Pues al fin puedes mandarme.
Cristiano, vuelve á mirarme,
Que no es mi rostro de muerte.
AURELIO.
Mas que muerte me causais
Con vuestros inducimientos;
Dexame con mis tormentos,
Porque en vano trabajais.
FATIMA.
No veis como se retira
El bravo en su pundonor:
Ansi entiende él del amor
Como el asno de la lira.
AURELIO.
Cómo quieres que yo entienda
De amor en esta cadena?
ZARA.
Eso no te cause pena,
Que luego se hará la enmienda:
Las dos te la quitaremos.
AURELIO.
Muy mijor será dexalla,
Que no quiero con quitalla
Pasar de un estremo á estremo.
FATIMA.
A qué estremo pasarás?
AURELIO.
Quitando al cuerpo este hierro,
Cairé en otro mayor yerro,
Que al alma lastime mas.
FATIMA.
Almas teneis los cristianos?
AURELIO.
Sí, y tan ricas y estremadas,
Quanto por Dios rescatadas.
FATIMA.
Qué! son pensamientos vanos.
Pero si almas teneis,
De diamante es su labor,
Pues en la fragua de amor
Muy mas os endureceis.
Aurelio, resolucion:
Ten cuenta en lo que te digo,
No quieras ser tan amigo
De tu ostinada opinion.
Ya te ves sin libertad,
Entre hierros apretado,
Pobre, desnudo, cansado,
Lleno de necesidad,
Sujeto á mil desventuras,
A palos, á bofetones,
A mazmorras, á prisiones
Donde estás de dia á escuras.
Libertad se te promete,
Los hierros te quitarán,
De paño te vestirán,
No hay temor de oscuro brete.
Cuzcuz, pan blanco á comer,
Gallinas en abundancia,
Y aun havrá vino de Francia,
Si vino quieres beber.
No te piden lo imposible,
Ni trabajos demasiados,
Sino blandos, regalados,
Dulces lo mas que es posible.
Goza de la coyuntura
Que se te pone delante,
No hagas del inorante,
Pues muestras tener cordura.
Mira tu señora Zara,
Y lo mucho que merece,
Mira que al sol escurece
La luz de su rostro clara.
Contempla su juventud,
Su riqueza, nombre y fama,
Mira bien que agora llama
A tu puerta la salud.
Considera el interes
Que en hacer esto te toca,
Que hay mil que pondrán la boca
Donde ella pone los pies.
AURELIO.
Has dicho, Fatima?
FATIMA.
Sí.
AURELIO.
Quiéres que responda yo?
FATIMA.
Responde.
AURELIO.
Digo que no.
ZARA.
Ay Ala! qué es lo que oí?
AURELIO.
Yo digo que no conviene
Pedirme lo que pedís,
Porque muy poco advertís
El peligro que contiene.
FATIMA.
Qué peligro puede haver,
Queriéndolo tu señora?
AURELIO.
La ofensa, que siendo mora
A Mahoma viene á hacer.
ZARA.
Dexame ya con Mahoma,
Que agora no es mi señor,
Porque soy sierva de amor,
Que el alma sujeta y doma.
Echa ya el pecho por tierra,
Y levantate á mi cielo.
AURELIO.
Señora, tengo un recelo
Que me consume y atierra.
FATIMA.
Dí, qué recelas de mí?
AURELIO.
Señora, de que no veo
Ningun atajo ó rodeo
Como complacerte á tí.
En mi ley no se recibe
Hacer yo lo que me ordenas,
Antes con muy graves penas
Y amenazas se prohibe.
Y aun si bautismo tuvieras,
Siendo como eres casada,
Fuera cosa harto escusada
Si lo que pides pidieras.
Por eso yo determino
Antes morir, que hacer
Lo que pide tu querer,
Y en esto estaré contino.
ZARA.
Aurelio, estás en tu seso?
AURELIO.
