A la sombra de un árbol empinado
Que está de un ancho valle á la salida
Hay una fuente que á beber convida
De su líquido puro y argentado
* * * * *
Allí fuí yo por mi deber llamado
Y haciendo altar la tierra endurecida
Ante el sagrado código de vida
Estendidas las manos he jurado:[10]
* * * * *
Se dice que las ilustradas matanceras convinieron en un luto secreto de
nueve dias, los periódicos del extranjero y algunos de la Península[11]
lloraron su muerte, ya que á nosotros no nos era dado espresar nuestro
dolor; y la inquisicion de la Escalera continuó impasible su marcha
siniestra y tortuosa como la de la serpiente.
Aquí concluye el tenebroso drama de la vida de Plácido, pero nada
habrémos hecho en nuestra calidad de biógrafos si no damos una idea de
su carácter y de la índole y tendencia de sus poesías.