

escuchándose una especie de murmurío en toda la Iglesia, que faltó poco

para que parasse en pública aclamacion.

10. Havia en el Lugar un Zapatero, truhan de profession y eterno

decidor, á quien llamaban en el Pueblo _el azote de los Predicadores_,

porque en materia de Sermones su voto era el decisivo. En diciendo

del Predicador: _Gran pájaro! pájaro de quenta!_ bien podia el Padre

desvarrar á tiros largos, porque tendria seguros los mas principales

Sermones de la Villa, incluso el de la Fiesta de los Pastores, y el

de San Roque, en que havia Novillos y un Toro de muerte. Pero, si el

Zapatero torcia el hozico, y al acabar el Sermon decia: _Polluelo!

Cachorrillo! Iráse haciendo_; mas que el Predicador fuesse el

mismíssimo Vieyra, en su mesma mesmedad, no tenia que esperar volver

á predicar en el Lugar, ni aun el Sermon de San Sebastian, que solo

valia una rosca, una azumbre de hypocras, y dos quartas de cerilla.

Este, pues, formidable censor de los Sermones estaba tan pagado de

los del Padre Fray Blas (que esta era la gracia del Padre Predicador

mayor), que no encontraba voces para ponderarlos: llamábale _pájaro de

pájaros_, _el non prus hurta de los Púlpitos_, y en fin el _Orador por

Antonio mesía_, queriendo decir, _el Orador por Antonomasía_; y, como

el tal Zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo aquel contorno, la

voz de los sermones, no se puede ponderar lo mucho que acreditó con

sus elogios á Fray Blas, y la gran parte que tuvo, en que se hiciesse

incurable su locura, vanidad, y bobería.

11. Compadecido igualmente de la sandez del Predicador, que de la

perjudicial simpleza del Zapatero, un Padre grave, religioso, docto,

y de gran juicio, que, despues de haver sido Provincial de la Orden,

se havia retirado á aquel Convento, emprendió curar á los dos, si

podia conseguirlo; y, como el dia despues del famoso Sermon de la

Anunciacion, le fuesse á calzar el Zapatero (porque era el Maestro

de la Comunidad), y este, con su acostumbrada bachillería comenzasse

á ponderar el Sermon del dia antecedente, pareciendo tambien, que en

aquello lisongeaba al Reverendíssimo, por ser Frayle de su Orden, el

buen Padre Ex-Provincial quiso aprovechar aquella ocasion, y sacando

la caxa dió un polvo á Martin (que este era el nombre del Zapatero),

hízole sentar junto á sí, y encarándose con él le dixo con grandíssima

bondad:

12. «Ven acá, Martin, qué entiendes tú de Sermones? Para qué hablas de

lo que no entiendes, ni eres capaz de entender? Si no sabes escribir,

ni apénas sabes deletrear, como has de saber, quien predica mal,

ni bien? Díme: si yo te dixera á tí, que no sabias cortar, coser,

desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor fulano

ó citano, de tu misma profession, no me dirias con razon: Padre,

déxelo, que no lo entiende; métase allá con sus libros, y déxenos á

los Maestros de obra prima con nuestra tixera, con nuestra lesna, y

con nuestro trinchete? Esto siendo assí, que saber qual zapato está

bien ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa, que puede conocer

qualquiera, que no sea ciego. Pues, si un Maestro y un Predicador haria

mal en censurar, y mucho peor en dar reglas de cortar ni de coser á

un Zapatero; será tolerable, que un Zapatero se meta en dar reglas de

predicar á los Predicadores, y en censurar sus Sermones? Mira, Martin:

lo mas mas que tú puedes conocer, y en que puedes dar tu voto, es en si

un Predicador es alto ó baxo, derecho ó corcobado, Cura ó Frayle, gordo

ó flaco, de voz gruessa ó delgada, si manotéa mucho ó poco, y si tiene

miedo ó no le tiene; porque para esto no es menester mas que tener ojos

y oýdos: pero, en saliendo de aquí, no solo te expones á decir mil

disparates, sino á elogiar cien heregías.»

