23, MARTES.

En este dia se caminó desde las 6 de la mañana hasta 11; se hizo

observacion, y emprendida la marcha de la tarde, llegamos al parage

nombrado las Saladas, que es el fin de nuestras poblaciones, mas

internadas por este punto al infiel, y sobre una cañada, que segun su

profundidad y cauce, aunque estenso, manifiesta recibir muchas aguas en

tiempo de ellas, por las que recibe de otras.

Los terrenos hasta esta cañada mejoran siempre á los anteriores en

feracidad y firmeza de piso, con excelentes pastos. Aquí se miran los

trigales mas frondosos y totalmente límpios de maleza; las poblaciones

son menos, y sumamente míseras, pero con numerosas familias, que hacen

su principal negocio en quesos, para lo que conservan gran número de

vacas de leche, gallinas, poco ganado caballar, y escasas siembras de

maiz.

Estas poblaciones son seguras posadas de los indios infieles que hacen

transito á las Guardias ó á nuestros campos, unas veces de buena

fé, y siempre que tengan proporcion, de mala: y en tanto conservan

buena correspondencia, en cuanto les interesa el volver; que en el

caso contrario les roban lo que pueden, y hacen alarde de ello. Los

fronterizos son muy frecuentes, por el interes de la compra del maiz

de que hacen los indios mucho uso para comerlo en grano, ó mal pisado,

cocido en agua. Estos fronteros, que disfrutan confianzas entre estos

españoles, son los introductores de los indios de tierra adentro:

casi todos son parientes, amigos y relacionados, y como todos tienen

innatos unos mismos vicios, que es el robo al español, y el asesinarlo,

si impunemente pueden hacerlo, cometen todo género de atrocidad, y se

retiran contando como victoria estos hechos. La clase de gentes aquí

pobladas son poco menos feroces é inciviles que los mismos indios:

de su roce y trato resultan las frecuentes clandestinas entradas

en las primeras tolderias de nuestros compatriotas, llevándoles el

aguardiente, la yerba y tabaco que ellos apetecen. Se entregan à

la lascivia, y forman los proyectos de las extracciones y robos de

haciendas, unas veces en union con ellos, y otras proporcionándoles

las haciendas en los puntos que conciertan, teniendo interes en ellas,

de gergas, ponchos, lazos y pieles, con algunos caballos buenos de los

muchos que tienen en sus tolderias, y que tanto halaga este género de

comercio á nuestros compatriotas, si de él resulta que tengan un buen

recado y gergas, con excelente caballo.

Este es uno de los principales motivos de la destruccion de nuestras

campañas, pero en mi concepto no el mayor, como despues diré. Pero

sí es, el que puebla los campos infieles de apostatas, porque estos

mismos, mas bien acomodados con la vida haragana y brutal de los

indios, perspicaces para hacer los robos por sus conocimientos,

facilmente toman crédito entre ellos, se hacen de caudal á su modo,

que consiste en yeguas, caballos, espuelas de plata, chapeados y alguna

ropa, armas y abalorios, para comprar dos, tres y cuatro mugeres;

contentando con aquellas especies á los padres y hermanos, que es en lo

que unicamente consiste el casarse, y tantas veces, cuantas pueda hacer

estas compras. En tanto estremo, que ya hoy es la voz preponderante la

de esta clase de renegados, así por su número, como por su ventaja de

armas en muchos: de que ya los caciques ancianos se quejan, diciendo

que, en cuanto á excesos que se cometen, la mayor parte son causados

por los mismos cristianos, á quienes no pueden reducir con sus consejos.

Me he reservado esplicar el principal motivo que ha causado el daño,

que llevará á su fin las campañas si no se reforma, así en estas

fronteras y capital, como en la de Córdoba, San Luis y Mendoza, de esta

parte del norte de la Cordillera de los Andes. Es, pues, el franco

comercio con la capital y frontera, fomentado casi por determinado

número de hombres, que sin reflexionar en el mal que hacen (aunque

lo conocen) prefieren su particular y vil interes al general. Ya,

pues, no se contentan con abrir unos contratos, ademas de usurarios,

prohibidos; sino que, á pretesto de robos y extracciones de ganados,

piden permiso para ir à hacer sus rescates á los mismos toldos, y esto

se hace llevando carretas cargadas de bebidas adulteradas, (he seguido

el rastro de ellas hasta las mismas tolderias) llevándoles cuchillos,

sables y espadas, que he visto muchos de ellos de todas clases, del

Rey y de particulares: uniformes de todos los regimientos de los

últimos vestuarios, y ya he hallado entre ellos armas de fuego y el

uso correspondiente. He aquí el mayor de los males, que exije pronto

y egecutivo remedio, y de que diré oportunamente lo que conceptuo

necesario, para que el Gobierno con mejores luces haga lo que estime

conveniente.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 9 / 69 题