Antes por estar en él,
Soi para tí tan cruel.
ZARA.
Ay desdichado subceso!
Es posible que tan poco
Valgan mis ruegos contigo?
FATIMA.
Sin duda que este enemigo
Es muy cuerdo, o es muy loco _Aparte._
Ruin, sin razón ni compas,
Nacido de vil canalla,
Pensabades ya triunfalla,
Holgando sin mas ni mas?
Necio, tanta fantasia
Pensais que hablamos de veras?
Antes de mal rayo mueras
Primero que pase el dia.
Conmigo las has de haber,
Y de modo, que te aviso
Que dirá el que nunca quiso:
Mas me valiera querer.
No estés, Zara, descontenta,
Dexa el remedio en mi mano,
Que á este falso cristiano,
Yo le haré que se arrepienta.
ZARA.
No es bien que por mal se lleve.
FATIMA.
Ni bien llevallo por bien.
ZARA.
Cese, Aurelio, tu desden.
FATIMA.
Con eso el falso se atreve.
Ve, señora, al aposento,
Que en esta pena crecida
O yo perderé la vida,
O tu tendrás tu contento.
_Vanse las moras, y queda_ AURELIO.
AURELIO.
Padre del cielo, en cuya fuerte diestra
Está el gobierno de la tierra y cielo,
Cuyo poder acá y allá se muestra
Con amoroso, justo, y santo zelo;
Si tu luz, si tu mano no me adiestra
A salir deste caos, temo y recelo
Que como el cuerpo está en prisión esquiva,
Tambien el alma ha de quedar cautiva.
Do estás, Silvia hermosa? qué distino,
Qué fuerza insana de inplacable hado
El curso de aquel prospero camino
Tan sin causa y razon nos ha cortado?
O estrella! ó suerte! ó fortuna! ó signo!
Si alguno de vosotros ha causado
Tamaña perdicion, desde aqui digo
Que mil cuentos de veces os maldigo.
Yo morire por lo que al alma toca,
Antes de hacer lo que mi ama quiere.
Firme he de estar qual bien fundada roca,
Que en torno el viento y mar combate y hiere:
Que sea mi vida mucha, que sea poca
Importa poco, solo el que bien muere
Puede decir que tuvo larga vida,
Y el que mal, una muerte sin medida.
_Entrase_ AURELIO, _y sale_ SAAVEDRA _y_ PEDRO ALVAREZ, _y_ SEBASTIAN
_á su tiempo_.
SAAVEDRA.
En la veloz carrera apresuradas
Las horas del ligero tiempo veo
Contra mí con el cielo conjuradas.
Queda atras la esperanza y no el deseo,
Y ansi la vida de la muerte della
El mal, el daño augmentan que poseo.
Ay dura, iniqua, inexorable estrella!
Como por los cabellos me has traido
Al terrible dolor que me atropella!
PEDRO ALVAREZ.
El llanto en tales tiempos es perdido,
Pues si llorando el cielo se ablandara,
Ya le huvieran mis lagrimas movido.
A la adversa fortuna alegre cara
Debe mostrar el pecho generoso,
Que á qualquier mal buen animo repara.
SAAVEDRA.
El cuello enflaquecido al trabajoso
Yugo de esclavitud amarga puesto,
Bien ves que á cuerpo y alma es peligroso;
Y mas aquel que tiene presupuesto
De dexarse morir, antes que pase
Un punto al modo del vivir honesto.
PEDRO ALVAREZ.
Si acaso yo tus obras imitase,
Forzoso me seria que al momento
En brazos de la hambre me entregase.
Bien sé que en el cautivo no hay contento,
Mas no quiero crecer yo mi fatiga,
Teniendo siempre en ella el pensamiento.
A mi patrona tengo por amiga,
Tratame qual me ves, huelgo y paseo,
Cautivo soi, el que quisiere diga.
SAAVEDRA.
