Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento,
no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate.
En esso estaba ya Anton Zotes; pero toda la duda era, si le havia de
enviar á Villagarcía, ó á cierto Lugar no distante de Campazas, donde
havia un Dómine, que tenia aturdida toda la Tierra, y muchos decian,
que era mayor Latino que el famoso Taranilla. Pero la Tia Catanla se
puso como una furia, diciendo, que primero se havia de echar en un
pozo, que permitir, que su hijo fuesse á Villagarcía, á que se le
matassen los Theatinos; porque su marido _toadía_ tenia las señales de
una _guelta_ de azotes, que le havian dado en junta de Generales, solo
porque de quando en quando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de las
que llevaba su _estógamo_, y porque se iba á divertir con las mozas
del Lugar, que todas eran niñerías, y cosas que las hacen los mozos
mas honrados, sin que pierdan por esso casamiento, ni dexen de cumplir
honradamente con la _Perrochia_, como qualquiera Christiano viejo.
Con esto, por contentarla, se determinó finalmente, que el muchacho
fuesse á estudiar con el Dómine; y mas, que Anton Zotes afirmaba con
juramento, que solo él havia construído la elegante Dedicatoria de su
hermano el Gymnasiarca, sin errar punto: cosa, que no havian hecho los
mayores Moralistas de todo el Páramo, ni ninguno de quantos Religiosos
doctos se havian hospedado en su casa, aunque algunos de ellos havian
sido Definidores.[19]
2. Luego, pues, que llegó San Lucas, el mismo Anton llevó á su hijo á
presentársele y á recomendársele al Dómine. Era este un hombre alto,
derecho, seco, cejijunto, y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca
y prolongada, barba negra, voz sonora, grave, pausada, y ponderativa,
furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado en un tabardo talar de
paño pardo, con uno entre becoquin y casquete de cuero rayado, que en
su primitiva fundacion havia sido negro, pero ya era del mismo color,
que el tabardo. Su conversacion era taraceada de latin y de romance,
citando á cada passo dichos, sentencias, hemistichios, y versos enteros
de Poetas, Oradores, Historiadores, y Gramáticos Latinos antiguos y
modernos, para apoyar qualquiera friolera. Díxole Anton Zotes, que
aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre queria darle la mejor
crianza, que pudiesse. «_Optime enim vero_, le interrumpió luego el
Dómine, essa es la primera obligacion de los padres, _maxime_ quando
Dios les ha dado bastantes conveniencias. Díxolo Plutarco: _Nil
antiquius, nil parentibus sanctius, quam ut filiorum curam habeant: iis
præsertim quos Pluto non omnino insalutatos reliquit._» Añadió Anton
Zotes, que él havia estudiado tambien su poco de Gramática, y queria
que su hijo la estudiasse. «_Qualis pater, talis filius_, le replicó el
Preceptor: aunque mejor lo dixo el otro, hablando de las madres y de
las hijas:
_De Meretrice puta, quod sit semper filia puta,_
_Nam sequitur leviter filia matris iter._
Lo que ya Vm. ve, quan fácilmente se puede acomodar á los hijos
respecto de los padres; y _obiter_ sepa Vm., que á estos llamamos
nosotros versos Leoninos; porque, assí como el Leon (_animal rugibile_
le define el Philósopho), quando enrosca la cola, viene á caer la
extremidad de ella (_cauda caudæ_, cola de la cola la llamé yo en una
Dedicatoria á la Ciudad de Leon) sobre la mitad del cuerpo ó de la
espalda de la rugible fiera; assí la cola del verso, que es la última
palabra, como que se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo
verso. Nótelo Vm. en el exámetro; _puta-puta_: clavado; despues en el
pentámetro: _iter-leviter_, de quien _iter_ es eco. Porque, aunque un
moderno (_quos Neotericos dicimus cultissimi Latinorum_) quiera decir,
que esto de los ecos es invencion pueril, ridícula, y de ayer acá;
_pace tanti viri_, le diré yo en sus mismas barbas, que ya en tiempo
de Marcial era muy usado entre los Griegos, _juxta illud: Nusquam
Græcula quod recantat echo_. Y si fuera menester citar á Aristóteles, á
Eurípides, á Callímaco, y aun al mismo Gauradas, que no porque sea un
