Al dia siguiente 11[53] el cacique Lincon comunicó á la Comision que iba

á remitir un chasque al cacique Neclueque, dándole cuenta del resultado

de la asamblea, y que, si aprobaba lo resuelto, podia prestar el auxilio

que creyese por su parte ser suficiente: para que, reunido al que él

daria y los demas de su departamento, la Comision marchase bien

escoltada, sin necesidad de pedir auxilio, ni de remitir chasques que

causarian una demora considerable. Que la Comision, guiada por buenos

baqueanos, extraviaria camino por diferente rumbo del que habia traido,

para burlar de este modo la astucia de los enemigos, y salir á otro

punto mas á la costa de la frontera, pues que se repetia que los

enemigos se dirigian á atacar á Navarro, Lobos y Areco, y que

retirándonos á la Guardia del Monte no habria nada que temer. Con el

resultado de la mision que esperamos al dia siguiente, creimos ponernos

en movimiento, aunque no muy fiados en la custodia prometida.

El dia 12[54] por la mañana llegó aviso del cacique Pichiloncoy, que se

hallaba muy malo de hemorragias de sangre: que esto le impedia poder

acompañar y auxiliar á la Comision; que supiese que era amigo del

Gobierno y de la paz: que tendria la satisfaccion de visitar á la

Comision en Buenos Aires cuando se mejorase. Mandó pedir un remedio para

su mal, y temiendo las funestas consecuencias que de su aplicacion

podian haber resultado, nos abstuvimos de remitirselo. El chasque era un

hermano suyo, y este debia llevar consigo al cacique principal, Lincon,

para presenciar la enfermedad y su muerte, que segun sus pronósticos

estaba cerca, y para que á su vista se le aplicasen los remedios, y se

egecutasen otros misterios que en estos casos acostumbran. El cacique se

marchó á las 10, despidiéndose de la Comision y llevàndose consigo una

escolta de 4 soldados con armas y municiones, para escopetear al

_gualicho_ en casa del enfermo. Prometió volver á la noche, no obstante

que los toldos del cacique enfermo se hallaban 5-1/2 leguas al E,

situados en una hermosa laguna[55]. Lo acompañó nuestro Antiguan, el que

habia permanecido con nosotros desde que supo el movimiento de los

enemigos: en la reunion habló á todos los caciques con energía, à favor

de la Comision; y con el chasque, que se le remitió al cacique

Neclueque, le mando decir, que sabia el mal concepto que habia formado

de la Comision en asunto á las alhajas de plata &c., &c. que le

imputaban se usurpaba, por no entregárselas: que si queria informarse á

fondo hablase con él que le desengañaria, para que otra vez tuviese mas

política, y no fuese tan embustero: que él habia acompañado á la

Comision, y que sabia todos los artículos que se habian embarcado para

la expedicion, y que no habia descubierto jamas esa mina que suponian.

Tuvimos un gran placer en tener este bravo amigo en nuestra compañia: él

protestó á la Comision, que no la habia acompañado en su viage á los

Ranqueles por la enfermedad de su muger y otros inconvenientes que habia

tenido, pero que su hermano el cacique Huilletrur lo habia hecho en su

defecto.

A las 4 de la tarde arribó el chasque enviado, con la contestacion del

cacique Neclueque: nuestro protector no estaba por recibirla, pero el

chasque informó á la Comision que el cacique Neclueque aprobaba por su

parte todo lo obrado en la reunion: que se habia hallado sobresaltado en

los sucesos acaecidos, temeroso de la suerte que correria la

Comision:[56] pero que al saber se hallaba hospedada por el cacique

Lincon, se habia calmado. Que no tuviese cuidado ninguno, que sabia

positivamente que las divisiones que habian salido á hacer incursiones,

se dirigian á la frontera: y que la que se habia dirigido á hostilizar á

la Comision, habia mudado de plan, dirigiéndose á la Guardia de Navarro:

que en todo el camino no habia novedad ninguna: que algunas partidas de

su gente arribarian al dia siguiente para acompañarla: que se hallaban

demoradas á causa de lo anunciado, pero que todas irian con sus

artículos de comercio á acompañarla: que el cacique Lincon la auxiliase,

y lo mismo todos los demas, no haciendo demorarla mas tiempo. Otros

avisos justificaron este aserto, que al principio dudàbamos que

encerrase un ápice de verdad: pero nos desengañamos, que por esta vez

habia hablado la verdad, à pesar suyo, este hipócrita; y ciertamente lo

contrario hubiese sido, si sus intereses no le hubiesen impulsado á

hablar de este modo. Las partidas de comercio que prometió mandar,

cargaban precisamente sus efectos, que tenia necesidad de mandar á la

permuta á la frontera.

