No los gustos y regalos,
No los azotes ni palos,
No los conciertos ni trazas,
No todo quanto tesoro
Cubre el cielo, y sol ha visto
Te mueva dexar á Cristo
Por seguir al pueblo moro.
FRANCISCO.
En mí se verá si puedo,
Pues mi buen Jesús me ayuda,
Como en mi alma no muda
La fe, la promesa y miedo.
PREGONERO.
O qué cristiano se muestra
El rapaz! pues yo os prometo
Que alceis á tantico aprieto
El brazo, y la mano diestra.
Estos rapaces cristianos
Al principio muchos lloros,
Y despues se vuelven moros
Mejor que los mas ancianos.
_Vanse_.
JORNADA III.
_Salen_ IZUF, SILVIA, _y_ ZARA, _y un_ MORO.
IZUF.
Dexad, Silvia, el llanto ahora,
Poned tregua al ansia brava,
Que no os compré para esclava,
Sino para ser señora.
Mira que imagino y creo
Que vuestra gran desventura,
Para daros mas ventura
Ha traido este rodeo.
Con vos fortuna en su ley
No usa de nuevas leyes,
Que esclavos se han visto reyes,
Pero vos sois mas que rey.
Limpiad ya esos bellos ojos
Que sujetan quanto miran,
Y al tiempo que se retiran,
De alma llevan los despojos.
Y no cubra el blanco velo
Esa divina hermosura,
Que es como la nieve pura.
Que impide la luz del cielo.
SILVIA.
Esme ya tan natural,
Señor, el llanto y tormento,
Que si me dexa un momento,
Lo tengo por mayor mal;
Aunque sí estoi y estaré
Alegre al obedeceros,
Pues distes tantos dineros
Por mí, sin saber por que.
Porque os prometo, señor,
Que de miseria y pobreza
Tengo quanto de riqueza,
Si la riqueza es dolor.
Y de dolor soi tan rica,
Quanto por darme pasion
Este caudal, la ocasion
Por puntos le multiplica.
IZUF.
Silvia, vives engañada,
Que yo no quiero de tí,
Sino que quieras de mí
Ser servida y regalada.
Que el provecho que yo espero,
Silvia, de haverte comprado,
Es ver tu rostro estremado,
Y no doblar el dinero.
Que el amor que se mejora
En mostrar su fuerza brava,
Me ha hecho esclavo de esclava,
Esclava que es mi señora.
Y quedo tan satisfecho
De perder la libertad,
Que alabo la crueldad
Deste crudo y nuevo pecho.
Y porque lo que aqui digo
Lo entiendas, Silvia, mejor,
Nunca me llames señor,
Sino siervo ó caro amigo.
SILVIA.
Aunque tamaña mudanza
Ha hecho el cielo en mi estado,
No entiendas se me ha olvidado
El termino de crianza.
Bien sé como he de llamarte,
Y sé que es de obligacion,
Que en lo que fuere razon,
Procure de contentarte.
IZUF.
Tu habla tan comedida,
Tu donaire, y gracia, y ser
Claro me dá á entender
Que eres, Silvia, bien nacida.
Y aunque pudiera esperar
De tí un rescate crecido,
A tal termino he venido,
Que tu me has de rescatar.
Mas entanto que á la clara
Veas quanto hago por tí,
Ven, Silvia, vente tras mí,
Verás á tu ama Zara.
SILVIA.
Vamos, señor, en buena hora.
IZUF.
Silvia, no tanto señor,
Pues la ventura y amor
Os ha hecho á vos mi señora.
ZARA.
Seais, Izuf, bien llegado:
Cuya es la esclava?
IZUF.
Mia.
SILVIA.
Vuestra soi, señora mia.
IZUF.
Vuestra es, yo la he comprado.
ZARA.
Por cierto la compra es bella,
Si qual hermosa, es honesta.
Decid, señor, quanto cuesta?
IZUF.
