Donaire es lo que dices, risa, juego,

Y loco el que pensase de hacello.

Usad el medio del humilde ruego,

Si quereis que se escape vuestro cuello

De probar el rigor y filos diestros

Del Romano cuchillo y brazos nuestros.

La fiera que en la jaula está encerrada

Por su selvatiquez y fuerza dura,

Si puede alli con maña ser domada

Y con el tiempo y medios de cordura,

Quien la dexase ir libre y desatada,

Daria grandes muestras de locura:

Bestias sois, y por tales encerrados

Os tengo donde haveis de ser domados:

Mia será Numancia á pesar vuestro,

Sin que me cueste un minimo soldado,

Y el que teneis vosotros por mas diestro

Rompa por ese foso trincheado,

Y si en esto os parece que yo muestro

Un poco mi valor acobardado,

El viento lleve agora esta verguenza,

Y vuelvale la fama quando os venza.

_Vanse_ CIPION _y los suyos_.

CORABINO.

No escuchas mas, cobarde? ya te escondes?

Enfadate la igual justa batalla?

Mal con tu nombradia correspondes,

Mal podrás deste modo sustentalla;

En fin, como cobarde me respondes:

Cobardes sois, Romanos, vil canalla,

En vuestra muchedumbre confiados,

Y no en los diestros brazos levantados.

Perfidos, desleales, fementidos,

Crueles, revoltosos y tiranos,

Ingratos, codiciosos, mal nacidos,

Pertinaces, feroces y villanos,

Adulteros, infames, conocidos

Por de industriosas, mas cobardes manos,

Qué gloria alcanzareis en darnos muerte

Teniendonos atados desta suerte?

Encerrado escuadron, ó manga suelta

En la campaña rasa, do no pueda

Estorbar la mortal fiera revuelta

El ancho foso y muro que la veda,

Fuera bien que sin dar el pie la vuelta

Y sin tener jamas la espada queda

Ese exercito mucho bravo vuestro,

Se viera con el poco flaco nuestro.

Mas como siempre estais acostumbrados

A vencer con ventajas y con mañas,

Estos conciertos en valor fundados

No los admiten bien vuestras marañas:

Liebres en pieles fieras disfrazados,

Load y engrandeced vuestras hazañas,

Que espero en el gran Jupiter de veros

Sujetos á Numancia y á sus fueros.

_Baxase, y torna á salir luego con todos los Numantinos que salieron

en el principio de la segunda jornada, excepto_ MARQUINO, _que se

arrojó en la sepultura, y sale tambien_ MORANDRO.

TEOGENES.

En terminos nos tiene nuestra suerte,

Dulces amigos, que será ventura

Acabar nuestros daños con la muerte;

Por nuestro mal, por nuestra desventura,

Vistes del sacrificio el triste aguero,

Y á Marquino tragar la sepultura:

El desafio no ha importado un cero:

De intentar que nos queda, no lo siento,

Sino es acelerar el fin postrero.

Esta noche se muestre el ardimiento

Del Numantino acelerado pecho,

Y pongase por obra nuestro intento:

El enemigo muro sea deshecho,

Salgamos á morir á la campaña,

Y no como cobardes en estrecho.

Bien sé que solo sirve esta hazaña

De que á nuestro morir se mude el modo,

Que con ella la muerte se acompaña.

CORABINO.

Con ese parecer yo me acomodo,

Morir quiero rompiendo el fuerte muro,

Y deshacelle por mi mano todo.

Mas tieneme una cosa mal seguro,

Que si nuestras mugeres saben esto,

De que no haremos nada os aseguro.

Quando otra vez tuvimos presupuesto

De salir y dexallas, cada uno

Fiado en su caballo y brazo diestro,

Ellas que el trato á ellas importuno

Supieron, al momento nos robaron

Los frenos, sin dexarnos solo uno.

Entonces el salir nos estorbaron,

Y ansi lo harán agora facilmente,

Si las lagrimas muestran que mostraron.

MORANDRO.

Nuestro disignio á todas es patente,

Todas lo saben, ya no queda alguna

Que no se quexa dello amargamente;

Y dicen que en la buena ó ruin fortuna

Quieren en vida y muerte acompañarnos,

Aunque su compañia es importuna.

