Ingeniería municipal

[Ilustración]Interesa ya de tal manera la ingeniería municipal, que

su tecnicismo informa ya el lenguaje de todos los pueblos cultos.

En este punto, he hallado en América cosas tan raras, y criterios

tan nuevos, que han sido una verdadera revelación. Chicago es una

ciudad de una fuerza expansiva maravillosa; hace pocos días tuve la

fortuna, de conocer, en un banquete al general Suoy Smith, á quien

fuí presentado, conociendo de antemano la accidentada historia de su

vida, y como supo que me interesaban sus trabajos de ingeniería, tuvo

la galantería de enviarme un folleto que, resumido, voy á exponer

aquí:

Hace cincuenta años, cuando el general era teniente, fué destinado á

custodiar el fuerte de madera levantado para defender á la naciente

ciudad contra las algaradas de los indios, y que ocupaba, según

pienso, el emplazamiento del centro actual de Chicago, en Dearborn

street. El general ha presenciado, pues, el inmenso desarrollo de

esta ciudad y ha contribuído con su saber y su trabajo á crear

los principios de la ingeniería municipal que se están poniendo

en práctica, sin la preocupación de cosas que son para nosotros

sagradas, y que no sabríamos tocar sin creer que cometemos una

verdadera profanación.

Desde Europa, no es fácil formar concepto de la verdad de las cosas

americanas, y admirados de lo que nos cuentan creemos, con cierta

candidez, que Chicago está construída como una ciudad europea; ¡qué

error! aquí no hay urbanización propiamente dicha, ni aceras, ni

rasantes uniformes, ni cloacas, ni... iba á decir casas, porque lo

que cubre el encasillado de esta superficie poblada son _cottages_

que alternan con hoteles inmensos, casas de madera que se construyen

en tres meses, y que forman el relleno de los espacios que circuyen

las calles anchas, rectas, inacabables, cruzadas por cables-tranvías,

moviéndose sin interrupción sobre rodillos cuyos ejes rechinan como

protesta de tan ímprobo trabajo.

Claro es que hay en esto excepciones, y que, siendo Chicago una

población de gente riquísima, en sitios preferidos, se han construído

palacios, hotelitos primorosos de familias acomodadas y parques

grandiosos que adornan el cuadro, siendo esto excepciones que

informan la regla general de calles sucias, de aceras que cambian

cada veinte pasos de rasante, formadas por cuatro tablas que se

cimbrean y que esconden lo que no debe verse ni puede decirse.

Pero lo raro en todo esto es que, sentada la ciudad en un llano

y á orillas del lago Michigan, los ingenieros que proyectaron la

primera red de cloacas no acertaron con el desagüe apropiado á las

necesidades del servicio, y hoy, con ser Chicago tan rica, no se

atreve á emprender la regeneración del subsuelo, ante el importe

de veinticinco millones de dollars, que costaría la urbanización

completa de la ciudad.

El general Smith cita en su folleto dos ó tres proyectos que están

en estudio sobre el particular; pero como no hallo en ninguno de

ellos cosa alguna que ofrezca novedad, paso á otra materia, que la

tiene en alto grado para los que en punto á vialidad no creemos que

deba sacrificarse el ornato de las poblaciones al ideal americano de

moverse con holgura, comodidad y rapidez. Y son en esto tan radicales

los puntos de vista, que el general propone la construcción de

tres grandes medios de comunicación para Chicago: la subterránea,

la de nivel y una tercera á la altura de los primeros pisos. La

subterránea para viajeros, la de nivel para carros y camiones, y la

última para viandantes; libres así de las ansias del tránsito rodado

que, dice el general, sería _very enjoyed by the ladies_.

Figúrense mis lectores una ciudad que en vez de tener sus aceras

montadas á unos cuantos centímetros por encima del arroyo, se alzaran

á cinco metros de altura, y dígaseme si esto, que parece en Chicago

aceptable y que es muy posible se realice en breve, no trastornaría

por completo todos los puntos de vista de nuestra arquitectura,

ingeniería y policía municipal, poniendo de golpe, en tela de juicio,

cuanto hemos discurrido, pensado y sentido los europeos desde que

el arte y la ciencia se compenetraron para construir las ciudades

artísticas que son el orgullo de la raza latina y el modelo en que

han hallado su mejor inspiración las razas sajonas.

Y que esto se hará en América lo dicen los _elevados_ de New-York que

siguen los ejes de las mejores avenidas, enseñoreándose de toda la

ciudad que llenan de humo, polvo y ruido, encaramándose como Asmodeo

para visitar todos los hogares que dominan con un desenfado digno del

procedimiento americano, en que la libertad no puede representarse

por curvas que se tocan tangencialmente, sino secantes que producen

choques diarios y éxitos que sólo favorecen al más fuerte.

Si en Barcelona se intentara construir un ferrocarril elevado

que siguiera los ejes de las ramblas y del paseo de Gracia, sin

considerar la belleza de nuestras mejores calles y más preciados

puntos de vista, se produciría una verdadera revolución que se

llevaría de cuajo todas las simpatías de la ciudad.

