CAPITULO IX.

En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no

salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado.

Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose

dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el

ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con

atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra

la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de

nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia,

y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser,

que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en

lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.

2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula

servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo

que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título

de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector

para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que

Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les

antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos,

y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento.

Verbi gratia, al leer el título de _Margarita Antoniana_, ó de

_Antoniana Margarita_, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español

Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los

Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va

á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó

aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada

en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó

Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en

un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias?

Pues no, señor, no es nada de esso. La _Antoniana Margarita_ no es

mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para probar que

los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta

ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de

Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en

las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios

indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética

pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se

atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles

la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del

assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que

ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre

Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario

por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria.

Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que

ofrezco en mis Capítulos.

3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será

nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas

veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale

despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo,

precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á

escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y

de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió

al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes

no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas;

es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta

flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones

atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por

una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien

se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos,

y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se

exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los

Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con

lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro

Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras

lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus

discípulos el pedantíssimo Maestro?

4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la

especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de

Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios,

castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan

naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia

luego á la primera ojeada lo que le querian decir. Esto por varias

razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en

las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que

discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: _Magnifice

etenim scientiam tractabat_; y ciertamente nada se puede tratar con

magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes,

aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se

procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes

con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la

inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y

otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion

de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda

revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una

voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de

él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa

de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de

los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá

sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles,

como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que

no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas,

crespas, y naturalmente ensortijadas.

5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo

ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá

_exhortatio_, aunque le quemen, sino _parænesis_, que significa lo

mismo, pero un poco mas en Griego; ni _obedire_ por obedecer, que lo

dice qualquiera Lego, sino _decedere_, que, sobre tener mejor sonido,

es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar

_Prologus_ al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle

_Proœmium_ suena á zaguan de Lógica: _Præfatio_ parece cosa de Missal,

y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese

_Alloquium_, _Ante-loquium_, _Præloquium_, _Præloquutio_, y dexadlo

de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin _Stilus

didascalicus_, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun

Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido

bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre

el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena,

_redolet Patavinitatem_; porque, si bien es assí, que todavía no han

convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz,

qualquiera que la usa queda _ipso facto_ calificado de un Latino, que

se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo

mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor,

apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de _Doctor_, _Magister_,

_Præceptor_. Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que

enseñe alguna facultad, llamadle siempre _Mystagogus_; porque, aunque

es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce,

os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y

extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor

importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que _están mas en

voga_ (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: _hic

est Trasonismus_, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros,

ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir;

porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y

arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio

en no escribir jamas trabados los diphtongos de _a_ y _e_, ni de _o_ y

_e_, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus

letras separadas, escribiendo, v. g. _feminae_ en lugar de _feminæ_, y

_Phoebus_ en vez de _Phœbus_; con no contar las datas por los dias del

mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho

de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y

regulares, sino con los de _Quintilis_ y _Sextilis_, como se llamaban

_in diebus illis_; y finalmente con desterrar los números Arábigos de

todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras

Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr.

para poner _anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto_, año

de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un

Contador ó un Comerciante, _anno_ 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo,

hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el

mundo: _et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum

audieritis_.»

6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine,

oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza,

las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al

gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban

maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en

que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse

possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde

niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le

havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin,

Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de

un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia

perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en

latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance:

_Domine, secundum ipsum, quidam sermones latini, quos ego habeo in

pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut

aqua_: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo

en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el

agua. -- _Qui sunt hi sermones?_ le preguntó el Dómine: Qué Sermones

son essos? -- _Sunt cujusdam Prædicatoris_, respondió el chico, _qui

vocatur Joannes de... non me recordor, quia habet appellitum multum

enrebesatum_: Son de un Predicador, que se llama Juan de... no me

acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. -- _De quo agunt?_

le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? -- _Domine_, respondió

el muchacho, _de multis rebus, quæ faciunt ridere_: Señor, de muchas

cosas, que hacen reír. -- «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor,

y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»

7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el

Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. _de Viduitate_, donde

leyó en voz alta este admirable passage.

8. _Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo

consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine

adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti

sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat:

Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum.

Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo

faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus

meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At

illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc

Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta

sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et

haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret,

quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum

quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta

voluntatem suam quod dicerent_: prends ton varlet, prends ton varlet.

_Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ

prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio,

maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid

dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit,

quod campanæ dicebant_: ne le prends pas, ne le prends pas: _tunc enim

vexatio dederat ei intellectum_.

