Este último no lo reconocimos mas estensamente, porque en sus riberas

divisamos un enjambre de poblaciones pertenecientes al cacique

Neclueque: el segundo lo hicimos hasta donde encontramos otra multitud

de toldos pertenecientes al cacique Necul, hermano del anterior, y

sentiamos sobre todo no reconocerlos todo lo que fuese posible, para

averiguar sus desagues, ó el depósito de sus cauces, al parecer

consíderable, hacia el rumbo á que todos se dirigian: no quedando duda

que seria en algun gran lago ó en algun bañado, que era lo mas probable,

y lo que se nos aseguró. Las calidades del terreno eran buenos

pastizales poco elevados, tierra dura, negra y vegetal, diversidad de

flores y de yerbas, caza abundante, y de toda especie.

En la sierra[40] se encontraron grandes tropas de guanacos, liebres,

gamos, avestruces, &c., y para la caza de los primeros los naturales

usan bolas, en que ponen su lujo particular, preparándolas de un modo

industrioso. Entre los arroyos y las poblaciones se descubrieron

inmensos rodeos de ganado de todas especies, no pudiendo hacerse su

cálculo por no haberlos visto sino á distancia de algunas cuadras;

cubrian el horizonte, y pastoreaban al rededor de las poblaciones. Nos

reservamos reconocerlos en la reunion que debia realizarse al dia

siguiente, conforme lo ofrecieron.

Mientras tanto nos lisogeamos haber agregado este conjunto de noticias á

las existentes para aumentar los datos de la geografia de este pais, y

perfeccionar la carta general que nos propusimos trabajar[41]: dando á

conocer al mismo tiempo que cualquier trabajo de esta naturaleza que se

emprendiese, debe ser interesante, porque se hace en un pais, del que se

tienen ideas vagas manifestándolo los mapas que hasta ahora hemos visto,

en que se encuentran errores notables.

En todas las cartas se echan menos esas posiciones interesantes, es

decir, la primera cadena de los pequeños Andes, formada desde el Volcan

hasta el cerro del Cairú en donde concluye; dejándose ver en su lugar

una vasta pampa en vez de una serrania que la atraviesa. Lo que hemos

encontrado representado en su verdadera posicion son el Volcan y el

Tandil, pero no la continuacion del encadenamiento de sierras que

atraviesa el desierto, corriendo mas de 30 leguas al NO. En otras ni aun

se hallan indicadas, y solo se encuentran encadenadas las dos primeras,

corriendo á rumbo diferente de lo que es realmente, y sin formar entre

ambas esa abra inmensa de 12 á 14 leguas. Estas, podemos decir sin

vanidad, quedaron determinadas en la expedicion que hicimos el año 21,

aumentando con nuestros reconocimientos la parte geográfica de aquellos

parages. La segunda cadena de los Andes (la Ventana) se halla igualmente

mal representada, corriendo á un rumbo diferente del que sigue: ni

tampoco estan determinados otros puntos de ella, como el Curumualá, el

Guaminí y los arroyos que de ellos descienden, contentàndose con anotar

la posicion del primero vagamente, como lo han hecho con el Tandil.

La única carta en donde se hallan representados los dos puntos

principales de ambas cordilleras, es la de la provincia que construyeron

los marinos españoles, Bausá y Espinosa, por órden de uno de los

vireyes. En ella se encuentra el mejor monumento de los trabajos

científicos de nuestros antepasados: pero es incompleta toda la parte de

este pais, porque hasta entonces muy pocos, ó ningunos habian viajado

por él: siéndolo sí la parte interior de la provincia, rectificada

ultimamente por los trabajos científicos de Cerviño en la expedicion de

Azara, y por reconocimientos que despues se han hecho. Esta carta la

conservamos como una obra preciosa, y nos hemos propuesto sacar

ventajas, aprovechando sus datos para formar una obra completa del

interior de nuestra provincia y pampas del sud, hasta el establecimiento

del Rio Negro, aunque no se estiende sino hasta el cabo Corrientes,

prolongándose por el meridiano de los 38° de latitud hasta la Ventana y

Guaminí. Pero un acopio de los mejores trabajos de la costa Patagónica,

los viages terrestres, y los nuestros, nos darán por resultado una obra

completa, que si no llega al grado de exactitud que estos trabajos

demandan, al menos hará conocer el pais que habitamos, y lo que él

encierra.

