Todas se parecen, y todas son diferentes, sin embargo. Dan materia
á la fábula amores y celos. La casualidad enreda y rige la trama.
Los personajes inexcusables son un galan jóven, valiente, discreto,
pundonoroso y de noble estirpe (el cual suele haber militado en Flándes
ó en Italia); una dama tan noble y discreta como él, y además portento
de hermosura, casi siempre huérfana de madre, y sometida á un padre,
hermano ó tutor, más altiva que enamorada, algo soberbia de condicion
y no poco violenta y arrojada; otra pareja de galan y dama que tiene,
con ménos brillo, las mismas condiciones; un padre ó hermano, y á veces
dos, muy caballeros y muy guardadores de la honra de su casa, y á la
vez coléricos, impacientes y fáciles á la ira; un criado que lo anima
todo con sus chistes y aconseja ó ayuda á su amo en la arriesgada á
empresa. El amor que anda en juego es siempre amor lícito y honesto,
entre personas libres, y encaminado á matrimonio. Para estorbar tan
feliz resultado suelen atravesarse dos géneros de obstáculos, unos
casuales é imprevistos, otros morales, que generalmente nacen de los
celos del otro amante ó de la otra dama. El amante sospecha de la
fidelidad de la dama ó ésta de la suya: comienzan los celos y las
quejas: interviene á deshora en la plática el padre, el hermano ó el
otro galan: embózase nuestro héroe y los resiste á todos, alborotando
la calle: huye la dama despavorida y tapada á casa de una amiga ó á la
del mismo galan, que por de contado respeta escrupulosamente su honor:
y así va enredándose la madeja entre escondites, cuchilladas, embozos
y mantos, hasta que todo se aclara felizmente, y la doncella andante
premia en santo vínculo los afanes de su caballero. Sobre todo este
fondo un poco monótono añádase una portentosa variedad de invenciones
secundarias, un poder para atar y conducir la intriga mayor que el que
constituye la única gloria de Scribe y de tantos otros: póngase todo
en versos fáciles y numerosos, con toda la gala y abundancia de la
lengua castellana, y se tendrá idea de esas deliciosas comedias que se
llaman _Los empeños de un acaso_, _Mañanas de Abril y Mayo_, _La Dama
Duende_, _El escondido y la tapada_, _Dar tiempo al tiempo_, _Casa con
dos puertas_, y tantas y tantas entre las que apénas se puede escoger,
por que casi todas son oro de ley.
No ignoro los reparos que se han hecho y pueden hacerse á este género.
En primer lugar, la monotonía y pobreza del fondo, aunque la variedad
de incidentes la realce. Pero la vida de entónces era ménos vária y
complicada que la nuestra, y además una gran parte de las relaciones
sociales quedaban fuera de la jurisdiccion del poeta cómico, ya por
loable respeto á la santidad del hogar, ya porque aquel arte buscaba
por instinto lo que habia de noble, elevado y caballeresco en la vida
real, y no lo que deshacía ó turbaba su armonía.
En segundo lugar, y con más fundamento, puede achacarse á la comedia
calderoniana de enredo, escasa variedad de caracteres. Hase dicho que
el don Pedro y la doña Leonor de una comedia en nada difieren del
D. Juan y la doña María de otra, y que Calderon nunca vió ni acertó
á reproducir más que un mundo encantado en que todos los galanes
son celosos y valientes, todas las damas discretas y arriscadas,
y todos los criados decidores y chistosos. No negaremos que esto
sea verdad casi siempre (por la razon ántes apuntada), pero pueden
traerse excepciones muy notables. Aparte de que la identidad de los
graciosos (que no suelen ser lo mejor de Calderon), no es tanta como
se pondera, hay variedad hasta en los tipos femeninos, en que tampoco
llegó Calderon á la dulce ó apasionada ternura que acertó á poner en
sus heroínas Lope de Vega. Caracteres son, ó á lo ménos esbozos de
carácter, la dama culti-latini-parla de _No hay burlas con el amor_,
la hermosa necia y la fea discreta de _Cuál es mayor perfeccion_, la
mogigata y la coqueta de _Guárdate del agua mansa_, y la resuelta doña
Angela de _La Dama Duende_, sin otras que ahora no acuden á mi memoria.
