En unos observamos que jugaban al dado, y en otros á la baraja: en los

primeros manejaban con suma destreza y órden cuatro dados, no

pulidamente construidos ni cuadrados, pero sí con sus caras y señales de

suerte y pierde, marcada con puntos. A ellos jugaban una especie de

moneda adoptada en el juego, (unas pequeñas argollitas amarillas, como

sortijas) que cada una tenia su valor determinado en cierta especie, y

un cierto número de ellas determinaba su valor, y entonces el que las

perdia la entregaba, ya en un caballo, ya un chapeado ó espuelas,

estribos, &a., &a., que antes de empezar el juego apostaban. En los dos

observamos al mismo tiempo, que jugaban con destreza, ya al monte, paro

y otros juegos conocidos, pero con mas generalidad el llamado

_tenderete_, que lo usan mucho y lo prefieren á todos los demas: á èl,

como á los otros, se descamisan y juegan todo lo que tienen, con las

argollas ó equivalentes al valor de una especie. Este sistema lo adoptan

por cómodo, pues cuando se reunen en las ferias no pueden cargar ni

arriar las telas y bestias destinadas al juego, y sí aquella moneda que,

perdida, el acreedor ó ganador ocurre ó vá en persona á recibirse de su

ganancia. Muchas veces algunos se hacian dueños de la escasa fortuna de

un pequeño rodeo de vacas, y las pocas telas que tenia para sustento,

quedándose reducido á la mendicidad, y por consiguiente sin tener como

alimentar á su familia[23]. Es una de las pasiones ó vicios que mas

predomina á estos bárbaros, y lo excesivo de él es lastimoso cuando no

respetan para sacrificarle lo mas sagrado, cual es, la vida de su muger

é hijos; porque faltándoles el sustento ninguno se lo facilita. El

egoismo ha llegado á tal grado que asombra, y por consiguiente dá á

conocer el estado de barbarie en que se hallan sumergidos. Mas adelante

hablaremos de esto, aclarándolo con datos y observaciones, que no dejan

duda ninguna de su miseria.

A las 5 de la tarde se retiraron todos reunidos á sus casas, quedándose

en nuestro campo á dormir algunos, con objeto de jugar y robar lo que

pudiesen. En esta noche heló, reinando un frio excesivo.

Por la mañana observamos en medio de la confusion y desórden de los

reunidos, á la hermosa _Sierra la Ventana_, que con la claridad del

horizonte se distinguia toda su ramificacion, y principalmente el mogote

elevado que lleva aquel nombre. Este demoraba de nuestra posicion al

rumbo O 20° SO, y el segundo, ó del _Guaminí_, al rumbo O 5° NO,

prolongándose este por una sucesion de mogotes hasta el NO, en donde se

pierde en colinas en la vasta pampa por donde pasa el camino á Salinas,

que sigue hasta las fronteras de la provincia de Cuyo. Todas estas

sierras son por consiguiente casi perpendiculares á la costa del mar, y

paralela á la primera ramificacion. Deseábamos aproximarnos à ella para

adquirir conocimientos de su verdadera situacion y particularidades, y

al mismo tiempo para reconocer algunos arroyos que de ellas descienden,

y que generalmente oiamos nombrar á los indios.