Poeta poco conocido, dexa de tener mas de dos mil años de antigüedad,
yo le haria ver _luce meridiana clarius_, si era ó no era invencion
moderna esto de los ecos: y luego le preguntaria, si era verisímil,
que inventasse una cosa pueril y ridícula un hombre que se llamaba
_Gauradas_. _O furor! O insania maledicendi!_»
3. -- «Pues, señor, prosiguió Anton Zotes, este niño muestra mucha
viveza, aunque no tiene mas que diez años.» -- «_Ætas humanioribus
litteris aptissima_ (interrumpió el Pedante), como dixo Justo Lipsio;
y aún con mayor elegancia en otra parte: _decennis Romanæ linguæ
elementis maturatus_. Porque, si bien es verdad, que de essa, y aun
de menor edad se han visto en el mundo algunos niños, que ya eran
perfectos Gramáticos, Rhetóricos, y Poetas (_quos videre sis apud Anium
Viterbiensem de præcocibus mentis partubus_); pero essos se llaman
con razon monstruos de la naturaleza: _monstrum horrendum, ingens_. Y
Quinto Horacio Flacco (_quem Lyricorum Antistitem extitisse mortalium
nemo iverit inficias_) no gustaba de essos frutos anticipados,
pareciéndole que casi siempre se malograban; y assí _solemne erat illi
dicere: odi puero præcoces fructus_.» -- «Y el Cojo de Villaornate,
que fué su Maestro...» (iba á proseguir el buen Anton). -- «Tenga Vm.,
le cortó el enlatinizado Dómine: _Siste gradum, viator_. El Cojo de
Villaornate fué Maestro de este niño?» -- «Sí, señor,» respondió el
padre. -- «_O fortunate nate!_ exclamó el eruditíssimo Preceptor. O
niño mil veces afortunado! Muchos Cojos famosos celebró la antigüedad,
como lo avrá leído Vm. en el curiosíssimo tratado de _Claudis non
claudicantibus_, de los Cojos que no cojearon, tomando el presente por
el pretérito, segun aquella figura rhetórica, _præsens pro præterito_,
á quien nosotros llamamos _Enalage_: tratado que compuso un Prevoste
de los Mercaderes de Leon de Francia, llamado Monsiur Pericon, porque,
sépalo usted de passo, en Francia hasta los Pericones son Monsiures, y
pueden ser Prevostes. _Imo potius_, sin recurrir á tiempos antiguos,
_novissimis his temporibus_, en nuestros dias huvo en la misma Francia
un celebérrimo Cojo, llamado Gil Menage, que, aunque no fué cojo
_natura sua_, al fin, sea como se fuesse, él fué cojo real y verdadero,
esto es, cojo _realiter & a parte rei_, como se explica con elegancia
el philósopho; y no obstante de ser cojo, él era hombre sapientíssimo:
_Sapientissimus claudorum quotquot fuerunt & erunt_, que dixo
doctamente Plinio el mozo. Pero, _meo videri_, en mi pobre juicio todos
los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta, respecto del cojo
de Villaornate; hablo, _intra suos limites_, en su linea de Maestro de
Niños; y por esso dixe, que este niño havia sido mil veces afortunado
en tener tal Maestro: _O fortunate nate!_»
4. -- «No lo es ménos, prosiguió Anton Zotes, en que Vm. lo sea suyo.»
-- «_Non laudes hominem in vita sua; lauda post mortem_, dixo mesurado
el Dómine. Son palabras del Espíritu Santo, pero mejor lo dixo el
Profano:
_Post fatum laudare decet, dum gloria certa._»
-- «Señor Preceptor, mejor que el Espíritu Santo!» le preguntó Anton
Zotes. -- «Pues qué! ahora se escandaliza Vm. de esso? Quantas veces
lo havrá oído en essos Púlpitos á Predicadores, que se pierden de
vista? Assí el Profeta Rey; assí Jeremias; assí Pablo; pero yo de otra
manera. Esso qué quiere decir sino: pero yo lo diré mejor? _Præterquam
quod_: yo no digo que el dicho sea mejor, sino que está mejor dicho,
porque las palabras de la Sagrada Escritura son poco á propósito para
confirmar las reglas de la Gramática: _Verba Sacræ Scripturæ Gramaticis
exemplis confirmandis parum sunt idonea._» -- «Esso ya lo leí yo en no
sé qué libro, quando estudiaba en Villagarcía, replicó el buen Anton, y
cierto que no dexé de escandalizarme.» -- «A esse llaman los Theólogos,
dixo el Dómine, _scandalum pusillorum_, escándalo de parvulillos; y
aunque dicen que no debe despreciarse, y en este particular me parece
que llevan razon, pero tambien dicen ellos otras mil cosas harto
despreciables, por mas que ellos las digan.»