13. -- «Vítor, Padre Reverendíssimo, dixo el truhan del Zapatero. Y

por qué no acaba su Reverendíssima con Gracia y Gloria, para que el

Sermoncillo tenga su debido y legítimo final? Segun esso tendrá V. Rma.

por heregía aquella gallarda entradilla, con que el Padre Predicador

mayor dió principio al Sermon de la Santíssima Trinidad: _Niego, que

Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas._» -- «Y de las mas

escandalosas, que se pueden oír en un Púlpito Cathólico,» respondió el

grave, y docto Religioso. -- «Pero, si dentro de poco (replicó Martin)

añadió el Padre Fr. Blas, que no lo negaba él, sino el Evarista, el

Marconista, el Marrano, el Macabéo, y el Sucio Enano, ó una cosa

assí, y sabemos, que todos estos fueron unos perros Hereges; qué

heregía de mis pecados dixo el buen Padre Predicador, sino puramente

referir la que estos Turcos y Moros dixeron?» Sonrióse el Reverendo

Ex-Provincial, y, sin mudar de tono, le replicó blandamente: «Dígame,

Martin; si uno echa un _voto-á-Christo_ redondo,[28] y de allí á un

rato añade _valillo_, dexará de haver echado un juramento?» -- «Claro

es que no, respondió el Zapatero, porque assí lo he oído cien veces

á los Theatinos, quando vienen á missionarnos el alma. Y á fé, que

en esto tienen razon; porque el _valillo_, que se sigue despues, ya

viene tarde, y es assí á la manera que digamos de aquel lo que dice

el refran: _romperle la cabeza, y despues labarle los cascos_.» --

«Pues á la letra sucede lo mismo en essa proposicion escandalosa, y

otras semejantes, que profieren muchos Predicadores de mollera por

cocer (repuso el buen Padre): la heregía ó el disparate sale rotundo,

y en todo caso descalabran con él al Auditorio, y esso es lo que

ellos pretenden, teniéndolo por gracia; despues entran las hilas, los

parchecitos y las vendas para curarle. De manera que todo el chiste se

reduce á echar por delante una proposicion, que escandalice, y quanto

sea mas dissonante, mejor; despues se la da una explicacion, con la

qual viene á quedar una grandíssima friolera. No te parece, Martin,

que, aun quando assí se salve la heregía, á lo ménos no se puede salvar

la insensatez y la locura?»

14. -- «No entiendo de Tulogías, respondió el Zapatero; lo que sé, es

que, por lo que toca á la entradilla del Sermon de ayer: _á la salud

de ustedes, Cavalleros_, ni V. Rma. ni todo el Concilio Trementino me

harán creer, que allí huvo heregía, porque la probó claramente con

el Credo: _proter nostra salute descendit de Cœlos_, y que á todos

nos dexó aturdidos.» -- «Es cierto (replicó el Rmo.), que en esso no

huvo heregía; pero no me dirá Martin, en que estuvo el chiste ó la

agudeza, que tanto los aturdió?» -- «Pues qué (respondió el Maestro

de obra prima), no es la mayor agudeza del mundo comenzar un Sermon,

como quien va á echar un bríndis; y, quando todo el Auditorio se rió,

juzgando, que iba á sacar un jarro de vino para convidarnos, echarnos

á todos un jarro de agua con un texto, que vino, que ni pintado?» --

«Oygase, Martin, le dixo con sosiego el Rmo., quando en una Taberna

comienza un borracho á predicar, qué se suele decir de él?» -- «A

essos, respondió Martin, nosotros los Cofrades de la cuba, los llamamos

los borrachos desahuciados; porque sabida cosa es, que borrachera, que

entra por la mýstica ó á la apostólica, es incurable.» -- «Pues venga

acá, buen hombre (replicó el Ex-Provincial), si la mayor borrachera

de un borracho es hablar en la Taberna, como hablan en el Púlpito los

Predicadores, será gracia, chiste, y agudeza de un Predicador, usar

en el Púlpito las frases, que usan en la Taberna los borrachos? Y á

estos Predicadores alaba Martin! á estos aplaude! Vaya, que tiene

poca razon.» -- «Padre Maestro, respondió convencido y despechado el

Zapatero: yo no he estudiado Lógica ni garambaynas; lo que digo es, que

lo que me suena me suena. V. Paternidad es de essa opinion, y otros

son de otra, y son de la misma lana, y en verdad, que no son ranas. El

mundo está lleno de envidia, y los Claustros no están muy vacíos de

ella. Viva mi Padre Fray Blas, y V. Paternidad deme su licencia, que me

voy á calzar al Padre Refitolero.»

