CAPITULO VII.

Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento,

no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate.

En esso estaba ya Anton Zotes; pero toda la duda era, si le havia de

enviar á Villagarcía, ó á cierto Lugar no distante de Campazas, donde

havia un Dómine, que tenia aturdida toda la Tierra, y muchos decian,

que era mayor Latino que el famoso Taranilla. Pero la Tia Catanla se

puso como una furia, diciendo, que primero se havia de echar en un

pozo, que permitir, que su hijo fuesse á Villagarcía, á que se le

matassen los Theatinos; porque su marido _toadía_ tenia las señales de

una _guelta_ de azotes, que le havian dado en junta de Generales, solo

porque de quando en quando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de las

que llevaba su _estógamo_, y porque se iba á divertir con las mozas

del Lugar, que todas eran niñerías, y cosas que las hacen los mozos

mas honrados, sin que pierdan por esso casamiento, ni dexen de cumplir

honradamente con la _Perrochia_, como qualquiera Christiano viejo.

Con esto, por contentarla, se determinó finalmente, que el muchacho

fuesse á estudiar con el Dómine; y mas, que Anton Zotes afirmaba con

juramento, que solo él havia construído la elegante Dedicatoria de su

hermano el Gymnasiarca, sin errar punto: cosa, que no havian hecho los

mayores Moralistas de todo el Páramo, ni ninguno de quantos Religiosos

doctos se havian hospedado en su casa, aunque algunos de ellos havian

sido Definidores.[19]

2. Luego, pues, que llegó San Lucas, el mismo Anton llevó á su hijo á

presentársele y á recomendársele al Dómine. Era este un hombre alto,

derecho, seco, cejijunto, y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca

y prolongada, barba negra, voz sonora, grave, pausada, y ponderativa,

furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado en un tabardo talar de

paño pardo, con uno entre becoquin y casquete de cuero rayado, que en

su primitiva fundacion havia sido negro, pero ya era del mismo color,

que el tabardo. Su conversacion era taraceada de latin y de romance,

citando á cada passo dichos, sentencias, hemistichios, y versos enteros

de Poetas, Oradores, Historiadores, y Gramáticos Latinos antiguos y

modernos, para apoyar qualquiera friolera. Díxole Anton Zotes, que

aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre queria darle la mejor

crianza, que pudiesse. «_Optime enim vero_, le interrumpió luego el

Dómine, essa es la primera obligacion de los padres, _maxime_ quando

Dios les ha dado bastantes conveniencias. Díxolo Plutarco: _Nil

antiquius, nil parentibus sanctius, quam ut filiorum curam habeant: iis

præsertim quos Pluto non omnino insalutatos reliquit._» Añadió Anton

Zotes, que él havia estudiado tambien su poco de Gramática, y queria

que su hijo la estudiasse. «_Qualis pater, talis filius_, le replicó el

Preceptor: aunque mejor lo dixo el otro, hablando de las madres y de

las hijas:

_De Meretrice puta, quod sit semper filia puta,_

_Nam sequitur leviter filia matris iter._

Lo que ya Vm. ve, quan fácilmente se puede acomodar á los hijos

respecto de los padres; y _obiter_ sepa Vm., que á estos llamamos

nosotros versos Leoninos; porque, assí como el Leon (_animal rugibile_

le define el Philósopho), quando enrosca la cola, viene á caer la

extremidad de ella (_cauda caudæ_, cola de la cola la llamé yo en una

Dedicatoria á la Ciudad de Leon) sobre la mitad del cuerpo ó de la

espalda de la rugible fiera; assí la cola del verso, que es la última

palabra, como que se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo

verso. Nótelo Vm. en el exámetro; _puta-puta_: clavado; despues en el

pentámetro: _iter-leviter_, de quien _iter_ es eco. Porque, aunque un

moderno (_quos Neotericos dicimus cultissimi Latinorum_) quiera decir,

que esto de los ecos es invencion pueril, ridícula, y de ayer acá;

_pace tanti viri_, le diré yo en sus mismas barbas, que ya en tiempo

de Marcial era muy usado entre los Griegos, _juxta illud: Nusquam

Græcula quod recantat echo_. Y si fuera menester citar á Aristóteles, á

Eurípides, á Callímaco, y aun al mismo Gauradas, que no porque sea un

Poeta poco conocido, dexa de tener mas de dos mil años de antigüedad,

yo le haria ver _luce meridiana clarius_, si era ó no era invencion

moderna esto de los ecos: y luego le preguntaria, si era verisímil,

que inventasse una cosa pueril y ridícula un hombre que se llamaba

_Gauradas_. _O furor! O insania maledicendi!_»