Dado he mil doblas por ella.
ZARA.
Espera ser rescatada?
IZUF.
De muy rica tiene fama.
ZARA.
Su nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
ZARA.
Es doncella, ó es casada?
SILVIA.
Casada soy, y doncella.
ZARA.
Cómo es eso, Silvia, dí?
SILVIA.
Señora, ello es ansi,
Que ansi lo quiso mi estrella.
El cielo me dió marido
No para que le gozase,
Sino para que quedase
Yo perdida, y él perdido.
MORO.
Izuf, á llamar te invia
El Rey apriesa nuestro Azan.
IZUF.
Dónde está?
MORO.
En el Duan,
Metido en grande agonia.
Amés, Xemí, Zaragá,
Y los Balucos Baxies,
Y todos los Debaxies,
Y el Daxés están allá.
Hanse juntado á consejo
Sobre que se ha averiguado
Que el Rey de España ha juntado
De guerra grande aparejo.
Dicen que va á Portugal,
Mas temese no sea maña,
Y es bien que tema su saña
Argel, que le hace mas mal.
En la guerra hay mil ensayos,
De fraudes y astucias llenos,
Acullá suenan los truenos,
Aca disparan los rayos.
IZUF.
Vamos, que el cielo que toma
Por suya nuestra defensa,
A España hará con su ofensa
Sujeta y sierva á Mahoma.
Y vos, señora, ordenad
A Silvia lo que ha de hacer;
Y vos, Silvia, á su querer
Sujetad la voluntad.
ZARA.
Cristiana, de donde eres?
Eres pobre, ó eres rica?
De suerte ensalzada ó chica?
No me lo niegues, si quieres;
Porque soi qual tú muger,
Y no de entrañas tan duras,
Que tus tristes desventuras
No me hayan de enternecer.
SILVIA.
Señora, soi de Granada,
Y de suerte ansi abatida,
Qual lo muestra el ser vendida,
Y á cada paso comprada.
Dicen que fui rica un tiempo,
Pero toda mi riqueza
Se ha vuelto en mayor pobreza,
Y ha pasado con el tiempo.
ZARA.
Has algun tiempo tenido
Enamorado deseo?
SILVIA.
Al estado en que me veo
El crudo amor me ha traido.
ZARA.
Fuiste acaso bien querida?
SILVIA.
Fuilo, y quise con ventaja
Tal, que apenas la mortaja
Borrará fe tan subida.
ZARA.
Fuiste querida primero,
U empezó el amor de tí?
SILVIA.
Primero querida fui
Del que quise, querre, y quiero.
ZARA.
Es mozo?
SILVIA.
Y aun gentilhombre.
ZARA.
Es cristiano?
SILVIA.
Pues qué moro?
No sale de su decoro
Quien ha de cristiano nombre.
ZARA.
Y es pecado querer bien
A un moro?
SILVIA.
Yo no sé nada,
Sé que es cosa reprobada,
Y á cristianos no está bien.
ZARA.
Y querer mora á cristiano?
SILVIA.
Eso tú mejor lo entiendes.
ZARA.
Ay Silvia, como me ofendes
Y me lastimas temprano!
SILVIA.
Yo, mi señora, en qué suerte?
ZARA.
Escucha, y te lo diré,
Que escuchandome, bien sé
Que vendrás á enternecerte.
Has de saber, ó Silvia, que estos dias,
Partieron deste puerto con buen viento
Doce baxeles de cosarios todos,
Y con prospero viento caminaron,
A vuelta de las islas de Cerdeña,
Y alli en las calas, vueltas y revueltas,
Y puntas que la mar hace y revuelve,
Se fueron á esconder, estando alerta
De algun baxel de Genova, ó España,
O de otra nacion, que no fuese Francesa:
Y presto un bravo viento se levanta
Que Maestral se llama, cuya furia
Dicen los marineros que es tan grande,
Que las tupidas velas y las jarcias
Del mas recio navio y mas armado
No pueden resistirle, y es forzoso
Acudir al abrigo mas cercano,
Si su rigor acaso lo concede.
