He intentado varias veces explicarme la razón en que se fundan los
directores de este Certamen para considerar como hortalizas los
viñedos. Y como no he hallado solución al problema, me limito á
recordar que el edificio de Agricultura no cobija los vinos de país
alguno, y que, en cambio, las aguas minerales, los chocolates, las
pastas para sopa y los productos de la pesca, en conserva, dominan
allí como en casa propia, sin protesta de la gente americana que no
se fija en tan nimios detalles.
Digo esto para que los viticultores no se asusten, ni se crean
preteridos si empiezo este estudio por la sección cubana, digna de
ello por su importancia, la belleza extrínseca é intrínseca de las
instalaciones, y la serie de datos económicos que debo á la exquisita
galantería del Comisario, representante de la Cámara de Comercio de
la Habana, don Rosendo Fernández, y del Jurado español don Calixto
López.
No ha sido España afortunada en la concesión de terrenos en el
edificio de Agricultura; los productos de nuestra tierra están fuera
de los centros del mismo y poco favorecidos por la concurrencia,
afanosa siempre de lo ostentoso y privilegiado. Y, sin embargo, el
que pasa por el estrecho pasadizo del ala noroeste del palacio,
hállase sorprendido por una instalación que recuerda los claustros
de las iglesias españolas, rica, elegante, adornada en sus ojivas
con vidrios de colores, de columnas en espiral rematadas por
sencillos capiteles, imitación feliz del claustro de San Jerónimo de
Valladolid, rematada por blasones, flámulas, banderas y gallardetes
que resumen la heráldica de nuestra nacionalidad.
El recinto tiene forma rectangular, dividida en dos porciones
iguales, separadas por ancho pasadizo con las instalaciones de Cuba
agrupadas en una de ellas, y las de España, Filipinas y Puerto Rico
en la otra. Fácil es resumir lo que hay en Cuba, porque hay poca
cosa, pero bien y espléndidamente instalado.
Poco digo y, sin embargo, representa una gran riqueza que ofrece
utilísimas enseñanzas.
Empiezo á traducir del inglés las leyendas de las hornacinas
laterales, que serán una revelación para muchas gentes.
«Producción de caña de azúcar en la isla de Cuba durante el año
1892,—974,000 toneladas.
Producción de tabaco durante el mismo año,—27.600,000 kilogramos.
Precio del millar de cigarros, pesando unas 13 libras, en las
primeras fábricas de la Habana, 45 duros. La misma mercancía puesta
en los Estados Unidos, 110'20 dollars, recargo debido al bill
Mac-Kinley y que representa un término medio de 168 por 100 sobre el
valor del producto.
Exportación de minerales de la isla de Cuba durante el año 1892:
Hierro—300,000 toneladas.
Manganeso—85,000 toneladas.»
La segunda leyenda explica la resistencia opuesta por los cubanos á
exponer en este Certamen. El bill Mac-Kinley es un enemigo feroz de
nuestras Antillas, y se ha necesitado todo el esfuerzo de la Cámara
de Comercio de la Habana para conseguir que los mejores tabaqueros
de Cuba se decidieran á presentar las hermosas muestras de sus
productos, que miran con ojos codiciosos los que aquí fuman y mascan
el tabaco con una voracidad encantadora.
Sigan leyendo mis lectores y sabrán por informe de don Calixto López,
peritísimo en cuanto se relaciona con los intereses cubanos, que la
isla exporta por los puertos de Baracoa y de la Habana, en cocos,
piñas, naranjas, plátanos y otros frutos de menor importancia por
valor de 5.000,000 de duros; que el 90 por ciento del azúcar de los
ingenios de aquella isla se consume en los Estados Unidos de América;
que en tres años de estar en vigor el bill Mac-Kinley, la exportación
del tabaco torcido ha bajado un 60 por 100, mientras aumentó la del
producto en rama en el doble por lo menos, y como la fabricación
triplica el valor del producto, fácil sería calcular la pérdida que
esto significa para la masa obrera y los patronos de la isla, en
beneficio de los Estados Unidos, cuyas aduanas son una valla poderosa
é infranqueable para todo producto fabricado fuera del territorio
federal.
Y, á pesar de todo esto, la industria tabacalera de Cuba, decidida
ya á luchar en los Estados Unidos, ha presentado una riquísima
colección de muebles, construídos con maderas preciosas de la isla,
que representan en su continente y contenido valores de 3, 4 y 5 mil
duros cada uno.
No sé si olvidaré algún expositor: tomé nota de todos ellos y fijé
mi atención en un fenómeno singular, que ofrezco á mis lectores como
estudio digno de atención.
