31, MIERCOLES.

En este dia, siendo ya las 10 de la mañana, sin que aun pareciesen

los caciques, dispuse marchar por la tarde para esperarlos al paso en

los Monigotes, jornada precisa: pero á la una llegó chasque enviado

por ellos, diciéndome que venian ya marchando. Salí á recibir al

cacique Lincon, que venia con los caciques, Medina, Cayumilla, Aucal

y Gurupuento, á quienes se les atendió, haciéndoles una salva de 4

cañonazos que aprecian mucho: porque, ademas del placer que reciben en

este agasajo, estan persuadidos de que con este remedio se ahuyenta el

diablo y las brujas, de quienes, segun dicen, reciben muchos daños.

A poco rato llegaron, Clento, Turuñan, y el hijo de Epumel, con mas

el anciano Oquiro. A todos se les obsequió con mate de azucar, se les

dió yerba, tabaco, pasas, aguardiente y galleta de pronto; y despues

entraron en sus parlamentos muy autorizados, manifestando que era

un acto de su generosidad permitirnos el paso. Cada uno se decia

principal de la tierra á vista del otro, concluyendo con ofertar su

gente de auxilio, y pidiendo permiso para alojar en el campamento con

sus gentes, y para tratar con los vivanderos. Se les señalò este á la

posible distancia, y concedió su peticion: y desde el alojamiento eran

frecuentes los mensages de peticion de aguardiente para ellos, para sus

deudos y tolderias; y estas demandas crecian: en razon de su aumento

de embriaguez, al principio con modo, y al fin con amenazas y de por

fuerza, hasta que totalmente ebrios, los rendia el sueño ó laxitud de

nervios á no poderse mover. Los llantos, voces y alaridos duraron casi

toda la noche; quedando libres los pocos, que en cada parcialidad velan

sobre los demas, que despues se emborrachan á su vez, y roban cuanto

pueden á los demas: otro vicio que los domina extraordinariamente. En

esta alternativa de cuidados se pasó el resto de la tarde y noche,

deseando aclarase el dia para emprender la marcha á los Monigotes,

donde esperaba Epumur: pero como el último vale ha de ser tambien el

último agasajo, restaba esta demora, que fué preciso vencer, sin que

ocurriese mas novedad.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 17 / 69 题