_Aqui entran quatro ó mas mugeres de Numancia, y con ellas_ LIRA, _las

mugeres traen unas figuras de niños en los brazos, y otros de las

manos, excepto_ LIRA _que no trae ninguno_.

Veislas aqui do vienen á rogaros,

No las dexeis en tantos embarazos,

Aunque seais de acero han de ablandaros.

Los tiernos hijos vuestros en los brazos

Las tristes traen: no veis con qué señales

De amor les dan los ultimos abrazos?

PRIMERA.

Dulces señores nuestros, si en los males

Hasta aqui de Numancia padecidos,

Que son menores los que son mortales,

Y en los bienes tambien que ya son idos,

Siempre mostramos ser mugeres vuestras,

Y vosotros tambien nuestros maridos,

Porqué en las ocasiones tan siniestras

Que el cielo airado agora nos ofrece,

Nos dais de aquel amor tan cortas muestras?

Hemos sabido, y claro se parece

Que en las Romanas armas arrojaros

Quereis, pues su rigor menos empece

Que no la hambre de que veis cercaros,

De cuyas flacas manos desabridas

Por imposible tengo el escaparos.

Peleando quereis dexar las vidas,

Y dexarnos tambien desamparadas,

A deshonras y muertes ofrecidas.

Nuestro cuello ofreced á las espadas

Vuestras primero, que es mejor partido,

Que vernos de enemigos deshonradas.

Yo tengo en mi intencion estatuido

Que si puedo, haré quanto en mi fuere

Por morir do muriere mi marido,

Y esto mesmo hará la que quisiere

Mostrar que no los miedos de la muerte

Le estorban, de querer á quien bien quiere

En buena, ó mala, en dulce, ó amarga suerte.

OTRA.

Qué pensais, varones claros?

Revolveis aun todavia

En la triste fantasia

De dexarnos y ausentaros?

Quereis dexar por ventura

A la Romana arrogancia

Las virgines de Numancia

Para mayor desventura?

Y á los libres hijos nuestros

Quereis esclavos dexallos?

No será mejor ahogallos

Con los propios brazos vuestros?

Quereis hartar el deseo

De la Romana codicia,

Y que triunfe su injusticia

De nuestro justo trofeo?

Serán por agenas manos

Nuestras casas derribadas:

Y las bodas esperadas

Hanlas de gozar Romanos?

En salir hareis error,

Que acarrea cien mil yerros,

Porque dexais sin los perros

El ganado, y sin señor.

Si al foso quereis salir

Llevadnos en tal salida,

Porque tendremos por vida

A vuestros lados morir.

No apresureis el camino

Al morir, porque su estambre

Cuidado tiene la hambre.

De cercenarla contino.

OTRAS.

Hijos destas tristes madres,

Qué es esto? cómo no hablais?

Y con lagrimas rogais

Que no os dexen vuestros padres?

Basta que la hambre insana

Os acabe con dolor,

Sin esperar el rigor

De la aspereza Romana.

Decildes que os engendraron

Libres, y libres nacistes,

Y que vuestras madres tristes

Tambien libres os criaron.

Decildes que pues la suerte

Nuestra va tan de caida,

Que como os dieron la vida,

Ansi mismo os den la muerte.

O muros desta ciudad,

Si podeis hablad, decid,

Y mil veces repetid:

Numantinos, libertad.

Los templos, las casas nuestras

Levantadas en concordia

Os piden misericordia,

Hijos y mugeres vuestras.

Ablandad, claros varones,

Esos pechos diamantinos,

Y mostrad qual Numantinos

Amorosos corazones:

Que no por romper el muro

Remediais un mal tamaño,

Antes en ello está el daño

Mas propincuo y mas seguro.

LIRA.

Tambien las tiernas doncellas

Ponen en vuestra defensa

El remedio de su ofensa,

Y el alivio á sus querellas.

No dexeis tan ricos robos

A las codiciosas manos,

Mirad que son los Romanos

Hambrientos y fieros lobos.

Desesperacion notoria

Es esta que hacer quereis,

A donde solo hallareis

Breve muerte y larga gloria.

Mas ya que salga mejor

Que yo pienso, esta hazaña,

Qué ciudad hay en España

Que quiera daros favor?

Mi pobre ingenio os advierte

Que si haceis esta salida,

Al enemigo dais vida,

Y á toda Numancia muerte.

