CAPITULO VIII.

Sale Gerundio de la escuela del Dómine, hecho un Latino horroroso.

Despues de haverse echado el Preceptor á sí mismo tan terrible

maldicion, que, si por nuestros pecados le huviera comprehendido,

quedaria la Latinidad Preceptoril defraudada de uno de sus mas

ridículos ornamentos, passaba á instruir á sus discípulos de las buenas

partes, de que se compone un Libro latino. «Despues del título del

Libro, los decia, se siguen los títulos ó los dictados del Autor; y

assí como la estruendosa, magnífica, é intrincada retumbancia del

título excita naturalmente la curiosidad de los Lectores; assí los

dictados, títulos, y empléos del Autor dan desde luego á conocer á todo

el mundo el mérito de la Obra. Porque claro está, que viendo un Libro

compuesto por un Maestro de Theología, un Cathedrático de Prima, y mas

si es del Gremio y Claustro de alguna Universidad, por un Abad, por un

Prior, por un Definidor: pues qué si se le añade un _Ex_ á muchos de

sus dictados, como Ex-Definidor, Ex-Provincial, &c. y se le junta que

es Theólogo de la Nunciatura, de la Junta de la Concepcion, Consultor

de la Suprema, Predicador de su Magestad de los del Número: sobre todo,

si en los títulos se leen media docena de _Protos_, con algunos pocos

de _Archis_, como Proto-Médico, Proto-Philo-Mathemático, Proto-Chýmico,

Archi-Historiógrapho? De contado es una grandíssima recomendacion de

la Obra, y qualquiera, que tenga el entendimiento bien puesto, y el

juicio en su lugar, no ha menester mas para creer, que un Autor tan

condecorado no puede producir cosa, que no sea exquisitíssima; y entra

á leer el Libro ya con un conceptazo de la sabiduría del Autor, que

le aturrulla. Bien hayan nuestros Españoles, y tambien los Alemanes,

que en esso dan buen exemplo á la República de las Letras; pues,

aunque no impriman mas que un Folleto, sea en latin, sea en romance,

un Sermoncete, una Oracioncilla, y tal vez una mera Consulta Moral,

ponen en el fróntis todo lo que son, y todo lo que fueron, y aun todo

lo que pudieron ser, para que el Lector no se equivoque, y sepa quien

es el sugeto que le habla; que no es ménos que un Lector Jubilado,

un Secretario General, un Visitador, un Provincial, y uno que estuvo

consultado para Obispo. Assí debe ser; pues sobre lo que esto cede

en recomendacion de la Obra, se adelanta una ventaja, que pocos han

reflexionado dignamente. Hoy se usan en todas partes Bibliothecas de

los Escritores de todas las Naciones, en que á lo ménos es menester

expressar la patria, la edad, los empléos, y las obras que dió á luz

cada Escritor, de quien se trata. Pues con esta moda de poner el

Escritor todos sus dictados, y mas, si tienen cuidado de declarar la

patria donde nacieron, como loablemente lo practican muchos, por no

defraudarla de essa gloria, diciendo: _N. N. Generosus Valentinus,

Nobilis Cesaraugustanus, clarissimus Cordubensis, & reliqua_, ahorran

al pobre Bibliothechista mucho trabajo, pesquisas y dinero; porque, en

abriendo qualquiera Obra del Escritor, halla su vida escrita por él

mismo, ante todas cosas.»

2. «Y aun por esso, no solo no condeno, sino que alabo muchíssimo á

ciertos Escritores modernos, que, si se ofrece buena ocasion, se

dexan caer en alguna obrilla suya la noticia de las demas Obras, que

ántes dieron á luz, ya para que allí las encuentre juntas el curioso,

y ya para que algun malsin no les prohije partos, que no son suyos,

pues por la diversidad del estilo se puede sacar concluyentemente

la suposicion del hijo espurio. Por este importantíssimo motivo se

vió precisado á dar individual noticia de todas, ó casi todas _las

producciones_, con que hasta allí havia enriquecido á la República

Literaria cierto Escritor Neotérico, culto, terso, aliñado y

exactíssimo Ortográphico hasta la prolixidad, y hasta el escrúpulo.

