OLIVERIO RECIBE EL BUEN TRATAMIENTO QUE NUNCA HABIA RECIBIDO HASTA AHORA.
--PARTICULARIDADES REFERENTES Á UN RETRATO.
EL fiacre rodó á lo largo de _Mont-Plaisir_, enfiló la calle de
_Exmouth_, recorriendo a poca diferencia el mismo camino que Oliverio
debió seguir la primera vez que entró en Lóndres en compañía del
Camastrón y tomando diferente camino cuando hubo llegado á la taberna
del Angel en _Islington_, se paró al fin ante una casita de hermosa
apariencia en una calle decente y retirada de _Pentouville_. Allí sin
retardo se preparó un lecho en el que Mr. Brownlow, hizo colocar al
pobre niño, que fué cuidado con una solicitud y una ternura sin igual.
Durante muchos dias Oliverio permaneció sin conocimiento pendiente entre
la vida y la muerte. Al fin salió de este estado y lanzó una mirada
inquieta á su alrededor:
--Que aposento es este? --Donde me han traido? --dijo.
Como estaba muy abatido, pronunció estas palabras con voz débil; pero
ellas fueron oidas desde el momento; porque la cortina de su cama fué
levantada incontinenti y una buena señora ya de edad vestida
decentemente se levantó al mismo tiempo de un sillon en que estaba
sentada cerca el lecho y haciendo dalzeta.
--Chiton amigo mio! --dijo la anciana con dulzura --Es preciso estarse
quieto, ó vendrá una recaida; ya habeis estado malo, muy malo . . .
Vaya! volveos á acostar como un buen muchacho! --Esto diciendo la buena
señora volvió á colocar suavemente la cabeza de Oliverio sobre la
almohada, y apartando los mechones de cabellos que caian sobre su frente
le miró con un aire tan cariñoso, que él no pudo menos de colocar su
manecita descarnada sobre la suya y de atraerla al rededor de su cuello.
--Dios mio! --dijo la anciana con las lágrimas en los ojos --Que buen
corazoncito! Que agradecido! Qué diria su madre, si despues de haberte
vigilado dia y noche como yo lo he hecho pudiera verle ahora?
--Pueda que me vé! --balbuceó Oliverio plegando sus manos. --Tal vez ha
estado sentada cerca de mi, señora . . . Oh! si; me parece haberla visto
á mi lado.
--Esto es efecto de la fiebre amigo mio! --dijo la buena señora.
--Es posible --repuso Oliverio con aire pensativo --porque hay mucha
distancia de aquí al cielo y si es allí demasiado dichoso para bajar
cerca el lecho de un pobre niño! Sin embargo si ella ha sabido que yo
estaba enfermo, me habrá compadecido desde allá arriba; porque ella ha
sufrido tambien tanto antes de morir! Con todo no puede saber nada de le
que me sucede --añadió despues de un momento. de silencio --porque si
me hubiera visto padecer, se hubiera puesto triste, y su rostro era tan
dulce y risueño cada vez que la he visto en sueños!
La anciana nada respondió; pero enjugando primero sus párpados y luego
sus anteojos que estaban sobre la bánova, dió al niño una pocion
refrescante y pasándole la mano por sobre la mejilla le encargó
estuviera tranquilo en su lecho sino volveria á caer malo.
Oliverio se mantuvo quieto, ya porque queria obedecer en todo á la
señora; ya tambien porque estaba completamente fatigado por lo que habia
dicho. Pronto se entregó á un sueño reparador del que fué dispertado
por la luz de una vela que acercándose á su cama le permitió ver á un
señor que le tentaba el pulso consultando al mismo tiempo un grueso
reló de oro de _tic-tac_ muy fuerte que tenia en la mano: el cual dijo
que lo encontraba mucho mejor.
--No es verdad que os encontrais mucho mejor amiguito? --dijo á Oliverio.
--Si, señor! y os doy gracias! --contestó este.
--Ya se bien que debeis encontraros mejor. --repuso el otro --Teneis
apetito no es cierto?
--No señor. --respondió el niño.
--He! --esclamó el caballero --No! Ya sabia yo bien que no podeis tener
apetito. No tiene apetito señora Bedwin. --continuó con aire de
importancia volviéndose á la señora.
Esta hizo una señal de cabeza respetuosa, por la que parecia decir que
creia al doctor un sujeto muy hábil: este por su parte pareció tenor de
si la misma opinion.