Las levantadas olas y el ruido
Del atrevido viento detenia
Los cosarios baxeles en los cabos,
Sin dexarles salir al mar á viento,
Y en otra parte con furor insano
Mostrando su braveza fatigaba
Una galera de cristiana gente
Y de riquezas llena, que corriendo
Por el hinchado mar sin remo alguno
Venia á su alvedrio, temerosa
De ser sorbida de las bravas hondas;
Pero despues al cabo de tres dias
Del recio mar y viento contrastada,
Descubrió tierra, y fue el descubrimiento
De su mayor dolor y desventura,
Porque á la misma isla de San Pedro
Vino á parar, á donde recogidos
Estaban los baxeles enemigos,
Los quales, de la presa codiciosos,
Salen, y de ardor belico adornados
A la galera acometen destrozada,
Y de solos deseos defendida:
Una pelota pasa en el momento
Al Capitan el pecho, y á su lado
Del Lusitano fuerte muerto cae
Un caballero ilustre Valenciano.
El robo, las riquezas, los cautivos,
Que los turcos hallaron en el seno
De la triste galera, me ha contado
Un cristiano que alli perdió la dulce
Y amada libertad, para quitarla
A quien quiere rendirse á su rendido.
Y este cristiano, Silvia, este cristiano,
Este cristiano, Silvia, es quien me tiene
Fuera del ser que á moras es debido,
Fuera de mi contento y alegria,
Fuera de todo gusto, y estoi fuera,
Que es lo peor, de todo mi sentido.
Compróle mi marido, y está en casa,
Y puesto que con lagrimas y ruegos,
Con suspiros, ternezas, y con dadivas
Procuro de ablandar su duro pecho
Al mio, que contino es blanda cera,
El suyo se me muestra de diamante:
Ansi que, Silvia hermana, como has dicho
Que al cristiano no es licito dé gusto
En cosas del amor á mora alguna,
Tus razones me tienen ofendida,
Y con aquesas mismas se defiende
Aurelio, á quien ha hecho tan cristiano
El cielo para darme á mi la muerte.
SILVIA.
Aurelio, dices, que por nombre tiene
Ese cristiano?
ZARA.
Ansi se llama.
SILVIA.
La galera que dices segun creo
Se llamaba San Pablo, y era nueva,
De la sacra religion de Malta,
Yo en ella me perdi, y aun imagino
Que conozco á ese Aurelio, y es un mozo
De rostro grave, y de nacion Hispana.
ZARA.
Sin dubda has acertado, Silvia mia,
Quién es este enemigo de mi gloria?
Es caballero, ó rustico aldeano?
Que todo lo parece en su postura,
Y dura condicion, el talle ilustre
De la ciudad, la condicion del monte.
SILVIA.
A mí pobre escudero me parece,
Segun en la galera se trataba,
Que de su hacienda no sé mas, señora.
ZARA.
Ni yo sé que te diga, Silvia mia,
Sino que á tal estremo soi venida,
Que le tengo de amar sea quien se fuere;
Solo te ruego, que procures, Silvia,
De ablandar esta fiera tigre Hircana,
Y atraerle con dulces sentimientos
A que sienta la pena que padece
Esta misera esclava de su esclavo:
Y si esto, Silvia, haces, yo te juro
Por todo el Alcoran de buscar modo
Como con brevedad alegre vuelvas
Al patrio dulce suelo deseado.
SILVIA.
Dexa, señora, el cargo á Silvia dello,
Que tu verás lo que mi industria hace
Por gusto tuyo y por provecho mio.
JORNADA IV.
_Salen los tres morillos, y los cautivos, que van unos por agua y
otros por leña, que son_ SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ.
MORILLO.
Don Juan no venir, y no fuxir, aca morir.