De nuestra provincia no tenemos mas carta que esta, es decir, del

terreno comprendido entre la ribera del Salado, el Arroyo del Medio, el

Paraná y las costas del Rio de la Plata: y aunque en el año 20 se

practicó un reconocimiento, esto no pasó de la esfera de un ensayo, pues

se hizo á la ligera, con la aguja y las noticias vulgares de las

distancias que dieron los paisanos ó vecinos. Sin embargo se juntó un

caudal de detalles y de circunstancias que no dejan de ser útil, pero

con la condicion de no darles mas confianza que la de un simple

reconocimiento, no obstante que fué egecutado por un ingeniero que

trabajó en aquel año, y dirigió un pequeño departamento que se

estableció á sus órdenes en esta ciudad.

Seguiremos los sucesos de la Comision y sus trabajos. La tarde continuó

nublada, y á las 5 comenzó á llover, no cesando hasta las 10, en que

sopló una brisa fuerte del SO, y calmó. No se vió en toda la noche el

planeta Marte, que habia servido de base á nuestras observaciones.

Dia 4. Claro y despejado, brisa fuerte del SO. A las 10 comenzó á

nublarse, y permeneció de este modo hasta las 3 de la tarde, en que

despejó, soplando una brisa del primer cuadrante ó NO. Por la mañana

aguardábamos el resultado de la oferta que el cacique Neclueque habia

hecho, de venir á nuestro campo con su pequeña tribu á tener una corta

conferencia.

A las 2 llegó un indio ó chasque, avisando al Sr. Coronel Garcia que no

estrañase si en aquel dia no llegase á una hora competente para tratar,

porque talvez arribaria de noche, por lo dificultoso de reunir su gente,

y de que otros caciques amigos lo hiciesen, porque demoraban algo

retirados de su poblacion, adonde les habia dado órden que se reuniesen.

A las 12 arribaron otros chasques, avisando que se ponia en marcha. A

las 4 de la tarde presentó una línea como de 400 hombres, á cuatro

cuadras de la ribera opuesta del arroyo, formados en ala, y armados

mucha parte de ellos, de lanza. Con alguna confusion, y su griteria

acostumbrada, atravesaron el arroyo, y se acamparon á una cuadra á la

izquierda de nuestro campo, y allí se dispusieron á pasar la noche. El

cacique avisó al Sr. Coronel que hasta el dia no daria principio á sus

conferencias, por ser ya tarde para efectuarlo. A su aproximacion se le

hizo una salva por la escolta, á peticion del cacique Lincon, ceremonia

de mucho aprecio para ellos. Al momento de efectuarse se repitió la

griteria por mas de 150 indios que se hallaban á caballo en nuestro

campo, y que habian llegado antes que el cacique á los toldos cercanos,

y establecido sus corrillos de juego de dado, semejante á los que

habiamos presenciado en la primera reunion. No dudábamos, por el aspecto

que presentaba esta, sufririamos las mismas incomodidades, y talvez

mayores, porque habiamos observado muchos hombres blancos entres sus

líneas, la mayor parte compuestas de Ranqueles, que se habian unido con

algunos caciques de segunda clase á las gentes de Neclueque, y que

habian venido, con la capa de tratar solamente por ver el partido que

sacaban de la reunion: y ademas, como no los distinguiamos por el color,

no sabiamos si eran de la tribu amiga de Neclueque, ó de los Ranqueles

enemigos. La turba de este cacique es compuesta de estos y de Pampas:

pero en este caso, los mismos disidentes que se habian negado á tratar,

enviaban sus gentes á observar y lucrar si podian, á todo trance, lo que

la proporcion les presentase.

