En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no
salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado.
Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose
dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el
ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con
atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra
la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de
nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia,
y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser,
que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en
lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.
2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula
servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo
que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título
de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector
para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que
Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les
antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos,
y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento.
Verbi gratia, al leer el título de _Margarita Antoniana_, ó de
_Antoniana Margarita_, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español
Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los
Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va
á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó
aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada
en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó
Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en
un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias?
Pues no, señor, no es nada de esso. La _Antoniana Margarita_ no es
mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para probar que
los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta
ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de
Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en
las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios
indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética
pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se
atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles
la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del
assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que
ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre
Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario
por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria.
Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que
ofrezco en mis Capítulos.
3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será
nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas
veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale
despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo,
precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á
escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y
de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió
al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes
no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas;
es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta
flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones
atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por
una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien
se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos,
y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se
exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los
Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con
lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro
Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras
lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus
discípulos el pedantíssimo Maestro?
4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la
especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de
Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios,
castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan
naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia
luego á la primera ojeada lo que le querian decir. Esto por varias
razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en
las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que
discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: _Magnifice
etenim scientiam tractabat_; y ciertamente nada se puede tratar con
magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes,
aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se
procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes
con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la
inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y
otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion
de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda
revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una
voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de
él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa
de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de
los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá
sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles,
como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que
no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas,
crespas, y naturalmente ensortijadas.
5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo
ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá
_exhortatio_, aunque le quemen, sino _parænesis_, que significa lo
mismo, pero un poco mas en Griego; ni _obedire_ por obedecer, que lo
dice qualquiera Lego, sino _decedere_, que, sobre tener mejor sonido,
es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar
_Prologus_ al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle
_Proœmium_ suena á zaguan de Lógica: _Præfatio_ parece cosa de Missal,
y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese
_Alloquium_, _Ante-loquium_, _Præloquium_, _Præloquutio_, y dexadlo
de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin _Stilus
didascalicus_, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun
Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido
bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre
el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena,
_redolet Patavinitatem_; porque, si bien es assí, que todavía no han
convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz,
qualquiera que la usa queda _ipso facto_ calificado de un Latino, que
se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo
mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor,
apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de _Doctor_, _Magister_,
_Præceptor_. Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que
enseñe alguna facultad, llamadle siempre _Mystagogus_; porque, aunque
es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce,
os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y
extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor
importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que _están mas en
voga_ (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: _hic
est Trasonismus_, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros,
ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir;
porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y
arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio
en no escribir jamas trabados los diphtongos de _a_ y _e_, ni de _o_ y
_e_, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus
letras separadas, escribiendo, v. g. _feminae_ en lugar de _feminæ_, y
_Phoebus_ en vez de _Phœbus_; con no contar las datas por los dias del
mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho
de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y
regulares, sino con los de _Quintilis_ y _Sextilis_, como se llamaban
_in diebus illis_; y finalmente con desterrar los números Arábigos de
todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras
Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr.
para poner _anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto_, año
de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un
Contador ó un Comerciante, _anno_ 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo,
hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el
mundo: _et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum
audieritis_.»
6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine,
oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza,
las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al
gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban
maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en
que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse
possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde
niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le
havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin,
Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de
un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia
perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en
latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance:
_Domine, secundum ipsum, quidam sermones latini, quos ego habeo in
pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut
aqua_: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo
en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el
agua. -- _Qui sunt hi sermones?_ le preguntó el Dómine: Qué Sermones
son essos? -- _Sunt cujusdam Prædicatoris_, respondió el chico, _qui
vocatur Joannes de... non me recordor, quia habet appellitum multum
enrebesatum_: Son de un Predicador, que se llama Juan de... no me
acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. -- _De quo agunt?_
le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? -- _Domine_, respondió
el muchacho, _de multis rebus, quæ faciunt ridere_: Señor, de muchas
cosas, que hacen reír. -- «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor,
y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»
7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el
Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. _de Viduitate_, donde
leyó en voz alta este admirable passage.
8. _Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo
consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine
adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti
sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat:
Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum.
Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo
faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus
meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At
illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc
Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta
sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et
haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret,
quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum
quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta
voluntatem suam quod dicerent_: prends ton varlet, prends ton varlet.
_Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ
prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio,
maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid
dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit,
quod campanæ dicebant_: ne le prends pas, ne le prends pas: _tunc enim
vexatio dederat ei intellectum_.