Un Autor Columbino y Serpentino, que todo lo juntaba, pues decia el

Pericon mismo, que se llamaba _Fr. Columbo Serpiente_, dió á luz

un papelon, que se intitulaba: _Derrota de los Alanos_, contra el

doctíssimo, el eloquentíssimo, y el modestíssimo M. Soto-Marne; pues no

porque el Rey y el Consejo sean de parecer contrario, y le huviessen

negado la licencia de escribir ó de imprimir contra esse pobre hombre

del Maestro Feyjoó, nos quitan á los demas la libertad de juzgar lo

que nos pareciere. Sospechóse y díxose en cierta Comunidad que el

Autor del tal derrotado ó derrotador papel era Fulano. Ya se ve, qué

injuria mas atroz, que esta sospecha! ni qué agravio mas público,

que el discurso de quatro amigos en la Celda de un Convento! Monta

en cólera el irritadíssimo Doctor: enristra la pluma, y escribe una

Carta dirigida á cierto hermano suyo, que era casi-Lector en aquella

Comunidad: dala á la estampa, y espárcela por España, para que venga

á noticia de todos su agravio, y su satisfaccion, que sin duda era

grandíssima. Y despues de haver tratado á la tal _Derrota_ como

merecia, llamándola _derrota de la conciencia y la urbanidad, derrota

de la lengua Castellana, derrota de la erudicion, derrota d’el gracejo,

derrota d’el méthodo, derrota de la Ortographía, y derrota al fin de

todas las derrotas, que toman las nobles plumas en el mar de la Crítica

y de las Letras_, añade: _Nada hai en ella, que pueda llamarse cosa

mia. Ni locucion, ni phrase, ni contextura, ni transiciones, ni el modo

de traher las noticias, ni la falta de aliño, ni la impropiedad de las

voces, ni la grosería d’el dicterio, ni lo ramplon de unos apodos, i la

improporcion de otros: i para decirlo de una vez, ni aquella falta de

aire subtilíssimo, que dá en los escritos á conocer sus Auctores, i no

lo perciben mas que los entendimientos bien abiertos de poros._ Que es

lo mismo que decir: Hermano, si tus Frayles no fueran tan cerrados de

poros, ó no tuvieron el entendimiento constipado, á mil leguas olerian,

que no era, ni podia ser obra mia essa derrota; porque en todas mis

Obras la locucion es tersa, la phrase culta, la contextura natural, las

transiciones ni de encaje, el modo de traher las noticias, ni aunque

vinieran en silla de manos; las voces propiíssimas, los dicterios

delicados, los apodos no ramplones, sino con mas de quatro dedos de

tacon. Aunque no fuera mas que por la Ortographía, qualquiera, que

no estuviesse arromadizado, podria oler, que, si fuera cosa mia la

Derrota, no permitiria, que se imprimiesse como se imprimió, aunque

supiera quedarme sin borla. Permitir yo, que se escribiesse la

conjuncion con la _y_ Griega, y no con _i_ Latina! Tolerar que en mis

Obras se estampasse _de el Padre_, _de la agua_, _de ayer acá_, y no

con el apóstrophe, que las dá tanta sal y tanto chiste, escribiendo

_d’ayer acá_, _de l’agua_, _d’el Padre_! Vaya, que es falta de

criterio, y no tener olfato para percibir aquel _ayre subtilíssimo, que

dá en los escritos á conocer sus Auctores_: y el que no conociere, que

mis escritos están llenos de este ayre, no vale para podenco; declárole

por mastin.»

3. «_Prueba perentoria de quanto digo sean mis producciones._ Ahora

entra lo que ántes os decia (continuaba el Dómine, hablando con sus

discípulos) del cuidado que tienen los Escritores de mejor nota, no

solo de authorizar sus Obras con todos sus dictados, sino de dexarse

caer en alguna de ellas la importante noticia de todas las que las

han precedido. Y no hablando de las Latinas, que á la sazon quando se

escribió dicha Carta, se sabe que serian como media docena de Arengas,

y otra tanta porcion de Dedicatorias: _De las Hespañolas en prosa i

verso_ (prosigue nuestro Autor), _unas guardan clausura en el retiro

de mi Celda.... otras andan como vergonzantes, embozadas siempre con

los retazos de un acertijo, cuyo ribete es un anagramma: otras, en

fin, llevan todo el tren de mis nombres i apellidos, campanillas i

cascabeles_. Y haveis de saber, hijos (interrumpia aquí el socarron

del Dómine), que en esto de cascabeles son muchos los que los tienen.

