esposos las mugeres: ellas, como lo hemos dicho llevan consigo los
trabajos mas fuertes y dificultosos de su sexo. El varon, holgazan,
acostumbrado á que le ensillen el caballo, le maten el ganado para
comer, le den todo hecho, no piensa en buscar medios de industria para
entretener su familia. Algumos vimos quo se egercitaban en tegidos, y
las mugeres en disponer la lana, teger cosas ordinarias, y siempre
entretenidas con labores. Los Ranqueles no son de la misma especie que
la tribu Pampa. El varon, aunque igual al otro, no reposa en la
holgazaneria: las telas son su principal entretenimiento, con mas finura
y gusto que los demas. Las mugeres hacen lo mismo, y en su vida
doméstica egercitan los pesados trabajos de la otra tribu. Ninguna de
ellas llega al grado de civilizacion é industria de los Araucanos. Sus
telas finas las introducen á estos en cambio de ganados, y aun de las
suyas mismas. El Ranquel parece haberle heredado, (como familia que de
ellos recibe su orígen) el valor y la constancia para la lucha, pero no
sus virtudes, que los hacian recomendables en medio de su estado
salvaje. El Pampa, raza que recibe su orígen, al parecer, del occidente
de los Andes, se halla mas adulterado en sus costumbres que el anterior.
No tienen las virtudes ni el valor extraordinario de los primeros, ni la
constancia de los segundos. Son guerreros por naturaleza, pero no
valientes con orgullo como sus antepasados, y sus vecinos. Amigos del
robo mas que los otros, avaros sin cotejo, audaces y orgullosos en su
suelo, hipòcritas y humildes en el ageno, piratas en el comercio, y
desconfiados sin iguales. Los Ranqueles con muy corta diferencia tienen
las mismas cualidades: mas guerreros y sanguinarios, y de su valor hacen
fé sus acciones; ambiciosos, orgullosos è hipócritas como sus vecinos
los Aucaces: constantes en la pelea y en sus opiniones, hacen alarde de
cometer acciones horrorosas, y en la mezcla se distinguen por su
intrepidez: desafian en la lid mano á mano á sus adversarios, y se
desdeñan batirse con menor número que sus fuerzas, á no ser que sean
batidos. Gallardos y ágiles en el caballo, y de tallas regulares,
desnudos y pintados hasta medio cuerpo, se presentan en las líneas con
sus densos cabellos estendidos, que hace mas imponente y respetable su
figura.
Los Aucaces no egercen esas acciones particulars de valor, pero son
guerreros, aunque no en igual grado. Se presentan del mismo modo, y aun
podemos asegurar que son mas ágiles y poseen mejor el caballo que todas
las tribus: son mas sanguinarios que los Ranqueles, porque son mas
cobardes: cargan y cubren sus líneas con sus mugeres è hijos en estado
de cargar la lanza. En ellas sufren los contrastes á la par; y la muger
amable y sencilla (cualidad natural de este sexo) es sacrificada á sus
caprichos. Las Ranquelas son amables, y sus esposos no tienen esa
costumbre impropia que es tan comun en los Aucases. Estas dos castas
traen su orígen de los Araucanos: su idioma y costumbres son las mismas,
sin embargo de que el primero se halla algo adulterado.
Los Huilliches, tribu de distinta especie, son hombres con cualidades
diferentes de las otras dos. Estos no descienden de aquellos, y sí de
los Patagones: su talla es aventajada, su tez mas negra, su figura mas
noble. Habitan el pais que mas atras se ha descrito: son ágiles y bien
hechos, manejan el caballo en igual grado que los Aucases, son guerreros
é infatigables en la lucha, valientes con honor, no cometen esas
acciones degradantes, que afean á los demas: hospitalarios y afables,
constantes en sus amistades, amables en su vida doméstica, hombres de
bien, legales en sus tratos, é industriosos mas que todos. Sobremanera
orgullosos en la lid, pero virtuosos, dan cuartel al rendido: poco
avaros y nada desconfiados, su buena fé la ostentan en todas partes. En
la lucha se presentan del mismo modo que los otros, pero con turbantes
llenos de plumas; cargan las mismas armas, se pintan el rostro, y el
aspecto de sus facciones es el mas imponente. Sus mugeres tienen las
mismas calidades que sus varones. Su idioma es diferente del de las
demas tribus, sin ninguna diferencia de los Patagones: sus costumbres
son idénticas á las de las demas naciones.
