En este dia llegó un chasqui de los caciques Ranqueles ó del Monte,
solicitando aguardiente, yerba y tabaco; y expresó que estos y el
cacique Carrupilun estaban opuestos á la expedicion, y venian con
ánimo de declarar la guerra, para cuyo efecto tenian como 600 hombres
armados de coletos, cotas de malla y lanzas, como á distancia de 2
leguas del campamento, en unos médanos altos: que la causa entre otras
era el tenor entendido que veniamos á hacer poblaciones en sus terrenos
y á degollarlos. Enterado de la relacion del chasqui, le disuadí
de la equivocacion en que estaban los caciques, y mandé al cacique
Victoriano viniese, y se cerciorase de la ocurrencia: como en efecto
lo hizo, y por si mismo satisfizo al enviado, manifestándole que la
expedicion venia á cargar de sal, como lo acostumbrabamos á hacer de
paz y buena amistad: que él estaba cierto de ello, y se mantenia en
mi compañia para hacerlo entender á todos los indios; y para oponerse
con sus gentes y armas, si alguno tenia el descomedimiento de injuriar
la expedicion, ni ofenderla en lo mas leve: y que así se lo hiciese
entender á los caciques que lo mandaban, si no querian como amigos
venir á tratar. A esta generosa contestacion de Victoriano añadí, que
en el momento me iba á poner sobre las armas, que no necesitaba de
auxilio alguno, y que en el caso de querer pelear, no me moveria de
aquel punto donde los esperaba, y mandaria venir 2,000 hombres armados
de la frontera, y que no perdonaria vida de ningun Ranquel ni de sus
amigos; y que entonces verian cumplido y realizado lo que ahora no se
imaginaba. En efecto mandé aprestar toda la gente, y que los dueños,
capataces y peones de carretas se pusiesen sobre las armas, recogiendo
las haciendas sobre la laguna, resguardada de la línea que formaba
y amparaba la artillería. Este movimiento alarmó á los indios del
campamento, y especialmente al cacique Victoriano y sus parciales,
que vinieron muy cuidadosos á asegurarme de nuevo su amistad: y en
consecuencia de ella les espuse, que retirasen sus familias para que
ni se confundiesen con los enemigos, ni sufriesen los estragos de la
guerra, que eran consiguientes en el ardor de la batalla, si no se
ponian anticipadamente en lugar determinado y cierto, sin separarse
de él. Esta resolucion dobló su empeño, y causó los buenos efectos de
destacarse algunos indios respetables à prevenir á los caciques armados
que desistiesen de su empresa y entrasen de paz, antes que aventurar el
perder la tierra, por cuanto á ellos constaba la fuerza que yo habia
dejado en la frontera, quienes al menor aviso talarian los campos, y
degollarian á todos los indios que faltaban á la buena fé, parlamentos
hechos, y paces ajustadas en la laguna, como constaba á algunos
caciques que las habian presenciado. Estos razonamientos oficiosos, sin
duda arredraron á Carrupilun, motor de esta ocurrencia, y resolviéron
con doble intencion entrar al campamento sin lanzas, dejándolas en los
médanos. El resultado fué mandar nuevos chasquis, diciendo que ellos
acostumbraban hacer sus marchas con las armas, pero que si se les
daba licencia, entrarian sin ellas á tratar: cuya respuesta fuè con
la misma firmeza que la anterior, mirando con desprecio sus amenazas,
y que los esperaba con las armas en la mano. En efecto toda la noche
estuvimos con la mayor vigilancia, haciendo candeladas para evitar una
sorpresa, á favor de las nieblas, aumentadas con la tormenta y lluvia
que sobrevino. Amaneció el 16 sin mas novedad, que haberseme dado parte
de la alta de 4 enfermos que tomaron las armas.