_D’este calibre son_ (esto es, del calibre de los cascabeles) _la

aprobacion, que dí á un Sermon del P. M.... la que hice al Sermon de...

la que está en el libro de las siestas de... una Oracion que pronuncié

en el Capítulo de mi Orden, otra que dixe en las Exequias de... el

libro de las siestas de... Y qué sé yo qué mas!_ Veis aquí una noticia

curiosa, individual, y menuda de unas obras de grandíssima importancia,

que qualquiera Autor que mañana quiera proseguir la _Bibliotheca

Hispana_ de Don Nicolas Antonio, las encuentra á mano en esta Carta, y

por lo ménos hasta el año de 1750 sabe puntualmente todas las obras,

que dió á luz nuestro gravíssimo Escritor, con _sus nombres, apellidos,

campanillas, y cascabeles_.»

4. «Yo bien sé, que algunos Críticos modernos hacen gran burla de

esta moda, tratándola de charlatanería y de titulomanía, con otras

voces dissonantes, y _piarum aurium_ ofensivas, pretendiendo, que es

una vana ostentacion, y muy impertinente para dar recomendacion á la

obra, pues dicen, que esta no se hace recomendable por los dictados

del Autor, sino por lo bien ó mal dictada, que esté ella. Trahen-nos

el exemplar de los Franceses y de los Italianos, que por lo comun

nunca ponen mas que el nombre, el apellido, y á lo mas la profession

del Autor, aun en las obras mas célebres y de mas largo aliento

(gústame mucho esta phrase), como: _Historia Romana por Monsieur

Rollin. Mabillon, Benedictino, de la Congregacion de S. Mauro, de Re

diplomatica. Historia Ecclesiástica, por el Abad Fleuri. Specimen

Orientalis Ecclesiæ, Autore Joanne Bapt. Salerno, Societ. Jesu._ Y

aún nos quieren tambien decir, que los títulos, assí magníficos como

ridículos, que han tomado algunas Academias, especialmente de Italia,

no son mas que una graciosa sátyra, con que se ríen de los títulos,

con que salen á la luz pública algunos Autores phantasmas: y que por

esso unas Academias se llaman _de los Seráphicos_, _de los Elevados_,

_de los Inflamados_, _de los Olýmpicos_, _de los Parthénicos_, _de los

Entronizados_; y otras por el contrario, _de los Obscuros_, _de los

Infecundos_, _de los Obstinados_, _de los Ofuscados_, _de los Ociosos_,

_de los Somnolientos_, _de los Inhábiles_, _de los Phantásticos_. Pero,

digan lo que quisieren estos desenterradores de las costumbres, usos,

y ritos mas loables, y estos grandíssimos bufones y burladores de las

cosas mas sérias, mas establecidas, y mas generalmente recibidas de

hombres graves, doctos, y pios, yo siempre me tiraré á un libro, cuyo

Autor salga con la comitiva de una docena de dictados, que acrediten

bien sus estudios y su literatura, ántes que á otro, cuyo Autor parece,

que sale al theatro en carnes vivas, y que no tiene siquiera un trapo,

con que cubrir su desnudez. Esto parece que es escribir en el estado

de la innocencia, y ya no estamos en esse estado. _Obras de Fr. Luis

de Granada, del Orden de Predicadores._ Miren qué insulsez! Y qué

sabemos quien fué esse Fr. Luis? _Obras del P. Luis de la Puente, de

la Compañía de Jesus._ Otro que tal! Y por donde nos consta, que este

Padre no fué por ahí algun Grangero ó Procurador de alguna Cabaña?»

5. «Y ya que viene á cuento, y hablamos de esta Religion, es cierto que

en todo lo demas la venero mucho; pero en esto de los títulos de los

libros y de los Autores, no dexa de enfadarme un poco: aquellos, por

lo comun, son llanos y sencillos; y estos, por lo regular, salen á la

calle poco ménos que en cueros: su nombre, su apellido, su profession,

y tal qual su patria, por no confundirse con otros del mismo nombre y

apellido, y santas pascuas. No parece sino que los Autores mas graves,

los de primera magnitud, hacen estudio particular de intitular sus

libros como si fueran por ahí la vida del Lazarillo de Tormes, y de

presentarse ellos, como pudiera un pobre Lego pelon. _De Religione:

Tomus primus, Autore Francisco Suarez Granatensi, Societatis Jesu. De

Concordia Gratiæ & liberi arbitrii: Autore Ludovico de Molina, Soc.

