Estrella, pues que la fe
De mis finezas dudais,
Y os suplico que me oigais
La causa, á ver si la sé.
Falleció Eustorgio tercero,
Rey de Polonia, y quedó
Basilio por heredero,
Y dos hijas, de quien yo
Y vos nacimos.—No quiero
Cansaros con lo que tiene
Lugar aquí.—Clorilene,
Vuestra madre y mi señora,
Que en mejor imperio ahora
Dosel de luceros tiene,
Fué la mayor, de quien vos
Sois hija; fué la segunda,
Madre y tia de los dos,
La gallarda Recisunda,
Que guarde mil años Dios;
Casó en Moscovia, de quien
Nací yo. Volver ahora
Al otro principio es bien.
Basilio, que ya, señora,
Se rinde al comun desden
Del tiempo, más inclinado
A los estudios que dado
A mujeres, enviudó
Sin hijos, y vos y yo
Aspiramos á este Estado.
Vos alegais que habeis sido
Hija de hermana mayor;
Yo, que varon he nacido,
Y aunque de hermana menor,
Os debo ser preferido.
Vuestra intencion y la mia
A nuestro tio contamos:
Él respondió que queria
Componernos, y aplazamos
Este puesto y este dia.
Con esta intencion salí
De Moscovia y de su tierra;
Con esta llegué hasta aquí,
En vez de haceros yo guerra,
A que me la hagais á mí.
¡Oh! quiera Amor, sabio dios,
Que el vulgo, astrólogo cierto,
Hoy lo sea con los dos,
Y que pare este concierto
En que seais Reina vos,
Pero Reina en mi albedrío,
Dándôs, para más honor,
Su corona nuestro tio,
Sus triunfos vuestro valor
Y su imperio el amor mio.
ESTREL.
A tan cortés bizarría
Ménos mi pecho no muestra,
Pues la imperial monarquía
Para sólo hacerla vuestra
Me holgara que fuera mia;
Aunque no está satisfecho
Mi amor de que sois ingrato,
Si en cuanto decís, sospecho
Que os desmiente ese retrato
Que está pendiente del pecho.
ASTOLFO.
Satisfaceros intento
Con él... Mas lugar no da
Tanto sonoro instrumento, _(Tocan cajas.)_
Que avisa que sale ya
El Rey con su parlamento.
ESCENA VI.
EL REY BASILIO, ACOMPAÑAMIENTO.—ASTOLFO, ESTRELLA, DAMAS, SOLDADOS.
ESTREL.
Sabio Táles...
ASTOLFO.
Docto Euclídes...
ESTREL.
Que entre signos...
ASTOLFO.
Que entre estrellas...
ESTREL.
Hoy gobiernas...
ASTOLFO.
Hoy resides...
ESTREL.
Y sus caminos...
ASTOLFO.
Sus huellas...
ESTREL.
Describes...
ASTOLFO.
Tasas y mides...
ESTREL.
Deja que en humildes lazos...
ASTOLFO.
Deja que en tiernos abrazos...
ESTREL.
Hiedra dese tronco sea.
ASTOLFO.
Rendido á tus piés me vea.
BASILIO.
Sobrinos, dadme los brazos,
Y creed, pues que leales
Á mi precepto amoroso
Venís con afectos tales,
Que á nadie deje quejoso
Y los dos quedeis iguales:
Y así, cuando me confieso
Rendido al prolijo peso,
Sólo os pido en la ocasion
Silencio, que admiracion
Ha de pedirla el suceso.
Ya sabeis (estadme atentos,
Amados sobrinos mios,
Corte ilustre de Polonia,
Vasallos, deudos y amigos),
Ya sabeis que yo en el mundo
Por mi ciencia he merecido
El sobrenombre de docto,
Pues, contra el tiempo y olvido,
Los pinceles de Timantes,
Los mármoles de Lisipo,
En el ámbito del orbe
Me aclaman el gran Basilio.