Dia 26. Nublado, y calma. A las 8 salió el sol con brisa del SE, la que

despejó el horizonte. Desde esta hora se comenzaron á reunir los mismos

corrillos del dia anterior, con la misma confusion y desórden. Entre

varios indios, que se habian quedado en nuestro campo á dormir, de los

del dia anterior, se presentó uno al Sr. Coronel comisionado, el que,

antes de apersonarse, habia hablado largamente toda la noche con el

intérprete, imponiéndole de su mision, para que este lo hiciese al dia

siguiente con el Comisionado. En efecto, él se presentó acompañado de

este, el que dió cuenta al Sr. Coronel, que por la narracion que le

habia hecho el indio, era enviado por el cacique Neclueque á dar cuenta

á la Comision, que sabia que los caciques Ranqueles no querian hacer la

paz con ella, porque se hallaban imbuidos por la multitud de tasfugas

desertores que ellos abrigan, los que se valian de cuentos para

alucinarlos y discordarlos, y al efecto habian hecho creer á todos ellos

que los presentes que la Comision llevaba para regalarlos despues de

hechas las paces, estaban todos envenenados y cargados del _gualicho_ ó

cosa mala, para hacerlos víctimas de la buena fé con que se prestaban á

tratar, y que así no creyesen en tal Comision enviada con miras

siniestras por el Gobierno de Buenos Aires para engañarlos, mientras

tanto que se preparaban para hacer una expedicion contra ellos; y que lo

que convenia era no hacer la paz, y mantenerse en guerra abierta como

hasta entonces. Concluida la relacion del intérprete, dijo el indio, que

su cacique lo felicitaba, deseando que llegase el dia que se verificase

la reunion general para entablar duraderas relaciones de amistad, que

afianzasen para siempre la paz: y que dicho cacique añadia á su mensage,

que los desertores que se abrigaban entre los disidentes eran

veintisiete, la mayor parte chilenos, restos de la division de Carreras,

capitaneados por un oficial nombrado Curado, tambien chileno. El

Comisionado pidió por último, yerba, tabaco, azucar, &c., para su

cacique, lo que al momento se le satisfizo; y tambien se le contestó al

mensage de su cacique, disuadiéndole de la creencia de semejantes

mentiras, é invitándole á la paz, mediando con sus respetos y opinion,

para que los disidentes, si acaso hubieren, entrasen en tratados, y les

asegurára por su parte la falsedad de los chilenos que les habian

introducido los trasfugas. Se marchó con esta respuesta el enviado, muy

contento, y cargado de regalos para su señor.

Toda la mañana lo pasamos rodeados de los corrillos de juego, y

recibiendo visitas que nos hacian algunos indios principales, entre

ellos uno quo vimos se llegó á saludarnos, venia muy bien vestido, y con

un excelente apero, adornado con un chapeado completo de plata. Su

figura no era despreciable, y su tez era blanca: no dijo su nombre, ni

los indios concurrentes á quienes preguntamos, tampoco lo sabian, por lo

que creimos quo no fuese principal, ni cacique, sino uno de los muchos

que han robado largamente en las incursiones en la provincia, y vienen á

lucir en sus tierras la presa. A las 12-1/2 del dia arribó un chasque

del cacique Lincon, el que venia acompañado de una multitud

considerable, y entre ellos el capitan _cona_. Este, despues de muchas

ceremonias, antes de entrar á manifestar su embajada, dijo: que su

cacique saludaba á la Comision con todo aquel respeto que le merecia su

carácter: que en aquel mismo dia acababa de llegar de concluir

felizmente la suya: que de ella se esperaban buenos resultados, con

haber reducido á hacer la paz á muchos que no la querian: que un dia

hermoso y lleno de delicias se esperaba, en el que se unirian para

siempre con lazos indisolubles todas las tribus con la provincia de

Buenos Aires, con unos tratados permanentes, que muy pronto y con buen

resultado se harian; y que así esperaba que sin pérdida de instantes se

pusiese en marcha para la laguna que se habia destinado, sirviéndole de

guia el mismo chasque, á la que al dia siguiente se reuniria él y todos

los caciques, con sus tribus, á celebrar los tratados: que deseaba

llegase ese momento para abrazar á su antiguo amigo, y renovar la

amistad que en el año 10 contrajo, en su viage á Salinas: que no se

sorprendiese de las ceremonias y demostraciones, y maniobras que se

harian en la reunion, por las divisiones que debian asistir armadas,

segun el régimen que en estos casos se usa. Concluida la mision del

chasque, contestó el Coronel comisionado, que era grande el placer que

sentia al ver próximo el dia de la union general, en que iba á abrazar á

sus amigos y hermanos: que sentia la necesidad que se efectuase cuanto

antes, pues ni su salud, ni el mal estado de los carruages y

cabalgaduras permitia que la estacion del invierno lo tomase en la

campaña, ni tampoco demorase demasiado. En seguida de esta contestacion,

se mandó cargar los equipages y poner todo pronto para marchar al lugar

destinado.

