DE QUE MODO OLIVERIO PASA EL TIEMPO, EN LA SOCIEDAD DE SUS APRECIABLES
AMIGOS.
LA mañana siguiente despues de medio dia, Fagin aprovechándose de la
ausencia del Camastron y de maese Bates que se habian marchado á sus
_faenas_ ordinarias, sopló á Oliverio una larga moraleja Sobre el
pecado horrible de ingratitud de que se habia hecho reo alejándose
voluntariamente de sus amigos, inquietos de su ausencia y lo que es mucho
peor, intentando escaparse, despues de los trabajos que habian sufrido
para volverle á encontrar. Procuró persuadir al niño de que habia sido
recibido y cuidado en su casa en un momento en que sin un socorro tan
apropósito y extraordinario, el, Oliverio hubiera muerto
irremisiblemente de hambre.
Oliverio pasó este dia y la mayor parte de los siguientes sin ver alma
viviente. Desde la mañana muy temprano hasta la media noche, solo y
entregado asi mismo pensaba en sus protectores, y el temor de que
tuviesen de él una opinion poco favorable le llenaba de mortal angustia.
Pasados ocho dias, el judío no consideró ya necesario tenerle encerrado
en el aposento y le dejó ir libremente por toda la casa.
Un dia que el Camastron y maese Bates debian pasar la velada fuera, aquel
se metió en el caletre ponerse mas pulero que de costumbre. (debilidad
que para hacerle justicia, no era habitual en él.) Mandó _muy
políticamente_ á Oliverio que le ayudara en esta faena. Este muy
contento de encontrar una ocasion para hacerse útil, muy feliz en tener
sociedad por mala que fuera y ansioso además de conciliarse la
estimacion de todos los que le rodeaban, se prestó de buen talante á lo
que se le exijia. Puso pues una rodilla en tiérra de manera que el pié
del Camastron que estaba sentado sobre la mesa pudiera descansar sobre la
otra y se puso á cumplir el deber de _pulimentar sus coturnos_, lo que
quiere decir en buen castellano, que limpió sus botas.
Sea que el Camastron se sintiera agitado por eso sentimiento de libertad
é independencia que esperimenta necesariamente todo _ser racional_
cuando está sentado perezosamente sobre una mesa, fumando su pipa con
plena satisfaccion, balanceando suavemente una pierna y mirando limpiar
sus botas sin necesidad de quitárselas ni tampoco de volvérselas á
calzar; sea que la buena aroma del tabaco dispertase su sensibilidad, ó
que la calidad de la cerveza dulcificase sus sentimientos; lo cierto es
que se sintió llevado de repente á lo romántico y á lo entusiasta.
(dos cosas muy contrarias á su razon de ser.) Miró durante algunos
momentos á Oliverio con aire pensativo, luego con un suspiro y un
balanceamiento de cabeza, dijo mitad para si y mitad á Cárlos:
--Lastima que no sea _hurraca_!
--Ah! No sabe lo que le conviene! --contestó este.
El Camastron suspiró de nuevo y volvió á chupar su pipa. Cárlos hizo
otro tanto y ambos fumaron un rato en silencio.
--A qué va que ni siquiera sabes lo que es una _hurraca_? --dijo el
Camastron, con tono compasivo.
--Creo que si. --respondió Oliverio levantando la cabeza. --Es un la . . .
lo que sois vos no es cierto? --siguió interrumpiéndose.
--Lo soy y con mucho orgullo! --replicó el Camastron --Es la mejor
carrera! (Esto diciendo se metió el sombrero tras las orejas y lanzó un
vistazo á maese Bates.) --Si; lo soy. --prosiguió --y Cárlos tambien y
Fagin y Sikes y Nancy y Betsy; todos lo somos, todos hasta el perro quien
es el que muestra mas corazon para la _faena_.
--Y el menos propenso á _traicion_. --añadió Bates.
