En sus riberas tiene constantemente barrancas de siete, cinco á cuatro

pies de altura, cubiertas de maciegas y pajonales elevados; su

superficie es límpia, pero su paso dificultoso, por la razon indicada.

Un punto solamente de su lecho es conocido para el tráfico de los

habitantes, y este se efectua casi á nado: el fondo barro, y su latitud,

mayor que en todas partes. La velocidad del curso de sus aguas fué

calculada del mismo modo que la de los rios de las Floras, Salado y

Saladillo: el resultado de la operacion fué, que en 10" de tiempo

recorrió un espacio de 16 pies del pais, ó en 1' de tiempo 96 pies, ó 32

varas, lo que equivale á 5760 pies ó 1920 varas en una hora: de donde

resulta, que la velocidad de sus aguas está en una razon inferior á la

del Salado, Saladillo y las Flores, en donde se ha hecho el mismo

cálculo: es decir, en razon de ocho á siete, á seis, y á cinco

comparativamente.

Estas cortas noticias que procuramos adquirir sin ser vistos, no bastan

á dar un conocimiento, ya de su orígen, ya de su desague, y variaciones

sucesivas que forme su cauce, ni menos de las poblaciones que se hallen

en su costa. Se nos aseguró igualmente, que á una y dos leguas se

encontraban algunos otros arroyos, que corrian casi paralelamente al

descubierto, y descendian de la misma sierra: igualmente, que el

nacimiento ó vertientes del rio Sauce Grande y Sauce Chico no se

hallaban muy distantes de nuestra posicion, siendo la sierra orígen de

muchos arroyos; con otras particularidades no descubiertas por ningun

facultativo. El único que ha transitado[38] este pais, y dado algunas

noticias de él, nada ha dicho del arroyo _Quetro-eique_, cuyo

conocimiento es debido á nuestra Comision, ni menos de otros que corren

mas al O de este. En ninguna carta, de las pocas que conocemos de este

pais, se encuentran estos puntos remarcables, ni tampoco se halla

determinada la verdadera posicion de la sierra. Su curso y

ramificaciones así como las vertientes y desagues de los rios Sauces,

fueron fijados arbitrariamente por otro piloto que viajó á Patagones.

Los desagues de estos rios, en la costa del mar del S, y algunos otros

de la planicie del SE antes de arribar al monte cercano, son trazados

por un reconocimiento hecho recientemente de la Bahia Blanca en donde

desembocan.

Estos rios, así como sus orígenes, se hallan determinados con mas

exactitud en algunos reconocimientos particulares, que en ninguna carta

formal del país. Las desembocaduras, descubiertas en el reconocimiento

de la Bahia, han sido determinadas por algunos marineros ingleses, y sus

nacimientos, en algunos derroteros poco exactos de viages terrestres:

aunque no queda duda ninguna qne se forman de las aguas de la sierra;

pero esto no basta. Nosotros nos ocupamos, desde que arribamos á este

destino, de dar principio á reconocimientos que aclarasen y quitasen el

velo que tanto tiempo habia encubierto la geografía de este pais, con el

objeto de perfeccionar la carta que nos proponiamos formar, reuniendo

los mejores trabajos científicos.

Dia 3. Nublado y calma, brisa fuerte del SE. A las 12 del dia vimos el

sol, la niebla y cerrazon de la mañana lo habian impedido hasta

entonces: en el momento volvió a toldarse, amenazando lluvia,

impidiéndonos de este modo el ver la sierra y el hacer algunos

reconocimientos, no obstante que la niebla nos hubiera favorecido para

que no fuésemos vistos cuando los practicásemos; siendo indispensable

internarnos por entre las mismas poblaciones de indios, solos y sin

baqueano, guiándonos solamente con la aguja, para no perdernos á la

vuelta con la densidad de la niebla. El objeto principal que nos

conducia, era averiguar los orígenes de los arroyos, y reconocerlos

hasta donde fuese posible, y despues de esta dificil operacion, observar

las alturas y detalles particulares de la sierra, avanzando hasta donde

las circunstancias nos permitiesen, para trabajar con mejor éxito. Por

la mañana dispusimos todo para emprender el viage, llevando tres ó

cuatro soldados, que cargasen ocultamente los instrumentos que pudiesen

ser necesarios para la práctica de las operaciones en el terreno.

