«Aunque te necesitamos y por mucho que te alarmes cuando sepas el estado
de Magdalena, no vengas, Antoñita, no vengas, hija mía, hasta que ella
misma se decida a llamarte. Desgraciadamente estoy temiendo que no
tardará mucho en hacerlo. ¡Ten compasión de mí, tú que sabes hasta qué
punto la quiero!
»Tu tío
»_Leopoldo de Avrigny_.»