9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor,

afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar

de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa;

y, para que le entendiessen hasta los niños que havian comenzado

aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este

dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin

construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente,

y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador.

Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres

golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del

general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía

con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié

derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero,

gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por

punto el Sermon de Juan Raulin.

10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle

consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia

estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y

muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura:

Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si

me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo

mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella

le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo

el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me

ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con

esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere

tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo:

Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura,

segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero

al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de

casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse

bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse

segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció

que la decian, segun lo que tenia en su corazon: _ca-sa-te-con-él,

ca-sa-te-con-él_. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan

lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la

viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y

echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el

Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas.

Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y

distintamente: _no-te-cases-tal; no-te-cases-tal_; porque con la pena

se havia hecho cuerda.»

11. Aplaudió mucho el Dómine lo bien que Gerundio havia entendido

el cuento del Predicador, y la gracia con que le havia recitado,

conociendo, que sin duda havia de tener mucho talento para predicar:

los condiscípulos tambien le vitorearon, y rieron mucho el cuento. Pero

el Preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo algunas reflexiones

sérias y juiciosas, acabando con otras, que no podian ser mas

ridículas. «Por lo que toca al latin, dixo á sus discípulos, es muy

chavacano, y aun los mismos, que gustan de latin claro y corriente, no

le aprobarán, porque esse no tanto es claro y natural, quanto apatanado

y soez (en lo qual tenia muchíssima razon). Pero haveis de notar una

cosa, y es la poca razon, que tienen algunos señores Franceses para

hacer mucha burla del latin de los Españoles, tratándonos de bárbaros

en punto de Latinidad, y diciendo, que siempre hemos hablado esta

lengua, como pudieran hablarla los Godos, y los Vándalos. Esto, porque

huvo tal qual Autor nuestro, que realmente escribió en un latin charro

y guedejudo, ó como latin de Boticario y Sacristan. Ea Monsiures,

démonos todos por buenos, que si acá tuvimos nuestros Garcías, nuestros

Cruces, y nuestros Pedros Fernandez, tambien ustedes tuvieron sus

Raulines, sus Maillardos, sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que

su Autor de ustedes, el célebre Monsieur du Cange, en el vocabulario,

que compuso de la _Baja Latinidad_, la mayor parte de los exemplos

que trahe, no los fué á buscar fuera de casa. Y de camino adviertan

ustedes, que, quando allá en su Paris se usaba un latin tan elegante,

como el del Doctor Juan Raulin, acá teniamos, dentro de aquel mismo

Siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereyras, á los Leones, y

á otros muchos, que pudieran escupir en corro, y hablar barba á barba

con los Tulios y con los Livios, que ustedes alaban tanto, aunque no

sean de mi Parrochia, ni de mi mayor devocion.»

12. Esto, en quanto al latin, dixo el Dómine; mas por lo que mira á

la substancia del Sermon, continuó, cansándose de hablar en juicio,

ó dexándose llevar de su estrafalario modo de concebir: «por lo que

mira á la substancia del Sermon, aunque de este Predicador no he leído

mas que este trozo, desde luego digo, que fué uno de los mayores

Predicadores, que ha havido en el mundo, y me iria yo hasta el cabo

de él, solo por oírle. A mí me gustan tanto en los Sermones estos

cuentecitos, estas gracias, y estos chistes, que Sermon, en que el

Auditorio no se ria por lo ménos media docena de veces á carcajada

tendida, no daria yo quatro quartos por él, y luego me da gana de

dormir. Yo creía, que esta era una gracia privativa de algunos famosos

Predicadores Españoles, y que en otras partes no se estilaba este modo

de predicar, y de divertir á la gente; pero ahora veo, que todo el

mundo es País; y aunque por una parte siento, que no tengan la gloria

de ser los únicos en esto algunos de nuestros célebres Oradores,

por otra no me pesa, que tambien participen de ella otras Naciones,

porque lo demas seria envidia, y una especie de viciosa ambicion.» No

echó esta leccion en saco roto nuestro Gerundico; porque, como desde

niño havia mostrado tanta inclinacion á predicar, oía con especial

gusto y atencion todo quanto podia hacerle famoso por este camino, y

desde luego propuso en su corazon, que, si algun dia llegaba á ser

Predicador, no predicaria Sermon, fuesse el que se fuesse, que no le

atestasse bien de chistes y de cuentecillos.

