sacramentales_, hemos incluido en esta coleccion tres de los que
tenemos por mejores: _La vida es sueño_, donde, además de estar
contenido en cifra y de un modo abstracto el pensamiento del más
celebrado drama del poeta, es de admirar el vigor de condensacion con
que el autor recorre la historia humana, desde el _Fiat_ creador hasta
la caida del hombre, y desde ésta hasta su Regeneracion, con símbolos
más transparentes y de mejor ley estética que los que usa en otros
autos: _La cena de Baltasar_, como muestra de los autos más dramáticos
y en que mejor se acomodan al fin y propósito del teatro sacramental
las historias del Antiguo Testamento, sin salir enteramente de las
condiciones dramáticas ordinarias, realzándolo todo hermosos trozos de
poesía lírica, v. gr., las primeras y las últimas octavas en agudos,
tan famosas y conocidas: y finalmente _A Dios por razon de Estado_,
como ejemplo de los autos en que predominan los conceptos puros y las
discusiones teológicas.
IV.—Dramas religiosos.
Género es este tan rico en nuestra literatura como el de los _Autos
sacramentales_. Incluyo en este segundo miembro de la clasificacion, no
sólo las comedias llamadas _devotas de santos_ ó _á lo divino_, sino
las que versan sobre asuntos del Antiguo Testamento.
Algunas de las obras piadosas de Calderon se han perdido: así, v. gr.,
_La Vírgen de la Almudena_, _La Vírgen de los Remedios_, _El carro del
cielo_ y _El Triunfo de la Cruz_, dado caso que sea obra distinta de
_La Exaltacion_. Tampoco parece el _San Francisco de Borja_, aunque
pueden hallarse felices reminiscencias de ella en _El Fénix de España_
del jesuita Diego Calleja.
Descartadas éstas y alguna otra que tampoco ha llegado á nuestros dias,
quedan unas quince, muy diversas en asunto y en mérito. De gran parte
de ellas puede prescindirse sin menoscabo de la gloria del poeta. Sobre
historias de la ley antigua versan _Los cabellos de Absalon_ (mera
refundicion, con un acto entero igual, de _La venganza de Tamar_,
valentísima tragedia del maestro Tirso de Molina, siquiera la deslustre
lo repugnante de algunas situaciones); _La Sibila del Oriente_,
refundicion de un auto sacramental, _El árbol del mejor fruto_, y
obra de las peor escritas é imaginadas de Calderon, llena de absurdos
geográficos é históricos, como hablar Joab de las cuatro partes del
mundo y de los enemigos que habia derrotado junto al Danubio; y _Júdas
Macabeo_, donde se hace uso de pólvora y arcabuces. _Las cadenas del
demonio_ es la evangelizacion de Armenia por San Bartolomé, y _La
Aurora en Copacabana_ la aparicion de una imágen de la Vírgen en el
Perú: obras las dos de escaso mérito. De la _Exaltacion de la Cruz_
sólo quedan en la memoria de las gentes tres hermosísimos versos en que
el autor llama al sagrado madero de la cruz:
Iris de paz, que se puso
Entre las iras del cielo
Y los delitos del mundo,
versos que por sí solos, y prescindiendo de la paranomasia de _Iris_
é _iras_, valen tanto como un largo poema. _La Vírgen del Sagrario_
es una crónica dramática que dura siglos y enlaza toda la historia de
España con el orígen, pérdida y restauracion de una imágen: son de
notar en ella algunas escenas episódicas, como el bizarrísimo desafío
entre el montañes y el muzárabe sobre la admision del rito romano.