Ya sabeis que son las ciencias
Que más curso y más estimo,
Matemáticas sutiles,
Por quien al tiempo le quito,
Por quien á la fama rompo
La jurisdiccion y oficio
De enseñar más cada dia;
Pues cuando en mis tablas miro
Presentes las novedades
De los venideros siglos,
Le gano al tiempo las gracias
De contar lo que yo he dicho.
Esos círculos de nieve,
Esos doseles de vidrio
Que el sol ilumina á rayos,
Que parte la luna á giros;
Esos orbes de diamantes,
Esos globos cristalinos
Que las estrellas adornan
Y que campean los signos,
Son el estudio mayor
De mis años, son los libros
Donde en papel de diamante,
En cuadernos de zafiro,
Escribe con líneas de oro,
En caracteres distintos,
El cielo nuestros sucesos,
Ya adversos ó ya benignos.
Estos leo tan veloz,
Que con mi espíritu sigo
Sus rápidos movimientos
Por rumbos y por caminos.
¡Pluguiera al cielo, primero
Que mi ingenio hubiera sido
De sus márgenes comento,
Y de sus hojas registro,
Hubiera sido mi vida
El primero desperdicio
De sus iras, y que en ellas
Mi tragedia hubiera sido,
Porque de los infelices
Aun el mérito es cuchillo,
Que á quien le daña el saber,
Homicida es de sí mismo!
Dígalo yo, aunque mejor
Lo dirán sucesos mios,
Para cuya admiracion
Otra vez silencio os pido.
En Clorilene, mi esposa,
Tuve un infelice hijo,
En cuyo parto los cielos
Se agotaron de prodigios.
Ántes que á la luz hermosa
Le diese el sepulcro vivo
De un vientre (porque el nacer
Y el morir son parecidos),
Su madre infinitas veces,
Entre ideas y delirios
Del sueño, vió que rompia
Sus entrañas atrevido
Un monstruo en forma de hombre,
Y entre su sangre teñido,
La daba muerte, naciendo
Víbora humana del siglo.
Llegó de su parto el dia,
Y los presagios cumplidos
(Porque tarde ó nunca son
Mentirosos los impíos),
Nació en horóscopo tal,
Que el sol, en su sangre tinto,
Entraba sañudamente
Con la luna en desafío;
Y siendo valla la tierra,
Los dos faroles divinos
A luz entera luchaban,
Ya que no á brazo partido.
El mayor, el más horrendo
Eclipse que ha padecido
El sol, despues que con sangre
Lloró la muerte de Cristo,
Este fué, porque anegado
El orbe en incendios vivos,
Presumió que padecia
El último parasismo:
Los cielos se oscurecieron,
Temblaron los edificios,
Llovieron piedras las nubes,
Corrieron sangre los rios.
En aqueste, pues, del sol
Ya frenesí, ó ya delirio,
Nació Segismundo, dando
De su condicion indicios,
Pues dió la muerte á su madre,
Con cuya fiereza dijo:
Hombre soy, pues que ya empiezo
A pagar mal beneficios.
Yo, acudiendo á mis estudios,
En ellos y en todo miro
Que Segismundo sería
El hombre más atrevido,
El príncipe más cruel
Y el monarca más impío,
Por quien su reino vendria
A ser parcial y diviso,
Escuela de las traiciones
Y academia de los vicios;
Y él, de su furor llevado,
Entre asombros y delitos,
Habia de poner en mí
Las plantas, y yo rendido
A sus piés me habia de ver,
(¡Con qué vergüenza lo digo!)
Siendo alfombra de sus plantas
Las canas del rostro mio.
¿Quién no da crédito al daño,
Y más al daño que ha visto
En su estudio, donde hace
El amor proprio su oficio?
Pues dando crédito yo
Á los hados, que divinos
Me pronosticaban daños
En fatales vaticinios,
Determiné de encerrar
La fiera que habia nacido,
Por ver si el sabio tenía
En las estrellas dominio.