Triunfa, hermano, y goza ese trofeo,
Que si por ser cautivo te hermoseas,
Yo sé que es torpe, desgraciado y feo.
PEDRO ALVAREZ.
Hermano Saavedra, si te arreas
De ser predicador, esta no es tierra
Do alcanzarás el fruto que deseas.
Dexate deso, escucha de la guerra
Que el gran Felipe hace, nueva cierta,
Y un poco el pesar de ti destierra.
Dicen que una fragata de Biserta
Llegó esta noche, y alli viene un cautivo
Que ha dado vida á mi esperanza muerta.
Quitole libertad el hado esquivo
De Malaga pasando á Barcelona,
Cautivólo Mamí, cosario altivo.
En su manera muestra ser persona
De calidad, y que es exercitado
En el duro exercicio de Belona.
Dice el numero cierto que ha pasado
De soldados á España, forasteros,
Sin los tres tercios nuestros que han baxado:
Los Principes, señores, caballeros
Que á servir á Filipo van de gana;
Los naturales y los estrangeros.
Y la muestra hermosisima lozana
Que en Badajoz el Rey hacer pretende,
De la pujanza de la union cristiana.
Dicen en esto, que ninguno entiende
El disignio del Rey, y el hablar desto
El grande y el pequeño se defiende.
SAAVEDRA.
Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto
El librador de nuestra amarga guerra,
Si ya en el suelo no le teneis puesto.
Quando llegué vencido en esta tierra
Tan nombrada en el mundo, que en su seno
Tanto pirata encubre, acoge y cierra,
No pude al llanto detener el freno:
Que á pesar mio, sin saber lo que era,
Me vi el marchito rostro de agua lleno,
Ofreciendo á mis ojos la rivera,
Y el monte, donde el grande Carlos tuvo
Levantada en el ayre su bandera,
Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo,
Pues movido de invidia de su gloria,
Airado entonces mas que nunca estuvo;
Y estas cosas moviendo en mi memoria,
Las lagrimas truxeron á los ojos,
Forzadas de desgracia tan notoria.
Pero si el alto cielo en darme enojos
No está con mi ventura conjurado,
Y aqui no lleva muerte mis despojos,
Quando me vea en mas felice estado,
O si la suerte, ó si el favor me ayuda
A verme ante Filipo arrodillado,
Mi temerosa lengua casi muda
Pienso mover en la real presencia,
De adulacion y de mentir desnuda,
Diciendo: alto señor, cuya potencia
Sugetas trae las barbaras naciones
Al desabrido yugo de obediencia:
A quien los negros indios con sus dones
Reconocen honesto vasallage,
Trayendo el oro acá de sus rincones,
Despierte en tu real pecho coraje
La desverguenza con que una bicoca
Aspira de contino á hacerte ultraje.
Su gente es mucha, mas su fuerza es poca,
Desnuda, mal armada, que no tiene
En su defensa fuerte, muro ó roca.
Cada uno mira si tu armada viene,
Para dar á los pies el cargo y cura
De conservar la vida que sostiene.
De la esquiva prisión amarga y dura,
Adonde mueren quince mil cristianos,
Tienes la llave de su cerradura.
Todos de allá, qual yo, puestas las manos,
Las rodillas por tierra, sollozando,
Cercados de tormentos inhumanos,
Poderoso señor, te están rogando
Vuelvas los ojos de misericordia
A los suyos, que están siempre llorando:
Y pues te dexa agora la discordia,
Que tanto te ha oprimido y fatigado,
Y á mas andar te sigue la concordia,
Haz, buen Rey, que sea por tí acabado
Lo que con tanta audacia y valor tanto
Fue por tu amado padre comenzado.
Con solo ver que vas, pondrá un espanto
A la barbara gente, que adivino
Yo desde aqui su perdida y quebranto.
Quién dubda que el real pecho benigno
No se muestre, en oyendo la tristeza
Donde están estos miseros contino?
