«2 de marzo.
«Habiéndome dicho el señor conde de Mengis que un sobrino suyo al pasar
por Heidelberg se enteró de que usted estaba en esa ciudad le escribo
esta carta confiando en que será más afortunada que las anteriores cuya
contestación aguardo todavía.
»¿Qué es lo que le pasa, Amaury? Hace cerca de dos meses que nada sé de
usted. Le he escrito en ese tiempo tres cartas y en todas le manifestaba
mi creciente angustia. ¿Las ha recibido usted? ¡Oh! Si hubiesen llegado
a sus manos, estoy segura de que no habría permanecido tan callado
sabiendo cuánta pesadumbre me causa su silencio.
»Al saber ahora que aún vive y a dónde debo dirigirle mis cartas escribo
por cuarta vez. Si ésta no obtiene respuesta inferiré que soy importuna
y no volveré a molestarle de nuevo.
»¡Ay! ¡Cuán desgraciada soy, Amaury! Tres personas había que me amaban,
y de ellas, una ha muerto, otra está al borde del sepulcro y la tercera
me olvida...
»¿Es posible que quien posee un corazón tan noble y tan generoso tenga
tan poca compasión de los que sufren?
»Si usted demora su vuelta y mi tío muere antes de que ésta se
verifique, yo ingresaré en un convento.
»Si no contesta a esta carta ya no volveré a escribir. ¡Amaury, tenga
usted compasión de su hermana!
»_Antonia._«