Publicóse que el infante
Nació muerto, y prevenido
Hice labrar una torre
Entre las peñas y riscos
De esos montes, donde apénas
La luz ha hallado camino,
Por defenderle la entrada
Sus rústicos obeliscos.
Las graves penas y leyes,
Que con públicos edictos
Declararon que ninguno
Entrase á un vedado sitio
Del monte, se ocasionaron
De las causas que os he dicho.
Allí Segismundo vive
Mísero, pobre y cautivo,
Adonde sólo Clotaldo
Le ha hablado, tratado y visto.
Este le ha enseñado ciencias;
Este en la ley le ha instruido
Católica, siendo sólo
De sus miserias testigo.
Aquí hay tres cosas: la una
Que yo, Polonia, os estimo
Tanto, que os quiero librar
De la opresion y servicio
De un rey tirano, porque
No fuera señor benigno
El que á su patria y su imperio
Pusiera en tanto peligro.
La otra es considerar
Que si á mi sangre le quito
El derecho que le dieron
Humano fuero y divino,
No es cristiana caridad;
Pues ninguna ley ha dicho
Que por reservar yo á otro
De tirano y de atrevido,
Pueda yo serlo, supuesto
Que si es tirano mi hijo,
Porque él delitos no haga,
Vengo yo á hacer los delitos.
Es la última y tercera
El ver cuánto yerro ha sido
Dar crédito fácilmente
Á los sucesos previstos;
Pues aunque su inclinacion
Le dicte sus precipicios,
Quizá no le vencerán,
Porque el hado más esquivo,
La inclinacion más violenta,
El planeta más impío,
Sólo el albedrío inclinan,
No fuerzan el albedrío.
Y así, entre una y otra causa,
Vacilante y discursivo,
Previne un remedio tal,
Que os suspenda los sentidos.
Yo he de ponerle mañana,
Sin que él sepa que es mi hijo
Y Rey vuestro, á Segismundo
(Que aqueste su nombre ha sido)
En mi dosel, en mi silla,
Y en fin, en el lugar mio,
Donde os gobierne y os mande,
Y donde todos rendidos
La obediencia le jureis;
Pues con aquesto consigo
Tres cosas, con que respondo
Á las otras tres que he dicho.
Es la primera, que siendo
Prudente, cuerdo y benigno,
Desmintiendo en todo al hado
Que dél tantas cosas dijo,
Gozaréis el natural
Príncipe vuestro, que ha sido
Cortesano de unos montes
Y de sus fieras vecino.
Es la segunda, que si él
Soberbio, osado, atrevido
Y cruel, con rienda suelta
Corre el campo de sus vicios,
Habré yo piadoso entónces
Con mi obligacion cumplido;
Y luégo en desposeerle
Haré como Rey invicto,
Siendo el volverle á la cárcel
No crueldad, sino castigo.
Es la tercera, que siendo
El príncipe como os digo,
Por lo que os amo, vasallos,
Os daré reyes más dignos
De la corona y el cetro;
Pues serán mis dos sobrinos,
Que junto en uno el derecho
De los dos, y convenidos
Con la fe del matrimonio,
Tendrán lo que han merecido.
Esto como rey os mando,
Esto como padre os pido,
Esto como sabio os ruego,
Esto como anciano os digo;
Y si el Séneca español,
Que era humilde esclavo, dijo,
De su república un rey,
Como esclavo os lo suplico.
ASTOLFO.
Si á mí el responder me toca,
Como el que en efecto ha sido
Aquí el más interesado,
En nombre de todos digo
Que Segismundo parezca,
Pues le basta ser tu hijo.
TODOS.
Dános al príncipe nuestro,
Que ya por rey le pedimos.
BASILIO.
Vasallos, esa fineza
Os agradezco y estimo.
Acompañad á sus cuartos
A los dos atlantes mios,
Que mañana le vereis.
TODOS.
¡Viva el grande rey Basilio!
_(Éntranse todos acompañando á Estrella y á Astolfo: quédase el Rey.)_
ESCENA VII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.—BASILIO.
CLOTAL.