9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor,
afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar
de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa;
y, para que le entendiessen hasta los niños que havian comenzado
aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este
dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin
construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente,
y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador.
Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres
golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del
general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía
con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié
derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero,
gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por
punto el Sermon de Juan Raulin.
10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle
consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia
estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y
muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura:
Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si
me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo
mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella
le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo
el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me
ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con
esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere
tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo:
Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura,
segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero
al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de
casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse
bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse
segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció
que la decian, segun lo que tenia en su corazon: _ca-sa-te-con-él,
ca-sa-te-con-él_. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan
lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la
viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y
echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el
Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas.
Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y
distintamente: _no-te-cases-tal; no-te-cases-tal_; porque con la pena
se havia hecho cuerda.»
11. Aplaudió mucho el Dómine lo bien que Gerundio havia entendido
el cuento del Predicador, y la gracia con que le havia recitado,
conociendo, que sin duda havia de tener mucho talento para predicar:
los condiscípulos tambien le vitorearon, y rieron mucho el cuento. Pero
el Preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo algunas reflexiones
sérias y juiciosas, acabando con otras, que no podian ser mas
ridículas. «Por lo que toca al latin, dixo á sus discípulos, es muy
chavacano, y aun los mismos, que gustan de latin claro y corriente, no
le aprobarán, porque esse no tanto es claro y natural, quanto apatanado
y soez (en lo qual tenia muchíssima razon). Pero haveis de notar una
cosa, y es la poca razon, que tienen algunos señores Franceses para
hacer mucha burla del latin de los Españoles, tratándonos de bárbaros
en punto de Latinidad, y diciendo, que siempre hemos hablado esta
lengua, como pudieran hablarla los Godos, y los Vándalos. Esto, porque
huvo tal qual Autor nuestro, que realmente escribió en un latin charro
y guedejudo, ó como latin de Boticario y Sacristan. Ea Monsiures,
démonos todos por buenos, que si acá tuvimos nuestros Garcías, nuestros
Cruces, y nuestros Pedros Fernandez, tambien ustedes tuvieron sus
Raulines, sus Maillardos, sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que
su Autor de ustedes, el célebre Monsieur du Cange, en el vocabulario,
que compuso de la _Baja Latinidad_, la mayor parte de los exemplos
que trahe, no los fué á buscar fuera de casa. Y de camino adviertan
ustedes, que, quando allá en su Paris se usaba un latin tan elegante,
como el del Doctor Juan Raulin, acá teniamos, dentro de aquel mismo
Siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereyras, á los Leones, y
á otros muchos, que pudieran escupir en corro, y hablar barba á barba
con los Tulios y con los Livios, que ustedes alaban tanto, aunque no
sean de mi Parrochia, ni de mi mayor devocion.»
12. Esto, en quanto al latin, dixo el Dómine; mas por lo que mira á
la substancia del Sermon, continuó, cansándose de hablar en juicio,
ó dexándose llevar de su estrafalario modo de concebir: «por lo que
mira á la substancia del Sermon, aunque de este Predicador no he leído
mas que este trozo, desde luego digo, que fué uno de los mayores
Predicadores, que ha havido en el mundo, y me iria yo hasta el cabo
de él, solo por oírle. A mí me gustan tanto en los Sermones estos
cuentecitos, estas gracias, y estos chistes, que Sermon, en que el
Auditorio no se ria por lo ménos media docena de veces á carcajada
tendida, no daria yo quatro quartos por él, y luego me da gana de
dormir. Yo creía, que esta era una gracia privativa de algunos famosos
Predicadores Españoles, y que en otras partes no se estilaba este modo
de predicar, y de divertir á la gente; pero ahora veo, que todo el
mundo es País; y aunque por una parte siento, que no tengan la gloria
de ser los únicos en esto algunos de nuestros célebres Oradores,
por otra no me pesa, que tambien participen de ella otras Naciones,
porque lo demas seria envidia, y una especie de viciosa ambicion.» No
echó esta leccion en saco roto nuestro Gerundico; porque, como desde
niño havia mostrado tanta inclinacion á predicar, oía con especial
gusto y atencion todo quanto podia hacerle famoso por este camino, y
desde luego propuso en su corazon, que, si algun dia llegaba á ser
Predicador, no predicaria Sermon, fuesse el que se fuesse, que no le
atestasse bien de chistes y de cuentecillos.
