Milwaukee

[Ilustración]Monótonas y descoloridas resultan siempre las grandes

ciudades de la América del Norte. Todas las calles se parecen, todos

los edificios, aun los más suntuosos, dejan el ánimo del visitante

frío y descontento. Los hoteles deslumbran por su conjunto, pero

no deben analizarse, conténtese quien los habite con gozar la luz

espléndida que se refleja sobre mármoles, cristales, lámparas

caprichosas, estucados de colores vivos y brillantes; el calor que

radía de los tubos encorvados de los caloríferos, excesivo siempre,

y que sólo al que llega aterido de frío le produce un bienestar

delicioso; las escaleras anchas, limpias, tapizadas lujosamente,

que nadie pisa porque todo el mundo aprovecha los ascensores, en

constante movimiento; los cuartos, de indumentaria enrevesada, mezcla

de confort y ruindad; baratillo extraño de camas, espejos y sillas

que revelan un gusto detestable y... contento con esta fantasmagoría,

podrá decir, como dicen muchos, que esto es lo mejor de la tierra

como lujo y confort.

De todo esto hay algo, aunque mejorado, en la ciudad de Milwaukee,

que dista 80 millas de Chicago, pertenece al Estado de Wisconsin y

está sentada á orillas del lago Michigan.

Y con tener Milwaukee la fisonomía americana, cuesta trabajo creer

que una ciudad que tiene en su seno tantos elementos alemanes, los

rótulos de las tiendas, los nombres de sus dueños, la lengua de

algunos de sus diarios y sobre todo, el porte de sus individuos, no

sea un pedazo de territorio alemán, arrancado de las playas europeas

y atracado á orillas del lago Michigan.

Las calles anchas y en cuadrícula, los tranvías eléctricos que las

cruzan, los inmensos establecimientos industriales que las animan,

los bancos, las iglesias, los pórticos que las adornan, forman un

conjunto deleitoso, una nota pintoresca de aquel gran lago que no

refleja, sino en poquísimos días del verano, un cielo puro y risueño

que recuerde la incomparable atmósfera de nuestra España.

Milwaukee tiene además para el industrial grandes atractivos: Pabst

ha montado una fábrica de cerveza como no la soñó jamás el ingenio de

Gambrinus, y aquella sociedad enseña orgullosa sus establecimientos

que ocupan cuatro manzanas de la ciudad, manteniendo un personal de

lisiados, puesto de uniforme, que acompaña cada media hora á los

visitantes que, provistos de una botellita de cerveza y un folleto,

regalo de la casa, van á paso de carga recorriendo los distintos

laboratorios de la fábrica.

Tan rápida fué la visita, que no pude tomar ni un solo apunte;

y así resultan barajadas en mi memoria cámaras de germinación,

salas dedicadas á la limpieza de envases, cajas llenas de botellas

corriendo automáticamente sobre tableros para llenarse, taparse y

ponerse las etiquetas; máquinas de vapor moviendo cantidades enormes

de líquido mezclado con lúpulo; cámaras frigoríficas de conservación

de la cerveza en grandes toneles, y mil otros detalles que no deben

interesar á los españoles, enemigos resueltos de una bebida de

consumo inmenso, rival afortunado entre la raza anglo-sajona de los

vinos que producimos, y que, siendo más higiénicos, más agradables y

menos embrutecedores que la cerveza, hemos de guardar en las bodegas

con honda perturbación de nuestro equilibrio comercial, y menoscabo

de nuestra principal riqueza.

Más afortunado en la fábrica de Allís, cuyo director tuvo la cortesía

de disponer que un ingeniero industrial sueco me acompañara, y

aprovechando también la singular competencia de mi buen amigo y

compañero de jurado D. Fernando Aramburo, vi aquellos inmensos

talleres, dedicados especialmente á la construcción de máquinas de

vapor y de maquinaria para molinos harineros, de manera que pude

formar concepto de la importancia que da la casa al uso de las

herramientas más perfeccionadas, con las que produce un trabajo

copioso y perfecto, empleando obreros de inteligencia escasa, de

aprendizaje cortísimo, formados en cuatro días, en donde la máquina

lo es todo, y el obrero nada ó casi nada. No me interesó gran cosa la

visita; la casa Allís, que ocupa unos 1,500 obreros, no ha tenido,

desde su creación, una sola huelga, pero ahora las cuadras están casi

desiertas, sufriendo la influencia de los mercados que perturba la

honda crisis de la plata y el exceso de producción.