¿Podréte hablar? _(Al Rey.)_
BASILIO.
¡Oh Clotaldo!
Tú seas muy bien venido.
CLOTAL.
Aunque viniendo á tus plantas
Era fuerza haberlo sido,
Esta vez rompe, señor,
El hado triste y esquivo
El privilegio á la ley
Y á la costumbre el estilo.
BASILIO.
¿Qué tienes?
CLOTAL.
Una desdicha,
Señor, que me ha sucedido,
Cuando pudiera tenerla
Por el mayor regocijo.
BASILIO.
Prosigue.
CLOTAL.
Este bello jóven,
Osado ó inadvertido,
Entró en la torre, señor,
Adonde al Príncipe ha visto,
Y es...
BASILIO.
No os aflijais, Clotaldo:
Si otro dia hubiera sido,
Confieso que lo sintiera;
Pero ya el secreto he dicho,
Y no importa que él lo sepa,
Supuesto que yo lo digo.
Vedme despues, porque tengo
Muchas cosas que advertiros
Y muchas que hagais por mí;
Que habeis de ser, os aviso,
Instrumento del mayor
Suceso que el mundo ha visto:
Y á esos presos, porque al fin
No presumais que castigo
Descuidos vuestros, perdono. _(Vase.)_
CLOTAL.
¡Vivas, gran señor, mil siglos!
ESCENA VIII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.
CLOTAL.
(_Ap._ Mejoró el cielo la suerte:
Ya no diré que es mi hijo,
Pues que lo puedo excusar.)
Extranjeros peregrinos,
Libres estais.
ROSAURA.
Tus piés beso
Mil veces.
CLARIN.
Y yo los viso,
Que una letra más ó ménos
No reparan dos amigos.
ROSAURA.
La vida, señor, me has dado;
Y pues á tu cuenta vivo,
Eternamente seré
Esclavo tuyo.
CLOTAL.
No ha sido
Vida la que yo te he dado,
Porque un hombre bien nacido,
Si está agraviado, no vive;
Y supuesto que has venido
Á vengarte de un agravio,
Segun tú proprio me has dicho,
No te he dado vida yo,
Porque tú no la has traido,
Que vida infame no es vida.
(_Ap._ Bien con aquesto le animo.)
ROSAURA.
Confieso que no la tengo,
Aunque de tí la recibo;
Pero yo con la venganza
Dejaré mi honor tan limpio,
Que pueda mi vida luego,
Atropellando peligros,
Parecer dádiva tuya.
CLOTAL.
Toma el acero bruñido
Que trajiste; que yo sé
Que él baste, en sangre teñida
De tu enemigo, á vengarte;
Porque acero que fué mio
(Digo este instante, este rato
Que en mi poder le he tenido),
Sabrá vengarte.
ROSAURA.
En tu nombre
Segunda vez me le ciño,
Y en él juro mi venganza,
Aunque fuese mi enemigo
Más poderoso.
CLOTAL.
¿Eslo mucho?
ROSAURA.
Tanto, que no te lo digo,
No porque de tu prudencia
Mayores cosas no fío,
Sino porque no se vuelva
Contra mí el favor que admiro
En tu piedad.
CLOTAL.
Ántes fuera
Ganarme á mí con decirlo;
Pues fuera cerrarme el paso
De ayudar á tu enemigo.
(_Ap._ ¡Oh si supiera quién es!)
ROSAURA.
Porque no pienses que estimo
Tan poco esa confianza,
Sabe que el contrario ha sido
No ménos que Astolfo, duque
De Moscovia.
CLOTAL.
(_Ap._ Mal resisto
El dolor, porque es más grave,
Que fué imaginado, visto.
Apuremos más el caso.)
Si moscovita has nacido,
El que es natural señor,
Mal agraviarte ha podido:
Vuélvete á tu patria, pues,
Y deja el ardiente brío
Que te despeña.
ROSAURA.
Yo sé,
Que aunque mi príncipe ha sido,
Pudo agraviarme.
