La clausura de la Exposición

[Ilustración]Al sonar la hora postrera de la Exposición colombina de

Chicago, parece justo recapitular la impresión sentida, y como si

se tratase de historiar la vida de un muerto ilustre, prestar á sus

obras la atención reflexiva que merece todo lo que deja en el mundo,

huella profunda de su paso por la tierra.

Abarcar, en su conjunto, una obra tan grandiosa requeriría la

inteligencia de un sabio, la pluma experta de un literato de raza

y el juicio frío é independiente de un temperamento rigurosamente

equilibrado. Por no ser ninguna de estas cosas aporto aquí la

impresión subjetiva, apuntada con severa imparcialidad, desoyendo las

alabanzas de los entusiastas y los clamores de los pesimistas, pero,

imparcialidad unida á mi temperamento nervioso, expuesto como todo lo

que es pasión á las injusticias de los hombres.

No trato, pues, de sentar afirmaciones rigurosas, ni de dar á cuadro

tan complicado los últimos retoques. Mi pretensión es más modesta;

y sólo pido á mis lectores el convencimiento de que aporto á este

juicio, no la nota justa, sino la impresión sincera de lo que he

visto en la Exposición de Chicago.

No es difícil, después de siete meses de recorrer la White city,

formar concepto de su conjunto; veo su traza holgadísima, abarco su

fisonomía con una sola mirada y la obra me parece genial y digna

de un entendimiento soberano. Marcar en el papel, con la vista

fija en los recursos conque se puede contar y los servicios que se

deben satisfacer, la línea ondulada que se traza sobre centenares

de hectáreas, con pulso firme y sereno, combinando la forma precisa

de lo útil, con la obra de la fantasía, recurso poderoso del arte

que da vida y color al pensamiento, cuando los recursos se cuentan

por millones y los servicios han de compenetrarse con el trabajo

de todas las civilizaciones y todos los pueblos, la inteligencia

más templada y serena ha de sentir desfallecimientos y reacciones

de gigante, ante la solución de un problema, que ha sido base del

desenvolvimiento de la Exposición entera. Arguyan cuanto quieran los

que han clamado contra la extensión exagerada de la White city, causa

primera de sus caídas y fracasos, nadie podrá negar sin injusticia,

que la traza ha sido un portento de hermosura. Los americanos,

autores de las ciudades en cuadrícula, de fisonomía borrosa y fría,

lo son también de la World’s Fair de líneas onduladas y vistosas, de

rasgos artísticos primorosos, con fisonomía propia en cada porción de

su vasto recinto, rico en color y fantasía, marco amplísimo de los

edificios inmensos que se han levantado, con varia fortuna, en la

Exposición de Chicago.

Convertir un pantano en ciudad urbanizada, sanearla y drenarla,

aprovechar las aguas encharcadas para que corrieran encauzadas

en ancho canal, enlazar esta obra quilométrica con el Michigan,

decorar sus márgenes con prados y jardines, levantar con las tierras

arrancadas del fondo del pantano superficies onduladas, formando

suelo al rodal de plantas y arbustos forestales; la estatua escondida

entre flores y hojarasca, la fuente monumental dominando en la Cour

d’Honneur á los dioses de la mitología, las estatuas de soldados,

héroes, sabios... los puentes y las góndolas venecianas y las lanchas

eléctricas, son cosas que, bien dispuestas, constituyen por sí solas

un esfuerzo verdaderamente asombroso.

Los edificios, en cambio, por sus trazas y sus alzados se han

levantado, con varia fortuna. No bastarían las páginas de este libro

para dar una idea de aquellas obras colosales, requiriendo su crítica

justa y severa, minucias de detalle y pinceladas de conjunto que,

quizá, demostrarían que sólo en lo fielmente imitado, por no decir

copiado, han hallado los arquitectos americanos la nota justa de lo

bello y esplendoroso. Pero, sería notoria injusticia involucrar en

criterio tan riguroso al autor del Palacio de Manufacturas que, sin

desdeñar las reglas de la técnica y aun rindiendo pleito homenaje á

los estilos arquitectónicos que han dado al mundo antiguo su fama

artística, se ha mantenido dentro de cierta independencia, rayana al

genio, atreviéndose á cubrir diez hectáreas de superficie con una

sola nave, sin aplastar el edificio, y manteniendo su gallardía en

aquella traza colosal y no superada hasta la fecha.