Mas ay! como se muestra la baxeza
De mi tan rudo ingenio, pues pretendo
Hablar tan baxo ante tan alta alteza.
Mas la ocasion es tal, que me defiende.
Mas á todo silencio poner quiero,
Que temo que mi platica te ofende,
Y al trabajo me llaman, á do muero.
_Sale_ SEBASTIAN, _Cautivo_.
SEBASTIAN.
Hase visto cosa igual?
Hay tierra tan sin concordia,
Do falta misericordia,
Y sobra la crueldad?
Donde se hallará disculpa
De maldad tan insolente,
Que pague el que es inocente,
Por el que tuvo la culpa?
O cielos! qué es lo que he visto!
Este sí que es pueblo injusto,
Donde se tiene por gusto
Matar los siervos de Cristo.
O España! patria querida,
Mira qual es nuestra suerte,
Que si allá das justa muerte,
Quitan acá justa vida.
PEDRO ALVAREZ.
Sebastian, dinos que tienes,
Que hablas razones tales?
SEBASTIAN.
Una infinidad de males,
Y una pobreza de bienes.
SAAVEDRA.
En ser, como eres esclavo,
Se encierra todo dolor.
SEBASTIAN.
Otra pena muy mayor
Me tiene á mí tan al cabo.
PEDRO ALVAREZ.
De donde puede causarse
La pena que dices brava?
SEBASTIAN.
De una vida que hoy se acaba,
Para jamas acabarse.
Ya sabeis que aqui en Argel
Se supo como en Valencia
Murió por justa sentencia
Un morisco de Sargel.
Digo que en Sargel vivia,
Puesto que era de Aragon,
Y al olor de su nacion
Pasó el perro á Berberia:
Y aqui cosario se hizo
Con tan prestas crueles manos,
Que con sangre de cristianos
La suya bien satisfizo.
Andando en corso, fue preso,
Y como fue conocido,
Fue en la Inquisicion metido,
Do le formaron proceso,
Y alli se le averiguó
Como siendo bautizado,
De Cristo havia renegado,
Y en Africa se pasó:
Y que por su industria y mañas,
Traidores tratos esquivos
Havian sido cautivos
Mas de seiscientos cristianos.
Y como se le probaron
Tantas maldades y errores,
Los justos Inquisidores
Al fuego le condenaron.
Supose del moro acá,
Y la muerte que le dieron,
Porque luego lo escribieron
Los moriscos que hay allá.
La triste nueva sabida
Por los parientes del muerto,
Juran y hacen concierto
De dar al fuego otra vida.
Buscaron luego un cristiano
Para pagar este escote,
Y hallaronlo sacerdote,
Y de nacion Valenciano.
Pidieron este á gran priesa
Para executar su hecho,
Porque vieron que en el pecho
Traia la cruz de Montesa.
La qual señal de victoria
Que le cupo en buena suerte,
Si en el suelo le dió muerte,
En el cielo le dió gloria.
Porque esta gente sin luz,
Que en él tal señal han visto,
Pensando matar á Cristo
Matan al que trae su cruz.
A su amo le compraron,
Y aunque eran pobres, á un punto
El dinero todo junto
De limosna le allegaron.
En nuestro pueblo cristiano
Por Dios se pide á la gente,
Para sanar al doliente,
No para matar al sano.
Mas entre esta descreida
Gente y maldito lugar,
No piden para sanar,
Mas para quitar la vida.
Hoy en poder de sayones
He visto al siervo de Dios
No solamente entre dos,
Pero entre dos mil ladrones.
Iba el sacerdote justo,
Entre injusta gente puesto,
Marchito y humilde el gesto,
A morir por Dios con gusto.
Todo el pueblo se desvela
En darle penas dobladas,
Qual le da mil bofetadas,
Qual sus blancas canas pela.
Las manos que á Dios tuvieron
Mil veces, hoy son tenidas
De dos sogas retorcidas,
Con que atras se las asieron.
