probar hasta la evidencia, la falacidad y mala fé de estas hordas de
hombres bárbaros? No hay talvez sino uno solo que tenga sensibilidad, y
aquellas cualidades que constituyen á los seres racionales, y los
distingue de los que no lo son. El buen viejo se acreditó en esta
ocasion, è hizo conocer que habia hombres entre los salvajes, no con los
principios y fiereza que les caracteriza, sino con los de amistad,
fidelidad y buenos sentimientos. No queda pues duda que será efimero
cualquier esfuerzo que se haga para entablar paces y pactos de amistad:
lo que debe convencernos de la necesidad de poner en planta todos
nuestros recursos, para castigar su audacia y refrenar su osadia: de lo
contrario estaremos sufriendo insultos con impunidad, que no haran mas
que aumentar su desenfreno, para incitarlos á cometer mas crímenes, que
nos asolen y aumenten su preponderancia, que dentro de uno ó dos
lustros, todos en masa talvez no seamos capaces de contener, y evitar
que cargen con toda la poblacion.
La turba se retiró con su cacique á las 5 de la tarde, á acamparse en la
ribera del arroyo, quedándose aun en nuestros campos, algunos corrillos
de los mas pacíficos.
Prometió el cacique tener una conferencia mas tarde con la Comision,
dejando sosegada su gente, para que nadie pudiese turbarnos, y hablar
sobre lo ocurrido. En efecto, á las 8 de la noche se apareció en nuestra
tienda, manifestó cuanto le habia sido sensible la conducta de su gente
en la reunion: que él no habia podido evitarla. Su semblante demostraba
que no se hallaba convencido todavia, ni menos saciada su codicia,
dirigiendo su entrevista mas bien á que lo satisfaciesen, que á
satisfacer. Fué menester mucha paciencia y política para manejarse en
aquella certa conferencia, en donde descubrió mas su génio y talento
este jóven. El Sr. Coronel comisionado le hizo algunos presentes lucidos
para atraer y desimpresionar á este taimado enemigo: entre ellos fué un
sable de parada, que apreció sobremanera, y su espíritu ambicioso se
tranquilizó por entonces. Se trató en seguida sobre las bases del pacto,
objeto de la reunion celebrada particularmente: no se consiguió se
espresase de un modo terminante sobre las indicaciones que se hicieron
en los primeros tratados, con respecto á cautivas, terrenos, comercio,
&c., &c. Sobre cautivas le habló con calor el Coronel comisionado,
impulsado por algunos paisanos labradores que acompañaban la Comision, y
cuyas hijas y mugeres estaban en poder de los indios: á pesar de haberlo
hecho estos infelices con él anteriormente, ofreciendo condiciones que
cumplirian hasta rescatarlas[43]. Ni la Comision, ni estos infelices
consiguieron una respuesta definitiva de este cacique, que se contentó
con asegurar que al dia siguiente lo haria, consultando á otros
compañeros suyos á quienes pertenecian igualmente. Nada obraron en el
ánimo de este hombre las protestas que el Coronel comisionado le hacia,
saliendo garante del cumplimiento de las ofertas de los interesados, si
ellos no las cumplian en ciertos plazos que se señalasen: nada se
consiguió en favor de esos desgraciados. Queria que en el momento, ó
cuando quisiesen rescatarlos, le llevasen en especies una cantidad de
700 á 800 pesos: pero sin embargo, dijo que contestaria. Se marchó muy
contento á su campo, y mas sosegado con los presentes que se le
hicieron: prosiguió el festin de aguardiente, y el campo fué una
continua griteria toda la noche, con peleas entre ellos, robándose unos
á otros, &c., &c.
El pequeño cálculo que presentamos del número de los reunidos y de la
poblacion de los arroyos, no inclusa toda la que no observamos en las
faldas del Curumualá, Guaminí y lagunas del NO, se puede decir que de la
primera fuè hecho con alguna exactitud, pero de la segunda talvez nó,
porque las poblaciones se estendian por las costas de los arroyos, y
estos no fueron reconocidos sino à una corta distancia de cada uno: es
decir, lo que se pudo sin que fuesemos vistos. Daremos solamente en esta
parte lo que vimos.
