CAPITULO V.

De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate.

Eralo un Cojo, el qual, siendo de diez años, se havia quebrado una

pierna por ir á coger un nido. Havia sido discípulo en Leon de un

Maestro famoso, que de un rasgo hacia una pájara, de otro un pavellon,

y con una A ó con una M al principio de una Carta, cubria toda aquella

primera llana de garambaynas. Hacia Carteles, que dedicaba á grandes

personages, los quales por lo comun se los pagaban bien; y, aunque le

llamaban por esto el Maestro socaliñas, á él se le daba poco de los

murmuradores, y no por esso dexaba de hacer sus ridículos cortejos.

Sobre todo era eminente en dibujar aquellos Carteles, que llaman

de letras de humo, y con efecto pintaba un _Alabado_, que podia

arder en un candil. De este insigne Maestro fué discípulo el Cojo de

Villaornate; y era fama, que por lo ménos havia salido tan primoroso

garambaynista, como su mismo Maestro.

2. Siendo cosa averiguada que los cojos por lo comun son ladinos

y avisados, este tal Cojo, de quien vamos hablando, no era lerdo,

aunque picaba un poco en presumido y en extravagante. Como salió tan

buen pendolista, desde luego hizo ánimo á seguir la carrera de las

Escuelas, esto es, á ser Maestro de Niños: y para soltarse en la letra,

se acomodó por dos ó tres años de Escribiente con el Notario de la

vicaría de San Millan, el qual era hombre curioso, y tenia algunos

Libros romancistas, unos buenos, y otros malos. Entre estos havia tres

libritos de Ortographía, cuyos Autores seguian rumbos diferentes, y

aun opuestos, queriendo uno que se escribiesse segun la etymología ó

derivacion de las voces; otro defendiendo, que se havia de escribir

como se pronunciaba; y otro, que se debia seguir en esso la costumbre.

Cada uno alegaba por su parte razones, exemplos, autoridades, citando

Academias, Diccionarios, Lexicones, _ex omni lingua, tribu, populo &

natione_; y cada qual esforzaba su partido con el mayor empeño, como si

de este punto dependiera la conservacion, ó el trastornamiento y ruina

universal de todo el Orbe Literario, conviniendo todos tres en que la

Ortographía era la verdadera _clavis scientiarum_, el fundamento de

todo el buen saber, la puerta principal del Templo de Minerva, y que,

si alguno entraba en él sin ser buen Ortographista, entraba por la

puerta falsa; no haviendo en el mundo cosa mas lastimosa, que el que se

llamassen Escritores los que no sabian escribir. Sobre este pié metia

cada Autor una zambra de todos los diantres en defensa de su particular

opinion. Al Etymologista y Derivativo, se le partia el corazon de

dolor, viendo á innumerables Españoles indignos, que escribian _España_

sin _H_, en gravíssimo deshonor de la gloria de su misma patria, siendo

assí que se deriva de _Hispania_, y esta de _Hispaan_, aquel Héroe, que

hizo tantas proezas en la caza de conejos, de donde en lengua _Púnica_

se vino á llamar _Hispania_ toda tierra, donde havia mucha gazapina. Y,

si se quiere que se derive de _Hespero_, aún tiene orígen y cuna mas

brillante, pues no viene ménos que del Lucero vespertino, que es Ayuda

de Cámara del Sol quando se acuesta, y le sirve el gorro para dormir,

el qual á ojos vistos se ve, que está en el territorio celestial

de nuestra amada patria; y quitándola á esta la _H_ con sacrílega

impiedad, obscurecióse todo el esplendor de su claríssimo orígen. Y los

que hacen esto se han de llamar Españoles! O indignidad! O indecencia!

3. Pero donde perdia todos los estrivos de la paciencia, y aun de la

razon, era en la torpe, en la bárbara, en la escandalosa costumbre

ó corruptela de haver introducido la _Y_ Griega, quando servia de

conjuncion, en lugar de la _I_ Latina, que, sobre ser mas pulida y

mas pelada, tenia mas parentesco con el _et_ de la misma lengua, de

donde tomamos nosotros nuestra _i_. Fuera de que la _y_ Griega tiene

una figura basta, rústica, y grossera, pues se parece á la horquilla

con que los Labradores cargan los haces en el carro; y aunque no fuera

mas que por esta gravíssima razon, debia desterrarse de toda escritura

culta y asseada. «Por esto, decia dicho Etymologista, siempre que leo

en algun Autor _y Pedro, y Juan, y Diego_, en lugar de _i Diego, i

Pedro, i Juan_, se me revuelven las tripas, se me commueven de rabia

las entrañas, y no me puedo contener sin decir entre dientes: Hi-de

pu... I al contrario, no me harto de echar mil bendiciones á aquellos

celebérrimos Autores, que saben qual es su _I_ derecha, i entre otros

á dos Cathedráticos de dos famosas Universidades, ambos immortal honor

de nuestro Siglo, i envidia de los futuros, los quales, en sus dos

importantíssimos Tratados de Ortographía, han trabajado con glorioso

empeño en restituir la _I_ Latina al trono de sus antepassados; por lo

qual digo y diré mil veces, que son benditos entre todos los benditos.»