El 13[57] arribó á las 11 del dia Lincon: se dió cuenta de lo ocurrido,

y resolvió tomar las medidas de precaucion para efectuar nuestra

retirada en virtud de la respuesta del cacique Neclueque: al efecto,

impartió órdenes de convocatoria para una reunion á todos los caciques,

dando cuenta de lo comunicado por el cacique Neclueque, y que nosotros

nos pondriamos en marcha el 15, hácia la laguna en donde tuvimos los

primeros tratados, y recibir el auxilio que allí reunidos los convocados

acordasen prestar, mandados por sus capitanes ó indios parientes ó

principales; á lo que accedió la Comision de conformidad.

A las 12 llegó otro chasque del cacique Neclueque, ratificando lo que

anunció en el primero: que los Ranqueles no tenian miras hóstiles contra

la Comision: que su principal objeto era atacar la frontera del

Pergamino y Areco, á donde se dirigian, capitaneados por desertores y

trásfugas de Carreras, á las órdenes de un tal Curado chileno, capitan

de una compañia de la division de este. El cacique remitió al Coronel

comisionado un sable que este le habia hecho presente, porque era de

baina y puño amarillo, puesto que no podian usar nada de oro, si no de

plata, y que en consecuencia le remitiese otro de este metal. Estrañamos

este paso, y mucho mas que luchase el fanatismo y credulidad de estos

hombres contra el interes, que por observaciones constantes habiamos

creido era la pasion mas dominante que los caracterizaba. El sable era

lucido, y despreciarlo por conformarse á los hábitos de sus padres, nos

hacia conocer que eran los mismos hombres de ahora 300 años, que

inmolaban víctimas en las hogueras, cuando faltaban de cumplir los

misterios que todos juntos no forman un dogma: sabemos positivamente que

aun se inmolan las adulteras, los asesinos, &c., &c. A cualquier cosa

dorada ó de oro le atribuyen ciertas supersticiones de un mal agüero que

aquel metal lleva consigo, y le desprecian por esta razon, mirándolo

como el ínfimo de los metales. La plata nó: todos los indígenas la

cargan en los adornos, chapeados y espuelas, en sus caballos: y

cualquiera cosa de este metal es apreciada por ellos. La causa y orígen

de esta distincion no sabemos de donde proviene. Otra particularidad se

nos refirió por uno de los soldados de la escolta que acompañó al

cacique Lincon á los toldos del cacique enfermo Pichiloncoy: que

habiéndose hecho la misma ceremonia que á todos los enfermos se hace,

para espantar al génio del mal ó _gualicho_ que se halla á las

inmediaciones del doliente, como lo hemos esplicado anteriormente, no

surtió efecto por mas que cortaron, lanzaron y corrieron todo el dia;

mucho menos los tiros y descargas que se tiraron por los soldados: y

hallándose malo el enfermo, consultaron al médico _Machis_, ó agorero

(como ellos llaman) á indagar con sus inspiraciones quien habia tenido

la culpa, ó cual era la causa que el _gualicho_ se hubiese acercado á

sus habitaciones, y puesto en aquel estado á su cacique. El agorero

dijo, que los cristianos que habian llegado, eran los que lo habian

traido, y que estos tenian la culpa de su muerte. Nos esplicaremos: la

suma de todo mal es conocido; el motor de esta causa es el que se

ignora, y es el que se trata de averiguar, porque creen que es el que ha

influido en hacer aquel estrago.

