A las 8 de la mañana de este dia llegó al campamento un chasqui
del cacique Quinteleu, que en el dia de su llegada á la laguna se
retiró á buscar su familia, avisando, que habia tenido noticia
de las incomodidades sufridas con algunos caciques, pero que nos
tranquilizasemos: que al momento se ponia en marcha, que aquietaria
y conduciria al campamento á los caciques que se decian enemigos,
y les haria entender sus deberes. En efecto llegó como á las 2 de
la tarde con los caciques Ranqueles, menos Carrupilun, Curritipai,
Coronado y otros, que aun quedaron renitentes y tercos en sus porfias.
Se recibieron como á los demas, y dieron sus razones y parlamentos á
presencia de todos los demas caciques que ya habian sido admitidos.
Cada uno de ellos se panegirizó de un potentado y gran señor de aquel
continente, dandose unos á otros esclusiva, sin ofenderse de ello,
aunque privativamente se llamaban dueños de la laguna. A todo se dió
su respectiva contestacion: habló el último Quinteleu, y entre otras
muchas cosas, con que atacó á los caciques, fué la última, que nadie
esclusivamente tenia dominio sobre la laguna, que esta era comun, y que
todos debian disfrutarla, que ningun cacique, sin cometer violencia y
faltar á los tratados de paz con los españoles, podia incomodarlos: que
él habia ofrecido al Exmo. Señor Virey y al Exmo. Cabildo hacer guardar
estos tratados, y que la expedicion no seria incomodada; y esto lo
habia de cumplir y defender con su gente si fuese necesario, hasta
cargar las carretas y conducirlas á la misma capital. Que á ningun
cacique ni sus gentes se estorba entrar á Buenos-Aires, y á todos se
les daba buen pasaporte, y por lo mismo faltando en este presente á
su deber los indios, se esponian al enojo de los españoles, y á que
tomasen las armas y los destruyesen. Por lo tanto creia, que todos
los caciques que estaban presentes convendrian con él: y en efecto
convinieron, añadiendo cada uno razonamientos de su conformidad. En
este estado repuse, que yo no llevaba otra comision que la de conducir
la expedicion, y cargarla de sal, guardando la mejor armonía y amistad
con los caciques é indios, sin incomodar á nadie, y observar quienes
eran verdaderos amigos, y quienes eran enemigos: no permitir que
ninguno ultrajase á los españoles, en cuyo caso castigaria á los que
se atreviesen. Que algunos caciques se habian propasado, y esperaba
solo la reunion de todos para manifestarles y hacerles ver, que yo no
queria emplear las armas si no contra los que me insultaban: y les
hacia saber, que á la mas leve queja ó insulto usaria de las armas,
y daria cuenta al Señor Virey para castigar la tierra, y que no me
retiraria sin hacer los mayores estragos, abandonando la expedicion por
vengar los insultos y agravios. Que en este concepto contuviesen á los
que se oponian, pues mientras no viese acertada esta paz, no cargaria
las carretas de sal, por estar mas desembarazado para todo: que se
retirasen á alojar á distancia del campamento con sus gentes. Todos
afianzaron estar tranquila la tierra, y me rogaron tratase de cargar
las carretas. Yo me resistia á ello, haciendo mérito de lo mismo que
me era imposible practícar por el estado de la laguna, y los caciques
Quillan, Payllatur y Quidenau se esforzaron sobremanera, y el último
con tal estremo, que ofreció en rehenes y seguridad de sus promesas,
4 hijos y su persona: pero yo diferí la contestacion para el dia 17,
respecto á que ya era tarde y debian tratar de alojarse. En este estado
se retiraron, menos Victoriano y Quinteleu que alojaron en la guardia
de prevencion, y continuaron suplicándome cargase las carretas, cierto
de que nada me habia de suceder. Y quedando la tropa y gente de armas
en vela con las mismas òrdenes y prevenciones que la noche anterior,
pasó esta sin mas novedad.