Como carácter de galan trazó Calderon uno bellísimo en el D. Cárlos de
_No siempre lo peor es cierto_, prototipo de pasion generosa, delicada
y pura, como quien piensa y afirma
Que es hombre bajo, que es necio,
Es vil, es ruin, es infame
El que solamente atento
A lo irracional del gusto
Y á lo bruto del deseo,
Viendo perdido lo más
Se contenta con lo ménos.
Más grave pecado, y de este sí que no podemos absolver á Calderon,
es el empleo uniforme de ciertos recursos cómodos, pero que tienen
mucho de convencionales é inverosímiles. En nuestras comedias basta un
embozo ó un manto para hacer que desconozcan á una persona hasta sus
más familiares deudos y amigos. Las tapadas, los escondidos, las luces
apagadas, las puertas falsas, las alacenas giratorias, agradan en una
ó en dos comedias, pero repetidas hasta la saciedad, engendran hastío
y denuncian falta de inventiva en el poeta. No merecen tanta censura
los duelos y cuchilladas, que con ser tantos en sus comedias, áun eran
muchos más en la vida real. Y en cuanto á las visitas de las damas en
casa de sus galanes, desgracia es de nuestras actuales costumbres
el que no podamos concebirlas sino como pecaminosas, pero tampoco
es lícito dudar que á los contemporáneos les parecian verosímiles é
inocentes.
Se parecen mucho á las comedias de capa y espada (y tanto que no vale
la pena de hacer clase aparte, aunque la condicion de los protagonistas
sea diversa) ciertas comedias palacianas de Calderon, como _El secreto
á voces_, _El encanto sin encanto_, _La banda y la flor_, _Con quien
vengo, vengo_, etc., etc., en que son príncipes y grandes señores, en
vez de hidalgos de la clase media, los que andan envueltos en lances de
amor y celos. Calderon no hizo nada en este género que pueda compararse
con la profunda, sazonada y discreta ironía de Tirso en _El vergonzoso
en Palacio_ ó en _El castigo del pensé qué_.
VIII.—De otros géneros cultivados por Calderon.
Despues de maduro exámen no me he atrevido á incluir en esta coleccion
ninguno de los dramas de espectáculo ó comedias de tramoya, en que
Calderon fué fecundísimo. El poeta queda siempre en tales dramas
subordinado al maquinista y al pintor escenógrafo, y no hace obras de
arte mas que á medias. Quizá él se engañara hasta tener por las mejores
suyas las que escribia para los aparatosos festejos de los Sitios
Reales; pero la posteridad, más cuerda, las ha relegado al olvido.
Hoy no tienen más interes que el histórico y el de algunos buenos
versos acá y allá esparcidos y casi ahogados en un mar de enfática y
culterana palabrería. Juzgar á Calderon por tales dramas sería evidente
injusticia. Buscar en ellos pasion, interes, caracteres y color de
las respectivas épocas, fuera necedad y desvarío. Baste consignar
para recuerdo, que Calderon explotó grandemente los _Metamorfoseos_
ovidianos, y puso en escena casi todas las fábulas de la antigüedad:
los amores de _Apolo y Climene_, la caida del _Hijo del Sol, Faeton_,
la _Estatua de Prometeo_, el _Golfo de las Sirenas_, las _Fortunas
de Andrómeda y Perseo_, las aventuras de Hércules, Teseo y Jason, y
la estancia de Aquíles en casa del rey Licomedes, disfrazada con el
retumbante título de _El monstruo de los jardines_. Unicamente hemos
abierto la mano en cuanto á dos breves zarzuelas, _El laurel de Apolo_
y _La púrpura de la rosa_, que además de ser de las más antiguas
muestras de su género, contienen, sobre todo la primera, hermosos
rasgos de poesía lírica.