Jesu. De Controversiis Tom. I, Autore Roberto Bellarmino, Soc. Jesu._

Y, si alguno de estos añade _Presbýtero_, ya le parece, que no hay

mas que decir. No alabo esta moda, ó acaso esta manía; y, por mas que

me quieran decir, que es modestia, juicio, cordura, religiosidad, y

aun en cierta manera mayor autoridad y gravedad, no me lo persuadirán

quantos aran y caban, que parece son los Oradores mas persuasivos,

que se han descubierto hasta ahora. Y sino díganme: dexan de ser

modestos, cuerdos, religiosos, y graves aquellos Autores Jesuítas (no

son muchos), que ponen á sus obras títulos magníficos y sonorosos, como

_Theopompus, Ars magna lucis & umbræ. Pharus scientiarum, etc._ Y los

otros que no dexan de decir si son ó fueron Maestros de Theología, y

en donde, Doctores, Cathedráticos, Rectores? Díganme mas: no vemos que

hasta los Reyes ponen todos sus títulos, dictados, y Señoríos en sus

Reales Provisiones, para darlas mayor autoridad; y que lo mismo hacen

los Arzobispos, Obispos, Provisores, y quantos tienen algo que poner,

aunque sean títulos _in partibus_, ó del Kalendario, que dan señoría

simple, sin carga de residencia? Solo el Papa se contenta con decir

_Benedictus XIV, Servus Servorum Dei_, y acabóse la comission; pero

essa es humildad de la Cabeza de la Iglesia, que no hace consequencia

para los demas, y no debe traherse á colacion.» Estas últimas

razones, aunque tan ridículas, hacian grandíssima fuerza á nuestro

insigne Preceptor; y procuraba imprimírselas bien en la memoria á

sus muchachos, para que supiessen, qué libros havian de escoger y de

estimar.

6. De los títulos, assí de las obras como de los Autores, passaba á

las Dedicatorias. En primer lugar ponderaba mucho la utilíssima y

urbaníssima invencion del primero, que introduxo en el Orbe Literario

este género de obsequios; pues, sobre que tal vez un pobre Autor, que

no tiene otras rentas que su pluma, gana de comer honradamente por

un medio tan lícito y honesto, logra con esto la ocasion de alabar á

quatro amigos, y de cortejar á media docena de poderosos; los quales,

si no fueren en la realidad lo que se dice en las Dedicatorias que

son, á lo ménos sabrán lo que debieran de ser. En segundo lugar se

irritaba furiosamente contra el Autor de las _Observaciones Halenses_,

y contra algunos otros pocos de su mismo estambre, que con poco temor

de Dios, y sin miramiento por su alma, dicen con grande satisfaccion,

que esto de dedicar libros es especie de petardear, ó á lo ménos

de mendigar: «_Dedicatio librorum est species mendicandi_; y aún no

sé quien de ellos se adelanta á proferir, que el primer inventor de

las dedicatorias fué un Frayle mendicante. Blasfemia! malignidad!

ignorancia supiníssima! Pues no sabemos, que Ciceron dedicaba sus obras

á sus parientes y á sus amigos? Y Ciceron fué Frayle mendicante? No

sabemos que Virgilio dedicó, ó á lo ménos pensó dedicar su Eneida á

Augusto? Y fué Frayle mendicante Publio Virgilio Maron? Finalmente no

saben hasta los Autores Malabares, que Horacio dedicó á Mecénas todo

quanto escribió, y que de ahí vino el llamarse Mecénas qualquiera

á quien se dedica una obra, aunque por su alcurnia y por el nombre

de pila se llame Pedro Fernandez? Y no me dirán, de qué Religion

fué Frayle mendicante el Reverendíssimo P. Maestro Fray Quinto

Horacio Flacco? Assí que, hijos mios, este uso de las Dedicatorias

es antiquíssimo y muy loable, y no solo le han usado los Autores

pordioseros y mendicantes, como dicen estos bufones, sino los Papas,

los Emperadores, y los Reyes; pues vemos que S. Gregorio el grande

dedicó el libro de sus Morales á S. Leandro, Arzobispo de Sevilla:

Carlo Magno compuso un tratado contra cierto Conciliábulo, que se

celebró en Grecia para desterrar las Santas Imágenes, y le dedicó á su

Secretario Enginardo, y Henrique VIII, Rey de Inglaterra, dedicó al

Papa, y á la Iglesia Cathólica, de quien despues se separó, el libro,

que escribió en defensa de la Fé contra Luthero.»

