FIDEL.

Julio 14 de 1877.

El horizonte de la especulacion se extiende, florecen sobre sus tallos

de fierro las mesitas de mármol; el mostrador, para no ponerse en

ridículo, se adorna con charolas y platones con carnes frias, lengua de

cíbolo y jamones; llega tirante como un inglés el queso de Chester ó de

Hamburgo, y se apiñan como familia infantil, soletas llamadas dedos de

dama, pasteles con crema, bizcochos y _cakes_, que son como música de

alegres.

Todavía se alargan los horizontes. El arca santa del refresco se

instala en el mostrador.

Es una caja de mármol blanco con sendas llaves de plata alemana, y toda

una maquinaria, un aparato como un órgano.

De las llaves brota la soda que alienta, y el _Vichy digestivo_,

la agua de Saratoga y la de Seltz. Una escolta de botellones, que

ostentan los más vivos colores, suministra jarabes de limon y fresas,

de guindas y durazno, y aquella es como la fuente de Juvencio, con la

diferencia de que sin mojar refresca y vivifica.

En semejante estado de cosas ya, las alfombras y los espejos y sillones

llegaron preguntando por las _ladies_; en efecto, las esperan el

_Ice-cream_, es decir, los helados, en un gabinete privado en que no se

fuma, sonríe el amor y tiembla el bolsillo.

Antes de llegar á la realizacion de ese ensueño, suele ocurrir al

afortunado padre de los bebedores detenerlos en su marcha fugaz.

Entónces la música, como una Sirena, canta sobre los escollos.

Ya es la orquesta en toda forma con músicos briosos, ya un órgano

valioso hasta en treinta mil pesos, que llaman _orquestiva_, que toca

sonatas como los de San Francisco y Orleans, y ya los bailes y las

representaciones teatrales.

Varios de estos especuladores procuran el entretenimiento inocente,

haciendo que sirvan despabiladas muchachas, que está probado que

despiertan la sed, más que el queso y que las castañas.

Corren en todos sentidos descotadas chicas, vestidas de modo que

parecen desnudas, con la pierna acariciada directamente por el viento,

y el viajero ignorante tiene sus primeras nociones de inglés por una

especie de Olendorff práctico con el que muchos aprenden, y jamás se ha

podido imprimir.

Pero eso es como si dijéramos la desviacion y el torcer rumbo: mi amigo

y yo penetramos al _bar-room_ mixto de comer y beber.

Sirviónos el criado amantecado con soletas.

Apénas acabábamos de sentarnos, llegó una despierta _lady_ con su

túnico de percal claro, su sombrerillo con su pluma encarnada, su

paraguas y su portamonedas de badana roja en la mano.

Pidió _ostras_: trajéronle una escudilla de sopa de ostiones, con

cantidad sobrada para cuatro personas; salpicó con puñados de pimienta

su escudilla, vertió aceite, hizo chorrear el vinagre, desbarató en

aquel océano quince ó veinte galletitas, y aquello fué una gloria.

La beldad, impasible, vió el fondo de la escudilla y pidió una patita

de puerco; trajeron una especie de bracito de niño, así son las patas

de estos marranos: yo empecé á alarmarme: aquella criatura se queria

suicidar.... nada de eso; mondó la osamenta y pidió una copa de

cerveza, larga y de la hechura de un clarin.... ¡Jesus te ampare! dije,

sin poderme contener. La bella apuró la copa, dejándome espantado. Yo

la ví abrir su portamonedas, pagar y salir muy oronda.

A las dos horas de esta escena, contemplaba yo á la hermosa vestida

de fantasía en un teatrito, cantando de la manera más ideal, como si

la maldita no tuviese en el estómago el bastimento de un cuerpo de

caballería.

Volviendo á las casas de refrigerio, la soda, con el mueble de mármol

descrito, se presta á varias combinaciones.

Constituye un comercio aislado con su mostrador, sus banquillos de tres

piés y sus vasos, no botes de jarabes, porque el armatoste los contiene.

Forman el artículo de fondo de la dulcería y la pastelería, golosinas

que tienen increible consumo.