De vuestro acuerdo gentil

Los Romanos burlarán;

Porque, decidme, qué harán

Tres mil contra ochenta mil?

Aunque estuviesen abiertos

Los muros y sin defensa,

Seriades con ofensa

Mal vengados y bien muertos.

Mejor es que la ventura

Del daño que el cielo ordene,

O nos salve, ó nos condene,

De la vida ó sepultura.

TEOGENES.

Limpiad los ojos humidos del llanto,

Mugeres tiernas, y tené entendido

Que vuestra angustia la sentimos tanto,

Que responde al amor nuestro subido,

Ora crezca el dolor, ora el quebranto,

Sea por nuestro bien diminuido,

Jamas en vida ó muerte os dejaremos,

Antes en muerte y vida os serviremos.

Pensabamos salir al foso ciertos

Antes de alli morir que de escaparnos,

Pues fuera quedar vivos aunque muertos,

Si muriendo pudieramos vengarnos;

Mas pues nuestros disignios descubiertos

Han sido, y es locura aventurarnos,

Amados hijos y mugeres nuestras,

Nuestras vidas serán de hoy mas las vuestras.

Solo se ha de mirar que el enemigo

No alcance de nosotros triunfo y gloria,

Antes ha de servir él de testigo

Que apruebe y eternice nuestra historia;

Y si todos venis en lo que digo

Mil siglos durará nuestra memoria,

Y es que no quede cosa aqui en Numancia

De do el contrario pueda haver ganancia.

En medio de la plaza se haga un fuego,

En cuya ardiente llama licenciosa

Nuestras riquezas todas se echen luego

Desde la pobre á la mas rica cosa,

Y esto podeis tener á dulce juego,

Quando os declare la intención honrosa

Que se ha de efectuar, despues que sea

Abrasada qualquier rica presea.

Y para entretener por alguna hora

La hambre que ya roe nuestros huesos,

Hareis descuartizar luego á la hora

Esos tristes Romanos que están presos,

Y sin del chico al grande hacer mejora,

Repartanse entre todos, que con esos

Será nuestra comida celebrada

Por estraña cruel necesitada.

Amigos, qué os parece? estais en esto?

CORABINO.

Digo que á mi me tiene satisfecho,

Y que á la execucion se venga presto

De tan estraño y tan honroso hecho.

TEOGENES.

Pues yo de mi intencion os diré el resto

Despues que sea lo que digo hecho.

Vamos á ser ministros todos luego

De encender el ardiente y rico fuego.

MUGER PRIMERA.

Nosotras desde aqui ya comenzamos

A dar con voluntad nuestros arreos,

Y á la vida las vuestras entregamos

Como se han entregado los deseos.

LIRA.

Ea pues, caminemos, vamos, vamos,

Y abrasense en un punto los trofeos

Que pudieran hacer ricas las manos,

Y aun hartar la codicia de Romanos.

_Vanse todos, y al salir_ MORANDRO, _ase á_ LIRA _por el brazo, y

detienela_.

MORANDRO.

No vayas tan de corrida,

Lira, dexame gozar

Del bien que me puede dar

En la muerte alegre vida:

Dexa que miren mis ojos

Un rato tu hermosura,

Pues tanto mi desventura

Se entretiene en mis enojos.

O dulce Lira, que sueñas

Contino en mi fantasia

Con tan suave harmonia

Que vuelve en gloria mis penas!

Qué tienes? qué estás pensando,

Gloria de mi pensamiento?

LIRA.

Pienso como mi contento

Y el tuyo se va acabando,

Y no será su homicida

El cerco de nuestra tierra,

Que primero que la guerra

Se me acabará la vida.

MORANDRO

Qué dices, bien de mi alma?

LIRA.

Que me tiene tal la hambre,

Que de mi vital estambre

Llevará presto la palma.

Qué tálamo has de esperar

De quien está en tal estremo,

Que te aseguro que temo

Antes de un hora espirar.

Mi hermano ayer espiró

De la hambre fatigado,

Y mi madre ya ha acabado,

Que la hambre la acabó.

Y si la hambre y su fuerza

No ha rendido mi salud,

Es porque la juventud

Contra su rigor se esfuerza.