--No será él quien ladre jamás en el banco de los testigos! Ah! no . . .
no hay peligro! Aunque se le atase en él y se le dejase allí quince
dias sin comer.
--Tiene mucha mira en eso!
--Oh! es un perro muy picaruelo! Con que fiereza mira á un _camarada_
que se ponga á reir ó á cantar estando en sociedad! A pesar de que no
gruñe mucho cuando siente tocar el violon ni detesta á los otros perros
de su raza . . . No por cierto!
--Es un _famoso cristiano_!
--Buen oficio! Buen oficio! --prosiguió el Camastron volviéndo al
asunto de que se habian apartado, al recuerdo de su _profesion_ que
influia en todas sus acciones --Eso no tiene nada que ver con el
_leofito_ (neofito.)
--Es verdad! --repuso Cárlos --Oliverio por que no sientas plaza bajo la
bandera de Fagin?
--Harias fortuna de un golpe! --replicó el Camastron guiñando el ojo.
--Vivirias de tus rentas; y te hacias el señor como pienso yo hacerlo
por Pascua ó por Navidad.
--No, no quiero! --contestó Oliverio --Prefiero que se me deje marchar!
Qui . . . sie . . . ra mejor marcharme!
--Y Fagin prefiere que te quedes --objetó Cárlos.
Oliverio lo sabia demasiado; pero reflecsionando que tal vez seria
peligroso el espresarse con demasiada franqueza, dió un suspiro y
continuó limpiando las botas del Camastron.
--Vaya! --esclamó éste --¿Dónde está tu valor? Carece tu alma de
orgullo? Acaso pretenderás vivir á espensas de tus amigos?
--Puha! --hizo maese Bates sacando dos ó tres pañuelos de la india y
tirándolos revueltos en un armario --Qué vileza! Qué mezquindad!
--Jamás podria hacer tal cosa! --dijo el Camastron finguiendo la mayor
repugnancia.
--Ello no impide que abandoneis á vuestros amigos y que los dejeis
castigar por vuestros hechos propios. --repuso Oliverio sonriendo.
--Oh! Esto es otra cosa. --replicó el Camastron quitando la pipa de sus
labios --Esto es por pura consideracion á Fagin; porque los
_moscardones_ saben que _trabajamos_ unidos y hubiera podido tener un
_disgusto_ si nosotros no hubiésemos _jugado las piernas_. Este es el
porque ¿no es cierto Carlitos?
Maese Bates hizo una señal de cabeza afirmativa é iba á hablar; pero
el recuerdo de la fuga de Oliverio presentándose de repente con la mayor
viveza en su imaginacion le hizo esplotar en una carcajada, que chocando
con el humo de la pipa, obligó á salir á una parte por la nariz y por
los ojos y la otra retrocediendo á la garganta le hizo toser y patear,
por mas de cinco minutos.
--Hecha acá tus ojos tontuelo! --dijo el Camastron mostrando un puñado
de _chelings_ y de sueldos --Quieres una vida mas alegre? Llegar y coger!
Quedan algunos mas en el cajon de aquel á quien los he _soplado_! ¿No
te acomodan he? Imbécil!
--Es muy pillastron ¿no es cierto Oliverio? --dijo Cárlos --Una bonita
mañana se hará _levantar_.
--No sé lo que quiere decir esto. --respondió Oliverio volviendo la
cabeza.
--Toma! Algo por este estilo! --Esto diciendo maese Bates tomó uno de
los cabos de su corbata y teniéndolo al aire dejó caer la cabeza sobre
su espalda é hizo una especie de ruido con sus dientes, indicando por
medio de esta chusca pantomina que _levantar_ y ahorcar no eran mas que
una sola y misma cosa.
--He aquí lo que quiere decir esto --prosiguió --Ah! ah! vez Jaime como
me mira. Jamás he visto un muchacho como él. Bajo palabra de honor es
la _inocencia_ n.' 1! Me haria morir de risa! Te digo que tendré que
reprocharle mi muerte! --y maese Bates despues de haber reido de tal
gusto que las lágrimas le vinieron á los ojos, se puso otra vez á
fumar.
