NUMANTINO _con una daga en la mano para matarla_.
MUGER.
Eterno padre, Jupiter piadoso,
Favorecedme en tan adversa suerte!
SOLDADO.
Aunque mas lleves vuelo presuroso
Mi dura mano te ha de dar la muerte.
_Entrase la_ MUGER _adentro, y dice_ LIRA
LIRA.
El hierro agudo, el brazo belicoso
Contra mi, buen soldado, le convierte;
Dexa vivir á quien la vida agrada,
Y quitame la mia que me enfada.
SOLDADO.
Puesto que es el decreto del Senado
Que ninguna muger quede con vida,
Quál será el bravo pecho acelerado
Que en ese hermoso vuestro dé herida?
Yo, señora, no soy tan mal mirado
Que me precie de ser vuestro homicida:
Otra mano, otro hierro ha de acabaros,
Que yo solo naci para adoraros.
LIRA.
Esa piedad que quies usar conmigo,
Valeroso soldado, yo te juro
Y al alto cielo pongo por testigo,
Que yo la estimo por rigor muy duro:
Tuvierate yo entonces por amigo
Quando con pecho y animo seguro
Este mio afligido traspasáras,
Y de la amarga vida me priváras.
Pero pues quies mostrarte piadoso
Tan en daño, señor, de mi contento,
Muestralo agora en que á mi triste esposo
Demos el funeral, ultimo asiento:
Tambien á este mi hermano, que en reposo
Yace, ya libre del vital aliento:
Mi esposo feneció por darme vida,
De mi hermano la hambre fue homicida.
SOLDADO.
Hacer lo que me mandas está llano
Con condicion que en el camino cuentes,
Quién á tu amado esposo y caro hermano
Truxo á los postrimeros accidentes.
LIRA.
Amigo, ya el hablar no está en mi mano.
SOLDADO.
Qué tan al cabo estas? qué tal te sientes?
Lleva á tu hermano, pues que es menor carga,
Y yo á tu esposo, que mas pesa y carga.
_Salense llevando los dos cuerpos_.
SCENA II.
_Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una
lancilla en la mano, que significa la_ GUERRA, _trae consigo á la_
ENFERMEDAD, _arrimada á una muleta, y rodeada de paños la cabeza, con
una mascara amarilla, y la_ HAMBRE _saldrá vestida con una ropa de
bocací amarillo, y una mascara amarilla ó descolorida: pueden estas
figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras_.
GUERRA.
Hambre y Enfermedad, executoras
De mis terribles mandos y severos,
De vidas y salud consumidoras,
Con quien no vale ruego, mando, ó fueros,
Pues ya de mi intencion sois sabidoras,
No hay para que de nuevo encareceros
De quanto gusto me será y contento,
Que luego, luego, hagais mi mandamiento:
La fuerza incontrastable de los hados,
Cuyos efectos nunca salen vanos,
Me fuerza á que de mí sean ayudados
Estos sagaces milites Romanos,
Ellos serán un tiempo levantados,
Y abatidos tambien estos Hispanos;
Pero tiempo vendrá en que yo me mude,
Y dañe al alto, y al pequeño ayude
Que yo que soy la poderosa Guerra,
De tantas madres detestada en vano,
Aunque quien me maldice, á veces yerra,
Pues no sabe el valor desta mi mano,
Sé bien que en todo el orbe de la tierra
Sere llevada del valor Hispano,
En la dulce sazon que esten reynando
Un Carlos, un Filipo, y un Fernando.
ENFERMEDAD.
Si ya la Hambre, nuestra amiga fida,
No tuviera tomado con instancia
A su cargo, de ser fiera homicida
De todos quantos viven en Numancia,
Fuera de mí tu voluntad cumplida,
De modo que se viera la ganancia
Facil y rica que el Romano huviera,
Harto mejor de aquella que se espera.
Mas ella, en quanto su poder alcanza,
Ya tiene tal al pueblo Numantino
Que de esperar alguna buena andanza
Le ha tomado las sendas y el camino;
Mas del furor la rigurosa lanza,
Y la influencia del contrario signo
Le trata con tan aspera violencia,
Que no es menester hambre ni dolencia.
El furor y la rabia, tus sequaces,
Han tomado en sus pechos tal asiento,
Que qual si fuese de Romanas haces,
Cada qual de su sangre está sediento.