La dulcería es el lazo que une á la mujer y al niño. Los dulces son de

imitacion francesa; pero imitacion en cristal de roca, en cuarzo, en

granito y bronce.

Son pequeños dados de un caramelo que necesita un yunque para partirse;

es la melcocha capaz de pegar una contra otra la quijada, sin que poder

humano la pueda dividir; es la almendra forrada de vidrio, y hecho

grumo el cacahuate; es la panela y el piloncillo; es la charamusca

de guante blanco, que lo mismo provoca en un cesto ambulante que en

un cajon callejero; bajo cristales y en diáfanos botes, que en un

_restaurant_ de alta importancia.

Erigido el _restaurant_, desplega frecuentemente lujo deslumbrador.

Suelos de mármol blanco y azul, espejos entre las puertas, en las

paredes y en las columnas que cubren el espacio del pavimento al techo,

profusos cortinajes de seda y más frecuentemente de punto, con trofeos

divinos, estatuas, relojes, bronces y cuanto puede imaginarse de más

espléndido.

El hielo se sirve en todo: en el agua, en el vino, en la cerveza, entre

las fresas, en las tajadas del melon, en los tomates rebanados, que han

dado estos en que es fruta, y el servicio de mesa no deja que desear en

cuanto á riqueza y propiedad.

Muy frecuentemente, en el centro de esos salones hay fuentes de

delgados chorros que en amplios tazones mantienen peces de colores; al

rededor de ellas, ó cubriéndolas, desplegan sus ramajes las acacias,

levantan los plúmbagos sus tallos, la enredadera tiende sus cortinas, y

las rosas, violetas y pensamientos, matizan el grupo.

Hay quien observe que á ese ornato falta el soplo poético del buen

gusto; que adolece de cierta tiesura desairada que lo desluce á

nuestros ojos, educados á la francesa; que se ve, á la reverberacion

del gas, á la aldeana tosca, cargada de encajes y joyas, ménos aérea y

avasalladora del alma, que la jovencita vestida de blanco, con una sola

flor durmiendo al casto vaiven del seno de alabastro.

Yo digo que la riqueza de algunos de estos salones es extraordinaria;

que no pude formar cálculo siquiera del de Brunswick, con sus paredes

barnizadas con pintura valiosa, con sus frescos de estilo pompeyano,

representando á Héctor y á Andrómaca, y con sus ventanas de cristales

que parecen comunicar mayor intensidad á la luz.

* * * * *

Al regresar una noche de una de mis excursiones, mi cuarto era una

verdadera torre de Babel.

Al rededor de la mesita de mármol que se halla bajo la lámpara, que

tenia todas las bombillas iluminadas, estaban agolpados chicos alegres

y sedientos de aventuras; llevaba la palabra el único que sabia con

perfeccion inglés, y que, por supuesto, se hace tan menesteroso y

esquivo como todos los intérpretes grátis.

Es el caso que dos de estos jóvenes habian remitido con toda seriedad

al _Herald_, periódico _ad hoc_ para todo lo que es chisme y escándalo,

dos avisos anónimos, solicitándose en uno una jóven profesora de

inglés, y en el otro la mano de una jóven.

Merced á la puntualidad y baratura del correo, diez y nueve

contestaciones tuvo la primera invitacion, y veintidos ó veintitres la

segunda.

Entre las contestaciones de las profesoras, las habia que enviaban

sus certificados, proponian precios ínfimos, salpicando de delicadas

coqueterías el programa de enseñanza.

Decia una carta:

"No solo inglés, sino las ciencias y las artes concurrirán á

ilustrar por mi enseñanza la inteligencia de vd. Le advierto

que mi enseñanza es cara, pero que no se olvida fácilmente.

"Me apodero del corazon y de la inteligencia de mi discípulo,

haciéndole conjugar el verbo _amar_ en todos sus tiempos,

reduciendo á dos las personas; cursaremos la geografía por

un método práctico, en deliciosos paseos en carruaje ó

en barca, alumbrando el dia ó con la luz de la luna. Nos

iniciarán en los misterios de la botánica los ramilletes con

que vd. me obsequie, y respecto de la lógica, de vd. serán

las consecuencias, aunque establezcamos de comun acuerdo las

premisas."