CLOTAL.
No pudo,
Aunque pusiera atrevido
La mano en tu rostro. (_Ap._ ¡Ay cielos!)
ROSAURA.
Mayor fué el agravio mio.
CLOTAL.
Dílo ya, pues que no puedes
Decir más que yo imagino.
ROSAURA.
Sí dijera; mas no sé
Con qué respeto te miro,
Con qué afecto te venero,
Con qué estimacion te asisto,
Que no me atrevo á decirte
Que es este exterior vestido
Enigma, pues no es de quien
Parece: juzga advertido,
Si no soy lo que parezco,
Y Astolfo á casarse vino
Con Estrella, si podrá
Agraviarme. Harto te he dicho.
_(Vanse Rosaura y Clarin.)_
CLOTAL.
¡Escucha, aguarda, detente!
¿Qué confuso laberinto
Es este, donde no puede
Hallar la razon el hilo?
Mi honor es el agraviado,
Poderoso el enemigo,
Yo vasallo, ella mujer:
Descubra el cielo camino;
Aunque no sé si podrá,
Cuando en tan confuso abismo
Es todo el cielo un presagio,
Y es todo el mundo un prodigio.
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
BASILIO, CLOTALDO.
CLOTAL.
Todo, como lo mandaste,
Queda efectuado.
BASILIO.
Cuenta,
Clotaldo, cómo pasó.
CLOTAL.
Fué, señor, desta manera.
Con la apacible bebida,
Que de confecciones llena
Hacer mandaste, mezclando
La virtud de algunas hierbas,
Cuyo tirano poder
Y cuya secreta fuerza
Así al humano discurso
Priva, roba y enajena,
Que deja vivo cadáver
Á un hombre, y cuya violencia,
Adormecido, le quita
Los sentidos y potencias...
—No tenemos que argüir
Que aquesto posible sea,
Pues tantas veces, señor,
Nos ha dicho la experiencia,
Y es cierto, que de secretos
Naturales está llena
La medicina, y no hay
Animal, planta ni piedra
Que no tenga calidad
Determinada, y si llega
Á examinar mil venenos
La humana malicia nuestra,
Que den la muerte, ¿qué mucho
Que, templada su violencia,
Pues hay venenos que maten,
Haya venenos que aduerman?
Dejando aparte el dudar
Si es posible que suceda,
Pues que ya queda probado
Con razones y evidencias...—
Con la bebida, en efecto,
Que el opio, la adormidera
Y el beleño compusieron,
Bajé á la cárcel estrecha
De Segismundo; con él
Hablé un rato de las letras
Humanas, que le ha enseñado
La muda naturaleza
De los montes y los cielos,
En cuya divina escuela
La retórica aprendió
De las aves y las fieras.
Para levantarle más
El espíritu á la empresa
Que solicitas, tomé
Por asunto la presteza
De un águila caudalosa,
Que despreciando la esfera
Del viento, pasaba á ser
En las regiones supremas
Del fuego rayo de pluma,
Ó desasido cometa.
Encarecí el vuelo altivo,
Diciendo: «Al fin eres reina
De las aves, y así, á todas
Es justo que las prefieras.»
Él no hubo menester más;
Que en tocando esta materia
De la majestad, discurre
Con ambicion y soberbia;
Porque en efecto la sangre
Le incita, mueve y alienta
Á cosas grandes, y dijo:
«¡Que en la república inquieta
De las aves tambien haya
Quien les jure la obediencia!
En llegando á este discurso
Mis desdichas me consuelan;
Pues, por lo ménos, si estoy
Sujeto, lo estoy por fuerza;
Porque voluntariamente
Á otro hombre no me rindiera.»
Viendole ya enfurecido
Con esto, que ha sido el tema
De su dolor, le brindé
Con la pócima, y apénas
Pasó desde el vaso al pecho
El licor, cuando las fuerzas
Rindió al sueño, discurriendo
Por los miembros y las venas
Un sudor frio, de modo
Que á no saber yo que era
Muerte fingida, dudara
De su vida. En esto llegan
Las gentes de quien tú fias
El valor desta experiencia,
Y poniéndole en un coche,
Hasta tu cuarto le llevan,
Donde prevenida estaba
La majestad y grandeza
Que es digna de su persona.
