COMO POR MEDIO DEL VIEJO CHISTOSO EL LECTOR INSTRUIDO VA Á ADQUIRIR
RELACIONES CON UN NUEVO PERSONAGE. --PARTICULARIDADES Y HECHOS
INTERESANTES PERTENECIENTES A ESTA HISTORIA.
CUANDO el Camastron y su digno amigo maese Bates se juntaron á los que
persiguian á Oliverio despues de su atentado á la propiedad de Mr.
Brownlow, obraban por interés propio porque como la libertad individual
es el primer derecho de que se envanece un inglés de raza pura, no tengo
necesidad de demostrar al lector que esta accion debia ensalzarles á la
vista de todo buen patriota.
Solo despues de haber recorrido un laberinto de callejones, nuestros dos
muchachos se detuvieron de comun acuerdo bajo una bóveda baja y
sombría. Habiendo permanecido en ella y en silencio el tiempo preciso
para cobrar aliento, maese Bates dió un grito de satisfaccion y de
alegria y arrancando una estrepitosa carcajada se dejó caer en el lindar
de una puerta para desahogarse á discrecion.
--Que . . . que es esto? --preguntó el Camastron.
--Ah! ah! ah! --hizo Cárlos.
--Te callarás? --prosiguió el Camastron mirando á su alrededor con
precaucion. --Tienes ganas de que nos _pellizquen_ animal!
--Ello es mas fuerte que yo. --dijo Cárlos --No puedo impedirlo. Me
parece que lo estoy viendo correr y pegar de narices en las esquinas de
las calles y luego como si fuera de piedra como ellas volver á picar con
los talones las espaldas de un modo tan gracioso y yo con el _pingajo_ en
mi faltriquera gritando tras él como los otros: Ah! ah! ah! . . que
chistoso!
La imaginacion activa de maese Bates le representaba la escena con
colores demasiado vivos, pues al llegar á este punto de su discurso se
revolcó sobre el lindar de la puerta y arreció su risa de un modo
aturrullador.
--Que vá á decir Fagin? --preguntó el Camastron aprovechándose de un
instante en que su amigo no podiendo mas guardó silencio.
--Que? --reposo Cárlos.
--Si; que! --dijo el Camastron.
--Caramba! --esclamo Cárlos, un tanto afectado del modo con que el
Camastron hizo esta observacion: --¿y que puede decir?
El Camastron á guisa de respuesta se divertió silvando, luego
quitándose el sombrero se rascó la cabeza haciendo dos ó tres muecas.
--No te comprendo. --dijo Cárlos.
--Tara ri ra la . . . _la tia Miguela ha perdido su_ . . . --moduló el
Camastron con aire truanesco.
Esto era esplicativo; pero no satisfactorio. Maese Bates lo comprendió
así y preguntó á su amigo que es lo que queria decir.
El Camastron no respondió; pero dan lo una rápida cabezada para volver
el sombrero á su sitio y pasando por sobre sus codos los largos faldones
de su casaca, se hizo un bulto en la meg illa con su lengua, se dió
algunos capirotazos en la nariz con un aire familiar el mas espresivo y
haciendo una pirueta se precipitó dentro la entrada. Maese Bates le
siguió con ademan pensativo. El ruido de sus pasos en la vieja escalera
llamó la atencion del judío sentado en este momento ante el hogar con
una salsicha y un panecillo en su mano izquierda, un cuchillo en su
derecha y un jarro de estaño sobre el taburete. Era de notar una sonrisa
innoble en sus labios descoloridos al volverse para escuchar atentamente
dirijiendo el oido hacia la puerta y lanzando una mirada salvaje por
debajo sus cejas rojas.
--Que significa? --murmuró cambiando de espresion. --No son mas que des
ahora! Donde está el tercero? Les habrá sucedido algo? Escuchemos!
Los pasos se oyeron mas distintamente. Los dos _caballeritos_ llegaron á
la maseta, la puerta re abrió suavemente y volvió á cerrarse tras de
ellos.
--Dónde está Oliverio? --prorumpió el judío con furia --Qué habeis
hecho de él?
Los dos pilluelos se miraron uno á otro perturbados como si temieran la
cólera del viejo; pero se callaron.
--Qué ha sido de Oliverio? --dijo el judío cojiendo al Camastron por la
garganta y amenazándole con imprecaciones horribles. --Habla ó te
estrangulo! Hablarás? --clamó con voz de trueno y sacudiéndole con
fuerza.
