ECHEMENDIA.

Despues de las tristísimas historias de Plácido y Manzano, la vida de

Ambrosio Echemendía necesariamente ha de aparecer lánguida y

descolorida: no hay en ella ningun suceso trágico, ninguna escena

conmovedora, y su escaso interés viene á constituir en esta obra una

falta de órden lógico, acarreada por la necesidad de seguir el

cronológico que nos propusimos al comenzarla.

Echemendía ha sido un ejemplar más de esa imaginacion ardiente y

decidida de los que aspiran sin base, de los que por un error de la

naturaleza no nacieron para la situacion en que aquella los colocó.

Nadie ha tratado de negar la felíz disposicion que para las bellas artes

y la literatura ha tenido en todas circunstancias el _etiope criollo_, y

particularmente el tipo medio que llamamos mulato. Ulpiano, White y

Brindis han sido con su violin honra de su raza y tambien de su patria.

No ha habido pintores, pero no es culpa de ellos; para poetas les podia

bastar la inspiracion; la pintura requeria práctica y maestros, y las

puertas de San Alejandro, bien diferentes de las de Belen,[46]

estuvieron siempre cerradas para ellos.

El poeta de que ahora nos ocupamos nació en la villa de Trinidad,

residió en Cienfuegos donde hizo sus primeros versos, y su apellido lo

debe al de su amo, que pidió mil pesos oro por su manumision. Una

suscricion popular á la que nos envanecemos de haber contribuido con

pluma y bolsa, produjo 500 pesos: los otros 500 se reunieron en el

festin dado á don Eduardo Asquerino en el año de 1865 cuando vino a

solicitar suscriciones y apoyo para el periódico _Revista

Hispano-americana_, fundado en Madrid para defender los derechos de

Ultramar. "Viva felíz el bardo de Cienfuegos, dijo poco despues ese

periódico, hoy emancipado merced al patriotismo de nuestros

conciudadanos, y que sean sus cantos para nosotros el bálsamo que calme

nuestro dolor al recordarnos el malogrado Plácido."

Echemendía casó en 1869 con la inteligente parda Dolores Susanne.

En una poesía dá las gracias á su amo por su generosa conducta hácia él.

Notamos que és de las de ménos mérito que escribió? Por qué le faltó

allí inspiracion? ¿Por qué el sentimiento parece muerto y la palabra

brota fría y desencantada? No lo sabemos: sin embargo, nos alegramos de

haberla leido. Al ménos, por ella, el recuerdo de la esclavitud de

Echemendía no nos agobia y avergüenza como la de Manzano.

Poetas de color · 第 19 / 26 题