Allí en tu cama le acuestan,
Donde al tiempo que el letargo
Haya perdido la fuerza,
Como á tí mismo, señor,
Le sirvan, que así lo ordenas.
Y si haberte obedecido
Te obliga á que yo merezca
Galardon, sólo te pido
(Perdona mi inadvertencia)
Que me digas, ¿qué es tu intento,
Trayendo desta manera
Á Segismundo á palacio?
BASILIO.
Clotaldo, muy justa es esa
Duda que tienes, y quiero
Sólo á tí satisfacerla.
Á Segismundo mi hijo
El influjo de su estrella
(Bien lo sabes) amenaza
Mil desdichas y tragedias:
Quiero examinar si el cielo,
Que no es posible que mienta,
Y más habiéndonos dado
De su rigor tantas muestras,
En su cruel condicion,
Ó se mitiga, ó se templa
Por lo ménos, y vencido
Con valor y con prudencia
Se desdice; porque el hombre
Predomina en las estrellas.
Esto quiero examinar,
Trayéndole donde sepa
Que es mi hijo, y donde haga
De su talento la prueba.
Si magnánimo la vence,
Reinará; pero si muestra
El ser cruel y tirano,
Le volveré á su cadena.
Ahora preguntarás,
Que para aquesta experiencia,
¿Qué importó haberle traido
Dormido desta manera?
Y quiero satisfacerte,
Dándote á todo respuesta.
Si él supiera que es mi hijo
Hoy, y mañana se viera
Segunda vez reducido
Á su prision y miseria,
Cierto es de su condicion
Que desesperara en ella;
Porque sabiendo quién es,
¿Qué consuelo habrá que tenga?
Y así he querido dejar
Abierta al daño la puerta
Del decir que fué soñado
Cuanto vió. Con esto llegan
A examinarse dos cosas:
Su condicion, la primera;
Pues él despierto procede
En cuanto imagina y piensa:
Y el consuelo la segunda;
Pues aunque ahora se vea
Obedecido, y despues
A sus prisiones se vuelva,
Podrá entender que soñó,
Y hará bien cuando lo entienda
Porque en el mundo, Clotaldo,
Todos los que viven sueñan.
CLOTAL.
Razones no me faltaran
Para probar que no aciertas;
Mas ya no tiene remedio;
Y segun dicen las señas,
Parece que ha despertado,
Y hácia nosotros se acerca.
BASILIO.
Yo me quiero retirar:
Tú, como ayo suyo, llega,
Y de tantas confusiones
Como su discurso cercan,
Le saca con la verdad.
CLOTAL.
¿En fin, que me das licencia
Para que lo diga?
BASILIO.
Sí;
Que podrá ser, con saberla,
Que conocido el peligro
Más fácilmente se venza. _(Vase.)_
ESCENA II.
CLARIN.—CLOTALDO.
CLARIN.
_(Ap.)_ Á costa de cuatro palos,
Que el llegar aquí me cuesta,
De un alabardero rubio
Que barbó de su librea,
Tengo de ver cuanto pasa;
Que no hay ventana más cierta,
Que aquella que, sin rogar
Á un ministro de boletas,
Un hombre se trae consigo;
Pues para todas las fiestas,
Despojado y despejado
Se asoma á su desvergüenza.
CLOTAL.
(_Ap._ Este es Clarin, el criado
De aquella (¡ay cielos!), de aquella
Que, tratante de desdichas,
Pasó á Polonia mi afrenta.)
Clarin, ¿qué hay de nuevo?
CLARIN.
Hay,
Señor, que tu gran clemencia,
Dispuesta á vengar agravios
De Rosaura, la aconseja
Que tome su propio traje.
CLOTAL.