Por razones análogas hemos excluido á carga cerrada los dramas fundados
en libros de caballerías, v. gr., _Hado y Divisa_, _La Puente de
Mantible_, _El castillo de Lindabrídis_, _El jardin de Fabrina_;
así como los dramas históricos, v. gr., _El segundo Scipion_, _Las
armas de la hermosura_, _La gran Cenobia_, etc., en que innecesaria
y caprichosamente está falseada la historia, no sólo en su esencia y
en el carácter distintivo de las razas y de las civilizaciones, sino
hasta en los datos externos más vulgares, hasta suponer, v. gr., que
Coriolano toma las armas contra Roma por galantería y por impedir que
se cumpla una ley suntuaria sobre los trajes de las mujeres. Mascarada
semejante no la hay ni en la misma tragedia francesa.
Sólo dos de estos dramas, ambos de asunto cercano al poeta, merecen
conservarse: _La cisma de Ingalaterra_, no sólo por rasgos tan
valientes como aquel soberbio
Yo tengo de borrar cuanto tú escribas
pronunciado por la sombra de Ana Bolena, cuando el teólogo coronado,
amante suyo, prepara la refutacion de Lutero, sino por la útil materia
de comparacion que ofrece con el _Enrique VIII_ de Shakespeare. _El
sitio de Breda_, comedia soldadesca y de circunstancias, muy animada y
llena de rumbo, tropel y boato, viene á ser el cuadro de _Las lanzas_
puesto en verso; pero desgraciadamente lo que cabe y es hermoso en la
pintura, no lo es en el teatro.
Resumamos: Calderon, sin ser en todo rigor de arte el primero de
nuestros dramáticos, es el más profundo en las ideas, el de genio más
comprensivo y alto, quizá el más grande en lo trágico, y de cierto en
lo simbólico. Es además el poeta nacional por excelencia, español y
católico hasta los tuétanos é idealizador mágico de los sentimientos
caballerescos y de los más nobles impulsos de la raza. Si en los
caracteres fué débil, quizá debamos atribuirlo á que no acertó á ver
más que los lados simpáticos y nobles de la naturaleza humana. Lo que
pierde en universalidad, lo gana en sabor castizo. Sus defectos son los
del ingenio español; su grandeza se confunde con la de España, y no
morirá sino con ella. ¡Privilegio singular y para envidiado! Pero aún
hay otro más alto: el ser á un mismo tiempo poeta admirable de su raza
y de su siglo, y poeta y maestro y delicias de la humanidad en todas
las edades, como lo son Shakespeare y Cervántes.
M. MENÉNDEZ PELAYO.
DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS.
LA VIDA ES SUEÑO.
PERSONAS.
BASILIO, _rey de Polonia_.
SEGISMUNDO, _príncipe_.
ASTOLFO, _duque de Moscovia_.
CLOTALDO, _viejo_.
CLARIN, _gracioso_.
ESTRELLA, _infanta_.
ROSAURA, _dama_.
_Soldados._
_Guardas._
_Músicos._
_Acompañamiento._
_Criados._
_Damas._
La escena es en la corte de Polonia, en una fortaleza poco distante y
en el campo.
JORNADA PRIMERA.
_A un lado monte fragoso y al otro una torre cuya planta baja sirve
de prision á Segismundo. La puerta, que da frente al espectador, está
entreabierta. La accion principia al anochecer._
ESCENA PRIMERA.
ROSAURA, CLARIN.
_(Rosaura vestida de hombre aparece en lo alto de las peñas, y baja á
lo llano; tras ella viene Clarin.)_
ROSAURA.