Pero como ha tantos dias

Que no le hago defensa,

No pueden contra su ofensa

Las debiles fuerzas mias.

MORANDRO.

Enjuga, Lira, los ojos,

Dexa que los tristes mios

Se vuelvan corrientes rios

Nacidos de tus enojos;

Y aunque la hambre ofendida

Te tenga tan sin compas,

De hambre no morirás

Mientras yo tuviere vida.

Yo me ofrezco de saltar

El foso y el muro fuerte,

Y entrar por la misma muerte

Para la tuya escusar.

El pan que el Romano toca

Sin que el temor me destruya,

Lo quitaré de la suya

Para ponerlo en tu boca.

Con mi brazo haré carrera

A tu vida y á mi muerte,

Porque mas me mata el verte,

Señora, de esa manera.

Yo te traeré de comer

A pesar de los Romanos,

Si ya son estas mis manos

Las mismas que solian ser.

LIRA.

Hablas como enamorado,

Morandro, pero no es justo

Que ya tome gusto el gusto

Con tu peligro comprado.

Poco podrá sustentarme

Qualquier robo que harás,

Aunque mas cierto hallarás

El perderte que ganarme.

Goza de tu mocedad

En fresca edad y crecida,

Que mas importa tu vida

Que la mia, á la ciudad.

Tu podrás bien defendella

De la enemiga asechanza,

Que no la flaca pujanza

Desta tan triste doncella.

Ansi que, mi dulce amor,

Despide ese pensamiento,

Que yo no quiero sustento

Ganado con tu sudor.

Que aunque puedas alargar

Mi muerte por algun dia,

Esta hambre que porfia,

En fin nos ha de acabar.

MORANDRO.

En vano trabajas, Lira,

De impidirme este camino,

Do mi voluntad y signo

Allá me convida y tira.

Tu rogarás entretanto

A los Dioses, que me vuelvan

Con despojos que resuelvan

Tu miseria y mi quebranto.

LIRA.

Morandro, mi dulce amigo,

No vayas, que se me antoja

Que de tu sangre veo roja

La espada del enemigo.

No hagas esta jornada,

Morandro, bien de mi vida,

Que si es mala la salida,

Es muy peor la tornada.

Si quiero aplacar tu brio,

Por testigo pongo al cielo,

Que de mi daño recelo

Y no del provecho mio.

Mas si acaso, amado amigo,

Prosigues esta contienda,

Lleva este abrazo por prenda

De que me llevas contigo.

MORANDRO.

Lira, el cielo te acompañe:

Vete, que á Leoncio veo.

LIRA.

Y á ti te cumpla el deseo,

Y en ninguna parte dañe.

LEONCIO _ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo_

MORANDRO _y_ LIRA.

LEONCIO.

Terrible ofrecimiento es el que has hecho,

Y en él, Morando, se nos muestra claro

Que no hay cobarde enamorado pecho,

Aunque de tu virtud y valor raro

Debe mas esperarse; mas yo temo

Que el hado infeliz se muestre avaro.

He estado atento al miserable estremo

En que te ha dicho Lira que se halla,

Indigno cierto á su valor supremo:

Y que tu has prometido de libralla

Deste presente daño, y arrojarte

En las armas Romanas á batalla.

Yo quiero, buen amigo, acompañarte,

Y en empresa tan justa y tan forzosa

Con mis pequeñas fuerzas ayudarte.

MORANDRO.

O mitad de mi alma! ó venturosa

Amistad no en trabajos dividida,

Ni en la ocasion mas prospera y dichosa!

Goza, Leoncio, de la dulce vida,

Quedate en la ciudad, que yo no quiero

Ser de tus verdes años homicida:

Yo solo tengo de ir, yo solo espero

Volver con los despojos merecidos

A mi inviolable fe y amor sincero.

LEONCIO.

Pues ya tienes, Morandro, conocidos

Mis deseos, que en buena ó mala suerte

Al sabor de los tuyos van medidos.

Sabrás que no los miedos de la muerte

De ti me apartarán un solo punto,

Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte.

Contigo tengo de ir, contigo junto

He de volver, si ya el cielo no ordena

Que quede en tu defensa allá difunto.

MORANDRO.