13. Finalmente el bueno del Dómine instruía á sus discípulos en todas
las demas partes, de que se compone la perfecta Latinidad, ó el
perfecto uso de la Lengua Latina, con el mismo gusto, ni mas ni ménos,
con que les havia instruído en el estilo. Decíales, que la Rhetórica
no era _arte de persuadir_, sino _arte de hablar_; y que esso de
andar buscando razones sólidas y argumentos concluyentes para probar
una cosa, y para convencer al entendimiento, era una mecánica buena
para los Lógicos, y para los Mathemáticos, que se andaban á caza de
demonstraciones, como á caza de gangas; que el perfecto Rhetórico era
aquel, que le atacaba, y le convencia con quatro fruslerías, y que para
esso se havian inventado las figuras, las quales eran inútiles para
dar peso á lo que de suyo le tenia, y que toda su gracia consistia en
alucinar á la razon, haciéndola creer, que el vidrio era diamante, y
oro el oropel. Enseñábales, que no gastassen tiempo, ni se quebrassen
la cabeza en aprender lo que es Introduccion, Proposicion, Division,
Prueba, Confirmacion, Aumento, Epílogo, Peroracion, ni Exortacion;
porque eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, y querer
componer una Oracion Latina con la misma symetría, con que se fabrica
una casa. No les dissimulaba, que Aristóteles, Demósthenes, Ciceron,
Longino, y Quintiliano havian enseñado, que esto era indispensable, no
solo para que una Oracion fuesse perfecta, sino para que mereciesse
el nombre de Oracion; pero añadia, que essos havian sido unos pobres
hombres, y porque ellos nunca havian sabido hablar en público de otra
manera, dado les ha, que havian de hablar assí todos los que havian
de hablar bien. Prueba clara de que no tenian razon, eran millares de
millares de Sermones, que andaban por esse mundo de Dios, impressos de
letra de molde, con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones
de hombres muy científicos y muy sapientes, los quales havian sido
oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el género humano,
que los Sermones no son, ó no deberian de ser otra cosa, que una
artificiosa y bien ordenada composicion de Eloquencia y de Rhetórica,
en los susodichos no se hallaba pizca de toda essa faramalla y
barahunda de Introduccion, Proposicion, Division, etc.; sino unos
pensamientos brillantes, saltarines, y aparentes, á qual mas falso,
sembrados por aquí y por allí, conforme se le antojaba al Predicador,
sin convencimiento, persuasion, ni calabaza; y con todo esso fueron
aplaudidos, como piezas de eloquencia inimitables, y se dieron á la
prensa, para que se eternizasse su memoria. De todo lo qual, legítima y
perentoriamente se concluía, que la verdadera Rhetórica y la verdadera
eloquencia no consistia en nada de esso, sino principalíssimamente en
tener bien decoradas las figuras Rhetóricas con los nombres Griegos y
retumbantes, con que havia sido bautizada cada una, estando pronto el
Rhetórico á dar su propia y adequada definicion, siempre que fuesse
legítimamente preguntado. «Y assí, concluía el Dómine, dadme acá uno,
que sepa bien _quid est Epanorthosis_, _Ellypsis_, _Hyperbaton_,
_Paralypsis_, _Pleonasmo_, _Synonymia_, _Hypotyposis_, _Epiphonema_,
_Apostrophe_, _Prolepsis_, _Upobolia_, _Epitrophe_, _Periphrasis_,
y _Prosopopeya_; y que en qualquiera composicion, sea Latina, sea
Castellana, use de estas figuras conforme se le entojare, vengan ó
no vengan; que yo os le daré mas Rhetórico y mas eloquente, que cien
Cicerones, y docientos Demósthenes, passados por alambique.» Assí,
pues, todo el empeño del cultíssimo Preceptor era, que sus muchachos
supiessen bien de memoria estas vagatelas; y á los que veía mas
instruídos y mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfaccion y
de vanidad: _Andad, hijos, que ya podeis echar piernas de Rhetóricos
por todos essos Estudios de Dios, y por todos essos Seminarios de
Christo_. Con efecto los Rhetóricos del Dómine _Zancas-largas_ (este
era su mote, ó su verdadero apellido) eran muy nombrados por toda la
Rivera de Orbigo, y por todo lo que baña el famoso Rio Tuerto.
14. Finalmente las lecciones, que les daba sobre la Poesía Latina,
última parte de todo lo que les enseñaba, eran primas hermanas
de las otras, pertenecientes á las demas partes de la Latinidad.
