«Un muchacho de Pentonville llamado Oliverio Twist, ha dejado su
habitacion el jueves último al anochecer sin haber vuelto á ella.
«La recompensa arriba espresada será concedida al que dará
instrucciones que puedan facilitar el descubrimiento del susodicho
Oliverio Twist, ó que tiendan á arrojar alguna luz sobre los pormenores
de su historia, que la persona que hace insertar este anuncio tiene gran
interés en saber.»
Venia en seguida la descripcion exacta de la edad, del traje y del
exterior de la persona de Oliverio; el modo como habia desaparecido y
finalmente el nombre y la direccion de Mr. Brownlow.
Mr. Bumble abrió los ojos, leyó pausadamente y con la mas escrupulosa
atencion, por dos ó tres veces consecutivas el artículo y cinco minutos
despues estaba en camino para Pentonville habiéndose olvidado con la
precipitacion el vaso de _grog_ de sobre la chimenea.
--Mr. Brownlow está en casa? --preguntó á la jóven que le abrió la
puerta.
A tal pregunta ésta contestó del modo evasivo que tenia por costumbre:
--No lo se. ¿De parte de quién venís?
No bien Mr. Bumble hubo pronunciado el nombre de Oliverio y esplicado él
motivo de su visita, cuando la Señora Bedwin que escuchaba á la puerta
de la sala se precipitó desalentada en el recibidor.
--Entrad! Entrad! --dijo --Estaba segura de que tendríamos noticias
suyas! Pobre chico! Me lo decia el corazon! Querido niño! Siempre lo
dije!
Esto diciendo la buena anciana volvió á entrar en la sala á toda prisa
y sentándose en el sofá prorumpió en lágrimas, mientras que la criada
menos sensible subió los escalones de cuatro en cuatro y volvió pronto
para decir á Mr. Bumble que la siguiera. Le introdujo en el gabinete de
estudio donde Mr. Brownlow y su amigo Grimwig estaban sentados á una
mesa con una botella y dos vasos ante si.
--Un pertiguero! Un verdadero pertiguero de parroquia! Me comeria la
cabeza que es un pertiguero! --esclamó este último.
--Os ruego querido amigo que no nos interrumpais por algunos momentos.
--dijo Mr. Brownlow. Y dirijiéndose á Bumble añadió --Caballero tened
la bondad de sentaros!
Mr. Bumble se sentó muy preocupado por la originalidad de los modales de
Mr. Grimwig, Mr. Brownlow colocó la lámpara de modo que pudiera ver
mejor al pertiguero y dijo con alguna impaciencia.
--Supongo que el motivo de vuestra venida, ha sido el artículo que he
hecho insertar en el periódico?
--Si señor. --respondió Bumble.
--Vos sois pertiguero ¿no es cierto? --preguntó Mr. Grimwig.
--Soy pertiguero _parroquial_ señores. --replicó aquel con orgullo.
--Lo ois? --repuso Mr. Grimwig, dirijiéndose á su amigo aparte --Estaba
seguro de que era un pertiguero. El corte de su redingote es
_parroquial_, y huele á pertiguero á la legua.
Mr. Brownlow impuso silencio á su amigo con un movimiento de cabeza y
luego continuó:
--Podeis decirnos donde se halla al presente ese niño?
--De ningun modo. --contestó Bumble.
--Entonces ¿que es lo que sabeis de él? --preguntó Monsieur Brownlow.
--Hablad amigo mio si teneis algo que decir. ¿Qué sabeis de él?
--Nada bueno sin duda? --dijo Mr. Grimwig despues de haber examinado
atentamente al pertiguero.
Este tomó la pregunta al pié de la letra y meneó la cabeza con aire
compungido.
--Ya lo veis! --dijo Mr. Grimwig dirijiendo á su amigo una mirada de
triunfo.