4. No le iba en zaga el otro Autor, que, despreciando la etymología y

la derivacion, pretendia, que en las lenguas vivas se debia escribir

como se hablaba, sin quitar ni añadir letra alguna, que no se

pronunciasse. Era gusto ver como se encendia, como se irritaba, como

se enfurecia contra la introduccion de tantas hh, nn, ss, y otras

letras impertinentes, que no suenan en nuestra pronunciacion. «Aquí

de Dios y del Rey (decia el tal Autor, que no parecia sino Portugués

en lo fanfarron y en lo arrogante): si pronunciamos _ombre_, _onra_,

_ijo_, sin aspiracion, ni alforjas, á qué ton emos de pegar á estas

palabras aquella _h_ arrimadiza, que no es letra ni calabaza, sino

un recuerdo, ó un punto aspirativo? Y si se debe aspirar con la _h_

siempre que se pone, por qué nos reímos del Andaluz, quando pronuncia

_jijo_, _jonra_, _jombre_? Una de dos: ó él jabla bien, ó nosotros

escribimos mal. Pues, qué diré de las nn, ss, rr, pp, y demas letras

dobles, que desperdiciamos lo mas lastimosamente del mundo? Si suena

lo mismo _pasion_ con una _s_ que con dos; _inocente_ con una _n_ que

con dos; _Philipo_ con una _p_ que con dos, _ut quid perditio hæc_?

Que doblemos las letras en aquellas palabras en que se pronuncian

con particular fortaleza, ó en las quales, si no se doblan, se puede

confundir su significado con otro, como en _perro_ para distinguirle

de _pero_, en _parro_ para diferenciarle de _paro_, y en _cerro_ para

que no se equivoque con _cero_, vaya; pero en _buro_, que ya se sabe

lo que es, y no puede equivocarse con otro algun significado, para qué

emos de gastar una _r_ mas, que despues puede acernos falta para mil

cosas? Es esto mas que gastar tinta, papel, y tiempo contra todas las

reglas de la buena economía? No digo nada de la prodigalidad con que

malvaratamos un prodigioso caudal de _uu_, que para nada nos sirven

á nosotros, y con las quales se podian remediar muchíssimas pobres

Naciones, que no tienen una _u_ que llegar á la boca. V. gr. _en qué_,

en _por qué_, en _para qué_, en _quiero_, & reliqua, no me dirán

ustedes qué falta nos ace la _u_, puesto que no se pronuncia? Estaria

peor escrito _qiero_, _qé_, _por qé_, _para qé_, &c? Añado, que, como

la misma _q_ lleva envuelta en su misma pronunciacion la _u_, podiamos

aorrar muchíssimo caudal de _uu_ para una urgencia, aun en aquellas

voces en que claramente suena esta letra; porqe, qé inconveniente

tendria, qe escribiéssemos _qerno_, _qando_, _qales_, para pronunciar

_querno_, _quando_, _quales_? Aún hay mas en la materia: puesto que la

_K_ tiene la misma fuerza que la _q_, todas las veces que la _u_ no

se declara, distingamos de tiempos, y concordaremos derechos; quiero

decir, desterremos la _q_ de todas aquellas palabras, en que no se

pronuncia la _u_, y valgámonos de la _K_, pues, aunque assí se parecerá

la escritura á los Kyries de la Missa, no perderá nada por esso. Vaya

un verbi gracia de toda esta Ortographía.»

5. «El ombre ke kiera escribir coretamente, uya quanto pudiere de

escribir akellas letras, ke no se egspresan en la pronunciacion;

porke es desonra de la pluma, ke debe ser buena ija de la lengua, no

aprehender lo ke la enseña su madre, &c.» Cuéntense las _uu_ que se

aorran en solo este período, y por aquí se sacará las que se podian

aorrar al cabo del año en Libros, Instrumentos, y Cartas: y luego

estrañarán que se haya encarecido el papel.»