Contentábase con hacerlos aprender de memoria la Prosodía, la
cantidad de las sýlabas, los nombres Griegos de los piés, _dáctilo_,
_spondeo_, _yambo_, _trochaico_, _pyrrichio_, _etc._, aquellos que
explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrophas, _monócolos_,
_monóstrophos_, _dícolos_, _dístrophos_, _tetrástrophos_, y que
decorassen gran número de versos de los Poetas Latinos, única y
precisamente para probar con ellos la cantidad de las sýlabas
breves ó largas por su naturaleza; sin advertir, que esta regla no
es absolutamente infalible, por quanto los mejores Poetas Latinos
hicieron, no pocas veces, largas las sýlabas breves, y breves las
largas, ó usando de la licencia Poética, ó tambien, porque, no
embargante de ser Poetas, eran hombres y pudieron descuidarse,
puesto que tal vez hasta el mismo Homero dormitó. Hecho esto, como
los muchachos compusiessen versos, que constassen, mas que fuessen
lánguidos, insulsos, y chavacanos, y aunque estuviessen mas atestados
de ripio, que pared maestra de argamasa, no havia menester mas, para
coronarlos con el laurel de Apolo. Una vez decia en el tema, ó en el
romance, para una quartilla, estas palabras: _Entónces se supo, con
quanta razon castigó Dios al mundo con el Diluvio, y se fabricó el Arca
de Noé._ Compúsola en verso latino un discípulo de Zancas-largas, y
dixo:
_Dilubiumque, Arcamque Noe; tum qua ratione._
Por solo este admirable verso le dió el Dómine dos parces, y un abrazo,
sin poderse contener. En otro tema se decia esta sentencia: _Se deben
tolerar las cosas, que no se pueden mudar_, y un chico la acomodó en
este bello pentamentro:
_Quæ non mutari sunt, toleranda queunt._
Valióle doce puntos para su vanda, y una tarde de assueto. Mandó
componer en una estropha de versos sáphicos este breve romance: _Andrés
Corbino convidó á Pedro Pagano, á que el Miércoles por la tarde fuesse
á merendar á su casa, porque aquel dia se havia de hacer en ella la
matanza de un cerdo._ Un muchacho, que passaba por ingenio milagroso,
le llevó el dia siguiente la siguiente estropha:
_Domine Petre, Domine Pagane,_
_Corbius rogat, velis ut, Andreas,_
_Vesperi quarta mactabimus suem,_
_Ad se venire._
15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y
luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de
Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial;
mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y
otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se
llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se
hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí
adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo,
fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del
Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle
jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.
16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia
la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse
observar el carácter y la diferencia de los mejores Poetas; esperar,
que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos;
pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos,
ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él
lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la
inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un
poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril.
Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas
ó ventosidades poéticas de Ovidio:
_Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:_
_Egelidum boream, egelidumque notum._
Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra
cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella
recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le
dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre
los Oradores:
_O fortunatam natam, me Consule, Romam!_
17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel
Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro
cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan
escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso.
Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:
_Consternabatur Constantinopolitanus?_
Y con todo esso no le falta sýlaba. Assí, pues, todo su mayor empeño
y todo su conato le ponia en enseñar á sus muchachos puntualmente
todo aquello, que en materia de Poesía debieran ignorar, ó saberlo
únicamente para abominarlo, ó para hacer de ello una solemníssima
burla, como la hacen quantos hombres de pelo en pecho merecen hacerse
la barba en el Parnasso. Por mal de sus pecados havia caído en sus
manos cierta obra de un Escritor de este Siglo, intitulada: _de
Poesia Germanorum symbolica_, de la Poesía symbólica de los Alemanes;
en la qual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de tantas
especies de versos Leoninos, Alexandrinos, Acrósticos, Chronológicos,
Geroglíficos, Cancrinos, Pyramidales, Laberýnthicos, Cruciformes, y
otras mil varatijas, como ha inventado aquella Nacion, por otra parte
docta, ingeniosa, y sesuda, pero en este particular, de un gusto tan
extravagante, que ha dado mucho que admirar, y no poco que reír á
las demas Naciones, aunque muy rara será aquella, á quien no la haya
pegado este contagio; bien assí como el de las viruelas, que por lo
comun solo se pegan á los niños, y á los muchachos de poca edad, de la
misma manera esta ridiculíssima epidemia, por lo regular, solo cunde
en Poetillas rapaces, que aún no tienen uso de razon poética; y, si
tal vez inficiona á algun adulto, es mal incurable, ó punto ménos que
desesperado.