--Canario! Ha sido pellizcado y nada mas. --dijo al fin el Camastron con
tono áspero --Vaya, dejadme ya! --continuó y de un solo empujo
desprendiéndose de su casaca que quedó entre las manos del judío,
cojió la aguja del azador y asestó al chaleco del viejo chistoso tal
bote que si lo alcanza le hubiera privado de sus gracias al menos por
seis semanas sino por dos meses.
El judío en tai percance retrocedió con mas ligereza de la que era de
esperar en un hombre de su edad y apoderándose del jarro de estaño se
preparaba para arrojarlo á la cabeza de su adversario, cuando Cárlos
Bates llamando en este momento su atencion por un ahullido espantoso
cambió el destino del jarro y Fagin lo arrojó lleno de cerveza á la
cabeza de este último.
--Ea! Que diablos pasa ahora aquí? --murmuró una voz gruesa --Quién me
ha tirado esto á la cara? Puede darse por muy feliz que haya recibido
solo la cerveza y no el jarro, pues de otro modo hubiera hecho mi negocio
con alguno. Jamás me hubiera pasado por el magin que un viejo ladron de
judío pudiera arrojar otra cosa que agua . . . Que significa todo esto
Fagin? El diablo me lleve si mi corbata no está llena de cerveza . . .
Vén acá tu . . . Que tienes que hacer pegado á esa puerta? Como si
debieras avergonzarte de tu amo!
El hombre que refunfuñó estas palabras era un moceton de treinta y
cinco años poco ó menos, vestido con un redingote de terciopelo de
algodon negro, unos calzones de paño burdo muy estropeados, borcejies y
medias de algodon gris que cubrian unas piernas macisas adornadas por
gruesas pantorrillas; piernas en fin de aquellas á quienes parece faltar
algo sino van guarnecidas de grilletes.
--Ven acá ¿lo entiendes? --dijo con acento nada lisongero.
Un perro blanco de pelo largo y sucio y con la cabeza llena de cicatrices
entró arrastrándose en el aposento.
--Os haceis rogar mucho! --continuó el hombre --Os costaba acaso
reconocerme en medio de tan honrada compañía? Acostaos alli!
Esta órden fué acompañada de un puntapié que envió al animal al otro
estremo del aposento.
--De que proviene pues esa batalla? Viejo ladronazo ¿porque maltratais
á los muchachos? --dijo el hombre sentándose con mucha prosopopeya.
--Me estraño que no os hayan asesinado. Si fuera yo de ellos lo haria.
Si hubiera sido vuestro aprendiz largo tiempo ya que esto estaria hecho y
que . . . pero no, no hubiera podido sacar un sueldo de vuestra piel,
porque no sois bueno mas que para meteros en una botella para enseñaros
como un fenómeno de fealdad y creo que no se soplan de bastante grandes
para conteneros.
--Silencio! Silencio Señor Sikes! --dijo el judío tembloroso --No
hableis tan alto.
--Si os place no tantos cocos --prosiguió el bandido --llamándome
_Señor_. Comprendo donde quereis ir á parar cuando tomais ese tono; á
nadie bueno por cierto. Llamadme por mi nombre, le teneis muy conocido.
No creais que lo deshonre cuando llegue mi hora!
--Está bien; está bien Guillermo! --dijo el judío, con abyecta
humildad --Parece que estais de mal humor?
--Pueda que si. --replicó Sikes --Tambien á mi se me figura que vos no
estais de buen temple cuando os ocupais en arrojar jarros de estaño á
la cabeza de las gentes, á menos que vuestra intencion no sea hacerles
mas daño que cuando los denunciais y cuando . . .
--Habeis perdido la cabeza? --dijo el judío tomando al otro por la mano
y señalándole con el dedo á los muchachos.
Sikes por toda respuesta hizo ademan de pasar un nudo corredizo al
rededor del cuello y dejó caer la cabeza sacudiéndola sobre la espalda
derecha; pantomina que el judío pareció comprender perfectamente. Luego
en términos de _caló_ de que su conversacion estaba llena; pero que es
inútil trasladar aquí porque no serian comprendidos, pidió un vaso de
licor.
--Espero que no le echaréis veneno! --dijo poniendo su sombrero sobre la
mesa.
Esto fué dicho con tono de broma; pero si él hubiera podido ver la
sonrisa amarga con que el judío se mordió el labio al dirijirse hacia
el armario, hubiera pensado que la precaucion no era del todo inútil ó
que el deseo de practicarse en el arte del destilador no estaba lejos en
aquel momento del corazon del _chistoso_ viejo.