Muertes, incendios, iras, son sus paces,
En el morir han puesto su contento,
Y por quitar el triunfo á los Romanos,
Ellos mesmos se matan con sus manos.
HAMBRE.
Volved los ojos, y vereis ardiendo
De la ciudad los encumbrados techos,
Escuchad los suspiros que saliendo
Van de mil tristes lastimados pechos;
Oid la voz y lamentable estruendo
De bellas damas, á quien, ya deshechos
Los tiernos miembros en ceniza y fuego,
No valen padre, amigo, amor, ni ruego.
Qual suelen las ovejas descuidadas,
Siendo del fiero lobo acometidas,
Andar aqui y alli descarriadas
Con temor de perder las simples vidas:
Tal niños y mugeres delicadas,
Huyendo las espadas homicidas
Andan de calle en calle, ó hado insano!
Su cierta muerte dilatando en vano.
Al pecho de la amada nueva esposa
Traspasa del esposo el hierro agudo,
Contra la madre, ó nunca vista cosa!
Se muestra el hijo de piedad desnudo:
Y contra el hijo el padre con rabiosa
Clemencia levantando el brazo duro,
Rompe aquellas entrañas que ha engendrado,
Quedando satisfecho y lastimado.
No hay plaza, no hay rincon, no hay calle ó casa
Que de sangre y de muertos no esté llena,
El hierro mata, el duro fuego abrasa,
Y el rigor ferocisimo condena:
Presto vereis, que por el suelo rasa
Está la mas subida y alta almena,
Y las casas y templos mas crecidos
En polvo y en ceniza convertidos.
Venid, vereis que en los amados cuellos
De tiernos hijos y muger querida,
Teogenes afila y prueba en ellos
De su espada el cruel corte homicida,
Y como ya despues de muertos ellos
Estima en poco la cansada vida,
Buscando de morir un modo estraño
Que causó con el suyo mas de un daño.
GUERRA.
Vamos pues, y ninguno se descuide
De executar por eso aqui su fuerza,
Y á lo que digo solo atienda y cuide,
Sin que de mi intencion un punto tuerza.
_Vanse_.
SCENA III.
_Sale_ TEOGENES _con dos_ HIJOS _pequeños y una hija y su_ MUGER.
TEOGENES.
Quando el paterno amor no me detiene
De executar la furia de mi intento,
Considerad, mis hijos, qual me tiene
El zelo de mi honroso pensamiento!
Terrible es el dolor que se previene
Con acabar la vida en fin violento,
Y mas el mio, pues al hado plugo
Que yo sea de vosotros cruel verdugo.
No quedareis, ó hijos de mi alma,
Esclavos, ni el Romano poderio
Llevará de vosotros triunfo ó palma,
Por mas que á sujetarnos alce el brio;
El camino mas llano que la palma
De nuestra libertad el cielo pio
Nos ofrece, nos muestra y nos advierte,
Que solo está en las manos de la muerte.
Ni vos, dulce consorte amada mia,
Os vereis en peligro que Romanos
Pongan en vuestro pecho y gallardia
Los vanos ojos, y las torpes manos!
Mi espada os sacará desta agonia,
Y hará que sus intentos salgan vanos,
Pues por mas que codicia los atiza,
Triunfarán de Numancia en la ceniza.
Yo soy, consorte amada, el que primero
Di el parecer que todos pereciesemos
Antes que al insufrible desafuero
Del Romano poder sujetos fuesemos,
Y en el morir no pienso ser postrero,
Ni lo serán mis hijos.
MUGER.
Si pudiesemos
Escaparnos, señor, por otra via,
El cielo sabe si me holgaria;
Mas pues no puede ser segun yo veo,
Y está ya mi muerte tan cercana,
Lleva de nuestras vidas tú el trofeo,
Y no la espada perfida Romana,
Mas pues que he de morir, morir deseo
En el sagrado templo de Diana:
Alla nos lleva, buen señor, y luego
Entreganos al hierro, al lazo y fuego.
TEOGENES.
Ansi se haga, y no nos detengamos,
Que ya á morir me incita el triste hado.
HIJO.
Madre, porqué llorais? adónde vamos?
Teneos, que andar no puedo de cansado,
Mejor será, mi madre, que comamos,
Que la hambre me tiene fatigado.