Mr. Brownlow procuró leer en la fisonomía del pertiguero la respuesta
que iba á recibir de él y le instó para que le dijera con la brevedad
posible lo que sabia respecto á Oliverio. Mr. Bumble se quitó el
sombrero, desabrochó su redingote, se cruzó de brazos y despues de
algunos momentos de reflecsion empezó su relato.
Seria fastidioso reproducir aquí las palabras que el pertiguero ensartó
por el espacio de veinte minutos. Bastará saber que en resúmen contó
que Oliverio era un niño expósito de baja procedencia que desde su
nacimiento no habia desplegado otras cualidades que la _perfidia_, la
_ingratitud_ y la _maldad_; habiendo terminado su corta estancia en el
lugar de su nacimiento por un acto _villano_ y _sanguinario_ ejercido
sobre la persona de un muchacho de la escuela de caridad, despues del
cual se habia escapado en medio de la noche de casa su amo. Luego para
probar que realmente estaba revestido del carácter con que se habia
manifestado poco antes, estendió sobre la mesa los papeles que se habia
llevado de la Casa de la Caridad y cruzando de nuevo los brazos esperó
las observaciones de Mr. Brownlow.
--Temo que lo que habeis dicho será demasiado cierto. --dijo éste
tristemente despues de haber inspeccionado rápidamente los papeles
--Esta suma es muy mezquina para las instrucciones que acabais de darme;
pero de buena gana os hubiera dado el triple ó cuadruple, si ellas
hubiesen sido favorables al niño.
Es muy probable que si Mr. Bumble hubiera sabido esto un momento antes
hubiera dado un giro del todo diferente á su relato; pero no era ya
tiempo y sacudiendo gravemente la cabeza embolsó las cinco guineas y se
retiró.
Mr. Brownlow se paseó arriba y abajo de la sala tan preocupado por la
relacion del pertiguero que el mismo Mr. Grimwig se guardó bien de
contrariarle por mas tiempo. Al fin se detuvo y tiró con fuerza el
cordon de la campanilla.
--Señora Bedwin! --dijo á la ama de llaves que vino para recibir sus
órdenes --Ese muchacho . . . Oliverio! es un impostor.
--No puede ser señor! Estoy segura de ello! --dijo enérgicamente la
buena anciana.
--Os digo que lo es! --repuso secamente Mr. Brownlow --¿Qué quereis
decir con . . . _no puede ser_? Acabamos de saber lindas cosas de él.
Parece que desde su nacimiento hasta el presente no ha sido mas que un
pilluelo.
--Jamás lo creeré señor! --replicó Bedwin con firmeza.
--Vosotras las viejas, no dais fé mas que á los charlatanes y á los
cuentos de brujas! --interrumpió bruscamente Mr. Grimwig --¿Porqué no
seguisteis mis consejos desde el principio? Lo hubierais hecho sino
hubiese tenido la fiebre he? Ella le hácia interesante no es esto?
Interesante! Que bestialidad! --Esto diciendo atizaba el fuego
revolviéndole con el hurgón.
--Ese niño es dulce, amable y reconocido. --repuso la Señora Bedwin con
indignacion --Tal vez tengo motivos para conocer el carácter de los
niños . . . Hay mas de veinte años que trato con ellos y las personas
que no pueden decir otro tanto, debieran tener el pico cerrado. Al menos
esta es mi opinion!
Esta era una pulla directa lanzada á Mr. Grimwig que era celibatario;
pero como ella no hizo mas que exitar una sonrisa por parte del viejo
muchacho, la buena señora sacudió la cabeza y rollando maquinalmente
entre sus dedos el cabo de su delantal, iba sin duda á contestar como
correspondia.
--Silencio! --dijo Mr. Brownlow fingiendo una cólera que estaba lejos de
subir --No pronuncieis jamás ante mi el nombre de ese niño! Os habia
llamado para decíroslo! Jamás! jamás! bajo pretexto alguno . . . No lo
olvideis! --Es todo lo que tenia que deciros señora Bedwin! Fijad en la
memoria que os hablo seriamente . . .