3. -- «Pues, señor, prosiguió Anton Zotes, este niño muestra mucha

viveza, aunque no tiene mas que diez años.» -- «_Ætas humanioribus

litteris aptissima_ (interrumpió el Pedante), como dixo Justo Lipsio;

y aún con mayor elegancia en otra parte: _decennis Romanæ linguæ

elementis maturatus_. Porque, si bien es verdad, que de essa, y aun

de menor edad se han visto en el mundo algunos niños, que ya eran

perfectos Gramáticos, Rhetóricos, y Poetas (_quos videre sis apud Anium

Viterbiensem de præcocibus mentis partubus_); pero essos se llaman

con razon monstruos de la naturaleza: _monstrum horrendum, ingens_. Y

Quinto Horacio Flacco (_quem Lyricorum Antistitem extitisse mortalium

nemo iverit inficias_) no gustaba de essos frutos anticipados,

pareciéndole que casi siempre se malograban; y assí _solemne erat illi

dicere: odi puero præcoces fructus_.» -- «Y el Cojo de Villaornate,

que fué su Maestro...» (iba á proseguir el buen Anton). -- «Tenga Vm.,

le cortó el enlatinizado Dómine: _Siste gradum, viator_. El Cojo de

Villaornate fué Maestro de este niño?» -- «Sí, señor,» respondió el

padre. -- «_O fortunate nate!_ exclamó el eruditíssimo Preceptor. O

niño mil veces afortunado! Muchos Cojos famosos celebró la antigüedad,

como lo avrá leído Vm. en el curiosíssimo tratado de _Claudis non

claudicantibus_, de los Cojos que no cojearon, tomando el presente por

el pretérito, segun aquella figura rhetórica, _præsens pro præterito_,

á quien nosotros llamamos _Enalage_: tratado que compuso un Prevoste

de los Mercaderes de Leon de Francia, llamado Monsiur Pericon, porque,

sépalo usted de passo, en Francia hasta los Pericones son Monsiures, y

pueden ser Prevostes. _Imo potius_, sin recurrir á tiempos antiguos,

_novissimis his temporibus_, en nuestros dias huvo en la misma Francia

un celebérrimo Cojo, llamado Gil Menage, que, aunque no fué cojo

_natura sua_, al fin, sea como se fuesse, él fué cojo real y verdadero,

esto es, cojo _realiter & a parte rei_, como se explica con elegancia

el philósopho; y no obstante de ser cojo, él era hombre sapientíssimo:

_Sapientissimus claudorum quotquot fuerunt & erunt_, que dixo

doctamente Plinio el mozo. Pero, _meo videri_, en mi pobre juicio todos

los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta, respecto del cojo

de Villaornate; hablo, _intra suos limites_, en su linea de Maestro de

Niños; y por esso dixe, que este niño havia sido mil veces afortunado

en tener tal Maestro: _O fortunate nate!_»

4. -- «No lo es ménos, prosiguió Anton Zotes, en que Vm. lo sea suyo.»

-- «_Non laudes hominem in vita sua; lauda post mortem_, dixo mesurado

el Dómine. Son palabras del Espíritu Santo, pero mejor lo dixo el

Profano:

_Post fatum laudare decet, dum gloria certa._»

-- «Señor Preceptor, mejor que el Espíritu Santo!» le preguntó Anton

Zotes. -- «Pues qué! ahora se escandaliza Vm. de esso? Quantas veces

lo havrá oído en essos Púlpitos á Predicadores, que se pierden de

vista? Assí el Profeta Rey; assí Jeremias; assí Pablo; pero yo de otra

manera. Esso qué quiere decir sino: pero yo lo diré mejor? _Præterquam

quod_: yo no digo que el dicho sea mejor, sino que está mejor dicho,

porque las palabras de la Sagrada Escritura son poco á propósito para

confirmar las reglas de la Gramática: _Verba Sacræ Scripturæ Gramaticis

exemplis confirmandis parum sunt idonea._» -- «Esso ya lo leí yo en no

sé qué libro, quando estudiaba en Villagarcía, replicó el buen Anton, y

cierto que no dexé de escandalizarme.» -- «A esse llaman los Theólogos,

dixo el Dómine, _scandalum pusillorum_, escándalo de parvulillos; y

aunque dicen que no debe despreciarse, y en este particular me parece

que llevan razon, pero tambien dicen ellos otras mil cosas harto

despreciables, por mas que ellos las digan.»