MADRE.
Ven en mis brazos, hijo de mi vida,
Do te daré la muerte por comida.
_Vanse luego, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos ha de
ser el que se arroja de la torre, que se llama_ VIRIATO, _y el otro_
SERVIO.
VIRIATO.
Por dónde quieres que huyamos,
Servio?
SERVIO.
Yo por do quisieres.
VIRIATO.
Camina, qué floxo eres!
Tú ordenas que aqui muramos.
No ves, triste, que nos siguen
Mil hierros para matarnos?
SERVIO.
Imposible es escaparnos
De aquellos que nos persiguen;
Mas dí, qué piensas hacer?
O qué medio hay que nos cuadre?
VIRIATO.
A una torre de mi padre
Me pienso ir á esconder.
SERVIO.
Amigo, bien puedes irte,
Que yo estoy tan flaco y laso
De hambre, que un solo paso
No puedo dar ni seguirte.
VIRIATO.
Qué, no quies venir?
SERVIO.
No puedo.
VIRIATO.
Si no puedes caminar,
Ahi te havrá de acabar
La hambre, la espada, ó miedo.
Y voime, porque ya temo
Lo que el vivir desbarata,
O que la espada me mata,
O que en el fuego me quemo.
_Vase y sale_ TEOGENES _con dos espadas desnudas, y ensangrentadas las
manos, y como_ SERVIO _le ve venir, huyese y entrase dentro_.
TEOGENES.
Sangre de mis entrañas derramada,
Pues sois aquella de los hijos mios:
Mano contra ti mesma acelerada,
Llena de honrosos y crueles brios:
Fortuna en daño nuestro conjurada:
Cielos de justa piedad vacios,
Ofrecedme en tan dura amarga suerte
Alguna honrosa aunque cercana muerte!
Valientes Numantinos, haced cuenta
Que yo soy algun perfido Romano,
Y vengad en mi pecho vuestra afrenta,
Ensangrentando en él la espada y mano.
_Arroja la una espada de la mano_.
Una de estas espadas os presenta
Mi airada furia, mi dolor insano,
Que muriendo en batalla no se siente
Tanto el rigor del ultimo acidente:
Y el que privare del vital sosiego
Al otro, por señal de beneficio
Entregue el desdichado cuerpo al fuego,
Que este será bien piadoso oficio.
Venid, qué os deteneis? acudid luego,
Haced ya de mi vida sacrificio,
Y esa terneza que teneis de amigos,
Volved en rabia fiera de enemigos.
_Un_ NUMANTINO.
A quién, fuerte Teogenes, invocas?
Qué nuevo modo de morir procuras?
Paraqué nos incitas y provocas
A tantas desiguales desventuras?
TEOGENES.
Valiente Numantino, sino apocas
Con el miedo tus bravas fuerzas duras,
Toma esa espada, y matate conmigo
Ansi como si fuese tu enemigo,
Que esta manera de morir me aplace
En este trance mas que no otra alguna.
NUMANTINO.
Tambien á mí me agrada y satisface,
Pues que lo quiere ansi nuestra fortuna;
Mas vamos á la plaza adonde yace
La hoguera á nuestras vidas importuna,
Porque el que alli venciere, pueda luego
Entregar el vencido al duro fuego.
TEOGENES.
Bien dices, y camina, que se tarda
El tiempo de morir como deseo,
Ora me mate el hierro, ó el fuego me arda,
Que gloria nuestra en qualquier muerte veo.
_Entrase_.
SCENA IV.
CIPION, JUGURTA, QUINTO FABIO, _y_ GAYO MARIO, _y algunos soldados
Romanos_.
CIPION.
Si no me engaña el pensamiento mio,
O salen mentirosas las señales,
Que haveis visto en Numancia, del estruendo
Y lamentable son, y ardientes llamas,
Sin duda alguna que recelo y temo
Que el barbaro furor del enemigo
Contra su propio pecho no se vuelva:
Ya no parece gente en la muralla,
Ni suenan las usadas centinelas,
Todo está en calma y en silencio puesto
Como si en paz tranquila y sosegada
Estuviesen los fieros Numantinos.
GAYO MARIO.
Presto podrás salir de aquesa duda,
Porque si tu lo quieres, yo me ofrezco
De subir sobre el muro, aunque me ponga
Al riguroso trance que se ofrece,
Solo por ver aquello que en Numancia
Hacen nuestros soberbios enemigos.