Aguardábamos antes de partir algun resultado del cacique Neclueque, en

contestacion à los chasques que se le habian enviado, y al intèrprete

mismo, que aun no habia llegado; para saber de este modo la ùltima

resolucion de la invitacion ultimamente hecha por dicho cacique á todos

los Ranqueles de la misma clase, porque nuestros trabajos no se podian

efectuar si habia algun movimiento, ó miras siniestras qne descubriesen

los disidentes contra la Comision: mayormente cuando el cacique Lincon

por la mañana, al saludar à la Comision, le participó que sabia

extraordinariamente que los caciques Ranqueles manifestaban ideas

hostiles contra la Provincia y Comision, que no querian reunirse à

tratados, y sì continuar la guerra. Que opinaba se aguardase

sosegadamente al intèrprete, y con la contestacion del cacique y la

narracion de este, determinar lo que debia hacerse. En efecto, á las 12

del dia llegó el intèrprete, y hablò al Coronel comisionado, dándole

cuenta de lo ocurrido, diciendo: que habia tenido una conferencia

favorable con el cacique: que la Comision no dudase un momento de su

sinceridad y buena fé: que era el primero que gustoso se presentaria à

entablar una negociacion, sosteniendo otros principios que los que se

habian puesto en planta en la primera reunion por hombres que presidian

estas tribus, y que habian sido talvez los que ocasionaban la morosa ò

dificultosa transacion con la tribu Ranquel; porque tan solamente los

intereses particulares se habian dejado entreveer, desatendiendo la

felicidad de su pais, y los intereses generales de su pueblo. Que el

cacique le habia suplicado hiciese todo esto presente á la Comision, y

que le participase igualmente los hechos que habia presenciado èl mismo,

y su conducta con los caciques disidentes. El intèrprete añadiò, que

durante su morada, habia sido testigo de varios chasques que habia

enviado à todos los caciques, principalmente a los _ulmenes_, ó

principales, Pablo, Calimacuy, Joaquin, Antenau, Grenamon, &c, para que

se reuniesen al pacto en el punto donde la Comision habia hecho alto:

que habia sido desairado otras tantas veces en sus invitaciones,

contestando con razones vagas é inconducentes que alegaban para no

asistir, y que en los preliminares para el pacto en cuestion se habian

recordado ciertos ofrecimientos que el Gobierno les habia hecho. Que el

uno era una promesa, que por conducto del capitanejo en rehenes se les

habia comunicado, sentándose como un principio que jamas se

quebrantaria, y como base de lo que debia practicarse: el era que el

Gobierno debia remitir, como presente, por la Comision, 50 aperos

completos con espuelas, estribos y demas avios de plata, à mas de otros

tantos sombreros finos, casacas y espadas con guarniciones de lo mismo;