Hipogrifo violento
Que corriste parejas con el viento,
¿Dónde rayo sin llama,
Pájaro sin matiz, pez sin escama,
Y bruto sin instinto
Natural, al confuso laberinto
Destas desnudas peñas
Te desbocas, arrastras y despeñas?
Quédate en este monte,
Donde tengan los brutos su Faetonte;
Que yo, sin más camino
Que el que me dan las leyes del destino.
Ciega y desesperada
Bajaré la aspereza enmarañada
Deste monte eminente,
Que arruga al sol el ceño de su frente.
Mal, Polonia, recibes
A un extranjero, pues con sangre escribes
Su entrada en tus arenas,
Y apénas llega, cuando llega á penas.
Bien mi suerte lo dice;
¿Mas dónde halló piedad un infelice?
CLARIN.
Dí dos, y no me dejes
En la posada á mí cuando te quejes;
Que si dos hemos sido
Los que de nuestra patria hemos salido
A probar aventuras,
Dos los que entre desdichas y locuras
Aquí habemos llegado,
Y dos los que del monte hemos rodado,
¿No es razon que yo sienta
Meterme en el pesar, y no en la cuenta?
ROSAURA.
No te quiero dar parte
En mis quejas, Clarin, por no quitarte,
Llorando tu desvelo,
El derecho que tienes tú al consuelo.
Que tanto gusto habia
En quejarse, un filósofo decia,
Que, á trueco de quejarse,
Habian las desdichas de buscarse.
CLARIN.
El filósofo era
Un borracho barbon: ¡oh! ¡quién le diera
Más de mil bofetadas!
Quejárase despues de muy bien dadas.
¿Mas qué haremos, señora,
A pié, solos, perdidos y á esta hora
En un desierto monte,
Cuando se parte el sol á otro horizonte?
ROSAURA.
¡Quién ha visto sucesos tan extraños!
Mas si la vista no padece engaños
Que hace la fantasía,
A la medrosa luz que áun tiene el dia,
Me parece que veo
Un edificio.
CLARIN.
Ó miente mi deseo,
Ó termino las señas.
ROSAURA.
Rústico nace entre desnudas peñas
Un palacio tan breve,
Que al sol apénas á mirar se atreve:
Con tan rudo artificio
La arquitectura está de su edificio,
Que parece, á las plantas
De tantas rocas y de peñas tantas
Que al sol tocan la lumbre,
Peñasco que ha rodado de la cumbre.
CLARIN.
Vámonos acercando;
Que este es mucho mirar, señora, cuando
Es mejor que la gente
Que habita en ella, generosamente
Nos admita.
ROSAURA.
La puerta
(Mejor diré funesta boca) abierta
Está, y desde su centro
Nace la noche, pues la engendra dentro.
_(Suenan dentro cadenas.)_
CLARIN.
¡Qué es lo que escucho, cielo!
ROSAURA.
Inmóvil bulto soy de fuego y hielo.
CLARIN.
¿Cadenita hay que suena?
Mátenme, si no es galeote en pena:
Bien mi temor lo dice.
ESCENA II.
SEGISMUNDO, _en la torre_.—ROSAURA, CLARIN.
SEGISM.
_(Dentro.)_ ¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
ROSAURA.
¡Qué triste voz escucho!
Con nuevas penas y tormentos lucho.
CLARIN.
Yo con nuevos temores.
ROSAURA.
Clarin...
CLARIN.
Señora...
ROSAURA.
Huyamos los rigores
Desta encantada torre.
CLARIN.
Yo áun no tengo
Ánimo para huir, cuando á eso vengo.
ROSAURA.
¿No es breve luz aquella
Caduca exhalacion, pálida estrella,
Que en trémulos desmayos,
Pulsando ardores y latiendo rayos,
Hace más tenebrosa
La oscura habitacion con luz dudosa?