No sé por qué en estas cartas de inglés se mencionaba la juventud, el

desamparo y el corazon sensible de las maestras.

Lo curioso de esta aventura es, que miéntras Manuel leia, y Pablo,

que era el interesado, se fingia un mundo de aventuras, Othon, al

soslayo, me mostraba el borrador de una de las cartas, que se referia

á misteriosa cita, y me decia que se la habia dictado una preciosa

_lady_, para divertirse con el ocioso.

Las cartas conyugales tenian más pompa y majestad.

La mayor parte de las que escribian eran viudas: yo no atino á

descifrar por qué las viudas pululan por aquí con tanta abundancia.

Sin duda hay epidemia peculiar de maridos muy frecuentemente; parece

que todos los que murieron en la última guerra eran casados con

muchachas buenas mozas.

A muchas de esas cartas acompañaban hermosos retratos, ó mejor dicho,

retratos de hermosas.

Otras cartas, y eran las más, contenian retratos á la pluma

curiosísimos.

Porque es de advertir que, generalmente hablando, entre las mil

señoras, mujeres y niñas con quienes he hablado, la mujer en lo general

tiene una educacion más esmerada que el hombre. Escribe con soltura

y hace uso admirable de su lápiz para todo lo que se le ofrece: las

citaciones históricas, las curiosidades geográficas, las críticas sobre

autores notables, les son familiares, son acertadas, y hacen amena su

conversacion.

En los retratos á la pluma se mencionaba la color, la tez y la mirada,

el carácter y las propensiones, y carta habia con detalles de peso y

medida, capaz de dejar satisfecho al más curioso. Una carta decia que

tenia la interesada 165 libras. ¡Esa era una ballena!

Una señorita adjuntaba á su carta la fotografía de una manecita

preciosa, con señales evidentes de querer asir una buena presa.

Como debe suponerse, la jácara, las alusiones, las exclamaciones y los

comentarios sobre las costumbres, llovian, y solia recordarse lo hecho

con Othon, disminuyendo mucho la importancia de la aventura.

* * * * *

Mi compañero vespertino cuando recorria la Quinta Avenida, era Manuel,

nombre del otro de mis hijos.

Es Manuel nativo de Guadalajara, con lo que podria decirse, sin

exagerar, que está hecha la apología de su entendimiento y su corazon.

Delgado y pequeño de cuerpo, de ojos negros y rasgados, ensortijado

cabello, nariz roma. Su razon porfía por llevarlo á los buenos estudios

y á las cosas de provecho; pero su sangre hierve, y por ahora la sed de

los goces le subyuga, quedando en buen estado el áncora de la moralidad

y la excelente educacion.

Manuel es muy apasionado patriota, y léjos de admirar exageradamente,

suele ser injusto deprimiendo la patria de Washington.

Manuel habla con fuego, y como es chiquitin, en sus arrebatos casi me

intercepta el paso, poniéndose á mi frente.

--Antes de que entremos en la Quinta Avenida, como si dijéramos, el

barrio de la opulencia, vea vd. tenderse la ciudad de uno y otro lado,

á su frente y su espalda, en amplísimas y regulares calles; vea vd. que

las esquinas con picos y semicírculos, esto es, irregulares, forman

plazas ó corrientes de seis y más calles, cruzadas en su mayor parte

por ferrocarriles y transitadas por hileras de wagones; fíjese vd. en

la profusion de árboles que formando calzadas hasta perderse de vista,

bordan, sombrean y dan hermosura á las calles. Observe vd., por último,

los muchos parques con frondosas arboledas, asientos y fuentes, lugares

perpétuos de recreo que alegran la opulentísima ciudad.

Estamos al fin en la Quinta Avenida: al Sur la limitan una plaza que

es la de Washington y corre hácia el Norte al lado del Parque Central,

más allá de la calle 59.