Despues de haber tragado dos ó tres vasos de licores, Sikes se dignó
fijar su atencion en los dos _jóvenes caballeros_, condescendencia por
su parte que llevó á una conversacion en la que la causa del arresto de
Oliverio fué relatada con tales detalles y comentarios que el Camastron
juzgó conveniente obrar segun las circunstancias.
--Tengo mucho miedo de que nos haga un flaco servicio si llega á
_bachillerear_.
--Es muy posible. --repuso Sikes con una sonrisa maligna. --Fagin vos
estais hecho un _ascua_.
--Tambien tengo mucho miedo --prosiguió el judío mirando al otro
fijamente y sin dar muestra de haber parado la atencion en la _chufleta_
que acababa de lanzar --tengo mucho miedo de que si el _pastel_ se
descubre para mi, no lo sea tambien para muchos otros y esto querido
Sikes tendria _maldita la gracia_ mas para vos que para mi.
--Es preciso que alguno vaya á saber lo que ha pasado en el tribunal de
policía. --dijo Sikes con tono mas bajo del que habia usado á su
llegada.
El judío hizo una señal de aprobacion.
--Sino ha _garlado_ y está en la prision no hay peligro hasta que salga
de ella --repuso Sikes --y entonces será necesario no perderle de vista.
Es preciso poner manos á la obra de un modo á otro.
El judio hizo una nueva señal de cabeza aprobativa.
La prudencia de este plan de conducta era evidente sin duda alguna; pero
desgraciadamente obstaba un grande impedimento para ponerlo en ejecucion.
Fué el caso que él Camastron, Cárlos, Fagin y el mismo Sikes afirmaron
cabalmente á una, que tenian la mas grande antipatia en acercarse á un
tribunal de policía por cualquier causa y pretexto que fuera.
Difícil seria calcular cuanto tiempo hubieran podido estarse mirando uno
á otro en un estado de incertidumbre nada agradable. Además tampoco es
necesario formar ninguna conjetura sobre este punto porque la entrada
repentina de dos _señoritas_ que Oliverio habia visto ya la primera
noche de su llegada al domicilio del judío reanimó la conversacion.
--Ya está resuelta la dificultad! --dijo Fagin --Betty irá. ¿No es
cierto querida?
--Dónde? --preguntó esta.
--No mas que hasta el tribunal de policía. --contestó el judío con
tono dulce.
Es preciso hacer justicia á la jóven diciendo que positivamente no
rehusó; pero que expuso sencillamente el deseo de _darse al diablo_
antes que ir allá; excusa honesta y delicada que prueba que la
_señorita_ estaba dotada de esa cortesia natural que no permite afligir
á su semejante con una negativa formal.
El judío un si es ó no es desconcertado por la respuesta de esa
_Señorita_ que iba _graciosamente_ (por no decir _magnificamente_)
engalanada con un vestido colorado, botitas verdes y rizos rubios, se
dirijió á la otra.
--Querida Nancy que dices á esto? --preguntó con aire melifluo.
--Que no me va ni me viene --respondió Nancy --y así que no vale la
pena de dirigirse á mi.
--Que quieres decir con eso? --dijo Sikes levantando bruscamente la
cabeza.
--Lo que digo Guillermo. --replicó la jóven con la mayor sangre fria.
--Porqué? --añadió Sikes --Tu eres justamente la persona que nos
conviene; nadie te conoce en aquel barrio.
--Per eso no tengo ningunas ganas de que me conozcan. --continuó Nancy
en el mismo tono.
--Ella irá Fagin. --dijo Sikes.
--No; ella no irá Fagin! --esclamó Nancy.
--Os digo que ella irá Fagin! --replicó Sikes.
Este tenia razon; á fuerza de amenazas, de promesas y de dadivas
alternadas, la _Señorita_ en cuestion se dejó persuadir al fin. No
militaban para ella las mismas consideraciones que retenian á su amable
amiga; habiendo poco que habia dejado el barrio de _Ratcliffe_ para venir
ha habitar el cuartel de _Field-Lane_ que le es del todo opuesto no habia
miedo de que fuera reconocida por ninguno de sus numerosos conocidos.
De consiguiente habiéndose puesto un delantal blanco y escondido sus
rizos dentro un gorro de paja (dos artículos de adorno sacados del
almacen inagotable del judío.) Nancy se dispuso para llenar su comision.
