OLIVERIO SE DIRIJE Á LONDRES, Y ENCUENTRA EN EL CAMINO UN JÓVEN
SINGULAR.
OLIVERIO despues que hubo llegado al estremo del sendero, se encontró en
la carretera. Eran las ocho de la mañana: á pesar de haber andado ya
cinco millas, corrió y se ocultó como pudo tras las hayas hasta el
medio dia temiendo ser cojido en el caso de que se le persiguiera.
Entonces se sentó en un mojon y se puso á pensar per la primera vez en
el punto donde debia ir para poder ganarse la subsistencia.
Muchas veces habia oido decir á los viejos de la casa de Caridad que un
muchacho de corazon no podia dejar de pasarlo bien en Londres y que habia
en esa gran ciudad recursos de que los habitantes de las provincias no
podian formarse una idea. Este era justamente el punto propio para el
niño sin asilo y que podia morirse en medio de la calle si alguno no
venia á su socorro. Se puso pues en marcha con valor acostándose por la
noche al aire libre, viviendo ya de limosnas, ya de los restos arrojados
por los caminantes; despreciado y rechazado por todas partes.
El séptimo dia de su partida entró muy de madrugada fatigadísimo en la
pequeña ciudad de Barnet. Las puertas de las casas estaban cerradas, las
calles desiertas, nadie se habia levantado aun para prepararse á los
trabajos del dia. El sol se elevaba radiante; pero su luz solo demostraba
al niño de una manera mas sensible su abandono y su miseria. Se sentó
en las gradas de una iglesia con los piés llenos de sangre y polvo.
Poco á poco se abrieron las puertas, se estendieron los toldos y la
gente empezó á circular por las calles. Algunas personas (en número
muy pequeño) se detuvieron un momento para contemplarle ó solo se
volvieron al pasar á toda prisa; pero nadie le socorrió ni se tomó
siquiera la pena de indagar porque se encontraba de tal modo en aquel
sitio. El pobre niño no se sentia con ánimo para mendigar y estaba
sentado allí sin saber lo que seria de él.
Habia ya algun tiempo que permanecía en tal posicion asombrándose del
gran número de tabernas que veia, (pues que cas todas las casas de
Barnet lo son) y mirando con displicencia los carruajes públicos que
pasaban rápidamente ante él, cuando le sacó de su reflexion la vista
de un jóven que hacia pocos instantes acababa de pasar sin mostrar haber
reparado en él y que retrocediendo luego y colocándose al otro lado de
la calle le miraba con la mayor atencion. De pronto no hizo caso de ello;
pero viendo que el tal muchacho permanecia tanto tiempo en la misma
actitud, levantó la cabeza y le miró del mismo modo. Entonces este
atravesó la calle y dirijiéndose directamente á él dijo:
--Y bien monigote! Que haces ahí hecho un estafermo?
El individuo que hizo tal pregunta á nuestro jóven viagero, era poco
mas ó menos de su edad, pero tenia el aspecto de una originalidad nunca
vista por Oliverio.
--Y bien! De que se trata? --prosiguió.
--Me muero de hambre y estoy sumamente fatigado! --respondió Oliverio
con las lágrimas en los ojos --He hecho un largo camino; he andado
durante siete dias.
--Durante siete dias! --dijo el jóven --Ah! ya caigo. De órden del
_pico_ . . . he! --luego añadió notando la sorpresa de Oliverio.
--¿sabes acaso lo que es un _pico_ mi jóven camarada?
Oliverio respondió ingenuamente que siempre habia oido decir que un
_pico_ era la boca de un pajaro.
--Vaya un _zopo_! --esclamó el jóven --El _pico_ es el magistrado.
_Marchar de órden del pico_, no es andar en derechura, sino _trepando
siempre sin jamás volver á descender_. ¿No has estado nunca sobre el
_molino_.
--Qué molino? --preguntó Oliverio.
--Que molino! que molino! Por vida de . . . el molino que rueda cien
veces mas rápido cuando _son bajas las aguas_, es decir cuando la bolsa
está en seco, que cuando están _altas_ porque en este último caso
siempre hay menos _obreros_ . . . Esto se comprende perfectamente sin
romperse los cascos. Ven conmigo; no tienes nada que meter bajo el diente
y es necesario que _rumies_. No hay gran cosa en la faltriquera solo un
_rond_ y un _Jaime_ pero no le hace ello vendrá. --Vamos en movimiento
las _canillas_!
El jóven, ayudó á Oliverio á levantarse y lo condujo hácia una
revenderia donde compró un poco de jamon y un pan de dos libras; hizo en
este un agujero é introdujo por él el jamon para preservarlo del polvo;
luego metiéndolo bajo el zobaco se dirijió hácia una taberna de sucia
apariencia y entró en una sala trasera. Allí; puesta sobre la mesa una
botella de cerveza de órden del _misterioso jóven_, Oliverio á una
señal de este emprendió un espléndido almuerzo durante el cual el
_estraño muchacho_ le observaba por intervalos con la mayor atencion.
--Vas á Londres? --dijo el jóven cuando Oliverio hubo concluido.
--Si.
--Tienes posada?
--No.
--Y dinero?
--Tampoco.
--El jóven se puso á silvar metiéndose las manos en las faltriqueras
todo lo que le permitieron las mangas de su casacon.
--Vivís vos en Londres? --preguntó Oliverio.