Sí, pues á sus reflejos
Puedo determinar (aunque de léjos)
Una prision oscura,
Que es de un vivo cadáver sepultura;
Y porque más me asombre,
En el traje de fiera yace un hombre
De prisiones cargado,
Y sólo de una luz acompañado.
Pues huir no podemos,
Desde aquí sus desdichas escuchemos:
Sepamos lo que dice.
_(Abrense las hojas de la puerta, y descúbrese Segismundo con una
cadena y vestido de pieles. Hay luz en la torre.)_
SEGISM.
¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
Ya que me tratais así,
Qué delito cometí
Contra vosotros naciendo:
Aunque si nací, ya entiendo
Qué delito he cometido:
Bastante causa ha tenido
Vuestra justicia y rigor,
Pues el delito mayor
Del hombre es haber nacido.
Solo quisiera saber
Para apurar mis desvelos
(Dejando á una parte, cielos,
El delito del nacer),
¿Qué más os pude ofender,
Para castigarme más?
¿No nacieron los demas?
Pues si los demas nacieron,
¿Qué privilegios tuvieron
Que yo no gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
Que le dan belleza suma,
Apénas es flor de pluma,
Ó ramillete con alas,
Cuando las etéreas alas
Corta con velocidad,
Negándose á la piedad
Del nido que deja en calma:
¿Y teniendo yo más alma,
Tengo ménos libertad?
Nace el bruto, y con la piel
Que dibujan manchas bellas,
Apénas signo es de estrellas
(Gracias al docto pincel),
Cuando atrevido y cruel,
La humana[1] necesidad
Le enseña á tener crueldad,
Monstruo de su laberinto:
¿Y yo con mejor instinto
Tengo ménos libertad?
Nace el pez, que no respira,
Aborto de ovas y lamas,
Y apénas bajel de escamas
Sobre las ondas se mira,
Cuando á todas partes gira,
Midiendo la inmensidad
De tanta capacidad
Como le da el centro frio:
¿Y yo con más albedrío
Tengo ménos libertad?
Nace el arroyo, culebra
Que entre flores se desata,
Y apénas, sierpe de plata,
Entre las flores se quiebra,
Cuando músico celebra
De las flores la piedad,
Que le da la majestad
Del campo abierto á su huida:
¿Y teniendo yo más vida
Tengo ménos libertad?
En llegando á esta pasion,
Un volcan, un Etna hecho,
Quisiera arrancar del pecho
Pedazos del corazon:
¿Qué ley, justicia ó razon
Negar á los hombres sabe
Privilegio tan süave,
Excepcion tan principal,
Que Dios le ha dado á un cristal,
Á un pez, á un bruto y á un ave?
[1] Natural.
ROSAURA.
Temor y piedad en mí
Sus razones han causado.
SEGISM.
¿Quién mis voces ha escuchado?
¿Es Clotaldo?
CLARIN.
_(Ap. á su amo.)_ Dí que sí.
ROSAURA.
No es sino un triste (¡ay de mí!)
Que en estas bóvedas frias
Oyó tus melancolías.
SEGISM.
Pues muerte aquí te daré,
Porque no sepas que sé _(Ásela.)_
Que sabes flaquezas mias.
Sólo porque me has oido,
Entre mis membrudos brazos
Te tengo de hacer pedazos.
CLARIN.
Yo soy sordo, y no he podido
Escucharte.
ROSAURA.
Si has nacido
Humano, baste el postrarme
Á tus piés para librarme.
SEGISM.
Tu voz pudo enternecerme,
Tu presencia suspenderme
Y tu respeto turbarme.