El número de los reunidos se aumentaba considerablemente, conforme iban

acudiendo de sus toldos, y al dia siguiente nos esperaba un rato pesado,

porque pronosticamos su resultado con la primera experiencia. Los

caciques pampas, Lincon, Pichiloncoy, &c., &c., que nos acompañaban,

vieron precisamente que no era la pequeña tribu del cacique Neclueque la

que se habia reunido, y que la que se presentaba era de disidentes, cuya

reunion la efectuaban con siniestra intencion. Mas nos dijeron, que

estando ellos presentes, nada debia temer la Comision: que ellos harian

que la respetasen, y que esperaban igualmente que el cacique Neclueque

no faltaria á sus principios y á los buenos sentimientos que habia

desplegado en sus mensages á la Comision. En los sucesos de la reunion

del dia siguiente se verá la conducta de este, en nada diferente de la

de los disidentes y de los de la primera entrevista.

La cadena de los Andes se veia claramente desde nuestra posicion, y su

perspectiva era agradable. El cerro de la Ventana demoraba al S 18° SO,

prolongando sus ramificaciones hasta los 40° SO. El Curumualá demoraba

al rumbo S 60° O, extendiéndose hasta los 80°: el Guaminí se prolongaba

hasta los 30° al rumbo O 10° NO. La segunda sierra, ó las cimas del

Curumualá, forman un seno en la Ventana y Guaminí, es decir, que se

hallan mas al occidente que las otras dos, y así lo demuestra su

perspectiva, apareciendo las elevaciones del primero y el último sobre

el horizonte, y ocultándose confusamente en el centro las cimas elevadas

del segundo. Toda la cadena corre de NNO á SSE, y es un error

notabilísimo representarla en las cartas de E á O, lo mismo que el

Tandil.

Logramos en este dia tomar la latitud de la posicion en que nos

hallabamos, por nuestro planeta, y al mismo tiempo averiguar la

variacion de la aguja. El método de que nos valimos fué el mas sencillo,

adoptado por las circunstancias: un pequeño tratado náutico de Cedillo

lo indica sucintamente. Las sombras de los hilos que se hallan sobre la

rosa de la aguja de demarcacion, son los que dan el resultado, tomando

dos alturas correspondientes por la mañana y la tarde. Si las sombras

que marca el punto de interseccion de ellas, y que señala los grados en

la roseta, son ambas de distinta especie, esto es, por la mañana señala

un cierto número de grados al NO, y por la tarde al NE sobre una misma

altura, réstese una de otra, del residuo sáquese la mitad, y esta será

la variacion de la aguja de la parte de la cantidad menor: pero si

dichas cantidades fuesen iguales, no habrá variacion alguna. Es decir,

si el punto de interseccion de los hilos de la roseta señala por la

mañana, sobre una misma altura, 30° NE, y á la tarde, otros 30', la

diferencia será cero, y la variacion ninguna. Asi por este método

encontramos la que nos propusimos, y dió 18° 30' por variacion.

Ella nos parecia excesiva, pero egecutada la operacion distintas veces,

y aun rectificada por una meridiana que construimos, dió repetidas veces

los mismos grados con diferencia de minutos, cuyo término medio de todos

los resultados, son los que se indican. Al principio creimos que tuviese

parte ó influyese directamente en el exceso la atraccion magnética de

las partes metálicas del monte cercano: pero á pocos dias la repetimos 8

leguas mas distante y dió el mismo resultado. La variacion que habiamos

observado en las primeras sierras fué 17° 10', y en otra, en la Laguna

de las Polvaredas, 16° 30', y el incremento hasta 18° 30' nos hacia

notar que era mayor, mientras mas nos internábamos y aumentábamos de

latitud: esta razon no es constante, y en otras observaciones que hemos

hecho, nos ha dado resultados diferentes, como lo espresaremos con los

que obtuvimos á nuestra vuelta. En Buenos Aires se han observado en

distintas èpocas las variaciones de la aguja, por los agrimensores en

sus mensuras de terrenos, y siempre se han encontrado diferentes

resultados.

En 1813 fué observado ser de 12-1/2° E, y en 1708, de 16° 45' E: de

donde resulta que en 105 años se ha acercado la aguja al meridiano 2'

30" al año. Otras observaciones se han hecho, y de su comparacion

resulta el mismo aumento progresivo: así las variaciones no son

constantes en todos los paises.