OTRO MORO.
Aca morir.
OTRO MORO.
Aca morir, no fuxir, aca morir.
SAAVEDRA.
Vendrá su hermano el inclito Filipo,
El qual sin duda ya venido hoviera,
Si la cerviz indomita y erguida
Del luterano Flandes no ofendiese
Tan sin verguenza su Real Corona.
MORILLO.
No rescatar, no fuxir, Don Juan no venir, aca morir.
PEDRO ALVAREZ.
Si él acaso viniera, yo sé cierto,
Murierades vosotros, gente infame.
OTRO MORO.
Don Juan no venir, no fuxir, aca morir.
PEDRO ALVAREZ.
Primero veré yo puestas por tierra
Estas flacas murallas, y este nido
Y cueva de ladrones abrasado,
Pena que justamente le es debida
A sus continuos y nefandos vicios.
SAAVEDRA.
Será nunca acabar si respondemos,
Dexalos ya, Pedro Alvarez, amigo,
Que ellos se cansarán; y dime agora
Si todavia piensas de huirte.
PEDRO ALVAREZ.
Y cómo?
SAAVEDRA.
En qué manera?
PEDRO ALVAREZ.
Por tierra,
Que no puedo de otra suerte ni otro modo.
SAAVEDRA.
Pues un negocio tal ansina emprendes?
PEDRO ALVAREZ.
Pues qué quieres que haga, Saavedra?
Que mis ancianos padres ya son muertos,
Y un hermano que tengo, se ha entregado
En la hacienda y bienes que dexaron,
El qual es tan avaro, que aunque sabe
La esclavitud amarga que padezco,
No quiere dar para librarme della
Un real de mi mismo patrimonio.
Como esto considero, y veo que tengo
Un amo cruel, como tu sabes,
El qual piensa que soi yo caballero,
Y que no hay modo que limosna alguna
Llegue á dar el dinero que él me pide,
Y la insufrible vida que padezco,
De hambre, desnudez, cansancio y frio,
Determino morir antes huyendo,
Que vivir una vida tan mezquina.
SAAVEDRA.
Has hecho la mochila?
PEDRO ALVAREZ.
Sí, ya tengo
Cosa de diez libras de vizcocho bueno.
SAAVEDRA.
Pues hay de aqui á Oran sesenta leguas,
Y no piensas llevar mas de diez libras?
PEDRO ALVAREZ.
No, porque tengo ya hecha una pasta
De harina y huevos, y con miel mezclada,
Y cocida muy bien, la qual me dicen,
Que dá muy poco della gran sustento.
Si aquesto me faltare, algunas yerbas
Pienso comer con sal, que tambien llevo.
SAAVEDRA.
Zapatos llevas?
PEDRO ALVAREZ.
Tres pares buenos.
SAAVEDRA.
Sabes bien el camino?
PEDRO ALVAREZ.
Ni por pienso.
SAAVEDRA.
Pues cómo piensas ir?
PEDRO ALVAREZ.
Por la marina,
Que agora como es tiempo de verano,
Los alarbes todos á la sierra
Se retiran, buscando el fresco viento.
SAAVEDRA.
Llevas algunas señas por do entiendas
Qual es de Oran la deseada tierra?
PEDRO ALVAREZ.
Sí llevo, y sé que he de pasar primero
Dos rios, el uno dellos es nombrado
El rio del Azafran, que está aqui junto,
El otro, de Hiquina, que es mas lexos,
Cerca de Mostagan, y aunque derecha,
Está una levantada y alta cuesta,
Que dicen que se llama el cerro Gordo,
Y puesto encima della se descubre
Frente por frente un monte, que es la silla
Que sobre Oran levanta la cabeza.
SAAVEDRA.
Caminarás de noche?
PEDRO ALVAREZ.
Quién lo dubda?
SAAVEDRA.
