Si quereis en alguna de las bellas mañanas de Cuba dar un paseo
agradable y que os dejará gratísimo recuerdo, venid conmigo por la calle
de Chacon. Es estrecha, mal empedrada y nada cómoda para pedestres:
continuemos, sin embargo, que harto renumerados quedaréis por la
molestia. Sobre la puerta de una casa baja y de pobre aspecto, n.º 16,
vereis un letrero (Nra. Sra. de los Desamparados) que anuncia una
escuela de gente de color. Entrad.
Un pardo que frisa en los 50, vestido con sencilla decencia, calvo y de
aspecto simpático y respetable, os vendrá á recibir y os saludará con
refinada cortesía. No os tenderá la mano: recuerda que está en Cuba,
aunque en su casa; pero si vos la tendeis primero, si haceis el mas leve
inicio para ello, él os la estrechará con efusion y casi diriamos
con...... agradecimiento. No es que crea recibir una limosna de un
apreton de manos, pero se alegra encontrar un blanco no dominado por
injustas prevenciones.
Luego os llevará á su cuarto de recibo, tan pobre, pero tan limpio y
decente como lo demás; irá á imponer silencio á la multitud de párvulos
que en el salon inmediato estudia, y que le obedece con recojimiento: su
mujer, una mulata tan bien parecida como bien educada, ó su hija mayor,
irán á encargarse de vigilar por el órden, miéntras él viene á ponerse
atentamente á vuestras órdenes.
Conversad un momento con él: contestará con franqueza y soltura á
vuestras preguntas: os hablará con despejo y discernimiento de
literatura Cubana, Española y Francesa, os regalará un ejemplar de sus
versos y otro de su drama, os leerá ó recitará alguna inédita. No vayais
á ofender su dignidad, sacando alguna moneda de oro para ofrecérsela;
llamad más bien á uno de los chiquitines que juguetean en el comedor, y
al entregársela con cualquier pretexto, reparad la noble sonrisa de
gratitud que resplandece en el rostro del padre; no precisamente por el
regalo sino por que lo disimulais evitando toda humillacion. Tiene nueve
hijos que alimenta con su trabajo y que educa en su escuela.
Si le pedís datos de su vida, con no fingida modestia os dirá que nació,
libre, en la Habana, en 1829, que atravesó grandes dificultades en su
niñez, que de nueve años perdió á su padre y empezó á ganar el sustento,
que á los quince ya sostenia á su madre con su trabajo, mientras
estudiando sin maestros mejoraba su educacion, muy imperfecta al
principio, que una vocacion indomable le hacia escribir versos, que
imprimió en 1849 un drama de asunto polaco, _Lodoiska_, en cinco actos y
en verso, en 1851 un tomo de versos, el que os acaba de regalar, del
cual hablaron favorablemente Mendive y Zambrana, copiando su soneto _La
Pobreza_; más tarde, en 1854, una zarzuela de costumbres cubanas, _D.
Canuto Ceibamocha ó el Guajiro generoso_,[47] tambien os contará que
solo y sin maestros ha aprendido de inglés y francés lo suficiente para
saborear las buenas obras de estos idiomas y aún traducir una poesía de
Victor Hugo y el _Suicidio_, prosa, de J. J. Rousseau, que conoció á
Manzano y oyó de él las pobres lecciones que aquel podia dar, por
último, que desde 1862 (hace ya 17 años) dirige esa escuela de color en
que educa á sus hijos y gana honradamente su vida y la de 18 personas
que sobre él han gravitado.
Tocad entonces ligeramente, _muy ligeramente_, el tenebroso drama del
44: dirigid alguna palabra de conmiseracion al recuerdo tristísimo de
Plàcido y de Manzano. Vereis una nube de melancolía pasar por la frente
de vuestro interlocutor: vereis una lágrima surcar sus mejillas...
¡Oh! entonces, lector, si no te levantas arrebatado y estrechas con
fervor aquella mano generosa, si no admiras aquel corazon sencillo y
noble, si no te declaras amigo de ese hombre... te digo que no mereces
serlo y que ese hombre vale mas que tú.
Pero has concluido la visita: estás contento del empleo de tu mañana,
más al menos que si la hubieras dormido, lo que siempre, y más en paises
cálidos, es antihigiénico. Te retiras satisfecho de haber adquirido un
digno amigo más, de haber conocido un hombre de honor, si no como el que
buscaba Diógenes, sí acreedor al aprecio de todo hombre honrado: al
despedirte estoy seguro que no ya por mera fórmula de deferencia, no ya
pensando hacer con ello un favor, sino con espontánea sinceridad,
saludarás aquella amable familia y te irás guardando siempre un recuerdo
grato del ilustrado poeta pardo Antonio Medina.
Vuelve á leer, al salir, el letrero sobre la puerta que dice el nombre
del instituto:
_Ntra. Sra. de los Desamparados._
de los desamparados! Eso no fué epigrama, eso no se intentó sarcasmo:
fué nombre elegido al acaso como cualquiera otro.
Ya en nuestra casa nos detendremos á examinar el drama _Lodoiska_, y el
libro de versos que se nos ha regalado. Quizás el lector convendrá
conmigo en que el drama no es una obra maestra, que el autor adoptó plan
demasiado vasto para sus fuerzas, y quedó agobiado por la propia
magnitud de su objeto; quizás preferirá leer los artículos _El calesero
de alquiler_, _La vejez del sastre_ y otros folletines de costumbre con
los cuales colaboró en _El Faro_ y en _El Avisador Comercial_; pero se
deleitará sin duda leyendo algunas de las hermosas endechas que contiene
el libro de versos. Notará cuánto el autor se muestra místico y profundo
en _Una visita al cementerio_, le encontrará filósofo en _A mi lira_,
admirará su tierno sentimentalismo en _Recuerdos de la infancia_, y
acaso se aprenderá de memoria el soneto _La cena_, al par de esa bella
cancion _El suspiro de amor_ que, puesta en música, ha sido tan
celebrada en estos últimos dias.
En algunas se traspira un fondo de melancolía que angustia el corazon,
porque se adivina la inícua causa. Siempre el sordo sufrir en esa raza
de _los desamparados_! Hemos llevado un desengaño: creimos un momento
haber encontrado lo que en Cuba parecia imposible, la felicidad en una
familia de color. Nos engañábamos. Allí tambien germina sordamente la
funesta semilla del desencanto y del dolor.
* * * * *