--No quiera vd. detenerse, me decia Manuel, en contemplar cada uno de

esos gigantescos edificios que nos salen al encuentro en tropel, porque

eso seria cuento de nunca acabar. Aquel es el Hotel Delmónico, ese otro

edificio el Manatan-Club.... más allá está vd. viendo Union-Club.

--No quieras llevarme por ese lado, Manuel, yo no quiero ir por ese

lado ni ver ese gran monumento frente á Hoffman-House, ni nada; me han

dicho que ese monumento es levantado contra mi patria; y mira, quisiera

morirme ántes que pisar esta tierra; me quema las plantas, me parece

que esas barras que tiene la bandera americana están hechas con nuestra

sangre, y que sus estrellas son la impresion de sus heridas abiertas, y

entónces....

--Es un gran monumento al general Worth.

--¿Cómo en la patria de Washington se levantan monumentos al robo y á

la brutal ostentacion de la fuerza? ¿Cómo se enseña la inviolabilidad

del derecho y se construyen columnas de honor á la más villana de todas

las violaciones?

--Pero, señor, el monumento no es á la conquista de México ni á su

mutilacion, es á un general que cumplió con su deber.

--Pues mira, quédate en tu plaza y resígnate, y déjame á mí con mis

pelados maldecir hasta la quinta generacion á todos los piratas y á

todos los conquistadores....

Yo no sé cuántas cosas seguí diciendo, hasta tocar casi en la Academia

de música.

La Quinta Avenida se extendia entónces á mis ojos en toda su hermosura.

La calle de ese nombre corta la ciudad en su más amplia extension. El

pavimento corvo es de adoquines, y las banquetas de seis á siete varas

de ancho, de losas tersas de color de pizarra, que parecen bruñidas, y

algunas tienen de largo el ancho de la banqueta.

La banqueta no pega en la pared sino que deja trecho en ella al piso

que corre debajo de la calle, con intersticios que guarnecen á veces

pulidos barandales de hierro: vense al través de ellas las ventanas

del _bassement_ ó último piso, con sus cortinas blancas, sus macetas y

muebles lujosos.

Las casas todas, uniformemente, sin una excepcion, por donde yo estaba,

son de esa piedra morena, entre morado oscuro y carmesí, tersa como el

fierro que llaman _brown-stone_ (piedra morena).

La parte superior de la fachada la componen ventanas con cornisas y

grandes cristales, ó arcos y columnas; pero el primero y segundo piso

tienen balconería corrida, más bien citarilla ó cenefa de hierro ó de

piedra con sus columnas, y en ellas macetones con flores.

De la banqueta asciende entre pasamanos calados de piedra, la escalera

que da á la entrada, donde la recibe elegante pórtico de dos ó cuatro

columnas estriadas, remedos del órden gótico ó corintio, y sobre el

pórtico se alza un balcon de la propia figura.

Y esas escaleras son tan iguales, y tan uniformes ventanas y pórticos,

que parece que un propio molde los hizo á todos, ó que todos se

calcaron y tornearon en máquina especial.

Ese pavimento, esas casas, esos cristales, corren por una legua, sin

más interrupcion que la de las iglesias de la misma piedra, cantería ó

mármol, con sus grandes ventanas ojivas, sus arcos góticos y sus torres

piramidales, rematando en delgadas agujas que penetran el horizonte,

coronadas con veletas, cruces ó pararrayos.

Es una calle opulenta y aristocrática; pero calle de frac negro y

silenciosa, como para asistir á los honores fúnebres de la opulencia. A

mí me pareció la gran penitenciaría de los millonarios. Es el banquero

taciturno, bebiendo en copa de oro y al lado de una mujer indiferente,

su Jerez delicioso.

Tiene de particular esta calle que no ha podido llevarse por ella

ninguno de los ferrocarriles urbanos, porque el empeño de los

especuladores no ha podido vencer la resistencia tenaz de los

propietarios de fincas.