Y dejando á un lado tan extraños procedimientos, voy á decir algo,

aunque ligeramente, de los edificios de 10, 15 y 20 pisos que en

New-York y Chicago se levantan, sin preocupaciones arquitectónicas,

ni más objetivo que sacar de una superficie determinada la mayor

renta posible. Los negocios exigen centros de contratación, comunidad

de ideas y sentimientos, algo que la distancia relaja y que la

facilidad y el contacto de las gentes afina y perfecciona. Por esto

los hombres de negocios necesitan tener sus despachos y oficinas,

con todos sus anexos, en los centros de población. Chicago lo tiene

en Downtown, y lo que no alcanza en superficie de nivel, lo consigue

superponiendo pisos y aprovechando los recursos de los procedimientos

de construcción modernos y los mecanismos de la ingeniería.

Una casa de 20 pisos sin ascensor sería un pájaro sin alas, una

aspiración sin realidad posible; así como una balumba tan enorme de

pisos que espanta, resultaría una torre de Babel moderna si no se

conocieran, aunque sea empíricamente, las fórmulas de resistencia de

materiales que son la garantía de los éxitos alcanzados en América al

construir los edificios que son el orgullo de los yankees y el pasmo

de las gentes. Pero lo que debe averiguar el europeo es, si hay, en

todo esto, algo nuevo, y si lo nuevo ofrece garantía bastante y capaz

de sostener la legitimidad de ese orgullo de raza que tanto desdén

muestra por todo lo que no es americano, como si la mecánica y la

construcción no las hubieran aprendido en nuestros libros y fundido

sus obras al calor de nuestro espíritu y con el trabajo maravilloso

de los siglos, acumulado por las razas pobladoras del mundo antiguo.

Y, ¡coincidencia singular! mientras el pueblo americano muestra su

genial poderío enseñándonos esas moles sentadas sobre emparrillados

de acero, rellenos de hormigón, formadas de columnas y tirantes

metálicos que parecen desafiar el poder destructor de los tiempos,

los autores de estas obras, con la experiencia de los resultados, han

llegado á convencerse de que lo único nuevo que habían practicado es

peligroso, y muestra ser tan deficiente que han de cambiar de rumbo,

si la estabilidad de esos grandes edificios ha de ser una verdad y

una garantía de que alcanzarán vejez larga y provechosa.

«The Auditorium», que es hotel, teatro, casino, centro de oficinas...

todo en una pieza, se hunde lentamente, y no porque se haya

traspasado el límite asignado á la carga por pie cuadrado (un metro

= 3'28 pies) que las experiencias practicadas para el suelo de

Chicago, dicen que está comprendido entre 2.500 y 4.000 libras por

pie cuadrado, sino porque, situada la ciudad sobre un subsuelo flojo,

filtrado por las aguas del Michigan, cuando es de igual resistencia

en toda la superficie, estando bien repartidas las cargas, el suelo

cede lentamente y los edificios tienen un asiento uniforme, bajando y

hundiéndose; pero cuando la resistencia del terreno es desigual, la

plataforma de acero se rompe y el edificio se resquebraja, causando

su ruina. Pero no es este el único peligro á que están expuestos esos

grandes edificios; las masas metálicas se dilatan y contraen con los

cambios de temperatura, y en este país donde el termómetro trabaja

en escala tan extensa, cuyos límites pueden fijarse entre 26 grados

de frío y 50 de calor, los aceros, con sus empujes incontrastables

lo rompen todo, aun sin contar con los incendios que doblan los

pies derechos y columnas, derribando los edificios con una rapidez

aterradora.

Pues bien, el autor de esos emparrillados de escuadrías poderosas

sobre que descansan los edificios de 10 á 20 pisos, reniega de

sus antiguos amores, y vuelve la vista á nuestros procedimientos,

aconsejando que se funde sobre roca, que en muchas partes se halla

aquí á 60 pies de profundidad (18'59 metros), ó á lo menos en el

banco de arcilla compacta hallada encima de la roca, profundizándose

siempre á un nivel inferior al que algún día puedan llegar los

drenes de saneamiento, por considerar, con razón, que el empleo de

vigas de grandes escuadrías en la zona de tierras mojadas por las

aguas del Michigan, alcanzarán una duración larguísima, montando

así grandes columnas de mampostería bien enlazadas y espaciadas de

manera que las cargas puedan repartirse con arreglo á lo que exija la

estabilidad del edificio.

Véase pues, en punto á ingeniería, á qué queda reducido lo que puede

llamar la atención de los inteligentes en Chicago; los elevados,

los funiculares, la toma de aguas en el lago, las plantas de luz

eléctrica, las grandes estaciones de fuerza para transmitir la

energía, los depósitos de cereales, los mataderos de ganado y los

procedimientos de conserva; el desenvolvimiento prodigioso de los

caminos de hierro no tientan mi pluma, porque siendo todo ello

interesantísimo, no daría á estas páginas un solo dato que no fuera

ya relatado y conocido, y por tanto, el atractivo de la novedad.

[Ilustración: Midway Plaisance]

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 12 / 37 题