CIPION.
Arrima pues, ó Mario, alguna escala
A la muralla, y haz lo que prometes.
GAYO MARIO.
Id por la escala luego, y vos, Ermilio,
Haced que mi rodela se me traiga,
Y la celada blanca de las plumas,
Que á fe que tengo de perder la vida,
O sacar desta duda al campo todo.
ERMILIO.
Ves aqui la rodela y la celada,
La escala vesla alli la trae Olimpio.
GAYO MARIO.
Encomendadme á Jupiter inmenso,
Que yo voi á cumplir lo prometido.
CIPION.
Alza mas alta la rodilla, Mario,
Y encoje el cuerpo, y cubre la cabeza:
Animo, que ya llegas á lo alto.
Qué ves?
GAYO MARIO.
O santos dioses! y qué es esto?
JUGURTA.
De qué te admiras?
GAYO MARIO.
De mirar de sangre
Un roxo lago, y de ver mil cuerpos
Tendidos por las calles de Numancia.
CIPION.
Qué no hay ninguno vivo?
GAYO MARIO.
Ni por pienso;
A lo menos ninguno se me ofrece
En todo quanto alcanzo con la vista.
CIPION.
Salta pues dentro, y miralo bien todo.
_Salta_ GAYO MARIO _en la ciudad_.
Siguele tu tambien, Jugurta, amigo;
Mas sigamosle todos.
JUGURTA.
No conviene
Al oficio que tienes esta impresa,
Sosiega el pecho, buen señor, y espera
Que Mario vuelva ó yo con la respuesta
De lo que pasa en la ciudad soberbia:
Tened bien esa escala. O cielos justos!
Y quan triste espectáculo y horrendo
Se me ofrece á la vista! ó caso estraño!
Caliente sangre baña todo el suelo:
Cuerpos muertos ocupan plaza y calles:
Dentro quiero saltar y verlo todo.
_Salta_ JUGURTA _en la ciudad, y dice_ QUINTO FABIO.
QUINTO FABIO.
Sin duda que los fieros Numantinos
Del barbaro furor suyo incitados,
Viendose sin remedio de salvarse,
Antes quisieron entregar las vidas
Al filo agudo de sus propios hierros,
Que no á las vencedoras manos nuestras
Aborrecidas dellos lo posible.
CIPION.
Con uno solo que quedase vivo
No se me negaria el triunfo en Roma
De haver domado esta nacion soberbia
Enemiga mortal de nuestro nombre,
Constante en su opinion, presta, arrojada
Al peligro mayor y duro trance,
De quien jamas se alabará Romano
Que vió la espalda vuelta al Numantino,
Cuyo valor, cuya destreza en armas
Me forzó con razon á usar el medio
De encerrarlos qual fieras indomables,
Y triunfar dellos con industria y maña,
Pues era con las fuerzas imposible.
Pero ya me parece vuelve Mario.
GAYO MARIO _torna á salir por las murallas, y dice:_
GAYO MARIO.
En valde, ilustre General prudente,
Han sido nuestras fuerzas ocupadas,
En valde te has mostrado diligente,
Pues en humo y en viento son tornadas
Las ciertas esperanzas de victoria,
De tu industria contino aseguradas:
El lamentable fin y triste historia
De la ciudad invicta de Numancia,
Merece ser eterna la memoria.
Sacado han de su pérdida ganancia,
Quitado te han el triunfo de las manos,
Muriendo con magnanima constancia.
Nuestros disignios han salido vanos,
Pues ha podido mas su honroso intento,
Que toda la potencia de Romanos.
El fatigado pueblo en fin violento
Acabó la miseria de su vida,
Dando triste remate al largo cuento.
Numancia está en un lago convertida
De roxa sangre y de mil cuerpos llena,
De quien fue su rigor propio homicida:
De la pesada y sin igual cadena
Dura de esclavitud se han escapado
Con presta audacia de temor agena.
En medio de la plaza levantado
Está un ardiente fuego temeroso,
De sus cuerpos y haciendas sustentado.
A tiempo llegué á verle, que el furioso
Teogenes, valiente Numantino,
De fenecer su vida deseoso,
Maldiciendo su corto amargo signo,
En medio se arrojaba de la llama
Lleno de temerario desatino.