Los campos de Cuba se dividen, para los efectos del cultivo del
tabaco, en las zonas llamadas respectivamente: llano y pinar, es
decir, tierra llana y tierra ligeramente ondulada.
[Ilustración: SECCIÓN ESPAÑOLA DE AGRICULTURA]
Los tabacos del llano expuestos á luz intensa toman una coloración
extraña, mejor dicho: se decoloran en algunos trozos de la
superficie, convirtiendo la homogeneidad del color pardo negruzco
del tabaco en un abigarramiento extraño que recuerda el color del
lagarto. Los puros que experimentan este cambio de color se dice
que _lagartean_, y desde luego descubren, por ese solo fenómeno, su
procedencia; los tabacos que lagartean proceden invariablemente de
la zona llana; los de la del pinar conservan su color y su mérito,
porque el lagarteo no sólo influye en el aspecto, sino también en el
gusto del tabaco, debido quizá á que siendo el cambio de coloración
producto de la conversión de substancias activas en cuerpos neutros,
la nicotina se hace preponderante y con ella el gusto astringente,
que satura y fatiga fácilmente el paladar. Así lo creen personas
competentes, ya que la rica hoja tan conocida en el mundo con
el nombre de «Vuelta de Abajo», según análisis efectuado en el
laboratorio de don Calixto López, no llega á tener 1 por 100 de
nicotina, siendo debido á esto que el tabaco de aquella procedencia
se distinga por su suavidad, buen gusto y no cansar al consumidor.
Y con esa explicación ya será fácil clasificar y estudiar las
instalaciones de la isla de Cuba y conocer la procedencia del tabaco,
sin necesidad de recorrer los campos y las fábricas de la isla. Hallo
en primer término la primorosa instalación de «La Comercial», de
Fernández Corral y C.ª, cuyos tabacos en su generalidad proceden del
llano; sigue la casa Bances y López, conocida en los mercados con el
nombre de Calixto López, cuyos tabacos han resistido la acción de la
luz en los tres meses de exposición, presentando clases comprendidas
entre 35 y 800 duros el millar.
Si el Jurado inspecciona la sección cubana con algún discernimiento,
verá que la marca «Flor de Cuba» emplea tabaco de las dos
procedencias, llano y pinar, García Cuervo, de Santiago de las Vegas,
pinar únicamente; L. Carvajal, llano y pinar, H. Upman, tabaco
superior bajo todos conceptos, lo mismo que la marca «La Rosa» de
Santiago, siendo ya menos importantes «La Carolina», «La Flor de
Trespalacios», J. Inclán Díaz y C.ª, Juan Cueto y hermano y F. P. del
Río y C.ª, Habana, aunque todos emplean buen tabaco, en la tripa y
capa, que es lo que recomienda especialmente el tabaco de Cuba, cuya
elaboración compite ventajosamente con la producción del resto del
mundo.
La casa Salomón hermanos, de la Habana, presenta dos cajas de hoja de
la Vuelta de Abajo; el producto está tan acreditado que no necesita
acudir á ninguna Exposición para mejorar su crédito y aumentar su
venta.
Sigue, como importantísima, la producción azucarera; pero no
busque el visitante instalaciones ostentosas como las que honran
la industria tabacalera, ni en gran número, pues sólo hay una muy
modesta de Guanajay que produce azúcar centrífugo de 98 grados,
es decir, azúcar casi puro que derrotará al azúcar común y al de
remolacha cuando las amas de casa conozcan la diferencia de dulce que
existe entre ellas, y otra instalación poco ostentosa, pero rica en
datos económicos, del ingenio «Carmen», de Crespo.
Unas cuantas fotografías, unos cuantos botes de azúcar centrífugo
y estas noticias, que copio sin comentario, constituyen la nota
preeminente de estas instalaciones.
Producción diaria del ingenio «Carmen», de Crespo: 600 sacos de 325
libras de peso unitario; producción anual alcanzada en cuatro meses,
72,000 sacos de 23.400,000 libras de peso.
Abunda, y toma cada día incremento, la producción de cacao, crema
de cacao, vermouth y ron de caña, ginebras, coñacs, anís escarchado
y alcohol de caña para usos industriales y medicinales, habiendo
presentado hermosas instalaciones Trespalacios y Aldabó, Bacardí y
C.ª, Díaz Santacana y la marca «El Infierno».
Y al pensar que toda esa inmensa riqueza puede aumentarse de un
modo extraordinario, es triste cosa observar que los que emigran á
la América continental olvidan que hay en Cuba muchos campos que
roturar y muchas fortunas que hacer, arrancadas del seno de la tierra
patria, menos mortífera y menos ingrata de lo que se supone; que en
todo país lejano se levanta la leyenda de la exageración, con sus
preocupaciones y desencantos, propios de todo lo que aleja de la
familia y la patria pequeña.