Descartadas estas obras, quedan aún seis de Calderon, pertenecientes al
género devoto. Tres de ellas forman un grupo y tienen cierta unidad de
pensamiento, y áun escenas muy semejantes: _El José de las mujeres_,
_Los dos amantes del cielo_ y _El Mágico prodigioso_. En las tres los
protagonistas son catecúmenos, y en las tres empiezan á salir de las
tinieblas del paganismo por medio de la lectura de algun texto sagrado
ó profano: el de Plinio en _El Mágico_, el principio del Evangelio de
San Juan en _Los dos amantes del cielo_, y un lugar de la _Epístola á
los corintios_ en _El José de las mujeres_. En las tres combaten los
protagonistas, ayudados por la divina gracia, contra los halagos del
amor profano y contra todas las artes diabólicas, puestas en juego por
el mismo príncipe de los abismos, que es personaje muy principal en
ellas. Y en las tres, finalmente, reciben victoriosos la palma triunfal
del martirio. Abundan en todos estos dramas, lo mismo que en los autos,
las discusiones teológicas.
Pero aquí se detienen las semejanzas, porque el mérito de los tres
dramas es muy desigual. El que ménos vale es _El José de las mujeres_,
donde la heroína Eugenia, filósofa alejandrina (trasunto de Hipatia)
acaba por convertirse al cristianismo y retirarse á las soledades de
la Tebaida, de donde vuelve á Alejandría para derribar las estatuas
que, creyéndola muerta, le habian sido levantadas durante su ausencia.
El pensamiento capital de _Los dos amantes del cielo_ (obra bastante
conocida en Alemania por una traduccion de Schack) merece no escasa
loa: una mujer que sólo quiere conceder su amor á quien haya muerto
por ella, y que se hace cristiana movida por la consideracion del
entrañable amor de un Dios que se hizo carne por los pecados del
mundo; un catecúmeno cristiano que resiste y lucha contra todas las
seducciones del arte y de los sentidos, y entabla una especie de duelo
teológico con la mujer que adora, hasta convertirla. De todo esto podia
haber resultado una accion interesante, y, sin embargo, no resulta más
que una comedia de enredo con acompañamiento de teología y de sabrosos
cuentos de un gracioso.
De _El Mágico_ poco hay que decir, puesto que pasa universalmente por
una de las obras maestras del poeta, y Rosenkranz llegó á compararle
con el _Fausto_, aunque la semejanza se reduce á intervenir en ambas
obras pacto diabólico por alcanzar un sabio la posesion de una mujer. Y
este es elemento vulgarísimo, no sólo de la leyenda de _Fausto_ y de la
de _El Mágico_, sino de la de Teófilo y otras infinitas.
Lo mejor de _El Mágico_ son los datos fundamentales que Calderon tomó
de las actas de San Cipriano de Antioquía, escritas en griego por
Simeon Metaphrastes, y traducidas al latin por Lipomano. En lo demas,
pienso que la ejecucion es inferior á la grandeza del pensamiento y á
la severa teología de las primeras escenas. Cuando no hablan Cipriano
y el Demonio, _El Mágico_ (aunque la accion pase en Antioquía y en los
primeros siglos de nuestra era) es una de tantas comedias de capa y
espada, con dos galanes celosos, y chistes de criados, y cuchilladas
y escondites. Los caracteres son débiles: el demonio tiene mucho de
ergotista y de leguleyo, y algo de prestidigitador hábil en escamoteos.
Justina es tipo vulgar y pálido, hasta que llega la escena admirable en
que el tentador agota sus recursos para infundir en ella el ánsia del
placer, y acaba por confesar su derrota, exclamando:
Venciste, mujer, venciste
Con no dejarte vencer.
En esta escena y en la que sigue á la aparicion del esqueleto está el
verdadero drama. Lo demas es un embrollo amoroso, que oscurece y rebaja
la alta concepcion de esta obra, en que el autor se propuso mostrar
cómo la especulacion racional es preparacion para la fe, y cómo el
libre albedrío ayudado por la gracia triunfa de todas las sugestiones
diabólicas.