Los sacerdotes, ò _Machis_, son los encargados de descubrir este

misterio, y generalmente son los hombres ó mugeres mas ancianas y de mas

opinion entre el vulgo. A su arbítrio queda decir _Fulano_ ó _Sutano_

tiene la culpa, y entonces todos los parientes y vasallos se arman, y lo

asesinan ó lo queman, haciendo lo mismo con sus mugeres, hijos, y

ganados ó haciendas que tenga. Si por casualidad hay algun indio mal

visto ó mas pobre, ó algun otro que haya tenido alguna desavenencia con

el difunto, ese es el que padece la pena irremediablemente. Con el

cacique en cuestion habia habido un antecedente que venia á propósito

para el pronóstico del indio _Machí_. Este cacique la noche del 3 habia

tomado una furiosa tranca con los caciques sus compañeros y los indios

del cacique Neclueque: se mojó en seguida, y resultó la enfermedad

mortal. Bastante enfermo se retiró à sus toldos desde esta posicion: la

enfermedad se agravó progresivamente, hasta que lo puso en aquel estado.

El aguardiente era regalo de un pequeño barril de dos frascos que la

Comision habia hecho al cacique Neclueque, y de este era el que habia

recibido el cacique enfermo: con estos antecedents el _Machí_ dijo, que

los cristianos habian traido el _gualicho_, y que ellos todos eran causa

de la muerte, que por instantes se aguardaba. Felizmente el cacique no

murió con la aplicacion de varios remedios que le hicieron los soldados

de la escolta apurados con el dictámen del _Machí_, y temerosos que se

muriese, y se llevase á debido efecto la egecucion de la hoguera,

inventaron cuanto remedio habia para salvarle. Por fortuna nuestra uno

dió con la tecla, que hizo bostezar al cacique en cuestion, porque en

aquel caso cuando se trataba de hoguera, discurrian como unos sábios los

remedios que pudieran ser aplicables á la enfermedad. Se mejoró el

hombre, y nosotros nos libertamos de ser quemados sin remision. ¡Que

bárbaros! Hubiera sido ciertamente un caso particular, y un fin

memorable el de la Comision del sud, al cabo de sus tareas y trabajos,

ser quemados por la inquisicion de las tribus de indios. Se hubiera

llevado á debido efecto la sentencia, si muere el doliente, porque

sabemos de otros casos particulares, en donde han asesinado y quemado á

los que los infernales _Machis_ les ha dado la gana de acriminar. Uno,

ciertamente particular, acaeció el año pasado á la muerte del cacique

Calueque, hermano del célebre Neclueque. Lo esplicaremos en la memoria

sobre las costumbres, religion, &c., &c., que seguirá á esta obra.

La muger mas antigua del cacique Pichiloncoy debia ser enterrada viva

con su marido, porque es costumbre que los caciques que mueren, lleven

una muger, todos sus bienes, haciendas, armas, alhajas, &c., &c.: la

razon es, porque creen que el hombre que deja de existir en este mundo,

vá á existir á otro imaginario, y para que no lo pase solo, le dan la

muger, y todos sus demas bienes, para que transmigren á otro pais en

donde van á existir segunda vez: creen como uno de los dogmas mas

respetables de su creencia, _la transmigracion de las almas_.

La china, muger de Pichiloncoy, ya se habia preparado para hacer este

viage con su marido, y acomodado todo su equipage para su marcha. Oh!

costumbres bárbaras, azote de los hombres y de la prosperidad de los

paises!

Por esta razon la poblacion de estas tribus no se presenta con su

incremento proporcional, que desde la conquista debia haber inundado

esta vasta region, y cuyas consecuencias nos hubieran sido fatales. La

práctica de esas costumbres horrorosas es la causa del descrecimiento de

su poblacion. Por un cálculo prudente, en una poblacion de 10,000 almas

que reproduce 1,500 al año, entre estas hordas mueren mas de 1,200,

quedando solamente 300 de aumento; de donde resulta que al cabo de 38 á

40 años se duplica la poblacion. Esta causa no es el único obstáculo á

su progreso; la guerra los asola entre sí en las contiendas civíles, á

mas de las exteriores, en donde continuamente sufren algunas pérdidas en

sus incursiones. Es verdad que su poblacion la han aumentado con la

nuestra, una duodécima parte mas de la que tienen: pero este aumento les

dura muy poco, la vida diferente y mortificada que sufren los cautivos,

los hace sucumbir bajo el peso de los trabajos, ó fugan, cuando ellos no

los enagenan en el comercio interior de esta clase de esclavos. En el

dia conservan muchos, pero este es un censo casual, y fácil de

desaparecer.