La agrupación de Cuba, ostentosa, limpia, simétrica, formada de
colecciones que honran á los que han gestionado los intereses de
la gran antilla española, rodeada por la decoración ejecutada por
el tallista italiano Ferrari, que dibuja primorosamente y pule,
talla y abrillanta el boj como si fuera cera, resulta un contraste
desfavorable para España. Es achaque nuestro y sobre todo de la
población rural, cuidar poco de lo externo; aun hay quien cree, en
las montañas y en las llanuras de nuestra península, que el buen paño
en el arca se vende, y mientras Cuba ha empleado las mejores maderas
de sus bosques y los más inteligentes ebanistas de sus ciudades para
levantar verdaderas obras de arte á la poderosa industria tabacalera,
las colecciones de la metrópoli, mezquinas, mal pintadas y peor
construídas, conteniendo productos valiosos y ricos, parecen ser,
ellas que deberían serlo casi todo, la cenicienta de la casa.
Y con ser tanto lo que podíamos haber enviado á esta Exposición, no
para alardear de lo que tenemos, sino para buscar los mercados que
nos faltan, previo el estudio de las necesidades de las naciones
del continente americano que podemos satisfacer, el poco espacio
que tenemos hemos debido compartirlo con Filipinas y Puerto Rico,
quedando para la península un rincón que ha embellecido, aun contando
con tan pobres elementos, la práctica, la discreción y el acreditado
_savoir faire_ de nuestro inteligente comisario de Agricultura, don
Vicente Vera.
Pero como Puerto Rico ha venido á esta Exposición con un presupuesto
copioso, los productos farmacéuticos, los alcoholes diversamente
aromatizados, los cafés, los cacaos, los azúcares que constituyen
sus más valiosos elementos de producción, se han presentado con
lucimiento, pudiendo ostentar al pie de la colección de cafés la
fórmula americana por excelencia: «The coffee of Portorico is the
best of the World».
Pero, dejando á un lado esas disquisiciones, mejor que todo eso,
mejor que el afán inmoderado de publicidad, que raya aquí en lo
ridículo, ha de ser para mis lectores el conocimiento de los
siguientes datos económicos:
Producción media anual de Puerto Rico:
Café, 30,000 toneladas.
Azúcar, 60,000 íd.
Tabaco, 3,000 íd.
La colección de cafés, que ha parecido excelente á los peritos
jurados, está compuesta de muestras de varias clases, presentadas por
Lorenzo Joy, de Ciales; Miguel Perla, de Puerto Rico; Rosés y C.ª, de
Arecibo; Julián Rivera, de Coamo; Bultmann y C.ª, de Aguadilla; Moral
González, de Mayagüez; Fitle, Lunt y C.ª, de Ponce, y otros muchos
que sería prolijo enumerar.
Cuba, que tan poca importancia ha dado á sus azúcares, se halla
supeditada á los de la pequeña antilla, que presenta una colección
completa y tan buena, que personas inteligentes le conceden el
primer lugar entre las que figuran, con mayores prestigios, en la
Exposición de Chicago.
Consulto mis apuntes y leo entre las casas que figuran en el Certamen
como productoras de azúcar centrífugo las de Cintrón de Yabucoa,
Sobrinos de Esquiaga, Hortensia Arribas, Cristóbal Vallecillos, etc.,
etc.
No me parece tan lucida la instalación tabacalera: ni en cantidad, ni
en calidad, puede atreverse Puerto Rico á rivalizar con Cuba, y las
casas de López, Albarado, Sánchez y hermanos, Modesto Bird y otros,
no tienen más pretensión que dar fe de vida y ocupar un segundo lugar
en el concurso de esta poderosa industria en el mundo.
Como productos secundarios ofrece Puerto Rico una variadísima
colección; dejando á un lado su abundantísima fabricación de
alcoholados de malagueta, cremas de todas clases, ron de infinitas
marcas, fríjoles, arroz en cáscara, adriote (materia colorante),
jabón, almidón de yuca, algodón en rama, y cera, queda aún un
artículo importantísimo, el cacao, que abunda en la isla, y se
considera de excelente calidad.
Sitio importante y preferente ocupa la industria rural filipina,
ceñida á tres artículos que son, mejor dicho, pueden llegar á ser
tres veneros inmensos de riqueza, capaces ellos solos de convertir
las Filipinas en un centro comercial de primer orden: el tabaco, el
azúcar y el abacá.