El 18[63] á las 9-1/2 nos pusimos en retirada, despidiéndonos de toda la
multitud que antes de partir nos rodeaba. Nuestro amigo Antiguan se
dispuso á acompañarnos hasta las primeras sierras, y de allí retirarse.
Llevábamos con nosotros una comitiva de 100 personas con los indios
parientes que cada cacique habia reunido, con artículos de comercio, y
que debian ir en nuestra compañia. Un indio baqueano nos guiaba hacia la
Guardia del Monte. Con rumbo E 30° NE rompimos la marcha: á la 1-1/4
leguas encontramos una laguna, como de 900 varas de circunferencia,
llena de junco, buena agua, y de 5 á 7 pies de profundidad; fondo lama y
barro, su nivel poco menor que el del terreno. Mas al SE de ella, como
una milla, se halla otra pequeña de 300 varas de circunferencia, con las
mismas cualidades que la anterior: ambas estan cubiertas de elevadas
maciegas y pastízales en todos sus alrededores. En la primera contamos
15 á 16 toldos, en la segunda 5, pertenecientes al cacique Neculpichuí y
Chañapan, los que al paso saludaron á la Comision por despedida.
La poblacion de ambas lagunas se calcula de 300 á 350 personas, de las
que solamente 80 á 90 hombres. Con el mismo rumbo, y á 2-1/4 leguas del
punto de salida, se encontró otra á la derecha del camino, como á media
milla, de 350 varas de circunferencia: buena agua, llena de junco y
sucia, fondo lama y barro, y dos ó tres pies de agua; en sus orillas se
hallan cinco toldos pertenecientes al cacique Catrillan; el nivel de la
laguna es el mismo que el del terreno. La poblacion no pasa de 80 almas,
y de ellas 12 ó 14 hombres. En sus cercanias se hallan algunos médanos,
los mismos que pasamos antes á nuestra arribada. En sus inmediaciones se
encontraban algunos rodeos considerables, y su número puede ser
calculado de 12 á 16,000 cabezas de ganado vacuno. El caballar y lanar
pasa de 8,000, pertenecientes al mismo.
A esta distancia viramos al rumbo E 48° N, y en esta direccion caminamos
una legua, en donde encontramos una laguna sobre la izquierda del
camino, como de 250 varas de circunferencia: su nivel es el del terreno,
agua salobre, fondo barro y lama, dos á cuatro pies de agua, buenos
pastos á sus alrededores: á 2/3 de legua y con rumbo E 38° N, que
avanzamos de esta laguna, adelante, se encontró otra hermosa: su
magnitud una milla de circunferencia, figura irregular, buena agua,
fondo lama y arena, cuatro á cinco pies de profundidad, límpia y pastos
cortos en sus inmediaciones: el terreno blando tierra negra y húmeda.
Con rumbo E 39° N seguimos la marcha, y á 2-1/4 leguas de esta laguna
hicimos alto á las 6-1/2, en un pequeño monte de cardos sin aguada; pero
advertidos por el indio baqueano, se habia cargado la que se pudo en la
laguna anterior. Desde el momento de la salida hasta la parada llovió:
se hicieron 6-1/4 leguas de jornada, que resultan en línea recta 5-3/4,
desde los toldos del indio Antiguan hasta la parada.
El terreno transitado en esta jornada era bastante húmedo y horizontal,
sin ninguna diferencia de nivel: la tierra húmeda, negra y vegetal,
abundante de plantas y flores: pastos cortos y buenos, leña de cardo
bastante, la caza de ciervos, gamos, liebres y avestruces se
multiplicaba á nuestra vista sobre el horizonte: la de mulitas, zorros,
conejos, cuises, caranchos, peludos, zorrinos y perdíces, cubrian la
campaña, y el viagero no encuentra otras especies sobre su marcha que
esta prodigiosa multiplicidad, que en los desiertos sirve para el sosten
de los transeuntes y de los indígenas. De los cueros beneficiados de
zorrinos, zorros y liebres, forman grandes mantas, cuyo vello les sirve
para abrigarse de los rigores del pais que habitan; los benefician de
tal modo, que este artículo es apreciable en todas partes, y en los
estrados se sirven de ellos. En su idioma los nominan _quillanqús_, y
todos trabajan en este ramo, ya por su uso, ó ya para acopios que
permutan á la frontera.