13. Finalmente el bueno del Dómine instruía á sus discípulos en todas

las demas partes, de que se compone la perfecta Latinidad, ó el

perfecto uso de la Lengua Latina, con el mismo gusto, ni mas ni ménos,

con que les havia instruído en el estilo. Decíales, que la Rhetórica

no era _arte de persuadir_, sino _arte de hablar_; y que esso de

andar buscando razones sólidas y argumentos concluyentes para probar

una cosa, y para convencer al entendimiento, era una mecánica buena

para los Lógicos, y para los Mathemáticos, que se andaban á caza de

demonstraciones, como á caza de gangas; que el perfecto Rhetórico era

aquel, que le atacaba, y le convencia con quatro fruslerías, y que para

esso se havian inventado las figuras, las quales eran inútiles para

dar peso á lo que de suyo le tenia, y que toda su gracia consistia en

alucinar á la razon, haciéndola creer, que el vidrio era diamante, y

oro el oropel. Enseñábales, que no gastassen tiempo, ni se quebrassen

la cabeza en aprender lo que es Introduccion, Proposicion, Division,

Prueba, Confirmacion, Aumento, Epílogo, Peroracion, ni Exortacion;

porque eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, y querer

componer una Oracion Latina con la misma symetría, con que se fabrica

una casa. No les dissimulaba, que Aristóteles, Demósthenes, Ciceron,

Longino, y Quintiliano havian enseñado, que esto era indispensable, no

solo para que una Oracion fuesse perfecta, sino para que mereciesse

el nombre de Oracion; pero añadia, que essos havian sido unos pobres

hombres, y porque ellos nunca havian sabido hablar en público de otra

manera, dado les ha, que havian de hablar assí todos los que havian

de hablar bien. Prueba clara de que no tenian razon, eran millares de

millares de Sermones, que andaban por esse mundo de Dios, impressos de

letra de molde, con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones

de hombres muy científicos y muy sapientes, los quales havian sido

oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el género humano,

que los Sermones no son, ó no deberian de ser otra cosa, que una

artificiosa y bien ordenada composicion de Eloquencia y de Rhetórica,

en los susodichos no se hallaba pizca de toda essa faramalla y

barahunda de Introduccion, Proposicion, Division, etc.; sino unos

pensamientos brillantes, saltarines, y aparentes, á qual mas falso,

sembrados por aquí y por allí, conforme se le antojaba al Predicador,

sin convencimiento, persuasion, ni calabaza; y con todo esso fueron

aplaudidos, como piezas de eloquencia inimitables, y se dieron á la

prensa, para que se eternizasse su memoria. De todo lo qual, legítima y

perentoriamente se concluía, que la verdadera Rhetórica y la verdadera

eloquencia no consistia en nada de esso, sino principalíssimamente en

tener bien decoradas las figuras Rhetóricas con los nombres Griegos y

retumbantes, con que havia sido bautizada cada una, estando pronto el

Rhetórico á dar su propia y adequada definicion, siempre que fuesse

legítimamente preguntado. «Y assí, concluía el Dómine, dadme acá uno,

que sepa bien _quid est Epanorthosis_, _Ellypsis_, _Hyperbaton_,

_Paralypsis_, _Pleonasmo_, _Synonymia_, _Hypotyposis_, _Epiphonema_,

_Apostrophe_, _Prolepsis_, _Upobolia_, _Epitrophe_, _Periphrasis_,

y _Prosopopeya_; y que en qualquiera composicion, sea Latina, sea

Castellana, use de estas figuras conforme se le entojare, vengan ó

no vengan; que yo os le daré mas Rhetórico y mas eloquente, que cien

Cicerones, y docientos Demósthenes, passados por alambique.» Assí,

pues, todo el empeño del cultíssimo Preceptor era, que sus muchachos

supiessen bien de memoria estas vagatelas; y á los que veía mas

instruídos y mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfaccion y

de vanidad: _Andad, hijos, que ya podeis echar piernas de Rhetóricos

por todos essos Estudios de Dios, y por todos essos Seminarios de

Christo_. Con efecto los Rhetóricos del Dómine _Zancas-largas_ (este

era su mote, ó su verdadero apellido) eran muy nombrados por toda la

Rivera de Orbigo, y por todo lo que baña el famoso Rio Tuerto.

14. Finalmente las lecciones, que les daba sobre la Poesía Latina,

última parte de todo lo que les enseñaba, eran primas hermanas

de las otras, pertenecientes á las demas partes de la Latinidad.