--Espera un momento querida. --dijo el judio trayendo una cesta pequeña
con tapadera --Toma esto que infunde un aspecto mas respetable.
--Fagin dadle tambien una llave gruesa para llevarla en la otra mano.
--dijo Sikes --Asi se parecerá mas á una cocinera que vá al mercado.
--Es muy cierto por vida mia! --repuso el judío pasando una gruesa llave
por el index de la mano derecha de la jóven. --Ah! ah! Esto es!
--continuó frotándose las manos.
--Oh! hermano! querido hermano! hermanito de mi alma! --esclamó Nancy
fingiendo dolor y retorciéndose las manos en señal de desesperacion
--¿Qué ha sido de él? Donde lo han llevado? Ah! por misericordia,
decidme señores ¿que se ha hecho este niño? os lo suplico señores!
decídmelo!
Habiendo pronunciado estas palabras en el tono mas lastimoso con gran
satisfaccion de sus oyentes, Nancy se calló, lanzó una mirada á la
compañía, dirigió una sonrisa de inteligencia á cada uno y
desapareció.
--Ah! Es una muchacha muy diestra hijos mios! --dijo el judío sacudiendo
la cabeza con ademán grave como una muda advertencia de seguir el
_ilustre_ ejemplo que acababan de tener ante sus ojos.
--Es la gloria y el honor de su _sesco_ --añadió Sikes llenando su vaso
y dando un golpe sobre la mesa con su puño enorme --A su salud! Quiera
Dios que todas las mugeres se le parezcan!
Mientras que en su ausencia se hacia de ella tal elogio, la incomparable
jóven se dirijia ligera hácia el tribunal de policía donde llegó al
cabo de poco tiempo con toda seguridad á pesar de la timidez natural en
su secso de andar solo por las calles.
Entrando por la parte trasera del edificio, llamó suavemente con su
llave á la puerta de una de las celdillas y puso el oido atento; como no
oyó ningun ruido dentro, tosió, escuchó otra vez y viendo que nadie la
respondia dijo con tono dulce:
--Oliverio! Oliverio! amigo mio!
--Quien está ahí? --respondió desde el interior una voz débil y
desmayada.
--No hay aquí un muchacho? --preguntó Nancy suspirando.
--No! --replicó la misma voz --Que Dios le libre de ello!
Como ninguno de los presos respondió al nombre de Oliverio, ni pudo dar
razon de él, Nancy se dirijió en derechura al carcelero (el mismo
gordinflon con chaleco rayado de que se ha hablado ya) y con lamentos y
gritos que hizo todavia mas dignos de lástima agitando su cesta y su
llave, pidió á su hermano adorado.
--No está aquí querida! --dijo aquel.
--Donde se halla? --preguntó con acento estraviado.
--El caballero se lo ha llevado.
--Que caballero? Oh! Dios mio! que caballero?
En contestacion á esas preguntas incoherentes el Carcelero relató á la
buena _hermana_ afligida, que habiéndose desmayado Oliverio en el
despacho del magistrado y presentándose luego un testigo que probó
haber sido cometido el hurto por otro niño, habia sido absuelto y
llevado por el querellante á su domicilio situado en algun sitio allá
por el lado de Pentonille segun la direccion que el susodicho querellante
habia dado al cochero en el acto de subir al fiacre.
Poseida por él terror de la duda y de la incertidumbre la bella
exploradora se retiró tambaleándose; pero apenas hubo pasado el lindar
de la puerta volviendo á tomar su paso firme y seguro se dirijió muy de
prisa á la habitacion del judío por el camino mas largo é intrincado.
No bien Guillermo Sikes tuvo conocimiento del resultado de las pesquisas
de Nancy, llamó á su perro bruscamente y poniéndose el sombrero se
fué sin despedirse de la compañía.
--Hijos mios! Es preciso que averigüemos donde se halla; es preciso que
lo encontremos! --dijo el judío sumamente turbado --Cárlos! no hagas
otra cosa mas que ir en su busca hasta que nos traigas noticias suyas.
Nancy, querida mia! De todos modos es necesario que yo le encuentre! Para
ello cuento contigo querida; contigo y con al Camastron.
--Esperad! esperad! --añadió abriendo los cajones de la cómoda con
mano trémula --Tomad este dinero amigos! --Esto diciendo los empujó
fuera del aposento y cerrando cuidadosamente la puerta con los cerrojos y
la llave, sacó de su escondrijo la caja que á pesar suyo habia puesto
á la vista de Oliverio y ocultó todos los relojes y joyas entre sus
vestidos.