15. No bien havia salido Martin de la Celda del Padre Ex-Provincial,

quando entró en ella Fray Blas á despedirse de su Reverendíssima,

porque el dia siguiente tenia que ir á una Villa, que distaba quatro

leguas, á predicar de la colocacion de un Retablo. Como estaban frescas

las especies del Zapatero, y el buen Reverendíssimo, ya por la honra

de la Religion, ya por la estimacion del mismo Padre Predicador, á

quien realmente queria bien, y sentia ver malogradas unas prendas,

que, manejadas con juicio, podian ser muy apreciables, deseaba lograr

coyuntura de desengañarle, y pareciéndole, que era muy oportuna la

presente, le dixo luego, que le vió: «Padre Predicador, siento, que no

huviesse llegado Vm. un poco ántes, para que oyesse una conversacion en

que estaba con Martin el Zapatero, y él me la cortó, quando yo deseaba

proseguirla.» -- «Apuesto, respondió Fray Blas, que era acerca de

Sermones, porque no habla de otra cosa, y en verdad, que tiene voto.»

-- «Podrále tener, replicó el Ex-Provincial, en saber donde aprieta

el Zapato, pero en saber donde aprieta el Sermon, no sé por qué ha de

tenerle.» -- «Porque para saber quien predica bien, ó mal, respondió

Fr. Blas, no es menester mas, que tener ojos y oídos.» -- «Pues de essa

manera, replicó el Ex-Provincial, todos los que no sean ciegos, ni

sordos, tendrán tanto voto como el Zapatero.» -- «Es que hay algunos,

respondió el Padre Fray Blas, que, sin ser sordos, ni ciegos, no tienen

tan buenos ojos, ni tan buenos oídos como otros.» -- «Esso es decir,

replicó el Ex-Provincial, que para calificar un Sermon, no es menester

mas, que ver como lo acciona, y oír como lo siente el Predicador.»

-- «No, Padre nuestro, no es menester mas.» -- «Con que, segun esso,

arguyó el Ex-Provincial, para ser buen Predicador, no es menester mas,

que ser buen Representante.» -- _Concedo consequentiam_, dixo Fray

Blas, muy satisfecho.

16. -- «Y es possible, que tenga aliento para proferir semejante

proposicion un Orador christiano, y un Hijo de mi Padre San N. que

viste su santo Hábito? Ora bien, Padre Predicador mayor: qual es el

fin, que se debe proponer en todos sus Sermones un christiano Orador?»

-- «Padre nuestro, respondió Fray Blas, no sin algun desenfado, el fin

que debe tener todo Orador christiano, y no christiano, es agradar

al auditorio, dar gusto á todos, y caerles en gracia: á los doctos,

por la abundancia de la doctrina, por la multitud de las citas, por la

variedad y por lo selecto de la erudicion; á los discretos, por las

agudezas, por los chistes, y por los equívocos; á los cultos, por el

estilo pomposo, elevado, altisonante, y de rumbo; á los vulgares, por

la popularidad, por los refranes, y por los cuentecillos, encajados con

oportunidad, y dichos con gracia; y en fin, á todos, por la presencia,

por el despejo, por la voz, y por las acciones. Yo á lo ménos, en mis

Sermones no tengo otro fin, ni para conseguirle me valgo de otros

medios; y en verdad, que no me va mal, porque nunca falta en mi Celda

un polvo de buen tabaco, una jícara de chocolate rico; hay un par de

mudas de ropa blanca; está bien proveída la frasquera; y finalmente,

no faltan en la naveta quatro doblones para una necessidad, y nunca

salgo á predicar, que no trayga cien Missas para el Convento, y otras

tantas para repartirlas entre quatro amigos. No hay Sermon de rumbo en

todo el contorno, que no se me encargue, y mañana voy á predicar á la

colocacion del Retablo de..., cuyo Mayordomo me dixo, que la limosna

del Sermon era un doblon de á ocho.»

17. Apénas pudo contener las lágrymas el Religioso y docto

Ex-Provincial, quando oyó un discurso tan necio, tan aturdido, y tan

impío en la boca de aquel pobre Frayle, mas lleno de presuncion y de

ignorancia, que de verdadera sabiduría; y compadecido de verle tan

engañado, encendido en un santo zelo de la gloria de Dios, de la honra

de la Religion, y del bien de las almas, en las quales podia hacer

gran fruto aquel alucinado Religioso, si empleara mejor sus naturales

talentos, quiso ver si podia convencerle y desengañarle. Levantóse de

la silla, en que estaba sentado, cerró la puerta de la Celda, echó la

aldabilla por adentro, para que ninguno los interrumpiesse, tomó de

la mano al Predicador mayor, metióle en el estudio, hízole sentar, y

sentándose él mismo junto á él, con aquella autoridad, que le daban sus

canas, su venerable ancianidad, su doctrina, su virtud, sus empléos, su

crédito, y su estimacion en la Orden, le habló de esta manera:

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 42 / 61 题