18. A todas las demas castas de versos preferia Zancas-largas los que
son de la peor casta de todos, esto es, los Leoninos ó aconsonantados,
que fueron, en opinion muy probable, los que introduxeron en el mundo
Poético la perversa secta de las rimas, ó de los consonantes, que
con su cola de dragon arrastró tras de sí la tercera parte de las
estrellas; quiero decir, que ha sido la perdicion de tantos nobles
ingenios, los quales huvieran enriquecido á la posteridad con mil
divinidades, y por estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone),
felizmente ignorados de toda la antigüedad, la dexaron un thesoro
inagotable de pobrezas, de impropriedades, y de ripios insufribles.
Encaprichado nuestro Dómine en su mal aconsejada opinion, juraba por
los Dioses immortales, que toda la Ilíada de Homero, toda la Eneida de
Virgilio, y toda la Pharsalia de Lucano, no valian aquel solo dísticho,
con que Mureto hizo burla de Gambarra, Poeta Antuerpiense, salva empero
la suciedad, la hediondez, y el mal olor, que esso no era de quenta de
la Poesía.
_Credite, vestratum merdosa volumina vatum_
_Non sunt nostrates tergere digna nates._
19. Por fin y por postre, los instruía en la que él llamaba _divina
ciencia_ de los Equívocos y de los Anagrammas; y de esta última
con especialidad estaba furiosamente enamorado. «Un Anagramma
perfecto, decia, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza de
delicadezas, elevacion de elevaciones, en una palabra, es el _Lydius
lapis_, ó la piedra de toque de los ingenios castizos, de ley, y de
quilates. Donde hay en el mundo cosa, v. gr. como llamar _bolo_ al
_lobo_, y _lobo_ al _bolo_, como decir _pace_ al Gato, y _zape_ al
Buey, quando está paciendo? Pues qué? si en una oracion perfecta se
dissimula no ménos que un nombre, y un par de apellidos, sin faltar ni
sobrar sýlaba ni letra, como, por exemplo, el bello disfraz, con que
el Autor de cierto escrito moderno ocultó, y salió en público con su
nombre y aledaños, diciendo en el fróntis de la obra: _Homo impugnat
lites_, y concluyéndola con un _pinguet olim_, que vale un Potosí,
por quanto es perfectíssimo anagramma de sus dos apellidos, y una y
otra oracion tienen unos significados propíssimos, y que se pierden de
vista. Anagrammas hay imperfectos, que con ser assí que lo son, son de
un valor inestimable, y en su misma imperfeccion tienen mas gracia, que
toda la que se pondera en las insulseces de Owen y de Marcial. Por
exemplo: el que hizo un Anagramma del apellido _Osma_, y dixo _Asno_,
_y sobra una pierna_,[22] no merecia por este solo dicho, que le
erigiessen una estatua en el Capitolio de Minerva? Y mereceria ménos el
otro, que, haviendo encontrado en el nombre y apellido de cierto Obispo
este anagramma: _Tú serás Cardenal_, pero sobraban dos _ll_, que no
podia acomodar, añadió: _Y sobran dos ll, para látigos de la posta, que
ha de traher la noticia?_ Desengañémonos, que esto de los Anagrammas
es cosa divina, digan lo que dixeren media docena de bufones, que
los tienen por juego de niños, y que nos quieren decir, que aquello
de Marcial: _Turpe est difficiles habere nugas, et stultus labor est
ineptiarum_, está bien aplicado á los Anagrammatistas. Y ménos fuerza
me hace la otra sátyra del indigesto Adrian de Valois, que, porque él
no sabia, qual era su Anagramma derecho, cantó este bello epiphónema á
deum de dere.
_Citharœdus esse qui nequit, sit Aulœdus:_
_Anagrammatista, qui Poeta non sperat._
Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le digo, que el que no
supiere hacer Anagrammas, no espere ser Poeta en los dias de su vida; y
el que los hiciere buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino,
para ser un Poetazo de á folio; porque, si la Poesía no es mas, que un
noble trastornamiento de las palabras, los Anagrammas no son otra cosa,
que un bello trastornamiento de las letras. Y váyase muy enhoramala el
otro Colletet, ó Coletillo, que dixo con bien poco temor de Dios:
_Esso de hacer Anagrammas,_
_Y andar trastornando letras,_
_Lo hacen solo los que tienen_
_Trastornada la cabeza._»