En que se trata de lo que el mismo dirá.
Cinco años, quatro meses, veinte dias, tres horas, y siete minutos
gastó nuestro Gerundio en aprender estas y otras impertinencias de la
misma estofa (segun una puntualíssima leyenda antigua, que nos dexó
exactamente apuntados hasta los ápices de la Chronología); y cargado,
á entera satisfaccion del Dómine, de figuras, de reglas, de versos,
de hymnos, y de lecciones de Breviario, que tambien hacia construir á
sus discípulos y tomarlas de memoria, por ser un admirable prontuario
para los Exámenes de Ordenes, se restituyó á Campazas un dia del mes
de mayo, que nota el susodicho Chrónicon, havia amanecido pardo, y
continuó despues lluvioso. Convienen todos los gravíssimos Autores, que
dexaron escritas las cosas de este insigne hombre, en que, siendo assí,
que el Dómine era grande azotador, y que especialmente en errando un
muchacho un punto de algun hymno, la cantidad de una sýlaba, el acomodo
de un Anagramma, y cosas á este tenor, iba al rincon irremissiblemente,
aunque le atestasse el gorro de parces. Con todo esso, nuestro Gerundio
era tan exacto en todo, y supo guardar tan bien su coleto, que en todo
el susodicho tiempo, que gastó en estudiar la Gramática, no llevó mas
que quatro cientas y diez vueltas de azotes, por quenta ajustada,
que apénas salen tres cada semana: cosa, que admiró á los que tenian
noticia del rigor y de la severidad de Zancas-largas. No causa ménos
admiracion, que en todo el discurso de este tiempo no huviesse hecho
Gerundio novillos del Estudio, sino doce veces, segun un Autor, ó
trece, segun otro, y essas siempre con causas legítimas y urgentes;
porque una los hizo por ir á ver unos Toros á la Bañeza, otra por ir
á la Romería del Christo de Villaquexida, otras dos por ir á cazar
pájaros con liga á una zarza, junto á una fuente, que havia tres leguas
del Lugar, donde estudiaba, y assí de todas las demas; lo que acredita
bien su aplicacion, y el grande amor que tenia al Estudio. Tambien
asseguran los mismos Autores, que en todo él no havia muchacho mas
quieto, ni mas pacífico. Jamas se reconocieron en él otros enredos,
ni otras travesuras, que el gustazo que tenia en _echar gatas_ á los
nuevos, que iban á su posada: esto es, que despues de acostados, los
dexaba dormir, y, haciendo de un bramante un lazo corredizo, le echaba
con grandíssima suavidad al dedo pulgar del pié derecho ó izquierdo
del que estaba dormido; despues se retiraba él á su cama con el
mayor dissimulo, y tirando poco á poco del bramante, conforme se iba
estrechando el lazo, iba el dolor dispertando al paciente, y este
iba chillando, á proporcion que el dolor le afligia, el qual tambien
iba creciendo, conforme Gerundio iba tirando del cordel: y como el
pobre paciente no veía quien le hacia el daño, ni podia presumir, que
fuesse alguno de sus compañeros, porque á este tiempo todos roncaban
adredemente, fingiendo un profundíssimo sueño, gritaba el pobrecito,
que las Brujas ó el Duende le arrancaban el dedo. Y si bien es verdad,
que dos ó tres niños estuvieron para perderle, pero siempre se tenia
por una travesura muy innocente, y mas diciendo Gerundio por la mañana,
que lo havia hecho por entretenimiento, y no mas que para reír. Por lo
demas era quietíssimo, pues havia semana, en que apénas descalabraba
á media docena de muchachos; y en los cinco años bien cumplidos, que
estuvo en una misma posada, nunca quebró un plato ni una escudilla; y
lo mas que hizo en esta materia, fué en quatro ocasiones hacer pedazos
toda la vasija, que havia en el basar; pero esso fué con grande motivo,
porque un gato rojo, á quien queria mucho el Ama, le havia comido el
torrezno gordo, que tenia para cenar. Su compostura en la Iglesia del
Lugar, adonde todos los Estudiantes iban á oír Missa de Comunidad,
era exemplar y edificante. No havia que pensar, que nuestro Gerundio
volviesse la cabeza á un lado ni á otro, como veleta de Campanario, ni
que tirasse de la capa al muchacho, que estaba delante, ni que, mojando
con saliva la extremidad de una pajita, se la arrimasse suavemente á
la oreja ó al pescuezo, como que era una mosca; ni mucho ménos, que se
entretuviesse en hacer una cadena con lo que sobraba del cordon del
justillo ó de la almilla, tirando despues por la punta, para deshacerla
de repente. Todos estos enredos, con que suelen divertir la Missa los
muchachos, le daban en rostro, y le parecian muy mal. Nuestro Gerundio
siempre estaba con la cabeza fixa enfrente del Altar, y con los ojos
clavados en las fábulas de Esopo, construyéndolas una y muchas veces
con grandíssima devocion.