y que sabian lo contrario: es decir, que la Comision decia, que no

llevaba semejantes especies, ni menos cosas equivalentes. Que por esta

razon, y por otras infinitas que ocultaban, no queriàn hacer pacto

alguuo, pues que la conducta que el Gobierno les presentaba, eran lazos

y trampas, que al fin si se mostraban incautos, se enredarian en ellos,

y el resultado seria manifiesto. Mayormente cuando sabian por sugetos de

Buenos Aires, que à eso tendian las miras del Gobierno, y que su

conducta lo manifestaba claramente. A mas de que, ¿porquè la Comision

habia observado esa conducta desfavorable hàcia ellos en los primeros

pactos con sus vecinos los Pampas, distribuyendo los artìculos y

especies diferentes de los tratado anteriormente, que habia remitido el

Gobierno para obsequiar á todos igualmente, cuando se realizase la

reunion? Y porquè tampoco los caciques Pampas la observaron, y

avaramente se repartieron à manos llenas lo que á todos pertenecia? ¿Y

porquè al mismo tiempo la Comision no los hizo responsables de su

conducta, y de los resultados que practicamente producia, y las

desavenencias que ulteriormente podria ocasionar? Concluyó el intérprete

por último, diciendo, que estas eran las contestaciones que repetidas

veces habian dado; añadièndole al cacique invitante, que los caciques

Ranqueles no querian hacer un papel triste, ni menos recibir los restos

despreciables que sus enemigos les enviaban, y que la Comision conducia

para entablar una negociacion: que ellos se decidian à no admitirla,

poniendo en planta los recursos que de su negativa eran consiguientes,

es decir, una guerra interminable. Añadiò, que el cacique Neclueque se

hallaba sumamente disgustado con la conducta que observaban los

desidentes, y la poca justicia con que calumniaban al Gobierno, y los

procedimientos íntegros y justificados de la Comision, durante los

negocios que habian tenido lugar en los sucesos con la primera tribu. Su

opinion estaba cimentada en otros principios, y que haciendo justicia al

Gobierno y á ella, se presentaria al dia siguiente con los caciques sus

compañeros y sus gentes á felicitarla, y à entablar los mejores y mas

duraderos principios de una paz, que sellaria su felicidad futura, y

haria honor à la Comision, despreciando esos viles pretestos, tan

injustos como siniestros y cavilosos que se alegaban para no entrar en

tratados.

Con esta contestacion y estos principios, fàcil era tomar una

resolucion: pero la oferta del caciqne era menester que fuese

correspondida del mismo modo y con la misma franqueza que su

corresponsal lo hacia, y al efecto se hacia preciso demorarnos en aquel

destino, hasta aguardar la reunion de este y demas que quisiesen

hacerlo. Mientras tanto el oficial ingeniero de la Comision, que escuchó

esta narracion hasta llegar à su resultado, aprovechando la oportunidad,

marchó[39] sin pèrdida de instantes al objeto que se proponia, con los

cuatro soldados armados y municionados, por lo que podia ofrecerse en el

curso de sus operaciones, internandose á campos incógnitos y llenos de

enemigos por cualquiera parte que se echase la vista.

Analizaremos sucintamente los principios vertidos por los disidentes, en

justificacion de su conducta, ò como argumentos y razones poderosas que

daban para persistir en sus planes. Mirados bajo el punto de vista en

que deben analizarse, estaban de acuerdo con sus ulteriores miras, las

que han manifestado desde el principio del siglo pasado: es decir, que

siempre han fundado su conveniencia, su prosperidad y su incremento, en

principios que ciertamente harian nuestra ruina y desgracia. Jamas se

han acomodado à otros que no han sido el robo y el pillaje, egercidos

constantemente sobre nuestras poblaciones fronterizas, y que les han

proporcionado fortunas, y procurado, à costa de los pobladores de

aquella parte de la campaña, su engrandecimiento y un considerable

aumento en sus ganados de toda clase, en especies, en cautivas ò

esclavas: sin que les costase mas que presentarse à nuestros paisanos,

enmascarados, las caras pintadas, y armados con una caña y piedras:

agregàndose á esta pantomima un poco de valor caracterìstico y

emprendedor, calidad conocida en todo indìgena, y principalmente en esta

tribu, que tiene un génio mas guerrero que las demas limìtrofes.