6. Por el contrario, el Ortographista, que era de opinion, que en

esto de escribir se havia de seguir la costumbre, no se metia en

dibujos; y haciendo gran burla de los que gastaban el calor natural

en estas vagatelas, decia, que, en escribiendo como havian escrito

nuestros Abuelos, se cumplia bastantemente: y mas quando en esto de

Ortographía hasta ahora no se havian establecido principios ciertos y

generalmente admitidos, mas que unos pocos, y que en lo restante cada

uno fingia los que se le antojaba. El Cojo, que, como ya diximos, era

un si es no es muchíssimo extravagante, leyó todos los tres Tratados;

y, como vió que la materia tenia mucho de arbitraria, y que cada qual

discurria segun los senderos de su corazon, le vino á la imaginacion

un extraño pensamiento. Parecióle, que él tenia tanto caudal como

qualquiera para ser Inventor, Fundador, y Patriarca de un nuevo

Systema ortográphico; y aun se lisongeó su vanidad, que acaso daria

con uno, jamas oído ni imaginado, que fuesse mas racional y mas justo,

que todos los descubiertos; figurándosele, que, si acertaba con él, se

haria el Maestro de niños mas famoso, que havia havido en el mundo,

desde la fundacion de las Escuelas, ó hasta la institucion de los

Esculapios,[15] _inclusive_.

7. Con esta idéa comenzó á razonar allá para consigo, diciéndose á sí

mismo: «Válgame Dios! las palabras son imágenes de los conceptos, y

las letras se inventaron para ser representacion de las palabras; con

que, por fin y postre, ellas tambien vienen á ser representacion de los

conceptos. Pues ahora, aquellas letras que representaren mejor lo que

se concibe, essas serán las mas propias y adequadas; y assí, quando yo

concibo una cosa pequeña, la debo escribir con letra pequeña, y quando

grande, con letra grande. Verbi gracia: qué cosa mas impertinente, que,

hablando de una Pierna de Baca, escribirla con una _p_ tan pequeña,

como si se hablara de una pierna de hormiga, y tratando de un Monte,

usar una _m_ tan ruin, como si tratara de un Mosquito? Esto no se

puede tolerar, y ha sido una inadvertencia fatal y crasíssima de todos

quantos han escrito hasta aquí. Hay cosa mas graciosa, ó por mejor

decir mas ridícula, que igualar á Zaquéo en la _Z_ con Zorobabel, y

con Zabulon; siendo assí, que consta de la Escritura, que el primero

era pequeñito y casi enano, y los otros dos, qualquiera hombre de

juicio los concibe por lo ménos tan grandes y tan corpulentos como

el mayor Giganton del dia del Corpus? Porque pensar, que no llenaban

tanto espacio de ayre, como llenan de boca, _proportione servata_,

es cuento de niños. Pues ve aquí, que salgan Zaquéo y Zabulon en un

escrito, y que, siendo ó haviendo sido en sí mismos tan desiguales en

el tamaño, han de parecer iguales en la escritura! Vaya, que es un

grandíssimo despropósito. Item, si se habla de un hombre, en quien

todas las cosas fueron grandes; como si dixéramos un San Agustin,

ponderando su Talento, su Ingenio, su Comprehension, hemos de escribir

y pintar en el papel estas agigantadas prendas con unas letricas tan

menudas y tan indivisibles, como si habláramos por comparanza de las

del Autor _del Poema Epico de la Vida de S. Anton_, y otros de la misma

calaña? Esso seria cosa ridícula, y aun ofensiva á la grandeza de un

Santo Padre de tanta magnitud. Fuera de que, donde puede haver mayor

primor que el hacer, que qualquiera lector, solo con abrir un libro,

y ántes de leer ni una sola palabra, conozca por el mismo tamaño y

multitud de las letras grandes, que allí se trata de cosas grandiosas,

magníficas, y abultadas; y al contrario, en viendo que todas las letras

son de estatura regular, ménos tal qual que sobresale á trechos, como

los pendones en la procession, cierre incontinenti el libro, y no

pierda tiempo en leerle, conociendo desde luego, que no se contienen

en él sino cosas muy ordinarias y comunes? Quiero explicar esto con

el exemplo de un estupendo Sermon, predicado al mismo S. Augustin, el

mejor que he oído, ni pienso oír en los dias de mi vida. Preguntaba el

Predicador, por qué á S. Agustin se le llamaba el _Gran Padre de la

Iglesia_, y á ningun otro Santo Padre, ni Doctor de ella se le daba

este _Epítheto_? (Assí decia él). Y respondió:»