5. -- «Yo no me meto en essas honduras, respondió el bonazo de Anton
Zotes: y lo que suplico á Vm. es, que me cuide de este muchacho,
que yo cuidaré de agradecérselo, y que le mire como si fuera padre
suyo.» -- «_Prima magistrorum obligatio_, respondió el Dómine, _quos
discipulis parentum loco esse decet_, dixo á este intento Salustio. Es
la primera obligacion del Maestro tratar á los discípulos como hijos,
porque ellos están en lugar de padres. Y díme, hijo, le preguntó al
niño Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, has estudiado algunos
Cánones Gramaticales?» -- «No señor, respondió el chico prontamente;
los cañones que yo traigo no son Grajales, que son plumas de pato, que
mi madre se las quitó á un pato grande, que tenemos en casa: no es
assí, padre?» Sonrióse el Preceptor de la viveza y de la intrepidez
del muchacho, y le dixo: «_non quæro a te hoc_, no te pregunto esso;
pregúntote, si trahes alguna talega?» -- «Señor, la talega era quando
andaba en sayas; pero, despues que me puso calzones, me la quitó Señora
madre.» -- «_Non valeo a risu temperare_, dixo el Dómine, y enmedio de
su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo: _ingenium errando
probat_, aun en los desaciertos muestra su viveza. Hijo, lo que te
pregunto es, si has estudiado algo del Arte?» -- «Ah! esso sí Señor: ya
llegué hasta _Musa, æ_.» -- «No has de decir assí, querido; sino _Musa,
Musæ_.» -- «No Señor, no Señor: mi Arte no dice _Musa, Musæ_, sino
_Musa, æ_.» -- «Vaya, segun esso has estudiado en el Arte de Nebrija?»
-- «No, Señor, en mi Arte no está pintada ninguna Lagartija, sino un
Leon muy guapo; mírele usté», y enseñóle el Leon, emblema, ó insignia
de la Oficina, que está en la llana del fróntis.
6. No dexaron de caer en gracia á la rectíssima severidad del Preceptor
las candideces de Gerundico; pero volviéndose al padre, le dixo en
tono ponderativo: «_Ecce tibi sebosus._ Ve aquí uno de los errores
tan crassos, como velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija,
ó de la Cerda, de que usan los Padres de la Compañía, con quienes
tambien estudié yo. Es cierto que son Varones sapientíssimos, pero
son hombres, y _hominum est errare_: son agudos, son buenos ingenios,
y muy despiertos; pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de
Homero, y con todo esso _quandoque bonus dormitat Homerus_. Lo primero,
comenzar la Gramática por _Musa, Musæ_, es comenzar por donde se ha
de acabar: _cæpisti qua finis erat_: porque las Musas, esto es la
Poesía, es lo último, que se ha de enseñar á los muchachos, despues de
la Rhetórica. Argumento es este, que le he puesto á muchos Jesuítas,
claríssimos Varones, y ninguno ha sabido responderme. Pero qué me
havian de responder, si no tiene respuesta? _Deinde_, en la impression
de muchos Artes, en lugar de poner _Nominativo Musa, Genitivo Musæ,
Dativo Musæ, Accusativo Musam_, todo á la larga y por extenso; por
ahorrar papel lo ponen en abreviatura: _Nom. Musa. Gen. æ. Dat. æ.
Accus. am_. Y qué sucede? ó que los pobres chicos lo pronuncian
assí, _quod video quam sit ridiculum_; que sea menester gastar
tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar; _& nihil est tempore
pretiosius_. Pero, donde se palpan _ad oculum_ los inconvenientes
de estas abreviaturas, son en los Thesauros, ya sea de Salas, ya de
Requejo. Va un niño á buscar un nombre, _exempli causa_, qué hay por
_Madre_, y en lugar de encontrar _mater, matris_, halla _mater, tris_.
