15, JUEVES.

En este dia llegó un chasqui de los caciques Ranqueles ó del Monte,

solicitando aguardiente, yerba y tabaco; y expresó que estos y el

cacique Carrupilun estaban opuestos á la expedicion, y venian con

ánimo de declarar la guerra, para cuyo efecto tenian como 600 hombres

armados de coletos, cotas de malla y lanzas, como á distancia de 2

leguas del campamento, en unos médanos altos: que la causa entre otras

era el tenor entendido que veniamos á hacer poblaciones en sus terrenos

y á degollarlos. Enterado de la relacion del chasqui, le disuadí

de la equivocacion en que estaban los caciques, y mandé al cacique

Victoriano viniese, y se cerciorase de la ocurrencia: como en efecto

lo hizo, y por si mismo satisfizo al enviado, manifestándole que la

expedicion venia á cargar de sal, como lo acostumbrabamos á hacer de

paz y buena amistad: que él estaba cierto de ello, y se mantenia en

mi compañia para hacerlo entender á todos los indios; y para oponerse

con sus gentes y armas, si alguno tenia el descomedimiento de injuriar

la expedicion, ni ofenderla en lo mas leve: y que así se lo hiciese

entender á los caciques que lo mandaban, si no querian como amigos

venir á tratar. A esta generosa contestacion de Victoriano añadí, que

en el momento me iba á poner sobre las armas, que no necesitaba de

auxilio alguno, y que en el caso de querer pelear, no me moveria de

aquel punto donde los esperaba, y mandaria venir 2,000 hombres armados

de la frontera, y que no perdonaria vida de ningun Ranquel ni de sus

amigos; y que entonces verian cumplido y realizado lo que ahora no se

imaginaba. En efecto mandé aprestar toda la gente, y que los dueños,

capataces y peones de carretas se pusiesen sobre las armas, recogiendo

las haciendas sobre la laguna, resguardada de la línea que formaba

y amparaba la artillería. Este movimiento alarmó á los indios del

campamento, y especialmente al cacique Victoriano y sus parciales,

que vinieron muy cuidadosos á asegurarme de nuevo su amistad: y en

consecuencia de ella les espuse, que retirasen sus familias para que

ni se confundiesen con los enemigos, ni sufriesen los estragos de la

guerra, que eran consiguientes en el ardor de la batalla, si no se

ponian anticipadamente en lugar determinado y cierto, sin separarse

de él. Esta resolucion dobló su empeño, y causó los buenos efectos de

destacarse algunos indios respetables à prevenir á los caciques armados

que desistiesen de su empresa y entrasen de paz, antes que aventurar el

perder la tierra, por cuanto á ellos constaba la fuerza que yo habia

dejado en la frontera, quienes al menor aviso talarian los campos, y

degollarian á todos los indios que faltaban á la buena fé, parlamentos

hechos, y paces ajustadas en la laguna, como constaba á algunos

caciques que las habian presenciado. Estos razonamientos oficiosos, sin

duda arredraron á Carrupilun, motor de esta ocurrencia, y resolviéron

con doble intencion entrar al campamento sin lanzas, dejándolas en los

médanos. El resultado fué mandar nuevos chasquis, diciendo que ellos

acostumbraban hacer sus marchas con las armas, pero que si se les

daba licencia, entrarian sin ellas á tratar: cuya respuesta fuè con

la misma firmeza que la anterior, mirando con desprecio sus amenazas,

y que los esperaba con las armas en la mano. En efecto toda la noche

estuvimos con la mayor vigilancia, haciendo candeladas para evitar una

sorpresa, á favor de las nieblas, aumentadas con la tormenta y lluvia

que sobrevino. Amaneció el 16 sin mas novedad, que haberseme dado parte

de la alta de 4 enfermos que tomaron las armas.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 32 / 69 题