IV.

Un escritor de nuestros dias clasifica á Plácido en las siguientes

palabras:

«Fué un mulato pendenciero, borrachon y disoluto en todos los terrenos

donde se le presentaba la ocasion.»

No hay que admirarse de esas palabras: ni hacen ningun daño á la memoria

de Plácido porque son del mismo que pretendió infamar la del venerable

Padre Las Casas, llamándole frailucho inmundo y embustero.

Bien sabido es que fué, al contrario, de carácter dulce, afable y

complaciente: á primera insinuacion improvisaba ó con voz campanuda y

enfático gesto comenzaba á declamar la pieza que se le pedia. No nos ha

quedado retrato suyo: en el grupo de literatos cubanos formado en esta

ciudad en 1861 por «Cuba Literaria» en el lugar que le corresponde se

colocó una corona de laurel: pero hé aquí un retrato á la pluma que le

reproduce con exactitud: «Era de buena estatura y conformacion de

miembros, de rostro no muy claro, sombreado por una ligera barba, frente

espaciosa y ojos negros, espresivos; su aspecto taciturno y reflexivo

cuando estaba solo, y abierto y animado en compañía de sus amigos; era

de un natural afable, alegre y cariñoso, su andar pausado sin afectacion

y vestia con decencia; amaba la religion sin fanatismo, y practicaba la

mejor de las virtudes con tal devocion que á veces pidió prestado lo que

difícilmente podia pagar para socorrer á los necesitados, y cuando

álguien lo censuraba por tanto desprendimiento, decia, «que querria

poseer inagotables riquezas para no oir las quejas de la humanidad sin

aliviarlas.» Tenia una memoria prodigiosa, leia con una entonacion y

gusto sorprendentes y hemos oido á algunos que lo trataron con intimidad

que poseía el don de la improvisacion de una manera maravillosa.»

Tal era en efecto Plácido: examinando su _Plegaria_ un filósofo aleman

opina que no podia ménos de ser inocente porque, como dice el mismo

poeta «entre Dios y la tumba no se miente.» Nosotros dudamos de esa

inocencia y en honor al recuerdo de Plácido la rechazamos si por ella ha

de entenderse no participacion en algun plan revolucionario: preferimos

hallarlo delincuente[12] aunque nunca digno de castigo; porque esa

delincuencia no era más que noble aspiracion. Si lo habíamos colocado

en el último escalon social ¿no era perdonable que aspirara á subir? Lo

repetimos, es más grande culpable que inocente, y suponemos que en su

_Plegaria_ su pretendida inocencia encerraba una significacion más digna

de la que se le atribuye. Pretendió luchar; pero tenia razon para

emprender la lucha: esa es su inocencia.

Tampoco creemos como la mayoría que su martirio, asesinato judicial como

lo llama Thales Bernard (Revue des races latines) haya contribuido en

nada para su popularidad: esta precedió al drama final y descansa en el

verdadero mérito de sus obras: hemos recorrido las diversas opiniones

emitidas sobre ese mérito. Nosotros sin incurrir en las exageraciones de

Mathurin M. Ballou[13] y otros que quieren hacerlo superior á Heredia,

tampoco estarémos con los que afirman que su renombre procede de sus

condiciones especiales. Creemos con Villaverde, que ha sido «el poeta de

más estro de Cuba» y que de haberle igualado la instruccion nadie

hubiera alcanzado más alto. Hay en sus obras un romance

_Jicotencal_,[14] que, como dice Suarez Romero en el prólogo á las obras

de Palma puede sostener el paralelo con los mejores escritos hasta ahora

en la lengua castellana» y junto á esta obra maestra no tenemos reparo

en colocar su soneto _Jesucristo en la cruz_ que por la sublimidad de

imágenes y el sombrío terror que infunde no palideceria al lado de los

mejores de su clase.

Plácido cultivó diversos géneros sobresaliendo en el romance, en la oda

y en la sátira. Poseedor en grado eminente de la facultad poética,

estro, pocos tuvieron como él facilidad para enaltecer las cosas más

triviales, depurándolas de las miserias que las deslucieran, y amoldando

su pensamiento á todas las formas, escepto el drama y la epopeya, á no

ser que su leyenda _El hijo maldito_[15] se considere de este último

género[16]. Decia, y así lo espresó en un ingenioso soneto, que tenia

horror á los versos impuestos ú obligados; sin embargo, su triste

situacion le hacia ahogar la espontaneidad y prodigar elogios y

felicitaciones, raras veces dictadas por la admiracion, muchas por la

gratitud y no pocas por la necesidad. Cuéntanse entre las primeras _La

Siempreviva_ á Martinez de la Rosa, _Las flores del sepulcro_ á una dama

de alto rango que le favorecia, y su oda _A la Condesa de Merlin:_ entre

los segundos la oda ya citada á Isabel II.