A las 4 de la tarde nos pusimos en marcha, llevando un numeroso

acompañamiento de indios, por delante, por detras y por los flancos,

multitud de chinas y muchachos con grande bulla y alboroto, mesclado

entre ellos el fiel Antiguan, haciendo cabeza á los vivas de paz, que á

cada instante se prorrumpian por la muchedumbre. Con rumbo OSO,

inclinándonos por algunas sinuosidades del camino al O 1/4 S, arribamos

á la laguna á las 4-1/2 de la tarde, distante 1-3/4 leguas de la

anterior. En el camino se encontraron dos lagunas pequeñas: la primera á

una legua de la salida, sobre la derecha del camino, de 150 varas de

circunferencia: buena agua, buenos pastos, sin barrancas, en un terreno

sumamente húmedo, y con 4 toldos situados en su circunferencia: la

segunda á 6 cuadras de esta mas adelante, de 55 varas de circunferencia,

ambas regulares, y con las mismas calidades: con diferencia que esta

estaba llena de juncales y duraznillo, y en la misma calidad de terreno.

En la que se hizo alto, encontramos buena proporcion para hacer una

parada con comodidad; en magnitud es de 500 y mas varas de

circunferencia, bastante regular, de rica agua, con bastante leña de

duraznillo en su centro, con buenos pastos en sus cercanias, sin

barrancas y abordable por todas partes, aunque situada en un terreno

demasiado húmedo, que con muy poca diferencia era un bañado. En su

circunferencia se hallan situados mas de ocho toldos de poblacion, y á

mas se encontró pescado bagre en abundancia. En la parte de su

circunferencia que mira al OSO, nos acampamos, formando un pequeño

campo, atrincherado circularmente con los carruages, para impedir que

ninguno pudiera entrar dentro del círculo a caballo ni aun á pié, para

no sufrir el mismo desórden de corrillos de juego, y confusion que

anteriormente. En él pasamos la noche con comodidad, no obstante que con

algun recelo, fuese positiva la noticia dada por el cacique Neclueque, y

que por consiguiente se entorpeciese el éxito de la Comision.

Dia 27. Nublado, calma: á las 8 vimos el sol, y en seguida tuvimos un

dia claro y despejado, con una pequeña brisa que se levantó á las 10 del

NO. Debièndose celebrar en este dia la reunion general, nos dispusimos

para preservarnos de la confusion y desórden, que con la multitud de

concurrentes habria: atrincheramos al pequeño campo ó circuito en que

estabamos para no ser atropellados, ni esponernos á ningun ultrage de

tanto facineroso, debiendo entrar á èl solamente los caciques, para

tratar y hacerlo con alguna formalidad, como creiamos; pero nos

engañamos. Pasemos á los sucesos de este dia, demasiado tristes y

peligrosos.

