ANTONIO MEDINA.

Si quereis en alguna de las bellas mañanas de Cuba dar un paseo

agradable y que os dejará gratísimo recuerdo, venid conmigo por la calle

de Chacon. Es estrecha, mal empedrada y nada cómoda para pedestres:

continuemos, sin embargo, que harto renumerados quedaréis por la

molestia. Sobre la puerta de una casa baja y de pobre aspecto, n.º 16,

vereis un letrero (Nra. Sra. de los Desamparados) que anuncia una

escuela de gente de color. Entrad.

Un pardo que frisa en los 50, vestido con sencilla decencia, calvo y de

aspecto simpático y respetable, os vendrá á recibir y os saludará con

refinada cortesía. No os tenderá la mano: recuerda que está en Cuba,

aunque en su casa; pero si vos la tendeis primero, si haceis el mas leve

inicio para ello, él os la estrechará con efusion y casi diriamos

con...... agradecimiento. No es que crea recibir una limosna de un

apreton de manos, pero se alegra encontrar un blanco no dominado por

injustas prevenciones.

Luego os llevará á su cuarto de recibo, tan pobre, pero tan limpio y

decente como lo demás; irá á imponer silencio á la multitud de párvulos

que en el salon inmediato estudia, y que le obedece con recojimiento: su

mujer, una mulata tan bien parecida como bien educada, ó su hija mayor,

irán á encargarse de vigilar por el órden, miéntras él viene á ponerse

atentamente á vuestras órdenes.

Conversad un momento con él: contestará con franqueza y soltura á

vuestras preguntas: os hablará con despejo y discernimiento de

literatura Cubana, Española y Francesa, os regalará un ejemplar de sus

versos y otro de su drama, os leerá ó recitará alguna inédita. No vayais

á ofender su dignidad, sacando alguna moneda de oro para ofrecérsela;

llamad más bien á uno de los chiquitines que juguetean en el comedor, y

al entregársela con cualquier pretexto, reparad la noble sonrisa de

gratitud que resplandece en el rostro del padre; no precisamente por el

regalo sino por que lo disimulais evitando toda humillacion. Tiene nueve

hijos que alimenta con su trabajo y que educa en su escuela.

Si le pedís datos de su vida, con no fingida modestia os dirá que nació,

libre, en la Habana, en 1829, que atravesó grandes dificultades en su

niñez, que de nueve años perdió á su padre y empezó á ganar el sustento,

que á los quince ya sostenia á su madre con su trabajo, mientras

estudiando sin maestros mejoraba su educacion, muy imperfecta al

principio, que una vocacion indomable le hacia escribir versos, que

imprimió en 1849 un drama de asunto polaco, _Lodoiska_, en cinco actos y

en verso, en 1851 un tomo de versos, el que os acaba de regalar, del

cual hablaron favorablemente Mendive y Zambrana, copiando su soneto _La

Pobreza_; más tarde, en 1854, una zarzuela de costumbres cubanas, _D.

Canuto Ceibamocha ó el Guajiro generoso_,[47] tambien os contará que

solo y sin maestros ha aprendido de inglés y francés lo suficiente para

saborear las buenas obras de estos idiomas y aún traducir una poesía de

Victor Hugo y el _Suicidio_, prosa, de J. J. Rousseau, que conoció á

Manzano y oyó de él las pobres lecciones que aquel podia dar, por

último, que desde 1862 (hace ya 17 años) dirige esa escuela de color en

que educa á sus hijos y gana honradamente su vida y la de 18 personas

que sobre él han gravitado.

Tocad entonces ligeramente, _muy ligeramente_, el tenebroso drama del

44: dirigid alguna palabra de conmiseracion al recuerdo tristísimo de

Plàcido y de Manzano. Vereis una nube de melancolía pasar por la frente

de vuestro interlocutor: vereis una lágrima surcar sus mejillas...

¡Oh! entonces, lector, si no te levantas arrebatado y estrechas con

fervor aquella mano generosa, si no admiras aquel corazon sencillo y

noble, si no te declaras amigo de ese hombre... te digo que no mereces

serlo y que ese hombre vale mas que tú.

Pero has concluido la visita: estás contento del empleo de tu mañana,

más al menos que si la hubieras dormido, lo que siempre, y más en paises

cálidos, es antihigiénico. Te retiras satisfecho de haber adquirido un

digno amigo más, de haber conocido un hombre de honor, si no como el que

buscaba Diógenes, sí acreedor al aprecio de todo hombre honrado: al

despedirte estoy seguro que no ya por mera fórmula de deferencia, no ya

pensando hacer con ello un favor, sino con espontánea sinceridad,

saludarás aquella amable familia y te irás guardando siempre un recuerdo

grato del ilustrado poeta pardo Antonio Medina.

Vuelve á leer, al salir, el letrero sobre la puerta que dice el nombre

del instituto:

_Ntra. Sra. de los Desamparados._

de los desamparados! Eso no fué epigrama, eso no se intentó sarcasmo:

fué nombre elegido al acaso como cualquiera otro.

Ya en nuestra casa nos detendremos á examinar el drama _Lodoiska_, y el

libro de versos que se nos ha regalado. Quizás el lector convendrá

conmigo en que el drama no es una obra maestra, que el autor adoptó plan

demasiado vasto para sus fuerzas, y quedó agobiado por la propia

magnitud de su objeto; quizás preferirá leer los artículos _El calesero

de alquiler_, _La vejez del sastre_ y otros folletines de costumbre con

los cuales colaboró en _El Faro_ y en _El Avisador Comercial_; pero se

deleitará sin duda leyendo algunas de las hermosas endechas que contiene

el libro de versos. Notará cuánto el autor se muestra místico y profundo

en _Una visita al cementerio_, le encontrará filósofo en _A mi lira_,

admirará su tierno sentimentalismo en _Recuerdos de la infancia_, y

acaso se aprenderá de memoria el soneto _La cena_, al par de esa bella

cancion _El suspiro de amor_ que, puesta en música, ha sido tan

celebrada en estos últimos dias.

En algunas se traspira un fondo de melancolía que angustia el corazon,

porque se adivina la inícua causa. Siempre el sordo sufrir en esa raza

de _los desamparados_! Hemos llevado un desengaño: creimos un momento

haber encontrado lo que en Cuba parecia imposible, la felicidad en una

familia de color. Nos engañábamos. Allí tambien germina sordamente la

funesta semilla del desencanto y del dolor.

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Poetas de color · 第 20 / 26 题