_La Devocion de la Cruz_ y _El Purgatorio de San Patricio_ tienen entre
sí bastante analogía. El _Eusebio_ de la primera y el _Ludovico Enio_
pertenecen á una galería muy rica en nuestro teatro: la de bandoleros
y facinerosos, que jamás pierden la fe y llegan á convertirse á la
hora de la muerte. Así, el _Enrico_ de _El condenado por desconfiado_,
el _Leonido_ de la _Fianza satisfecha_ y el _D. Gil_ de _El esclavo
del demonio_. Se ha tachado á estos dramas de anticristianos y de mal
ejemplo: hasta se les ha querido encontrar parentesco con la doctrina
luterana de la fe que justifica sin las obras. Error indisculpable que
demuestra mala fe ó poca lectura, pues ninguno de estos criminales se
salva por la fe sola, sino por verdadero y sincerísimo arrepentimiento
de sus culpas, acompañado de firme propósito de la enmienda, y ninguno
de ellos trata de disculpar sus pecados atenuando los fueros del libre
albedrío. Fuera de que alguno de ellos, v. gr., Ludovico, hace áun en
esta vida asperísima penitencia. La doctrina es enteramente católica:
lo heterodoxo, á la vez que irracional y de mal ejemplo, sería que
tales delincuentes, sinceramente arrepentidos, no hallasen perdon ni
misericordia. ¡Cuán horrible y desesperado drama resultaria!
_El Purgatorio de San Patricio_ está fundado en la vulgarísima leyenda
de aquella cueva ó _necromanteion_ irlandes, tal como la habia
popularizado en España el doctor Juan Perez de Montalban. Aunque obra
irregular y desconcertada, encierra el drama calderoniano primores
de buena ley: trozos de vigor dantesco en la pintura de las regiones
infernales, y algunos rasgos felices en el carácter de Ludovico, que
el autor ha echado á perder, sin embargo, hasta hacer de él un monstruo
casi increible de perversidad. La grandeza de los personajes áun en lo
malo no se logra sumando enormidades, las cuales son en el carácter una
falsedad equivalente al énfasis y á la hipérbole en la expresion. Yago
será siempre más negro y odioso que todos los malvados de melodrama,
sin necesidad de haber cometido ningun incesto ni parricidio.
_La devocion de la Cruz_ es interesantísima leyenda, y como obra de las
mocedades de Calderon, está escrita con más frescura y sencillez y con
ménos afectacion que otras obras de su edad madura. Los caracteres de
Eusebio y del viejo Lisardo son buenos, sin ser de primer órden. Julia
no es carácter, y el mayor defecto que yo encuentro á la obra es la
súbita transformacion de aquella monja en mujer facinerosa y bandolera.
Que Julia por amor de Eusebio huya del convento y corra á los brazos de
su amante, entra en la verosimilitud dramática; pero que una doncella
tímida y recatada que áun despues de haber saltado las tapias del
monasterio, siente impulsos de volver á él, cometa inmediatamente, y
sin necesidad ni explicacion alguna, tantos homicidios y atropellos, no
es humano, ni racional, ni interesante. Algunas escenas de este drama
estan admirablemente concebidas: así, v. gr., el diálogo de Julia y
Eusebio junto al cadáver del hijo de Lisardo.
Superior á todos los dramas religiosos de Calderon me parece _El
Príncipe constante_, donde el autor ha logrado hacer interesante en la
escena á un varon justo, integérrimo, dechado de santidad y perfeccion.
Sabido es que los _piadosos_ Eneas y Godofredos son personajes de poco
juego en el teatro, que vive de la lucha de pasiones y de afectos.
Con todo eso, el infante mártir de Portugal, Don Fernando, resulta
interesante y simpático, además de admirable. El autor ha hecho de él
una especie de Régulo cristiano, mucho más heroico que el de Roma,
porque no le mueve sólo el amor patrio ni la palabra empeñada, sino
el sentimiento religioso aterrado ante la idea de ver convertidos en
mezquitas los templos de Cristo.
—¿Por qué no me das á Ceuta?
—Porque es de Dios y no es mia.
Esta sublime expresion da por sí sola el espíritu del drama. Y Don
Fernando llega á interesar porque, aunque perfecto é invencible, es
hombre al cabo, y se lamenta de la desnudez y del frio y del hambre,
que reciamente combaten su enérgica determinacion.