Aficionados los norteamericanos á lo grandioso, la erección de

cúpulas y cimborios de todos tamaños, formas y colores, ha sido la

pasión yankee en la ciudad blanca; afortunados en los trabajos de

ingeniería, atrevidos y enamorados de las osadías no aventajadas aun,

la proporción entre las diferentes partes de una obra no parece haber

sido la preocupación del proyectista, más interesado en discutir lo

deforme y grandioso que en buscar equilibrios que encarnan en lo

vulgar y conocido.

Nadie habrá adivinado tampoco, por las formas externas, el destino

otorgado á palacios grandiosos adornados fastuosamente, obra en que

el ingenio del artista olvidó completamente la relación que debe

existir entre el continente y contenido de los edificios que tienen

carácter público.

En el desarrollo de los servicios no hubo tampoco la variedad en la

unidad reveladora de una mano experta y segura, propia de un jefe

organizador y dotado del conocimiento hondo de las necesidades de

tan grande empresa. Aplicada la división del trabajo á un organismo

complicadísimo, el procedimiento sólo pudo resultar aceptable

señalando en los puntos generales contactos de tangencia claramente

determinados, encargando á directores expertos el movimiento de

los diferentes campos de acción, pero con mira siempre á evitar

rozamientos y á suavizar asperezas que sólo puede realizar la

Jefatura indiscutible de una persona capaz de mover el mecanismo

entero con criterio propio, sólido, fijo é inquebrantable. Si ese

procedimiento ha tenido aquí feliz desarrollo, confieso que no he

sabido verlo; las aduanas, las agencias de transportes, el servicio

ferroviario, la vigilancia, la fiscalización en las puertas, el

Jurado, no han tenido engranajes que facilitaran el movimiento, antes

bien me parecen cabos sueltos de cables transmisores de energía cuyo

empalme resulta ser obra difícil, enojosa y perturbadora.

En los Palacios, la _mise en scène_, para el que no busca detalles

y primores de organización, para el que no estudia, ni compara, la

obra de conjunto parece harmoniosa y muy lucida; el profano halla

aquí cuanto puede colmar las ansias más exageradas de aire, color y

luz; el inteligente, en cambio, observa forzosamente algo que denota

precipitación en el procedimiento y en la ejecución.

Pero aun así, el que quiera estudiar, halla aquí recursos

agobiadores; el que sabe buscar, siente forzosamente las tristezas de

no poder acaparar los inmensos tesoros que la ciencia universal y el

arte en todas sus manifestaciones han acumulado en este recinto digno

de llamarse pomposamente World’s Fair, la feria del mundo, pero feria

colosal en que los antiguos moldes ni siquiera han merecido respetos

de anticuario, tan radicales han sido los cambios realizados en la

pompa conque se ha desenvuelto en América, la Exposición de Chicago.

Aun prescindiendo del marco, de sin igual hermosura; del edificio

holgado y portentoso, de las solemnidades con que se han festejado

aquí las manifestaciones de las ciencias y las artes, el que recuerde

el tenderete adornado con unos cuantos cabos de vela iluminando

vistosas baratijas, esbozo, con su cubierta de lona contra el sol y

la humedad, de los esplendores de hoy, el ánimo queda sobrecogido

de admiración ante los nuevos horizontes que la ciencia y el arte

del ingeniero descubre cada día, señalando á las sociedades recursos

inagotables de riqueza y bienestar.