Quedate, amigo! queda enhorabuena,

Porque si yo acabáre aqui la vida

En esta empresa de peligro llena,

Tu puedas á mi madre dolorida

Consolar en el trance riguroso,

Y á la esposa de mí tanto querida.

LEONCIO.

Cierto que estás, amigo, muy donoso

En pensar que tú muerto, quedaria

Yo con tal quietud y tal reposo,

Que de consuelo alguno serviria

A la doliente madre y triste esposa:

Pues en la tuya está la muerte mia,

Seguirte tengo en la ocasion dudosa,

Mira como ha de ser, Morandro, amigo,

Y en el quedarme no me hables cosa.

MORANDRO.

Pues no puedo estorvarte el ir conmigo,

En el silencio de la noche oscura

Tenemos de asaltar al enemigo;

Lleva ligeras armas, que ventura

Es la que ha de ayudar al alto intento,

Que no la malla entretegida y dura:

Lleva ansi mismo puesto el pensamiento

En robar y traer á buen recado

Lo que pudieres mas de bastimento.

LEONCIO.

Vamos, que no saldré de tu mandado.

SCENA II.

DOS NUMANTINOS.

PRIMERO.

Derrama, ó dulce hermano, por los ojos

El alma en llanto amargo convertida,

Venga la muerte y lleve los despojos

De nuestra miserable y triste vida.

SEGUNDO.

Bien poco durarán estos enojos,

Que ya la muerte viene apercebida

Para llevar en presto y breve vuelo

A quantos pisan de Numancia el suelo:

Principios veo que prometen presto

Amargo fin á nuestra dulce tierra,

Sin que tengan cuidado de hacer esto

Los contrarios ministros de la guerra;

Nosotros mismos á quien ya es molesto

Y enfadoso el vivir que nos atierra,

Hemos dado sentencia inrevocable

De nuestra muerte, aunque cruel, loable.

En la plaza mayor ya levantada

Queda una ardiente codiciosa hoguera,

Que de nuestras riquezas ministrada

Sus llamas sube hasta la quarta esfera:

Alli con triste priesa acelerada

Y con mortal y timida carrera,

Acuden todos, como á santa ofrenda,

A sustentar sus llamas con su hacienda.

Alli la perla del rosado Oriente,

Y el oro en mil vasijas fabricado,

Y el diamante y rubí mas excelente,

Y la extremada purpura y brocado

En medio del rigor fogoso ardiente

De la encendida llama es arrojado:

Despojos do pudieran los Romanos

Henchir los senos y ocupar las manos.

_Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen

por otra_.

Vuelve al triste espectáculo la vista,

Verás con quanta priesa y quanta gana

Toda Numancia en numerosa lista

Aguija á sustentar la llama insana;

Y no con verde leño y seca arista,

No con materia al consumir liviana,

Sino con sus haciendas mal gozadas,

Pues se ganaron para ser quemadas.

PRIMERO.

Si con esto acabára nuestro daño,

Pudieramos llevallo con paciencia,

Mas ay! que se ha de dar, si no me engaño,

De que muramos todos, cruel sentencia.

Primero que el rigor barbaro estraño

Muestre en nuestras gargantas su inclemencia,

Verdugos de nosotros nuestras manos

Serán, y no los perfidos Romanos.

Han acordado que no quede alguna

Muger, niño, ni viejo con la vida,

Pues al fin la cruel hambre importuna

Con mas fiero rigor es su homicida.

Mas ves alli do asoma, hermano, una,

Que como sabes, fue de mí querida

Un tiempo, con estremo tal de amores,

Qual es el que ella tiene de dolores.

_Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano_.

MADRE.

O duro vivir molesto!

Terrible y triste agonia!

HIJO.

Madre, por ventura habria

Quién nos diese pan por esto?

MADRE.

Pan, hijo, ni aun otra cosa

Que semeje de comer!

HIJO.

Pues tengo de perecer

De dura hambre rabiosa?

Con poco pan que me deis,

Madre, no os pediré mas.

MADRE.

Hijo, qué penas me das!

HIJO.

Pues qué, madre, no quereis?

MADRE.

Sí quiero; mas qué haré

Que no sé donde buscallo?

HIJO.

Bien podeis, madre, comprallo,

Si no yo lo compraré:

Mas por quitarme de afan,

Si alguno conmigo topa,

Le daré toda esta ropa

Por un mendrugo de pan.

