En este dia dí parte á la Exma. Junta Gubernativa de todas las
ocurrencias de Carrupilun, y estado de asedio en que me consideré en
los dias 17 y 18; las medidas tomadas y resolucion de defenderme y
atacar á los indios si me embarazaban el regreso. Prohibí la venta de
toda bebida á los indios. Llegó el cacique Victoriano, dejando su gente
pronta y armada para que ocurriese con su aviso, y entonces saludò
á Carrupilun, quien trató de despedirse en aquel dia, é igualmente
los mas de los caciques de su parcialidad, exigiendo se les diese
algunas bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fué necesario
franquearles para salir de ellos sin agravio ó descontento. Me pidieron
todos les diese oficio de recomendacion para poder presentarse en las
Guardias y al Superior Gobierno como amigos, en que no me detuve; dando
parte igualmente á la Exma. Junta, manifestándole individualmente
las circunstancias de cada uno para que solo se atendiese á los
amigos beneméritos, dando resguardo á los demas, y los motivos que me
obligaban á darles dichos oficios.
Se presentó en este dia el cacique Milba, hombre feroz de aspecto y de
condicion, quien con su gente acampó á distancia de nuestro real por
no desarmarla, y vino solo con un lenguaraz indio, cuyo próximo arrivo
habia anunciado Neuquen en el dia anterior. A este principalmente,
y á Neuquen estaba encomendado el asalto; mas mudó de lenguage, en
virtud de las ocurrencias referidas, y se despidió. Sin embargo hasta
el siguiente dia se veló mucho sobre las haciendas, por los frecuentes
robos que se experimentaban entre ellos, bien que no se atrevieron
asaltar á nuestros ganados de dia; pero en la noche acometieron varios
indios á algunos vivanderos. Fueron sentidos y perseguidos por las
patrullas: prendieron á dos con los robos que habian hecho, é hirieron
mortalmente á otro, conduciendo á los tres á la guardia de prevencion,
donde se les aseguró. El facultativo puso el mayor esmero en curar al
herido, que entre otras habia recibido una herida en el bajo vientre,
y tenia las tripas fuera. Este cuidado se redobló cuando se supo que
no tenia ingerencia en los robos, que era indio amigo, y que como tal
apellidó en su defensa al cacique Valeriano para que no le ultimasen.
La causa de su desgracia fue el haberse asustado, y echado al indio que
dormia, cuando se dirigieron hàcia él los soldados que perseguian á
los ladrones. Esta ocurrencia puso en doble vigilancia al campamento:
prevenidos los indios de ella, avivaron su retirada luego que amaneció,
siendo el primero Carrupilun. Antes que se retirasen, dispuse que
reconociesen á los indios ladrones, que se hallaban bien asegurados á
las ruedas de una carreta, con las especies robadas, para que en ningun
tiempo pudiera dudarse de la justicia de su prision y castigo. Para
esto hice convocar á los caciques, y ordené se mantuviese sobre las
armas la expedicion.