Y al arrojarse, dixo: ó clara fama,
Ocupa aqui tus lenguas y tus ojos
En esta hazaña que á cantar te llama!
Venid, Romanos, ya por los despojos
Desta ciudad en polvo y humo envueltos,
Y sus flores y frutos en abrojos.
De alli con pies y pensamientos sueltos
Gran parte de la tierra he rodeado,
Por las calles y pasos mal revueltos,
Y á un solo Numantino no he hallado
Que poderte traer vivo siquiera
Para que fueras dél bien informado
Por qué ocasion, de qué suerte ó manera
Cometieron tan grande desvario,
Apresurando la mortal carrera.
CIPION.
Estaba por ventura el pecho mio
De barbara arrogancia y muertes lleno,
Y de crueldad justisima vacio?
Es por ventura de mi condicion ageno
Usar benignidad con el rendido,
Como conviene al vencedor que es bueno?
Mal por cierto tenìades conocido
El valor en Numancia de mi pecho,
Para vencer y perdonar nacido.
QUINTO FABIO.
Jugurta te hará mas satisfecho,
Señor, de aquello que saber deseas,
Que vesle vuelve lleno de despecho.
_Torna_ JUGURTA _por la mesma muralla_.
JUGURTA.
Prudente General, en vano empleas
Mas aqui tu valor, vuelve á otra parte
La industria sin igual de que te arreas.
No hay en Numancia cosa en que ocuparte,
Todos son muertos ya, solo uno creo
Que queda vivo, para el triunfo darte.
Alli en aquella torre, segun veo,
Alli denantes un muchacho estaba,
Turbado en vista, y de gentil arreo.
CIPION.
Si eso fuese verdad, eso bastaba
Para triunfar en Roma de Numancia,
Que es lo que mas agora deseaba.
Lleguemonos allá, y haced instancia
Como el muchacho vuelva á nuestras manos
Vivo, que es lo que agora es de importancia.
VIRIATO _desde la torre_.
Dónde venis? ó qué buscais, Romanos?
Si en Numancia quereis entrar por suerte,
Hareislo sin contraste á pasos llanos.
Pero mi lengua desde aqui os advierte
Que yo las llaves mal guardadas tengo
Desta ciudad, de quien triunfó la muerte.
CIPION.
Por esas, joven, deseoso vengo,
Y mas de que tu hagas experiencia
Si en este pecho piedad sostengo.
VIRIATO.
Tarde, cruel, ofreces tu clemencia,
Pues no hay en quien usarla, que yo quiero
Pasar por el rigor de la sentencia.
Que consuelo amargo lastimero
De mis padres y patria tan querida
Causó el ultimo fin terrible y fiero.
QUINTO FABIO.
Dime, tienes por suerte aborrecida,
Ciego de un temerario desvario,
Tu floreciente edad, tu tierna vida?
CIPION.
Templa, pequeño joven, templa el brio
Y subjeta el valor tuyo y pequeño
Al mayor de mi honroso poderio.
Que desde aqui te doy mi fe, y empeño
Mi palabra, que solo de ti seas
Tú mismo el propio y conocido dueño.
Y que de ricas joyas y preseas
Vivas lo que vivieres, abastado,
Como yo podré darte, y tu deseas,
Si á mi te entregas, y te das de grado.
VIRIATO.
Todo el furor de quantos ya son muertos
En este pueblo, en polvo reducido,
Todo el huir los pactos y conciertos,
Ni el dar á sujecion jamas oido,
Sus iras y rencores descubiertos
Está en mi pecho todo junto unido;
Yo heredé de Numancia todo el brio,
Ved si pensar vencerme es desvario.
Patria querida, pueblo desdichado,
No temas ni imagines que delire
De lo que debo hacer en ti engendrado,
Ni que promesa ó miedo me retire,
Ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
Ora á vencerme todo el mundo aspire,
Que imposible será que yo no haga
A tu valor la merecida paga.
Que si á esconderme aqui me truxo el miedo
De la cercana y espantosa muerte,
Ella me sacará con mas denuedo,
Con el deseo de seguir tu suerte;
Del vil temor pasado, como puedo
Haré ahora la enmienda osado y fuerte,
Y el error de mi edad tierna inocente
Pagaré con morir osadamente.