2. Vuelto á Campazas, quien podrá ponderar la alegría y las
demonstraciones de cariño, con que fué recibido del Tio Anton, de la
Tia Catanla, del Cura del Lugar, y de su Padrino el Licenciado Quijano,
que eran los continuos commensales de la casa de Anton Zotes; y apénas
havian salido de ella, desde que supieron, que ya havia ido la burra
por Gerundio.[7]
3. Despues de los primeros abrazos, que le dieron todos, se quedaron
atónitos y aturdidos al verle echar españadas de latin por aquella
boca, que era un juicio. Hablóse luego, como era natural, del
Preceptor, y el chico exclamó al instante: _Proh Dii immortales!
Mystagogus meus est homo, qui amittitur de conspectu_: O Dioses
immortales! Mi Maestro es un hombre, que se pierde de vista.
Preguntáronle, si havia muchos muchachos? y al punto respondió:
_Qui numeret stellas, poterit numerare puellas_:
El que pudiere contar el número de las estrellas, podrá contar el
número de los muchachos. Su Padrino el Licenciado Quijano, que era el
ménos Romancista de todos los circunstantes, le dixo: «mira hombre,
que _puellas_ no significa muchachos, sino muchachas». -- «_Pace tua
dixerim, Domine Dripane_, le replicó su ahijado: _puella puellæ_ es
epiceno _juxta illud_: _Uno epicena vocant Graii, promiscua nostri._»
No tuvo qué responderle el Padrino, y solamente le preguntó, por qué
le llamaba _Dripane_, que le sonaba á cosa de mote, y le parecia
atrevimiento. «_Neutiquam per medium fidium!_ le respondió Gerundio,
sonriéndose, y como quien se burlaba de su ignorancia: _Dripane est
Anagrammaton de Padrine; et Anagrammaton figura est, qua unius vel
plurium vocum litteræ transponuntur, vel invertuntur_. Y assí, señor
Padrino, con licencia de usted, y para que lo entiendan todos, si
en lugar de decir _mi Madre_, dixera _mi Merda_, y en vez de decir
_Antonio Zotes_, dixera _ó Tina_, _ó Zesto_, _y sobran dos piernas_,
tan léjos estaria de perderlos el respeto, que usaria de una de las
figuras mas delicadas y mas ingeniosas que hay en toda la Rhetórica.»
4. Con estas y otras necedades de la misma calaña, passaba Gerundio el
tiempo, dando muestras de sus grandes progressos en la Latinidad, y
esperando á que llegasse San Lucas, para dar principio á las Súmulas;
quando ázia la mitad del Verano passó por su casa y se detuvo en ella
algunos dias el Provincial de cierta Orden, Varon religioso y docto.
Componíase su comitiva, como se acostumbra, de otro Padre grave, que
era su Socio y Secretario, y de un Lego rollizo, despejado, mañoso,
y de pujanza, que en los caminos servia para los menesteres de las
posadas, y en los Conventos para los oficios de la Celda. Era el Lego
de buen humor, nada gazmoño, y mucho ménos que nada escrupuloso. Dábale
á Gerundio periquitos, rosquillas, y alcorzas, con que le havian
regalado unas Monjas, cuyo Convento acababan de visitar. Con esto se
le aficionó mucho el muchacho, y tambien con los cuentos y chistes,
que contaba entre la familia, miéntras su Paternidad y el Secretario
dormian la siesta, que el Lego no gustaba de dormir, y dicen, que los
contaba con gracia. Por las tardes, luego que acababan de refrescar los
dos Padres graves, el Lego se salia á passear con Gerundio, y este le
llevaba unas veces á las Eras, otras al Humilladero, y otras al Majuelo
de su padre, que linda con el Carrascal. En estas conversaciones vertia
el muchacho todos los disparates, que havia aprendido con el Dómine; y,
como el Lego le oía hablar tanto en Latin, que para él era lo mismo que
Griego, y por otra parte el chico era bien dispuesto y desembarazado,
parecíale, que podia ser muy á propósito para la Orden, y assí comenzó
á cathequizarle.