7. -- «Y, señor Dómine, le preguntó uno de los Estudiantes, como

se hacen las Dedicatorias?» -- «Con la mayor facilidad del mundo,

respondió el Preceptor, diga lo que dixere cierto semi-autorcillo

moderno, que se anda traduciendo libretes Franceses y quiere

parecer persona, solo porque hace con el Francés lo que qualquiera

Medianistilla con el Latin; siendo assí, que hasta ahora no hemos visto

de su pegujal mas que una miserable Aclamacion del Reyno de Navarra en

la Coronacion de nuestro Rey Fernando el VI (á quien Dios immortalice):

por señas que la sacudió bravamente el polvo un papel, que salió luego

contra ella, intitulado: _Colirio para los cortos de vista_; el qual,

aunque muchíssimos dixeron, que no tocaba á la obrilla en el pelo de

la ropa, y que en suma se reducia á reimprimirla en pedazos, añadiendo

á cada trozo una buena rociada de desvergüenzas á metralla contra el

Autor, y contra los que este alababa; y, aunque tambien es verdad,

que immediatamente le prohibió la Inquisicion, pero en fin el tal

papel ponia de vuelta y media y mas negro que su sotana al susodicho

Autorcillo. Este, pues, en cierta Dedicatoria que acaba de hacer á un

gran Ministro, nos quiere persuadir, solo porque á él se le antoja,

_que no hay en todo el País de la Eloquencia Provincia mas ardua, que

la de una Dedicatoria bien hecha_.»

8. «Yo digo que no la hay mas fácil, como se quiera tomar el verdadero

gusto y el verdadero ayre de las Dedicatorias. Porque lo primero se

busca media docena de substantivos y adjetivos sonoros y metaphóricos

(y si fuere una docena, tanto mejor), los quales se han de poner en

el fróntis del Libro, de las Conclusiones, ó de la Estampa de Papel

(porque hasta estas se dedican), ántes del nombre y apellido del

Mecénas, que sean apropriados, y vengan como de molde á su carácter

y empléos. Por exemplo, si la Dedicatoria es latina y se dirige á un

Señor Obispo, el sobre-escrito, la direccion, ó el epígraphe ha de ser

á este modo: _Sapientiæ Oceano_, _Virtutum omnium Abisso_, _Charismatum

Encyclopædiæ_, _Prudentiæ Miraculo_, _Charitatis Portento_,

_Miserationum Thaumaturgo_, _Spiranti Poliantheæ_, _Bibliothecæ

Deambulanti_, _Ecclesiæ Tytani_, _Infularum mytræ_, _Hesperiæque totius

fulgentissimo Phosphoro_: _Illmo. Dño. Domino meo D. Fulano de tal_.

Si la obra se dedica á una Santa Imágen, como se dixéramos á N. Señora

de la Soledad, ó de los Dolores, hay mil cosas buenas de que echar

mano; como _Mari Amaro_, _Soli Bis-Soli_, _Orbis Orbatæ Parenti_,

_Ancillæ Liberrimæ absque Libero_, _Theotoco sine filio_, _Confictæ

non ficte Puerperæ, inquam, diris mucronibus confossæ sub Iconico

Archetypo de tal y tal_. Pero, si la Dedicatoria fuere de algun Libro

Romancista, y se dirigiere á un Militar, aunque no sea mas que Capitan

de Cavallos, entónces se ha de ir por otro rumbo, y ante todas cosas

se ha de decir: _Al Xerxes Español_, _al Alexandro Andaluz_, _al Cesar

Béthico_, _al Cyro del Genil_, _al Tamborlan Europeo_, _al Kauli-Kan

Cis-Montano_, _al Marte no-fabuloso_, _á D. Fulano de tal, Capitan de

Cavallos Ligeros del Regimiento de tal_. Y no encajar el nombre y el

apellido del Mecénas de topeton, como lo estilan ahora los ridículos

modernos, diciendo á secas: _á D. Fulano de tal_, _á mi Señora Doña

Citana de tal_, _á la Excma. Señora Duquesa de qual_; que no parece

sino sobre-escrito de Carta, que ha de ir por el correo.»