Al yugo de otro cordel,
El humilde cuello lleva,
Haciendo mil moros prueba,
Quanto pueden tirar del.
A ningun lado miraba
Que descubra un solo amigo,
Que todo el pueblo enemigo
Entorno le rodeaba.
Con voluntad tan dañada
Procuran su pena y lloro,
Que se tuvo por mal moro,
Quien no le dió bofetada.
A la marina llegaron
Con la victima inocente,
Do con barbaria insolente
A una ancora le ligaron.
Dos ancoras á una mano
Vi yo alli en contrario zelo,
Una de hierro en el suelo,
Y otra de fe en el cristiano.
Y la una á la otra asida,
La de hierro se convierte
En dar cruda y presta muerte,
La de fe en dar larga vida.
Ved si es bien contrario el zelo
De las dos en esta guerra;
La una del suelo afierra,
La otra se ase del cielo,
Y aunque corra tal fortuna
Que asombre el cuerpo y el alma,
Como si estuviese en calma,
No hay desasirse ninguna.
Sin yerro al hierro ligado
El siervo de Dios se hallaba,
Y en el cuerpo atado, andaba
Espiritu desatado.
El cuerpo no se rodea,
Que le ata mas de un cordel,
Mas el espiritu del
Todos los cielos pasea.
La canalla, que se enseña
A hacer nueva crueldad,
Truxeron gran cantidad
De seca y nudosa leña:
Y una espaciosa corona
Hicieron luego con ella,
Dexando encerrada en ella
La santa humilde persona.
Y aunque no tienen sosiego
Hasta verle ya espirar,
Para mas le atormentar
Encienden lejos el fuego.
Quieren, como el cocinero
Que en su oficio mas mirase,
Que se ase y no se abrase
La carne de aquel cordero.
Sube el humo al ayre vano,
Y á veces le dá en los ojos,
Quema el fuego los despojos
Que le vienen á la mano.
Vase arrugando el vestido
Con el calor violento,
Y el fuego poco contento
Busca lo mas escondido.
Combatenle fuegos dos,
El uno humano y visible,
El otro santo invisible,
Que es luego de amor de Dios.
Yo no sé á qual mas debia,
Puesto que á los dos pagaba,
Al que el cuerpo le abrasaba,
O al que el alma le encendia.
Los que estaban á mirarle,
La ira ansi se les previerte,
Que mueren por darle muerte,
Y entretienense en matarle.
Y en medio deste tormento
No movió el santo varon
La lengua á formar razon
Que fuese de sentimiento.
Antes dicen, y yo he visto,
Que si alguna vez hablaba,
En el ayre resonaba
Y cielo el nombre de Cristo.
Y quando en el agonia
Ultima el santo se vio,
Cinco ó seis veces llamó
La Virgen Santa Maria.
Al fuego el ayre le atiza,
Y con tal ardor revuelve,
Que poco á poco resuelve
El santo cuerpo en ceniza.
Mas ya que morir le vieron,
Tantas piedras le tiraron,
Que con ellas acabaron
Lo que las llamas no hicieron.
O santo Esteban segundo
Que me asigura tu zelo,
Que miraste abierto el cielo
En tu muerte desde el mundo!
Queda el cuerpo en la marina
Quemado y apedreado,
Y el alma vuelo ha tomado
Acia la region divina.
Queda el moro muy gozoso
Del injusto yerro hecho,
El turco está satisfecho,
Y el cristiano temeroso.
Yo he venido á referiros
Lo que no pudistes ver,
Si os lo ha dexado entender
Mis lagrimas y suspiros.
SAAVEDRA.
Dexa el llanto, amigo, ya,
Que no es bien que se haga duelo
Por los que se van al cielo,
Sino por quien queda acá.
Que aunque parece ofendida
A humanos ojos su suerte,
El acabar con tal muerte
Es comenzar nueva vida.