Contra lo que suele pasar en Calderon, los personajes episódicos no
estorban, y el bizarro tipo de Muley y sus amores con la hermosa Fénix
contribuyen á dar apacible variedad y colorido al drama, y á hacerle
más humano. Hay en él trozos líricos de los mejores de Calderon, sobre
todo la escena en que admirablemente se glosa aquel romance de Góngora:
Entre los sueltos caballos
De los vencidos Zenétes,
cuyo efecto debia ser portentoso en un público que le sabía de memoria
y que le acompañaba en coro: y el hermosísimo soneto:
Estas que fueron pompa y alegría,
uno de los pocos sonetos nuestros del buen tiempo en que los tercetos
no decaen de la entonacion de los cuartetos, y uno de los pocos tambien
en que la idea y la forma corren parejas y se compenetran fácil y
armoniosamente.
V.—Comedias filosóficas.
Son las mismas que D. Alberto Lista llamó _ideales_, incluyendo
malamente entre ellas algunas como _Saber del mal y del bien_,
_Gustos y disgustos son no más que imaginacion_, cuya filosofía se
reduce á las vulgarísimas máximas de su título, siendo por lo demas
comedias de enredo ó comedias palacianas semejantes á tantas otras.
Por consiguiente (salvo mejor parecer) creo que sólo dos obras
calderonianas deben incluirse en este grupo: _En esta vida todo es
verdad y todo es mentira_, y _La vida es sueño_.
Goza la primera de cierta celebridad en Europa desde los tiempos
de Voltaire que descubrió en ella el original del _Heraclio_, de
Corneille: lo cual han negado luégo Viguier y Philarète Chasles,
promoviendo una embrollada cuestion de originalidad. Pero aunque
sea cierto que de la comedia _En esta vida todo es verdad y todo es
mentira_ no descubrió Hartzenbusch edicion anterior á 1664, miéntras
que el _Heraclio_ aparece impreso en 1647, tambien lo es:
1.º Que Calderon no sabía frances, como lo prueban ciertos personajes
grotescos de sus entremeses, á quienes pretende hacer hablar en aquella
lengua.
2.º Que la historia literaria presenta cien casos de imitaciones de
obras españolas por dramáticos franceses del siglo XVII (testigos
_El Cid_, _El Mentiroso_ y muchos más), y un solo caso de imitacion
francesa en España, y es _El Honrador de su padre_, de Diamante.
3.º Que se han perdido casi todas las ediciones príncipes de nuestras
comedias, ya sueltas, ya en tomos de varios. Y áun suponiendo que
_En esta vida_... no se imprimiera hasta 1664, pudo llegar á Francia
manuscrita, como otras comedias nuestras que actores españoles
representaron allí, y cuyos manuscritos se conservan.
4.º Que el verdadero original de la comedia de Calderon es _La rueda de
la fortuna_, de Mira de Amescua, impresa desde 1616.
Esto sin otros argumentos más menudos, que ya esforzó el Sr.
Hartzenbusch.
Lo que Corneille tomó del drama de Calderon es la excelente situacion
trágica del primer acto, en que Heraclio y Leonido se disputan la
gloria de ser hijos del muerto emperador Mauricio, y el viejo Astolfo
que los habia criado se niega á revelar cuál de los dos es hijo
del tirano y cuál lo es de su enemigo. Todo el primer acto de _En
esta vida_ es (fuera de algunas manchas de diccion) una exposicion
admirable. Desde el segundo acto, la obra degenera en comedia de magia,
confusa y embrollada, y hecha más para prestigio de los ojos que para
solaz del entendimiento.
_La vida es sueño_ pasa por la obra maestra del poeta, y lo es sin
duda, si se atiende al vigor de la concepcion. No hay pensamiento
tan grande en ningun teatro del mundo. No sólo una sino várias tésis
están allí revestidas de forma dramática: primera, el poder del libre
albedrío que vence al influjo de las estrellas; segunda, la vanidad de
las pompas y grandezas humanas, y cierta manera de escepticismo en
cuanto á los fenómenos y apariencias sensibles; tercera, la victoria de
la razon, iluminada por el desengaño, sobre las pasiones desencadenadas
y los apetitos feroces del hombre en su estado natural y salvaje. _La
vida es sueño_ es cifra de la historia humana en general, y de la de
cada uno de los hombres en particular. Segismundo es lo que debia
ser, dado el propósito del autor, no un carácter, sino un símbolo.