A las 10 de la mañana arribó un chasque del cacique Lincon en que

avisaba que dentro de pocos momentos arribaba con su tribu, y que al

mismo tiempo que él, arribarian los demas con sus gentes; que se

estuviese pronto, y no nos sorprendiesemos de las operaciones que debian

hacer en esta reunion. A las 12 del dia se presentaron al SO de la

laguna, como á 10 cuadras de ella, 200 y mas ginetes, formados en

batalla en ala, algo desordenados, con el cacique Lincon; los que se

aproximaron, conservando esta formacion, paso á paso y con marcha

magestuosa al son de cornetas y bocinas, hasta dos cuadras del campo, en

donde hicieron alto. En seguida de esta ceremonia prorumpieron en grande

alboroto, desordenándose la línea, corriendo ó dando cargas en grupo con

sable en mano y lanza,[24] tirando cortes y lazazos al aire á diestro y

siniestro: dando vueltas á toda carrera circularmente al rededor del

cacique que se hallaba en el medio, presenciando este ensayo guerrero de

su tribu. Algunos de los ginetes que acompañaban al gefe de la division,

se presentaron con los caballos enjaezados, con cuentas, cascabeles y

campanillas; encoletados con una túnica de cuero perfectamente hecha,

como una saya, y con sombrero de cuero, formando un solideo con su

grande ala semejante al de un fraile, de seis á siete cueros de fondo,

lo mismo que los coletos: con la diferencia que estos son tan blandos y

dóciles como una seda, porque lo benefician de tal modo, que los ponen

en este estado, y aquellos tan duros como una piedra, que un sable no

les penetra, ni tampoco á los primeros una bala de fusil á distancia de

media cuadra, por observacion hecha anteriormente con uno semejante, en

la campaña del año 21 al sud. Estos personages ó ayudantes de órdenes,

traian ademas su sable de laton cada uno, sus pistolas aunque inutiles,

las lanzas, bolas y puñales, los que se apersonaron al Comisionado á

saludarlo de parte de su cacique. A las 12-1/2 se presentaron, cubriendo

el horizonte por todas partes, líneas de batalla en ala, que abrazaban

una estension considerable de terreno, y presentaban á la vista del

observador un aspecto imponente y pintoresco. A la 1 llegaron á tres

cuadras del campo, lo cercaron é hicieron alto: su marcha, desde que se

presentaron, fué pausada y magestuosa: al son de cornetas de cuerno y

caña que manejaban algunos indios en cada division, y cada una de ellas

con sus caciques á la cabeza, con mucho órden en la formacion, sin dar

voces.

Esta uniformidad nos asombraba, y al mismo tiempo el alineamiento y

silencio que guardaban, presentando el aspecto de escuadrones

disciplinados, con sus sables y lanzas en asalto y guardia. Esta primera

perspectiva nos hizo conocer el carácter guerrero y militar á que tiende

directamente el génio de estos bárbaros, y que el mismo los conduce á un

adelantamiento que talvez nos será funesto. Veiamos con dolor á estas

líneas, cargadas con sables de laton, y multitud de armas blancas, y aun

de chispa, que por su barbárie no las sabian aprovechar, y que habian

sido adquiridas en los infinitos combates y guerrillas, en que han

atemorizado á nuestras milicias de campaña, y veiamos aun mas, algunos

uniformes y gorras de nuestros soldados, adquiridos del mismo modo, con

multitud de carabinas y tercerolas inutiles, que por lujo ó insulto las

cargaban á la espalda, para que les viésemos, y hacernos entender, y ver

por nuestros propios ojos, el estado preponderante en que se hallaban,

así en fuerza como en instrumentos de defensa, y maniobras de

caballeria, aunque brutales, dirigidas solamente por su génio, ó por

cosas semejantes que han visto[25]. En esta posicion, las divisiones al

parecer aguardaban órdenes del cacique principal, que se hallaba con su

gente formado del mismo modo; y en efecto, no tardó poco en que vimos

salir de su division dos encoletados, que le servian, como hemos dicho,

de ayudantes. Estos se dirigieron á la division de Avouné, uno de los

caciques principales, y su mision la repitieron dos veces al mismo,

hasta que su division se puso en marcha, que se hallaba al SE de la

laguna, como á dos cuadras de la primera, y de las mas próximas á ella.

La marcha con que rompió fué a gran carrera, con gritos de alegria, y

con las mismas ceremonias que lo hizo la primera; no cesando de dar

estas cargas hasta que dió tres veces vuelta la línea de la primera

division que se hallaba formada, y que se conservaba en este órden

mientras que la otra concluyó su ceremonia, la que en seguida de este

acto, pasó á formar en batalla, á continuacion de la primera, y al mismo

frente. Incontinenti de este acto marcharon los mismos ayudantes a

practicar igual diligencia con la tercera division, que se hallaba

formada al E de la laguna como á dos cuadras, y despues de una larga

parla con el cacique Anepan, que la mandaba, hizo este la misma

evolucion que la anterior. La cuarta division del cacique Pichiloncoy;

la quinta del cacique Ancaliguen y otros; la sesta de los caciques

Llanqueleu, Huilletrur, Antiguan y otros; la septima de los caciques

Chañabilu, Chañapan, Neculpichuy, Trignin; la octava, de los caciques

Cachul, Catriel y otros; la novena, de los caciques Huilliches,

Nigiñile, Quiñifoló, Pichiacurá, y las que se hallaban formadas en la

circunferencia de la laguna, pasaron á formar en batalla, haciendo antes

las mismas evoluciones que las otras, antes de practicar esta última;