5. Decíale, que en el mundo no havia mejor vida que la de Frayle,
porque el mas topo tenia la racion segura, y en assistiendo á su
Choro, santas pasquas; que el que tenia mediano ingenio iba por la
carrera de Maestro, ó por la carrera de Predicador; y que, aunque la
de las Leturías era mas lucida, la del Púlpito era mas descansada y
mas lucrosa, pues conocia él Predicadores Generales,[23] que en su
vida havian sacado un Sermon de su cabeza, y con todo esso eran unos
Predicadores, que se perdian de vista, y havian ganado muchíssimo
dinero; y que en fin, en jubilando por una ó por otro carrera, lo
passaban como unos Obispos. «Pues qué, la vida de los Colegiales!
que assí llamamos á los que están en los Estudios. Ni el Rey ni el
Papa la tienen mejor, por lo ménos mas alegre. Algunas crugías passan
con los Lectores, y con los Maestros de Estudiantes, si son un poco
ridículos, ó zelosos de que estudien; pero qué importa, si se la pegan
guapamente? Nunca comen mejor, que quando les dan algun pan y agua
por flojos, porque no llevaron la leccion, ó porque se quedaron en
la cama; pues entónces los demas compañeros los guardan en la manga
lo mejor de su pitanza, y comen como unos Abades. Ahora: la bulla,
la fiesta, la chacota, que tienen entre sí, quando están solos; los
choscos que se dan unos á otros, esso es un juicio, y han sucedido
lances preciosíssimos. Es verdad, que si los pillan lo pagan, y hay
despojos que cantan mysterio: pero _datus sunt passatus sunt_. De la
vida de los Novicios no se hable: ya se ve, que assisten siempre al
Choro, que nunca faltan á Maytines, que ayudan las Missas, que tienen
mucha oracion y muchas disciplinas, que andan con los ojos baxos, y con
la cabeza colgando, á manera de higo maduro; pero esso es una friolera:
en volviendo la suya el Maestro, ó en aquellos ratos de libertad y de
assueto, que los dan de quando en quando, hay la zambra y la trisca,
que se hunde el Noviciato: juegan á la gallina-ciega, á fiel-derecho, y
á los batanes, que no hay otra cosa que ver.»
6. No se puede ponderar el gusto, con que oía nuestro Gerundio
esta indiscreta pintura de la Vida religiosa, representada con mas
imprudencia, que verdad; pues, descubriendo únicamente las travesuras
de los religiosos imperfectos, ocultaba la severidad, con que se
reprendian y se castigaban, dissimulando el rigor, con que se zelaba
la observancia, y lo mucho que pide á todos sus individuos qualquiera
Religion, por mitigada que sea. Pero al bueno del Lego le parecia, que
como él, una por una, le metiesse al chico en el cuerpo la vocacion,
hacia una gran cosa, y que lo demas allá lo veria. Con efecto se la
metió tan metidamente, que desde luego dixo á su Cathequista, que,
aunque le ahorcassen, havia de ser Frayle de su Orden, y que aquella
misma noche havia de pedir el Hábito al Padre Provincial delante de
sus padres. El Lego le dió un abrazo, dos corazones de alcorza, y
un escapulario con cintas coloradas, y su escudo bordado de hilo de
oro, con lo qual se le arraygó la vocacion, de manera que ya no le
quitarian de ser Frayle, aunque le dieran el Curato de su mismo Lugar.
Y mas, que el Lego le instruyó en el modo con que se havia de explicar
con el Provincial, y que, despues de haver conseguido el sí, le havia
de pedir, que él mismo fuesse su Padre de Hábito; pues de essa manera
asseguraba su fortuna, por quanto el partido de su Paternidad era
el que mandaba, y mandaria verisímilmente por algunos años, puesto
que apénas havia Definidor, Jubilado, ni Prelado Conventual, que no
fuesse hijo ó nieto de su Reverendíssima, esto es, ó discípulo suyo, ó
discípulo de sus discípulos, y que assí se llevaba los Capítulos en el
pico, disponiendo en ellos á destajo, quanto se le antojaba.