Mide por otro nivel
Tu llanto, que no hay paciencia
Que las muertes de Valencia
Se venguen aqui en Argel.
Muestrase allá la justicia
En castigar la maldad,
Muestra acá la crueldad
Quanto puede la injusticia.
SEBASTIAN.
En tan amarga querella
Quién detendrá los gemidos?
Ellos con culpa punidos,
Nosotros muertos sin ella.
PEDRO ALVAREZ.
Bastabanos ser cautivos
Sin tener mas desconciertos,
Que si allá queman los muertos,
Abrasan aca los vivos.
Usa Valencia otros modos
En castigar renegados,
No en publico condenados,
Mueran á tosigo todos.
Mas un moro viene aca,
No estemos juntos aqui,
Saavedra por alli,
Yo y Sebastian por aca.
_Entranse_.
JORNADA II.
_Salen_ AURELIO _y_ IZUF.
IZUF.
Trescientos escudos dí,
Aurelio, por la doncella,
Y estos dí al turco, que á ella
Alma y vida le rendí,
Y es poco, segun es bella.
Vendiómela de aburrido,
Diciendo que no ha podido,
Mientras la tuvo en poder,
En ningun modo traer
Al amoroso partido.
Pusela en casa de un moro,
Sin osarla traer acá,
Y alli está donde ella está
Todo mi bien y tesoro,
Y quanta gloria amor da.
Alli se ve la bondad,
Junta con la crueldad
Mayor, que se vió en la tierra,
Y juntas sin hacer guerra
Belleza y honestidad.
No pueden prometimientos
Ablandar su duro pecho;
Veme en lagrimas deshecho,
Y ofrece siempre á los vientos
Quantos servicios la he hecho.
No echa de ver su ventura,
Ni como el dolor me aprieta
Poco apoco suspirando,
Antes quando yo mas blando,
Entonces ella mas dura.
A casa quiero traella
Para entregarte en tu mano
Mi gozo mas soberano,
Quizá tu podrás movella,
Siendo como ella cristiano.
Y desde aqui te prometo,
Que si conduces á efeto
Mi amorosa voluntad,
De darte la libertad,
Y serte amigo perfeto.
AURELIO.
En todo lo que quisieres,
He, señor, de complacerte,
Por ser tu esclavo, y por verte
Que melindres de mugeres
Te traigan de aquesta suerte.
De qué nacion es la dama
Que te enciende en esa llama,
Sin mirar en su interes?
IZUF.
Española dicen que es.
AURELIO.
El nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
AURELIO.
Silvia? Una Silvia venia
A donde yo me embarqué,
Y segun que yo miré,
No en tanto alli se tenia.
IZUF.
Esa es: yo la compré.
AURELIO.
Si es esa, yo sé decir
Que es hermosa sin mentir,
Y que no es tan cruda, altiva,
Que su condicion esquiva
A ninguno haga morir.
Traela á casa, señor, luego,
Y ten las riendas al miedo,
Y tu verás si yo puedo,
Como á mis manos y ruego
Amaine el casto denuedo.
IZUF.
Yo voy, y mientras se ordena
Su venida, por estrena
Del contento que me has dado,
Yo dire á mi renegado
Que te quite esa cadena.
_Vase_.
AURELIO.
Qué es esto, cielos, que he oido?
Es mi Silvia? Silvia es cierto;
Es posible, hado incierto!
Que he de ver quien me ha tenido
Vivo en muerte, en vida muerto?
Esta es mi Silvia, á quien llamo,
A quien sirvo, y á quien amo
Mas que todo lo del suelo.
Gracias hago y doy al cielo
Que á los dos ha dado un amo.
Tregua tengan mis enojos
Entre tanta desventura,
Pues por estraña ventura
Vendrán á mirar mis ojos
Tan singular hermosura.
Y si della está rendido
Mi amo, está conocido
Que el que la acertó á mirar,
Era imposible escapar
De preso, ó de mal herido.