--Has sido mal educado. --dijo el Camastron examinando sus botas que
Oliverio acababa de limpiar --Con todo Fagin hará de ti algo, ó bien
serás el primero que no hayas aprovechado entre sus manos . . . Harias
mejor que empezáras al momento, porque sin duda alguna, llegarás á
ello y ahora no haces mas que retroceder para saltar mejor.
Maese Bates apoyó este aviso con muchas reflecsiones morales de su
cosecha, despues de lo cual él y Dawkins se estendieron largamente sobre
los placeres innumerables que acompañan ordinariamente á la vida que
llevaban, insinuando á Oliverio, que lo mejor que tenia que hacer era
procurar captarse el buen afecto y la amistad de Fagin, empleando los
mismos medios que ellos habian adoptado para merecerlos.
--Y métete bien esto en la mollera --dijo el Camastron, viendo al judío
abrir la puerta --Si no te adhieres á los _tictaes_ y á los _pingajos_
. . .
--Espresándote así es como si le habláras en gringo. --observó
Cárlos --Acaso te entiende?
--Si no te _adhieres_ á los relojes y á los pañuelos --prosiguió el
Camastron reduciendo su lenguaje al alcance de Oliverio --otros lo harán
. . . De modo que los que se los dejan cojer . . . tanto peor para ellos
y para tí tambien . . . y nadie se encontrará mejor por eso, escepto
aquellos que ponen _cinco_ y levantar _seis_ y tu tienes tanto derecho
como los demás á la _profesion_.
--Sin duda! Sin duda alguna! --esclamó el judío que habia entrado sin
que Oliverio se apercibiera de ello --Todo esto querido es claro como el
dia! Ten fé en las palabras del Camastron. Oh! Ninguno como él sabe el
_catecismo_ de su _arte_.
Continuando en estos términos el argumento del Camastrón, el viejo se
frotó las manos en señal de satisfaccion y aplaudió con una carcajada
el talento de este último. Por esta vez quedó aquí la conversacion,
porque el judío habia traido con él á la señorita Betsy y á un
_gallardo mozo_ que Oliverio no habia visto nunca; pero que el Camastron,
dió á conocer el nombre de Tomás Chitling, cuyo mozo despues de
haberse detenido en la escalera divirtiéndose en retozar con la jóven,
entró en este momento.
Mr. Chitling tenia algunos años mas que el Camastron (habia ya cumplido
diez y ocho primaveras.) pero con todo habia en su modo de obrar cierta
deferencia hacia este último que indicaba muy claramente reconocerse
inferior á él en cuanto al _genio_ y á los _ardides_ de su profesion.
Tenia unos ojos pequeños que movia vivamente y estaba además
acribillado por las viruelas.
Llevaba su traje muy mal parado; pero como dijo: Acababa de _concluir_
sus _vacaciones_; durante veinte y dos dias mortales no habia visto alma
viviente, ni se habia refrescado el _engullidero_ con una gota de algo
_fuera lo que fuera_. Oliverio estaba asombrado de una conversacion de la
que apenas comprendia algunos retazos. La reunion se reia á mas no poder
de la ignorancia ingénua del niño y la charla se hizo general. Fagin
estaba de excelente humor y contó algunas travesuras de su juventud de
un modo tan picaresco que Oliverio á despecho de sus buenos sentimientos
reia tambien de tanto gusto que las lágrimas le venian á los ojos.
Al fin el viejo infame lo tenia entre sus redes. Por medio de la soledad
y la tristeza le habia inducido á preferir la sociedad de alguien á la
de sus dolorosos sentimientos en un chiribitil y destilaba en su corazon
tierno el veneno que debia ennegrecerlo y horrar en él para siempre la
bondad.