Por noticias de desertores ó indígenas, sabemos que la poblacion es
inmensa, y no interrumpida por toda la costa ó faldas de la sierra hasta
Salinas, inclusos los rios Guaminís que desaguan en la laguna de San
Lucas, los que se hallan poblados por la tribu Ranquel.
El número de los reunidos pasaba de 1,300 hombres, segun el total que
formaban las divisiones siguientes.
#Hombres.# #Sables.# #Lanzas, &c.#
La del cacique Neclueque. 300 18 100
La del id. ranquel, Culeclen. 320 19 50
La del id. id. Salomon. 100 3 25
La del id. id. Necul. 120 " 32
La del id. id. Llangretaun. 380 16 54
La de los Huilliches, cuyo nombre
del cacique no se conoce. 150 " 62
----- ----- -----
1,370 56 323
===== ===== =====
En el primer arroyo _Quetro-eique_ se encuentran 24 toldos, y su
poblacion se calcula de 400 almas, hombres capaces de llevar armas 92.
En el segundo Malloleufú se hallaban situados[44] en ambas riberas del
arroyo 28 toldos, y su poblacion se calcula de 560 almas, en las que hay
120 hombres capaces de llevar armas. En el tercero, _Ingles-mahuida_ se
cuentan las tolderias del cacique Neclueque y otros: en ambas riberas se
encuentran 59 toldos, y su poblacion se compone de 1,200 almas, de las
que, 290 hombres en estado de hacer la guerra. El número de ganados es
considerable, ellos se multiplican mas allá de todo cálculo, abandonados
á ellos mismos; porque aun cuando es manso y continuamente en rodeo, sus
amos no los consumen, porque aprecian mas la carne de potro que la de
esta especie. Lo mismo sucede con el caballar y lanar.
La observacion que se hizo de la latitud en el punto de parada en el
arroyo _Quetro-eique_, dió por resultado, hecho el cálculo de latitud,
37° 50' latitud austral, 56° 20' longitud occidental del meridiano de
Cadiz, ó 16' 10" de diferencia de longitud occidental del meridiano de
Buenos Aires, como punto de partida, y á cuyo meridiano se refieren las
diferencias de latitud y longitud contraidas durante el viage, conforme
se expresan en el estado general al fin de esta obra.
En algunas cartas hemos visto representada la Sierra de la Ventana en
los 37° 55': pero como nuestra observacion no fué hecha en la falda del
cerro, y sí á 5-1/2 millas mas al oriente, en la costa del arroyo, la
diferencia de 5' es precisamente en lo que influye la distancia en
millas que se ha dicho habia de un punto á otro, y entonces solo
resultan 28" de diferencia: á no ser que la distancia no haya sido bien
calculada, como es probable que así sea. La longitud es la misma, con la
diferencia de 48", de la que se establece en las cartas que estan
construidas con respecto al meridiano de Londres, al que se halla
arreglado el de Buenos Aires que rige las longitudes de los demas puntos
de la Provincia. En lo que solamente se encuentran algunos puntos del
interior del sud, es en la esférica de Espinosa y Bausá, trazada por el
meridiano de Cadiz, que regla la longitud de Buenos Aires[45].
Dia 6. Claro, brisa fuerte del SO, frio. Por la mañana volvimos al mismo
alboroto: toda la gente del dia anterior la tuvimos en nuestro campo,
redoblando sus esfuerzos para salir ganando. En este dia descubrieron
mas el velo de su pirateria, dándose cada una de ellos á adquirir lo
ageno contra la voluntad de su dueño: procuraban hacerlo á todas luces;
lo veiamos pero teniamos que hacernos ciegos, porque no eran aquellos
momentos para reclamaciones, ni quiebras de lanzas. Era insufrible la
presencia de esta horda desenfrenada.