Y es bien, porque no parezca
Liviandad.
CLARIN.
Hay que mudando
Su nombre, y tomando cuerda
Nombre de sobrina tuya,
Hoy tanto honor se acrecienta,
Que dama en palacio ya
De la singular Estrella
Vive.
CLOTAL.
Es bien que de una vez
Tome su honor por mi cuenta.
CLARIN.
Hay que ella está esperando
Que ocasion y tiempo venga
En que vuelvas por su honor.
CLOTAL.
Prevencion segura es esa;
Que al fin el tiempo ha de ser
Quien haga esas diligencias.
CLARIN.
Hay que ella está regalada,
Servida como una reina,
En fe de sobrina tuya.
Y hay que viniendo con ella,
Estoy yo muriendo de hambre
Y nadie de mí se acuerda,
Sin mirar que soy Clarin,
Y que si el tal Clarin suena,
Podrá decir cuanto pasa
Al Rey, á Astolfo y á Estrella;
Porque Clarin y criado
Son dos cosas que se llevan
Con el secreto muy mal;
Y podrá ser, si me deja
El silencio de su mano,
Se cante por mí esta letra:
_Clarin que rompe el albor,_
_No suena mejor_.
CLOTAL.
Tu queja está bien fundada;
Yo satisfaré tu queja,
Y en tanto sírveme á mí.
CLARIN.
Pues ya Segismundo llega.
ESCENA III.
MÚSICOS, _cantando, y_ CRIADOS, _dando de vestir á_ SEGISMUNDO, _que
sale como asombrado_.—CLOTALDO, CLARIN.
SEGISM.
¡Válgame el cielo, qué veo!
¡Válgame el cielo, qué miro!
Con poco espanto lo admiro,
Con mucha duda lo creo.
¿Yo en palacios suntuosos?
¿Yo entre telas y brocados?
¿Yo cercado de criados
Tan lucidos y briosos?
¿Yo despertar de dormir
En lecho tan excelente?
¿Yo en medio de tanta gente
Que me sirva de vestir?
Decir que sueño es engaño:
Bien sé que despierto estoy.
¿Yo Segismundo no soy?
Dadme, cielos, desengaño.
Decidme, ¿qué pudo ser
Esto que á mi fantasía
Sucedió miéntras dormia,
Que aquí me he llegado á ver?
Pero sea lo que fuere,
¿Quién me mete en discurrir?
Dejarme quiero servir,
Y venga lo que viniere.
CRIAD. 1.º
_(Ap. al Criado 2.º y á Clarin.)_
¡Qué melancólico está!
CRIAD. 2.º
¿Pues á quién le sucediera
Esto, que no lo estuviera?
CLARIN.
Á mí.
CRIAD. 2.º
Llega á hablarle ya.
CRIAD. 1.º
_(A Segismundo.)_ ¿Volverán á cantar?
SEGISM.
No,
No quiero que canten más.
CRIAD. 2.º
Como tan suspenso estás.
Quise divertirte.
SEGISM.
Yo
No tengo de divertir
Con sus voces mis pesares;
Las músicas militares
Sólo he gustado de oir.
CLOTAL.
Vuestra Alteza, gran señor,
Me dé su mano á besar,
Que el primero os ha de dar
Esta obediencia mi honor.
SEGISM.
_(Ap.)_ Clotaldo es: ¿pues como así,
Quien en prision me maltrata,
Con tal respeto me trata?
¿Qué es lo que pasa por mí?
CLOTAL.
Con la grande confusion
Que el nuevo estado te da,
Mil dudas padecerá
El discurso y la razon;
Pero ya librarte quiero
De todas (si puede ser),
Porque has, señor, de saber
Que eres príncipe heredero
De Polonia. Si has estado
Retirado y escondido,
Por obedecer ha sido
A la inclemencia del hado,
Que mil tragedias consiente
A este imperio, cuando en él
El soberano laurel
Corone tu augusta frente.