El pequeño censo de las poblaciones que se hallan situadas en los

arroyos y faldas de las sierras, lo daremos mas adelante, lo mismo que

la latitud observada, es decir; en el diario siguiente.

La noche calmó, y heló fuertemente. En toda ella tuvimos grandes

alborotos de la familia que teniamos acampada cerca de nuestro campo:

una pequeña partida que habia arribado de esta ciudad, los habia

provisto de aguardiente, y á poco rato ya estaban borrachos, con

síntomas que no son de despreciar, y que se anuncian bajo los mas

alarmantes auspicios. El efecto que los licores causan en la naturaleza

y máquina de estos hombres, lo analizaremos en la memoria sobre sus

costumbres, en donde indicaremos los resultados y hechos particulares á

que los precipita el frenesí que los causa.

El cacique, gefe do los reunidos, impedia que su gente nos incomodase:

él por esta vez no habia querido acompañarlos en sus festines, por

consideraciones, y por no desmerecer en el concepto de la Comision

mientras tratase con ella: pero se engañó miserablemente: la perdió muy

pronto, y no pudo menos de descubrir su interes y avaricia, y la ratera

conducta que manifestó en el reparto: ó mas bien violacion que hizo de

las especies que se distribuyeron, obligando á la Comision á

sacrificarse por contentarlo, y á hacer demostraciones que nunca debió

haber hecho, con un ambicioso usurpador y lleno de perversas

intenciones, cubiertas artificiosamente con la capa de moderacion y

buenos sentimientos que habia manifestado para engañarla. Su reunion no

era tan solo con el objeto de hacer paces, sino para apoderarse de lo

que pudiese, y obligar á la Comision á desnudarse para saciar su codicia

infernal, y la de la turba de ladrones que lo acompañaban con iguales ó

peores intenciones que las de su gefe.

Dia 5. Claro y despejado: viento fuerte del SO: la helada desapareció á

las 9-1/2 del horizonte que lo cubria: los aires saludables que corrian

de la sierra, hacian deliciosa nuestra posicion, aumentada con la

riqueza de las aguas, ó nectares de sus arroyos. Por la mañana se armó

nuevamente el desórden de la gente acampada, y de la demas turba que se

habia reunido en nuestro campo, para pedir de todo lo que veian, gritar

y armar confusion; para buscar las conveniencias ó resultados que podia

hallar, como objeto principal de su reunion.

A las 9-1/2 hizo el cacique reunir toda su gente á caballo, desalojando

nuestra posicion, la que rodeaban con petuluncia y desórden, robando lo

que podian. Establecida la línea á dos cuadras del campo, se formó un

círculo desordenado: á esta ceremonia se les hizo una descarga con la

escolta á peticion del cacique Lincon, y despues de ella se

desórdenaron, prorumpiendo en griteria, con cargas á sable en mano, y

lanzando cortes al aire para asesinar al _gualicho_ que se habia

interpolado en sus líneas, huyendo de la descarga que le habian hecho.

El _gualicho_ es un ser imaginario ó genio del mal, que creen que los

persigue y causa todos los males que les sobrevienen: enfermedades,

muertes, robos y desgracias; para evitar que se cumplan, cuando sienten

síntomas de una próxima desgracia, ó de un enfermo que está en peligro,

se arman todos los parientes de él, con todas las armas á cuestas que

tienen, montados en sus mejores caballos, llenos de cascabeles, cuentas

y cascajos que metan ruido, y pintadas las caras, lo mismo que los

ginetes, encoletados y con todas las insignias de guerra, prorumpen en

griteria y cargas, cortando á diestro y siniestro, hasta que concluyen

dar vuelta á todo el toldo, ó rancho que habita el enfermo. Cuando este

les dice de adentro que ha sentido alguna mejoria, entonces es cuando

creen que su operacion de perseguir al génio maligno, orígen de todo

aquel daño, ha surtido efecto, es decir que ha huido; y en este caso el

enfermo deja de sentir la influencia de su aproximacion: esta operacion

la repiten cuantas veces se empeora, ó dice que se ha acercado de nuevo

el gualicho ó _hucasbe_, y vuelto á sentir los mismos síntomas. En el

momento de la descarga, el _gualicho_ que perseguian era el estruendo

que los asustó, y hasta que aquel cesó de causar en sus sentidos el

efecto comun, no cesaron de correrlo, y entonces creyeron que habia

desaparecido, porque calmó la impresion. En general, _gualicho_ llaman

al génio del mal que origina las desgracias, y un fusil, cañon ó arma

cualquiera, dicen que trae el gualicho, porque causan un efecto

semejante, y que ningun otro génio produce.