Ya hemos dicho que la Quinta Avenida está interrumpida por opulentos

edificios, que son como excepciones de su monotonía. Salimos de la

Quinta Avenida por Madisson, y vagamos al acaso. Me iba diciendo Manuel:

--Vea vd. la Academia de Dibujo, que costó 175,000 pesos, obra del

arquitecto White: es un mal remedo de uno de los palacios venecianos de

la plaza de San Márcos; tiene el edificio 175 piés de frente; contiene

25 salones espaciosos de piedra y ornamento de mármol amarillento del

Ohio sobre la fachada.

--La arquitectura de ese teatro de Booth, me dijo mi compañero,

entrando en la Sexta Avenida, es como conato de renacimiento; su altura

se calcula en 70 piés: tres puertas al frente y varias á los costados,

dan entrada al público y se utilizan en servicio del teatro. En los

intercolumnios de la fachada se ven colosales estatuas representando

las notabilidades del arte dramático.

Dejamos á un lado el Teatro de la Opera, en la Octava Avenida y calle

23, para fijarnos en la Iglesia de la Transfiguracion, que con sus

accesorios presenta detrás de su enverjado de hierro, el aspecto de una

aldea tapizada de verde césped bajo las altas copas de los árboles.

--Ya vd. lo ve, decia Manuel, aquí puede aplicarse lo que vd. decia

sobre la total falta de idea, sobre la regularidad y la forma: esa

iglesia está hecha á pedazos, por secciones; ya adicionando la iglesia,

ya sembrando capillas á diestro y á siniestro, y sin embargo, es de

construccion moderna.

--He leido, dije, que tendrá unos catorce años, que se construyó siendo

rector el Reverendo Houghton, que dejó veneranda memoria.

--Unas veces parece en las calles, como decia Lancaster del Hotel de

San Cárlos de Orleans, que las obras comienzan de arriba para abajo;

otras, que ya se traen piezas hechas como cajones, y que amontonándose

unas sobre otras, se sale del paso; y otras, que se empieza la obra

con espacio y formalidad, bajo un órden severo de arquitectura, y

despues se acaba como se puede, como esos elegantes que vemos pasar

correctamente vestidos, y en materia de peinado y sombrero, son de lo

más descuidado del mundo. Vea vd. si no, me hizo observar, volviendo

por la Quinta Avenida, esa casa larga y angosta que tenemos al

frente. Es de mármol blanco; el primer cuerpo conserva las mejores

reglas arquitectónicas; esas columnas estriadas son de purísimo

órden corintio; los chapiteles están primorosamente cincelados. Esa

es la casa de T. Steward, el comerciante millonario: se llama la

habitacion-palacio, tanto así eclipsa á las demás su lujo; el edificio

costó, segun dice el vulgo, más de dos millones de pesos.

Cuenta la tradicion que despues de concluida la casa de régios salones,

de corredores espléndidos, de alcobas voluptuosas y de todo lo que

la lisonja ó la riqueza puede imaginar, quedó la casa inhabitada

porque una hechicera le habia dicho al dueño que moriria luego que se

mudase á ella. Nadie creyó en la brujería, excepto el amor, que es

supersticioso, y la casa estuvo sin habitarse. Al fin, mudáronse los

dueños: murió Steward á poco tiempo, y tomó proporciones de profecía

el cuento de la vieja, que en último resultado es una verdad de Pero

Grullo.

--Manuel, Manuel! esas son invenciones de vd.

--Será mentira, yo no lo niego, pero invencion no; porque como me lo

contaron os lo cuento.

No hubo forma de detener á Manuel en el Parque; no en la Catedral

Católica Romana, á medio hacer, que es un ensueño europeo como la

Catedral de Colonia, despertando los más poéticos romances de los

siglos XIII y XIV; no me atendió cuando al frente de la Sinagoga y á su

vista morisca, recitaba con entusiasmo trozos del _Moro Expósito_; no

me dió aliento frente al Instituto de Señoritas (Rutger Female Colege),

tan digno de estudio: quiso que nos detuviésemos frente al soberbio

y levantado muro que forma el depósito de aguas que surte la ciudad,

llamado _Depósito de Crottom_, porque en él desembocan los acueductos

que parten desde el Parque Central, distante seis millas.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo II · 第 71 / 94 题