El 19[64] á las 8 de la mañana, rompiendo la belada que cubria el campo,
nos pusimos en marcha: transitando por un campo horizontal y quemado. A
las 3-1/4 leguas del punto de salida, y con rumbo N 25° E, se encontró á
la izquierda del camino como tres cuadras, una laguna de 600 varas de
circunferencia; con barranca, agua regular, fondo barro y lama, dos y
tres pies de profundidad, cubiertas sus riberas de mostaza y duraznillo.
Aqui se cargó agua, porque mas adelante se nos advirtió que no se
encontraria. A las 2-3/4 leguas de este punto con rumbo N 18° NE
encontramos la huella ó camino que llevábamos á la ida. El objeto que se
proponia el baqueano al tomar el antiguo camino, era pasar por el mismo
paso de la sierra, y de allí dirigirnos á la Guardia del Monte. Nuestro
objeto era ciertamente diferente: pasar la sierra por otro punto mas
oriental y reconocerla, porque en este ya lo habiamos hecho. De aquí
hubiesemos perdido mucho camino, si así lo hubiesemos querido efectuar,
y no hubo otro remedio que seguir adelante. Desde el punto en que
encontramos la huella, transitamos por ella 2-1/2 leguas, haciendo alto
á las 5 de la tarde, por el mal estado de las cabalgaduras, fatigadas de
la jornada.
No se encontró agua en la parada, pero la habiamos cargada. A 2/3 de
legua mas adelante de la parada, se encontraba un pequeño juncal, en
donde la habiamos hecho á la ida, y cavado algunos posos igualmente.
Hicimos de jornada 7-3/4 leguas, que en línea recta resultan 7-1/4.
El terreno transitado era en partes tierra negra y blanda, y en otras
dura y gredosa, y la mayor parte de esta clase, y quemado recientemente.
Las mismas circunstancias del transitado en el dia anterior se
reproducen en este, respecto á caza y pastos, con la diferencia de ser
mas seco por su aproximacion á la sierra. Esta la vimos desde la parada.
El mogote principal de Limahuida, ó _Sierra Amarilla_ demora de nuestra
posicion al N 65° E. prolongando sus encadenamientos hasta el N 50° E.
Los dos cerros llamados de la Comision del Sud, demoraban al N 35° E. La
sierra del Curaco, al N 15° E, prolongando sus encadenamientos hasta el
N 5° O.
El 20[65] à las 8-1/4 horas rompimos la marcha por sobre la helada que
cubria el campo: la cerrazon de la niebla impedia ver la sierra próxima.
Partimos con rumbo NE, siguiendo la misma huella transitada: por ella
hicimos 2-1/2 leguas de jornada, y á esta distancia la dejamos,
siguiendo por el mismo rumbo á pasar por la abra de la sierra, á la
derecha de los dos cerros, dejando la huella antes citada á la izquierda
de ellos. A media legua de haberla abandonado, arribamos á una pequeña
laguna llena de junco, la mayor parte seco: tenia alguna agua, la
suficiente para que las cabalgaduras pudiesen refrigerarse, para seguir
adelante y arribar al rio Barrancas, en su nacimiento en la Sierra de
Limahuida, el que no distaba mucho de la laguna. Esta tenia como 700
varas de circunferencia, y en un nivel igual al del terreno, cubierta de
juncales y maciegas, y sin agua: era un terreno húmedo y tierra negra,
blanda y vegetal: bastante leña de duraznillo y cardo se encontraba en
sus alrededores.