7. Siglos se le hicieron á Gerundio las horas, que faltaban hasta
la de cenar, y llegada esta, se sentó á la mesa junto á sus padres,
con el Provincial y Secretario, como acostumbraba: pero, en vez de
que otros dias los divertia mucho con sus intrepideces, latines,
anagrammas, y versos de memoria, que decia á borbotones, aquella
noche, segun la instruccion del socarron del Lego, se mostró mustio,
cabiz-baxo, y desganado. Picábanle por aquí y por allí, mas él apénas
hablaba palabra; hasta que, levantados los manteles, el Provincial y el
Secretario le hicieron sentar entre los dos, comenzaron á acariciarle
mucho, y le preguntaron qué tenia. Despues que se hizo bien de rogar, y
de burlas ó de veras se le assomaron algunas lagrymitas, dixo por fin
y por postre, que queria ser Frayle de su Orden, y que, aunque fuesse
á pié, se havia de ir tras ellos, hasta que le diessen el Hábito. Al
oír esto la buena de la Catanla, volviéndose á su marido, puestas ó
encrucijadas las manos, y meneando la cabeza, le dixo con la mayor
bondad del mundo: _No te lo dixe yo, mi Anton, que al cabo el chico
havia de ser Flayre? No ves como se cumpre el prefacio de aquel bendito
Lego, que pernosticó, que este niño havia de ser un gran Perdicador?_
Y volviéndose despues á Gerundio, echándole la bendicion, le dixo:
_Anda bendito de Dios, con la bendicion de su Divina Magestad, y con
la mia; que, aunque te venia una Capellanía de sangre, y tu Padrino
el Licenciado Quijano queria persignar en tí el Beneficio simpre de
Berrocal de arriba, mas te quiero ver en un Cúlpito convirtiendo almas,
que si te viera Arcipeste de todo el partido_. Anton Zotes, que era
bueno como el buen pan, solo respondió: _Yo por mí, como sea buen
Flayre, mas q’aga lo que quisiere, porque los padres no podemos quitar
la voluntad á los hijos_.
8. Viendo el Provincial lo poco, que havia que hacer por parte de
los Padres, y conociendo, que el muchacho tenia en realidad viveza y
habilidad, y que los disparates, que le havian enseñado, eran efectos
de la mala Escuela, los que se podia esperar, que con el tiempo y
con los libros los conociesse y emendasse, desde luego ofreció que
le recibiria, y que él mismo le daria el Hábito, y seria siempre su
Padre y su Padrino. Pero, como era Varon docto y Religioso, y el
punto era tan sério, temió, que fuesse alguna veleydad de muchacho, ó
que á lo ménos quisiesse abrazar aquel estado atolondradamente y sin
conocimiento de lo que abrazaba; y para cumplir con su conciencia, con
su oficio, y con su grande entendimiento, resolvió desengañarle delante
de sus mismos padres, y assí le habló de esta manera.
9. «Sabes, hijo mio, lo que es el estado Religioso? Es una Cruz, en
que se enclava el alma con los tres Votos Religiosos, desde el mismo
punto en que los hace, y no se desprende de ella, hasta que espira.
Es un martyrio continuado, que comienza quando se abraza, y se acaba
quando se dexa, advirtiéndote, que solo se puede dexar, ó perdiendo la
vida, ó abandonando la honra, y tambien con ella el alma. Es un estado
de humildad, todo de mortificacion, y todo de obediencia. El que no
se desprecia á sí mismo, esse es el mas despreciado de todos; ninguno
es mas mortificado, que el que ménos se mortifica, con el desconsuelo
de que padece mas, y merece ménos. Al que no quiere ser obediente, se
le obliga á ser esclavo. Ves estas nevadas canas, que blanquéan mi
cabeza? (al decir esto, se quitó un becoquin ó escofieta, que trahia
en ella): pues sábete, que ha veinte años, que me la cubren, me la
desfiguran, y desmienten los que tengo, que aún hoy faltan algunos para
llegar á cinquenta; y nunca se anticipa tanto el color tardío de estas
naturales plantas, sino quando las desseca el calor de las pesadumbres;
y puedes observar, que apénas hay Religioso, que no encanezca por
razon de estado muchos años ántes de lo que debiera por la edad.
Ciertamente, que esta violencia, que se hace á la naturaleza, no puede
tener regularmente otro principio, que la que se hace voluntaria ó
involuntariamente al natural.»