9. «Dedicatoria he visto yo muy ponderada por algunos ignorantes y

boqui-rubios, dirigida al mismo Rey de España, la qual solo decia en el

fróntis, _AL REY_, con letras gordas iniciales, sin mas principios, ni

postes, caireles, ni campanillas. No puedo ponderar quanto me estomacó,

moviéndome una nausea, que aun ahora mismo me está causando arcadas y

bascas. _AL REY!_ Pero á qué Rey, majadero? Pues no sabemos si es á

alguno de los Reyes magos, al Rey Perico, ó al Rey que rabió. _AL REY!_

Puede haver mayor llaneza? Como si dixéramos, á Juan Fernandez, ó á

Perico el de los Palotes. _AL REY!_ Díme, insolente, desvergonzado, y

atrevido, es al _Rey de bastos_, _ó al de copas_? Nos quieren embocar

los críticos y los cultos, que este es mayor respeto, mayor veneracion,

y tambien mas profundo rendimiento, como que ningun Español puede

ni debe entender por el nombre anthonomástico de Rey, á otro que al

Rey de España, y como que lo mismo debieran entender todas las demas

Naciones, puesto que no hay Rey en el mundo descubierto, que tenga tan

dilatados dominios como nuestro Cathólico Monarcha, ni con algunos

millares de leguas de diferencia. Vagatelas, y mas vagatelas! Por lo

mismo era muy puesto en razon, que ántes de llegar á su Augusto nombre,

se le diera á conocer, por lo ménos, con unos cinquenta dictados,

ó inscripciones alegóricas, que fuessen poco á poco conciliando la

expectacion y el assombro, los quales pudieran ser, como si dixéramos

de esta manera: _Al poderoso Emperador de dos mundos; al émulo del Sol,

Phebo sublunar en lo que domina, como el celeste en lo que alumbra:

al Archi-Monarcha de la tierra_; y despues, para dar á entender sus

Reales virtudes personales, añadir: _Al depósito Real de la Clemencia;

al coronado Archivo de la Justicia; al Sacro Augusto thesoro de la

Piedad; al Escudo Imperial de la Religion; al Pacífico, al Benéfico,

al Magnético, al Magnífico, al Cathólico Rey de las Españas FERNANDO

el Sexto, Pio, Feliz, siempre Augusto, Rey de Castilla, de Leon, de

Navarra, de Aragon, etc._ y ir prosiguiendo assí hasta el último de sus

Reales dictados. Lo demas es tratar al Rey como se pudiera á un hidalgo

de polayna, y sacarle tan solo al theatro del papel, como si fuera uno

de aquellos Reyes antiguos, que se andaban por essos campos de Dios,

pastoreando ovejas, y ellos mismos llevaban los bueyes á beber en su

propia Real persona.»

10. «Despues tampoco me gusta que se comience á hablar con el Rey,

espetándole un _Señor_ tan tiesso como un garrote, que ya no falta

mas sino que añadan un _Señor mio_, como si fuera carta de oficio de

algun Ministro superior á otro subalterno. Nuestros antepassados eran

hombres mas respetuosos, y verdaderamente circunspectíssimos, pues

nunca hablaban con el Rey, sin que comenzassen de esta manera: _Sacra,

Cathólica, Real Magestad_, cosa que llenaba la boca de veneracion, y de

contado se tenia ya hecho un pié magestuoso para un romance heroico,

al modo de las coplas de Juan de Mena. He oído decir, que esta moda de

tratar al Rey, llamándole Señor á secas, nos le han pegado tambien los

Franceses, como otras mil y quinientas cosas mas, por quanto ellos,

quando hablan con su Rey Christianíssimo, le encajan un _Sire, in

puris naturalibus_; y vamos adelante. Válgate Dios por Franceses, y

qué contagiosos que sois! Con que si á ellos se les antojara llamar

_Sirena_ á la Reyna, tambien nosotros se lo llamaríamos corrientemente

á la nuestra? Y cierto que quedaria su Magestad muy lisongeada! Ellos

tratan de _Madama_ á la suya; y en verdad, que si á algun Español se

le antojara tratar assí á la Reyna nuestra Señora, no le arrendaria yo

la ganancia; salvo que fuesse por ahí algun Lego, ó algun Donado, de

estos que son Santos y simples adredemente, que essos tienen licencia

para tutear al mismo Papa, pues ahí está toda la gracia de su santidad.

Por tanto, hijos mios, lo dicho dicho, y tomad bien de memoria estas

importantíssimas lecciones.»