Quiere saber qué hay por _enviar_, y en vez de hallar _mitto, mittis_,
encuentra _mitto, is_. Busca qué hay por _camisa_, y en lugar de
_subucula, subuculæ_, no lee mas que _subucula, æ_. Antójasele, como
al otro muchacho, escribir á su madre una carta latina, para darla á
entender lo mucho que havia aprovechado, en la qual la dice, que la
envía una camisa sucia, para que se la lave, y encájala esta sarta de
disparates: _Mater, tris; mitto, is; subucula, æ; ut labo, as._ _Quid
tibi videtur?_ Qué le parece á Vm. señor Anton Zotes?» -- «Qué me ha
de parecer? que, aunque havia oído mil cosas de la estupendíssima
sabiduría de usted, y yo tenia alguna experiencia, pero haviéndole
oído ahora, me he quedado aturdido, y, en llegando á mi Lugar, he de
dar muchas gracias á la mi Catanla, porque me quitó de la cabeza el
unviar al mi Gerundio á Villagarcía; pues, dempues de Dios, á ella se
le debe el que m’ijo mereza tener tan doctíssimo Maestro.» Con esto se
despidió del Preceptor, dexó á su hijo en una posada, y se restituyó
á Campazas, donde luego que llegó, dixo á su muger y al Cura, que le
estaban esperando á la puerta de la calle, que, si Gerundico havia
tenido fortuna en topar con el Cojo de Villaornate, mas enfortunado
havia sido entoadía en dar con un Maestro, como el Dómine, con quien
le dexaba, porque era un Latino de todos los diantres, y que todos los
Theatinos de Villagarcía juntos no llegaban al zancajo de su sabiduría.
«Déxelo, señor, aquello era una Gabilonia: mas de una hora estuvimos
palrando mano á mano, y á cada palabra, que yo le decia, luego me
sacaba un rimero de testos en latin, que no parecia sino que los trahia
en el balsopeto de una enguarina muy larga que tenia puesta. Por fin
y por postre, el Cojo de Villaornate bien puede ser el _Tuauten_ de
los Maestros de Escuela; pero en linia de Preceptor, el Dómine de
Villamandos es el _per omnia secula seculorum_, y miéntras Cámpos sea
Cámpos, no havrá quien le desquite.»
7. Con efecto el paralelo no podia ser mas justo; porque, si el
cultíssimo Cojo tenia una innata propension á todo lo extravagante en
órden á la ortographía, y á la propiedad de la lengua Castellana, el
Latiníssimo Dómine no podia tener gusto mas estrafalario en todo lo que
tocaba á la Latinidad, comenzando por la Ortographía Latina, y acabando
por la Poesía. A la verdad él entendia medianamente los Autores, y
havia leído muchos; pero pagábase de lo peor, y sobre todo le caían
mas en gracia los que eran mas retumbantes, y mas ininteligibles.
Preferia la afectada pomposidad de Amiano y Plinio el mozo, á la grave
magestad de Ciceron; la obscuridad y la dureza de Valerio Máximo, á
la dulce elegancia de Tito-Livio; los entusiasmos de Estacio, á la
elevacion sublime y juiciosa de Virgilio: decia que Marcial era un
insulso, respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimitable
Horacio no merecian descalzar el menor de los chistes de Plauto. Los
cortadillos de Séneca le daban grandíssimo gusto; pero de quien estaba
furiosamente enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, de
aquellos triqui-traques del estilo de Cassiodoro; y, aunque no le havia
leído sino en las aprobaciones de los libros, se alampaba por leerlas,
assegurado de que hallaria pocas, que no estuviessen empedradas de sus
cultíssimos fragmentos, porque Aprobacion sin Cassiodoro es lo mismo,
que Sermon sin Agustino, y olla sin tocino.