hasta que formaron una hermosa y regular línea en órden de parada, y con

el mayor silencio, que hacian guardar los gefes de cada una de las

divisiones, y por consiguiente la alineacion con la primera division que

formaba la cabeza. Concluida la formacion de la línea, los dos caciques

principales, Lincon y Avouné, mandaron formar un círculo a toda ella, lo

que se efectuó sin alboroto, pero desordenadamente, porque á pesar del

silencio y buena disposicion con que lo hacian, no podian ejecutarlo, y

para hacerlo era menester que el desorden presidiese la maniobra.

Formado el círculo, todos los caciques se metieron dentro de él, y

tuvieron una larga parla de mas de dos horas, acerca de los tratados que

se iban á celebrar nuevamente, y al mismo tiempo, acordar con el pueblo

las bases que debian presidir, y si debian celebrarlos por sí solos, sin

la reunion de los Ranqueles, cuando se dudaba de la buena fé de estos,

no obstante que muchos querian tratar. El cacique Lincon dijo en la

reunion, que los tratados no debian efectuarse sin la asistencia de los

Ranqueles, pues que cualesquiera que fuesen los que se hiciesen, serian

efimeros si con aquellos no se contaba: que se aguardase á que se

reuniesen, ya todos ó algunos, que entonces se harian con mas

formalidad, y todos disfrutarian de los presentes que el Gobierno les

hacia por medio de la Comision: y que hacer lo contrario traeria malas

consecuencias á ellos mismos, porque se renovaria el rencor que se

tenian, y á la Comision, que habia dado un paso tan precipitado,

sabiendo que aquellas tribus son las mas fuertes, y con las que

principalmente debia hacerse una liga. La franqueza con que este bravo y

elocuente cacique habló en la reunion, no pudo menos que chocar con el

orgullo y disposicion de sus compañeros, que se manifestaron contrarios

á esta opinion. El interes particular, mas bien que el deseo que

demostraban por la paz, era el que obraba en este caso: los cortos

articulos que la Comision llevaba para obsequiarlos eran tales, que para

los reunidos no alcanzaban, y cada uno de ellos se creia dueño y

poseedor de todo, y no querian que otros disfrutasen: esta liga

premeditada que todos formaron, chocó igualmente al desinteres y buena

fé del cacique Lincon. El sostuvo su opinion hasta el último estremo

contra el cacique Avouné, y demas de los reunidos, que querian

celebrarlas incontinenti, y que despues de cangeados los tratados con

ellos, como una tribu diferente é independiente de los Ranqueles, la

Comision marchase á celebrarlos con los caciques que de esta tribu

quisiesen. El cacique Lincon conocia demasiado por su esperiencia la

codicia ó interes de sus paisanos: el sostenia aquella opinion, porque

la creia conciliatoria con los dos partidos siempre opuestos, y al mismo

tiempo libraba á la Comision de los riesgos que esta medida podia

haberle ocasionado. El sabia que, efectuándose en esta reunion las

conferencias, ibamos poco mas ó menos á ser saqueados, y por

consiguiente cuando se celebrase la segunda con los otros, no podriamos

llenar las miras del Gobierno y de la Comision, y esta se espondria à un

desaire, á una ruina inevitable, si aquellos traslucian que la Comision

habia obsequiado a sus enemigos, con las especies que para todos se

destinaban, para celebrar una paz con la província. Esta opinion

juiciosa del caciqne Lincon, vertida en la reunion, hubo de costarle el

sacrificio de su existencia: su conocido amor al órden, las

consideraciones que habia merecido de las autoridades del país, y su

opinion entre todas las tribus, aumentaban los celos y envidia de los

demas caciques, y principalmente del principal Avouné, joven orgulloso y

aspirante, hermano y sucesor del célebre Carritipay. El pueblo, que se

hallaba reunido y presenciaba su discurso, no pudo menos que seguir la

opinion de los caciques, y lo insultaba á grandes voces é invitaba y

mandaba que ella fuese seguida. El respeto del viejo cacique contenia

estos insultos, reprendiéndolos voz en cuello, y haciendo ver á sus

compañeros que el paso que iban à dar, traeria funestos resultados.