11. «Nunca imprimais cosa alguna, aunque sean unos tristes

_Quodlibetos_, sin vuestra Dedicatoria al canto, que en esso no vais

á perder nada, y de contado mal será, que no ahorreis por lo ménos el

coste de la impression; pues no todos los Mecénas han de ser como aquel

conchudo Papa (Dios me lo perdone) Leon X, á quien un famoso Alchimista

dedicó un importantíssimo Libro, en que, como él mismo asseguraba,

se contenian los mas recónditos arcanos de la Crysopeya, esto es,

un modo facilíssimo de convertir en oro todo el hierro y todos los

metales del mundo; y el bueno del Pontífice (perdónemelo Dios) por todo

agradecimiento le regaló con un carro de talegos, para que recogiesse

en ellos el oro que pensaba hacer: cosa, de que se rieron mucho los mal

intencionados; pero los eruditos y verdaderamente literatos la tuvieron

por mezquindad, y la lloraron con lágrymas de indignacion. Resuelta

vuestra Dedicatoria, atacadla bien de epígraphes alegóricos, symbólicos

y altisonantes; y si fuere á alguna persona Real, cuidado con tratarla

como es razon, y que no salga en público sin su Compañía de Guardias

de Corps, y sin su Guardia de Alabarderos, esto es, de epíthetos bien

galoneados y bien montados, precedidos de epígraphes á mostachos, que

vayan abriendo calle.»

12. «Y, aunque ya va un poco larga la leccion, por concluir en

ella todo lo que toca á lo substancial de las Dedicatorias, quiero

instruíros en otros dos puntos, que son de la mayor importancia.

Autores Latinos hay tan Romancistas, que, quando llegan á poner los

verdaderos títulos, que tienen los sugetos, á quienes dedican sus

Obras, como Duque de tal, Conde de tal, Marques de tal, Señor de tal,

Consejero de tal, &c. los ponen en un Latin tan llano, tan natural,

y tan ramplon, que le entenderá una Demandadera, aunque no sepa leer

ni escribir, solo con oírle, pues dicen muy á la pata llana: _Duci

de Medina-Celi; Comiti de Altamira; Marchioni de Astorga, Domino de

los Cameros, Consiliario Regio, etc._ Cosa ridícula! Para esso mas

valiera decirlo como pudiera un Maragato. Quanto mas culto y mas

Latino será decir: _Cælico-Metimnensi; Doctori-Satrapæ; A Comitiis de

Cacuminato-conspectu_; _Mœnium Asturicensum a Markis_; _Lecti-Fabrorum

Dynastæ_, _a Penetralibus Regiis_; y si no lo entendieren los Lectores,

que aprendan otro oficio, porque essa no es culpa del Autor, el qual,

quando se pone á escribir en Latin, no ha de gastar un Latin, que le

entienda qualquiera Reminimista.»[20]

13. «Otra cosa es, quando los títulos no son verdaderos y reales,

sino puramente symbólicos ó alegóricos, inventados por el ingenio

del Autor; que entónces, para que se penetre bien toda la gracia y

toda la oportunidad de la invencion, conviene mucho ponerlos llana

y sencillamente. Explicaréme con un exemplo. El año de 1704, cierto

Autor Aleman publicó una Obra Latina, intitulada: _Geographia Sacra

seu Ecclesiastica_; Geografía Sagrada ó Eclesiástica. Dedicóla á los

_tres únicos Soberanos Príncipes hereditarios_ en el Cielo y en la

Tierra: _Tribus summis atque unicis Principibus hæreditariis in Cælo

et in terra_; esto es, á Jesu-Christo, á Frederico-Augusto, Príncipe

Electoral de Saxonia, y á Mauricio Guillermo, Príncipe hereditario de

las Provincias de Saxe-Ceitz: _Christo, nempe_, _Frederico Augusto,

Principi Electorali Saxoniæ_, _& Mauritio Wilhelmo, Provinciarum

Saxo-Cizensum hæredi_. Cosa grande! pero aún todavía la haveis de oír

mucho mayor. Y qué títulos inventaria nuestro incomparable Autor para

explicar los Estados, de que era Príncipe hereditario Jesu-Christo?

Atencion, hijos mios, que acaso no leeréis en toda vuestra vida cosa

mas divina; y lo que es yo, si fuera el inventor de ella, no me

trocaria por Aristóteles ni por Platon.»