--Si; cuando estoy en mi casa! --respondió el otro --Supongo que no
sabrás donde acostarte esta noche he?
--Es cierto. --repuso Oliverio. --No he dormido bajo tejado desde que
abandoné mi pais.
--No te inundes de mocos por ello! Haces mal en atormentarte de este modo
las pestañas. --replicó el jóven mozalvete. --Yo tambien tengo que
estar en Londres esa noche y allí conozco un anciano _respetable_ que te
dará alojamiento de valde, entendámonos siendo presentado por alguno de
sus amigos . . . Por que de lo contrario! ya escampa! No es lerdo el tal
vejete!
Esto diciendo el jovenzuelo sonrió para dar á entender que la última
parte de su soliloquio era puramente irónico y vació incontinenti su
vaso.
Este ofrecimiento inesperado de un alojamiento era demasiado seductor
para ser rehusado, sobre todo cuando fué seguido inmediatamente por la
seguridad de que una vez conocido del _anciano caballero_, este no
dejaria pasar mucho tiempo sin proporcionar á Oliverio alguna colocacion
bastante ventajosa. Esto llevó á una conversacion mas confidencial en
la que Oliverio descubrió que su amigo que se llamaba Jaime Dawkins era
el amigo íntimo y el protegido del viejo señor en cuestion.
El exterior de Mr. Jaime no hablaba mucho que digamos en favor de las
ventajas que su _patronato_ obtenia pava aquellos que tomaba bajo su
proteccion; pero como tenia un modo de espresarse _pronto y obscuro_ á
la vez y como confesó además que entre sus _camaradas_ era mas bien
conocido bajo el apodo de _fino camastrón_, Oliverio concluyó de ahí
que su compañero siendo tal vez _insustancial y ligero_ la moral del
_viejo señor_ no babia fructificado en él. Con tai pensamiento
resolvió por su parte aprovecharse de ella lo mas pronto posible y si
encontraba al Camastrón incorregible como tenia motivos para creerlo,
renunciaria al honor de ser su camarada.
Como Jaime Dawkins habia declarado no querer entrar en Londres hasta la
noche, eran cerca las once cuando llegaron á la barrera de _Islington_.
Pasaron por diferentes calles hasta llegar á _Great-Saffron-Hille_ que
el camastrón atravesó mas que de prisa previniendo á Oliverio le
siguiera de cerca.
Este estaba pensando seriamente si se escaparia, cuando llegaron al
estremo de la calle. Su compañero cojiéndole entonces por el brazo
empujó la puerta de una casa cerca de F_ield-Lane_, y metiéndole en el
pasadizo cerró la puerta tras de ellos.
--Quien va! --gritó una voz que venia de abajo, respondiendo á un
silvido del Camastron.
--Plumy y Slám! --tal fué su respuesta.
Este era probablemente el santo y seña ó el aviso de que nada habia que
temer, porque la débil luz de una vela se reflejó en la pared al
extremo opuesto del pasadizo y se mostró una cabeza á flor de tierra en
el punto donde estaba antes el antiguo tramo de la escalera de la cocina.
--Sois dos? --dijo un hombre cuya era la cabeza avanzando algo mas la
vela y estendiendo su mano sobre los ojos para ver mejor --¿Quien es el
otro?
--Un _neófito_ --respondió Jaime empujando á Oliverio hacia adelante.
--De donde viene?
--Del pais de la _Ganuza_. ¿Fajin está arriba?
--Si; acomoda los _desperdicios_. Ea; subid.
La luz se hundió y con ella la cabeza.
Oliverio buscando su camino á tientas con una mano y con la otra
cojiendo los faldones del casacon de su compañero llegó no sin trabajo
á lo alto de la escalera sombria y medio rota que el Camastrón trepó
con una seguridad y ligereza que probaban serle muy conocido el camino.
Este abrió la puerta de un aposento situado en la parte trasera de la
casa, é hizo entrar á su nuevo compañero.
En él estaban reunidos alrededor de una mesa, un viejo judío
cadavérico y asqueroso, dos muchachos muy semejantes en aspecto al
_Camastron_ y dos jovencitas vivarachas. Cada uno tenia ante sí un plato
con una tajada de tocino frito que cortaba en pedazos y los comia con
mucha voracidad.
--Fagin! --dijo el Camastrón dirijiéndose al viejo --Os presento mi
amigo Oliverio Twist.
Aquel sonrió, y haciendo un profundo saludo á Oliverio, le cojió la
mano diciéndole tendria el honor de relacionarse con él.
--Estamos muy contentos de verte. --añadió --Camastrón! Saca esas
salsichas de la sarten y acerca ese taburete á la lumbre para que
Oliverio se sienta, coma y se caliente. Ah! miras los pañuelos de
faltriquera de sobre aquel cofre amiguito? Algunos no son malejos he?
Justamente acabamos de contarlos para mandarlos á lavar . . . esto es
todo; todito . . . Ah! ah! ah!
La risita del judío exitó la hilaridad de sus jóvenes comensales y en
medio de carcajadas estrepitosas continuaron la cena.
Oliverio tomó su parte de ella. Luego el judío le llevó un vaso de
ginebra y agua caliente recomendándole lo bebiera de una sola vez para
pasar el cubilete á otro; pero á penas lo hubo tragado se sintió
atraer suavemente sobre unos sacos amontonados en un rincon y se durmió
profundamente.