A las 12 seguimos la marcha con el mismo rumbo, y á las tres leguas
arribamos à la ribera occidental del arroyo Barrancas, el que pasamos, é
hicimos alto en la ribera opuesta para pasar allí la noche. El terreno
transitado en la Jornada ha sido diferente en partes: las 2-1/2 leguas
primeras, hasta la laguna descrita, fueron por un suelo blando, hùmedo,
tierra gredosa y pastos cortos: las tres restantes mas próximas á la
sierra, de calidad diferente, buenos pastos, terreno sòlido, tierra
negra, dura y gredosa arenisca. En la primera distancia el terreno era
horizontal, y en la segunda lleno de sinuosidades y diferencias de
nivel, y muy seco. En el arroyo Barrancas no fueron descritas algunas
observaciones que hemos hecho á nuestra vuelta.
La premura del tiempo, cuando levantamos el plano de este parage, no nos
permitiò dar algunos detalles particulares de él. En él se espresan sus
vertientes, curso, sinuosidades, &c., &c. que fueron entonces
determinadas. Ahora añadiremos una descripcion mas detallada.
Nace de la parte occidental de la sierra Lima-huida, ò _Sierra
Amarilla_, allá donde su ramificacion parece que se pierde en el
desierto occidental. Una pequeña fuente es su orìgen, y esta se aumenta
progresivamente hasta formar un cauce de seis á siete varas de ancho:
corre desde su orígen de SO à NE, con corta diferencia, paralelamente à
la ramificacion de la sierra de donde nace, serpenteando por sus faldas,
y formando sinuosidades pintorescas en todo el curso, por un terreno
bastante quebrado, al pié de los montes que forman el seno. Pasa entre
barrancas de cuatro à ocho pies de altura, con algunas maciegas en sus
bordes: su terreno duro, la tierra colorada y gredosa, pastos cortos y
regulares, su agua esquisita, y cubierta de zarzas en su superficie, su
profundidad 4-1/2 à 7 pies; su piso tosca y lama: no da vado en todo su
curso, sino en ciertas partes conocidas por los indígenas transeuntes, y
el punto principal es por donde lo efectuamos: la velocidad de sus aguas
fuè reconocida: en 20" de tiempo recorria un cuerpo el espacio de 32
pies, en una hora 96 pies; lo que equivale en 1^h à 5,760 pies ó 1920
varas: su velocidad estaba, con muy corta diferencia, en la misma razon
que las de los arroyos de la Sierra de la Ventana.
La velocidad de las aguas de este arroyo, reconocida en su desembocadura
al de las Flores, fuè calculada en 2,340 varas en una hora. Resulta,
pues, una diferencia de la observada en su orìgen, de 420 varas menor
que aquella, recorriendo en este punto 1,920 varas en una hora. Esta
diferencia proviene de la mas ò menos diferencia de nivel de la
superficie del terreno que recorre, y del caudal de aguas que se
precipitan. Parecia natural que en su orìgen fuera mayor la velocidad
del cuerpo arrojado en su superficie, pero el resultado demuestra lo
contrario: es decir, que el nivel del terreno que mas abajo recorre,
antes de su desembocadura, es mas elevado y de mas sinuosidad en su
superficie.
Este arroyo, por informaciones contestes de los baqueanos é indios, es
el que se llama _Tapalquen_, que desagua en el arroyo de las Flores, y
cuya desembocadura fué reconocida à nuestro paso por dicho arroyo,
distante dos leguas al NE de él. La direccion de su curso es aquel mismo
rumbo, y antes de desaguar en aquel arroyo se pierde en cañadas ò
bañados, y en forma de tal desagua, transitando por anegadizos y grandes
cañadas que se le unen, y forman un cauce estenso que aumenta
considerablemente el de las Flores.
Con estos datos, facil era determinarlo, y tener unas noticias bastante
exactas desde su orígen hasta su desagüe. En la carta general se hallan
determinados ambos estremos y lo reconocido, quedando la parte
intermedia trazada, y que manifiesta no haberlo sido.
Se nos aseguró que mas adelante se le unia otro arroyo, que nace de la
parte elevada y mas oriental de la Sierra Amarilla, el que debiamos
pasar al dia siguiente de la parada[66]. En la ribera de este arroyo
demoraban los dos cerros llamados de la Comision, al ONO como una milla.