8. «Porque mi Agustino, no solo fué Gran Padre, sino Gran Madre y

Gran Abuelo de la Iglesia. Gran Padre, porque ántes de su Conversion

tuvo muchos Hijos, aunque no se logró mas que uno. Gran Madre, porque

Concibió y Parió muchos Libros. Gran Abuelo, porque Engendró á los

Hermitaños de San Agustin, y los Hermitaños de S. Agustin engendraron

despues todas las Religiones mendicantes, que siguen su santa Regla,

las quales todas son Nietas del Grande Agustino. Y note de passo el

discreto, que la Regla destruye la Maternidad, y la Regla fué la que

asseguró la Paternidad de mi Gran Padre. _Magnus Parens._»

9. «Este trozo de Sermon, que oí con estos mismíssimos oídos, que han

de comer la tierra, y un pobre ignorante y mentecato, aunque tenia

crédito de gran Letrado y hombre maduro, trató de puerco, sucio,

hediondo, y digno del fuego; pero á mí me pareció, y oy dia me lo

parece, la cosa mayor del mundo: digo que este trozo de Sermon,

escrito como está escrito, esto es, con letras mayúsculas y garrafales

en todo lo que toca á S. Agustin, desde la primera vista llama la

atencion del Lector, y le hace conocer, que allí se contienen cosas

grandes, y, sin poderse contener, luego se avalanza á leerlo: quando

al contrario, si estuviera escrito con letras ordinarias, no pararia

mientes en él, y quizá le arrimaria sin haver leído una letra. Assí

que en esta mi Ortographía se logra lo primero, la propiedad de las

letras con los conceptos que representan; lo segundo, el decoro de las

personas de quien se trata; lo tercero, el llamar la atencion de los

lectores. Y podia añadir lo quarto, que tambien se logra la hermosura

del mismo escrito; porque son las letras grandes en el papel lo que

los árboles en la huerta, que la amenizan y la agracian, y desde luego

dá á entender, que aquella es huerta de Señor; quando un libro todo de

letras iguales y pequeñas, parece huerta de verdura y hortaliza, que es

cosa de Frayles y gente ordinaria.»

10. Con estas disparatadas consideraciones se enamoró tanto el

extravagante Cojo de su ideada Ortographía, que resolvió seguirla,

entablarla, y enseñarla. Y haviendo vacado por aquel tiempo la Escuela

de Villaornate, por ascenso del Maestro actual á Fiel de Fechos de

Cojezes de abajo, la pretendió, y la logró á dos paletadas; porque

ya havia cobrado mucha fama en toda la tierra, con ocasion de los

Litigantes que acudian á la Vicaría. Llovian niños como paja de todo

el contorno á la fama de tan estupendo Maestro; y Anton Zotes y su

muger resolvieron enviar allá á su Gerundico, para que no se malograsse

la viveza que mostraba. El Cojo le hizo mil caricias, y desde luego

comenzó á distinguirle entre todos los demas niños. Sentábale junto

á sí; hacíale punteros; limpiábale los mocos; dábale avellanas y

mondaduras de peras; y, quando el niño tenia gana de proveherse,

el mismo Maestro le soltaba los dos quartos traseros de las bragas

(porque consta de instrumentos de aquel tiempo que eran abiertas), y,

arremangándole la camisita, le llevaba en esta postura hasta el corral,

donde el Chicuelo hacia lo que havia menester. No era oro todo lo que

relucia, el bellaco del Cojo sabia bien, que no echaba en saco roto los

cariños que hacia á Gerundico, porque á los buenos de sus padres se les

caía con esto la baba; y ademas de pagarle muy puntualmente el real

del mes, la rosca del Sabado, que llevaba su hijo, era la primera y la

mayor, y siempre acompañada con dos huevos de paba, que no parecian

sino mesmamente como dos bolas de trucos.[16] Amen de esso, en tiempo

de matanza eran corrientes y seguras tres morcillas, con un buen pedazo

de solomo: esto sin entrar en cuenta la morcilla cagalar con dos buenas

varas de longaniza, que era el colgajo del dia de San Martin, nombre

que tenia el Maestro. Y quando paria Señora (assí llamaban los niños

á la Maestra), era cosa sabida, que la Tia Catanla la regalaba con

dos Gallinas las mas gordas que havia en todo su Gallinero, y con una

libra de vizcochos, que se trahian exprofessamente de la Confitería de

Villamañan. Con esto se esmeraban Maestro y Maestra en acariciar al

niño, tanto, que la Maestra todos los Sabados le cortaba las uñas, y de

quince en quince dias le espulgaba la cabeza, y sacaba las liendres.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 34 / 61 题