Se invitó al cacique y demas capitanejos á tener una corta conferencia
para concluir algo de lo que habia pendiente, y emprender nuestra
retirada, si podiamos. Reunidos, tuvimos una corta parla con ellos, en
la que se suscitaron largas altercaciones sobre los mismos objetos que
habian tenido lugar el dia anterior, relativo á la plata encajonada que
se les tenia guardada y no se les repartia. Los capitanejos, que
acompañaban al cacique en cuestion, eran los que interrumpian y
renovaban las peticiones sobre la _cócora_ guardada. En estas
altercaciones se pasaron mas de dos horas: se entró en composicion, pero
la composicion era con preliminares de conveniencia para los
contratantes. El cacique, presidente, no se contentaba aun con lo que
habia arrancado, sino que hacia propuestas para lo futuro, y estas las
renovaba cada uno de los que le oian, obligando la Comision á que así lo
cumpliese á su llegada á Buenos Aires. Querian que se les remitiesen, si
posible era, las mismas promesas supuestas, á mas de los infinitos
encargos que cada uno hacia particularmente: de modo que, todas las
entradas de la Provincia de un año, no eran suficientes para remitir lo
que pedian á la vuelta de la Comision, si se habia de cumplir lo que
exigian.
Entretanto se actuaba en estas cuestiones de pedir de boca, la gente
buscaba la ocasion, ya por las carretas, ya por nuestras tiendas, de
conseguir alguna cosa. Por conclusion volvieron á fijar precios á todos
los artículos de consumo que compraban en la frontera y en la ciudad,
como á la yerba, tabaco, azucar, &c., &c., poniéndolos á su antojo, y
que así se les vendiese en lo sucesivo, como base de la paz: y tambien
sobre las condiciones que debian ponerse á los corraleros, ó casas en
donde paran y depositan sus efectos, para la seguridad de estos y de los
intereses que continuamente perdian en la capital y en la frontera; en
fin los mismos reclamos que en la primera conferencia hicieron los
otros. A todos los caciques y capitanejos se les dió patentes de paz,
para que pudiesen arribar libremente á cualquier punto de la frontera
que quisiesen, con recomendaciones particulares, para evitar cualquiera
hostilidad que se intentase.
Se dispuso todo para emprender en el momento la retirada á la poblacion
del amigo Lincon. A las 2 de la tarde nos despedimos de todos ellos, y
rompimos la marcha. Toda la reunion se fué igualmente con su cacique,
pero no sin dejar de cometer alguna tropelia para no faltar á sus
principios. No habiamos avanzado 6-1/2 cuadras del arroyo, cuando arribó
desnudo a nuestro alcance un pobre miliciano, que con interes de hablar
con el cacique que iba en retirada, habia pasado el arroyo para
proponerle nuevamente el rescate de un hijo que tenia en su poder. Antes
de arribar á èl, lo abordaron tres de los que se retiraban con su Señor,
lo desnudaron completamente, y escapó, amenazándoles que daria parte al
cacique: contestaron, _que lo hiciese, y entonces perderia mas: que se
retirase, pues le tendria mas cuenta_. El miliciano nos abordó desnudo,
dando parte de lo acaecido, y siguió conformándose por no haber perdido
mas.
Si con nosotros se contuvieron de algun ultraje personal, fué porque
velaban en nuestra seguridad el viejo cacique Lincon y el cacique
Ranquel Quirusepe, á quien la antigua amistad con el Comisionado le
indujo á abandonar su casa, al O de la sierra, con el objeto de hablarle
y prestarle los auxilios que su sincera amistad le ofrecia, sirviéndole
con sus respetos y crédito para influir en la paz con los disidentes. No
habia acudido con su gente, porque ninguno de su tribu lo habia hecho:
pero su opinion era conocida. Vino acompañado con su muger è hijos, y
estos fueron obsequiados por la Comision del mejor modo posible: desde
el 2 hasta el 6 inclusive nos acompañó, y a nuestra despedida se retiró
con su familia, ofreciendo á la Comision algunos indios de su tribu que
la custodiasen hasta las fronteras. Este hombre singular, y talvez el
mas racional entre todos los que habitan este pais, ha estado infinitas
veces en esta ciudad: su génio, carácter y amabilidad lo hacen
apreciable y digno de habitar en otra sociedad mas ilustrada. Se viste
como cualquier otro hombre; su figura y fisonomia no indican que es
indígena, sino un paisano decente: al mismo tiempe que su ceño es
amable, es tambien respetable; su rango es cacique de los principales
Ranqueles, compañero del célebre Quintileu que fué asesinado por sus
compañeros por haber coadyuvado á las empresas de Carreras, cuando este
se refugió bajo de su proteccion, y demoró algun tiempo en la Sierra de
la Ventana. Este amable sujeto jamas ha invadido, ni menos prestado su
consentimiento y auxilios á sus compañeros, que constantemente lo han
hecho.