Por montañas, por montes, por honduras
Te atreves á pasar en las tinieblas
De la cerrada noche, sin camino
Ni senda que te guie á donde quieres?
O libertad, y quanto eres amada!
Amigo caro, el cielo santo haga
Salir con buen subceso tu trabajo,
Que yo me voi al mio, que es ya hora.
Dios te acompañe.
PEDRO ALVAREZ.
Y él vaya contigo.
_Sale la Mora al encanto, en entrandose estos._
FATIMA.
El esperado punto es ya llegado
Que pide la no vista hechiceria,
Para poder domar el no domado
Pecho, que domará la ciencia mia.
Por la region del cielo estrellado
Carro lleva la noche oscura y fria,
Y la ocasion me llama, do haré cosas
Horrendas, estupendas y espantosas.
El cabello dorado al ayre suelto
Tiene de estar, el cuerpo desceñido,
Descalzo el pie derecho, el rostro vuelto
Al mar, á donde el sol sea zabullido,
Al brazo este sartal será revuelto
De las piedras preñadas que en el nido
Del aguila se hallan, y esta cuerda
Con mi intincion la virtud suya acuerda.
Aquestas cinco cañas, que cortadas
Fueron en la luna llena por mi mano,
En esta misma forma acomodadas,
Lo que quiero harán fácil y llano.
Tambien estas cabezas arrancadas
Del gavilo, serpiente en el verano,
Hasta en la obra me aprovechan,
Y aun estos granos si en el suelo se echan.
Esta carne quitada de la frente
Del ternezuelo potro quando nace,
Cuya virtud probada y excelente
En todo mi deseo satisface,
Envuelta en esta yerba, á quien el diente
Tocó del corderillo quando nasce,
Hará que Aurelio venga qual cordero
Mansisimo y humilde á lo que quiero.
Esta figura que de cera es hecha,
En el nombre de Aurelio fabricada,
Será con dura mano y blanda flecha
Por medio el corazon atravesada:
Quedará luego Zara satisfecha
De aquella voluntad desordenada,
Y el helado cristiano vendrá luego
Ardiendo en amoroso y vivo fuego.
A vosotros, ó justo Radamonte
Y Minos, que con leyes inmutables
En los obscuros reynos del espanto
Regis las almas tristes miserables,
Si acaso tiene fuerza el ronco canto,
O murmurios de versos deleytables,
Por ellos os conjuro, ruego y pido
Ablandeis este pecho endurecido.
Rapida, Ronca, Run, Ras, Parisforme,
Grandura, Denclifaz, Pantasilonte,
Ladrante, tragador, falso y disforme,
Arbarico pestifero del monte,
Erebo, engendrador del rostro inorme
De todo fiero Dios, á punto ponte,
Ven sin detenerte á mi presencia,
Sino desprecias la Zoroastria ciencia.
FURIA.
La fuerza incontrastable de tus versos
Y murmurios perversos me han traido
Del reyno del olvido á obedecerte;
Mas, ó mora, que el verte en esta impresa
Infinito me pesa, porque entiendo
Que es ir tiempo perdiendo.
FATIMA.
Por qué causa?
FURIA.
Pon al conjurar pausa, y al momento
Satisfaré tu intento en lo que pides,
Si acaso tu te mides y acomodas
Con mis palabras todas y consejos:
Todos tus aparejos son en vano,
Porque un pecho cristiano que se arrima
A Cristo, poco estima hechicerias:
Por muy diversas vias te conviene
Atraerle á que pene por tu amiga.
FATIMA.
Ansi que esta fatiga no aprovecha?
FURIA.
En valde ha sido hecha, mas escucha,
Que con presteza mucha y sin rodeo
Cumplirás tu deseo en este modo.
En el Infierno todo no hay quien haga
Mas cruda y fiera plaga entre cristianos,
Aunque tengan mas sanos corazones
Y limpias intinciones, que es la dura
Necesidad que apura la paciencia:
No tiene resistencia esta pasion.