MADRE.

Qué mamas, triste criatura!

No sientes que á mi despecho

Sacas ya del flaco pecho

Por leche, la sangre pura?

Lleva la carne á pedazos,

Y procura de hartarte,

Que no pueden mas llevarte

Mis floxos, cansados brazos!

Hijos del anima mia,

Con qué os podré sustentar,

Si apenas tengo que os dar

De la propia carne mia?

O hambre terrible y fuerte,

Cómo me acabas la vida!

O guerra, solo venida

Para causarme la muerte!

HIJO.

Madre mia, que me fino,

Aguijemos á do vamos,

Que parece que alargamos

La hambre con el camino.

MADRE.

Hijo, cerca está la casa

Adonde echarémos luego

En mitad del vivo fuego

El peso que te embaraza.

_Entrase_.

JORNADA IV.

SCENA I.

_Tocase al arma con gran priesa, y á este rumor salen_ CIPION _con_

JUGURTA _y_ GAYO MARIO _al tablado_.

CIPION.

Qué es esto, capitanes? quién nos toca

Al arma en tal sazon? es por ventura

Alguna gente desmandada y loca

Que viene á procurar su sepultura?

O no sea algun motin el que provoca

Tocar al arma en recia coyuntura:

Que tan seguro estoy del enemigo,

Que tengo mas temor al que es amigo.

_Sale_ QUINTO FABIO _con la espada desnuda, y dice:_

QUINTO FABIO.

Sosiega el pecho, General prudente,

Que ya desta arma la ocasion se sabe,

Puesto que ha sido á costa de tu gente,

De aquella en quien mas brio y fuerza cabe;

Dos Numantinos con soberbia fuerte,

Cuyo valor será razon se alabe,

Saltando el ancho foso y la muralla

Han movido á tu campo cruel batalla.

A las primeras guardias invistieron,

Y en medio de mil lanzas se arrojaron,

Y con tal furia y rabia arremetieron,

Que libre paso al campo les dexaron:

Las tiendas de Fabricio acometieron,

Y alli su fuerza y su valor mostraron

De modo, que en un punto seis soldados

Fueron de agudas puntas traspasados.

No con tanta presteza el rayo ardiente

Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo,

Ni tanto la cometa reluciente

Se muestra ir presurosa por el cielo,

Como estos dos por medio de tu gente

Pasaron, colorando el duro suelo

Con la sangre Romana, que sacaban

Sus espadas do quiera que llegaban.

Queda Fabricio traspasado el pecho,

Abierta la cabeza tiene Oracio,

Olmida ya perdió el brazo derecho,

Y de vivir le queda poco espacio.

Fuele ansi mismo poco de provecho

La ligereza al valeroso Estacio,

Pues el correr al Numantino fuerte

Fue abreviar el camino de su muerte.

Con presta ligereza discurriendo

Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron

Un poco de bizcocho, el qual cogieron;

El paso y no el furor atras volvieron;

El uno dellos se escapó huyendo,

Al otro mil espadas le acabaron,

Por donde infiero que la hambre ha sido

Quien les dió atrevimiento tan subido.

CIPION.

Si estando deshambridos y encerrados

Muestran tan demasiado atrevimiento,

Qué hicieran siendo libres, y enterados

En sus fuerzas primeras y ardimiento?

Indomitos, al fin sereis domados,

Porque contra el furor vuestro violento

Se tiene de poner la industria nuestra,

Que de domar soberbios es maestra.

_Entrase_ CIPION _y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y

al rumor sale_ MORANDRO _herido y lleno de sangre, con una cestilla

blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado,

y dice:_

MORANDRO.

No vienes, Leoncio, di?

Qué es esto, mi dulce amigo?

Si tú no vienes conmigo,

Cómo vengo yo sin tí?

Amigo, qué? te has quedado?

Amigo, qué? te quedaste?

No eres tú el que me dexaste,

Sino yo el que te he dexado!

Qué es posible que ya dan

Tus carnes despedazadas

Señales averiguadas

De lo que cuesta este pan!

Y es posible que la herida

Que á tí te dexó difunto,

En aqueste instante y punto

No me quitó á mí la vida!

No quiso el hado cruel

Acabarme en paso tal

Por hacerme á mí mas mal,

Y hacerte á tí mas bien!