Con rumbo ENE rompimos la marcha, y con él hicimos las 4-1/2 leguas
hasta los toldos del cacique Lincon, en donde hicimos alto á las 7 de la
noche. Nos acampamos en el lugar anterior, y pasamos la noche con
tranquilidad[46].
Permanecimos en este punto desde el 6 hasta el 15. Daremos las causas de
esta demora y demas sucesos.
El 7[47] estuvimos aguardando al intérprete de la Comision, que el
cacique Neclueque se habia llevado consigo para tratar particularmente
con él, antes que emprendiésemos la retirada. La Comision obsequió al
desinteresado viejo hospedario, para afianzar mas su amistad: aunque no
habia necesidad de hacerle presente, porque su opinion era bastante
conocida por la Comision, pues le habia dado pruebas que la confirmaban
en el buen concepto que siempre habia formada de él.
Repetimos la observacion de la variacion de la aguja y la latitud del
lugar, porque hubo proporcion de hacerla: la primera resultó 18° 55'
25", mayor que la observada en la sierra, y en la latitud, menor: por lo
que repetimos lo que aseguramos anteriormente, que las variaciones de la
aguja no son constantes; que en menos latitud es mayor que cuando esta
se aumenta, y vice-versa: aunque la práctica de otras muchas observadas
nos habia manifestado lo contrario, que, cuanto mas se aumenta de
latitud, tanto mayor es la variacion; pero el caso anterior nos
manifiesta lo contrario, y lo mismo otras observaciones.
En el establecimiento de Rio Negro la variacion es 17' en la latitud de
41°, y en la Sierra de la Ventana es 18' 30", en los 37° 50', lo que
prueba la razon anterior.
La latitud resultó[48] de 37° 43' 12" austral, y 15' 1" de longitud
occidental del meridiano de Buenos Aires.
El dia 8[49] aun no habia llegado el intérprete para marchar. En la
retirada debiamos confereciar con el cacique Aveuné sobre la respuesta
que quedó en dar á la Comision á su vuelta, sobre las cautivas que tenia
en su poder: aunque creiamos que la contestacion seria la mísma que dió
el cacique Neclueque (que fuè ninguna), despues que se ofreció hacerlo
el dia que se trató sobre el particular. Su objeto sabiamos que era
desentenderse de tratar este punto definitivamente, no entregarlas
legítimamente por medio del pacto, sino por su contingente
correspondiente. Tenemos á la vista la razon de las cantidades que han
pedido por el rescato de mugeres é hijos: ellas ascienden á 400 y 600
pesos (al que mas favor le hicieron), no precisamente en dinero, sino en
varios artìculos que hacen un contingente igual á aquella suma. Estos y
otros infelices aldeanos y labradores de la campaña, que han visto la
precisa condicion que se les pone para conseguir sus familias, han
perdido la esperanza de rescatarlas.
Los que nos acompañaban, desesperados igualmente de no haber conseguido
sus deudos en la segunda conferencia, en donde creyeron que el cacique
contratante operase de un modo análogo á los principios que habia
manifestado, porque lo creyeron de buena fé, trataban talvez de
sacrificar su existencia, antes que dar vuelta y dejar en poder de los
bárbaros sus caras prendas, objetos de sus afanes, que derramando
arroyos de lágrimas, se despedian de sus esposos, rindiendo sus débiles
brazos á sus cuellos; y pronunciaban el postrer adios, quedando
desmayadas en el suelo: los hijos abrazados de sus padres, era preciso
que sus verdugos los arrancasen de sus brazos, para prolongar su
cautiverio, en donde recibian todo género de vejaciones y mal trato. Era
un cuadro lastimoso el que presentaban estos infelices al darse el
ultimo adios. ¡Cuantas escenas se nos presentaron muchas veces, á las
que no pudimos menos que rendirles el justo tributo que la naturaleza
prescribe á la sensibilidad de los hombres! ¿Cuan aflictivos momentos,
por nuestra desgracia, presenciamos, al ver esclavizada por la poblacion
indígena á la usurpada en la nuestra? Jóvenes hermosas de 15 á 20 años
de edad, mugeres ancianas de 40 á 50, y criaturas de ambos sexos de dos
á ocho años: las primeras arrastrando su hermosura é inocencia en
miserables gergas, que por todo socorro les daban sus opresores, á
quienes servian de esclavas en los serrallos[50]. Las segundas,
despreciadas por su vejez, servian en el interior de las inmundas
habitaciones de sus señores, y eran tratadas con mas rigor. La tercera
clase era tratada del mismo modo: los muy jovencitos olvidaban su idioma
natal, y aprendian el que le enseñaban en su nueva educacion, sirviendo
de esclavos á sus amos, y las jovencitas, á las mugeres de sus señores,
hasta que se hallasen en edad de aumentar el número de aquellas.