¿Quién eres? que aunque yo aquí
Tan poco del mundo sé,
Que cuna y sepulcro fué
Esta torre para mí:
Y aunque desde que nací
(Si esto es nacer) sólo advierto
Este rústico desierto,
Donde miserable vivo,
Siendo un esqueleto vivo,
Siendo un animado muerto:
Y aunque nunca ví ni hablé,
Sino á un hombre solamente
Que aquí mis desdichas siente,
Por quien las noticias sé
De cielo y tierra, y aunque
Aquí, porque más te asombres
Y monstruo humano me nombres,
Entre asombros y quimeras,
Soy un hombre de las fieras,
Y una fiera de los hombres:
Y aunque en desdichas tan graves
La política he estudiado,
De los brutos enseñado,
Advertido de las aves,
Y de los astros süaves
Los círculos he medido;
Tú sólo, tú has suspendido
La pasion á mis enojos,
La suspension á mis ojos,
La admiracion á mi oido.
Con cada vez que te veo
Nueva admiracion me das,
Y cuando te miro más,
Aun más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
Que mis ojos deben ser;
Pues cuando es muerte el beber,
Beben más, y desta suerte,
Viendo que el ver me da muerte,
Estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera;
Que no sé, rendido ya.
Si el verte muerte me da,
El no verte qué me diera.
Fuera, más que muerte fiera.
Ira, rabia y dolor fuerte;
Fuera muerte: desta suerte
Su rigor he ponderado.
Pues dar vida á un desdichado
Es dar á un dichoso muerte.
ROSAURA.
Con asombro de mirarte.
Con admiracion de oirte,
Ni sé qué pueda decirte.
Ni qué pueda preguntarte:
Sólo diré que á esta parte
Hoy el cielo me ha guiado
Para haberme consolado,
Si consuelo puede ser
Del que es desdichado, ver
Otro que es más desdichado.
Cuentan de un sabio, que un dia
Tan pobre y mísero estaba,
Que sólo se sustentaba
De unas yerbas que cogia.
¿Habrá otro (entre sí decia)
Más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
Halló la respuesta, viendo
Que iba otro sabio cogiendo
Las hojas que él arrojó.
Quejoso de la fortuna
Yo en este mundo vivia,
Y cuando entre mí decia:
¿Habrá otra persona alguna
De suerte más importuna?
Piadoso me has respondido;
Pues volviendo en mi sentido.
Hallo que las penas mias,
Para hacerlas tú alegrías
Las hubieras recogido.
Y por si acaso mis penas
Pueden en algo aliviarte,
Óyelas atento, y toma
Las que dellas me sobraren.
Yo soy...
ESCENA III.
CLOTALDO, SOLDADOS.—SEGISMUNDO, ROSAURA, CLARIN.
CLOTAL.
_(Dentro.)_ Guardas desta torre,
Que, dormidas ó cobardes,
Dísteis paso á dos personas
Que han quebrantado la cárcel...
ROSAURA.
Nueva confusion padezco.
SEGISM.
Este es Clotaldo, mi alcaide.
¿Aun no acaban mis desdichas?
CLOTAL.
_(Dentro.)_ Acudid, y vigilantes,
Sin que puedan defenderse,
Ó prendedles, ó matadles.
_Voces._
_(Dentro.)_ ¡Traicion!
CLARIN.
Guardas desta torre.
Que entrar aquí nos dejasteis.
Pues que nos dais á escoger.
El prendernos es más fácil.
_(Salen Clotaldo y los soldados: él con una pistola, y todos con los
rostros cubiertos.)_
CLOTAL.
_(Aparte á los soldados al salir.)_
Todos os cubrid los rostros;
Que es diligencia importante
Miéntras estamos aquí
Que no nos conozca nadie.
CLARIN.
¿Enmascaraditos hay?
CLOTAL.
Oh vosotros que ignorantes,
De aqueste vedado sitio
Coto y término pasasteis
Contra el decreto del Rey,
Que manda que no ose nadie
Examinar el prodigio
Que entre esos peñascos yace,
Rendid las armas y vidas,
Ó aquesta pistola, áspid
De metal, escupirá
El veneno penetrante
De dos balas, cuyo fuego
Será escándalo del aire.
SEGISM.
