EL hurto habia sido perpetrado dentro la jurisdiccion y de hecho en las
inmediaciones de un tribunal de policía metropolitana muy celebrado. Los
curiosos tuvieron la única satisfaccion de acompañar á Oliverio un
corto trecho; es decir hasta un sitio llamado _Multon-Hill_ donde le
hicieron pasar bajo una bóveda sombría y baja que conducia á un patío
súcio al detrás del que estaba ese dispensador de la pronta justicia.
Alli encontraron un _regordete_ con enormes favoritos en las megillas y
un grueso manojo de llaves en la mano.
--Que hay de nuevo? --preguntó con suma displicencia.
--Un jóven _pégre_ [1] --contestó el agente de policía.
--Sois vos el robado? --preguntó el carcelero al anciano caballero que
estaba trás Oliverio.
--Si; --dijo este --yo soy; pero no estoy seguro que sea este niño quien
ha cojido el pañuelo y por eso quisiera mas que la cosa no pasára
adelante.
--Ya es tarde! Es preciso que se presente ante el magistrado. --repuso el
carcelero --Pronto vá á ser puesto en libertad. --y dirijiéndose á
Oliverio. --Ola in _pasto de horca_! Al avio!
Esto era para el niño una invitacion de entrar en una celdilla cuya
puerta habia abierto el hombrecillo y donde le encerró despues de
haberle registrado y no encontrándole nada sobre él.
El anciano caballero al oir rechinar la llave en la cerradura se puso tan
triste como Oliverio y dirijió suspirando sus ojos sobre el libro causa
inocente de todo aquel fracaso.
--Hay algo en la fisonomía de ese niño --se dijo á sí mismo dando
algunos pasos y golpeándose frente con el libro, completamente absorvido
en sus reflecciones --algo que me choca y me interesa. Será tal vez
inocente? Paréceme . . . Por vida de! --esclamó parándose en seco y
mirando fijamente á las nubes-- ¿Dónde he visto yo una fisonomía
semejante á la suya?
Despues de haber reflecsionado algunos momentos, se adelantó en ademan
pensativo hácia una pequeña sala que daba al patio y allí retirado y
á solas pasó revista en su memoria á un gran número de rostros que
hacia muchos años habia perdido de vista, y sobre los cuales se habia
estendido un velo sombrío.
El carcelero le dispertó de sus sueños dándole un golpecillo sobre la
espalda y haciéndole señal de que le siguiera: cerró inmediatamente su
libro y pronto se vió á la presencia imponente del célebre Mr. Fang.
La sala de audiencia que daba á la calle tenia el techo artesonado. Mr.
Fang estaba sentado mas allá de una pequeña balustrada y en une de los
estremos. A un lado de la puerta y en un banquillo colocado al efecto,
estaba sentado el pobre Oliverio espantado de la gravedad de esta escena.
El anciano caballero se inclinó profundamente, se adelantó hacia el
bufete del magistrado y dijo añadiendo la accion á la palabra:
--Esta es mi direccion caballero --y dando tres pasos atrás se inclinó
de nuevo y esperó que se le preguntase.
Cabalmente Mr. Fang leia en este momento con profunda atencion en el
_Morning Chronicle_ un artículo concerniente á una sentencia que habia
dado, el cual artículo le recomendaba por la milésima vez á la
atencion particular del ministro del interior. Estaba á mas de mal humor
y levantando la cabeza con ademan uraño:
--Quien sois? --preguntó.
El anciano caballero algo sorprendido señaló con el dedo su tarjeta.
--Oficial de policía! --dijo Mr. Fang sacudiendo con desprecio la
tarjeta y el periódico. --Quien es ese individuo?
--Mi nombre --dijo el anciano caballero espresándose con cortesia --mi
nombre es Brownlow. Que me sea permitido á mi vez preguntar el nombre
del magistrado que bajo el escudo de la ley insulta gratúitamente á un
hombre respetable sin haber sido provocado. --Esto diciendo Mr. Brownlow
dirijió una mirada á su alrededor como buscando quien quisiera
responder á su pregunta.
--Oficial de policía! --dijo Mr. Fang tirando el periódico de revés
--De que se acusa á ese individuo?
--No es él el acusado señor juez. --respondió el agente de policía
--Comparece contra este muchacho.
El magistrado, lo sabia bien; pero era un medio como cualquier otro para
vejar impunemente á las gentes.
--Ah! Comparece contra ese muchacho . . . no es oso? --replicó Mr. Fang
examinando á Mr. Brownlow de la cabeza á los piés con aire de duda.
--Recibid su juramento.
--Antes de prestar juramento --dijo Mr. Brownlow --me permitiré decir
una sola palabra y es que sin una prueba tan convincente jamás hubiera
podido crer . . . .
--Silencio caballero! --dijo Mr. Fang con tono brusco.
--No me callaré señor magistrado! --replicó Mr. Brownlow.
--Silencio digo ó mando poneros á la puerta! Sois un impertinente, un
bribon, al atreveros á desafiar un magistrado en el ejercicio de sus
funciones!
--Que decís? --esclamó el anciano caballero palideciendo de cólera.
--Haced prestar juramento á ese hombre! --dijo Mr. Fang al escribano
--Nada mas oiré! Hacedle prestar juramento!
La indignacion de Mr. Brownlow estaba á su colmo; pero reflexionando que
dándola salida podria hacer daño al muchacho, se contuvo y prestó
inmediatamente el juramento.
