Los preparativos de apertura de la Exposición

Faltan veinte días para abrir el certamen colombino y las salas

de los edificios están casi vacías, la urbanización en mantillas,

la ornamentación interior esbozada, los trabajos de jardinería en

proyecto, y los palacios, con sus ropajes sucios de invierno, no

tienen prisa, al parecer, en remozarse para recibir á los ilustres

visitantes que acudirán á las fiestas inaugurales del 1.º de mayo.

Las razones que se dan para cohonestar estas faltas son de distinto

orden: algunas se confiesan en alta voz, y otras se susurran en

voz baja como si fueran insidiosa murmuración de la maledicencia.

Hace un mes, este mar interior que se llama lago Michigan, con sus

horizontes infinitos y sus tempestades que levantan olas que ya

querría ostentar el Mediterráneo en días de temporal, estaba helado

en toda su extensión; los fríos de este invierno, de 22 grados bajo

cero, con nevadas excepcionales, han entorpecido de tal manera los

trabajos de la Exposición que, toda la buena voluntad de la Dirección

general, no ha bastado para resolver las dificultades propias de una

labor que asustaría á gente menos emprendedora y dispuesta que la

pobladora de las inmensas llanuras del Illinois. Llenas las calles

de nieve, teniendo que emplear el hacha para cortar el hielo en las

fundaciones, ateridos los obreros de frío espantoso, congelados los

materiales, el paro absoluto se impuso cuando el 1.º de mayo se

acercaba con una rapidez que no permitía cálculos, ni ofrecía medios

de salvar dificultades invencibles.

La segunda razón se funda en el cosmopolitismo de este pueblo,

formado de una masa que ha olvidado la noción de patria, y que sufre

aquí los horrores de un clima ingrato, con la idea de formar un

capital que, en poco tiempo, le consienta vivir con holgura en el

país de adopción ó en la tierruca cuyo recuerdo calienta siempre el

corazón humano.

Chicago tiene cerca de dos millones de habitantes, en su mayoría

irlandeses, alemanes, franceses é italianos; la gran masa obrera,

aluvión que el hambre ha lanzado sobre las costas americanas, no

se ocupa, ni preocupa de la idea pura y patriótica encaminada á

conmemorar el hecho más glorioso de la especie humana; la Exposición

no ha sido para ella más que un medio de conseguir en pocos meses, de

acumular en algunas semanas, la suma de dollars codiciada y que los

usos corrientes de la vida no pueden proporcionarla; y las sociedades

obreras, forzando cada vez más sus aspiraciones, se han declarado en

huelga repetidas veces, poniendo á los contratistas en apuros tales,

que bien podría ser que las sumas colosales empleadas en construir

una ciudad de palacios, en área inmensa, esfuerzo colosal de un

pueblo enamorado de todo lo que se pinta en la retina con dimensiones

extraordinarias, se convirtiera en un fracaso espantoso que arruinará

á muchas gentes y postrará, por mucho tiempo, las energías de esta

raza. Como ejemplo diré que un simple peón gana aquí, por hora,

treinta y cinco centavos, equivalentes á catorce pesetas por día

de trabajo de ocho horas. Los carpinteros ganan cincuenta centavos

por hora, ó sean cuatro duros por las ocho horas, pagándose doble

las extraordinarias, y aun me han asegurado que los contratistas,

agobiados por los delegados y comisarios de las naciones expositoras,

que van á exigirles las multas consignadas en los contratos si no

entregan los edificios dentro de los plazos estipulados, han llegado

á subastar los jornales á cinco y seis duros por cada ocho horas.

A pesar de esto, las huelgas se repiten, las ambiciones aumentan, y

á lo mejor, cuando parece que el trabajo cunde, estalla una nueva

discordia que pone en tela de juicio la posible solución de este

problema económico llamado Exposición de Chicago.

Decíame un amigo que ha vivido muchos años en este país, ocupando un

alto puesto en el mundo diplomático: esta Exposición no es obra de

una aspiración de la gran nacionalidad americana, ni de los estados

de la federación, ni es empresa comunal, ni negocio particular, y

sin embargo, todos estos organismos se han fundido en un pensamiento

para cooperar en tan grande obra por más que no ha habido en la labor

común igual lealtad, ni se han empleado análogos esfuerzos para

conseguir la realización de la empresa.