Contentábase con hacerlos aprender de memoria la Prosodía, la

cantidad de las sýlabas, los nombres Griegos de los piés, _dáctilo_,

_spondeo_, _yambo_, _trochaico_, _pyrrichio_, _etc._, aquellos que

explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrophas, _monócolos_,

_monóstrophos_, _dícolos_, _dístrophos_, _tetrástrophos_, y que

decorassen gran número de versos de los Poetas Latinos, única y

precisamente para probar con ellos la cantidad de las sýlabas

breves ó largas por su naturaleza; sin advertir, que esta regla no

es absolutamente infalible, por quanto los mejores Poetas Latinos

hicieron, no pocas veces, largas las sýlabas breves, y breves las

largas, ó usando de la licencia Poética, ó tambien, porque, no

embargante de ser Poetas, eran hombres y pudieron descuidarse,

puesto que tal vez hasta el mismo Homero dormitó. Hecho esto, como

los muchachos compusiessen versos, que constassen, mas que fuessen

lánguidos, insulsos, y chavacanos, y aunque estuviessen mas atestados

de ripio, que pared maestra de argamasa, no havia menester mas, para

coronarlos con el laurel de Apolo. Una vez decia en el tema, ó en el

romance, para una quartilla, estas palabras: _Entónces se supo, con

quanta razon castigó Dios al mundo con el Diluvio, y se fabricó el Arca

de Noé._ Compúsola en verso latino un discípulo de Zancas-largas, y

dixo:

_Dilubiumque, Arcamque Noe; tum qua ratione._

Por solo este admirable verso le dió el Dómine dos parces, y un abrazo,

sin poderse contener. En otro tema se decia esta sentencia: _Se deben

tolerar las cosas, que no se pueden mudar_, y un chico la acomodó en

este bello pentamentro:

_Quæ non mutari sunt, toleranda queunt._

Valióle doce puntos para su vanda, y una tarde de assueto. Mandó

componer en una estropha de versos sáphicos este breve romance: _Andrés

Corbino convidó á Pedro Pagano, á que el Miércoles por la tarde fuesse

á merendar á su casa, porque aquel dia se havia de hacer en ella la

matanza de un cerdo._ Un muchacho, que passaba por ingenio milagroso,

le llevó el dia siguiente la siguiente estropha:

_Domine Petre, Domine Pagane,_

_Corbius rogat, velis ut, Andreas,_

_Vesperi quarta mactabimus suem,_

_Ad se venire._

15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y

luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de

Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial;

mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y

otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se

llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se

hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí

adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo,

fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del

Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle

jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.

16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia

la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse

observar el carácter y la diferencia de los mejores Poetas; esperar,

que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos;

pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos,

ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él

lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la

inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un

poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril.

Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas

ó ventosidades poéticas de Ovidio:

_Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:_

_Egelidum boream, egelidumque notum._

Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra

cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella

recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le

dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre

los Oradores:

_O fortunatam natam, me Consule, Romam!_

17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel

Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro

cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan

escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso.

Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:

_Consternabatur Constantinopolitanus?_

Y con todo esso no le falta sýlaba. Assí, pues, todo su mayor empeño

y todo su conato le ponia en enseñar á sus muchachos puntualmente

todo aquello, que en materia de Poesía debieran ignorar, ó saberlo

únicamente para abominarlo, ó para hacer de ello una solemníssima

burla, como la hacen quantos hombres de pelo en pecho merecen hacerse

la barba en el Parnasso. Por mal de sus pecados havia caído en sus

manos cierta obra de un Escritor de este Siglo, intitulada: _de

Poesia Germanorum symbolica_, de la Poesía symbólica de los Alemanes;

en la qual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de tantas

especies de versos Leoninos, Alexandrinos, Acrósticos, Chronológicos,

Geroglíficos, Cancrinos, Pyramidales, Laberýnthicos, Cruciformes, y

otras mil varatijas, como ha inventado aquella Nacion, por otra parte

docta, ingeniosa, y sesuda, pero en este particular, de un gusto tan

extravagante, que ha dado mucho que admirar, y no poco que reír á

las demas Naciones, aunque muy rara será aquella, á quien no la haya

pegado este contagio; bien assí como el de las viruelas, que por lo

comun solo se pegan á los niños, y á los muchachos de poca edad, de la

misma manera esta ridiculíssima epidemia, por lo regular, solo cunde

en Poetillas rapaces, que aún no tienen uso de razon poética; y, si

tal vez inficiona á algun adulto, es mal incurable, ó punto ménos que

desesperado.