5. -- «Yo no me meto en essas honduras, respondió el bonazo de Anton

Zotes: y lo que suplico á Vm. es, que me cuide de este muchacho,

que yo cuidaré de agradecérselo, y que le mire como si fuera padre

suyo.» -- «_Prima magistrorum obligatio_, respondió el Dómine, _quos

discipulis parentum loco esse decet_, dixo á este intento Salustio. Es

la primera obligacion del Maestro tratar á los discípulos como hijos,

porque ellos están en lugar de padres. Y díme, hijo, le preguntó al

niño Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, has estudiado algunos

Cánones Gramaticales?» -- «No señor, respondió el chico prontamente;

los cañones que yo traigo no son Grajales, que son plumas de pato, que

mi madre se las quitó á un pato grande, que tenemos en casa: no es

assí, padre?» Sonrióse el Preceptor de la viveza y de la intrepidez

del muchacho, y le dixo: «_non quæro a te hoc_, no te pregunto esso;

pregúntote, si trahes alguna talega?» -- «Señor, la talega era quando

andaba en sayas; pero, despues que me puso calzones, me la quitó Señora

madre.» -- «_Non valeo a risu temperare_, dixo el Dómine, y enmedio de

su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo: _ingenium errando

probat_, aun en los desaciertos muestra su viveza. Hijo, lo que te

pregunto es, si has estudiado algo del Arte?» -- «Ah! esso sí Señor: ya

llegué hasta _Musa, æ_.» -- «No has de decir assí, querido; sino _Musa,

Musæ_.» -- «No Señor, no Señor: mi Arte no dice _Musa, Musæ_, sino

_Musa, æ_.» -- «Vaya, segun esso has estudiado en el Arte de Nebrija?»

-- «No, Señor, en mi Arte no está pintada ninguna Lagartija, sino un

Leon muy guapo; mírele usté», y enseñóle el Leon, emblema, ó insignia

de la Oficina, que está en la llana del fróntis.

6. No dexaron de caer en gracia á la rectíssima severidad del Preceptor

las candideces de Gerundico; pero volviéndose al padre, le dixo en

tono ponderativo: «_Ecce tibi sebosus._ Ve aquí uno de los errores

tan crassos, como velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija,

ó de la Cerda, de que usan los Padres de la Compañía, con quienes

tambien estudié yo. Es cierto que son Varones sapientíssimos, pero

son hombres, y _hominum est errare_: son agudos, son buenos ingenios,

y muy despiertos; pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de

Homero, y con todo esso _quandoque bonus dormitat Homerus_. Lo primero,

comenzar la Gramática por _Musa, Musæ_, es comenzar por donde se ha

de acabar: _cæpisti qua finis erat_: porque las Musas, esto es la

Poesía, es lo último, que se ha de enseñar á los muchachos, despues de

la Rhetórica. Argumento es este, que le he puesto á muchos Jesuítas,

claríssimos Varones, y ninguno ha sabido responderme. Pero qué me

havian de responder, si no tiene respuesta? _Deinde_, en la impression

de muchos Artes, en lugar de poner _Nominativo Musa, Genitivo Musæ,

Dativo Musæ, Accusativo Musam_, todo á la larga y por extenso; por

ahorrar papel lo ponen en abreviatura: _Nom. Musa. Gen. æ. Dat. æ.

Accus. am_. Y qué sucede? ó que los pobres chicos lo pronuncian

assí, _quod video quam sit ridiculum_; que sea menester gastar

tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar; _& nihil est tempore

pretiosius_. Pero, donde se palpan _ad oculum_ los inconvenientes

de estas abreviaturas, son en los Thesauros, ya sea de Salas, ya de

Requejo. Va un niño á buscar un nombre, _exempli causa_, qué hay por

_Madre_, y en lugar de encontrar _mater, matris_, halla _mater, tris_.