Yo os aseguro, ó fuertes ciudadanos,
Que no falte por mí la intencion vuestra
De que no triunfen perfidos Romanos,
Si ya no fuere de ceniza nuestra.
Saldrán conmigo sus intentos vanos,
Ora levanten contra mí su diestra,
O me asesaren con promesa cierta,
A vida y á regalos, ancha puerta.
Teneos, Romanos, sosegad el brio,
Y no os canseis en asaltar el muro,
Que aunque fuera mayor el poderio
Vuestro, de no vencerme os aseguro.
Pero muestrese ya el intento mio,
Y si ha sido el amor perfecto y puro
Que yo tuve á mi patria tan querida,
Asegurelo luego esta caida.
_Aqui se arroja de la torre, y dice_ CIPION.
CIPION.
O nunca vista memorable hazaña,
Dina de anciano y valeroso pecho,
Que no solo á Numancia, mas á España
Has adquerido gloria en este hecho!
Con tu viva virtud, y heroica, estraña
Queda muerto y perdido mi derecho:
Tú con esta caida levantaste
Tu fama, y mis victorias derribaste.
Que fuera aun viva, y en su ser Numancia
Solo porque vivieras, me holgara,
Que tu solo has llevado la ganancia
Desta larga contienda, ilustre y rara.
Lleva pues, niño, lleva la jactancia,
Y la gloria que el cielo te prepara,
Por haver, derribandote, vencido
Al que subiendo queda mas caido.
_Suena una trompeta, y sale la_ FAMA.
FAMA.
Vaya mi clara voz de gente en gente,
Y en dulce y suavisimo sonido
Llene las almas de un deseo ardiente
De eternizar un hecho tan subido.
Alzad, Romanos, la inclinada frente,
Llevad de aqui este cuerpo, que ha podido
En tan pequeña edad arrebataros
El triunfo que pudiera tanto honraros:
Que yo que soy la Fama pregonera,
Tendré cuidado, enquanto el alto cielo
Moviere el paso en la subida esfera,
Dando fuerza y vigor al baxo suelo,
De publicar con lengua verdadera,
Con justo intento, y presuroso vuelo
El valor de Numancia, unico y solo,
De Batro á Tile, y de uno al otro Polo.
Indicio ha dado esta no vista hazaña
Del valor que en los siglos venideros
Tendrán los hijos de la fuerte España,
Hijos de tales padres herederos:
No de la muerte la feroz guadaña,
Ni los cursos de tiempos tan ligeros
Harán que de Numancia yo no cante
El fuerte brazo y animo constante:
Hallo sola en Numancia todo quanto
Debe con justo titulo cantarse
Y lo que puede dar materia al canto,
Para poder mil siglos ocuparse
La fuerza no vencida, el valor tanto,
Dino de en prosa y verso celebrarse,
Mas pues de esto se encarga mi memoria,
Dese feliz remate á nuestra historia.
_FIN DE LA TRAGEDIA_.
_EL TRATO DE ARGEL_
COMEDIA
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
INTERLOCUTORES.
AURELIO.
SEBASTIAN.
SAAVEDRA.
PEDRO ALVAREZ.
FRANCISCO Y JUAN: _muchachos_.
SU PADRE Y MADRE.
SILVIA. _Todos cautivos_.
FATIMA, Y ZARA: _moras_.
LA NECESIDAD.
LA OCASION.
UN DEMONIO.
IZUF: _Rey de Argel, moro_.
BAYRAN: _moro_.
OTRO MORO.
UN CAUTIVO, _que se va_.
DOS MERCADERES.
UN PREGONERO.
UN LEON.
JORNADA I.
AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ, _cautivos
todos tres_.
AURELIO.
Triste y miserable estado,
Dura esclavitud amarga,
Donde es la pena tan larga
Quan corto el bien y abreviado!
O purgatorio en la vida,
Infierno puesto en el mundo,
Mal que no tiene sigundo,
Estrecho do no hay salida,
Cifra de quanto dolor
Se reparte en los dolores,
Daño, que entre los mayores
Se ha de tener por mayor,
Necesidad increible,
Muerte creible y palpable,
Trato misero intratable,
Mal visible é invisible,
Toque, que nuestra conciencia
Descubre si es valerosa,
Pobre vida trabajosa,
Retrato de penitencia!