Tú enfin llevarás la palma

De mas verdadero amigo,

Yo á desculparme contigo

Enviaré bien presto el alma:

Y tan presto, que el afan

A morir me llama y tira,

En dando á mi dulce Lira

Este tan amargo pan:

Pan ganado de enemigos,

Pero no ha sido ganado,

Sino con sangre comprado

De dos sin ventura amigos.

_Sale_ LIRA _con alguna ropa, como que la lleva á quemar, y dice:_

LIRA.

Qué es esto que ven mis ojos!

MORANDRO.

Lo que presto no verán

Segun la priesa se dan

De acabarme mis enojos:

Ves aqui, Lira; cumplida

Mi palabra y mis porfias

De que tú no moririas

Mientras yo tuviese vida.

Y aun podré mejor decir

Que presto vendrás á ver

Que á tí sobrará el comer,

Y á mí faltará el vivir.

LIRA.

Qué dices, Morandro amado?

MORANDRO.

Lira, que acortes la hambre,

Entretanto que la estambre

De mi vida corta el hado.

Pero mi sangre vertida

Y con este pan mezclada,

Te ha de dar, mi dulce amada,

Triste y amarga comida.

Ves aqui el pan que guardaban

Ochenta mil enemigos,

Que cuesta de dos amigos

Las vidas que mas amaban.

Y porque lo entiendas cierto

Y quanto tu amor merezco,

Ya yo, señora, perezco,

Y Leoncio ya está muerto.

Mi voluntad sana y justa

Recibela con amor,

Que es la comida mejor

Y de que el alma mas gusta.

Y pues en tormenta y calma

Siempre has sido mi señora,

Recibe este cuerpo agora

Como recibiste el alma.

_Caese muerto, y cogele en las faldas_ LIRA.

LIRA.

Morandro? dulce bien mio?

Qué sentis, ó qué teneis?

Cómo tan presto perdeis

Vuestro acostumbrado brio?

Mas ay triste sin ventura!

Que ya está muerto mi esposo!

O caso el mas lastimoso

Que se vió en la desventura!

Quién os hizo, dulce amado,

Con valor tan excelente,

Enamorado valiente,

Y soldado desdichado?

Hicistes una salida,

Esposo mio, de suerte,

Que por escusar mi muerte

Me haveis quitado la vida!

O pan de la sangre lleno

Que por mí se derramó.

No te tengo en cuenta yo

De pan, sino de veneno!

No te llegaré á mi boca

Por poderme sustentar,

Si ya no es para besar

Esta sangre que te toca.

_A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el

qual es_ HERMANO _de_ LIRA.

HERMANO.

Lira, hermana, ya espiró

Mi padre, y mi madre está

En terminos que ya, ya

Morira qual muero yo.

La hambre los ha acabado.

Hermana mia, pan tienes?

O pan, y quan tarde vienes

Que ya no hay pasar bocado!

Tiene la hambre apretada

Mi garganta en tal manera,

Que aunque este pan agua fuera,

No pudiera pasar nada.

Tomalo, hermana querida,

Que por mas crecer mi afan,

Veo que me sobra el pan

Quando me falta la vida.

_Caese muerto_.

LIRA.

Espiraste, hermano amado?

Ni aliento ni vida tiene:

Bien es el mal quando viene

Sin venir acompañado!

Fortuna, por qué me aquejas

Con un daño y otro junto?

Y por qué en un solo punto

Huerfana y viuda me dexas?

O duro esquadron Romano!

Cómo me tiene tu espada

De dos muertos rodeada,

Uno esposo y otro hermano!

A qual volveré la cara

En este trance importuno,

Si en la vida cada uno

Fue prenda del alma cara!

Dulce esposo, hermano tierno,

Yo os igualaré en quereros,

Porque pienso presto veros

En el cielo ó el infierno!

En el modo de morir

A entrambos he de imitar,

Porque el hierro ha de acabar

Y la hambre mi vivir!

Primero dare á mi pecho

Una daga que este pan,

Que á quien vive con afan

Es la muerte de provecho.

Qué aguardo? cobarde estoy!

Brazo, ya os haveis turbado?

Dulce esposo, hermano amado,

Esperadme que ya voy!

Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · 第 8 / 12 段