Y pues tan lascivos brios
El descubre en sus amores,
Si nos vemos, sus dolores
Se encubrirán, y los mios
Le diré que son mayores.
Y mientras pudiere ver
Su hermosura y gentil ser,
Templaré mi desconsuelo,
Hasta que disponga el cielo
De los dos lo que ha de ser. _Vase_.
_Salen_ DOS MERCADERES.
MERCADER.
Al fin, Aydar, que en Cerdeña
Habeis hecho la galima?
AYDAR.
Sí, y no de poca estima,
Segun salió en la reseña.
MERCADER.
Dicen que os dieron caza
De Napoles las galeras.
AYDAR.
Sí dieron, mas no de veras,
Que el peso las embaraza.
El ladron que va á hurtar,
Para no dar en el lazo
Ha de ir muy sin embarazo,
Para huir, para alcanzar.
Las galeras de cristianos,
Sabe, sino lo sabeis,
Que tienen falta de pies,
Y que no les sobran manos.
Y la causa es, porque van
Tan llenas de mercancias,
Que aunque vogasen seis dias,
Un ponton no alcanzarán.
Nosotros á la ligera,
Y sueltos como el fuego,
Y en dandonos caza, luego
Pico al viento, ropa fuera,
Las obras muertas abaxo,
Arbol y antena en crugia,
Y ansi hacemos nuestra via
Contra el viento, sin trabajo.
Pero alli tiene la honra
El cristiano en tanto estremo,
Que asir en un trance el remo
Le parece que es deshonra.
Y mientras ellos allá
En sus trece estan honrados,
Nosotros dellos cargados
Venimos sin honra acá.
MERCADER.
Esa honra y ese engaño
Nunca les salga del pecho,
Pues nuestro mayor provecho
Nace de su propio daño.
Un mozo de poca edad
De esos Sardos, comprar quiero.
AYDAR.
Ya los trae el pregonero
Vendiendo por la ciudad.
_Entra el_ PREGONERO _moro vendiendo los dos_ MUCHACHOS, _y la_ MADRE
_y el_ PADRE.
PREGONERO.
Hay quien compre los chiquitos,
Y el viejo que es el grandazo,
Y la vieja y su embarazo?
Pues á fe que son bonitos.
Deste me dan ciento y dos,
Deste docientos me dan.
Pero no le llevarán.
Pasa acá, perrazo, vos.
JUAN.
Qué es esto, madre? por dicha
Vendennos aquestos moros?
MADRE.
Sí, hijo, que sus tesoros
Les crece nuestra desdicha.
PREGONERO.
Hay quien á comprar acierte
El niño y la madre juntos?
MADRE.
O terribles tristes puntos,
Mas amargos que la muerte!
PADRE.
Sosegad, señora, el pecho,
Que pues mi Dios lo ha ordenado
Ponernos en este estado,
El sabe por que lo ha hecho.
MADRE.
Destos hijos tengo pena,
Que no sé por donde han de ir.
PADRE.
Señora, dexad cumplir
Lo que el alto cielo ordena.
MERCADER.
Quanto dan deste? decid.
PREGONERO.
Ciento y dos escudos dan.
MERCADER.
Por ciento y diez darle han?
PREGONERO.
No, sino pasais de ahi.
MERCADER.
Está sano?
PREGONERO.
Sano está.
_Abrele la boca_.
MERCADER.
Abre, no tengas temor.
JUAN.
No me la saque, señor,
Que ella mesma se cairá.
MERCADER.
Piensa que sacalle quiero
El rapaz alguna muela?
JUAN.
Paso, señor, no me duela,
Tenga, paso, que me muero.
AYDAR.
Destotro quánto dan dél?
PREGONERO.
Ducientos escudos dan.
AYDAR.
Y por quanto le darán?
PREGONERO.
Trecientos piden por él.
AYDAR.
Si te compro, serás bueno?