Si con este lento progreso en su poblacion, sentimos la influencia

funesta de sus insursiones ¿cuales serian los males que

experimentariamos, si su poblacion no fuese interrumpida por aquel mal

devorador, y que por fortuna de la humanidad tiene lugar en sus

sociedades? Las costumbres en todas las tribus son las mismas, y

observándolas con rigor, todas sufren el azote de su preocupacion. El

Ranquel y Huilliche, con génio é idioma de distinta especie, profesan

unas mismas costumbres, y se nos asegura, que entre los segundos hace

mas estragos la observancia de sus prácticas que en las demas, por la

austeridad con que lo hacen, con relacion á su índole y vida doméstica.

El 14[58] se despachó con el chasque, que aun no habia salido, la

contestacion al cacique Neclueque: que la Comision agradecia la parte é

interes que habia tomado en favor de ella, como una prueba que garantia

su conducta de toda calumnia, y un acto consecuente á lo pactado: que

los disidentes serian castigados por el Gobierno, prohibiéndoles su

tráfico y comercio con la provincia: que estos los habian de obligar á

hacer la paz, y que entonces se la negarian, y que les pesaria aun mas

haber persistido en su tenacidad, poniéndose toda la gente en armas para

castigarlos: que si observaban con él una conducta análoga á sus

sentimientos, los despreciase, y si queria vengarse, pidiese auxilio á

la provincia: que esta se los franquearia, consecuente á la amistad que

reinaba: que ya era tiempo que desplegasen su energia, y pusiesen todos

sus recursos en planta, para vengarse de sus enemigos que habian talado

sus campos repetidas veces, robando impunemente sus haciendas: que

recordasen los motivos que tenian para no ser indulgentes con sus

enemigos, y que obrasen en union; y resolviendo darles un golpe, lo

comunicasen al Gobierno para que les prestase los auxilios que pidiesen.

Se agregó, que se le remitirian todos los encargos que habia hecho

incontinenti á la llegada de la Comision.

Se dispuso todo para emprender nuestra retirada, defiriendo la reunion á

la laguna, en donde debiamos pasar hasta el 16.

La pacífica gente de esta poblacion, que nos habia hospedado mejor que

ninguna, no nos incomodó en lo mas mínimo todo el tiempo de nuestra

morada, como lo habian hecho otras bien gobernadas.

Observamos en nuestras paradas en las poblaciones, que los naturales se

egercitaban en algunos juegos gimnásticos, como la caza á caballo de

ciervos, gamos, &c., la lucha, las carreras, el _pilmatum_, juego

particular, que merece describirse.

El _pilmatum_ es un juego semejante á la lucha: para presentarse á la

palestra, se desnudan ocho ó diez jóvenes los mas gallardos y mas

aguerridos en ella, forman bandos de cuatro y cinco de parte á parte:

describen una circunferencia de cuatro varas de radio, marcándola con

rayas ó lazos para no traspasarla. En el centro se colocan los

lidiadores, formados ambos partidos á 1/2 vara, cara á cara. Uno de

ellos tiene una pelota en la mano: este la arroja con violencia sobre el

cuerpo de su contrario: este la recibe, y la dirige sobre otro enemigo

distinto de él que se la dirigió primero; este la recibe, y con fuerza

la arroja sobre otro del partido opuesto: así es que este continuo

movimiento para no perder la pelota, lo egecutan de un modo pronto y

agil: cuando recibe uno el golpe en cualquiera parte del cuerpo,

corresponde al mismo ó á otro del partido opuesto con igual tiro: si

alguno no acierta al contrario, pierde cierto número de tantos; y si no

corresponde con la pelota al recibir el golpe, ó la deja caer en tierra,

pierde igualmente cierto número de tantos: si alguno traspasa el límite

descripto, pierde igualmente un número determinado; y un cierto número

de pérdidas completa una partida, á la que juegan intereses de ambas

partes. Si la pelota cae acaso en tierra, lidian luchando para tomarla

primero ambos partidos, porque ganan una corta cantidad de puntos: en

estas luchas arrancan con las uñas, que al propósito se las dejan

crecer, algunos pedazos de carne de los contrarios para conseguir la

pelota. Era ciertamente singular la perspectiva de este juego: la

hermosura de la juventud lidiadora, su agilidad, destreza y viveza,

proporcionaba un rato de diversion. El partido que gana recibe su premio

en especies de plata, telas ú otras cosas que apuestan; y recibe por

conclusion música y festejos de los mirones. La música que gastan son

flautas de cañas, arcos de cerdas con cascabeles, en forma de violines;

y para la pelea, trompas de cuerno, y bocinas de tonos tristes.