El de la Sierra de Curacó al NO, prolongando sus ramificaciones hasta el
NNO: el mogote, ó cerro principal de la Sierra Amarilla al ESE,
estendiendose al SE y al NE un pequeño mogote, al que llaman los
naturales Pichimauida, ò _Sierra Pequeña_.
El 21[67] à las 8 nos pusimos en marcha con rumbo NE. La mañana estaba
fria y cerrada. Con este rumbo costeamos el arroyo Barrancas, y
determinamos sus diferentes sinuosidades, y demas detalles de su curso.
A las 3-1/4 leguas que avanzamos, costeando el arroyo, encontramos con
los mogotes de la sierra llamada Pichimahuida: pasamos, dejàndola á la
derecha, como 1/2 cuadra por sus faldas. Los dos pequeños mogotes que la
forman, y á cuyas faldas pasa el arroyo, son de figura irregular, y de
poca elevacion: el primero tiene 115 pies de altura, y el segundo 157:
el primero se halla con el segundo, enfilados ambos al NE: del uno al
otro hay mas de 1,000 varas: ambos se unen por sus faldas, formando un
arco cóncavo: el primero es accesible por todas partes, y tiene en su
pequeña cima algunas piedras de gran magnitud, y por todas sus faldas
esparcidas otras menores: el segundo es accesible por algunos puntos, y
en los demas escabroso, y de un acceso muy dificil. En su cima ó meseta,
como de 50 varas, de figura irregular, se encuentra agua, depósito de
las lluvias que se conservan en una pequeña fuente: en toda su
superficie, se encuentran igualmente piedras de mucha magnitud: en sus
superficies no hay pastos: una sola yerba es la que cubre la de todos
estos montes, asì como el de la Ventana, llamada _yerba de la piedra_,
la que tiene algunas aplicaciones en la medicina.
Desde las cimas ó alturas de ellos se disfruta una pintoresca
perspectiva de todo el seno, y de las sierras. En el mismo paralelo de
su situacion, se halla un pequeño morro á la ribera opuesta del arroyo,
transitando este por medio de la pequeña sierra y de aquel: tiene de
altura 29 pies, y todo él inaccesible, compuesto de piedra viva, que
forma un torreon cilíndrico: el diametro de su base es casi igual al de
su cùspide: tiene este 14 pies: dista del cauce del rio como 400 varas,
situado en un terreno desnivelado y lleno de sinuosidades, las que
fenecen à muy poca distancia de su plano: lo mismo sucede con
Pichi-mahuida. De la cima del mogote principal de esta, demoraba la
parte mas elevada de la de Lima-huida al SSE: los cerros de la Comision
al OSO: la parte principal de la de Curaco al O. Desde esta altura se
descubriò un mogote al ONO, en seguida de la parte mas boreal de esta
ùltima sierra, bastante confusamente sobre el horizonte, al que los
naturales dan el nombre del Cairù:[68] su elevacion no parecia exceder à
las demas. A su pié se extiende la hermosa Laguna Blanca[69].
En la falda de la Sierra Lima-huida se encontraron algunos cadáveres,
medios enterrados, al parecer de indìgenas, y algunas otras sepulturas
que demostraban la existencia de otros muchos. No pudimos averiguar, de
los naturales que nos escoltaban, cual era el motivo de encontrarse allí
aquellos cadáveres. Uno de ellos, bastante racional, nos informò, que
hacia algun tiempo que aquellos cuerpos habian sido sepultados: que
antes de la expedicion del año 21, cuando los naturales habitaban estas
comarcas, era aquel lugar enterratorio de los indios, y que así habia
quedado, habiendo sido abandonado por los poseedores de aquel pais, que
de aquel modo honraban las cenizas de los que morian, preservando sus
cadáveres de ser alimento de las fieras. La informacion no dejó de
hacernos conocer un acto de humanidad, y una costumbre piadosa, á pesar
de encontrarse en ellos varias otras que no debieran oirse sino con
horror. Esta costumbre la conservan desde tiempos atras. En la Sierra de
la Ventana, en una de sus concavidades intransitables, está uno de estos
depósitos ó enterratorios: no lo vimos, ni tampoco sabiamos el lugar.