FRANCISCO.
Aunque vos no me compreis,
Seré bueno.
AYDAR.
Serlo heis?
FRANCISCO.
Ya lo soi, sin ser ageno.
MERCADER.
Por este doi ciento y treinta.
PREGONERO.
Vuestro es, venga el dinero.
MERCADER.
En casa daroslos quiero.
MADRE.
El corazon me revienta!
MERCADER.
Comprad, compañero, esotro.
Ven, niño, vente á holgar.
JUAN.
Señor, no he de dexar
Mi madre por ir con otro.
MADRE.
Ve, hijo, que ya no eres
Sino del que te ha comprado.
JUAN.
Ay madre! haveisme dexado?
MADRE.
Ay cielo, quan cruel eres!
MERCADER.
Anda, rapaz, ven conmigo.
JUAN.
Vamonos juntos, hermano?
FRANCISCO.
No puedo, ni está en mi mano,
El cielo vaya contigo.
MADRE.
O mi bien, y mi alegria,
No se olvide de ti Dios!
JUAN.
Dónde me llevan sin vos,
Padre mio, y madre mia?
MADRE.
Quieres que hable, señor,
A mi hijo un momento?
Dame ese breve contento,
Pues será eterno el dolor.
MERCADER.
Quanto quisieres le dí,
Pues será la vez postrera.
MADRE.
Sí, pues esta es la primera
Que en este trance me vi.
JUAN.
Tenéme con vos aqui,
Madre, que voy no sé donde.
MADRE.
La ventura se te asconde,
Hijo, pues yo te parí.
Hase escurecido el cielo,
Turbado los elementos,
Conjurado mar y vientos
Todos en mi desconsuelo.
No conoces tu desdicha,
Aunque estas bien dentro della,
Puesto que el no conocella
Lo puedes tener por dicha.
Lo que te ruego, alma mia,
Pues ya el verte se me impide,
Es que nunca se te olvide
Rezar el Ave Maria.
Que esta Reyna de bondad,
De virtud y gracia llena,
Ha de librar tu cadena,
Y ponerte en libertad.
AYDAR.
Mira la mala cristiana
Que consejo dá al muchacho,
Sí, que no estaba borracho
Como tú, falsa, liviana.
JUAN.
Madre, alfin que no me quedo?
Qué me llevan estos moros?
MADRE.
Contigo van mis tesoros.
JUAN.
A fe que me ponen miedo.
MADRE.
Mas miedo me queda á mí
De verte ir á do vas,
Que nunca te acordarás
De Dios, de tí, ni de mí;
Porque estos tus tiernos años
Qué prometen sino aquesto?
Entre iniqua gente puesto,
Fabricadora de engaños.
PREGONERO.
Calla vieja, mala pieza,
Sino quieres por mas mengua,
Que lo que dice tu lengua
Venga á pagar tu cabeza.
Destotro hay quién dé mas,
Que es mas bello y mas lozano,
Que no su pequeño hermano?
AYDAR.
Dí, por quanto le darás?
PREGONERO.
No os he dicho, que trecientos
Escudos de oro por cuenta?
AYDAR.
Quiés ducientos y cinquenta?
PREGONERO.
Eso es dar voces al viento.
AYDAR.
Enamorado me ha
El donaire del garzon;
Yo los doi en conclusion.
PREGONERO.
Dinero, y señal me da.
AYDAR.
Como te llamas me dí.
FRANCISCO.
Señor, Francisco me llamo.
AYDAR.
Pues has mudado de amo,
Muda el Francisco en Maami.
FRANCISCO.
Eso no, señor patron,
Francisco me has de llamar.
AYDAR.
El palo os hará mudar
El nombre, y aun la intencion.
FRANCISCO.
Pues me aparta el hado insano
De vos, señor, qué mandais?
PADRE.
Hijo mio, que vivais
Como bueno y fiel cristiano.
MADRE.