Esta conducta, ventajosa para ellos, los ha enriquecido á costa nuestra,

desde tiempos atras: así, si la abandonasen serian unos incautos, porque

¿qué males han experimentado en sus incursiones á nuestra frontera? ¿Qué

pérdidas, qué escarmientos, qué matanzas ó carnicerias se han hecho con

ellos en las distintas épocas en que han desplegado sus miserables

líneas a la vista de nuestros milicianos? ¿Qué detrimento, qué

cautiverio han sufrido sus bienes y sus familias, en las empresas, que

nuestros milicianos ó tropas que han custodiado la frontera han

intentado sobre sus campos y poblaciones? ¿Cuantas veces han invadido y

se han retirado sin presas, haciendo conocer à los dueños de ellas, lo

necesario, que es guardarlas mejor, y los medios que deben ponerse en

planta para librarse de las funestas y continuas lecciones que les ha

dado la esperiencia? ¿Cuantas veces?--Pero para que recordar tristes

memories, que echarian una luz sombria sobre los trabajos mencionados en

esta memoria. Bastan estas indicaciones para hacer conocer cual es el

objeto y el fin que se proponen nuestros rivales. Ellos conocen bien que

geográficamente, por su situacion, se hallan garantidos de todo lo

funesto ò desgraciado que puede sobrevenirles: ellos no ignoran la

imposibilidad de nuestros recursos, para poner en ejecucion la empresa

de buscarlos en sus mismas guaridas, é indemnizarnos de lo mucho que nos

han arrebatado, y rescatar los esclavos que han usurpado á nuestra

poblacion industriosa. Lo conocen, no hay duda, pero llegarà tiempo en

que nuestros recursos prosperen: entonces sentirán el peso de nuestra

venganza, y empezarà una època diferente de aquella en donde encontraron

tanto placer en asaltarnos impunemente. Llegará época, en que tengan que

ir à mendigar el sustento y acampar sus tristes chozas en las faldas de

los altos Andes, y llorando la suerte de sus mugeres è hijos, maldigan

la conducta que por tanto tiempo observaron contra el pais que les hizo

mas dulce su existencia, y les proporcionò los medios y los artìculos

mas preciosos para hacerla mas llevadera con la reciprocidad del trato.

No hacemos estas reflexiones con la esperanza de retraerlos de sus

designios, sino para dar una idea del caràcter de estos hombres, y de

los principios que reglan su conducta.

Los pretestos que alegaron para no entrar en tratados con la Comision,

no merecen la pena de rebatirlos, porque ellos mismos se impugnan. Los

pretestos ó razones.... Pero ¿qué razones? La primera, la oferta del

Gobierno es falsa, y nunca ha existido, ni menos pudo ser hecha al

capitanejo en rehenes, como este mismo lo asegurò á nuestro retorno. La

segunda, que la conducta del Gobierno hàcia ellos los impulsaba á no

adherir à ninguna invitacion ó pacto. ¿Qué conducta? ¿Adonde estan las

tropelias, los insultos, asesinatos, y robos, autorizados por la

autoridad, para tildarle? Se dirà que se han cometido algunos en la

campaña, principalmente en la frontera, por sus jueces ó comandantes de

ellas, cuando pacìficamente han traficado: pero esta no es razon para

culpar à la autoridad, y clasificar de pérfida è inconsecuente su

conducta.

No entraremos à analizar los hechos que motivaron esos insultos, que

sabemos han sufrido por el paisanage ó comandantes, no por autorizacion

del Gobierno, sino por un espìritu de venganza; cuando, despues de una

invasion, en donde habian cometido hechos horrorosos, aparecian con

mucha frescura à comerciar precisamente al mismo punto en donde

impunemente perpetraron esas atrocidades; en donde aun humeaba la sangre

de las víctimas que habian inmolado, y en donde existian las ruinas de

las habitaciones que el fuego habia consumido. Si entonces un deudo, ó

un infeliz labrador ó hacendado, á quien habian dejado en la miseria, à

mas de haberle muerto un hermano ò hijo, y haberle cautivado su familia,

cometió un hecho tal, ¡como se le puede reconvenir! En este caso, si mil

tropelias, de cualquier naturaleza que fuesen, se hubiesen cometido con

estos asesinos, debian tolerarse; porque los ultrages que pueden haber

sufrido, han debido ser inferiores à los que nos han prodigado.

La tercera, es la conducta de la Comision observada con las tribus

Pampas, perjudicàndolos en el reparto de los intereses, ó especies

comunes à todos. Bastan los hechos que hemos relatado para comprobar

nuestra conducta en los tratados, y desvanecer este cargo.

La cuarta y quinta son resultados de la anterior: rebatida aquella,

quedan impugnadas estas, porque los pasos que dió la Comision fueron à

consecuencia de la ratera conducta de ellos, como se hace manifiesto en

los diarios de aquellos dias, y en las reuniones que se celebraron.

Queda, pues, demostrado que sus cargos eran infundados, y que ocultan

miras siniestras, y un objeto depravado y falaz, que solo sirven para

dar á conocer mas á fondo el caràcter de estos traidores, y el modo como

deben ser tratados. Pasaremos à lo reconocido.