Cultivó también la fábula, para narrar sus propias desventuras, de modo

que ese género volvió con él á su primitivo destino: por ellas

principalmente se ha dicho que la vida de Plácido son sus poesías: no

habia leido ciertamente su apólogo _La Palma y la malva_, cierto crítico

que pretende que los versos de Plácido «respiran libertad sin tinte de

democracia.» Es verdad que, segun el mismo escritor, _la conspiracion

fué descubierta por una esclava del poeta_.

Tambien el amor suele ser objeto de los poemas de Plácido ¿quién lo

cantó como él, y quién ménos apto que el ser entregado al amor sensual

que mata al platónico?

En cuanto al lenguage no cabe duda que contiene gravísimos lunares, no

podia ser de otro modo, pero parece increible, como ya observó un

crítico cubano (Piñeyro) que sea Plácido más puro y correcto que

Milanés, cuando aquel era un ignorante y este poseía una regular

instruccion literaria. Y es que habia en el primero más estro, más

espontaneidad en la inspiracion, en el segundo más preparacion y arte;

aquel cantaba lo que sentia, su corazon era un arpa eólica que resonaba

á las menores impresiones que lo hirieran; por eso su forma era más

adecuada aunque alguna vez ménos pulida: Milanés se ocupaba ántes de la

leccion de moral que de la inspiracion; la poesía era para él un medio

de amonestar; de aquí la falta de espontaneidad.

Mr. Cambouliu en _Magasin de la Librairie_ lo compara con acierto á

Heredia y la Avellaneda; «pero estos dice se desarrollaron bajo otras

influencias: la llama del amor patrio vive constante en sus corazones y

se revela en sus estrofas, pero vivieron bajo otros climas, se

interesaron por otros hombres y otros sucesos, en medio de sus triunfos

uno y otro perdieron de vista el cielo de las Antillas, el talento de

ambos tiene algo de más cosmopolita. No así respecto á Plácido que jamás

salió de Cuba: su corazon palpitó con todos los temores, con todas las

esperanzas de sus compatriotas y jamás el aspecto de estrañas tierras

vino á entibiar en él las impresiones del suelo natal. Así, con qué

brillo no retrata su poesía ese esplendor de los trópicos; aquí la

vegetacion fogosa, allí las salvages montañas, ora las noches

espléndidas, ora la brisa perfumada, los inviernos sin nieves ni brumas,

el huracan furioso desvastando los bosques de naranjos, y las demás

maravillas que le rodean! Con la lectura de su tomo puede uno

reconstruirlo todo, el pais, los hombres, vida, costumbres, todo, como

si la imaginacion nos trasportara á los lugares donde canta el poeta.»

No concluirémos sin tomar algo del prólogo de Mr. Jourdan, filósofo en

sus apreciaciones aunque lleno de inexactitudes por lo que respecta á

datos biográficos. «La limpidez del estilo, dice, la propiedad de la

espresion, sus giros sencillos y originales, la riqueza de imágenes

caracterizan y enaltecen las composiciones de Plácido: para él la

concepcion y la creacion son simultáneas: como comprendió todas las

ideas amoldó su lira á todos los metros y géneros: trozos pudiéramos

citar de él que parecen de Shakspeare ó de autores alemanes: la

facilidad cómica corre parejas con los transportes de la fantasía, y

maneja la sátira tan hábilmente como la oda...... como Quevedo el poeta

cubano satiriza, riendo...... saludemos á ese génio que á la vez fué un

gran mártir.»

Nada estraño pues que por medio de repetidas ediciones la posteridad

haya dado á Plácido el lugar que le corresponde. La primera aquí

conocida es la de Matanzas 1838: pocos saben que con gran anterioridad

se hizo una muy incompleta en Palma de Mayorca, por Feliú Perelló, que

despues de conocer al autor en la Habana se habia retirado á su ciudad

llevando los primeros versos del poeta: no está allí la Siempreviva que

aun no se habia escrito. Despues de la edicion de Matanzas que hasta

hace poco tuvimos por primera y que contenia solo 26 piezas, se hizo

otra en la misma ciudad en 1842, Poesias escogidas de Plácido, y en el

propio año otra en Méjico, donde ya el autor era popular: la edicion de

Veracruz de 1845 y la de Nueva Orleans de 1847 se suponen tambien hechas

en Matanzas: en el 54 se hizo la de Barcelona que nada agregó á las

anteriores; con posterioridad tres en Nueva York, por Vingut, la primera

en 1854 ha sido la que más rodó, otra en el 56 y la tercera bastante

completa en el 57: en el mismo 56 se dió otra en Méjico por Mellado y

Contreras, tomo en 12.º con 387 páginas: finalmente en Nueva York, con

prólogo y biografia, la edicion de 1860 que todos conocemos.

«No será esta la última, observa un eminente crítico francés, porque la

reputacion de Plácido se formó sola y no puede sino aumentar con los

tiempos.»

Poetas de color · 第 12 / 26 题