8. Para él no havia cosa como un libro, que tuviesse título sonoro,
pomposo, y altisonante, y mas si era alegórico, y estaba en él bien
seguida la alegoría. Por esso hacia una suprema estimacion de aquella
famosa obra, intitulada: _Pentacontarchus, sive quinquaginta militum
ductor; stipendiis Ramirezii de Prado conductus, cujus auspiciis varia
in omni Litterarum ditione monstra profligantur, abdita panduntur,
latebræ ac tenebræ pervestigantur & illustrantur_. Quiere decir: El
Pentacontarcho, esto es, el Capitan de cinquenta Soldados, á sueldo
de Ramirez de Prado, con cuyo valor y auspicio se persiguen y se
ahuyentan varios monstruos de todos los dominios de la Literatura,
se descubren cosas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos,
y se ilustran las mas densas tinieblas. Porque, si bien es verdad,
que el título no puede ser mas ridículo, y mas quando nos hallamos
con que todo el negocio del señor Pentacontarcho se reduce á impugnar
cinquenta errores, que al bueno de Ramirez de Prado le pareció haver
encontrado en varias facultades; y no embargante de que á la tercera
paletada se le cansó la alegoría, pues no sabemos que hasta ahora
se hayan levantado Regimientos ni Compañías de Soldados, para salir
á caza de monstruos ni de fieras, y mucho ménos que sea incumbencia
de la Soldadesca examinar escondrijos, ni quitar el oficio á los
candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinieblas; pero
el bendito del Dómine no reparaba en estas menudencias, y atronado
con el estrepitoso sonido de Pentacontarcho, Capitan, Soldados, y
estipendio, decia á sus discípulos, que no se havia inventado título
de libro semejante, y que este era el modo de bautizar las obras
en estilo culto y sonoroso. Por el mismo principio le caía muy en
gracia aquella parentacion latina, que se hizo en la muerte de cierto
personage llamado Fol de Cardona, Varon pio y favorecido con muchos
consuelos celestiales; á la qual se la puso este oportuníssimo título:
_Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus, acrophytio Sacræ
Scripturæ armatus, manuque Samaritani applicatus_. Es decir: Fuelle
espiritual, hinchado con el viento de la consolacion, aplicado al
Organo de la Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano.
«Quien hasta ahora, decia el Pedantíssimo Preceptor, ha excogitado
cosa mas discreta ni mas elegante? Si alguna pudiera competirla, era
el incomparable título de aquel eloquentíssimo libro, que se imprimió
en Italia á fines del siglo passado, con esta harmoniosa inscripcion:
_Fratrum Roseæ crucis fama scancia redux, buccina jubilæi ultimi, Evæ
hyperboleæ prænuncia, montium Europæ cacumina suo clangore feriens,
inter colles & valles Araba resonans_: Fama recobrada de los hermanos
de la Roja Cruz; Trompeta sonora del último Jubiléo, precursora
de la hyperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo en las cumbres de los
montes de Europa, retumban en los valles y en las concavidades de
Arabia. Esto es inventar y elevarse, que lo demas es arrastrar por
el suelo. Y no que los preciados de críticos y de cultos han dado
ahora en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros,
y tan naturales, que qualquiera vejezuela entenderá la materia de
que se trata en la obra á la primera ojeada, queriéndonos persuadir,
que assí se debe hacer, que lo demas es _pedantería_, nombre sucio y
mal sonante.» Y al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido
Dómine. «Por toda razon de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos
alegan, que ni Ciceron, ni Tito-Livio, ni Cornelio Nepote, ni algun
otro Autor de los del Siglo de Augusto, usaron jamas de títulos
rumbosos, sino simples y naturales. _Ciceronis Epistolæ_: _Orationes
Ciceronis_: _Cicero de Officiis_: _Historia Titi-Livii_: _Annales
Cornelii Taciti_; y daca el Siglo de Augusto, torna el Siglo de
Augusto, que nos tienen ensiglados y en-Augustados los sessos, como
si en todos los Siglos no se huvieran estilado hombres de mal gusto,
y que cometieron muchos yerros, como lo dice expressamente la Iglesia
en una oracion que comienza: _Deus qui errantibus_, y acaba: _per
omnia secula seculorum_. Digan Ciceron, Tito-Livio, y Tácito, y cien
Tácitos, cien Tito-Livios, y cien Cicerones lo que quisieren, todo
quanto ellos hicieron no llega al carcañal de aquella estupendíssima
obra, intitulada: _Amphitheatrum sapientiæ æternæ, solius, veræ,
Christiano-Cabalisticum, divino-Magicum, necnon Physico-Chymicum,
ter-triunum-Catholicum; instructore Henrico Conrath_: Amphiteatro
de la Sabiduría eterna, única, verdadera, Christiano-cabalístico,
divino-Mágico, Phýsico-Chýmico, uni-trino-Cathólico, construído ó
fabricado por Henrico Conrath. Que me den en toda la antigüedad, aunque
entre en ella su Siglo de Augusto, cosa que se le parezca. Dexo á un
lado aquella oportunidad de adjetivos encadenados, cada qual con su
esdrújulo corriente, que son comprehensivos de todas las materias
tratadas en el discurso de la obra. Despues de haverla llamado á esta
_Amphiteatro_, qué cosa mas aguda, ni mas oportuna, ni mas al caso, que
decir _construído_, _fabricado_, y no _escrito_, ni _compuesto_ por
Henr. Conrath, siguiendo la alegoría hasta la última boqueada? Si este
no es primor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera Latinidad.»