En este dia terminaron las demandas de los caciques, á los cuales se
les agasajó con lo que pidieron, de manera que fuesen contentos, como
al parecer lo fueron. Desde las 9 de la mañana hasta las 11 del dia;
y á las 12 y media, marché para el paraje nombrado los Monigotes,
adonde llegué á las 5 de la tarde con miras de adelantar la jornada.
Pero repentinamente, y todo despavorido en un caballo en pelo, á todo
galope me dió alcance el cacique Lincon, con unos de sus capitanejos
de la misma suerte, manifestàndome que, por haberme ido á visitar,
le habian asaltado sus toldos y le habian muerto á su muger y demas
familia, y robado toda su hacienda, y que para perseguir á los ladrones
y facinerosos, le franquease 30 soldados armados. A que contesté:--que
yo no tenia la tropa para vengar agenos agravios: que no venia á
declarar guerra á nadie, y sí solo á hacer efectiva la expedicion de mi
cargo, y defenderme del que quisiera hostilizarme, y por consiguiente
no tenia facultades para ello, ni podia demorar mi viage.--A esta
respuesta, dada con firmeza, aumentada con varias reflexiones de
convencimiento, se alteró, y protestó perder la expedicion; para lo
cual iba á despachar correos á todos los caciques interiores, (como
lo hizo) para que embarazasen la expedicion y la asaltasen: dando á
entender que iba á hacerse de su gente y demas de la comarca, sus
aliados. Ultimamente, como el lenguaraz de que me he valido Mateo
Zurita, ademas de poseer el idioma con la mayor propiedad, segun
dicen los indios, conoce sus inpertinencias y falsedades, y les habla
con la misma entereza que se le manda, sin recelo ni temor, y no se
confabula con ellos por ningun interes como otros; por cuya razon, y
los oficios que otros habian hecho con Lincon, informándoles que Zurita
era el que les hacia menguar los agasajos, y el que todo lo enredaba,
creyó en esta ocasion que á él debia atribuir mi negativa, y en el
último razonamiento tratò de atropellarle á mi presencia, y tambien el
capitanejo de su parcialidad: en cuyo lance me acerqué á él con una
pistola amartillada, y separándose al momento, se retiraron los dos
pretendientes con otros varios indios de sus toldos que habian venido
tras de él, repitiendo sí sus amenazas. Esta ocurrencia por fortuna
la presenciaron varios enviados de otros caciques, que me pedian
permiso para entrar á tratar á la manera que he dicho; y entre otros un
hijo del cacique Epumur, inmediato vecino de Lincon, el cual no dudó
desaprobar en el acto la conducta de aquel y desmentirle, y se ofreció
á darme parte de cualesquiera novedad que advirtiese, avisándole á su
padre: como en efecto lo realizó en aquella noche, expresando ser todo
tramoya y falsedad, y que al siguiente dia me impondria con su padre,
que pasarian á verme, como encargado de ello por sus hermanos, los
caciques Victoriano y Quinteleu. Pero entre tanto esto se comprobaba,
y como debia esperar la realidad de las amenazas, me atrincherè con
las 234 carretas, metí en el círculo que formé las haciendas, quedando
en el centro los médanos de pequeña magnitud, que son los que tienen
el nombre de Monigotes, para observar desde estos los movimientos de
los enemigos en el caso de atacarme. Todos quedamos sobre las armas,
y á punto de batirnos, si fuese necesario, haciéndosenos mas penosa
la noche, por haber sido tormentosa y de aguas. Como la expedicion
estaba escasa de toda clase de armas, corto el número de tropas, y este
minorado ya en una tercera parte de desertores, se me dió á entender
que no debia seguir la expedicion: pero como por una parte advertia que
Lincon no tenia apoyo en su hecho, que acaso trataba de estraviarme
la gente armada para tortuosos fines, y por otra era un desaire de
las mismas armas que cedia en menos honor mio, dige que debia seguir,
porque seria nuestra mayor ignominia huir sin ver los enemigos. Porque
aunque, segun el parte del capitan de milicias, en la noche precedente
se habian desertado 3 hombres mas de su compañia, el hecho mismo de
haber desertado por miedo, no solo les hacia inutiles en el combate
si no perjudiciales, porque ellos serian capaces con su cobardia de
inspirarla á otros. Así terminaron el dia y la noche tenebrosa sin otra
particular novedad.