El triunfo de la electricidad en Chicago ha de consignarse en la

historia del progreso humano como un suceso glorioso. Y es que el

que ahonda en la materia halla resuelto un problema trascendental;

la aplicación de la electricidad á todos los mecanismos y á todas

las necesidades de la vida no significaría gran cosa, si sólo se

tratara de la luz que deslumbra, de la fuerza que avasalla, de la

electrolisis que admira, ¿que importaría todo eso, aun siendo tan

prodigioso, si en el fondo del problema no se hallara la solución

del aprovechamiento intensivo de las fuerzas vivas de la naturaleza,

y con ella, la modificación radical del trabajo redimido por esas

mismas fuerzas? Durante siglos las hemos contemplado con los brazos

cruzados sin saberlas aprovechar, cegados por la ignorancia,

embrutecidos por la miseria, hasta que la ciencia, esencia purísima

de Dios, nos ha enseñado que la naturaleza trabaja para el bienestar

del hombre diciéndole, «aquí tienes el trabajo incesante de la

materia, mis leyes te muestran que las aguas al despeñarse, el aire

al cambiar de densidad, las olas al agitarse en la superficie de los

mares, los agentes telúricos al correr por los estratos terrestres,

son fuerzas que obran constantemente en el mundo y que te doy gratis

con la única condición de que sepas transformarlas y conducirlas

á tu antojo para tu bien y el de la humanidad. Durante siglos te

he mostrado en las nubes el agente propulsor de la vida, te he

deslumbrado con sus rayos, y su fulgor no te ha dicho hasta ahora

que aquel agente indómito es luz, es calor, es fuerza... es vida, en

fin, de las sociedades hambrientas de paz, amor y caridad.»

Y al reunirse tantos portentos en Chicago, el que ha estudiado su

esencia, prescindiendo de tanta luz y tanto color, en aquel inmenso

mecanismo, obra de una lucha gigantesca, ha visto que la apoteosis

eléctrica es la nota culminante del Certamen, nota reveladora de

un cambio social fundado en la solución de un problema acogido con

simpatía en todas partes: el aprovechamiento intensivo de las fuerzas

naturales, y la modificación honda de todos los instrumentos del

trabajo.

Aquí tienes, lector; sintetizada, en mi concepto, la labor del

gran Certamen americano: no hay en él cosas nuevas reveladoras de

enseñanzas fecundas, pero hállanse aquí realizadas, en espacio

reducido, convertidas en lo tangible y en lo práctico, lo que la fama

pregona por el mundo, como bueno, útil y provechoso.

Descarta, pues, la balumba de las fiestas, las mascaradas, las

democracias americanas luciendo sus abigarrados batallones, las

paradas, los banquetes y los saraos, los congresos y las discusiones,

fárrago indigesto de la garrulería universal y fíjate en lo porvenir,

lleno de esperanzas, porque el bien, que es fecundo, que es obra de

Dios, y por tanto, lo absoluto, ha de vencer aquí, como en todas las

inmensidades del espacio infinito, al mal, que es contingente y forma

pasajera del error y la ignorancia.

* * * * *

Todo ha terminado; la fiesta de clausura se ha convertido en día

luctuoso y de vergüenza. Un malvado, un ambicioso, acaba de asesinar

á Harrison, al Mayor de Chicago.

Las fiestas, los discursos, las galas de la ciudad se transforman en

ayes de dolor y fúnebres crespones, concluyendo tristemente una de

las glorias más puras de la América del Norte.

Chicago entera inclina la frente ante el cadáver expuesto en capilla

ardiente, levantada en la casa de la ciudad y á su entierro concurre

todo un pueblo, ansioso de borrar y hacer olvidar el crimen horrendo,

cometido en horas que dan al acto, la significación de delito de lesa

patria.

Yo no sé si la democracia americana olvidará la memoria de Harrison;

en cambio, estoy seguro de que el mundo entero recordará siempre

admirado el esfuerzo colosal del pueblo que ha mostrado tanta energía

y tanta virilidad y pujanza, al levantar una de las obras más

portentosas de este siglo: la World’s Fair de Chicago.

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 33 / 37 题