Primero, tirano dueño,
Que los ofendas ni agravies,
Será mi vida despojo
Destos lazos miserables;
Pues en ellos, vive Dios,
Tengo de despedazarme
Con las manos, con los dientes,
Entre aquestas peñas, ántes
Que su desdicha consienta
Y que llore sus ultrajes.
CLOTAL.
Si sabes que tus desdichas,
Segismundo, son tan grandes,
Que ántes de nacer moriste
Por ley del cielo; si sabes
Que aquestas prisiones son
De tus furias arrogantes
Un freno que las detenga
Y una rueda que las pare,
¿Por qué blasonas? La puerta _(A los soldados.)_
Cerrad de esa estrecha cárcel;
Escondedle en ella.
SEGISM.
¡Ah, cielos,
Qué bien haceis en quitarme
La libertad! porque fuera
Contra vosotros gigante,
Que para quebrar al sol
Esos vidrios y cristales,
Sobre cimientos de piedra
Pusiera montes de jaspe.
CLOTAL.
Quizá, porque no los pongas,
Hoy padeces tantos males.
_(Llévanse algunos soldados á Segismundo y enciérranle en su prision.)_
ESCENA IV.
ROSAURA, CLOTALDO, CLARIN, SOLDADOS.
ROSAURA.
Ya que ví que la soberbia
Te ofendió tanto, ignorante
Fuera en no pedirte humilde
Vida que á tus plantas yace.
Muévate en mí la piedad;
Que será rigor notable,
Que no hallen favor en tí
Ni soberbias ni humildades.
CLARIN.
Y si humildad ni soberbia
No te obligan, personajes
Que han movido y removido
Mil autos sacramentales,
Yo, ni humilde ni soberbio,
Sino entre las dos mitades
Entreverado, te pido
Que nos remedies y ampares.
CLOTAL.
¡Hola!
SOLDADO.
Señor...
CLOTAL.
A los dos
Quitad las armas, y atadles
Los ojos, porque no vean
Cómo ni de dónde salen.
ROSAURA.
Mi espada es esta, que á tí
Solamente ha de entregarse,
Porque al fin, de todos eres
El principal, y no sabe
Rendirse á ménos valor.
CLARIN.
La mia es tal, que puede darse
Al más rüin: tomadla vos. _(A un soldado.)_
ROSAURA.
Y si he de morir, dejarte
Quiero, en fe desta piedad,
Prenda que pudo estimarse
Por el dueño que algun dia
Se la ciñó: que la guardes
Te encargo, porque aunque yo
No sé qué secreto alcance,
Sé que esta dorada espada
Encierra misterios grandes,
Pues solo fiado en ella
Vengo á Polonia á vengarme
De un agravio.
CLOTAL.
_(Aparte.)_ ¡Santos cielos!
¡Qué es esto! ya son más graves
Mis penas y confusiones,
Mis ánsias y mis pesares.
¿Quién te la dió?
ROSAURA.
Una mujer.
CLOTAL.
¿Cómo se llama?
ROSAURA.
Que calle
Su nombre es fuerza.
CLOTAL.
¿De qué
Infieres ahora, ó sabes,
Que hay secreto en esta espada?
ROSAURA.
Quien me la dió, dijo: «Parte
A Polonia, y solicita
Con ingenio, estudio ó arte,
Que te vean esa espada
Los nobles y principales,
Que yo sé que alguno dellos
Te favorezca y ampare;»
Que por si acaso era muerto,
No quiso entónces nombrarle.
CLOTAL.
_(Ap.)_ ¡Válgame el cielo, qué escucho!
Aun no sé determinarme
Si tales sucesos son
Ilusiones ó verdades.
Esta es la espada que yo
Dejé á la hermosa Violante.
Por señas que el que ceñida
La trajera, habia de hallarme
Amoroso como hijo,
Y piadoso como padre.
Pues ¿qué he de hacer (¡ay de mi!)