14. «Llama, pues, á Jesu-Christo en Latin claro y sencillo, como era

razon que le usasse en esta importante ocasion, _Imperator coronatus

cælestium Exercituum_; _electus Rex Sionis, semper Augustus_;

_Christianæ Ecclesiæ Pontifex Maximus, et Archi-Episcopus Animarum_;

_Elector Veritatis, Archi-Dux Gloriæ_; _Dux Vitæ_; _Princeps Pacis_;

_Eques Portæ inferni_; _Triumphator Mortis_; _Dominus hæreditarius

Gentium_; _Dominus Justitiæ, et Patris Cœlestis a Sanctioribus

Consiliis, etc. etc. etc._ Quiere decir, porque es importantíssimo,

que ninguno se quede sin entenderlo: es Christo _coronado Emperador

de los Exércitos celestiales_; _electo Rey de Sion_, _siempre

Augusto_; _Pontífice máximo de la Iglesia Christiana_, Arzobispo de

las Almas; Elector de la Verdad; Archi-Duque de la Gloria; Duque de

la vida; _Príncipe de la Paz_, _Cavallero de la Puerta del Infierno_;

_Triunfador de la Muerte_; _Señor hereditario de las Gentes_; _Señor

de la Justicia_, _y del Consejo de Estado, y Gavinete del Rey su Padre

celestial_. Y añadió el Autor muy oportunamente tres & & &c.as, para

dar á entender, que todavía le quedaban entre los deditos otros muchos

títulos y dictados, y que de aquí á mañana los estaria escribiendo, si

no bastaran los dichos, para que se conociesse los que podia añadir.

Muchachos, encomendad esto á la memoria; aprendedlo bien; tenedlo

siempre en la uña, que se os ofrecerán mil ocasiones, en que os pueda

servir de modelo, para acreditaros vosotros, y para acreditarme á mí.»

15. «Falta decir dos palabritas sobre el cuerpo y el alma de las

Dedicatorias. Supónese, que el Latin siempre ha de ser de boato,

altísono, enrebesado, é inconstruible, ni mas ni ménos, como el Latin

de una insigne Dedicatoria, que años ha me dió á construir el padre de

Gerundio de Campazas, _alias_ Zotes, y en verdad, que se la construí

sin errar un punto, á presencia de todo el Arciprestazgo de San Millan,

en la Romería del Christo de Villaquexida. Supónese tambien, que á

qualquiera, á quien se le dedica una Obra, sea quien fuere, se le

ha de entroncar por aquí ó por allí con el Rey Bamba, ó á lo ménos

ménos con Don Veremundo el Diácono, sea por linea recta ó por linea

transversal, que esso hace poco al caso, y es negocio de cortíssimo

trabajo; pues ahí está Jacobo Guillermo Imhoff, Dinamarqués ó Sueco

(que ahora no me acuerdo), famoso Genealogista de las Casas ilustres de

España y de Italia, que á qualquiera le emparentará con quien le venga

mas á cuento. Sobre este supuesto, ya se sabe, que la entrada de toda

Dedicatoria ha de ser siempre exponiendo la causa impulsiva, que dexó

sin libertad al Autor para emprehender aquella ossadía, la qual causa

nunca jamas ha de ser otra, que la de buscar un poderoso Protector

contra la emulacion, un escudo contra la malignidad, una sombra contra

los abrasados ardores de la envidia, assegurando á rostro firme,

que con tal Mecénas no teme ni á los Aristarchos, ni á los Zoylos;

pues, ó acobardados no ossarán sacar las cabezas de sus madrigueras

y escondrijos, ó, si tuvieren atrevimiento para hacerlo, serán

ícaros de su temeridad, derretidas sus alas de cera á los encendidos

centelleantes rayos de tan fogoso resplandeciente Padrino. Porque,

si bien es verdad, que, aunque un Libro se dedique al Santíssimo

Sacramento, si él es malo, hay hombres tan insolentes y tan mordaces,

que, adorando al divino Objeto de la Dedicatoria, hacen añicos al

Libro, y tal vez á la misma Dedicatoria no la dexan huesso sano; y mas

de dos Libros de á folio he visto yo recogidos por la Inquisicion, con

estar dedicados á Reyes, á Emperadores, y aun al mismo Papa, sin que

los Mecénas hagan duelo de esso, ni se les dé un ardite, no hallándose

noticia en la Historia de que jamas haya havido guerras entre los

Príncipes Christianos por la defensa de un Libro, que se les haya

dedicado; siendo assí, que muchas veces las ha havido por quítame allá

essas pajas. Digo, que, aunque todo esto sea assí (por justos juicios

de Dios, y por los pecados del mundo), en todo caso siempre debemos

atenernos á aquel refran, que dice: _Quien á buen árbol se arrima,

buena sombra le acobija_; y de una manera ó de otra, es indispensable

de toda indispensabilidad, que toda Dedicatoria bien hecha se abra por

este tan oportuno, como delicado y verdadero pensamiento.»

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 37 / 61 题