No es escéptico como Hamlet: la tésis escéptica no es aquí más que
provisional, y cede ante una tésis dogmática más alta. La razon doma
á la concupiscencia; la fe aclara y resuelve el enigma de la vida
humana. El Segismundo bárbaro de la primera jornada _reprime_ (un
poco deprisa, es verdad, pero ya se sabe que el desarrollo artístico
en Calderon peca de atropellado) su fiera y brava condicion, hasta
convertirse en el héroe cristiano de la tercera jornada. El mismo autor
nos dió la clave del simbolismo en un auto titulado tambien _La vida
es sueño_, donde se generaliza y toma carácter universal y abstracto
la accion de la comedia. El protagonista es el hombre que con su
libre albedrío despeña al entendimiento, y cae en el pecado original,
regenerándose luégo por los méritos de la sangre de Cristo y por el
valor de sus propias obras ayudadas por la divina gracia.
El gérmen de la comedia, es decir, el sueño de Segismundo, está en
un cuento muy sabido de _Las mil y una noches_, pero sin alcance ni
significacion trascendente de ningun género. Todas las bellezas de la
obra de Calderon le pertenecen á él sólo. ¿A qué apuntar los pocos
lunares que la afean? Sobran sin duda las aventuras de la doncella
andante que va á Polonia á vengarse de un agravio; y no son modelo de
diccion las famosas décimas, aunque lo sean algunos de los monólogos de
Segismundo.
VI.—Dramas trágicos.
Seccion riquísima en las obras de nuestro poeta, y la más abundante en
joyas de alto precio.
Prescindamos de _La niña de Gomez Arias_, cuyo argumento es más propio
de la novela, donde todo cabe, hasta las aberraciones morales y los
casos patológicos, que del drama, en que siempre será repugnante
espectáculo el de un galan que por vil interes vende su dama á los
musulmanes. Además, esta obra es refundicion de otra de Luis Velez
de Guevara, y Calderon ha aprovechado escenas enteras de la comedia
primitiva.
_El Alcalde de Zalamea_ no sólo es la obra más popular de Calderon
entre españoles, sino la más perfecta y artística de todas las suyas.
Pueden encontrársela analogías con ciertas obras de Lope, verbi
gracia, _El mejor Alcalde el Rey_, _Fuente Ovejuna_, _Peribáñez y el
Comendador de Ocaña_, pero sólo á Calderon pertenecen el desarrollo y
los caracteres, que al reves de lo que sucede en otras obras suyas,
son vivos, personales, enérgicos y hasta ricos y complejos, dignos del
mismo Shakespeare. Y esto se diga no sólo del singularísimo D. Lope
de Figueroa (que más que tipo de fantasía, es valentísimo retrato),
caudillo viejo, jurador, impaciente y colérico, lleno de preocupaciones
militares, y á la vez noble, generoso, recto, caballero y hasta
afectuoso; no sólo del alcalde labrador Pedro Crespo, en quien se aunan
por arte maravilloso el sentimiento de la justicia y el sentimiento
vindicativo de la propia ofensa, sino hasta de los personajes más
secundarios, de los villanos, soldados y vivanderas, de Rebolledo y
la Chispa. La vida y la animacion corren á torrentes en este drama,
donde hay hasta despilfarro de poder característico. Y junto con ésto
la expresion suele ser sencilla, natural y _única_, de tal suerte
que el drama llegaria á los últimos lindes de la perfeccion, si no
fuera por aquella malhadada escena del bosque. ¿Pero quién no olvida
tan leve mácula, cuando ve á Pedro Crespo en la escena más admirable
que trazó Calderon, deponer la vara, y postrarse á los piés del
capitan, demandándole la reparacion de su honor, y cuando ve perdida
toda esperanza de concordia, levantarse como justicia y prenderle y
agarrotarle, confundiendo en uno el desagravio de la ley moral y el
desagravio de su sangre?