Formado, como hemos dicho, el círculo de los reunidos con todos sus

caciques, llegó un division de 150 hombres Huilliches con sus ceremonias

acostumbradas, y antes de entrar á la reunion, se incorporaron á los

demas: estos no se habian podido juntar en la primera conferencia con

los suyos, porque habitaban las riberas mas occidentales del Colorado.

Los caciques, nuestros compañeros, se incorporaron en la reunion y

conferenciaron mas de una hora sobre los objetos de que se habia ocupado

la Comision al paso por sus tribus, y las reconvenciones por los sucesos

de entonces, que les hacia el cacique Neclueque, no en favor de la

Comision, sino en su conveniencia, diciéndoles que los habian

perjudicado con haberse repartido mas de lo que les correspondia. Los

caciques contestaron, defendiendo su opinion, la del cacique Lincon y la

de la Comision, rebatiendo con energia los sentimientos que expresaba el

cacique, no semejantes á los que antes habia manifestado. Concluida la

parla, dieron órden para que el Coronel comisionado marchase á la

reunion, y al momento lo egecutó en coche con el oficial ingeniero.

Llegado que hubimos, hicimos alto, y tardamos mas de una hora en

descender, mientras concluyeron sus parlas. Entramos en el círculo,

donde se hallaban 20 y mas caciques y capitanejos, presididos por el

indio cacique principal, quien cumplimentó á la Comision, y esta á todos

abrazó y les dió la mano en señal de amistad. El cacique manifestó al

Coronel comisionado el vivo placer que sentia al conocerlo y respetarlo,

como un hombre de opinion, tributada por su difunto hermano el cacique

Calhueque y sus antepasados: siendo un deber suyo tributarsela, lo mismo

que á su gobierno.

El Comisionado satisfizo por su parte á los cumplimientos hipócritas de

este jóven perspicaz, astuto, y lleno de una fogosidad, característica

de su juventud y su génio. El volvió á tomar la palabra, é hizo un

elocuente razonamiento, que descubria su viveza y disposicion: manifestó

de un modo imponente el orígen de sus calamidades, las guerras pasadas y

sus motores, las muertes ó incursiones ocasionadas por la conducta de

los gobiernos, la pérdida de su hermano, el cacique Calhueque, en

Navarro; las tropelias y vejaciones que continuamente sufrian los indios

transeuntes; la conducta que se observaba, que tendia siempre á

esclavizarlos y subyugarlos; los cuentos y enredos que les habian

introducido, y que los habian impulsado muchas veces á cometer actos

violentos. Que se hallaban recelosos de la fuerza que se habia mandado á

Patagones: pues ¿cual era su objeto?, sino el de procurar invadirlos con

una fuerza considerable, como la que se habia remitido á aquel punto.

Que en la reunion estaban algunos de su tribu que habian sido robados y

ultrajados por el comandante de Navarro, y acababan de arribar á pié,

habiendo salvado de los que los perseguian para asesinarlos: que se

observase aquel acto, y se veria si era digno que ellos hiciesen lo

mismo, y ejecutasen las incursiones: que de esto tenian la culpa los

cristianos, así como de las resultas que su conducta ocasionaba.