Callese aqueste tormento,
Que segun me es enemigo
No llegará lo que digo
A un punto de lo que siento.
Ponderese mi dolor
Con decir, bañado en lloros,
Que mi cuerpo está entre moros,
Y el alma en poder de amor.
Del cuerpo y alma es mi pena,
El cuerpo ya veis qual va,
El alma rendida está
A la amorosa cadena.
Pense yo que no tenia
Amor poder entre esclavos;
Mas en mí sus recios clavos
Muestra mas su gallardìa.
Qué buscas en la miseria,
Amor, de gente cautiva?
Dexala que muera ó viva
Con su pobreza y laceria.
No ves que el hilo se corta
De esa tu amorosa estambre
Aqui con sed y con hambre
A la larga ó á la corta?
Mas creo, pues no has querido
Olvidarme en este estrecho,
Que has visto sano mi pecho,
Aunque tan roto el vestido.
Desde agora claro entiendo
Que el poder que en tí se encierra,
Abraza el cielo y la tierra,
Y mas que no comprehendo.
Una cosa te pidiera,
Si en esa tu condicion
Una sombra de razon
Por entre mil sombras viera,
Y es, que pues fuiste la causa
De acabarme y destruirme,
En el contino herirme
Hagas un momento pausa.
Yo no te pido que salgas
De mi pecho, pues no puedes,
Antes te pido que quedes,
Y en este trance me valgas.
Del lugar do me pusiste,
Me procuran derribar:
Pero quién podrá acabar
Lo que una vez, tú, subiste?
Ya viene Zara y su arenga.
Ay enfadosa porfia!
Como que me falte el dia
Antes que la noche venga!
Valedme, Silvia, bien mio,
Que si vos me dais ayuda,
De guerra mas ardua y cruda
Llevar la palma confio.
ZARA.
Aurelio?
AURELIO.
Señora mia?
ZARA.
Si tú por tal me tuvieses,
A fe que luego hicieses
Lo que ruego, sin porfia.
AURELIO.
Lo que tu quieres, yo quiero,
Porque al fin, te soi esclavo.
ZARA.
Esas palabras alabo,
Mas tus obras vitupero.
AURELIO.
Quál ha sido por mí hecha
Que en ella no te complaces?
ZARA.
Aquellas que no me haces,
Me tienen mal satisfecha.
AURELIO.
Señora, no paro mas:
Por agua me parto luego.
ZARA.
Otra agua pide mi fuego
Que no la que tu trairás.
No te vayas, está quedo.
AURELIO.
De leña hay falta en la casa.
ZARA.
Basta la que á mi me abrasa.
AURELIO.
Mi amo.
ZARA.
No tengas miedo.
AURELIO.
Dexame, señora, ir,
Que vendrá Izuf mi señor.
ZARA.
Quien queda con tanto amor,
Mal te dexará partir.
AURELIO.
No hay para que mas porfies:
Señora, dexame ya.
ZARA.
Aurelio, llegate acá.
AURELIO.
Mejor es que te desvies.
ZARA.
Ansi, Aurelio, me despides?
AURELIO.
Antes te hago favor,
Si con el compas de amor
Lo compasas y lo mides.
No miras que soi christiano
Con suerte y desdicha mala?
ZARA.
El amor todo lo iguala,
Dame, por señas la mano.
FATIMA.
Zara, señora mía,
Digote que me he admirado,
Mirando lo que ha pasado
Tu altivez y fantasia:
Ver, por cierto es gentil cosa
Indigna de ser notada,
De un cristiano enamorada
Una mora tan hermosa;
Y lo que mas llega al cabo
Tu aficion tan sin medida
Es de ver que estás rendida
A un cristiano que es tu esclavo.
Y monta que corresponde
El galan á lo que quieres:
Perdoname, fragil eres.
ZARA.
Dónde vas?
FATIMA.
Bien sé yo adonde.
ZARA.
Dulce amiga verdadera,
Lo que dices no lo niego;
Mas qué haré? que amor es fuego
Y mi voluntad es cera.
Y puesto que el daño veo
Y el fin do habré de parar,
Imposible es contrastar
Las fuerzas de mi deseo.
Vuelve tu lengua é intento
A combatir esta roca,
Que no será gloria poca
Gozar de su vencimiento.
FATIMA.