Nueva-Orleans, Abril 10 de 1877.
Las generosas atenciones de mis compañeros y las bondades de Quintero,
atenciones y bondades que vivirán imperecederas en mi gratitud,
alejaron de mi alma aquel terrible eclipse en que se produjeron mis
dias negros. Desahogado el corazon, vendadas sus heridas, levantemos la
frente y empuñemos la péñola parlanchina.... pero que sea despues de
unos momentos de descanso. ¿No les parece á vdes., lectores queridos?