La Comision dió cuenta de lo acaecido por otro oficio al Gobierno, desde

lo resuelto por la junta hasta lo nuevamente acordado, con noticia del

dia de su marcha, y de no haber necesidad del auxilio que en el primero

se pedia. Todos estos oficios los teniamos detenidos hasta tener

oportunidad de remitirlos.

El 15[59], á las 12 del dia, nos pusimos en marcha á la laguna llamada

de las Tratados, por haber sido allí la primera reunion general. El

cacique Lincon y toda su tolderia nos acompañaron cerca de media legua.

Su cacique y demas se retiraron á sus casas, ofreciendo éste arribar al

dia siguiente á nuestra parada para acordar, con los que se reuniesen,

el auxilio que debia acompañarla, que allí se dispondria de la Comision

por última vez. Mientras tanto, toda la poblacion nos abordaba para

despedirse, y deseándonos un viage feliz se retiraban, llenándonos de

adioses.

Con rumbo E 1/4 S, caminamos 3-1/2 leguas, hasta las 4 de la tarde, en

que paramos en la misma posicion anterior. En las márgenes de la laguna,

en que antes existian cuatro toldos, á nuestra vuelta encontramos

veintidos. La poblacion del cacique Ancaliguen se habia trasladado de la

posicion que ocupaba, por haberse secado la laguna en cuyas riberas

habitaba.

Al dia siguiente, 16[60], aguardábamos los caciques que debian reunirse

para determinar nuestra partida. Mientras tanto, teniamos en nuestro

campo toda la turba de indios y mugeres de las poblaciones vecinas, con

sus acostumbradas petulancias. Nuestros víveres ya estaban en mala

situacion para obsequiar: los recursos se habian concluido.

A las 11 se reunieron en nuestro campo todos los caciques invitados que

asistieron á la reunion anterior, presididos por el cacique Lincon. Hubo

felicitaciones, y en seguida el cacique Avouné habló en nombre de sus

compañeros, sobre algunos puntos particulars que el dia de la reunion no

habian tenido ocasion de considerarlos.--Que no podia menos que repetir

sus solicitudes tantas veces indicadas en las anteriores juntas, sobre

el buen trato que demandaban en la frontera y capital para sus indios.

Recordó el cacique los robos, insultos, &c., &c. que decia habian

recibido repetidas veces por los comandantes y paisanos. Se remontó al

siglo pasado para comprobar con antecedentes la causa ú orígen de este

mal. Hizo ver con los mismos sucesos el mal estado de la policía de la

frontera, quedándose las partidas de tráfico muchas veces sin tener como

efectuar su retirada, por la pérdida de sus cabalgaduras, y muchas mas

las que tenian que vender sus efectos, no á los precios corrientes, sino

al que la codicia de los comandantes ó corraleros les imponian,

sacrificando de este modo los intereses, cuando no experimentaban

mayores males: que pedian á la Comision hiciese esto presente al

Gobierno, y se estableciese el órden en este ramo, castigando a los

delincuentes. Que exigian igualmente que sus chasques ó enviados no

fuesen detenidos tanto tiempo sin poder hablar al Gobierno cuando

arribasen con embajadas: que este desprecio que hacian de ellos querian

que se reformase, y se les tratase como á amigos; mas que estas demoras

los perjudicaba en sus intereses: que repetian segunda vez, como base de

lo pactado, que todas las estancias y poblaciones que estuvieren

situadas al otro lado del Salado, se retirasen, en el término de un año,

á la parte opuesta, dejando todo el terreno á sus poseedores (la tribu

pampa): que este acto sellaria una paz duradera: que de lo contrario

seria inevitable el rompimiento de la guerra, si no se cumplia lo

pactado en el término prefijado.

Esto mismo se acordó en los artículos estipulados en la reunion general,

como lo digimos. ¿Puede acaso tener lugar esta peticion?.... Es menester

que nos convenzamos y conozcamos, lo que debemos hacer.