Interrumpieron la palabra del cacique los mismos indios que acababan de

arribar del suceso referido, pidiendo venganza, clamando por sus

intereses que habian perdido, que se les remunerasen, ó ellos tomarian

su partido. El Comisionado trató de aquietar los ánimos exaltados de los

exponentes, porque pronosticábamos por sus semblantes cual seria el fin

de aquella fiesta: calmándolos, y ofreciéndoles castigar al delincuente,

y remunerarles todo lo perdido. Contestó á todos los cargos del cacique,

á mas de los que repitió en consonancia de principios con los

disidentes, sobre la plata, y especies importantes de aperos, &c., &c.,

que hemos dicho. A esto se hacian fuertes cargos á la Comision, hasta

dudar de su buena fé, y añadiendo que sabian lo contrario, pues que

encubrian en los carruages encajonadas aquellas especies: que se les

diese todo al momento, pues que no eran menos que los primeros, que

recibieron con mas generosidad de la Comision la mayor parte de lo

mismo. Fueron desvanecidas todas estas imposturas, calmando á todos con

la promesa de darles lo que habia, desengañándoles de lo que se les

habia insinuado; y que, viendo lo que se llevaba, tributasen mas honor á

la Comision: que jamas se hubiese expuesto á ser desairada, si hubiese

sabido que existia tal oferta: que ella era incierta, y que el mismo

gobierno le desmentiria esta especie[42]. Pidieron el cacique y el

pueblo á grandes voces se les diese lo que habia en las carretas, y en

el acto se les hizo venir la yerba, tabaco, mantas, ponchos, sombreros,

y de todo lo que habia. En este momento se armó el desórden: el cacique

repartia á los suyos todo lo que se habia llevado, y las reparticiones

se concluyeron, tomando cada uno á la fuerza lo que queria,

desobedecièndole, armándose una pelotera y confusion, unos á pié y otros

á caballo, que nadie se entendia; expuestos nosotros allí á que

cualquiera nos hubiese descuartizado para repartirnos tambien. El

cacique calmó y aquietó á su tribu: pidió mas, se le contestó que no

habia: replicó sabia lo contrario, y entonces por temor do una tropelia,

se ordenó á un pobre pulpero que nos acompañaba y que llevaba un poco de

yerba y mantas, las entregase; vinieron, y en el momento no quedó señal

de haber existido tales cosas. Gritaban: _á las carretas_, _á las

carretas_, que allí habia mas, y todos á ellas se dirigian. Entonces

tomamos la determinacion de ampararnos de nuestro campo, y defender allí

hasta el último trance nuestras propiedades: no tanto estas, sino por el

temor que, saqueando las carretas y nuestros equipajes que allí

existian, encontrasen con las cajas de instrumentos de matemáticas que

llevabamos en una carretilla. ¿Y entonces á la vista de estos objetos,

qué ilusion, qué celos, y qué asombro no les hubiese causado? ¿Y cual

hubiera sido la suerte que hubiesemos corrido?--Acudimos prontamente á

poner remedio á nuestra inminente ruina, si así lo egecutaban: la

escolta se puso sobre las armas, cuidando la carretilla y carretas, y

nuestro viejo cacique Lincon y demas que nos acompañaban, á la par de

nosotros, aguardabamos por momentos emprender una lucha nada igual: su

número excedia de 1,500, y nuestra comitiva no pasaba de 40. Algunos

atrevidos dieron principio á sus proyectos, y el primero recibió en

recompensa, del bravo cacique amigo, un estocada que dió con él en

tierra: segundó otra al que seguia al primero, y que huyó herido, y

acometiendo despues á otros que querian efectuarlo, calmó con su

presencia á estos asesinos, que temerosos de la saña y elocuencia del

viejo cacique, desampararon sus puestos, y se retiraron bramando de

cólera contra su vencedor.

El cacique Neclueque, que habia presenciado esta guerrilla, se determinó

con mucha calma á aquietar y reunir á su gente furiosa. No puso mucho de

su parte en hacerlo, y demostró algunas ganas de que se hubiesen

realizado los planes de sus compañeros de armas, y los principios que

desplegó este avaro, orgulloso y miserable, fueron los mismos ó peores

que los que manifestaron sus corresponsales los Ranqueles. Los demas

caciques ó capitanejos, capitaneaban ó influian en sus camaradas á que

lo hiciesen, porque á todos les tocase parte de presa: pero se engañaban

estos viles; el crímen que cometian no iba recompensado con el botin, y

entonces hubieran visto su temeridad.

Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana · 第 13 / 19 段