19, LUNES.

En este dia dí parte á la Exma. Junta Gubernativa de todas las

ocurrencias de Carrupilun, y estado de asedio en que me consideré en

los dias 17 y 18; las medidas tomadas y resolucion de defenderme y

atacar á los indios si me embarazaban el regreso. Prohibí la venta de

toda bebida á los indios. Llegó el cacique Victoriano, dejando su gente

pronta y armada para que ocurriese con su aviso, y entonces saludò

á Carrupilun, quien trató de despedirse en aquel dia, é igualmente

los mas de los caciques de su parcialidad, exigiendo se les diese

algunas bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fué necesario

franquearles para salir de ellos sin agravio ó descontento. Me pidieron

todos les diese oficio de recomendacion para poder presentarse en las

Guardias y al Superior Gobierno como amigos, en que no me detuve; dando

parte igualmente á la Exma. Junta, manifestándole individualmente

las circunstancias de cada uno para que solo se atendiese á los

amigos beneméritos, dando resguardo á los demas, y los motivos que me

obligaban á darles dichos oficios.

Se presentó en este dia el cacique Milba, hombre feroz de aspecto y de

condicion, quien con su gente acampó á distancia de nuestro real por

no desarmarla, y vino solo con un lenguaraz indio, cuyo próximo arrivo

habia anunciado Neuquen en el dia anterior. A este principalmente,

y á Neuquen estaba encomendado el asalto; mas mudó de lenguage, en

virtud de las ocurrencias referidas, y se despidió. Sin embargo hasta

el siguiente dia se veló mucho sobre las haciendas, por los frecuentes

robos que se experimentaban entre ellos, bien que no se atrevieron

asaltar á nuestros ganados de dia; pero en la noche acometieron varios

indios á algunos vivanderos. Fueron sentidos y perseguidos por las

patrullas: prendieron á dos con los robos que habian hecho, é hirieron

mortalmente á otro, conduciendo á los tres á la guardia de prevencion,

donde se les aseguró. El facultativo puso el mayor esmero en curar al

herido, que entre otras habia recibido una herida en el bajo vientre,

y tenia las tripas fuera. Este cuidado se redobló cuando se supo que

no tenia ingerencia en los robos, que era indio amigo, y que como tal

apellidó en su defensa al cacique Valeriano para que no le ultimasen.

La causa de su desgracia fue el haberse asustado, y echado al indio que

dormia, cuando se dirigieron hàcia él los soldados que perseguian á

los ladrones. Esta ocurrencia puso en doble vigilancia al campamento:

prevenidos los indios de ella, avivaron su retirada luego que amaneció,

siendo el primero Carrupilun. Antes que se retirasen, dispuse que

reconociesen á los indios ladrones, que se hallaban bien asegurados á

las ruedas de una carreta, con las especies robadas, para que en ningun

tiempo pudiera dudarse de la justicia de su prision y castigo. Para

esto hice convocar á los caciques, y ordené se mantuviese sobre las

armas la expedicion.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 36 / 69 题