En Barcelona hubo lucha de personalidades, aquí lucha de intereses,

del Este contra el Oeste, de New-York contra Chicago; mostrándose las

Cámaras vacilantes é indecisas al votar una subvención deficiente;

los Estados de la Unión, al acudir al certamen lo han hecho á

remolque, y sólo el municipio y la suscripción pública han rivalizado

aquí para sostener el pabellón local. Aun hay quien asegura que por

falta de recursos dejan pasar los días sin mostrar la vitalidad

económica que parece ser el nervio de este pueblo y el espíritu de

sus empresas y negocios; y en verdad, que si esta suposición es

falsa, no se compadece la arrogancia de otros días con la falta

de entusiasmo y de trabajo que se nota en todos los centros de la

Exposición, observándose además una especie de desencanto y de

fatiga que parece precursora de éxitos dudosos ó de convencimientos

fatalistas, desencanto contagioso que crece en mi pensamiento cuantas

veces recorro salas que no se llenan, pabellones que no se acaban,

y observo tramitaciones que no se simplifican, negociados que no se

compenetran; como si los diferentes centros administrativos fueran

organismos independientes, sin engranaje ni enlaces, cabos sueltos de

una cadena sacudida con escasa voluntad y más escaso entendimiento.

Que aquí pasa algo anómalo y raro, no me cabe duda; que quizá no sé

interpretarlo, tampoco me cuesta trabajo creerlo; pero, aun teniendo

tan legítimo temor, no he de negar que sería necesario cerrar los

ojos á la luz y quitar atributos á la razón para aceptar, sin

reparos, suposiciones optimistas que no hallo medio, hoy por hoy, de

justificar con fundamentos sólidos y vigorosos.

No piensa, sin embargo, así la gente del país, que trata de sacar

provechos tangibles del certamen colombino. Figuran, en primer

término, los fondistas que, sin encomendarse á Dios ni á los santos,

van á doblar desde 1.º de mayo los precios de las habitaciones y

de la manutención. Esto significa, pura y simplemente, pagar ocho

dollars diarios por un cuarto de 5.º, 6.º ó 7.º piso, con las comidas

correspondientes, sin vino, por supuesto, que aquí se paga á precios

fabulosos.

Las casas de huéspedes exigen dos ó tres dollars diarios por un

cuarto regularmente alhajado, sin manutención; los cafés, licores,

gastos de peluquería, limpiabotas, etc., distan mucho de parecerse

á los precios europeos, y por tanto, el que se decida á visitar

la Exposición de Chicago es necesario que haga buena provisión de

dollars, si no quiere concretarse á vivir muy modestamente, y á

sufrir toda clase de impertinencias y desazones.

Además, el europeo que está acostumbrado á reglamentaciones

provechosas ha de cuidar aquí de estudiar los organismos del país

para evitar gastos y disgustos; el que espera en un ferrocarril la

señal de marcha, toque de campanas y silbatos, corre el riesgo de

quedarse en tierra; llegada la hora de marchar, el jefe de tren

levanta el brazo y el maquinista actúa sobre los émbolos, sin señal

previa, ni preocuparse de si los viajeros están ó no en los vagones.

Para ir á la Exposición, la compañía Illinois Central ha construído

seis líneas paralelas que recogen los pasajeros de las estaciones de

la ciudad; pero, como pasan por las mismas líneas un gran número de

expresos que van á diferentes puntos de la república, si no se tiene

mucho cuidado en reconocer los trenes-tranvías, se corre el riesgo

de salir de Chicago para ir á la Exposición y encontrarse, bien á

pesar suyo, á cincuenta millas de donde quería ir, sin que nadie se

haya preocupado de asesorar al extranjero, ni de ejercitar las más

elementales reglas de hospitalidad.

[Ilustración: PALACIO DE LA ELECTRICIDAD]

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 13 / 37 题