16, VIERNES.

A las 8 de la mañana de este dia llegó al campamento un chasqui

del cacique Quinteleu, que en el dia de su llegada á la laguna se

retiró á buscar su familia, avisando, que habia tenido noticia

de las incomodidades sufridas con algunos caciques, pero que nos

tranquilizasemos: que al momento se ponia en marcha, que aquietaria

y conduciria al campamento á los caciques que se decian enemigos,

y les haria entender sus deberes. En efecto llegó como á las 2 de

la tarde con los caciques Ranqueles, menos Carrupilun, Curritipai,

Coronado y otros, que aun quedaron renitentes y tercos en sus porfias.

Se recibieron como á los demas, y dieron sus razones y parlamentos á

presencia de todos los demas caciques que ya habian sido admitidos.

Cada uno de ellos se panegirizó de un potentado y gran señor de aquel

continente, dandose unos á otros esclusiva, sin ofenderse de ello,

aunque privativamente se llamaban dueños de la laguna. A todo se dió

su respectiva contestacion: habló el último Quinteleu, y entre otras

muchas cosas, con que atacó á los caciques, fué la última, que nadie

esclusivamente tenia dominio sobre la laguna, que esta era comun, y que

todos debian disfrutarla, que ningun cacique, sin cometer violencia y

faltar á los tratados de paz con los españoles, podia incomodarlos: que

él habia ofrecido al Exmo. Señor Virey y al Exmo. Cabildo hacer guardar

estos tratados, y que la expedicion no seria incomodada; y esto lo

habia de cumplir y defender con su gente si fuese necesario, hasta

cargar las carretas y conducirlas á la misma capital. Que á ningun

cacique ni sus gentes se estorba entrar á Buenos-Aires, y á todos se

les daba buen pasaporte, y por lo mismo faltando en este presente á

su deber los indios, se esponian al enojo de los españoles, y á que

tomasen las armas y los destruyesen. Por lo tanto creia, que todos

los caciques que estaban presentes convendrian con él: y en efecto

convinieron, añadiendo cada uno razonamientos de su conformidad. En

este estado repuse, que yo no llevaba otra comision que la de conducir

la expedicion, y cargarla de sal, guardando la mejor armonía y amistad

con los caciques é indios, sin incomodar á nadie, y observar quienes

eran verdaderos amigos, y quienes eran enemigos: no permitir que

ninguno ultrajase á los españoles, en cuyo caso castigaria á los que

se atreviesen. Que algunos caciques se habian propasado, y esperaba

solo la reunion de todos para manifestarles y hacerles ver, que yo no

queria emplear las armas si no contra los que me insultaban: y les

hacia saber, que á la mas leve queja ó insulto usaria de las armas,

y daria cuenta al Señor Virey para castigar la tierra, y que no me

retiraria sin hacer los mayores estragos, abandonando la expedicion por

vengar los insultos y agravios. Que en este concepto contuviesen á los

que se oponian, pues mientras no viese acertada esta paz, no cargaria

las carretas de sal, por estar mas desembarazado para todo: que se

retirasen á alojar á distancia del campamento con sus gentes. Todos

afianzaron estar tranquila la tierra, y me rogaron tratase de cargar

las carretas. Yo me resistia á ello, haciendo mérito de lo mismo que

me era imposible practícar por el estado de la laguna, y los caciques

Quillan, Payllatur y Quidenau se esforzaron sobremanera, y el último

con tal estremo, que ofreció en rehenes y seguridad de sus promesas,

4 hijos y su persona: pero yo diferí la contestacion para el dia 17,

respecto á que ya era tarde y debian tratar de alojarse. En este estado

se retiraron, menos Victoriano y Quinteleu que alojaron en la guardia

de prevencion, y continuaron suplicándome cargase las carretas, cierto

de que nada me habia de suceder. Y quedando la tropa y gente de armas

en vela con las mismas òrdenes y prevenciones que la noche anterior,

pasó esta sin mas novedad.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 33 / 69 题