El oficial ingeniero, desde las 12 del dia hasta las 5 de la tarde en

que volvió al campo, hizo las observaciones siguientes:--Habiendo

penetrado al interior de la sierra, hasta las faldas del mogote de la

Ventana, siguiendo el curso de la ribera horizontal del arroyo

_Quetro-eique_ hasta su orígen, lo efectuò al cabo de 3-1/2 leguas que

caminó por el rumbo S 8° SO. Las vertientes se encontraron en las faldas

del mogote de la Ventana, entre una pequeña abra que tiene otros, para

entrar en una pequeña planicie en donde se elevaba el monte principal,

confundiendo sus cúspides con la cerrazon de la mañana. Antes de subir

sus faldas era necesario atravesar dos pequeñas cañadas ó fuentes, que

por el NO y S 12° SE se unian al entrar por la pequeña abra, y formaban

ambos el cauce del arroyo, que no excedia de 1-1/2 varas, engrosàndose

progresivamente con las vertientes de otros pequeños cerros que formaban

la entrada de la planicie, en donde señoreaba aisladamente el de la

Ventana. El cauce del arroyuelo se ensanchaba hasta ocho à nueve varas,

disminuyendo al mismo tiempo su velocidad, hasta llegar al punto de

nuestra parada, en donde se calculó la que allí llevaba. Marcado

exactamente el rumbo y las distancias, pasó el ingeniero à reconocer

todo aquel seno, rodeado de cerros menos elevados que el principal, al

rededor del cual formaban una figura circular, cuyo centro comun era el

cerro. Puso en planta la mensura de una base para levantar el plano de

toda aquella superficie interesante, pero la densidad de la niebla no

permitia descubrir los puntos principales que debian cerrar el area, à

pesar de haberla reconocido. Toda ella forma una abra, de donde nace el

arroyo descubierto, de 500 pies de ancho: de allí al NO sigue un

encadenamiento de colinas y cerros, de 300 y 350 pies de elevacion, que

cambiando de direccion en su curso á 2,000 pies, siguen al O,

disminuyendo sus alturas, hasta perderse à 1,000 y tantos pies en

pequeñas colinas, formando una abra considerable de mas de 1,500 pies.

Siguiendo al SE se vuelven á encontrar algunos cerros unidos por sus

faldas al principal, de la misma altura, y aun mayores, de 900 pies, que

corren circularmente hasta la abra, en donde se origina el arroyo.

Recorrido este círculo, no distinguiamos por la parte septentrional de

su lìmite la sierra de Curumualá, unida à ella por medio de una abra,

que forman algunas colinas, y la separan de la principal. Sus diferentes

mogotes elevados no se apercibian desde aquella posicion, mucho menos

los del Guaminí que se une al Curumualá por un encadenamiento sucesivo.

Al recorrer el terreno que hemos descrito, no encontramos otros arroyos,

como se nos decia, que corren paralelamente al descubierto: nos

figuramos entonces que sus vertientes tenian orìgen en el Curumualá, que

se prolongaba mas de una legua al NO, hasta unirse con la ùltima

ramificacion que se pierde en la llanura--el Guaminí: Se nos aseguró

igualmente por los mismos indígenas, que en la Sierra de la Ventana se

hallaban las vertientes de los rios Sauces: estas no las encontramos,

pero se nos dijo por los desertores è indios, que se hallaban en la

parte austral del cerro de la Ventana, y de allì corrian hasta las

costas de la Bahia Blanca, en donde desagua. Mucho menos encontramos las

del Sauce Chico, que se hallan en el Curumualá. Ambos arroyos pasó un

facultativo en su viaje à Patagones, es decir, hácia la parte meridional

de la sierra, dejando el curso á la derecha, como lo describe en su

diario, y dando como positivo el punto que indicamos por su orìgen.

A las 2 de la tarde, cuando parecia que despejaba el horizonte, y se

descubrian las cimas del monte principal, nos dispusimos à medir su

altura trigonómetricamente. Ella resultò, despues de haber hecho el

càlculo por logaritmos, y resuelto los triangulos, de 2,500 pies sobre

el nivel general del terreno. Su altura es imponente, su perspectiva

magestuosa, y lúgubre todo el terreno que domina su elevacion, y en

donde se halla situado: el es totalmente desnivelado y lleno de piedras,

y de una magnitud excesiva en las faldas y cimas de los cerros. La parte

medida era accesible hasta 150 varas, pero á una mayor elevacion forma

despeñaderos de piedra, elevándose perpendicularmente hasta completar su

altura, y formando algunos mogotes en su misma cima; pero de menor

altura que el superior, el cual es perpendicular sobre su base, formada

sobre la cúspide de los inferiores. Antes de arribar à la parte

inaccesible, se forma una gran meseta de mas de 190 pies de

circunferencia, con aguadas de las lluvias, que forman un depósito en un

pequeño pozo. En toda la superficie del cerro, no se encuentran pastos,

sino piedra pedernal y comun, y aun algunos minerales, como se asegura

que lo es el armazon del cerro.