La otra es la Ocasion, si estas dos vienen
Y con tu Aurelio tienen estrecheza,
Verás á su braveza derribada
Y en blandura trocada, y con sosiego
Regalarse en el fuego de Cupido.
FATIMA.
Pues esas dos te pido que me invies,
Y que no te desvies desta impresa.
FURIA.
Tu mandado haré con toda priesa.
_Vanse_.
_Salen_ AURELIO _y_ SILVIA.
AURELIO.
Dado me ha la fortuna por discuento
De todo mi trabajo, Silvia mia,
La gloria del mirarte, y el contento.
Mi pena será vuelta en alegria
De hoy mas, pues que te veo, Silvia amada,
Y mi cerrada noche en claro dia.
SILVIA.
Yo soi, mi bien, la bien afortunada,
Pues que torno á gozar de tu presencia,
De lo que estaba ya desconfiada.
AURELIO.
Cómo os ha ido, esposa, en esta ausencia,
En poder desta gente, que no alcanza
Razon, virtud, almas, conciencia?
SILVIA.
Como he tenido y tengo la esperanza
Puesta en el hacedor de tierra y cielo,
Con cristiana y sigura confianza
Por su bondad, aun tengo el casto velo,
Y tanto con su ayuda santa espero
No tener de mancharle algun recelo.
AURELIO.
Sabras, esposa amada, que el artero
Y vengativo amor ha salteado
Con aspero rigor airado y fiero
El pecho de mi ama, y le ha llagado
De una llaga incurable, pues le tiene
Deste pecho que es tuyo, enamorado,
Y á do quiera que voi conmigo viene,
Y segun que la mora me declara,
Solo con el mirarme se entretiene.
SILVIA.
Todo ese cuento ya me ha dicho Zara,
Y me ha pedido que yo á vos os pida
No querais desdeñarla ansi á la clara:
Tambien no pasa menos triste vida
Izuf, nuestro amo, que tambien me adora
Con fe, que á lo que creo, no es fingida.
AURELIO.
O pobre moro, y desdichada mora,
Cómo inviais en vano al vano viento
Vuestros vanos suspiros de hora en hora!
Tambien me ha dicho Izuf todo su intento,
Y me ha rogado, que yo á vos os ruegue
Algun alivio deis á su tormento;
Mas antes con airada furia llegue
Una saeta que me pase el pecho,
Y esta alma de las carnes se despegue,
Que tan á costa mia su provecho
Y tan en daño nuestro procurase,
Aunque él queda de mí bien satisfecho.
SILVIA.
Si en este caso, Aurelio, nos bastase
Mostrar á estos voluntad trocada,
Sin que el daño adelante mas pasase,
Tendrialo por cosa yo acertada,
Porque deste fingir se grangearia
El no estorbarnos nuestra vista amada:
Decir á Zara que por causa mia
No te muestras tan aspero, y al moro
Decir que mucho puede tu porfia,
Y guardando los dos este decoro
Con discrecion, podremos facilmente
Aplacar con el vernos nuestro lloro.
AURELIO.
El parecer que has dado es excelente,
Y harase qual ordenas, y entre tanto
Quizá se aplacará el hado inclemente:
Yo escribiré á mis padres el quebranto
En que estamos los dos: tú, Silvia, puedes
Escribir á los tuyos otro tanto.
Y porque á veces tienen las paredes,
Como dicen, oidos, Silvia mia,
Agradeciendo al cielo estas mercedes,
Pasemos esta platica á otro dia.
_Vanse_.
_Salen_ PEDRO ALVAREZ _que se va, y otro_ CAUTIVO _que huye, y dos_
MOROS _que le cogen y le vuelven_.
PEDRO ALVAREZ.
Este largo camino,
Tanto pasar de breñas y montañas,
Y el bramido contino
De fieras alimañas
Me tienen de tal suerte,
Que pienso de acabarlo con la muerte.