--Teneis sueño no es cierto amiguito? prosiguió el doctor.
--No señor. --respondió Oliverio.
--No. --repuso el otro con ademan de inteligente --no teneis sueño.
Tampoco teneis sed?
--Si señor; estoy un poco sediento.
--Justamente lo que pensaba Señora Bedwin. A la verdad es muy natural
que esté sediento; muy natural. Podréis darle un poco de thé y una
tostada de pan sin manteca. Que no sea demasiado caliente Señor Bedwin;
pero tened cuidado de que no sea demasiado frio. Ya comprendeis ¿no es
cierto?
La buena señora hizo una reverencia y el doctor despues de haber probado
la pocion refrescante, se alejó haciendo crujir sus botas sobre el piso
con aire de importancia y dignidad. Oliverio poco despues volvió á
dormirse y era ya cerca de media noche cuando se dispertó. La Señora
Bedwin le deseó entonces una buena noche y le dejó bajo el cuidado de
una vieja gordinflona que acababa de entrar llevando dentro su _ridiculo_
un librito de oraciones y una larga gorra de dormir.
La mañana estaba ya bastante adelantada cuando Oliverio se dispertó
despejado y risueño. La crísis de la enfermedad habia pasado, estaba ya
fuera de peligro y pertenecia aun á este mundo. En menos de tres dias se
halló capaz para sentarse en un sillon reclinado sobre almohadas y como
estaba aun demasiado débil para poder andar, la señora Bedwin lo habia
bajado á su propio aposento donde se sentaba á su lado frente el hogar
y encantada á lo sumo de una mejoría tan notable, derramaba lágrimas
de ternura.
--No hagais caso queridito; esto es á pesar mio --dijo --Caramba! Ahora
ya pasó aquello y yo me encuentro del todo aliviada!
--En verdad señora sois muy buena para mi. --dijo Oliverio.
--Está bien amiguito! no hablemos mas de ello. Nada tiene que ver con
vuestro caldo y es ya hora de que lo tomeis, porque el doctor dice que
Mr. Brownlow podria venir á visitaros esta mañana y es necesario que
nosotros estemos sobre nuestros _cuarenta y ocho_ pues que cuanto mejor
aspecto tengamos mas estará él contento.
Esto diciendo la buena señora hizo calentar en una caserola una porcion
de un caldo bastante fuerte; capaz reducido á la fuerza señalada en las
casas de Caridad, para suministrar una opípara comida á trescientos
pobres por lo menos.
--Os gustan los cuadros amigo mio? --preguntó la buena señora viendo
que Oliverio tenia los ojos fijos con una atencion particular sobre un
retrato colgado en la pared justamente frente de él.
--No podria decíroslo señora! --respondió éste sin apartar la vista
del retrato --He visto tan pocos que á la verdad no sé . . . Que
semblante tan dulce y tan bello tiene esa señora!
--Ah! --dijo la anciana --Los pintores hacen siempre á las mugeres mas
hermosas de le que son; de otro modo hijo mio no tendrian parroquianos.
El que ha inventado la máquina para reproducir fisonomías por obra de
la sola naturaleza, el buen Monsieur Daguerre hubiera debido saber que
ella no tendria écsito! Hay demasiada fidelidad; demasiada! --repuso
riéndose de todo corazon por la malicia con que habia dicho esto.
--Esa pintura se parece á alguno? --preguntó Oliverio.
--Si. --contestó la buena señora levantando los ojos un instante --Es
lo que se llama un retrato.
--De quien? --volvió á preguntar el niño con curiosidad.
--Ah! eso es lo que no podré deciros amiguito! --repuse ella con aire
jovial --Probablemente (al menos que yo sepa) será de alguno que ni vos
ni yo conocemos. --Parece que es complaceis en mirarlo queridito?
--Es tan hermoso! tan bello!
--Creo que no as dará miedo he? --dijo la buena señora sorprendida del
aire de respeto con que el niño miraba el retrato.
--Oh! no seguramente! --respondió este con prontitud --Pero la mirada de
esa señora se me presenta tan triste desde este sitio! Parece que se
dirije á mi! Esto me hace latir el corazon como si estuviera animado
--prosiguió con tono mas bajo --y como si quisiera hablarme y no pudiera.