El 9[51] aun no parecia el intérprete: teniamos todo preparado para
marchar, y habiamos desistido de tener entrevista con ningun cacique;
aguardabamos solamente la oportunidad de marchar, evitando toda demora,
pues que no haciamos mas que perder el tiempo inutilmente. Pero parecia
que no solamente se empeñaban en conseguirlo, sino en que recibiesemos
peores ratos aun que los que hasta entonces nos habian mortificado.
El viejo cacique se presentò á nuestro campo á las 10 de la mañana, con
el semblante alterado, y un chasque que habia llegado del cacique
Neclueque: hizo llamar al intérprete, y dijo á la Comision: que en
consonancia con los principios que habia manifestado, no podia menos que
exaltarse al comunicar la noticia que por media de aquel chasque le
participaba el cacique Neclueque. Que los caciques Ranqueles disidentes,
combinados todos, habian determinado reunir sus fuerzas y formar
divisiones, para hacer una incursion á la frontera y atacar á la
Comision, y vengarse de los procedimientos del Gobierno y de los de ella
misma: que al efecto habian marchado las divisiones cada una á su objeto
particular: que unas se dirigian á las guardias del Salto, Rojas y
Pergamino, y otras á cortar la retirada de la Comision; y que al efecto
se hallaban apostadas en varios puntos del tránsito que debia hacer: que
las quemazones de la campaña, y los humos que al N se veian,
manifestaban como telégrafo, que las divisiones iban pasando de la
sierra para efectuar sus planes. Que la Comision no siguiese mas
adelante por ningun motivo: que hiciese chasques al Gobierno con
oficios, dando cuenta de lo acaecido, y pidiendo auxilio: que mientras
tanto ella permaneciese en su casa: que él y los suyos la defenderian,
si fuese atacada por los disidentes á costa de su existencia; que si los
Ranqueles eran muchos en su número, ellos eran pocos, pero valientes:
que les haria conocer que no eran menos guerreros que sus rivales, y que
el cacique Lincon sabia ser consecuente en su amistad indisoluble con el
Gobierno y la Comision. Que él como cacique principal de las tribus
Pampas, haria convocar á todos sus caciques y les ordenaria que se
preparasen para defendernos con sus fuerzas, demostrando sus principios
y amistad que habian proclamado no hacia mucho tiempo en la reunion
general: que él y su gente velarian desde aquel momento sobre su
seguridad. En efecto, el bravo cacique se puso en precaucion: mandó
chasques á todos los caciques para que al dia siguiente se reuniesen en
su casa, y determinasen lo que debia observarse: es decir, quienes
debian remitirse de chasques, el número de tropa que debia pedirse de
auxilio, y como y hasta donde debia conducirse; y mientras tanto, los
auxilios que debian prestarse por todos, si eran invadidos sus
territorios contra la Comision por los disidentes. Nosotros nos pusimos
en precaucion en nuestro pequeño campo, atrincherándonos con nuestros
carruages.
Esta noticia, lejos de sorprendernos y causarnos agitacion, la recibimos
con serenidad, á pesar del peligro; porque la pronosticábamos
anteriormente como un resultado de la conducta que habian manifestado,
principalmente con la Comision, y porque veiamos demorar su ejecucion,
esperándolos à la retirada. Ellos no hubiesen surtido efecto, porque era
de esperar que, ignorantes de su movimiento, nos hubiesemos puesto en
marcha sin auxilio ninguno: pero sabiendo lo contrario, nunca creimos
que por venganza hubiesen de abrir una guerra con la tribu aliada, lo
que les hubiese originado muchos males: esperábamos por consiguiente,
que desistirian de su empresa cuando supiesen el amparo y proteccion que
nos dispensaban los caciques adictos á ella. Así la Comision se propuso
dar cuenta al Gobierno de todo lo acaecido, desde su llegada hasta lo
ocurrido en la fecha, como lo efectuó, esperando el resultado de la
reunion del dia siguiente, para dar cuenta igualmente de lo resuelto por
ella en órden á los mismos asuntos, y disposiciones que se diesen para
la forma de remitir los oficios.