Ya sé yo que la Compañía General de Tabacos de Filipinas no aspira á
competir con los tabacos antillanos; lo que sí observo, es que sus
precios, que oscilan entre cinco y cien duros el millar, pueden ser
un incentivo poderoso para abrir mercados en países cuyos habitantes
fuman y mascan el tabaco de las clases más bajas con una fruición
envidiable, y que los millones que envía España á los Estados Unidos
para comprar hoja para tripa, pueden tener más lógico destino en
nuestras posesiones de Ultramar y en los mercados de la metrópoli
que, tarde ó temprano, concederá á nuestros desdichados labradores
la libertad de cultivar, en los campos que devasta la filoxera, la
preciosa planta, el frugal tabaco que se adapta á todos los suelos
y á todos los climas, ofreciendo una variedad inmensa de productos
más ó menos suaves, más ricos ó más pobres en perfumes, pero siempre
pródigo en bienes para el que lo cultiva.
El azúcar filipino ha sido aquí una revelación, así como el abacá,
que con su fibra larga y resistente, es objeto de codicia para esta
raza yankee que se enamora de los textiles que no conoce, y que va
á ensayar con la avidez que siente por todo lo que cree objeto de
explotación apropiada á las necesidades de su industria.
[Ilustración: PALACIO DE AGRICULTURA]
Y ya en tercer término, que justo es, vaya la madre patria
acompañando á sus hijas predilectas, voy á echar una rápida ojeada
á los cajones que constituyen las colecciones peninsulares, ricas
algunas de ellas por su calidad; pobres, pobrísimas por su cantidad
y su instalación, figurando en primer término las frutas secas de
Tarragona, almendras, avellanas, nueces, algarrobas, que no tienen
rival aquí, que son, con los aceites y aceitunas, y los frutos
ultramarinos, las mercancías que pueden hallar en América, mercados
importantísimos; porque pensar que las gramíneas: trigos, cebadas,
maíz, han de hacer la competencia á los inmensos graneros americanos,
es pensar en lo imposible; imaginar que nuestras frutas: naranjas,
limones, peras y manzanas, riquísimas en Florida y California, han
de derrotar las producciones de este país, supone un desconocimiento
profundo de lo que produce la agricultura americana sobre la que se
han dicho y repetido cosas verdaderamente inexplicables, como se han
dicho y escrito sobre vinicultura errores que pueden perjudicarnos
extraordinariamente porque alientan esperanzas, y consienten
ilusiones perturbadoras para el régimen del cultivo de las tierras
españolas.
Las observaciones juiciosas del señor Vera hechas en el fecundo campo
de esta Exposición, prueban hasta la evidencia que los únicos frutos
y productos que podemos aspirar á introducir aquí son: con el café,
tabaco, azúcar y abacá, el aceite de oliva que hemos presentado
limpio y bien filtrado, cuando creían en América que en España sólo
se producían aceites crasos, sucios, llenos de sedimento, ingratos
al gusto y á la vista; las aceitunas de mil variedades puestas en
botes elegantes, las avellanas, las algarrobas, las judías del campo
de Tarragona, los chocolates—y si esto no es agricultura yo no
tengo la culpa de que lo sea para los americanos,—de tantas marcas
como existen en España, las pastas para sopa que han de competir en
bondad y baratura con las pastas italianas que tienen aquí mercados
provechosos, y las conservas alimenticias de pescados y frutas que
hemos presentado haciendo airoso papel, precursor de más preciados
frutos, si sabemos aprovechar las condiciones de estos mercados, y el
conocimiento que aquí se ha adquirido de nuestra producción rural é
industrial.
No lo olviden los que han acudido á este Certamen con tan buena
voluntad y mejor deseo; no lo olviden el campo de Tarragona, las
comarcas olivareras, los que fabrican chocolates y pastas para sopa
en el centro de España, los que elaboran conservas en el noroeste
de la península, los que han enviado aguardientes, ron y anís,
porque los demás, los que han venido con cervezas y sidras, los que
han expuesto aguas minerales, los que han traído trigo, centeno
y maíz, como elementos de información, como dato y quizá como
ensayo, podrán ofrecer al mundo americano objetos de estudio, cuyo
resultado práctico no vislumbro, ya sea que esté enfermo de peligrosa
miopía, ya sea que mi escaso entendimiento no sepa descubrir, en el
desenvolvimiento de nuestra producción, los dilatados horizontes que
quisiera poder ofrecer, como estímulo y esperanza, á la población
rural é industrial de España.
[Ilustración: PALACIO DE HORTICULTURA]