Convinieron los reunidos en seguida, que auxiliarian, cado uno con una

pequeña partida, ó algunos indios de los parientes de cada cacique, para

que la acompañasen, no siendo necesario mas auxilio, porque no habia

necesidad de él: que el camino estaba bueno, y que debiamos dirigirnos á

la Guardia del Monte, estraviando rutas por precaucion: que los indios

de los otros caciques no se reunirian hasta dos ó tres dias, porque

tenian que prepararse para el viage: que en este intermedio

adelántasemos camino, y que nos alcanzarian. Así se resolvió, y marchar

al dia siguiente á los toldos del capitan _cona_ á aguardarlos, y de

allí partir sin detenernos.

El cacique Lincon reiteró de nuevo su amistad con sus brazos en el

cuello del Comisionado. Su sensibilidad se dejó ver en este acto: dijo

por último, "que habia completado la obra de proteccion que desde el

principio se habia propuesto: que sentia un placer interno que lo

lisonjeaba, haber servido á un amigo antiguo, y á la provincia con su

amistad: que esta era la causa qoe lo impulsaba á jamas abandonar esta

lisonjera idea." Se despidió el buen viejo, lanzando sus ultimas miradas

sobre los objetos que habian ocupado su atencion, y lo habian desvelado

todo el tiempo que les sirvió de custodia. Los demas caciques se

despidieron con sus gentes y se marcharon.

En la reunion arribaron dos chasques de los Andes. Estos venian á dar

cuenta en nombre del cacique araucano, Victoriano, á todos los caciques

de estas comarcas, de un triunfo que habia conseguido sobre un partido

rival suyo: que la guerra civil hacia extragos entre los mismos

indígenas, y que dicho cacique estaba victorioso: que habia trabado una

batalla con 4,000 hombres por ambas partes, y que habia salido vencedor;

que habia conseguido entablar el órden, é invitaba á todas estas tribus

á que hiciesen las paces con la provincia.

En el mismo dia se puso otro oficio, dando cuenta al Gobierno de lo

acordado en la reunion, y del dia que debiamos partir.

El 17[61] á las 9-1/2 nos pusimos en marcha á la laguna y toldos del

cacique Antiguan, con rumbo E 4° N: hicimos 1-2/3 leguas de jornada é

hicimos alto en los toldos del cacique _cona_. Fuimos bien hospedados.

En el momento de parar, se nos acercó toda la poblacion vecina al

pedimento de sus vicios acostumbrados.

El capitan _cona_ por despedida fué obsequiado, lo mismo que el cacique

Huilletrur su hermano. Ambos ofrecieron que sus hijos y hermanos

acompañarian á la Comision hasta la capital. El capitan _cona_,

complacido de ver de vuelta á la Comision, por la que habia hecho tantos

esfuerzos, y por cuyo feliz éxito se hallaba interesado por conseguir

afianzar su opinion, y para que sus servicios reputados como tales, le

mereciesen una recompensa, no podia menos en su visita que halagarla, y

corresponder de un modo amistoso á las consideraciones que ella le habia

dispensado. Invitó á la Comision á comer en su toldo. La Comision aceptó

la oferta y pasamos á él: á pocos minutos que allí estuvimos, nos

retiramos.

El pequeño _ambigú_ era mas bien para no mirarlo que para el objeto á

que se le destinaba: el desaseo y el mal olor de la miserable choza la

hacian mas bien una habitacion de animales feroces que de hombres, por

mas salvages que fueson. La disposicion de los platos y el asado que nos

presentaron eran asquerosos, y la inmundicia en que estábamos no nos

permitia quedarnos allí mas tiempo. Por no desairar á la buena

disposicion y sentimientos del invitante, y de _Madama_ Antiguan,

tomamos lo muy preciso para que no pudiese causarnos una enfermedad. Nos

retiramos, y quedaron contentos.

En el toldo habia mas de 30 personas que allí habitaban: ocho ó diez

jóvenes en rueda, jugando el dado y naipes, y las mugeres que preparaban

las comidas y los asados para ellos. Es inesplicable la holgazaneria y

repugnancia al trabajo de estos hombres. Las mugeres son las que

desempeñan sus obligaciones, á mas de cumplir con las cargas que una

dilatada familia les impone.

Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana · 第 15 / 19 段