El oficio número 1, que se tenia preparado, en donde se daba cuenta
desde los primeros acontecimientos del 24 de Abril hasta la fecha,
estuvo pronto para remitirlo, y el número 2, que igualmente se
remitiria, debia encerrar las disposiciones de la reunion que se iba á
efectuar.
El intérprete de la Comision arribó á las 5 de la tarde, y confirmó la
noticia remitida segunda vez por el cacique Neclueque. El cacique Lincon
tuvo su gente toda la noche sobre las armas en número de 300 hombres, y
á cada moment mandaba órdenes á nuestro campo para que hiciesen salvas y
descargas. Estas peticiones extravagantes eran cosa de risa: pero era
menester agradecerlas.
Las caballadas y ganados de la poblacion y los nuestros se pusieron en
movimiento á la novedad de la explosion: se armó una confusion horrorosa
en toda la poblacion, á la bulla y disparadas de algunos millares de
caballos, yeguas, &c. &c. La nuestra se hubiera perdido toda, si antes
de hacer la descarga no la hubiesen custodiado. Todo el dia, y á cada
instante volvia á repetir sus insinuaciones el cacique. Es imponderable
el placer que sentia al oir un tiro de fusil ó de cañon.
El 10[52] por la mañana, se reunieron algunos caciques de los
convocados, y el principal, Avouné, para tener la conferencia. Este se
presentó á la Comision, y le manifestó el disgusto que tenia al observar
la mala fé de los Ranqueles, y al ver demorada su retirada: que ellos
iban á tomar una determinacion para que fuesen infructuosos sus
esfuerzos. A las 10 se reunieron los caciques siguientes.--
Lincon, Pichiloncoy, Ancaliguen, Chanabilú, Neculpichuí, Pitrí, Avouné,
Huilletrur, Llanqueleu, Chanapan, Epuan, Califiau, y cinco ó seis
capitanejos.
Presididos por el primero, dió cuenta este á la asamblea de todo lo
acaecido, invitándolos con arrogancia á poner un pronto remedio, y
cumplir con los hechos lo que de palabra se habia asegurado tantas
veces. Acordaron unanimemente que se remitiesen dos chasques al Gobierno
por la Comision, con una relacion circunstanciada de lo ocurrido,
pidiendo auxilio de 200 hombres; que permaneciese mientras tanto en la
posicion en que se hallaba: que los dos caciques partirian el 12, porque
era menester que se proveyesen de víveres para el viage: que el uno
traeria la contestacion del Gobierno con lo resuelto, y el otro
conduciria la fuerza hasta un cierto punto que la Comision eligiese;
hácia el cual marcharia escoltada por un cierto número de hombres que
cada cacique daria, para completar un número imponente á cualquiera
fuerza enemiga que se hallase apostada en el camino. Que previniese la
Comision al Gobierno que se cuidase, de que las partidas que traficaban
en la frontera no fuesen confundidas con las enemigas, y que se
advirtiese al cacique en rehenes, Cayupilquí, que las reconociese, y si
se encontraban algunas enemigas, se ordenase su prision, que ellos
estaban igualmente prontos á la primera señal á prestar sus auxilios.
Concluida la conferencia arribó un chasque de los caciques Huilliches,
que habian entablado relaciones con la Comision, y consecuentes á ellas,
ofrecian cooperar con sus fuerzas á mantener el órden. La Comision les
agradeció sus recuerdos, dejando la contestacion á la asamblea. Digeron
que estuviesen alerta para acudir á la primera órden que se les
comunicase. La Comision reiteró sus agradecimientos á las buenas
disposiciones y sentimientos que todos los caciques habian desplegado en
esta ocasion. Los oficios quedaron preparados para cuando los chasques
saliesen.