El pan se me ha acabado,
Y roto entre xarales el vestido,
Los zapatos rasgados,
El brio consumido,
De modo que no puedo
Un pie del otro pie pasar un dedo.
Ya la hambre me aquexa,
Y la sed insufrible me atormenta,
Ya la fuerza me dexa,
Y espero desta afrenta
Salir con entregarme
A quien de nuevo quisiere cautivarme.
Y he ya perdido el tino,
No se qual es de Oran la cierta via;
Ni senda, ni camino,
La triste suerte mia
Me ofrece; y qué hace al caso?
Que aunque le hallase, no hay mover el paso.
Virgen bendita y bella,
Remediadora del linage humano,
Sed vos aqui la estrella,
Que en este mar insano
Mi pobre barca guie,
Y de tantos peligros la desvie.
Virgen de Monserrate,
Que esas asperas sierras haceis cielo,
Inviadme rescate,
Sacadme deste duelo,
Pues es hazaña vuestra
Al misero caido dar la diestra.
Entre estas matas quiero
Esconderme pues que es entrado el dia,
Aqui morir espero.
Santisima Maria,
En este trance amargo
El cuerpo y alma dexo á vuestro cargo.
_Sale un Leon y echase junto á él, y sale luego el otro_ CAUTIVO _que
tambien se va_.
CAUTIVO.
Estas pisadas no son
De moro, por cierto, no,
Cristiano las estampó,
Que con la mesma intincion
Debe de ir, que llevo yo.
De alarbes las pisadas
Son anchas y mal formadas,
Porque es ancho su calzado,
El nuestro mas escotado,
Y ansi son diferenciadas.
Yo seguro que no está
Muy lexos de aqui escondido,
Porque el rastro he ya perdido;
Mas el sol alto va ya,
Y yo mal apercibido.
Aqui me quiero esconder,
Hasta que al anochecer
Torne á seguir mi viage,
Que en este mismo parage
Mostagan viene á caer.
Porque el sol sale de alli,
El norte acia allá se inclina,
No está lexos la marina.
O qué mal estoy aqui!
Buen Jesús, tú me encamina,
Que mucho alarbe pasa
Por esta campaña rasa:
Si me he acertado á esconder,
No me despido de ver
Mis hijos, muger, y casa.
_Entran dos_ MOROS _por él_.
MORO.
Zaramir ara furir.
_Recuerda_ PEDRO ALVAREZ.
PEDRO ALVAREZ.
Santo Dios, qué es lo que veo,
Que aunque sois fiero Leon,
Saltos me dá el corazon;
Cumplido se ha mi deseo,
Libre soi ya de pasion.
Pues lo quiere mi ventura
Este con su fuerza dura
Mis dias acabará,
Y su vientre servirá
Al cuerpo de sepultura.
Pero tanta mansedumbre
No se vio ansi facilmente
En animal tan valiente,
Aunque su fiera costumbre
Muestra á las veces clemente.
Mas quién sabe si movido
El cielo de mi gemido,
Este leon me ha inviado
Para ser por él tornado
Al camino que he perdido?
Sin duda es divina cosa,
Y asegurame este intento,
Que en mí espiritu siento
Con fuerza marabillosa,
Y nuevo y crecido aliento.
Y ya es caso averiguado
Que otro leon ha llevado
A la Goleta un cautivo,
Que le halló en un monte esquivo
Huido y descarriado.
Obra es esta, Virgen pia,
De vuestra divina mano,
Porque ya está claro y llano,
Que el hombre que en vos confia,
Espera, y no confia en vano.
Espérame, compañero,
Que ya determino y quiero
Seguir do quiera que fueres,
Que ya me parece que eres,
No leon, sino cordero.
JORNADA V.
_Empiezanla_ PEDRO ALVAREZ, _y el_ LEON.
PEDRO ALVAREZ.