Mas fiando á tu atencion
Que vencerás las estrellas,
Porque es posible vencellas
Un magnánimo varon,
A palacio te han traido
De la torre en que vivias,
Miéntras al sueño tenías
El espíritu rendido.
Tu padre, el Rey mi señor,
Vendrá á verte, y dél sabrás,
Segismundo, lo demas.
SEGISM.
Pues vil, infame, traidor,
¿Qué tengo más que saber,
Despues de saber quien soy,
Para mostrar desde hoy
Mi soberbia y mi poder?
¿Cómo á tu patria le has hecho
Tal traicion, que me ocultaste
Á mí, pues que me negaste,
Contra razon y derecho,
Este estado?
CLOTAL.
¡Ay de mí triste!
SEGISM.
Traidor fuiste con la ley,
Lisonjero con el Rey,
Y cruel conmigo fuiste;
Y así el Rey, la ley y yo,
Entre desdichas tan fieras,
Te condenan á que mueras
Á mis manos.
CRIAD. 2.º
Señor...
SEGISM.
No
Me estorbe nadie, que es vana
Diligencia: ¡y vive Dios!
Si os poneis delante vos,
Que os eche por la ventana.
CRIAD. 2.º
Huye, Clotaldo.
CLOTAL.
¡Ay de tí,
Qué soberbia vas mostrando,
Sin saber que estás soñando! _(Vase.)_
CRIAD. 2.º
Advierte...
SEGISM.
Aparta de aquí.
CRIAD. 2.º
Que á su Rey obedeció.
SEGISM.
En lo que no es justa ley
No ha de obedecer al Rey,
Y su príncipe era yo.
CRIAD. 2.º
Él no debió examinar
Si era bien hecho ó mal hecho.
SEGISM.
Que estais mal con vos sospecho,
Pues me dais que replicar.
CLARIN.
Dice el Príncipe muy bien,
Y vos hicisteis muy mal.
CRIAD. 2.º
¿Quién os dió licencia igual?
CLARIN.
Yo me la he tomado.
SEGISM.
¿Quién
Eres tú, dí?
CLARIN.
Entremetido,
Y deste oficio soy jefe,
Porque soy el mequetrefe
Mayor que se ha conocido.
SEGISM.
Tú sólo en tan nuevos mundos
Me has agradado.
CLARIN.
Señor,
Soy un grande agradador
De todos los Segismundos.
ESCENA IV.
ASTOLFO.—SEGISMUNDO, CLARIN, CRIADOS, MÚSICOS.
ASTOLFO.
¡Feliz mil veces el dia,
Oh Príncipe, que os mostrais,
Sol de Polonia, y llenais
De resplandor y alegría
Todos esos horizontes
Con tan divino arrebol;
Pues que salís como el sol
De los senos de los montes!
Salid, pues, y aunque tan tarde
Se corona vuestra frente
Del laurel resplandeciente,
Tarde muera.
SEGISM.
Dios os guarde.
ASTOLFO.
El no haberme conocido
Sólo por disculpa os doy
De no honrarme más. Yo soy
Astolfo, duque he nacido
De Moscovia, y primo vuestro:
Haya igualdad en los dos.
SEGISM.
Si digo que os guarde Dios,
¿Bastante agrado no os muestro?
Pero ya que haciendo alarde
De quien sois, desto os quejais,
Otra vez que me veais
Le diré á Dios que no os guarde.
CRIAD. 2.º
_(A Astolfo.)_ Vuestra Alteza considere
Que como en montes nacido
Con todos ha procedido.
_(A Segismundo.)_ Astolfo, señor, prefiere...
SEGISM.
Cansóme como llegó
Grave á hablarme, y lo primero
Que hizo, se puso el sombrero.
CRIAD. 2.º
Es grande.
SEGISM.
Mayor soy yo.
CRIAD. 2.º
Con todo eso, entre los dos
Que haya más respeto es bien
Que entre los demas.
SEGISM.
¿Y quién
Os mete conmigo á vos?
ESCENA V.
ESTRELLA.—DICHOS.
ESTREL.