--Ahora --dijo Mr. Fang --decid: de que se acusa á esto muchacho? Qué
teneis que deponer contra él?
--Estaba ante la parada de un librero --empezó Mr. Brownlow.
--Silencio caballero! --interrumpió Mr. Fang --Agente de policía! Donde
está el agente de policía? Acercaos. Escribano hacedle prestar
juramento. Ahora hablad. ¿Que teneis que decir?
El agente de policía relató con tono humilde: que el habia preso al
muchacho y que habiéndole registrado, nada habia encontrado encima de
él; añadiendo que esto era todo lo que tenia que decir.
--Hay testigos? --preguntó Mr. Fang.
--No; señor magistrado. --respondió el agente de policía.
Mr. Fang guardó silencio por algunos instantes; luego volviéndose á la
parte acusadora dijo con tono irritado --Quereis esplicar los motivos de
vuestra querella contra ese muchacho; si ó nó? Si rehusais administrar
pruebas voy á castigaros por falta de respecto á un _magistrado_! Oh!
Lo haré por . . . ..
Por quien ó porque nadie lo sabe; pues que en este mismo momento el
escribano y el carcelero tosieron con fuerza muy á propósito sin duda;
y el primero dejando caer por _descuido_ un voluminoso libro, privó que
el resto pudiera oirse.
Entre las numerosas interrupciones y los insultos reiterados de Mr. Fang,
Mr. Brownlow procuró relatar el hecho,
observando que en el primer momento de sorpresa corriera trás el niño
porque lo habia viste huir. Y --añadió --me atreveré á esperar que en
el caso en que el Señor Magistrado considerára á este muchacho sino
como ladron al menos como afiliado con ladrones, se dignára obrar
respecto á él tan suavemente como se lo permita la justicia? Además
está herido y temo mucho --prosiguió, con aire de compasion
dirijiéndose á la barra --temo realmente que se encuentra malo.
--Oh! sin duda! Esto se comprende. --Observó Mr. Fang con acento burlon.
--Ea tu . . . pequeño vagabundo! Tus pillerias están cosidas con hilo
blanco. A mi no me la pegarás. Como te llamas?
Oliverio procuró responder; pero la lengua se le pegó en el paladar.
Estaba horriblemente pálido y todo parecia dar vueltas á su alrededor.
--Como te llamas bribonzuelo? --clamó Fang con voz de trueno --Oficial!
Cual es su nombre?
Esta pregunta se dirigia á un _inoflelude_ de chaleco rayado que estaba
en pié cerca de la barra. Se inclinó hacia el niño y repitió la
pregunta; pero viendo que realmente se hallaba incapaz de comprenderla y
sabiendo que su silencio no haria mas que escitar la cólera del
magistrado y de consiguiente aumentar la severidad de la sentencia,
respondió al acaso: --Se llama Tomás White señor magistrado.
--Ola! no quiere hablar ¿no es esto? --dijo Fang --Muy bien! Donde
habita?
--Donde puede señor magistrado. --respondió el digno oficial fingiendo
recibir la respuesta de Oliverio.
--Tiene padres? --preguntó Mr. Fang.
--Dice que se le murieron cuando niño. --replicó el otro del mismo modo.
En este punto del interrogatorio Oliverio levantó la cabeza y lanzando
á su alrededor una mirada suplicante, pidió con voz moribunda que se le
hiciera el favor de un vaso de agua.
--Todo eso son maulerias. --dijo Fang --No pienses cojerme por tonto.
--Señor magistrado creo que verdaderamente se encuentra malo. --dijo el
oficial de policía.
--Se algo mas que vos en esta materia --replicó Fang.
--Cuidado señor oficial de policía! --dijo el anciano caballero,
estendiendo instintivamente sus brazos --Cuidado! . . . vá á caer.
--Retiraos de aquí oficial de policía! --gritó Fang con acento brutal
--y que caiga si bien le place.
--Oliverio se aprovechó del asiduo permiso y cayó desmayado en el
suelo. Los hombres de servicio en la sala se miraron unos á otros pero
ninguno osó menearse.
--Sabia bien que lo hácia adrede. --dijo Fang. (como sí este accidente
hubiese sido para el una prueba incontestable de su eserto) pero pronto
tendría su galardon.
--Que fallais señor? --preguntó en voz baja el escribano.
--Le condenó sumariamente --dijo Fang --á tres meses de prision, con
mas al _treadmill_ [2] Despojad la sala!
La puerta estaba abierta á este fin y dos hombres se preparaban para
llevar al pobre Oliverio todavia sin sentidos á la prision, cuando un
sujeto de alguna edad y de esterior decente aun que pobre á juzgar por
sus pantalones negros un tanto deslustrados, se precipitó dentro la sala
y acercándose á la barra. --Deteneos . . ? --dijo sofocado y sin darse
tiempo de respirar --no le lleveis! Suspended la sentencia!
A pesar del mal humor y las groserías del juez Fang, le fué preciso
escuchar al testigo. Este era el librero que lo habia visto todo. Contó
el hecho y Oliverio fué puesto en libertad. Mr. Brownlow estaba
indignado de la conducta de Fang. Quiso protestar, pero fué hechado de
la sala. Una palidez mortal cubria las mejillas de Oliverio, á penas
podia tenerse. El compasivo anciano hizo acercar un fiacre y habiéndole
colocado sobre las almohadas del mismo, partieron.