Quiere saber qué hay por _enviar_, y en vez de hallar _mitto, mittis_,

encuentra _mitto, is_. Busca qué hay por _camisa_, y en lugar de

_subucula, subuculæ_, no lee mas que _subucula, æ_. Antójasele, como

al otro muchacho, escribir á su madre una carta latina, para darla á

entender lo mucho que havia aprovechado, en la qual la dice, que la

envía una camisa sucia, para que se la lave, y encájala esta sarta de

disparates: _Mater, tris; mitto, is; subucula, æ; ut labo, as._ _Quid

tibi videtur?_ Qué le parece á Vm. señor Anton Zotes?» -- «Qué me ha

de parecer? que, aunque havia oído mil cosas de la estupendíssima

sabiduría de usted, y yo tenia alguna experiencia, pero haviéndole

oído ahora, me he quedado aturdido, y, en llegando á mi Lugar, he de

dar muchas gracias á la mi Catanla, porque me quitó de la cabeza el

unviar al mi Gerundio á Villagarcía; pues, dempues de Dios, á ella se

le debe el que m’ijo mereza tener tan doctíssimo Maestro.» Con esto se

despidió del Preceptor, dexó á su hijo en una posada, y se restituyó

á Campazas, donde luego que llegó, dixo á su muger y al Cura, que le

estaban esperando á la puerta de la calle, que, si Gerundico havia

tenido fortuna en topar con el Cojo de Villaornate, mas enfortunado

havia sido entoadía en dar con un Maestro, como el Dómine, con quien

le dexaba, porque era un Latino de todos los diantres, y que todos los

Theatinos de Villagarcía juntos no llegaban al zancajo de su sabiduría.

«Déxelo, señor, aquello era una Gabilonia: mas de una hora estuvimos

palrando mano á mano, y á cada palabra, que yo le decia, luego me

sacaba un rimero de testos en latin, que no parecia sino que los trahia

en el balsopeto de una enguarina muy larga que tenia puesta. Por fin

y por postre, el Cojo de Villaornate bien puede ser el _Tuauten_ de

los Maestros de Escuela; pero en linia de Preceptor, el Dómine de

Villamandos es el _per omnia secula seculorum_, y miéntras Cámpos sea

Cámpos, no havrá quien le desquite.»

7. Con efecto el paralelo no podia ser mas justo; porque, si el

cultíssimo Cojo tenia una innata propension á todo lo extravagante en

órden á la ortographía, y á la propiedad de la lengua Castellana, el

Latiníssimo Dómine no podia tener gusto mas estrafalario en todo lo que

tocaba á la Latinidad, comenzando por la Ortographía Latina, y acabando

por la Poesía. A la verdad él entendia medianamente los Autores, y

havia leído muchos; pero pagábase de lo peor, y sobre todo le caían

mas en gracia los que eran mas retumbantes, y mas ininteligibles.

Preferia la afectada pomposidad de Amiano y Plinio el mozo, á la grave

magestad de Ciceron; la obscuridad y la dureza de Valerio Máximo, á

la dulce elegancia de Tito-Livio; los entusiasmos de Estacio, á la

elevacion sublime y juiciosa de Virgilio: decia que Marcial era un

insulso, respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimitable

Horacio no merecian descalzar el menor de los chistes de Plauto. Los

cortadillos de Séneca le daban grandíssimo gusto; pero de quien estaba

furiosamente enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, de

aquellos triqui-traques del estilo de Cassiodoro; y, aunque no le havia

leído sino en las aprobaciones de los libros, se alampaba por leerlas,

assegurado de que hallaria pocas, que no estuviessen empedradas de sus

cultíssimos fragmentos, porque Aprobacion sin Cassiodoro es lo mismo,

que Sermon sin Agustino, y olla sin tocino.