Todos despreciaron sus consejos, excepto algunos viejos caciques

octogenarios y sus tribus pequeñas; pero fueron arrastrados por la

opinion tenaz de la fuerza principal, que ordenó incontinenti, de

acuerdo con Lincon, que el Comisionado se presentase á la reunion, para

conferenciar y comunicarle la medida que se habia sancionado.

A las 2 de la tarde recibimos la órden de apersonarnos delante de los

caciques, y desde luego marchamos, el Comisionado, el Ingeniero y el

intérprete, hácia ellos, que distaban seis cuadras de nuestro campo al

SE. En seguida á esta órden el cacique Lincon se dirigió a

comunicarnosla, y tras él se desordeno enteramente toda la línea ó

círculo en donde se habia tenido la parla. Este desórden comenzó en

derrota: unos á dar carreras con gritos, bulla y confusion, y otros se

dirigian del mismo modo a nuestro campo: en él se armó una terrible

zambra; todos pedian, todos gritaban, y clamaban por tabaco, yerba &c.

&c. Rompieron por último el pequeño círculo que lo rodeaba, y no quedó

uno de los petulantes, que no fuese satisfecho: indios, chinas y

muchachos, pasaban de 1,500 los que nos rodeaban en él, fuera de la

turba considerable que se hallaba en el campo, en correrias.

El cacique Lincon, al comunicar la noticia al Comisionado, lo estrechó

fuertamente, á pesar de la incomodidad y disgusto con que venia: él

mismo nos condujo a los reunidos, mezclados entre la multitud de

ginetes, que á la novedad de vernos, lo acompañaban, y nos llevaban con

gran bulla y desórden, todos armados y en guardia como en procesion, al

parecer al sacrificio. Arribamos al lugar en donde se hallaban los

caciques: mandaron ordenar sus gentes, y formar un círculo, y en él

entramos: los caciques se apearon de sus caballos, y formados en tierra,

cada uno nos abrazó y dió la mano, saludándonos cariñosamente. Hicieron

descender á varios ginetes que se hallaban entre la multitud, para que

sirviesen de intérpretes en compañia del nuestro, la mayor parte de

ellos desertores. Uno de ellos, despues de haber hablado el cacique

Avouné, dijo al Sr. Coronel comisionado, que aquel cacique por su parte

y á nombre de los reunidos, felicitaba á la Comision, demostrando la

sensacion que les causaba, el ver próximo el felix instante en que se

unirian para siempre con sus hermanos los cristianos, por medio de unos

tratados que asegurarian la paz, pues que conocian las ventajas de esta,

y la destruccion que la guerra les habia causado por tanto tiempo: que

en aquella reunion habian determinado los caciques, que se celebrarian

los tratados con las tribus, Pampa y Huilliches, y que la Comision

pasaria, concluidos estos, á entablarlos con los Ranqueles, pues que de

este modo se evitaban los celos de aquellos, y no se renovaria el

antiguo rencor que le profesaban: que los tratados se efectuarian al dia

siguiente, para cuyo efecto se reunirian separadamente con el

Comisionado. Dicho Sr. contestó por medio del intérprete, felicitando

del mismo modo á sus hermanos: que solamente por haberlo ellos

solicitado para hacer la paz, podia haberlo hecho, sacrificando su salud

en una estacion peligrosa: que la Comision no creyó haber llegado á un

punto tan avanzado, pues solamente se le dijo que hasta las sierras de

Curacó seria el viage, y allí se reunirian: que el mal estado de los

carruages y cabalgaduras no permitia internarse mas; pero para que

estuviesen convencidos de la disposicion que asistia á la Comision para

entablar la paz, aun con aquellos que la despreciaban, marcharia á

conferenciar con ellos al punto que se le destinase.

Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana · 第 8 / 19 段