--Bendito seais de Dios! --esclamó la buena señora estremeciéndose
--Niño no hableis así! Despues de la enfermedad que acabais de pasar
estais débil y nervioso; dejad que vuelva vuestro sillon del otro lado y
entonces no veréis esto. --dijo juntando la accion á la palabra --Ahora
al menos ya no podeis verlo!
Oliverio lo veia en su imaginacion tan perfectamente como si no se le
hubiere movido de sitio; pero pensó que haria mejor en no enfadar á la
buena señora y así sonrió graciosamente cuando ella le miró. La
Señora Bedwin por su parte contenta de ver que se encontraba mas á
satisfaccion, echó sal á su caldo y puso en el pequeñas cortezas de
pan tostado con todo el aparato conveniente á un preparativo tan
solemne. El lo despachó con una prontitud extraordinaria y apenas habia
tragado la última cucharada cuando llamaron suavemente á la puerta.
--Entrad! --dijo la buena señora.
--Mr. Brownlow (porque era él) entró tan listo como le fué posible;
pero no bien hubo levantado sus anteojos sobre su frente y puesto sus
manos trás su bata para examinar mejor á Oliverio, cuando su fisonomía
cambió varias veces de espresion, haciendo muchas contorciones tan
grotescas las unas como las otras. Oliverio débil por la enfermedad,
hacia por respecto á su bienhechor esfuerzos inútiles para ponerse en
pié cayendo siempre otra vez en el sillon y Mr. Brownlow que de toda
verdad era mas sensible que media docena de hombres de su calibre, no
pudo contener las lágrimas que se escaparon de sus ojos como por medio
de un proceder hidráulico, que nosotros no nos croemos bastante
filósofos para poder esplicar.
--Pobre niño! pobre niño! --dijo esforzando su voz --Señora Bedwin;
esta mañana estoy un poco ronco; temo haber cojido un resfriado.
--No digais tal cosa señor. --repuse esta. --Toda la ropa blanca que os
he entregado estaba muy soca.
--No sé Bedwin; no se que diga --prosiguió Mr. Brownlow --pero me
parece que la servilleta que me disteis ayer en la comida estaba algo
húmeda. Pero no importa! Como os encontrais amigo mio?
--Muy feliz señor --respondió Oliverio --y muy reconocido á vuestras
bondades para conmigo.
--Niño encantador! --dijo Mr. Brownlow repuesto de su emocion. --Señora
Bedwin; le habeis dado algun alimento? Algunos caldos he?
--Acaba de tomar una píldora de excelente gelatina --respondió la
Señora Bedwin irguiéndose de toda su altura y prenunciando estas
últimas palabras con énfasis para dar á entender que entre un caldo y
una gelatina no habia la menor relacion.
--Puha! --hizo Mr. Brownlow encojiéndose de hombros. --Dos ó tres vasos
de vino de Oporto le hubieran hecho mas bien ¿no es cierto Tomás White?
--Yo me llamo Oliverio. Señor! --contestó el jóven convaleciente con
asombro.
--Oliverio! --dijo Mr. Brownlow --Oliverio que? Oliverio White he?
--No señor. Twist; Oliverio Twist.
--Picaro de nombre! --dijo el anciano --¿Porque dijisteis al juez que os
llamabais White?
--Jamás le dije tal cosa señor! --respondió Oliverio con mayor asombro.
Esto se parecia tanto á una mentira, que el anciano no pudo menos de
mirar fijamente á Oliverio. Era imposible no creerle; el sello de la
verdad estaba impreso sobre todos los rasgos finos y delicados de su
fisonomía.
--Esto será sin duda un error! --dijo Mr. Brownlow y aunque no tenia
motivo para examinar á Oliverio, la idea de semejanza entre sus
facciones y algun rostro que le era conocido le preocupaba de tal modo
que no podia apartar la vista de él.
--No estais enfadado conmigo no es cierto señor? --dijo Oliverio con una
mirada suplicante.
--No, no! --respondió Mr. Brownlow. --Por vida de . . . mirad Bedwin
mirad allí.
Mientras esto decia comparaba con el dedo el retrato y el rostro del
niño. Habia entre ellos una semejanza completa. Los ojos, la boca, la
espresion y la forma de la cabeza eran absolutamente las mismas. Los
rasgos de la fisonomía eran tan iguales en este momento que las menores
líneas parecian copiadas en él con una exactitud que no tenia nada de
terrestre.
Oliverio ignoró la causa de aquella esclamacion súbita, porque estaba
tan débil que no pudo suportar el estremecimiento que le produjo y se
desmayó.