18. A todas las demas castas de versos preferia Zancas-largas los que

son de la peor casta de todos, esto es, los Leoninos ó aconsonantados,

que fueron, en opinion muy probable, los que introduxeron en el mundo

Poético la perversa secta de las rimas, ó de los consonantes, que

con su cola de dragon arrastró tras de sí la tercera parte de las

estrellas; quiero decir, que ha sido la perdicion de tantos nobles

ingenios, los quales huvieran enriquecido á la posteridad con mil

divinidades, y por estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone),

felizmente ignorados de toda la antigüedad, la dexaron un thesoro

inagotable de pobrezas, de impropriedades, y de ripios insufribles.

Encaprichado nuestro Dómine en su mal aconsejada opinion, juraba por

los Dioses immortales, que toda la Ilíada de Homero, toda la Eneida de

Virgilio, y toda la Pharsalia de Lucano, no valian aquel solo dísticho,

con que Mureto hizo burla de Gambarra, Poeta Antuerpiense, salva empero

la suciedad, la hediondez, y el mal olor, que esso no era de quenta de

la Poesía.

_Credite, vestratum merdosa volumina vatum_

_Non sunt nostrates tergere digna nates._

19. Por fin y por postre, los instruía en la que él llamaba _divina

ciencia_ de los Equívocos y de los Anagrammas; y de esta última

con especialidad estaba furiosamente enamorado. «Un Anagramma

perfecto, decia, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza de

delicadezas, elevacion de elevaciones, en una palabra, es el _Lydius

lapis_, ó la piedra de toque de los ingenios castizos, de ley, y de

quilates. Donde hay en el mundo cosa, v. gr. como llamar _bolo_ al

_lobo_, y _lobo_ al _bolo_, como decir _pace_ al Gato, y _zape_ al

Buey, quando está paciendo? Pues qué? si en una oracion perfecta se

dissimula no ménos que un nombre, y un par de apellidos, sin faltar ni

sobrar sýlaba ni letra, como, por exemplo, el bello disfraz, con que

el Autor de cierto escrito moderno ocultó, y salió en público con su

nombre y aledaños, diciendo en el fróntis de la obra: _Homo impugnat

lites_, y concluyéndola con un _pinguet olim_, que vale un Potosí,

por quanto es perfectíssimo anagramma de sus dos apellidos, y una y

otra oracion tienen unos significados propíssimos, y que se pierden de

vista. Anagrammas hay imperfectos, que con ser assí que lo son, son de

un valor inestimable, y en su misma imperfeccion tienen mas gracia, que

toda la que se pondera en las insulseces de Owen y de Marcial. Por

exemplo: el que hizo un Anagramma del apellido _Osma_, y dixo _Asno_,

_y sobra una pierna_,[22] no merecia por este solo dicho, que le

erigiessen una estatua en el Capitolio de Minerva? Y mereceria ménos el

otro, que, haviendo encontrado en el nombre y apellido de cierto Obispo

este anagramma: _Tú serás Cardenal_, pero sobraban dos _ll_, que no

podia acomodar, añadió: _Y sobran dos ll, para látigos de la posta, que

ha de traher la noticia?_ Desengañémonos, que esto de los Anagrammas

es cosa divina, digan lo que dixeren media docena de bufones, que

los tienen por juego de niños, y que nos quieren decir, que aquello

de Marcial: _Turpe est difficiles habere nugas, et stultus labor est

ineptiarum_, está bien aplicado á los Anagrammatistas. Y ménos fuerza

me hace la otra sátyra del indigesto Adrian de Valois, que, porque él

no sabia, qual era su Anagramma derecho, cantó este bello epiphónema á

deum de dere.

_Citharœdus esse qui nequit, sit Aulœdus:_

_Anagrammatista, qui Poeta non sperat._

Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le digo, que el que no

supiere hacer Anagrammas, no espere ser Poeta en los dias de su vida; y

el que los hiciere buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino,

para ser un Poetazo de á folio; porque, si la Poesía no es mas, que un

noble trastornamiento de las palabras, los Anagrammas no son otra cosa,

que un bello trastornamiento de las letras. Y váyase muy enhoramala el

otro Colletet, ó Coletillo, que dixo con bien poco temor de Dios:

_Esso de hacer Anagrammas,_

_Y andar trastornando letras,_

_Lo hacen solo los que tienen_

_Trastornada la cabeza._»

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 38 / 61 题