8. Para él no havia cosa como un libro, que tuviesse título sonoro,

pomposo, y altisonante, y mas si era alegórico, y estaba en él bien

seguida la alegoría. Por esso hacia una suprema estimacion de aquella

famosa obra, intitulada: _Pentacontarchus, sive quinquaginta militum

ductor; stipendiis Ramirezii de Prado conductus, cujus auspiciis varia

in omni Litterarum ditione monstra profligantur, abdita panduntur,

latebræ ac tenebræ pervestigantur & illustrantur_. Quiere decir: El

Pentacontarcho, esto es, el Capitan de cinquenta Soldados, á sueldo

de Ramirez de Prado, con cuyo valor y auspicio se persiguen y se

ahuyentan varios monstruos de todos los dominios de la Literatura,

se descubren cosas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos,

y se ilustran las mas densas tinieblas. Porque, si bien es verdad,

que el título no puede ser mas ridículo, y mas quando nos hallamos

con que todo el negocio del señor Pentacontarcho se reduce á impugnar

cinquenta errores, que al bueno de Ramirez de Prado le pareció haver

encontrado en varias facultades; y no embargante de que á la tercera

paletada se le cansó la alegoría, pues no sabemos que hasta ahora

se hayan levantado Regimientos ni Compañías de Soldados, para salir

á caza de monstruos ni de fieras, y mucho ménos que sea incumbencia

de la Soldadesca examinar escondrijos, ni quitar el oficio á los

candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinieblas; pero

el bendito del Dómine no reparaba en estas menudencias, y atronado

con el estrepitoso sonido de Pentacontarcho, Capitan, Soldados, y

estipendio, decia á sus discípulos, que no se havia inventado título

de libro semejante, y que este era el modo de bautizar las obras

en estilo culto y sonoroso. Por el mismo principio le caía muy en

gracia aquella parentacion latina, que se hizo en la muerte de cierto

personage llamado Fol de Cardona, Varon pio y favorecido con muchos

consuelos celestiales; á la qual se la puso este oportuníssimo título:

_Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus, acrophytio Sacræ

Scripturæ armatus, manuque Samaritani applicatus_. Es decir: Fuelle

espiritual, hinchado con el viento de la consolacion, aplicado al

Organo de la Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano.

«Quien hasta ahora, decia el Pedantíssimo Preceptor, ha excogitado

cosa mas discreta ni mas elegante? Si alguna pudiera competirla, era

el incomparable título de aquel eloquentíssimo libro, que se imprimió

en Italia á fines del siglo passado, con esta harmoniosa inscripcion:

_Fratrum Roseæ crucis fama scancia redux, buccina jubilæi ultimi, Evæ

hyperboleæ prænuncia, montium Europæ cacumina suo clangore feriens,

inter colles & valles Araba resonans_: Fama recobrada de los hermanos

de la Roja Cruz; Trompeta sonora del último Jubiléo, precursora

de la hyperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo en las cumbres de los

montes de Europa, retumban en los valles y en las concavidades de

Arabia. Esto es inventar y elevarse, que lo demas es arrastrar por

el suelo. Y no que los preciados de críticos y de cultos han dado

ahora en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros,

y tan naturales, que qualquiera vejezuela entenderá la materia de

que se trata en la obra á la primera ojeada, queriéndonos persuadir,

que assí se debe hacer, que lo demas es _pedantería_, nombre sucio y

mal sonante.» Y al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido

Dómine. «Por toda razon de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos

alegan, que ni Ciceron, ni Tito-Livio, ni Cornelio Nepote, ni algun

otro Autor de los del Siglo de Augusto, usaron jamas de títulos

rumbosos, sino simples y naturales. _Ciceronis Epistolæ_: _Orationes

Ciceronis_: _Cicero de Officiis_: _Historia Titi-Livii_: _Annales

Cornelii Taciti_; y daca el Siglo de Augusto, torna el Siglo de

Augusto, que nos tienen ensiglados y en-Augustados los sessos, como

si en todos los Siglos no se huvieran estilado hombres de mal gusto,

y que cometieron muchos yerros, como lo dice expressamente la Iglesia

en una oracion que comienza: _Deus qui errantibus_, y acaba: _per

omnia secula seculorum_. Digan Ciceron, Tito-Livio, y Tácito, y cien

Tácitos, cien Tito-Livios, y cien Cicerones lo que quisieren, todo

quanto ellos hicieron no llega al carcañal de aquella estupendíssima

obra, intitulada: _Amphitheatrum sapientiæ æternæ, solius, veræ,

Christiano-Cabalisticum, divino-Magicum, necnon Physico-Chymicum,

ter-triunum-Catholicum; instructore Henrico Conrath_: Amphiteatro

de la Sabiduría eterna, única, verdadera, Christiano-cabalístico,

divino-Mágico, Phýsico-Chýmico, uni-trino-Cathólico, construído ó

fabricado por Henrico Conrath. Que me den en toda la antigüedad, aunque

entre en ella su Siglo de Augusto, cosa que se le parezca. Dexo á un

lado aquella oportunidad de adjetivos encadenados, cada qual con su

esdrújulo corriente, que son comprehensivos de todas las materias

tratadas en el discurso de la obra. Despues de haverla llamado á esta

_Amphiteatro_, qué cosa mas aguda, ni mas oportuna, ni mas al caso, que

decir _construído_, _fabricado_, y no _escrito_, ni _compuesto_ por

Henr. Conrath, siguiendo la alegoría hasta la última boqueada? Si este

no es primor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera Latinidad.»

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 36 / 61 题