No sería estraño que esta cadena ò ramificacion de los Andes encerrase

estos metales, siendo una masa homogenea á aquellos que los producen.

Cuando se nos presentaban aquellas particularidades á nuestra vista,

anhelabamos tener un caudal mayor de conocimientos, principalmente en la

química, para poder analizar con mas propiedad, y dar una descripcion

mas exacta de las bellezas de aquel suelo. Bàstenos indicarlas, aunque

no las analizemos: llegurá otra época en que génios mas felices que el

nuestro, sepan aprovecharse de estas indicaciones, y corran á

descubrirlas, para llenar el vacio de los que, teniendo proporcion, no

lo hicieron. Pero los motivos que nos impidieron de llenar todos los

objetos de nuestra Comision, no fueron solamente los que hemos alegado,

aunque nuestra capacidad era bien limitada, por las circunstancias

aflictivas que nos rodeaban, y los peligros á que nos esponiamos.

Siguiendo nuestra descripcion, se verà cuan interesante hubiese sido

haber hecho una observacion astronómica en la falda de aquel monte, y

reconocer el lugar que ocupaba en el continente americano: pero

desgraciadamente no vimos el sol en todo el dia que tuvimos proporcion

de egecutarla sin ser vistos, reservándonos hacerlo en la costa del

arroyo, si se nos ofrecia la oportunidad. Hasta las 3 de la tarde no

despejò la niebla, y à esta hora apareció el horizonte cerrado y

nublado, amenazando una fuerte turbonada. Entonces nos resolvimos

retirarnos, costeando si era posible la sierra, hasta el Curumualá, para

descubrir el orígen de dos arroyos que se nos informò de allí nacian. A

3/4 de legua que anduvimos, encontramos, entre la abra de la Ventana y

el Curumualà, las de uno, llamado _Ingles-mahuida_, ó arroyo del Inglès,

por haber sido asesinado un extrangero en tiempos atras por los

Ranqueles. Su orígen era una pequeña cañada, que corria por medio de la

abra, recibiendo algunas aguas de unos cerros, de los boreales del

círculo de la sierra desierta. Siguiendo mas adelante, como á 1/3 de

legua, encontramos el de otro, formado en la misma abra, y recibiendo

las aguas de algunos cerros poco elevados, que rodeaban el

encadenamiento del Curumualà, distante al O 1-2/3 leguas, cuyas aguas

formaban un pequeño cauce de 2-1/4 varas. El prímero lo reconocimos

hasta 1-1/2 leguas en su curso, casi al mismo rumbo SO à NE que el

anterior _Quetro-eique_: su cauce se aumentaba considerablemente hasta 7

á 8 varas, y sus calidades eran las mismas, sin ninguna diferencia de

las descubiertas en el primero. La velocidad de sus aguas estaba en una

razon de 6 à 5: es decir, que su velocidad era mayor que el anterior, y

en 1' de tiempo recorria 110 pies, ó 6,600 pies, ó 2,200 varas en 1^h

cuando en el mismo tiempo el otro no recorria sino 1,920 pies. El

tercero, nombrado _Malloleufú_, (_arroyo blanco_) lo reconocimos

igualmente hasta 1/3 de legua, y parecia apartarse considerablemente del

segundo: es decir, de rumbo SO à rumbo NE 18° N. En lo poco reconocido

encontramos precisamente las mismas calidades que los otros dos, pero en

la velocidad diferian. Este recorria en 1' de tiempo 102 pies, ó 6,120,

pies ò 2,040 varas en 1^h: es decir, que sus velocidades se hallaban en

la proporcion de 5 la del primero, 6 la del segundo, y 5-1/2 la del

tercero.

Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana · 第 12 / 19 段