10. «Como nunca has tratado mas Religiosos, que los que la caridad de
nuestros hermanos y tus padres hospeda christiana y piadosamente en su
casa, temo, que alguno ménos prudente (pues no podemos negar que en
todas partes los hay,) te haya pintado la Religion, como aquel Pintor,
que para ocultar la deformidad de Philipo, Padre de Alexandro, á quien
le faltaba un ojo, le pintó á medio perfil, representándole solo por
aquel lado de la cara, que no era defectuoso, y cubriendo el otro con
el lienzo. Quiero decir, temo, que solo te hayan pintado á la Religion
por donde puede agradarte, ocultándote artificiosamente aquello, por
donde pudiera retraher tu natural inclinacion. Sí, hijo mio, hay en
el estado Religioso hombres graves, justamente atendidos por sus
méritos con privilegios y con exenciones; pero no hay, ni puede haver
privilegios contra la obediencia, ni contra la observancia, ni hasta
ahora se han descubierto en el mundo exenciones de las pesadumbres
y de los trabajos. Qué importa, que á essos Padres graves les sobre
quanto han menester en la Celda, si, en caso de no ser ajustados, los
falta lo que mas necessitan en el corazon? Tampoco te negaré, que en
la Religion mas estrecha se encuentran inobservantes, y tal vez se ve
algun escandaloso. Pero tambien en el Cielo huvo Angeles apóstatas, en
el Paraíso hombres inobedientes, y en el Colegio Apostólico un alevoso,
un presumido, un inconstante, un incrédulo, y muchos cobardes, y ni
el Cielo dexó de ser un Cielo, ni el Paraíso Paraíso, ni el Colegio
Apostólico la Comunidad mas Santa, que ha havido, ni ha de haver en
el mundo. No se llama perfecto un estado, porque no se hallen en él
hombres defectuosos, sino porque, á los que lo son, se les corrige,
y á los que no se corrigen, no se les tolera; porque, ó se les corta
como miembros podridos, para que no inficionen á los sanos, ó se les
conjura como á las tempestades, para que vayan á descargar, donde á
ninguno hagan daño: quiero decir, que encerrados de por vida entre
quatro paredes, ó la pena les hace entrar en sí mismos, y entónces
son verdaderamente felices; ó, si con la desesperacion echan el sello
á su desgracia, solo se perjudican á sí propios, y passan solos de
un infierno á otro, del temporal al eterno. Assí, pues, hijo mio, si
quieres ser Religioso, has de hacer ánimo á que, si fueres bueno, has
de vivir y morir en una perpetua Cruz; si fueres malo, aun vivirás y
morirás mas atormentado; y de qualquiera manera siempre te aguarda un
martyrio, que durará miéntras te durare la vida. Yo he cumplido con
lo que á mí me toca; tú ahora resolverás lo que te pareciere, en la
inteligencia de que, si, no obstante la claridad con que te hablo, te
determinares á abrazarte con la Cruz, yo, como Padre y como Padrino
tuyo, que desde luego me constituyo por tal, aunque no pueda quitártela
de los hombros, haré quanto me sea possible por aligerártela, salva
siempre la religiosa observancia.»
11. Atentíssimos estuvieron Anton Zotes y la buena de Catanla á la
discreta harenga del prudente y piadoso Provincial, y no dexaron de
enternecerse un si es no es, tanto que la última tuvo necessidad de
limpiarse los ojos y las narices, estas con el delantal, y aquellos
con la punta de la toca. Pero Gerundio la oyó con grandíssima
serenidad y sin ninguna atencion, pensando solo, como havia de jugar
á fiel-derecho, quando estuviesse en el Noviciado; en dar ya trazas,
como pegársela al Despensero, corriendo un par de raciones cada
semana, y figurándose ya en su imaginacion el mayor Predicador de
toda aquella tierra; confessando despues, que, miéntras el Provincial
estaba hablando, él estaba ideando una plática de disciplinantes, para
quando le echassen la Semana Santa de Campazas. A esto contribuyó
tambien, que el bellacon del Lego se puso donde, sin ser visto del
Provincial, pudiesse serlo de Gerundio, y, quando este ponderaba alguna
cosa, aquel le guiñaba el ojo, y le hacia señas con la cabeza, como
que no hiciesse caso de lo que le decia: con que, luego que acabó de
hablar aquel Prelado, el muchacho se cerró en que queria ser Frayle, y
que, si otros passaban por todas aquellas cosas, él tambien passaria
por ellas, sin dar otra razon chica ni grande. Viéndole todos tan
resuelto, se determinó, que lo que havia de ser tarde fuesse luego,
porque, teniendo ya quince años, estaba en la mejor edad para entrar en
Religion: y assí, dentro de dos dias, el Provincial, con su comitiva,
acompañado de Gerundio, de su padre, de su madre, y del Licenciado
Quijano, su Padrino, que quiso hacer la costa de la entrada, se fueron
á un Convento de la Orden, no muy distante de Campazas, donde el mismo
Provincial le puso por su mano el Hábito con grande solemnidad; y assí
al Prelado de la Casa, como al Maestro de Novicios, se le dexó muy
recomendado, al fin como cosa suya.