En confusion semejante,
Si quien la trae por favor,
Para su muerte la trae,
Pues que sentenciado á muerte
Llega á mis piés? ¡Qué notable
Confusion! ¡Qué triste hado!
¡Qué suerte tan inconstante!
Este es mi hijo, y las señas
Dicen bien con las señales
Del corazon, que por verlo
Llama al pecho, y en él bate
Las alas, y no pudiendo
Romper los candados, hace
Lo que aquel que está encerrado,
Y oyendo ruido en la calle
Se asoma por la ventana:
El así, como no sabe
Lo que pasa, y oye el ruido,
Va á los ojos á asomarse,
Que son ventanas del pecho
Por donde en lágrimas sale.
¿Qué he de hacer? (¡Valedme, cielos!)
¿Qué he de hacer? Porque llevarle
Al Rey, es llevarle (¡ay triste!)
A morir. Pues ocultarle
Al Rey no puedo, conforme
A la ley del homenaje.
De una parte el amor proprio,
Y la lealtad de otra parte
Me rinden. Pero ¿qué dudo?
La lealtad del Rey ¿no es ántes
Que la vida y que el honor?
Pues ella viva y él falte.
Fuera de que si ahora atiendo
A que dijo que á vengarse
Viene de un agravio, hombre
Que está agraviado, es infame.—
No es mi hijo, no es mi hijo,
Ni tiene mi noble sangre.
Pero si ya ha sucedido
Un peligro, de quien nadie
Se libró, porque el honor
Es de materia tan frágil
Que con una accion se quiebra
Ó se mancha con un aire,
¿Qué más puede hacer, qué más,
El que es noble, de su parte,
Que á costa de tantos riesgos
Haber venido á buscarle?
Mi hijo es, mi sangre tiene,
Pues tiene valor tan grande;
Y así, entre una y otra duda,
El medio más importante
Es irme al Rey, y decirle
Que es mi hijo, y que le mate.
Quizá la misma piedad
De mi honor podrá obligarle;
Y si le merezco vivo,
Yo le ayudaré á vengarse
De su agravio; mas si el Rey,
En sus rigores constante,
Le da muerte, morirá
Sin saber que soy su padre.—
Venid conmigo, extranjeros,
_(A Rosaura y Clarin.)_
No temais, no, de que os falte
Compañía en las desdichas,
Pues en duda semejante
De vivir ó de morir,
No sé cuáles son más grandes. _(Vanse.)_
* * * * *
_Salon del Palacio Real en la corte[2]._
[2] Calderon no la nombra: sin duda le pareció poco necesario,
por ser el drama de pura invencion.
ESCENA V.
ASTOLFO Y SOLDADOS, _que salen por un lado, y por el otro_ LA INFANTA
ESTRELLA Y DAMAS. _Música militar dentro y salvas._
ASTOLFO.
Bien al ver los excelentes
Rayos, que fueron cometas,
Mezclan salvas diferentes
Las cajas y las trompetas,
Los pájaros y las fuentes:
Siendo con música igual,
Y con maravilla suma,
A tu vista celestial
Unos, clarines de pluma,
Y otras, aves de metal;
Y así os saludan, señora,
Como á su reina las balas,
Los pájaros como Aurora,
Las trompetas como á Pálas
Y las flores como á Flora;
Porque sois, burlando el dia
Que ya la noche destierra,
Aurora en el alegría,
Flora en paz, Pálas en guerra,
Y reina en el alma mia.
ESTREL.
Si la voz se ha de medir
Con las acciones humanas,
Mal habeis hecho en decir
Finezas tan cortesanas,
Donde os pueda desmentir
Todo ese marcial trofeo
Con quien ya atrevida lucho;
Pues no dicen, segun creo,
Las lisonjas que os escucho,
Con los rigores que veo.
Y advertid que es baja accion,
Que sólo á una fiera toca,
Madre de engaño y traicion,
El halagar con la boca
Y matar con la intencion.
ASTOLFO.