Una legua mas adelante de la Sierra Pichima-huida, con el mismo rumbo,
hicimos alto en la ribera del arroyo que costeabamos, á 4-1/4 leguas de
la salida, con objeto de descansar y seguir adelante.
A las 2-1/2 de la tarde seguimos con el mismo rumbo, y á 1-1/2 leguas
encontramos una cañada, que corriendo de SE á NO, desagua en el arroyo
al cabo de cuatro á cinco cuadras de curso con un cauce pequeño. A 1/2
legua en seguida se encontrò sobre la costa del arroyo una laguna de
6,000 varas de circunferencia; buena agua, llena de junco, su nivel el
del terreno: accesible por todas partes, y en un terreno húmedo: su
profundidad no excedia de cuatro à seis pies, su fondo lama y barro,
alguna leña en sus alrededores y buenos pastizales. A media legua, en
seguida, se encontró un juncal de las mismas calidades que el anterior,
y de igual magnitud. De este, à media legua adelante, hicimos alto en la
costa del arroyo, y con el mismo rumbo, con objeto de pasar allì la
noche. Se hicieron 7-1/2 leguas de jornada en línea recta.
Las calidades del terreno transitado han sido diferentes. En la
distancia, desde el punto de salida hasta la Sierra Pichi-mahuida, es de
una calidad semejante al descrito anteriormente: desnivelado y duro,
tierra gredosa y seca, pastos cortos y regulares. En la otra, desde la
pequeña sierra hasta la parada, fuè diferente: pastos cortos y
regulares, tierra negra, blanda y húmeda, terreno horizontal y sin
sinuosidades, húmedo y muy blando. En tiempo de aguas debe ser un bañado
intransitable. El arroyo no forma barrancas, y su nivel es igual al del
terreno. Sus aguas salen de su centro, y se esparcen por la campiña.
Al fin de la jornada vimos sobre el horizonte, cuando se hallaba mas
despejado, un mogote que demoraba à mucha distancia y mas allá de la
Sierra Lima-huida, en donde se pierde su ramificacion en el oriente, y
parece que se acaba la cadena de sierras, que forman una abra con este
otro monte elevado. Demoraba al S de la parada: los naturales la nombran
Sierra de Huellucalel, y se nos asegura, (á mas de haberla reconocido un
sugeto respetable) que el Arroyo Azul nace de este morro, corriendo
paralelamente al nombrado Torralñelu, Chapaleofù y Tandil, reconocidos
en la expedicion que se efectuó el año 20.
Todos corren de este modo, hasta sepultarse en el vasto bañado ò estero
que, paralelamente al curso del Salado, se forma al sud, à 16 y 20
leguas de distancia.
El 22[70] nos pusimos en marcha à las 9-1/2 de la mañana, à pesar de la
densa niebla que cubria el horizonte. Abrimos la jornada con rumbo NE,
costeando siempre el arroyo Barrancas. A 2-1/2 leguas con este rumbo
encontramos tres lagunas de diferentes magnitudes: la primera de las
tres formaba un triángulo rectàngulo, unidas por un bañado: su agua
salobre, llena de junco, accesible por varias partes: cuatro y cinco
pies de profundidad: su fondo lama y barro: alguna leña de duraznillo en
sus alrededores: situadas en un terreno hùmedo, ó mas bien bañado:
crecidas maciegas las rodean.
La mayor, que forma el vertice del triàngulo, y que se halla à la
derecha del camino, tiene 450 varas de circunferencia, las otras dos,
situadas à la izquierda, son de 360 á 380 varas. Su nivel es el del
terreno. Distan unas de otras de 1-1/2 á 2 cuadras, encadenadas por
algunas fuentes de buena agua. A la media legua mas adelante se encontró
otra de 400 varas de circunferencia, y con las mismas calidades que las
anteriores, sin ninguna diferencia. A 1/4 de legua mas adelante, y con
el rumbo anterior, apartàndonos mas de dos millas del arroyo que
costeábamos, encontramos otro que parecia unírsele á muy poca distancia.