Nunca menos con afan
He caminado camino,
Y segun que yo imagino,
No está muy lexos Oran:
Gracias te doy, Rey divino.
Virgen pura, á vos alabo,
Y ruegoos lleveis al cabo
Tan estraña caridad,
Que si me dais libertad,
Prometo seros esclavo.
_Entrase_.
_Sale_ OCASION _y_ NECESIDAD.
OCASION.
Necesidad, fiel executora
De qualquiera delito que se ofrece,
La publica Ocasion y la secreta
Ya ves quan apremiadas y forzadas
Del cruel infernal habemos sido,
Para venir á combatir la roca
Del pecho encastillado de un cristiano
Que está rebelde, y mas, que no teme
Del niño y fiero dios la grande fuerza.
Es menester que esta le solicites,
Y te le muestres siempre á todas horas
En el comer, en el beber, en todas
Las cosas que pensare y pretendiere.
Yo de mi parte de contino pienso
Ponermele delante, y la miseria
De mis pocos cabellos ofrecerle,
Y detener mi vuelo, porque pueda
Asirme della, cosa poco usada
De mi ligera condicion y presta.
NECESIDAD.
Bien puedes, Ocasion, estar segura,
Que yo hare por mi parte marabillas,
Si tu favor y ayuda no me falta.
Pero ves aqui viene el indomable,
Apercibete, hermana, y derribemos
La vana presuncion deste cristiano.
_Sale_ AURELIO.
AURELIO.
Qué no ha de ser posible, pobre Aurelio,
El defenderte desta mora infame,
Que por tantos caminos te persigue?
Sí será, sino me niega el cielo
El favor que hasta aqui no me ha negado.
De mil astucias usa y mil maneras
Para traerme á su lascivo intento,
Ya me regala, ya me vitupera,
Ya me mata de hambre y de miseria.
NECESIDAD.
Grande es por cierto, Aurelio, la que tienes.
AURELIO.
Grande necesidad es la que paso.
NECESIDAD.
Rotos traes los zapatos y el vestido.
AURELIO.
Zapatos y vestido tengo rotos.
NECESIDAD.
En un pellejo duermes, y en el suelo.
AURELIO.
En el suelo me acuesto, y en un pellejo.
OCASION.
Pues yo sé, si quisieses, que hallarias
Ocasion de salir dese trabajo
Muy presto, sin contraste, á poca costa.
AURELIO.
Pues yo sé, si quisiese, que hallaria
Ocasion de salir deste trabajo
Muy presto, sin contraste, á poca costa.
OCASION.
Con no mas que querer á tu ama Zara,
O con dar muestras solo de querella.
AURELIO.
Con no mas de querer bien á mi ama,
O fingir que la quiero, me bastaba.
Mas quién podrá fingir lo que no quiere?
NECESIDAD.
Necesidad te fuerza á que lo hagas.
AURELIO.
Necesidad me fuerza á que lo haga.
OCASION.
Quán rica es para tí, y quan hermosa!
AURELIO.
Quán rica y quán hermosa que es mi ama!
NECESIDAD.
Y liberal, que hace mas al caso,
Que te dará á montón lo que quisieres.
AURELIO.
Y siendo liberal y enamorada,
Darame todo quanto le pidiere.
OCASION.
Estraña es la ocasion que se te ofrece.
AURELIO.
Estraña es la ocasion que se me ofrece,
Mas no podrá torcer mi hidalga sangre,
De lo que es justo, y á sí misma debe.
OCASION.
Quién tiene de saber lo que tu haces?
Que un pecado secreto aunque sea grave,
Cerca tiene el remedio y la disculpa.
AURELIO.
Quién tiene de saber lo que yo hago?
Y un pecado secreto, aunque sea grave,
Cerca tiene el remedio y la disculpa.
OCASION.
Y mas, que la ocasion mil ocasiones
Te ofrecerá secretas y escondidas.
AURELIO.