Rasgos trágicos de primer órden brillan en _Amar despues de la muerte_
ó _El Tuzaní de la Alpujarra_, cuyo argumento está tomado de las
_Guerras civiles de Granada_, de Ginés Perez de Hita. Interrogacion
digna de Shakespeare es la del Tuzaní cuando exclama, al oir jactarse
de su infame accion al asesino de Clara: «¿Fué como ésta la puñalada?»
Y todo su carácter, vengativo, celoso, reconcentrado y profundo, es de
purísima estirpe africana, y de sombría y vehemente inspiracion. Como
se trata de un asunto histórico casi contemporáneo, es grande el color
local, sobre todo en las escenas de la rebelion de los moriscos.
Nada ménos que cuatro dramas de Calderon versan sobre la pasion de los
celos, quizá la más dramática de todas y la más rica en contrastes,
agitaciones, antinomias y luchas. Calderon la ha descrito en su máximo
grado de exaltacion: no la ha analizado pacientemente y fibra á fibra,
y sin duda por eso quedan sus celosos inferiores á Otelo, y la misma
pasion resulta ó idealizada hasta el delirio como en el Tetrarca, ó
subordinada á rencores como en don Juan de Roca, ó á móviles de honra
como en don Gutierre de Solís: nunca tan humana como en el moro de
Venecia, en quien despues de todo no son los celos más que exaltacion y
quinta esencia del amor.
«Quisiera estarla matando nueve años seguidos. ¡Qué divina mujer!...»
Estas frases apasionadísimas que abundan en Shakespeare, jamás se le
escapan á Calderon. Sus maridos matan friamente, y porque así lo exigen
el _honor_ y las conveniencias sociales, cuya injusticia deploran con
amargura:
El legislador tirano
Que puso en ajena mano
Mi opinion, y no en la mia.
Vano fuera establecer cotejo entre tan correctos esclavos de la
_opinion_, y un bárbaro como Otelo, todo carne y sangre y hervor de
pasion, y por eso mismo humano, admirable y eterno.
Hay cierta gradacion en los cuatro dramas calderonianos. D. Juan de
Roca, _el pintor de su deshonra_, se venga del adulterio consumado: D.
Lope de Almeida toma _secreta venganza_ del _secreto_ propósito del
_agravio_ consentido: D. Gutierre Alfonso de Solís (encarnacion la
más completa del sentimiento del honor en lo que tiene de irracional
y falso) no venga agravio ninguno, pero quiere evitar hasta la sombra
y la posibilidad de él, por el sangriento medio de la incision en las
venas de su mujer: el Tetrarca, finalmente, no se venga de nada, sino
que inmola á la desdichada Mariene por egoismo y para evitar que otro,
despues de la muerte de él, la posea. Y sin embargo, el Tetrarca es
de todos ellos el único verdaderamente apasionado. Y áun puede decirse
que sus celos tienen más noble raíz y fundamento que los de Otelo;
pero tanto extremó el autor la nota idealista, que el Tetrarca llega
á parecer un energúmeno, fuera de todas las condiciones de la vida
humana. Así y todo, es gran carácter, y tiene el drama accidentes
bellísimos, como aquello de las _arrastradas pompas_; pero siempre
daremos la preferencia al _Médico de su honra_, como trasunto de un
modo de pensar social que era dramático, aunque tuviese una punta de
falsedad.
VII.—Comedias de capa y espada.
Son comedias de costumbres del tiempo, lozanas y vivideras, como todo
lo que arranca de las entrañas de la realidad. No constituyen la
porcion más trascendental de las obras de Calderon, pero sí la más
amena y la que más intacta ha conservado su fama, en medio de todos los
cambios de gusto. Hoy mismo son las obras suyas que con más deleite
vemos en las tablas. Son tambien las escritas con más llaneza, y las
más libres de culteranismo, aunque no de discreteos y sutilezas, que el
autor reprodujo, porque estaban en la conversacion del tiempo, y que
á veces se perdonan por lo ingeniosos y bizarros y por ser un rasgo
característico de la época, hijo de condiciones nativas del ingenio
español.