La máquina de mayor importancia, en construcción, no pasará de tener

mil caballos de fuerza; por tanto, preferí dedicar mi atención

á la industria harinera, cuyos molinos modernísimos, construye

Allís con una perfección admirable. Tiene en la fábrica un inmenso

taller dedicado á fundir, acerar, estriar y pulir cilindros para la

molinería, resultando una labor tan acabada que, al salir de las

manos del obrero, brillan como una joya, admirándose la perfección de

las figuras geométricas que la herramienta ha labrado, con precisión

matemática, y sin esfuerzo, como producto hermoso y fecundo de la

inteligencia humana.

En otras cuadras estaban montados los molinos, y como abundan en

Milwaukee, me interesó el estudio de una fabricación que en España se

desarrolla ya con provecho.

A pocos pasos de la fábrica Allís y al pie del Michigan, acompañado

del ingeniero de la casa di con un molino modelo. Allís construye el

99 por 100 de los molinos harineros instalados en el territorio de la

Unión, y con objeto de acaparar tan gran negocio, que el monopolio es

aquí la base de las asombrosas fortunas hechas en los Estados Unidos,

forma parte de las compañías harineras, proporcionándolas capital en

útiles, máquinas y herramientas.

Saben, los que se dedican á fabricar harina, que los molinos de

piedra dan mayor rendimiento, son más sencillos y baratos que los de

cilindro, y que la harina producida en localidades pobres, satisface

únicamente las necesidades de gentes de paladar poco delicado. La

ventaja, pues, real y positiva, de los molinos modernos está en la

calidad del producto, en producir harinas blancas y nutritivas, base

del pan blanco, hermoso y bien tostado, que es el mejor regalo de las

mesas bien servidas.

En los molinos de piedra, el grano ha de estar humedecido, y al

molerlo, la harina se produce enseguida, aplastando juntamente las

sémolas y el salvado, resultando de eso, una mezcla de harina y

salvado de difícil separación; muchas veces el calentamiento de la

masa, y como consecuencia, la cocción de harinas de baja calidad,

produce pan moreno, de escaso valor nutritivo por haberse alterado ó

descompuesto el gluten.

En la molinería moderna, el trabajo resulta más complicado, para

evitar el calentamiento de la masa, conseguir la completa separación

del salvado de las sémolas, la producción de sémolas limpias y de

diferentes clases, y finalmente, la fabricación de harina blanca,

pura, nutritiva y de fácil conservación.

Todo este proceso exige, desde que cae el trigo en la primera tolva

hasta que se convierte en harina, una serie de operaciones que no he

de seguir aquí, porque no tengo tiempo ni competencia para escribir

un libro sobre molinería moderna; pero, que puedo agrupar en dos

series bien definidas, la de las máquinas ó los molinos trituradores

que separan el salvado de la masa general, y que convierten el trigo

en sémolas, y los molinos de cilindro liso, que convierten las

sémolas limpias en harina.

Para comprender la técnica de esta doble operación importa saber

que un grano de trigo está formado de una envolvente, y al hablar

así prescindo del tecnicismo botánico, y de granos aglutinados de

diferente potencia nutritiva llamados sémolas, cuyos granitos

contienen la harina. La operación esencial de los molinos

trituradores, compuestos de dos cilindros estriados que dejan entre

sí un hueco de dos milímetros de espesor sobre el que cae el trigo,

consiste en triturar los granos sin aplastarlos. De esta primera

operación resultan: salvado, sémola y harina, y trozos de trigo; los

tres primeros se separan de los últimos que pasan por otro laminador

de garganta más estrecha, se vuelven á separar los elementos

resultantes, y así continúa la operación hasta tener completamente

separados, por medio de cernederos, el salvado, la harina, que en

cantidad escasa resulta, y las sémolas.

Los cilindros trituradores están estriados en espiral de 15 á 20

grados, formando las estrías de cada par de cilindros ángulos

comprendidos entre 30 y 40 grados, y dispuestos de manera que,

mientras un cilindro da 500 vueltas, el otro del mismo par no da más

que 200.

Separadas las sémolas se guardan ó muelen para convertirse en harina.

Para conseguir esto último, se emplean cilindros lisos de distinto

diferencial en su movimiento, moliéndose tres, cuatro y cinco veces

en laminador de paso cada vez más estrecho.

Los cernederos, de movimiento oscilatorio, debidamente preparados,

van separando los diferentes residuos de la molienda, clasificando

las sémolas y las harinas automática y primorosamente.

Allís fabrica molinos que producen 50, 75, 100, 150 y más quintales

de harina cada veinticuatro horas, empleando fuerzas motrices de 16,

20, 25 y más caballos de fuerza.

El desgaste de los cilindros se rectifica en los talleres de Allís,

marchando aquí este mecanismo industrial con una perfección admirable.

No pretendo haber esbozado siquiera tan interesante estudio, que

recomiendo, por creerlo productivo, á los que tengan interés en

moler cereales con perfección, y conservar harinas puras, blancas y

nutritivas, procedan ó no del territorio nacional.

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 32 / 37 题