Quintero.--"El Picayune."--Hotel de San Cárlos.--Hoteles.--Calle de
Dumain.--J. Alcalde.
En el primer piso de nuestro hotel estaban los cuartos de Iglesias
y Gomez del Palacio; en una enmarañada contradiccion de puertas y
esquinas en más alto piso, yacia Lancaster al frente de su historia de
los Estados-Unidos, que consultaba frecuentemente.
Joaquin Alcalde, más elevado todavía, se escurria, se deslizaba y se
engatusaba en angostos corredores y oscuros tránsitos, saltando como un
aparecido, entre vericuetos y escaleras excusadas, y yo, vecino á las
nubes con horizontes de chimeneas, palizadas y tendederos de indignos
trapos, me fastidiaba de lo lindo, declarado protector y como rey de
las irlandesas, de los negros y de los gatos, que por aquellas tierras
son tan enamorados, perjudiciales y nerviosos como por las nuestras,
sin más diferencia que cierto miramiento con las ratas, porque cuando
se toman con ellas alguna libertad, sufren ejemplares escarmientos.
Antes y despues de la comida nos reuniamos con Iglesias; se hablaba de
historia, de literatura, de bellas artes.... y yo, que salí rudito y
desaprovechado desde mis más tiernos años, desertaba pian pianino, y
resultaba en las cuatro esquinas, poniéndome á discrecion del primer
capricho que se me viniera á las mientes.
No encontrar á José Agustin Quintero, me tenia sin vida.
Tomé mis medidas de modo que no se me pudiera escabullir, porque se
trata de un hombre extraordinariamente ocupado.
A la oracion, calle de Camp, redaccion del _Picayune_.... Era la
hora.... _Fidelillo_.... vamos allá....
Crucé la calle, anduve algunos pasos; un hervidero de muchachos que
salian saltando con sus _Picayunes_ escurriendo agua, fueron mi mejor
aviso.... Atravesé por entre la turba de desastrados muchachos,
pregunté en el mostrador.... un gestudo, sin distraerse de su quehacer,
me dijo: _up star_, es decir, _arriba_, y me embebí en una escalerilla
lateral, volada como franja de pantalon, y tan angosta que podria
guardarse en el cañon de una escopeta.
Como de costumbre, me perdi: subí al quinto cielo, me hallé con un
mundo de prensas, descendí más, y eran peines y componedores: abrí
una portezuela que bien habria podido fungir de tapon ó de válvula en
cualquier país civilizado, y héme de rondon en medio de mesas como de
billar, con papeles, tinteros, libros abiertos y todas las señales de
una actividad febril.
[Ilustración: